RUPTURA
/ DIVORCIO EN / DE LA PAREJA
Por José Rafael Olivieri Delgado (jul 2022)
“Una relación de pareja no se
construye con razones, se construye con soluciones.” Martínez (2006)
Con base en la experiencia del consultorio, pudiera considerar, en principio, que las personas forman su relación de pareja con la intención de perdurar en el tiempo. Incluso me atrevería a afirmar que esto puede aplicarse en su totalidad cuando dicha decisión va acompañada del deseo de establecer una relación formal a través de la unión matrimonial. Sin embargo, al parecer, no puede aplicarse el mismo criterio a lo que hemos definido como “matrimonios sin papeles”, es decir, a las uniones maritales sin ningún tipo de formalización legal y/o religiosa. Esto último basado en el hecho casi ‘absoluto’ de la sentencia de ruptura y separación que dichas relaciones llevan asociadas.
Al respecto, Venegas (2005) afirma que: “Muchos jóvenes se encuentran hoy en la disyuntiva de constituir o no una familia, siendo creciente el número que por los momentos se ubica en una posición de provisionalidad.” (p. 41). Esta idea me sirve para ampliar (en la actualidad) esta disyuntiva, en los siguientes dos criterios: 1) No solamente la decisión de no establecer la unión marital formal, sino incluso, 2) el planteamiento real y generalizado de una inmensa mayoría de no tener hijos en ‘sus relaciones’ de pareja. En mi criterio, ambas disyuntivas tienen sus antecedentes en la inmensidad de los conflictos emocionales, que la mayoría tiene en relación con el tema de la pareja.
También hemos de incluir en este grupo a aquellas personas que incluso ya han vivido la experiencia previa del divorcio, la cuales ahora, en sus nuevas relaciones, optan por unión libre. Más aún, Venegas (2005) igualmente afirma que este tipo de relación ha tenido un aumento brusco al compararlo con las tasas de matrimonios. Para ello cita al Statistical Abstract de 1996, del cual señala: “El número de parejas que viven juntas se ha multiplicado seis veces desde 1970.” (p. 41). Opino en lo personal, que en el momento presente ya no son necesarias estas estadísticas, sencillamente basta mirar a tu alrededor (o a tu propia situación) y ver que estas ‘uniones libres’ son lo normal y cotidiano, mientras que los matrimonios son (como lo he definido ya) la especie en extinción.
Con base en los criterios de este texto, no deja de ser cierto, que la aplicación de un adecuado proceso de armonía marital, en cualquier tipo de pareja, puede a ciencia cierta, en la mayoría de los casos, garantizar de por sí, la permanencia de la díada hasta el fin de sus vidas. Por supuesto, lo contrario va a suceder, tal como afirma Escalante (2005): “Cuando la pareja no puede adaptarse adecuadamente a la crisis o a sus consecuencias, esto puede producir una declinación en los niveles de satisfacción y estabilidad del matrimonio, y ello puede precipitar la rotura del vínculo.”. (p. 133).
En esta disyuntiva de la formación y permanencia de la pareja consideramos dos grandes bloques de razones para ello. Por una parte, están las consideraciones ya evaluadas de los aspectos individuales de cada uno de los participantes de la díada, tanto en sus aprendizajes emocionales, como en sus actuaciones conductuales. Mientras que, por otra parte, está todo un conjunto de elementos adicionales, los cuales serán tratados a continuación en este tema de ‘la ruptura en / divorcio de’ la unión marital. Todo esto sin dejar de ver la posibilidad que nos señala Luhmann (1997): “El matrimonio basado en el amor es el resultado; y la consecuencia ulterior de las posibilidades de divorcio, su correctivo. Con ello se deja al matrimonio en la decisión de continuar o no.” (p. 36).
La afirmación anterior será el ‘punto central’ de toda relación de pareja, pues ello es una realidad, la continuación o no de la relación, es una decisión que solamente le pertenece a la pareja, tanto individual como en su conjunto, ello, por supuesto, al margen de todo lo que esto implica. Sin embargo, no dejo de afirmar que: el propósito del proceso de armonía marital es en principio lograr la permanencia de la relación marital (formal o no), a través del tiempo. De tal forma que la pareja pueda consolidarse y, que como ha sido expresado antes, no solamente sea fuente de satisfacciones individuales y mutuas, sino que la pareja sea el sustento tanto de la familia como de la sociedad misma.
No obstante, lo anterior, las cifras que se evidencia en las estadísticas de divorcios, cada día más y más en aumento, hablan de una realidad que atañe a muchas personas, al punto que Venegas (2005) indica: “El divorcio, sus causas y sobre todo sus consecuencias, dejaron de ser en los tiempos presentes un asunto exclusivo de la esfera privada para transformarse en un asunto ¿o problema? Social.” (p. 9). De allí la importancia de considerar algunos elementos de dicha realidad en el proceso de armonía marital presente. Sin dejar de lado, la realidad de no poder abarcar la totalidad de ellos en este texto, porque el divorcio es un tema tan vasto que su totalidad escapa a nuestro alcance. Está incluido aquí porque desde la perspectiva de lo planteado en el consultorio, la ruptura de la pareja representa un desenlace no deseado de la unión diádica, sea formal o no.
De acuerdo con todo lo que he afirmado antes, quizás uno de los primeros puntos álgidos del tema del divorcio, radica en las posiciones dicotómicas de quienes están a favor y de quienes están en contra de este. Cada grupo expone sus razones y argumentos como los verdaderamente válidos. Tomar posición con cualquiera de los dos ‘bandos’ nos dejará en un callejón sin salida. Por lo que aquí me apoyaré en posiciones intermedias, que al igual que existen, quizás sean más objetivas, como es el caso de los autores citados a continuación.
Por ejemplo, Hormachea (1977) desde su posición afirma:
En primer lugar, me preocupan los que consciente o inconscientemente están destruyendo las familias. Van rumbo a la destrucción pues decidieron rechazar los principios divinos para la familia. No aprendieron a otorgar a los miembros de su familia el lugar que merecen… Entre estos están quienes son tan liberales en sus enseñanzas que al igual que los antiguos fariseos permiten el divorcio por cualquier causa. En vez de ayudar, facilitan el camino a la destrucción familiar a quienes tienen conflictos normales de la vida conyugal… Los que con facilidad ofrece el divorcio son los mayores motivadores para quienes buscan una vía de escape rápida. Los que no quieren respetar el compromiso adquirido delante de Dios y de su cónyuge de amar y de permanecer unidos hasta que la muerte los separe. (p. 13).
Para Escalante (2006) la realidad es: “La rotura del vínculo matrimonial y los desórdenes emocionales y físicos que suelen acompañarla, constituyen un proceso interactivo dentro del cual lo uno puede influenciar lo otro, entendiendo que, en ciertos casos, el divorcio puede ser la solución más adecuada para situaciones particularmente estresantes, y en otros, puede ser el estresante primario que conduce a otra clase de desórdenes” (p. 130). Ambas opciones, continuar o romper, deben ser evaluadas y decididas con base en los hechos reales de la estructura emocional de la pareja y de sus individuos.
Con un
criterio igualmente objetivo, Venegas (2005) señala:
Los países de occidente varían en las oportunidades de separación que ofrecen a los matrimonios que ya no pueden vivir juntos, pero en ninguna sociedad se le considera como una salida afortunada pues surge del conflicto, crea problemas con la descendencia, los bienes patrimoniales, las familias políticas y obliga a la pérdida de muchos de los amigos comunes. Sin embargo y a pesar de todos estos inconvenientes, el divorcio constituye una solución que garantiza la seguridad y la continuidad de una existencia productiva ante tensiones que de no encontrar salidas pondrían en peligro la sociedad misma. (p. 43).
La
realidad es que la experiencia matrimonial, fuera de los cuentos de hadas,
implica la necesidad de criterios de madurez y de compromiso, los cuales
actualmente muy pocos tienen o están dispuestos a respetar. Por ejemplo,
Escalante (2006) señala que el matrimonio: “Representa para ambos cónyuges una
serie de sacrificios… que tampoco pueden justificarse totalmente sobre la base
del amor o del deber… porque las obligaciones de la vida familiar superan con
creces lo que había sido previsto en el momento de la unión.” (p. 130).
......
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Escalante, G. (2006). Hijos del
divorcio. SABER-ULA,
Universidad
de Los Andes, Facultad de Medicina. Mérida,
Venezuela.
Recuperado 07-09-2009 de:
http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/14905/1/cap
itulo13.pdf
Hormachea, D. (1994). Para matrimonios con amor.
Aprendiendo
a vivir con nuestras diferencias. Miami, Usa:
Editorial
Unilit.
Martínez, J. M. (2006). Amores que
duran… y duran... y duran.
México:
Editorial Pax.
Venegas, M. (2005). Divorcio
y modernidad. La ruptura de las
parejas en Venezuela.
Caracas, Venezuela: Ediciones
FACES/UCV, Fondo
Editorial Tropykos.






