LA
COMUNICACIÓN COMO AMOR EN LA PAREJA
Por: José Rafael Olivieri Delgado (jul 2022)
Se debe ser sincero, se debe comunicar sin fingimiento, pero sin olvidar los sentimientos de la otra persona.” (Hormachea, 1994, p. 128)
Comprender al ser humano es
imposible sin la comunicación. No existe forma ni manera de poder expresar la
profundidad de las emociones y sentimientos humanos sin la utilización de esta,
y la díada marital no escapa a ello. A través de la comunicación, el Ser Humano
ha podido dar rienda suelta a la expresión de su amor y de su odio, de sus
seguridades y de sus miedos, de sus aciertos y fracasos. Ha podido a través de
la comunicación relacionarse con otros, no solamente con los de su entorno
cercano, sino que ha podido dejar a miles de generaciones futuras sus
pensamientos, sus ideas, su manera de sentir y de comprender el universo que lo
alberga.
Ciertamente, la comunicación ha sido, es y será la pieza más nítidamente humana, el sello que nos da el calificativo de seres humanos. No en balde la aseveración presentada por Echeverria (1996): “El hombre vive en un mundo de lenguaje y por tanto es un ser lingüístico.” (s/p).
De esta manera, la realidad interna y externa de cada uno de nosotros se hace manifiesta a través de las palabras. Ellas han sido aprendidas a través de un proceso gradual en la interrelación y la compañía de otras personas. Este complejo proceso está determinado por la estructura biológica y funcional, con la cual el niño madura su habilidad y utiliza su capacidad para poder comunicarse con los otros. No solamente usa sus gestos y sus emociones, sino que particularmente lo hace a través del lenguaje, y todo ello, lo hace en su búsqueda del amor. Es el amor el que impulsa su necesidad de comunicarse con los otros.
Así
mismo, a medida que se desarrolla en su crecimiento y entra a formar parte de
una complicada estructura social, aprende a expresarse y a lograr un lugar en esta,
gracias a la comunicación con sus semejantes. La razón básica de ello es que,
toda su supervivencia pasada, presente y futura depende de su poder de
comunicarse y, de su habilidad para dominarla y usarla… para bien o para mal.
Sin duda alguna, comprender y manejar la comunicación con los otros implica una tarea de amplias dimensiones. Porque tal dominio no solamente corresponde a la capacidad de hablar, sino más aún, tiene que ver con todo una contextualización histórica, social y cultural sin la cual los seres humanos no hubiesen podido llegar a sobrevivir en el complicado y difícil mundo donde se han desarrollado.
Por otra parte, es importante reconocer que la comunicación al ser un proceso continuo, dinámico y humano está sujeta a incontables factores culturales, sociales y emocionales, los cuales van incidiendo sobre esta y le dan su carácter de transitoriedad. Porque la comunicación también cambia y se transforma junto al ser humano que la crea.
Esto igualmente afecta y modifica las diferentes relaciones de pareja. Dado que la vida de la pareja está íntimamente ligada a los diferentes procesos comunicacionales, y particularmente, a la forma en cómo la utiliza la díada marital. Es decir, que podría afirmarse que estos tres elementos: amor, comunicación y pareja, además de tener en común el ser producto de la construcción humana, son igualmente factores en transición dependiendo de su contexto histórico y cultural.
Lo anterior es relevante de mencionar, pues al igual que el amor, la comunicación ha sido valorada de diferentes maneras a través del tiempo por el ser humano. También la comunicación y las relaciones de pareja llevan el mismo destino evolutivo, pues lo que ellos fueron 50 años atrás, hoy en día es muy diferente. De igual manera, es muy probable que dentro de otros cincuenta años (o menos) lo que hoy son, ya no lo serán más.
Otro
punto interesante de mencionar es que, tanto el amor como la comunicación, se
convierten en factores de control hacia los otros (y viceversa). Pues a través
de estos elementos el otro se halla parcialmente dentro de mi control, como yo
lo estoy dentro del suyo. Entendiendo de esta forma, que tanto el amor como la
comunicación son elementos de poder, por medio del cual se ejerce ese control
parcial sobre el otro y este, a su vez, sobre algún otro. Con base en esto,
podemos afirmar que el amor es un medio de comunicación, e igualmente, que el
amor no es en sí mismo un simple sentimiento, sino que es un amplio lenguaje de
comunicación, y este tiene sus propias reglas y normas, con las cuales nos
relacionamos en y con la pareja.
Desde esta perspectiva, el amor deja de ser ese elemento inocente que poetas y cantores han alabado durante tanto tiempo, y se transforma en una poderosa aliada (o enemiga) de las relaciones de pareja. De esta manera, el amor se convierte en sí mismo en comunicación, y como tal tiene su propio lenguaje, con puntos comunes y afines, al igual que contrario y diferente en cada pareja. Un lenguaje que depende de las circunstancias emocionales existentes entre las personas involucradas en dicha comunicación. Que, para el caso de una relación central, como lo es la díada marital, se diferencia en varias categorías, todas ellas con un factor principal: la posibilidad de influir y ejercer control sobre el otro. En este caso particular, sobre la persona amada, cosa que como ya se mencionó, termina siendo mutua entre ambos participantes.
En esta realidad de la dualidad comunicacional del amor, este termina siendo, por igual, tanto aceptado como rechazado en sus dos naturalezas: la de los sentimientos y la de la razón. Para muchos la razón del amor representa un riesgo que no quieren correr. En cambio, prefieren quedarse en el terreno de lo emocional, manteniéndose así en la pasión de los sentimientos, y aceptando la inestabilidad de estos. Pocos utilizan el conocimiento y la comprensión del lenguaje del amor como medio para permanecer en la relación de pareja.
De esta manera, y dado que es válido tanto para el amor como para el lenguaje, ambos como toda construcción social son aceptados por una amplia mayoría, aunque muchas veces, son incomprendidos por esa misma mayoría. En este sentido, el amor como comunicación no solamente es utilizado para la expresión de los sentimientos, necesidades y demás aspectos del amante, sino que obligatoriamente requiere, como en cualquier otro medio comunicacional, un receptor, es decir, una persona que es amada y que, por consiguiente, sea la que escuche e interprete dicha comunicación.
El problema de escuchar al amor es que, no siempre se entiende el lenguaje que la otra persona está usando. La razón es simple, en este mundo de las diferencias, cada uno tiene su propio lenguaje del amor, a veces coincide y otras no. El asunto es que, en general, en el mundo rara vez la gente se escucha el uno al otro. La mayoría oyen las palabras, pero no escuchan las razones y las acciones que acompañan a esas palabras o, en otros casos, simplemente no escuchan al propio amor.
Es decir, así como hay fallas en cualquier medio de comunicación entre emisor y receptor, independiente de cuál sea la causa de esta, es muy frecuente que la pareja tenga problemas en esta área, por lo cual solamente escuchan el ruido de la comunicación y no su contenido. Esto no es otra cosa, sino el inicio y la continuación de los conflictos en la pareja.
Desde el punto de vista de la armonía marital de la pareja, la comunicación es uno de los elementos más importantes de esta. Su ausencia, mal uso o abuso de ella constituye una de las mayores causas del fracaso conyugal. La incomunicación en y de la pareja crea una barrera entre los miembros de la díada, que cada día crece más, aumentando también los sentimientos de soledad e incomprensión, y abre el camino hacia la separación.
......
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Hormachea, D. (1994). Para matrimonios con amor.
Aprendiendo a vivir con nuestras diferencias. Miami, Usa:
Editorial Unilit.

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