viernes, 23 de octubre de 2026

CONCLUSIONES DEL LIBRO ARMONÍA MARITAL

CONCLUSIONES DEL LIBRO ARMONÍA MARITAL

Por: José Rafael Olivieri Delgado (jul 2022)

 

“Vive de tal forma que al mirar hacia atrás no lamentes haber desperdiciado la existencia.
Vive de tal forma que no lamentes las cosas que has hecho ni desees haber actuado de otra manera.
Vive con sinceridad y plenamente. Vive.”
(Kübler-Ross, 1997, p. 176)

 

            Lo he dicho muchas veces, y también lo he dejado escrito: ‘una relación de pareja no es una tarea fácil’, y más aún, cuando se trata de la relación matrimonial. Por el contrario, esta es la relación que tiene más complejidades, más enemigos y de paso, la peor publicidad, sobre todo si nos fijamos en los resultados de una inmensa mayoría de parejas, esto, entre otros factores negativos.

            No obstante, lo anterior, el matrimonio (la relación de pareja en general) ha sido concebida por Dios como la solución idónea        a los verdaderos enemigos del Ser Humano. Es la solución al abismo depresivo de la soledad, es la ayuda necesaria para cada miembro de la díada marital, es el sustento de la formación de la familia y por ende de la sociedad, es un lugar para vivir en bienestar, protección y en crecimiento emocional, y así muchas cosas positivas más.

Lo que sí, es necesario reconocer para lograr todo eso, que es necesario, además de trabajar en ello, que llenemos un conjunto de requisitos en nuestras áreas emocionales, mentales y espirituales, amén de nuestra voluntad, decisión y acción en esa dirección que nos permita lograr tener y permanecer en esta relación bendecida por Dios. Esa es nuestra responsabilidad y compromiso, y para ello tenemos la ayuda del proceso de armonía marital aquí comentado.

Entre muchas de las razones del proceso de armonía resaltadas aquí, está el hecho de cubrir como uno de sus propósitos principales su función informativa, cuya intención ha sido la de comunicar y dar a conocer todo este conjunto de conocimientos a los lectores de este libro. Información que, de por sí, es altamente necesaria para lograr un adecuado proceso de armonía marital en la pareja, independientemente de las consideraciones hechas aquí, con relación al aspecto formal del matrimonio o de la libre unión de la pareja.

Para ello, he tomado como premisa que un buen conocimiento de las relaciones de pareja y de algunos de sus elementos, constituye un precedente necesario para poder llevar a cabo un exitoso proceso de armonía marital. Este permitirá a la pareja lograr altos niveles de satisfacción en su unión, e inclusive lograr la consolidación, metas, propósitos y la permanencia en bienestar de las parejas. Por ejemplo, el establecimiento de una familia sana y armónica, donde cada uno de sus miembros logre un adecuado nivel de participación interpersonal e individual, tal como ha sido definido por muchos especialistas del tema de familia.

            Un segundo propósito, al cual he hecho referencia, corresponde al aspecto de ofrecer una oportunidad de sanidad en la relación de pareja de este material. Dado que, igualmente, he partido de la premisa de que, con un adecuado manejo informativo, junto con los ejemplos y las referencias de los múltiples autores utilizados. Así, de esta manera, los miembros de la díada marital estarán en mayor capacidad de poder tener una relación de pareja sana, armónica y perdurable, con base en el buen establecimiento y aplicación de un proceso de armonía marital en su matrimonio.

            Un tercer aspecto interesante de mencionar es la invitación a realizar procesos de reflexión con base en todo el contenido informativo y descriptivo (incluyendo lo teórico) del proceso de armonía marital. Así como el lograr afirmaciones y decisiones donde se reflejen las intenciones de aplicar los conocimientos adquiridos aquí en la vida personal de cada lector, concretamente en su relación de pareja o en su matrimonio.  Al igual que la posibilidad de recomendar (publicidad positiva), la importancia de conocer este tipo de información como requisito para una buena relación de pareja a otras personas.

Esto me permite considerar y reafirmar el carácter de apoyo y asesoramiento de todo el contenido aquí presentado. Buscando con ello los aspectos de tipo preventivo, pues el objetivo final de este libro reside precisamente en esperar, tanto en el corto como en el largo plazo, no solamente una comprensión de las relaciones de pareja, sino una expresión en la práctica conductual y emocional, que permita estimar una adecuada interrelación de la pareja. Con ello lograr un futuro juntos, por encima de muchas predicciones negativas que se realizan hoy en día con relación a este tema, es decir, a la Armonía marital, elemento clave para lograr una adecuada relación de pareja que perdure en el tiempo.

            Finalmente, está el hecho de haber concebido este libro, en función de nuestra realidad actual, tanto para las parejas en situación de matrimonio formal, como para las diferentes relaciones de pareja actuales (parejas en situación de noviazgo, en relaciones maritales no formales como las de vivir juntos y otras). E incluso, está la posibilidad de ser usado por personas sin relación de pareja en el momento presente, pero que esperar lograr una relación estable en su futuro.

Tal como lo he reiterado en varias oportunidades, el proceso de armonía marital no corresponde solamente a las parejas formalmente casadas, sino a toda pareja que interrelaciona con la intención de establecer un vínculo de unión, ya sea institucional o no. En este sentido, cabe destacar que, la prioridad de lograr alcanzar, por una parte, el establecimiento del vínculo matrimonial en el tiempo, no se pierda. Si no que, muy por el contrario, se ha pretendido alcanzar a toda relación de pareja, que al menos esté constituida con la intención de perdurar en el tiempo. Tal como se ha señalado, creo que es la pareja la esencia primaria de todo el resto del árbol social, es decir, si la pareja fracasa, familia y sociedad lo harán por igual, pues el modelo original, en cualquiera de las áreas humanas, es la pareja.


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Algunas Referencias: 

Kübler-Ross, E. (1997). La rueda de la vida. España: Zeta


jueves, 22 de octubre de 2026

EL ASESORAMIENTO PSICOLÓGICO EN LA PAREJA

EL ASESORAMIENTO PSICOLÓGICO EN LA PAREJA

Por: José Rafael Olivieri Delgado  (jul 2022)

 

“Las relaciones de pareja pueden ser consideradas una comunidad de dos, una díada, donde los miembros se afectan mutuamente y establecen vínculos de correspondencia.”
(Riso, 2006, p. 130)

 

Conforme a lo presentado en los puntos anteriores, se entiende que, en toda relación de pareja, existen tanto momentos de armonía como de conflictos. De la gravedad de estos últimos y, de la voluntad de continuar de ambos miembros de la pareja, puede empezar a ser considerada la necesidad de la búsqueda de un asesoramiento psicológico, particularmente, del asesoramiento psicológico de parejas. Mediante este pueden ser tratados, con el conocimiento y las técnicas profesionales adecuadas, dichos conflictos en la interrelación de la pareja.

Podemos considerar normal (por no decir obligatorio) que toda pareja pasa por diferentes crisis, durante la duración de su unión, siendo dichas crisis los focos de atención tanto de la armonía marital, como de cualquier proceso de asesoramiento psicológico. Igualmente, puede considerarse que en general las fisuras en la relación comienzan al no poder superarse alguno de los conflictos que han de vivir. Por lo que sería adecuado estar pendiente para cuando comiencen los problemas, e iniciar en forma objetiva la revisión de sí se requiere o no del asesoramiento psicológico de parejas. La intención de este es poder abordar los diferentes elementos involucrados en las crisis, e intentar encontrar las soluciones óptimas para la pareja, ello es la razón de ser de la armonía marital y del asesoramiento psicológico.

Quizás un punto importante para la búsqueda del asesoramiento psicológico sea el poder reconocer y diferenciar cuando se está ante una situación de conflicto pasajero o, por el contrario, ante crisis graves. Las primeras son naturales y frecuentes en la vida de toda pareja, pueden requerir o no del asesoramiento. Pero cuando las dificultades en la interrelación de ambos obedecen a desajustes relevantes, que no pueden ser corregidos, con los recursos propios de la díada marital, allí será necesario y obligatorio del apoyo del asesoramiento. Lo primordial es que la pareja esté interesada en poder resolver este evento de crisis, sin engañarse ni crearse falsas expectativas, por lo que es conveniente que inicien algún proceso de asesoramiento psicológico de pareja.

A pesar de lo grande que pueda ser, el amor por sí solo no impide las crisis, pero sí puede convertirse en el principal elemento de apoyo, para buscarles una solución. Por lo que la consulta con un especialista del asesoramiento psicológico permitirá a la pareja, evaluar y observar su situación con mayor calma y objetividad. El asesor psicológico ayudará a trabajar y, por consiguiente, allanará el camino en la búsqueda de una solución satisfactoria para la pareja y para su relación, restaurando la armonía y permitiendo que el amor siga fluyendo en la pareja.

El asesoramiento psicológico es fundamental para apoyar a cada miembro de la pareja en la manera en que afrontarán ese período de problemas. Es valioso reconocer que se han de considerar en dicho proceso de asesoramiento, factores tales como la madurez emocional, la habilidad para gestionar los conflictos, la duración de la relación y las redes de apoyo de que disponga. Incluso, de manera especial, ha de considerarse el momento personal en que se encuentren, no solamente cada miembro de la pareja en forma individual, sino de la relación marital misma. Por lo que, en función de su objetivo común, que es el bienestar de la pareja, tanto la armonía marital como el asesoramiento psicológico tienen mucho que compartir y aportar a las relaciones de pareja. Cabe decir que del modo en que se superen las crisis, la pareja podrá referirse a esta como a una etapa de aprendizaje y superación o, por el contrario, la perciban como el principio del fin.

Ampliando la concepción teórica del asesoramiento psicológico, y para poder comprender su alcance y su importancia en la solución de las crisis de la relación de pareja, podemos tomar en cuenta los siguientes aspectos propios del asesoramiento psicológico: Por ejemplo, Casado (1987) comenta: “El Asesoramiento Psicológico, … Se refiere a una concepción más amplia de su campo aplicado: el bienestar humano y a un énfasis en la acción preventiva y de desarrollo, que abarque el colectivo en lugar de los individuos aislados.” (p. 70).

Mientras que Guevara (1995) resume el asesoramiento como:

Asesoramiento psicológico es una relación de ayuda entre un profesional y un cliente, el cual realiza una demanda ante una situación del presente difícil de resolver por sí solo. El Asesoramiento no es dar consejos. Se entiende como un acompañamiento que permite al cliente clarificar los elementos de la realidad y desarrollar su control, favoreciendo su crecimiento personal y la toma de decisiones. Su objetivo es aumentar la autonomía de la persona respecto a su ambiente social, profesional y cultural. (pp. 15 -19).

Por su parte, Navarro (en Casado, 1987) lleva a cabo una aclaratoria en función de la inexistencia de una definición coherente y total acerca de la orientación, e indica que:

Este aspecto representa, quizás, el problema fundamental. La orientación como tal es concebida de diversas maneras. Esta falta de unidad en cuanto a la definición teórica y operacional de la orientación genera interferencias para la implementación fáctica de la misma. Los autores quienes han teorizado al respecto, por lo general proponen definiciones incompletas; cada definición es ilustrativa del aspecto que a cada quien le interesa en lo relativo a la orientación como actividad profesional. (p. 35).

No obstante, este autor señala: “Definimos el asesoramiento como un proceso científico y continuo de desarrollo humano, que tiene como fin ayudar al individuo a utilizar su tendencia positiva de crecimiento, de manera que pueda lograr la satisfacción progresiva de sus necesidades auténticas, así como las de su sociedad.” (Navarro en Casado, 1987, p. 50). Mientras que Losada (en Casado, 1987) indica: “La dificultad está en que, como sabemos, no existe ‘una’ teoría de personalidad o de psicoterapia. No existe una teoría de asesoramiento psicológico, de orientación, o de educación, que esté definitivamente formulada y establecida.” (p. 77). De acuerdo con Menereo y Solé (1996) se tiene que: “De ahí que el asesoramiento… se constituya como una realidad compleja y multiforme –pues esas características son propias del contexto en que se desarrolla- que se traduce en diversas formas de entender sus finalidades y en una variedad de prácticas asesoras para lograrlas.” (p. 16).

Casado (1987) al realizar un resumen de su visión del asesoramiento psicológico, señala que la mayor contribución de este: “Consiste en cambiar la visión sectorial de los problemas y negarse a concebir los problemas como separados de un todo que es el hombre, concibiéndolos, en cambio, como reacción de ese hombre a las presiones sociales y ambientales que le impiden ‘aprender a ser’.” (p. 73). En la conclusión de Menereo y Solé (1996) afirman: “Si se tiene en cuenta lo dicho hasta este momento, se comprenderá la afirmación muchas veces expresada que no hay un único modo de asesorar.” (p. 17).

Otro autor que ha aportado importantes elementos a la comprensión del asesoramiento psicológico es José Vicente Losada (en Casado, 1987), realiza lo que él llama: “Un esbozo de lo que serían los principios esenciales de una posición humanista ante la vida, ante el mundo, ante el hombre, y especialmente ante la psicoterapia, el asesoramiento psicológico, la orientación y la educación.” (p. 74).



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Algunas Referencias:

Casado H., E. (1987). De la orientación al asesoramiento
            Psicológico (compilación). Caracas. U.C.V.

Guevara, M. (1995). Gerencia de servicios psicológicos. Caracas:
            UCV.

Riso, W.  (2006).  Los límites del amor.  Hasta dónde amarte sin
            renunciar a lo que soy. Bogotá, Colombia:
            Grupo Editorial Norma.


miércoles, 21 de octubre de 2026

ARMONÍA MARITAL (Un proceso para permanecer en pareja)

ARMONÍA MARITAL

(Un proceso para permanecer en pareja)

Por: José Rafael Olivieri Delgado (jul 2022)

 

“El amor se funda en la igualdad de derechos y en la libertad.”
(Fromm, 1981, p. 185)

 

En el marco legal de las uniones matrimoniales, que en líneas generales pertenecen al ámbito civil y eclesiástico, y desde tiempos históricamente lejanos hasta el presente, en muchas culturas diferentes, al momento de formalizar la unión matrimonial, se suele enunciar la expresión: “Hasta que la muerte los separe”. Este también ha sido el deseo expresado, conscientemente, de una gran mayoría de parejas que se casan libremente en y por amor, con la intención de establecer una relación marital, no por un periodo largo de tiempo, sino por el resto de los días que les quedan de vida. Para lograr este propósito inicial de la pareja, debe darse obligatoriamente un proceso de acoplamiento continuo en la díada, que ha sido denominado por muchos autores como “Armonía Marital”.

De no lograrse tal proceso de armonía marital y, como lamentablemente lo han demostrado las estadísticas de divorcios en el mundo entero, tal deseo de llegar juntos hasta el fin de la vida, no será posible. Aunque no dejan de existir parejas que lo hacen, claro está, por determinados compromisos tanto sociales, culturales, económicos, religiosos, como personales, los cuales no competen al alcance de este texto el discutirlos. Lo cierto es que, si la pareja desea recorrer juntos el camino de sus vidas, será necesario, tal como señalan Baltasar y Battaglia (1990) que: “Como díada, entrelazan y comparten sus requerimientos, expectativas, necesidades, capacidades e intereses, además de buscar el ajuste en su relación.” (p. 2). Es decir, aparte de todas las características propias, que pertenecen a la unión de la pareja, será necesario que ambos deseen crecer, madurar y trabajar en el proceso de armonía marital, de tal forma que los dos tengan en su relación un mismo norte común.

Según he señalado anteriormente, dominar el término de la armonía marital, implica clarificar una serie de conceptos, cuyos significados es adecuado que podamos compartir por igual, para así poder abordar, desde una misma perspectiva, un tema tan extenso y complejo, como lo es este proceso. En este punto específico, consideraremos los términos de: díada, matrimonio y por supuesto armonía marital, propiamente dicho. Por ejemplo, el diccionario Larousse (2004) define díada como: “Unión de dos principios que se complementan recíprocamente.” (p. 344). Llevado al contexto que interesa de la pareja, la metáfora de ‘dos principios’ habla de dos personas que se complementan recíprocamente. Lo cual es fundamental tanto en lo teórico como en lo práctico al hablar de la unión de la pareja.

Por su parte, el diccionario de psicología y psicoanálisis (1977) define diádico como: “Perteneciente al número dos, que tiene una estructura doble o en pareja; organizado en pares; compuesto por dos elementos.” (p. 235). Quizás quepa aquí, en función de este contexto, enfatizar que un elemento relevante de la relación de pareja y, por ende, de la armonía marital, es la necesidad de que la pareja esté separada de terceras personas. Esto quiere decir que, convivan ellos dos solos, en su propio espacio, sin la influencia externa ni de sus respectivas familias de origen, ni de cualquier otra persona, independientemente del vínculo que tenga con la pareja. Al respecto, señala Hormachea (1997): “Toda persona casada enfrenta la ineludible decisión de separarse con sabiduría de los vínculos familiares que le han unido por tantos años.” (p. 35). Esto por supuesto, al margen del momento en que ellos, como unidad diádica, decidan formar su propia familia. Como señala un viejo refrán popular “El casado casa quiere”.

Con relación al concepto de matrimonio, el diccionario Larousse (2004) define matrimonio como: “n. m. (lat. matrimonium). Institución social, reconocida como legítima por la sociedad, consistente en la unión de dos personas de distinto sexo para establecer una comunidad de vida, más o menos estable. 2. Sacramento por el cual hombre y mujer se ligan perpetuamente con arreglo a las prescripciones de la Iglesia. 3. Fam. Marido y mujer”. Ampliando aún más esta figura tan importante de la relación de pareja, también señala:

El matrimonio puede ser monogámico o poligámico. Si bien las religiones le otorgan un carácter sagrado y sacramental, la mayoría de los estados modernos lo contemplan como una unión contractual. En estos casos, el matrimonio civil, único válido, es independiente del religioso. Entre los efectos del matrimonio se encuentra la obligación de vida en común de los cónyuges, que deben ayudarse, respetarse y guardarse fidelidad, y el establecimiento de un régimen patrimonial. Para contraer matrimonio se establecen requisitos de capacidad, libre consentimiento y ausencia de impedimentos legales. Las constituciones avanzadas establecen la plena igualdad jurídica del hombre y la mujer para contraer matrimonio. Se contempla también la posibilidad de separación, anulación y divorcio. (p. 656)

En esta definición pueden apreciarse, claramente, muchos de los elementos que soportan conceptualmente la idea a lograr con el proceso de armonía marital. En este sentido se consideran, por igual, para ambos miembros de la díada, entre otros: vida en común, ayuda, respeto, fidelidad, patrimonio, consentimiento, libertad y, particularmente, la igualdad entre ambos cónyuges, por supuesto, en todos los aspectos de la relación marital. Utilizando otra famosa frase del acto matrimonial: “En las buenas y en las malas”.

Igualmente, se han considerado dos definiciones adicionales. La primera corresponde al diccionario de psicología y psicoanálisis (1977) el cual define matrimonio como: “(marriage): s. Institución social por la cual un hombre y una mujer se unen para establecer una unidad familiar. La forma aceptada de unión varía según las diferentes culturas. Las sanciones respecto de las formas de matrimonio pueden provenir de las costumbres, de la ley, de la religión o de la combinación de todas ellas.” (p. 502). Y la segunda, con un corte más espiritual, pero no por ello menos valedero, en el nuevo diccionario de la Biblia (s/f) el término matrimonio se define como: “Es el pacto entre un hombre y una mujer para hacer vida en común. Mediante este pacto, con la bendición de Dios, unen placenteramente sus cuerpos y almas para expresar mutuamente su amor, reproducir la especie humana y construir la sociedad comenzando con la familia.” (p. 686).

De igual manera, realiza este diccionario un señalamiento adicional, dada su naturaleza y propósito: “La voluntad de Dios fue que el matrimonio se hiciera entre un solo hombre con una sola mujer. Cuando Dios quiso buscar compañía para el hombre, no creó varias mujeres, sino solamente una: Eva.” (p. 686). En nuestra sociedad permisiva la idea de monogamia está hoy en día en altísimo cuestionamiento, a nivel social y mundial.

En este sentido, utilizando los conceptos expresados, he utilizado, como definición de la pareja, la siguiente: La interrelación de dos personas, un Él y una Ella, que deciden entrelazar sus vidas en totalidad, con la intención de compartir experiencias vitales, en principio por tiempo indefinido, bien sea dentro de la institución del matrimonio o no.

En el mismo sentido de lo expresado anteriormente, y entre los alcances a cubrir, indudablemente se encuentra la definición conceptual de la armonía marital, y cuál ha sido la concepción utilizada en este libro. Todo ello con la intención de entender la armonía marital como un proceso continuo y dinámico. Este se establece entre dos personas e involucra un compartir; el manejo de expectativas, tanto individuales como de la díada, en sus distintos ámbitos y ciclo de vida; su evolución como pareja, y donde existe mutua dependencia de los actores de esta. En este sentido, podría entenderse la armonía marital como un proceso donde la pareja debe estar en un constante acoplamiento, en el compartir de sus experiencias tanto individuales como en la unión del uno con el otro.


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Algunas Referencias:


Baltasar, M. y Battaglia, M. (1990). Tesis: Pareja: relación,
            ajuste marital y estilos de poder en la sexualidad.
            Caracas, Venezuela: U.C.V.

            Fromm, E. (1982). El arte de amar. España: Ediciones Paidos.

Hormachea, D. (1994).  Para matrimonios con amor.
            Aprendiendo a vivir con nuestras diferencias. Miami, Usa:
            Editorial Unilit.

martes, 20 de octubre de 2026

EL PERDÓN UNA CLAVE EN LA PAREJA

EL PERDÓN UNA CLAVE EN LA PAREJA

Por: José Rafael Olivieri Delgado (jul 2022)

 

“El perdón, sin embargo, es una acción que está en nuestras manos.” (Echeverría, 1996, p. 82)

 

Para llegar a este punto previamente he enumerado diversos elementos que intervienen, si no en todas, por lo menos en la gran mayoría de las relaciones de pareja. Igualmente, he profundizado en algunos de dichos elementos, ampliando su explicación y definición de estos, por considerarlos relevantes dentro del proceso de armonía marital. Pero uno de esos elementos especiales que interesa tratar por separado es precisamente El Perdón. Que si bien, he dejado de último, el mismo en mi criterio es considerado como la ‘clave para consolidar toda relación interpersonal’, especialmente la de pareja, y más aún la marital. (Habría que recordar la cita Bíblica “Los últimos serán los primeros” Mateo 19:30).

No obstante, antes de entrar en el tema, quiero hacerles una invitación especial. El texto aquí desarrollado, además de ser más breve, tiene mucho de corte académico, para darle un sustento sólido, en función de los (miles) de autores que sobre el tema han escrito. Por ello, la invitación es: a que revisen el texto sobre el Perdón que desarrollé en mi libro Fragmentos del Consultorio Psicológico 2 (Olivieri, 2021 b, pp. 337 – 390), es el Capítulo 12, “El Arte Del Perdón: La clave para decidir mi libertad y mi paz emocional”, el cual tiene un amplio contexto de lo emocional tanto para lo personal como para la pareja. Y muchas de las ideas y referencias de ese texto están plasmadas aquí. Créeme, ese capítulo ‘no tiene desperdicio’ (Modestia aparte del autor).

La importancia del perdón se ha de considerar, como ya ha sido mencionado anteriormente, porque en toda relación interpersonal siempre habrá conflictos, cuanto más en la relación matrimonial, sometida a una gran variedad de factores, ya comentados, que pudiesen poner en peligro la estabilidad marital.

De allí la necesidad de considerar el perdón, por ejemplo, de la manera en que señala Sádaba (1995), el cual manifiesta que el perdón implica: “… saber ceder, saber tolerar, saber entender y hasta saber perder… La idea de que ceder es empezar a modificar cosas supone una apuesta que va más allá del puro presente.” (p. 134). Esto es justo lo que nos interesa en el proceso de armonía marital: modificar cosas para llegar juntos al final. Como lo recuerda Riso (2006): “Para estar en pareja hay que negociar muchas cosas… acoplarse a las exigencias razonables de cualquier relación afectiva, acercarse al otro sin perder la propia esencia, amar sin dejarse de querer a sí mismo” (p. 10).

En relación con el aspecto de los conflictos en la pareja, al parecer en muchos casos los mismos se presentan luego de un prolongado período de incubación, por lo que es muy probable que siempre haya en la pareja quien quiera afirmar que ‘no puede perdonar’. Cabría aquí hacer dos preguntas, aunque diferentes entre sí, pero a su vez muy pertinentes: la primera, desde el enfoque Gestáltico ¿No puedes o no QUIERES perdonar? Y la segunda, ya más de corte existencial: ¿Es posible que exista algo imperdonable?

Con relación a esta última interrogante, Jankekevitch (cp. Sádaba, 1995) nos dirá que: “El perdón está precisamente ahí para perdonar lo que ninguna excusa podría excusar: porque no hay falta tan grave que no se pueda perdonar como último recurso.” (p. 68). Preferiría que el perdón fuese el primer recurso para resolver cualquier conflicto en la pareja (y en lo personal también), pero no deja de ser cierto lo dicho por (Sádaba, 1995) cuando señala que: “Para una persona concreta existen ofensas y desgarros que solamente ella puede medir. De ahí que el ofendido, el que ve la humillación… o la tortura… lo último que le importe, en ese momento, es perdonar.” (p. 72). Sin embargo, el perdón será la clave para la solución de cualquier conflicto en curso, ya que como dice H. Arendt (cp. Sádaba, 1995): “El perdón es la única reacción… que actúa de forma nueva e inesperada… y, por consiguiente, libera de las consecuencias del acto al que perdona y al que es perdonado” (p. 68).

Ahora bien, antes de proseguir, se hace necesario intentar definir a que nos estamos refiriendo cuando hablamos del perdón. A pesar de que Sádaba (1995) afirma que: “No tiene sentido preguntarse por el significado correcto de una palabra, puesto que no hay algo así como el significado correcto o verdadero. El significado, más bien, habrá que buscarlo en el uso concreto de una palabra… De ahí que no sea el mismo significado de perdón el que le dé el teólogo que el que le dé el filósofo” (p. 23). Esto lo podemos parafrasear incluyendo a cada uno de los miembros de la pareja por separado. Dado que el perdón no es igual ni para Él ni para Ella, en función de sus creencias y situaciones emocionales.

No obstante, es necesario conocer y entender de qué se está hablando al referirse al perdón. Por ejemplo, este mismo autor Sádaba (1995) señala que: “Perdón, en principio, no es una palabra llena de misterios. La usamos con tanta profusión que la consideramos familiar, un útil a mano que sirve, diariamente, no solamente a la comunicación sino para calmar o equilibrar estados de ánimo.” (p. 13). Igualmente dice: “Su significado latino (perdonare) nos ha llegado como una pieza de borrador, un medio para saldar una deuda. Para favorecer, en suma, a otros de manera gratuita, limpia, elegante y hasta magnánima.” (p. 13).

Por su parte, comenta Echeverría (1996) que: “Perdonar no es un acto de gracia para quien nos hizo daño, aunque pueda también serlo. Perdonar es un acto declarativo de liberación personal.” (p. 82). Al parecer, con base en esta última idea, muchas veces se piensa que el perdón es un regalo para el otro, sin darnos cuenta de que ambos participantes (perdonado y perdonador) son beneficiados, especialmente la persona que perdona, debido a la libertad emocional que proporciona el soltar las cargas de resentimiento acumuladas.

El perdón es considerado como una expresión de amor, que nos libera de las ataduras destructivas que nos amargan el alma, enferman el cuerpo y casi siempre terminan dañando la unión marital. Pues, a fin de cuentas, la falta de perdón es como un veneno que se toma a diario a gotas, pero que finalmente termina envenenando. Si ya definimos a la rabia como el ‘cáncer’ que destruye a las parejas, la falta de perdón es el alimento que le damos a ese cáncer para que crezca cada día más.

En el diccionario Larousse (2004) se define el perdón como: “Acción de perdonar.  Con perdón, dícese para excusarse por decir o hacer algo que molesta a otro.” (p. 784). Mientras que en el nuevo diccionario de la Biblia el término perdón se define como: “Es el acto de no retribuir las ofensas con el castigo merecido.” (p. 817). Lo que realmente nos interesa aquí sobre el perdón es que es una herramienta fundamental en el proceso de armonía marital, que le permite a la pareja un mecanismo para solucionar (en mi criterio ‘todas’) las posibles desavenencias que entre ellos indudablemente ocurrirán.

 Por su parte, como señala Sádaba (1995): “Lo decisivo es que se anula la deuda, que la donación es total, que no deja huellas. Ése es, efectivamente, el perdón. Un perdón que no solamente remite la deuda de la ofensa, sino que supone un cambio en los sentimientos de quien perdona.” (p. 129). Este es el criterio que nos interesa aquí para la armonía marital. Ya que como sabemos, en la mayoría de los casos, los sentimientos producto de los conflictos son, entre otros, rabia, ira, venganza, resentimiento e incluso odio, que son los principales enemigos de cualquier relación, incluyendo la marital. Por lo que el perdón al cambiar estos sentimientos actuará en beneficio de dicha relación. Lo cual se aplica igualmente en lo individual, tal como señala Echeverría (1996): “El perdón a sí mismo tiene el mismo efecto liberador de que hablamos anteriormente y hacerlo es una manifestación de amor a sí mismo y a la propia vida.” (p. 83), y, por consiguiente, para la pareja.

Es frecuente pensar que el hecho de ser un término cotidiano y del cual muchas veces se ha abusado, le ha restado importancia al proceso del perdón, haciendo que el mismo haya perdido fuerza como elemento fundamental en la solución de los conflictos de la pareja y en las personas en general. Es posible que la confusión esté en no conocer el verdadero significado del perdón. Pues este no significa que se esté de acuerdo con lo que paso, ni que se le apruebe. Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que cometió una falta. Simplemente, significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que causan dolor, ira o cualquiera de los sentimientos negativos, que en principio dañan más al ofendido que al ofensor. Como dice Sádaba (1995): “El perdón no es una excusa, por mucho que en el lenguaje ordinario se les confunda.” (p. 68).


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Algunas Referencias:


            Echeverria, R. (1996).  Ontología del lenguaje. 3ra ed. Santiago,
            Chile: Dolmen Ediciones, S.A.

Olivieri, José. (2021b). Fragmentos del consultorio psicológico 2.
            Un Camino Emocional de lo Individual a las Relaciones.
            Editorial KDP Amazon.

Riso, W.  (2006).  Los límites del amor.  Hasta dónde amarte sin
            renunciar a lo que soy. Bogotá, Colombia:
            Grupo Editorial Norma.
 
            Sádaba, J. (1995). El perdón: la soberanía del yo. Barcelona,
            España: Paidos.


viernes, 16 de octubre de 2026

RUPTURA / DIVORCIO EN / DE LA PAREJA

RUPTURA / DIVORCIO EN / DE LA PAREJA

Por José Rafael Olivieri Delgado (jul 2022)

 

“Una relación de pareja no se construye con razones, se construye con soluciones.” Martínez (2006)

 

Con base en la experiencia del consultorio, pudiera considerar, en principio, que las personas forman su relación de pareja con la intención de perdurar en el tiempo. Incluso me atrevería a afirmar que esto puede aplicarse en su totalidad cuando dicha decisión va acompañada del deseo de establecer una relación formal a través de la unión matrimonial. Sin embargo, al parecer, no puede aplicarse el mismo criterio a lo que hemos definido como “matrimonios sin papeles”, es decir, a las uniones maritales sin ningún tipo de formalización legal y/o religiosa. Esto último basado en el hecho casi ‘absoluto’ de la sentencia de ruptura y separación que dichas relaciones llevan asociadas.

Al respecto, Venegas (2005) afirma que: “Muchos jóvenes se encuentran hoy en la disyuntiva de constituir o no una familia, siendo creciente el número que por los momentos se ubica en una posición de provisionalidad.” (p. 41). Esta idea me sirve para ampliar (en la actualidad) esta disyuntiva, en los siguientes dos criterios: 1) No solamente la decisión de no establecer la unión marital formal, sino incluso, 2) el planteamiento real y generalizado de una inmensa mayoría de no tener hijos en ‘sus relaciones’ de pareja. En mi criterio, ambas disyuntivas tienen sus antecedentes en la inmensidad de los conflictos emocionales, que la mayoría tiene en relación con el tema de la pareja.

También hemos de incluir en este grupo a aquellas personas que incluso ya han vivido la experiencia previa del divorcio, la cuales ahora, en sus nuevas relaciones, optan por unión libre. Más aún, Venegas (2005) igualmente afirma que este tipo de relación ha tenido un aumento brusco al compararlo con las tasas de matrimonios. Para ello cita al Statistical Abstract de 1996, del cual señala: “El número de parejas que viven juntas se ha multiplicado seis veces desde 1970.” (p. 41). Opino en lo personal, que en el momento presente ya no son necesarias estas estadísticas, sencillamente basta mirar a tu alrededor (o a tu propia situación) y ver que estas ‘uniones libres’ son lo normal y cotidiano, mientras que los matrimonios son (como lo he definido ya) la especie en extinción.

            Con base en los criterios de este texto, no deja de ser cierto, que la aplicación de un adecuado proceso de armonía marital, en cualquier tipo de pareja, puede a ciencia cierta, en la mayoría de los casos, garantizar de por sí, la permanencia de la díada hasta el fin de sus vidas. Por supuesto, lo contrario va a suceder, tal como afirma Escalante (2005): “Cuando la pareja no puede adaptarse adecuadamente a la crisis o a sus consecuencias, esto puede producir una declinación en los niveles de satisfacción y estabilidad del matrimonio, y ello puede precipitar la rotura del vínculo.”. (p. 133). 

En esta disyuntiva de la formación y permanencia de la pareja consideramos dos grandes bloques de razones para ello. Por una parte, están las consideraciones ya evaluadas de los aspectos individuales de cada uno de los participantes de la díada, tanto en sus aprendizajes emocionales, como en sus actuaciones conductuales. Mientras que, por otra parte, está todo un conjunto de elementos adicionales, los cuales serán tratados a continuación en este tema de ‘la ruptura en / divorcio de’ la unión marital. Todo esto sin dejar de ver la posibilidad que nos señala Luhmann (1997): “El matrimonio basado en el amor es el resultado; y la consecuencia ulterior de las posibilidades de divorcio, su correctivo. Con ello se deja al matrimonio en la decisión de continuar o no.” (p. 36).

La afirmación anterior será el ‘punto central’ de toda relación de pareja, pues ello es una realidad, la continuación o no de la relación, es una decisión que solamente le pertenece a la pareja, tanto individual como en su conjunto, ello, por supuesto, al margen de todo lo que esto implica. Sin embargo, no dejo de afirmar que: el propósito del proceso de armonía marital es en principio lograr la permanencia de la relación marital (formal o no), a través del tiempo. De tal forma que la pareja pueda consolidarse y, que como ha sido expresado antes, no solamente sea fuente de satisfacciones individuales y mutuas, sino que la pareja sea el sustento tanto de la familia como de la sociedad misma. 

            No obstante, lo anterior, las cifras que se evidencia en las estadísticas de divorcios, cada día más y más en aumento, hablan de una realidad que atañe a muchas personas, al punto que Venegas (2005) indica: “El divorcio, sus causas y sobre todo sus consecuencias, dejaron de ser en los tiempos presentes un asunto exclusivo de la esfera privada para transformarse en un asunto ¿o problema? Social.” (p. 9). De allí la importancia de considerar algunos elementos de dicha realidad en el proceso de armonía marital presente. Sin dejar de lado, la realidad de no poder abarcar la totalidad de ellos en este texto, porque el divorcio es un tema tan vasto que su totalidad escapa a nuestro alcance. Está incluido aquí porque desde la perspectiva de lo planteado en el consultorio, la ruptura de la pareja representa un desenlace no deseado de la unión diádica, sea formal o no.

            De acuerdo con todo lo que he afirmado antes, quizás uno de los primeros puntos álgidos del tema del divorcio, radica en las posiciones dicotómicas de quienes están a favor y de quienes están en contra de este. Cada grupo expone sus razones y argumentos como los verdaderamente válidos. Tomar posición con cualquiera de los dos ‘bandos’ nos dejará en un callejón sin salida. Por lo que aquí me apoyaré en posiciones intermedias, que al igual que existen, quizás sean más objetivas, como es el caso de los autores citados a continuación.

Por ejemplo, Hormachea (1977) desde su posición afirma:

En primer lugar, me preocupan los que consciente o inconscientemente están destruyendo las familias. Van rumbo a la destrucción pues decidieron rechazar los principios divinos para la familia. No aprendieron a otorgar a los miembros de su familia el lugar que merecen… Entre estos están quienes son tan liberales en sus enseñanzas que al igual que los antiguos fariseos permiten el divorcio por cualquier causa. En vez de ayudar, facilitan el camino a la destrucción familiar a quienes tienen conflictos normales de la vida conyugal… Los que con facilidad ofrece el divorcio son los mayores motivadores para quienes buscan una vía de escape rápida. Los que no quieren respetar el compromiso adquirido delante de Dios y de su cónyuge de amar y de permanecer unidos hasta que la muerte los separe. (p. 13).  

            Para Escalante (2006) la realidad es: “La rotura del vínculo matrimonial y los desórdenes emocionales y físicos que suelen acompañarla, constituyen un proceso interactivo dentro del cual lo uno puede influenciar lo otro, entendiendo que, en ciertos casos, el divorcio puede ser la solución más adecuada para situaciones particularmente estresantes, y en otros, puede ser el estresante primario que conduce a otra clase de desórdenes” (p. 130). Ambas opciones, continuar o romper, deben ser evaluadas y decididas con base en los hechos reales de la estructura emocional de la pareja y de sus individuos.

Con un criterio igualmente objetivo, Venegas (2005) señala:

Los países de occidente varían en las oportunidades de separación que ofrecen a los matrimonios que ya no pueden vivir juntos, pero en ninguna sociedad se le considera como una salida afortunada pues surge del conflicto, crea problemas con la descendencia, los bienes patrimoniales, las familias políticas y obliga a la pérdida de muchos de los amigos comunes. Sin embargo y a pesar de todos estos inconvenientes, el divorcio constituye una solución que garantiza la seguridad y la continuidad de una existencia productiva ante tensiones que de no encontrar salidas pondrían en peligro la sociedad misma. (p. 43).

La realidad es que la experiencia matrimonial, fuera de los cuentos de hadas, implica la necesidad de criterios de madurez y de compromiso, los cuales actualmente muy pocos tienen o están dispuestos a respetar. Por ejemplo, Escalante (2006) señala que el matrimonio: “Representa para ambos cónyuges una serie de sacrificios… que tampoco pueden justificarse totalmente sobre la base del amor o del deber… porque las obligaciones de la vida familiar superan con creces lo que había sido previsto en el momento de la unión.” (p. 130).

 


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Algunas Referencias:

Escalante, G. (2006). Hijos del divorcio. SABER-ULA,
            Universidad de Los Andes, Facultad de Medicina. Mérida,
            Venezuela. Recuperado 07-09-2009 de:
            http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/14905/1/cap itulo13.pdf

Hormachea, D. (1994).  Para matrimonios con amor.
            Aprendiendo a vivir con nuestras diferencias. Miami, Usa:
            Editorial Unilit.

Martínez, J. M. (2006). Amores que duran… y duran... y duran.
            México: Editorial Pax.

Venegas, M.  (2005).  Divorcio y modernidad.  La ruptura de las
            parejas en Venezuela.  Caracas, Venezuela: Ediciones
            FACES/UCV, Fondo Editorial Tropykos.





jueves, 15 de octubre de 2026

EMOCIONES, SENTIMIENTOS Y ACTITUDES EN LA PAREJA

EMOCIONES, SENTIMIENTOS Y ACTITUDES

EN LA PAREJA

Por: José Rafael Olivieri Delgado (jul 2022)

 

“El amor solamente da de sí y nada recibe sino de sí mismo.
El amor no posee, y no se deja poseer: porque el amor se basta a sí mismo.” 
(Gibran Khalil, 1975)

 

            En todas las relaciones humanas, y especialmente, en las de pareja, está presente un amplio y muy diverso conjunto de emociones, sentimientos y actitudes, las cuales pueden contribuir tanto a una adecuada interrelación entre los miembros de la díada, como a su ruptura y separación. Es decir, son elementos que facilitan u obstaculizan la relación de pareja, e influyen sobre esta en función de aspectos que involucran igualmente la madurez, el compromiso, el deseo y las expectativas de conservar la relación marital como una prioridad de la pareja. 

            Dichos elementos son parte de los aspectos que han de considerarse en toda relación de pareja y por ende en el proceso de la armonía marital. Cada uno de los mismos, incide de una u otra manera al logro y mantenimiento de la satisfacción de la díada, o la disminución y destrucción del bienestar marital.

            Es indudable que detallar cada uno de estos múltiples elementos escapa al alcance de nuestro contenido. Sin embargo, sí puedo comentar algunos que han sido considerados por su importancia y peso en el proceso de unicidad de la pareja.

            Para que tengas una idea de la amplia variedad de estos elementos he realizado una lista de ellos dividido en dos bloques: los Obstaculizadores (negativos) y los Facilitadores (positivos). Esta es la lista:

 

Emociones, sentimientos y actitudes negativas:

            Rabia; Aversión; Temor; Apatía; Monotonía; Miedo; Desconfianza; Orgullo; Celos; Inseguridades; Falta de Honestidad; Falta de Comunicación; Rencor; La Falta de Capacidad para disculpar y olvidar; Irrespeto; Infidelidad; Falta de Compromiso; Engaño; Mal Carácter; Egoísmo; Avaricia; Ira; Dudas; Traición; Indiferencia; Envidia; Competencia; Deshonestidad; Resentimiento; Rechazo; Mentiras; Falta de amor; Sentido de propiedad; El no saber, no Poder o no querer perdonar; Altivez; Arrogancia; Ausencia de Dios; Ausencia de valor por la pareja; Soberbia; Lo Rutinario; Aburrimiento.

            Incomprensión; Falta de Autoestima; Ser Negativa(o); Inmadurez; Intolerancia; El querer apropiarse de la vida del otro; Amargura; Querer tener el control; Pensar primero en las necesidades de uno solo; Sentimientos de Venganza; El sentirse humillado por el otro o agredido con intención; El carácter dominante de uno sobre el otro porque te mantienen; Machismo; Displicencia; Sensación de Limitación; Sensación de Incertidumbre sobre la relación; Angustia; El esconder cosas; El no enfrentar los problemas; El minimizar o huir de las responsabilidades.

 

Emociones, sentimientos y actitudes positivas:

            Amor; Serenidad; Confianza; Paz Interior; Gratitud; Sinceridad; Honestidad; Comunicación; Compromiso; Respeto; Fidelidad; Comunión; Comprensión; Dignidad; Admiración; Solidaridad; Entendimiento; Demostrar constantemente expresiones de afecto y amor; Brindarse apoyo en todos los aspectos de la vida; Reinventar cada cierto tiempo la relación (Trazarse nuevas metas, Perspectivas de Vida); Inventar nuevas tácticas de sexo y seducción que le den chispa a la relación; Sexo; Cariño; Independencia; Libertad; El Respeto a la privacidad; Alegría; Ternura; Humildad; El Escuchar; Compromiso con Dios.

            Ser Positiva(o); No ser Rencorosa(o); La Intimidad física y emocional; Convivencia; Apoyo Mutuo; Paciencia; Ser Amigos; El Perdón; El Dar; Pensar primero en mi pareja; Ternura; La Sensación de conocer verdaderamente al otro; Empatía; Pasión; Camaradería; Compañerismo; Tolerancia; Esperanza; Compasión; Admiración; Compartir lo bueno y lo malo; La Idea de llegar a viejos juntos; La Sensación de tener una familia junto a la pareja; Conciliación; Compartir; Lograr llegar a los acuerdos planteados entre la pareja.


           Como lo muestran los diferentes elementos señalados en las mencionadas listas, puede apreciarse como cada conjunto de elementos es considerado o bien negativos (obstaculizadores) o bien positivos (facilitadores) en la relación de pareja. Sin duda alguna, cada persona considerará a unos más prioritarios y de mayor peso que a otros. Esto variará en función de las experiencias de vida, valores, conflictos emocionales, así como lo que cada uno de los elementos mencionados representen para cada miembro de la pareja, no solamente a nivel individual, sino en conjunto. Sin embargo, la tendencia y la forma cómo influyen dichos elementos en la relación está claramente definida, de acuerdo con el grupo en el cual han sido incluidos.

            En este sentido, los factores obstaculizadores actuarán en función de una disminución de la satisfacción marital, por lo que el proceso de armonía marital se verá afectada de manera negativa, lo cual pudiese incidir en una posible ruptura del vínculo sentimental. Por el contrario, los facilitadores, actuarán directamente sobre un aumento del bienestar, de tal manera que la armonía marital será afectada positivamente. Con ellos se logrará un reforzamiento de dicho vínculo, permitiendo alcanzar la satisfacción, así como la unión marital, y como consecuencia de ello, la permanencia de la relación de la pareja. 

            Como te lo indiqué anteriormente, no pretendo desarrollar todos estos factores mencionados, porque es una empresa que escapa a mis alcances. Por ello, aparte de haberlos enumerado, solamente comentaré unos pocos aquí, sin considerar los que ya traté anteriormente, o los que mencionaré en los próximos puntos a presentar. Entre los elementos a considerar aquí tenemos:

            El EGOÍSMO, el diccionario Larousse (2004) lo define como: “n. m. (fr. égoïsme). Afecto excesivo de alguien para consigo mismo” (p. 370). Menciona EGOTISTA “adj. y n. m. y f. Que manifiesta egotismo” (p. 370). Y EGOTISMO “n. m. Manía de hablar de sí mismo; sentimiento exagerado de la propia personalidad y del propio valor” (p. 370) Mientras que Sádaba (1995) indica que: “Llamemos egoísta a aquel que todo lo supedita a su bienestar… Para ganar, al final él y solamente él.” (p. 101).

            Por su parte, el diccionario de psicología y psicoanálisis (1977) define Egoísmo como: “Criterio que considera que, en último análisis, el autointerés es, o debería ser, la base de la motivación y de la moralidad; o la conducta de uno que obra de este modo” (p. 269). Mientras que define egotista como “Vanidoso; que mantiene una alta opinión de los valores propios” (p. 269). Y Egótico: “Perteneciente al yo; perteneciente al goce de placeres personales como los del cuerpo” (p. 269).

            Lamentablemente, nuestra cultura actual está dirigida por este elemento devastador de las parejas. El egoísmo del Yo se ha idolatrado, endiosándolo por encima del ‘nosotros’ que debería ser la unión conyugal. La mayoría de las personas no han tomado consciencia de que han cultivado el poder de lo individual, del ‘para mí’ y de ‘lo mío’ por encima de sus propias parejas.

            Contrario al amor que debería impulsarte a luchar por tu matrimonio, el egoísmo te obliga a imponer tus derechos, a mantener tu individualidad por encima de tu cónyuge, porque tú eres el único que importa. Podría añadir también que nuestro egoísmo nos hace creer que nuestros aspectos individuales son los únicos válidos, porque ya el otro no cuenta en la ecuación. Con el egoísmo no nos damos cuenta de nuestros propios problemas y conflictos personales, sino que se los endosamos al otro culpándolo de todo.

            De igual manera, desde la perspectiva de lo emocional, sabemos que toda pelea, además de esconder inseguridad, miedo, frustración y necesidades insatisfechas, se alimenta del egoísmo como combustible de agresión hacia el otro. Dichas peleas permiten demostrar que muchas de nuestras reacciones emocionales, particularmente la rabia, surgen como respuesta de nuestro propio egoísmo. El egoísmo no es otra cosa que poner mis intereses, deseos y prioridades antes que los del otro o simplemente, no tomar en cuenta al otro.

            Ahora mencionaremos al ORGULLO, en el diccionario de psicología y psicoanálisis (1977) se lo define como: “Sentimiento de alta estima hacia la propia capacidad o estatus; sentido del propio valer.” (p. 580). El diccionario Larousse (2004) define orgullo “n. m. (cat. orgull). Exceso de estimación propia, fatuidad, vanidad. 2. Sentimiento elevado de la propia dignidad.” (p. 744).

            Mientras que en el nuevo diccionario de la Biblia el término orgullo se define como: “Aunque este término puede ser utilizado de manera positiva, en las Escrituras se emplea mayormente para señalar un exceso de autoestima, una arrogancia o soberbia que conduce a una persona a exagerar su importancia o sus virtudes. El orgullo hace que el individuo piense que es mejor que los demás.” (p. 775).

            El orgullo ciega la mente y los sentidos del ser humano, lo hace engañarse sobre el valor de su existencia, lo llena de adulación para consigo mismo. Lo encierra entre los muros de una falsa autovaloración que lo hace prisionero de emociones despreciativas y de desvalorización para con el resto de sus semejantes. Esta emoción es enemiga del perdón, destruyendo toda posibilidad de reconciliación en la pareja. Al igual que es el principal destructor de la humildad, con lo cual no reconoces tus propios errores.

            En esta esclavitud del orgullo estamos tan condicionados por nuestros conflictos y demás debilidades humanas, que este se opone a la posibilidad de poder amar desinteresadamente a nuestra pareja. En cambio, solamente vivimos cuidándonos de lo que el otro me pueda hacer.

            Aferrarte a tu posición de orgullo, desvalorizando o negando la posición de tu pareja, son caminos seguros al fracaso de la relación matrimonial, tanto en el presente como en el futuro. Por ello, si en tu posición de orgullo y egoísmo, no cedes, no buscas soluciones, no valoras al otro, es de seguro que tu relación se destruirá más temprano que tarde.


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Algunas Referencias:


Ediciones Larousse (2004). El pequeño Larousse 2004. México:
            Ediciones Larousse.

            English, H. B. y English, A. CH. (1977). Diccionario de
            psicología y Psicoanálisis. Buenos Aires: Editorial Paidos.

            Khalil, G. (1975). El profeta. Argentina: Editorial Pomaire.




miércoles, 14 de octubre de 2026

LA COMUNICACIÓN COMO AMOR EN LA PAREJA

LA COMUNICACIÓN COMO AMOR EN LA PAREJA

Por: José Rafael Olivieri Delgado (jul 2022)

 

“Cada uno de los cónyuges tiene la libertad de expresar abiertamente sus sentimientos.
Se debe ser sincero, se debe comunicar sin fingimiento, pero sin olvidar los sentimientos de la otra persona.”     (Hormachea, 1994, p. 128)

 

            Comprender al ser humano es imposible sin la comunicación. No existe forma ni manera de poder expresar la profundidad de las emociones y sentimientos humanos sin la utilización de esta, y la díada marital no escapa a ello. A través de la comunicación, el Ser Humano ha podido dar rienda suelta a la expresión de su amor y de su odio, de sus seguridades y de sus miedos, de sus aciertos y fracasos. Ha podido a través de la comunicación relacionarse con otros, no solamente con los de su entorno cercano, sino que ha podido dejar a miles de generaciones futuras sus pensamientos, sus ideas, su manera de sentir y de comprender el universo que lo alberga.

             Ciertamente, la comunicación ha sido, es y será la pieza más nítidamente humana, el sello que nos da el calificativo de seres humanos. No en balde la aseveración presentada por Echeverria (1996): “El hombre vive en un mundo de lenguaje y por tanto es un ser lingüístico.” (s/p).

             De esta manera, la realidad interna y externa de cada uno de nosotros se hace manifiesta a través de las palabras. Ellas han sido aprendidas a través de un proceso gradual en la interrelación y la compañía de otras personas. Este complejo proceso está determinado por la estructura biológica y funcional, con la cual el niño madura su habilidad y utiliza su capacidad para poder comunicarse con los otros. No solamente usa sus gestos y sus emociones, sino que particularmente lo hace a través del lenguaje, y todo ello, lo hace en su búsqueda del amor. Es el amor el que impulsa su necesidad de comunicarse con los otros.

            Así mismo, a medida que se desarrolla en su crecimiento y entra a formar parte de una complicada estructura social, aprende a expresarse y a lograr un lugar en esta, gracias a la comunicación con sus semejantes. La razón básica de ello es que, toda su supervivencia pasada, presente y futura depende de su poder de comunicarse y, de su habilidad para dominarla y usarla… para bien o para mal.

             Sin duda alguna, comprender y manejar la comunicación con los otros implica una tarea de amplias dimensiones. Porque tal dominio no solamente corresponde a la capacidad de hablar, sino más aún, tiene que ver con todo una contextualización histórica, social y cultural sin la cual los seres humanos no hubiesen podido llegar a sobrevivir en el complicado y difícil mundo donde se han desarrollado.

             Por otra parte, es importante reconocer que la comunicación al ser un proceso continuo, dinámico y humano está sujeta a incontables factores culturales, sociales y emocionales, los cuales van incidiendo sobre esta y le dan su carácter de transitoriedad. Porque la comunicación también cambia y se transforma junto al ser humano que la crea.

             Esto igualmente afecta y modifica las diferentes relaciones de pareja. Dado que la vida de la pareja está íntimamente ligada a los diferentes procesos comunicacionales, y particularmente, a la forma en cómo la utiliza la díada marital. Es decir, que podría afirmarse que estos tres elementos: amor, comunicación y pareja, además de tener en común el ser producto de la construcción humana, son igualmente factores en transición dependiendo de su contexto histórico y cultural.

             Lo anterior es relevante de mencionar, pues al igual que el amor, la comunicación ha sido valorada de diferentes maneras a través del tiempo por el ser humano. También la comunicación y las relaciones de pareja llevan el mismo destino evolutivo, pues lo que ellos fueron 50 años atrás, hoy en día es muy diferente. De igual manera, es muy probable que dentro de otros cincuenta años (o menos) lo que hoy son, ya no lo serán más.

            Otro punto interesante de mencionar es que, tanto el amor como la comunicación, se convierten en factores de control hacia los otros (y viceversa). Pues a través de estos elementos el otro se halla parcialmente dentro de mi control, como yo lo estoy dentro del suyo. Entendiendo de esta forma, que tanto el amor como la comunicación son elementos de poder, por medio del cual se ejerce ese control parcial sobre el otro y este, a su vez, sobre algún otro. Con base en esto, podemos afirmar que el amor es un medio de comunicación, e igualmente, que el amor no es en sí mismo un simple sentimiento, sino que es un amplio lenguaje de comunicación, y este tiene sus propias reglas y normas, con las cuales nos relacionamos en y con la pareja.

             Desde esta perspectiva, el amor deja de ser ese elemento inocente que poetas y cantores han alabado durante tanto tiempo, y se transforma en una poderosa aliada (o enemiga) de las relaciones de pareja. De esta manera, el amor se convierte en sí mismo en comunicación, y como tal tiene su propio lenguaje, con puntos comunes y afines, al igual que contrario y diferente en cada pareja. Un lenguaje que depende de las circunstancias emocionales existentes entre las personas involucradas en dicha comunicación. Que, para el caso de una relación central, como lo es la díada marital, se diferencia en varias categorías, todas ellas con un factor principal: la posibilidad de influir y ejercer control sobre el otro. En este caso particular, sobre la persona amada, cosa que como ya se mencionó, termina siendo mutua entre ambos participantes.

             En esta realidad de la dualidad comunicacional del amor, este termina siendo, por igual, tanto aceptado como rechazado en sus dos naturalezas: la de los sentimientos y la de la razón. Para muchos la razón del amor representa un riesgo que no quieren correr. En cambio, prefieren quedarse en el terreno de lo emocional, manteniéndose así en la pasión de los sentimientos, y aceptando la inestabilidad de estos. Pocos utilizan el conocimiento y la comprensión del lenguaje del amor como medio para permanecer en la relación de pareja.

             De esta manera, y dado que es válido tanto para el amor como para el lenguaje, ambos como toda construcción social son aceptados por una amplia mayoría, aunque muchas veces, son incomprendidos por esa misma mayoría. En este sentido, el amor como comunicación no solamente es utilizado para la expresión de los sentimientos, necesidades y demás aspectos del amante, sino que obligatoriamente requiere, como en cualquier otro medio comunicacional, un receptor, es decir, una persona que es amada y que, por consiguiente, sea la que escuche e interprete dicha comunicación.

             El problema de escuchar al amor es que, no siempre se entiende el lenguaje que la otra persona está usando. La razón es simple, en este mundo de las diferencias, cada uno tiene su propio lenguaje del amor, a veces coincide y otras no. El asunto es que, en general, en el mundo rara vez la gente se escucha el uno al otro. La mayoría oyen las palabras, pero no escuchan las razones y las acciones que acompañan a esas palabras o, en otros casos, simplemente no escuchan al propio amor.

             Es decir, así como hay fallas en cualquier medio de comunicación entre emisor y receptor, independiente de cuál sea la causa de esta, es muy frecuente que la pareja tenga problemas en esta área, por lo cual solamente escuchan el ruido de la comunicación y no su contenido. Esto no es otra cosa, sino el inicio y la continuación de los conflictos en la pareja.

             Desde el punto de vista de la armonía marital de la pareja, la comunicación es uno de los elementos más importantes de esta. Su ausencia, mal uso o abuso de ella constituye una de las mayores causas del fracaso conyugal. La incomunicación en y de la pareja crea una barrera entre los miembros de la díada, que cada día crece más, aumentando también los sentimientos de soledad e incomprensión, y abre el camino hacia la separación.



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Algunas Referencias:

Echeverria, R. (1996).  Ontología del lenguaje. 3ra ed. Santiago,
            Chile: Dolmen Ediciones, S.A.

            Hormachea, D. (1994).  Para matrimonios con amor.
            Aprendiendo a vivir con nuestras diferencias. Miami, Usa:
            Editorial Unilit.