EL
AMOR COMO BASE DE LA RELACIÓN DE PAREJA
Por: José Rafael Olivieri Delgado (Jul 2022)
“Ámame
sin temor. Confía en mí sin cuestionarme. Cuenta
conmigo sin preguntarme.Quiéreme
sin restricciones. Deséame sin inhibiciones.Acéptame
sin cambiarme.Porque
un amor así de libre nunca morirá” (Dick Sutplen, s/r).
Según
el relato Bíblico: Dios creó a Adán del polvo de la tierra, pero, el hombre
estaba solo, porque para el hombre no se encontraba compañía ni ayuda. Como
esto no era bueno para él, entonces Dios durmió a Adán y, de una de sus
costillas, Dios hizo a Eva (la mujer). Luego la trajo y se la presentó a Adán
como su ayuda idónea (Génesis 2). En el mismo instante de ese primer contacto entre
ellos dos, Dios establece la primera relación humana, la cual es: ¡La pareja en
matrimonio! Al respecto, Bravo (s.f.) comenta: “Los dos son iguales ante el
Señor, no hay superioridad de género, ambos reciben la misma bendición para una
misma misión: ser continuadores de la creación divina, es decir, colaboradores
de Dios.”. Por encima de sus diferencias e individualidades, el propósito de
ambos es estar juntos por siempre.
De esta forma y, a partir de ese momento, cada vez más se han ido interrelacionando el uno con el otro en su unión. De igual manera, en nuestro desarrollo, el ser humano en general, ha ido evolucionando en sus relaciones sociales, no solamente con su pareja, sino con el resto de sus congéneres. También en paralelo y como producto de nuestra esencia humana, se han ido estableciendo y modificando, en función de nuestros cambios sociales y culturales, una serie de emociones, sentimientos, actitudes y conductas las cuales condicionan las diferentes relaciones. Porque todas estas intervienen directa e indirectamente sobre, no solamente las relaciones humanas en su conjunto, sino particularmente, sobre las relaciones de pareja.
En Psicología, para poder trabajar con las diferentes variables que competen a este campo, se deben crear ‘constructos’. Estos son una definición conceptual de cada variable utilizada en esta ciencia. A través de ellos podemos hablar sobre diferentes temas y entendernos con relativa exactitud. Porque así tenemos como base un mismo significado que nos permite tal comunicación. Aunque muchas veces, solamente es válido tal constructo, para el trabajo investigativo que se está elaborando en ese momento. Lo que me recuerda la expresión de Hormachea (1994) cuando señala que: “La forma en que vemos la vida está determinada por la actitud que elegimos y no por la realidad que vivimos.” (p. 84).
Esta realidad se aplica al tema que deseo abordar en este momento, pues quiero hablar de la emoción llamada AMOR. No obstante, sé que es un terreno demasiado amplio, con muchas variantes, y de igual manera, con millones de definiciones e interpretaciones de este. Es más, yo mismo, en muchos momentos he dicho que: ‘el amor no es una emoción, sino una decisión’, especialmente cuando me refiero al tema de las parejas. Pues como ya lo he dicho antes: no podemos dejar en manos de esta emoción una decisión tan importante como lo es la pareja. Mucho menos, cuando hablamos de su permanencia frente a los miles de conflictos y problemas inevitables, por los cuales atraviesan todas las parejas a lo largo de su vida juntos.
La palabra AMOR en sí misma se las trae de por sí, pues a ninguna otra cosa se le ha dedicado tanto espacio en la vida como al tema del amor. Como señala Sádaba (1995): “Se trata de un superconcepto que cobija, dentro de sí, una variedad de ideas.” (p. 67). Pienso que quizás sea el tema que más páginas literarias, canciones y obras en cualquier estilo artístico ha consumido. En este sentido, Schopenhauer (1998) dice: “La pintura del amor es el principal asunto de todas las obras dramáticas, trágicas o cómicas, románticas o clásicas” (p. 41). Y por su parte, Martínez (2006) afirma: “Mucho se ha escrito y hablado sobre el amor, demasiado tal vez, y cada persona nos da su visión particular, nos cuenta su experiencia inevitablemente subjetiva y la universaliza como si no hubiese otra forma.” (p. 37). Para variar, yo estoy haciendo lo mismo aquí (y en mis otros libros también).
En este sentido tenemos miles de definiciones, y todas son tanto verdaderas como falsas igualmente, pues cada persona tiene su propia definición personal de lo que es el amor. No obstante, no deja de ser el amor una realidad que es buscada intensa e incansablemente por cada individuo, y como tal es la necesidad emocional primaria de todos nosotros (sin excepción). Más aún, en el mundo emocional que nos domina, todo (bueno o malo) lo hacemos por y para el amor, todo depende de la definición que tengamos de este en nuestro mundo de lo inconsciente. Por su parte, lo interesante de este tema es que no importa cuánto hablemos de este, el amor no se agota nunca, y jamás perderá ni su importancia ni su influencia en el mundo emocional humano.
Como ejemplo, para Venegas (2005): “El amor ha sido concebido como el más profundo de los sentimientos humanos. Diversos autores de todos los tiempos y desde distintas áreas del conocimiento y las artes, han intentado comprender su compleja naturaleza aportando todo tipo de teorías y perspectivas.” (p. 25). Y por su parte, Sádaba (1995) comenta: “Es obvio que establecer las distinciones adecuadas dentro del concepto de amor se convierte en una tarea interminable. Si existe un concepto denso, ligado al contexto de situación y teñido de los matices más subjetivos, ése es el del amor.” (p. 107). En mi opinión, no existe un solo ser humano que no haya hablado del amor de una u otra manera, él es la esencia de nuestra vida emocional.
De esta manera, y tomando en cuenta las anteriores afirmaciones, el definir el amor se convierte en un terreno peligroso, no solamente por lo escarpado, sino porque cualquier definición que se dé, siempre tendrá quienes la apoyen y quienes la reprueben. Lo anterior es válido porque cada persona tiene en sí misma una definición propia, la cual constituye parte de su realidad. Es por ello, por lo que Martínez (2006) señala: “Con tanto bienintencionado explicándonos lo que es el amor no es de extrañar que no confiemos en lo que sentimos, que muy posiblemente será algo diferente.” (p. 38). De hecho, aunque ya he hablado en otros textos, acerca de esto, también aquí será necesario comentar, más adelante, acerca de nuestras dos definiciones emocionales del amor: ‘La Teórica y La Aprendida (La Real)’.
Por supuesto, en un universo tan grande de definiciones del amor, no dejan de existir las polaridades de este. Como ejemplo, existe quienes plantean el amor desde el punto de vista de los instintos. Particularmente en lo referente a su carácter y finalidad reproductiva, como fin principal del mismo, más allá del individuo. En esta concepción el amor es un mero camino para perpetuar la especie. Con ello se plantea una realidad contradictoria, pues al definir el origen mismo de aquello que llamamos amor, en el puro instinto de la necesidad de perpetuar la especie, lo ubicamos por encima de la voluntad personal, e incluso del egoísmo del individuo, los cuales son prioritarios en lo emocional.
De igual manera, esta concepción nos invita a pensar que una persona sometida a este instinto sería incapaz de resistirse al mismo. En este sentido, todos estaríamos sometidos al amor y por consecuencia a la reproducción de la especie. Pero, sabemos por experiencia propia que esto no es real, pues el número de personas que por una u otra razón no participan de este evento es cada vez más grande, sobre todo en nuestras sociedades actuales.
En el otro extremo de esta balanza de la polarización del amor, está la posición del amor como algo mágico y divino que, como tal, por su naturaleza de divino, al parecer muchos lo ven como algo que es inalcanzable. Tal vez pudiésemos incluir también en este extremo al amor romántico, el que nos venden las películas, las diferentes obras literarias y en general todo contenido artístico que trate del mismo. En realidad, ambos extremos nos hablan de un amor falso, un amor inventado en una expectativa no real, muy lejano de las realidades de las parejas y de las personas en general.
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Algunas Referencias:
Aprendiendo a vivir con nuestras diferencias. Miami, Usa:
Editorial Unilit.
Martínez, J. M. (2006). Amores que duran… y duran... y duran.
México: Editorial Pax.
Sádaba, J. (1995). El perdón: la soberanía del yo. Barcelona,
España: Paidos.
Venegas, M. (2005). Divorcio y modernidad. La ruptura de las
FACES/UCV, Fondo Editorial Tropykos.






