lunes, 31 de agosto de 2020

PROYECTO PAREJA: Unidad en la Diversidad

PROYECTO PAREJA: Unidad en la Diversidad

Por José Rafael Olivieri Delgado (ago. 2020)

 

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Gén. 2:24, RVR60).

 

“Una buena relación se construye no con razones sino con soluciones”

(Martínez, 2006, p. 200)

  

“Y fueron muy felices por el resto de sus vidas” (Charles Perrault, 1703). Esta ultra conocida frase de los cuentos de hadas, se ha grabado profundamente en la esencia emocional de una inmensa mayoría de niños, y muy especialmente, en las niñas. Ellas han vivido dichos cuentos como un poderoso modelo formativo en sus infancias (los niños se identifican con el príncipe y las niñas con la princesa). En mi criterio personal, esta frase marca una de las fantasías más grandes que tienen casi todos aquellos que sueñan con formar una relación de pareja, dicha fantasía es precisamente esa: vivir muy felices por el resto de su vida (JUNTOS)…

Tanto Él como Ella, y en líneas generales, todos aquellos que pretenden formar una relación de pareja, y más aún, aquellos que quieren formalizar su relación a través de un matrimonio ya sea civil o eclesiástico. Ellos van a dicho evento con la creencia de poder lograr el ser felices y el vivir juntos para siempre… Aún hoy en día, esto es así, aunque socialmente se diga y se vea como si dicha relación ya está muerta, pero en la mente inconsciente de muchas de estas parejas, se sigue repitiendo la frase de Perrault.

Por otro lado, existe igualmente un gran número de personas que, con base en sus conflictos emocionales, dicen y demuestran no creer en una institución “obsoleta” como lo es el matrimonio. Pero influenciados por sus procesos hormonales y emocionales, son inducidos a querer formar una relación de pareja. Generalmente esta es del tipo que usualmente llaman: “unión libre de hecho”, otros: “arrejunte” y otros muchos (la inmensa mayoría): “vamos a ver cómo nos va”.

Sin embargo, una vez más, aunque la fantasía en estos casos está muy disminuida, en algún hueco profundo del inconsciente aún esperan encontrar la felicidad y la continuidad indefinida de su vínculo afectivo. Tal como aprendieron en dichos cuentos de hadas cuando todavía sus mentes infantiles creían en las fantasías, el crédito se lo lleva Perrault.

Lastimosamente, la gran realidad de la vida es completamente diferente a dichos cuentos. Independientemente de lo dramático y complejo de las circunstancias actuales para las parejas, al menos a nivel consciente, las parejas que se unen aspiran a permanecer juntos en el tiempo, además de querer experimentar un buen nivel de felicidad juntos. Para mí, a pesar de nuestras imperfecciones, de nuestros conflictos y decisiones emocionales infantiles, de los fracasos de nuestros modelos de pareja de la infancia (padres, abuelos, tíos, vecinos…), aún es posible construir un vínculo de pareja estable y duradero. Un vínculo cuya consolidación nos permita encontrar en la realidad, muchos de nuestros anhelos y sueños en relación con nuestro proyecto de pareja.

Lograr esto no es una fantasía, sino por el contrario, una realidad de un proceso muy válido de compromiso, responsabilidad, decisión, trabajo y transformación, de mucha de nuestra formación emocional infantil traumatizada. Para poder adecuarnos positivamente a la realidad actual de la ‘convivencia matrimonial’, o como la mayoría entiende, de la ‘convivencia de pareja’. Porque para muchos, la palabra ‘matrimonio’ la entienden y la viven igual que un cáncer de páncreas, … es decir: una sentencia de muerte.

Totalmente de acuerdo con ustedes que las heridas emocionales se infectan y particularmente se hacen destructivas, especialmente en los procesos que requieren de tiempo como las enfermedades y las relaciones de pareja. Emociones como la rabia, el resentimiento e incluso el odio, son muy comunes que desborden las relaciones de pareja, ellas son el cáncer de cualquier relación matrimonial. Pero de igual manera, así mismo está muchísimo más que demostrado que más del 95% de las distintas ‘relaciones de hecho’ terminan destruyéndose aún más, por efecto no solamente de estas circunstancias emocionales, sino particularmente, por la falta de un compromiso absoluto de permanecer y trabajar por el vínculo de pareja.

En la relación terapéutica en el consultorio, repetimos constantemente que la felicidad es un proceso de decisión individual y personal de cada individuo, independientemente de sus circunstancias externas e incluso, de sus relaciones interpersonales. Pero como está más que demostrado esto no es ni tan cierto ni tan absoluto. La felicidad como proceso, sí depende de tus decisiones emocionales, pero también requiere de un amplio conjunto de factores externos tales como la calidad de tus relaciones (pareja, familia, …), tus necesidades, fuentes de ingreso, vivienda y muchas más circunstancias propias del proceso de vivir.

En realidad, la felicidad es un camino con subidas y bajadas dentro del proceso de la vida, unas veces vamos bien otras no tanto. Pero si el objetivo principal de tu relación matrimonial (relación de pareja, … para que no les ‘pique’, …), es el de buscar el nivel de felicidad más alto posible, vas por un camino equivocado y sin salida. Es mucho más fácil dedicarte a buscar satisfacciones materiales que, aunque sí producen felicidad, no duran nunca y te dejan igual o más vacío que al principio. 

El matrimonio no es para que tú seas feliz, sino que es la unión de dos personas para construir juntos su propio transitar por la vida, donde el resultado final incluya una realización completa para ambos, donde puedan evaluarse, entre otras cosas, como personas felices. En mi criterio, el matrimonio es la relación interpersonal más íntima y necesaria de los Seres Humanos. El proceso de ser dos seres individuales y completos que llegan a unirse para desarrollar un proyecto de pareja permite la creación de una unidad indivisible que adecuadamente mantenida, supera todas las adversidades del tiempo y de los conflictos emocionales que nos dominan frecuentemente.

La clase de unidad que se forma en el vínculo matrimonial permite satisfacer las necesidades y ‘hambres emocionales’ que nos aquejan constantemente en toda nuestra vida. Establece un lugar de seguridad y paz que ninguna otra circunstancia humana da. No podrá ser perfecta nunca, porque es una relación humana, la cual no requiere de pactos que encadenen sino de permisos de libertad e intimidad, de fidelidad y de crecimiento mutuo.

Donde la relación se alimenta en la protección y ayuda de, por y para ambos, donde ciertamente hay errores y fallas que indudablemente lastiman y a veces, mucho, pero donde el perdón restaura completamente y provee de sanidad a la relación constantemente. Donde los defectos de cada uno son parte del trabajo de mejorar tanto individual como en la unidad de la relación. Donde las peleas existen, pero son la excepción de la regla, porque la confianza, la comunicación, el respecto, … son los lugares comunes en los cuales se apoya la relación.

Es una relación en la cual el verdadero trabajo de toda tu vida es servir y apoyar en su crecimiento a tu cónyuge y viceversa. Es un ambiente de compromiso y responsabilidad no impuestos por una falsa obligación legal de un documento, sino, por una decisión plena de mi libertad para elegir amar a mi cónyuge. Amar por encima de las realidades de la relación, en cada uno de los días que me corresponde compartir con el otro, y durante el transcurso de toda mi vida.

Es una relación donde al sumar todos los eventos compartidos, el total de tal balance es ampliamente positivo, y en el contexto correspondiente, la frase de Perrault se ha hecho real en nuestra vida matrimonial. De tal manera que hemos podido vencer, no solamente las circunstancias negativas de nuestras prohibiciones emocionales, sino particularmente, el mudo real y continuo de las agresiones sociales, culturales y económicas, a la posibilidad de vivir una relación matrimonial donde seamos felices por el resto de nuestra vida juntos. La decisión emocional que me ha de guiar, para poder lograr esto es: ¡mi compromiso es amarte y ser feliz a tu lado, hasta que Dios me llame a su presencia!

Contrario a esta descripción de una posible realidad de nuestro vínculo matrimonial, es necesario comprender que al no ser perfectos cometemos muchos errores. Estos errores nos llevan frecuentemente a situaciones de conflictos y peleas, lamentablemente, cada vez más repetitivas y continuas, así como más intensas a medida que el tiempo transcurre y se acumula en la relación. Precisamente allí, en los momentos de conflictos, es cuando más necesitamos reconocer que somos Seres Humanos con defectos al igual que nuestro cónyuge.

Necesitamos darnos más tiempo, trabajar más profundamente nuestras situaciones emocionales negativas, echar mano de todos nuestros recursos positivos, recordar nuestros compromisos, responsabilidades y decisiones tomadas por amor a nuestro cónyuge. Necesitamos llenarnos de paciencia y misericordia hasta que podamos aprender a resistir, durante estas crisis, nuestras propias ‘prohibiciones de pareja’ y particularmente, todas nuestras emociones y pensamientos negativos, los cuales nos invaden y nos invitan continua y profundamente a renunciar en los momentos difíciles.

Es indudable que todo el trabajo a favor de la relación no puede quedar solamente allí (en las épocas de crisis), sino que es un trabajo continuo de todos los días, porque la relación matrimonial se caracteriza por dos elementos contradictorios: el primero: su fortaleza y unidad, mientras que el segundo, totalmente opuesto: su fragilidad frente a la ola de conflictos emocionales que nos dominan cada vez más. No necesito decirlo, el aumento cada vez más frecuente y continuo de las rupturas de parejas. Tanto matrimoniales como de cualquier otro tipo, así como las cada vez más abundantes relaciones que jamás llegarán a consolidarse, hablan por sí solas de esta cultura desesperada y actual de la destrucción y muerte de las relaciones de pareja.

 

Algunos aspectos negativos de las parejas:

Por su parte, la ruptura de las parejas, en su gran mayoría y de forma común incluyen tres aspectos importantes: (1) las diferencias (en pensamiento, emoción y acción) que existen entre ambos y que son propias de cada género (masculino y femenino); (2) Las incompatibilidades sociales y finalmente, (3) Las incompatibilidades sexuales… En los tres aspectos por igual, y sin lugar a duda, la mayor falla presente es la ausencia de una comunicación íntima de la pareja.

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Referencias:

 

Barceló, D. (2013). Dejará padre y madre. Recuperado el 20-04-2020 de: https://www.

coalicionporelevangelio.org/articulo/dejara-padre-y-madre/

Berne, E. (1979). ¿Qué dice usted después de decir hola? 9na ed., Barcelona. Ed. Grijalbo

Gray, J.  (1992).  Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus.  NY, USA:

            HarperCollins Publishers Inc.

Hormachea, D. (1994).  Para matrimonios con amor.  Aprendiendo a vivir con nuestras

 diferencias. Miami, Usa: Editorial Unilit.

Kendrick, S. y A. (2008). El Desafío del amor. USA. B&H Publishing.

Martínez, J. M. (2006). Amores que duran… y duran... y duran. México: Editorial Pax.

Pease, A. y Pease, B. (1999). Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los

            mapas. España: Editorial Amat.

Perrault, Charles. (1703).  Recuperado el 15-05-2020 de: https://www.facebook.com/

editorialamazonia/posts/2034162309958958/




miércoles, 20 de mayo de 2020

LA SOLEDAD: Decisión, Sentimiento, Prisión o Destino final

LA SOLEDAD: Decisión, Sentimiento, Prisión o Destino final

Por: José Rafael Olivieri Delgado

(febrero 2014, modificado mayo 2020)

 

“La necesidad más profunda del hombre es, entonces, la necesidad de superar su separatidad, de abandonar la prisión de su soledad” Fromm (1982, p.20).

  

“Es la guerra del alma.” … Así definí hace ya muchos años, en mi adolescencia, mi propia sensación de soledad. Todos somos Seres Humanos y lo más importante que nos define es nuestra estructura emocional, en ella, tenemos un inmenso universo compuesto de muy diferentes emociones y sentimientos. A través de nuestro proceso de vida y experiencias, hemos aprendido a valorar dichas emociones, a unas como positivas y, a otras, como negativas. Por supuesto, tal valoración, es desde la perspectiva en la cual medimos nuestras emociones, tan simplemente como buenas y malas, en función de cómo nos sentimos física, emocional y espiritualmente (realmente son mucho más complejas que eso… pero esa es harina de otro costal). Sin embargo, si algún sentimiento, desde un contexto negativo, es más terrible y destructivo… Esa es precisamente, la soledad.

Mi soledad se siente en: la percepción emocional de la existencia de un vacío sin fondo. La sensación de un miedo aterrador. La falta del contacto con el otro La ausencia de la esperanza. La carencia de amor (a mí mismo y del otro). La oscuridad de un futuro con un destino distinto a nuestros sueños y anhelos. El no disfrutar de quién soy y de lo que tengo… Son todas ellas expresiones que hablan de esa ‘guerra del alma’, que indudablemente sentimos casi todos los seres humanos, cuando hemos pasado por nuestros diferentes momentos de soledad.

Lamentablemente esa es una realidad, porque es un hecho irrefutable e ineludible que la soledad es una experiencia emocional inevitable y fundamental de todo Ser Humano, tanto para su autodestrucción (contexto negativo), como para poder lograr creaciones y experiencias sublimes, dignas de los mayores logros humanos (contexto positivo). Ambos extremos son una verdad tangible, como lo hemos podido apreciar a través de toda nuestra historia humana. Por ello, y desde la mirada de lo negativo, el subtítulo de este texto: “Decisión, Sentimiento, Prisión o Destino final”, los cuales representan varias opciones de por qué la soledad humana, no es más que una expresión de mi propio miedo a la vida y a vivir…

Desde el principio de la humanidad (recordemos la historia de Adán y Eva), el Ser Humano ha sentido la soledad y, peor aún, se ha sentido solo. Pero en ninguna otra época como en nuestra historia presente, esto se ha hecho más patético. Hoy nos domina la creencia más garrafal que tenemos (si no todos, si la inmensa mayoría). Esta es: que, al ser una persona adulta, consideramos y defendemos, a costa de lo que sea, el hecho de estar obligados a cumplir con las cualidades de ser absolutamente ‘independientes’.

Peor aún, si le sumamos a esto otra creencia aún más destructiva y castradora: la creencia de sentir que no necesitamos a nadie. Si esto llegase a ocurrir, entonces seríamos personas ‘dependientes’. Es esta mentalidad, esto sería nuestra peor falla individual, desde el contexto de nuestra ‘supuesta’ autonomía. Estas creencias absolutas de nuestro presente son las razones más básicas que nos explica el por qué, dicha inmensa mayoría, se está muriendo de soledad. Aún más perjudicial que lo anterior, por qué damos por completamente cierto que la única opción que tenemos, es que la soledad nos acompañará siempre en toda nuestra vida.

De igual manera, mucha de nuestra soledad se debe a la ‘maraña’ de sentimientos y emociones que nos abruman día a día, donde muchas veces, no sabemos ni manejarlas ni interpretarlas en nuestro contexto personal. Con respecto a esto, en su libro Martínez (2006) señala que con todas las explicaciones y descripciones que, tantos autores “bien intencionados”, han hecho sobre los sentimientos y emociones que sentimos y vivimos. La mayoría de las personas no saben a ciencia cierta, si son verdaderos los sentimientos que sienten o qué y cómo deberían sentirse con cada uno de ellos (p. 38). Algo similar pasa con el sentimiento de la soledad, una inmensa mayoría no están seguros de qué es o de cómo se deberían sentir con la misma, a pesar de lo que están viviendo y sintiendo continuamente.

En principio, la razón de lo anterior se debe al hecho de ser una experiencia emocional totalmente individual e intransferible, que se aplica básicamente a cualquier emoción o sentimiento. Esto es debido a la realidad en la cual, cada persona en este planeta tiene su propia y única forma de sentir sus propios pensamientos, sentimientos y acciones. Donde lo seguro es, independientemente de los elementos comunes de las emociones, que tu experiencia es totalmente individual e irrepetible, completamente personal, con lo cual, absolutamente nadie más puede vivirla según tu propia percepción e interpretación.

Por ello, lo que cualquier otro te diga con base en tus sentimientos (incluso Yo aquí), estará matizado por su propia vivencia y comprensión de ellos; o cuando mucho, será un arduo trabajo estadístico que no se iguala a lo que tú realmente sientes. Si bien es cierto que, manejamos y sentimos cosas parecidas, ya que, al fin y al cabo, todos somos humanos, la realidad emocional de cada persona es única, está basada en su propio proceso particular de aprendizaje experiencial a lo largo de su vida.

 

¿Qué es la Soledad?:

Aprovechando esta duda, revisé el diccionario (DRAE, 2001) que dice que la palabra soledad “viene del latín ‘solitas’: Carencia voluntaria o involuntaria de compañía”. Dicha definición me hace suponer y entender que la soledad, ocurre o se siente, cuando no tienes la compañía de otra persona. Pero para variar, yo no estoy totalmente de acuerdo con esto. En mi criterio, la soledad entre otras varias razones emocionales, prioritariamente, es una falta de amor… (ya sé, de seguro pensaste: obvio, ¡Si no tienes quien te ame, estás solo!).

Sin embargo, no me refiero al amor de los otros, en realidad en lo que pienso es en el amor a mí mismo, más que al hecho de estar o no acompañado por otra(s) persona(s). Ciertamente, tener una pareja, en mi opinión, es fundamental para tener una vida integral, pero, hay personas que aún en pareja se sienten solas. Por eso, para mí, el hecho de sentirte solo es mucho más profundo que eso de estar o no acompañado.

Quizás recuerdes que muchos autores han dicho: “… que puedes estar entre un millón de personas y sentirte solo ...” (s/r). Es decir, yo pienso que lo que me produce el sentimiento de soledad, no se trata y no tiene nada que ver con la razón de tener o no, la compañía de otra persona a mi lado. Para mí, la razón está en que: ¡La soledad es un proceso emocional de falta de amor a mí mismo, prioritariamente! Desde esta perspectiva (del no amarme a mí mismo), es que se derivan la inmensa mayoría de todos nuestros problemas y conflictos emocionales, entre ellos, precisamente, la soledad.

En pocas palabras, estoy y/o me siento solo, por el simple hecho de no saber amarme a mí mismo. Porque al no amarme, en primer lugar, ni puedo disfrutar de mi propia compañía, ni me encuentro a gusto conmigo mismo. Por ello, no importa que esté acompañado, y diga que le doy amor a la otra persona. Una cosa es segura, eso que doy, no será un amor auténtico, podrá ser de cualquier otra clase de amor, pero, auténtico no será.

Por esta misma razón, tampoco podré disfrutar de la persona con la que estoy. Esto me recuerda este fragmento: “—¿Dónde están los hombres? —prosiguió por fin el principito. Se está un poco solo en el desierto ... —También se está solo donde los hombres —afirmó la serpiente.” (Antoine De Saint-Exupéry, 1943). La soledad es un proceso emocional que me pertenece a mí, no al otro.

            ¡Ya está! Rafael metiéndose de nuevo en profundidades complejas. Pues sí, no se trata de complicar más lo que ya de por sí es complicado, sino de darle una visión diferente para que (indudablemente, desde mi propia perspectiva), puedas entender, manejar y sobre todo resolver tu propio sentimiento de soledad. Porque déjame decirte que: así como tú eres el único responsable de tus sentimientos, tu soledad es responsabilidad exclusivamente tuya, ¡Es lo que tú sientes! …

Haz el ejercicio o, tómate el tiempo para revisar libros especializados, literatura en general, el internet (seguro debe haber más de un Blog sobre la soledad), y es muy posible que, en casi todos, encontrarás una definición general, más o menos en los mismos términos. Por ejemplo, la del diccionario: ‘no tienes a otra persona cerca’, lo cual en sí mismo, define apenas un tipo de soledad, como lo es la soledad física (ausencia de compañía de otra persona…, incluso, de mascotas).

Entender qué es la soledad, obligatoriamente comienza por comprender que es imposible pasar por la vida sin sentirse solo, no en un único momento, sino en muchos fragmentos de tiempo durante nuestra vida. La soledad, como cualquier sentimiento o emoción, está atada a toda mi estructura emocional, no es un ente aislado… (¡la soledad no está sola!). Al igual que la alegría, la tristeza, la rabia…, que se repiten innumerables veces, y por muchas situaciones diferentes, también la soledad se presenta en diferentes situaciones y contextos emocionales muy diversos. En todos ellos ¡tú eres el protagonista de tus emociones y de lo que decides sentir!

Desde esta perspectiva, la soledad no es un sentimiento ni sencillo ni básico, por el contrario, tiene implícita una complejidad importante asociada a todo el proceso individual de formación emocional único de cada persona.

Como parte de mi educación psicológica (no me canso de repetir que) para mí, las raíces y orígenes de lo emocional, están íntimamente relacionadas con nuestro aprendizaje infantil personal. Es en esa etapa donde, precisamente, lo emocional fue prioritario y decisivo para la construcción de quién soy. E igualmente, las evaluaciones y decisiones (conscientes e inconscientes) que hayamos tomado en dicho período de vida, incluyendo las consecuencias e implicaciones de mi realidad emocional actual. Por esta misma razón, la soledad es diferente en cada persona, tanto desde su forma de sentirla, vivirla, experimentarla…, como desde las consecuencias que definen la actuación de dicha persona, en cualquier momento de su vida, frente a su propia soledad.

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Referencias:

Berne, E. (1979). ¿Qué dice usted después de decir hola? 9na ed., Barcelona. Ed. Grijalbo

Ellison, C. http://www.tunuevaalegria.com.ve /Predicas/pred_coensol.html. (Recuperado enero 2014)

Fromm, E. (1982). El arte de amar. España: Ediciones Paidos.

Martínez, J.M. (2006). Amores que duran… y duran... y duran. México: Editorial Pax.

Saint-Exupéry, A. (1943). El Principito, Publicaciones y Ediciones Salamandra, S.A.: Barcelona.

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA.

 




sábado, 28 de marzo de 2020

EL MIEDO: El fantasma que yo construyo para autodestruirme

EL MIEDO: El fantasma que yo construyo para autodestruirme

Por: José Rafael Olivieri Delgado (marzo 2020)

 

“No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré; te sostendré con mi mano derecha victoriosa.”

(Isaías 41:10, NTV)

“Mi mandato es: < ¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas>

(Josué 1:9, NTV)

“Amor y temor, en efecto, son incompatibles; el auténtico amor elimina el temor, ya que el temor está en relación con el castigo, y el que teme es que aún no ha aprendido a amar perfectamente.” (1 Juan 4:18, BLP)

 

            Un hermoso día, clima templado, el sol brillando, estaba recorriendo un sendero en medio del bosque, los árboles, los arbustos, con cada paso me internaba más profundo en este maravilloso paisaje. Ya había recorrido en el pasado ese mismo sendero varias veces, pero hoy había algo diferente. Una extraña sensación de ser observado, como que ‘algo’ se me estaba acercando. Como dice el refrán: “los pelos de la nuca se me erizaban”. Buscaba con la mirada hacia los lados, atrás, adelante, …, nada.

Y de pronto lo vi. Primero, el corazón se me paralizó, sentí un cortocircuito por todo mi cuerpo, especialmente en piernas y brazos. Inmediatamente mi corazón empezó a latir mucho más fuerte y rápido, a bombear más sangre, los músculos se me tensaron, la respiración se me aceleró. Los pulmones empezaron a enviar más oxígeno al cuerpo y el estómago se me cerró, sentí como toda mi zona abdominal se comprimía. Eran dos enormes ojos mirándome… ¡ERA UN OSO! ¡Venía hacía a mí! ¡Yo era su objetivo!... Eso es un MIEDO REAL, AUTÉNTICO.

Frente a esta emoción el cuerpo actúa automáticamente para activar un estado de alerta, cuyo responsable es el sistema nervioso simpático. El mismo es el encargado de activar las respuestas físicas de huida o de prepararme para un enfrentamiento físico (Honestamente, yo llevo las de perder frente al oso). El aumento de adrenalina en la sangre es la responsable de este proceso. Va a potenciar la fuerza muscular, tanto para la huida como para el combate y va a suprimir parcialmente los receptores de dolor. Por otra parte, en el sentido contrario, es igualmente cierto que en algunos casos el miedo actúa en forma tal que me paraliza, me lleva a ser incapaz de actuar o de moverme, incluso durante varios minutos.

En lo personal he podido sentir y experimentar ambas situaciones, en una ocasión corrí… más rápido que la luz… en la otra… fui incapaz de moverme, durante un tiempo que me pareció una eternidad, solamente respiraba aceleradamente, pero no me podía mover. Ambas respuestas son normales frente a la emoción auténtica de miedo y por lo general, el sistema simpático las maneja adecuadamente. Porque si algo tienen las emociones, al margen que las calificamos de buenas o malas (lo cual no es muy adecuado), es que las emociones AUTÉNTICAS están diseñadas para mi autoprotección y para demostrar mi amor a mí mismo.

Por ejemplo, cuando el miedo me lleva a huir y a protegerme, de tal forma que no salgo lastimado ¡eso es amor por mí! Lamentablemente, hay un gran número de personas que se consideran más fuertes que la emoción auténtica y como sucede muchas veces, en el caso del miedo, se creen más fuertes que este y ahora, en muchos casos están bajo tierra, no lo pudieron contar. Ellos no hay oído del refrán que dice: “Es preferible que digan aquí corrió, que aquí murió”. (Esas cosas pasan).

     Como seres humanos llegamos al mundo con un paquete de emociones auténticas. Las cuales, dependiendo de los teóricos son: “MARTA”: Miedo, Amor, Rabia, Tristeza y, Alegría. Todas ellas están diseñadas para amarme, diseñadas para vivir. Por ejemplo, si golpeas fuertemente tus manos cerca de un bebé, el ruido producido activa la respuesta de miedo en el bebé. Observas como todo su cuerpo se estremece, agita piernas y brazos, abre los ojos y empieza a llorar con intensidad… El llanto es su único lenguaje y mecanismo posible para autoprotegerse. Como es imposible que pueda salir huyendo o en último caso, enfrentarse en una pelea, pues llora. ¿Qué está haciendo?, pidiendo ayuda, pidiendo protección.

Aprovecha este ejemplo para comprender algo importante: cuando un niño (extendámoslo a cualquier persona) tiene mucho miedo, no necesita que le digas “eso no es nada” … Una persona con miedo no necesita ni tu lógica ni tu razonamiento, una persona con miedo necesita ser protegida.

Te lo repito: PROTEGIDA, ¡nada más! Después, cuando ya el miedo cedió, cuando ya se siente protegida, allí es cuando puedes usar, si corresponde, tu lógica para explicar la situación desencadenante del miedo. Por ello, es adecuado entender que cada emoción auténtica tiene su propio accionar emocional particular. De esta manera tenemos que para El Amor: se comparte y se disfruta; La Tristeza: se comprende y se consuela; La Rabia: se comprende y se limita; La Alegría: se comparte y se disfruta y finalmente, como les indiqué, El Miedo: se protege, no se puede comprender, porque simplemente mis mecanismos de razonamiento lógico están dominados por las sensaciones y reacciones naturales del miedo.

Aprovechando el tema, desde un enfoque práctico, psicológicamente no podemos hablar de emociones buenas o malas, hablamos de su adecuación o no, a las condiciones o estímulos que las originan. Pero esta realidad sirve únicamente para una clase de psicología. Desde un punto de vista más cercano a mi realidad emocional, con base en lo que siento, puedo catalogarlas de buenas o malas. Por supuesto, abstrayéndome de los prejuicios y creencias que tenemos en función de las emociones.

Por ejemplo, todos creen que el amor es bueno, pero cuando por amor yo asesino a alguien, ya como que no es tan bueno ¿o me equivoco? Igualmente, todos consideran mala a la tristeza, pero si yo te digo que cuando es auténtica, me permite liberar la presión emocional de una pérdida y, por otra parte, a partir de mis lágrimas, pedir ser protegido y amado por el otro, ¿Eso es bueno o es malo? Yo pienso que es una expresión de amor por mí. Reflexión: “Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar.” (Paulo Coelho, s/r).

         Ahora bien, al margen de mi dramática introducción del “OSO”, mi intención real no es hablar de las emociones auténticas y particularmente, del miedo auténtico. Mi enfoque se va a centrar en el proceso emocional ‘enfermo’ del miedo. Este miedo ‘enfermo’ corresponde a un proceso complejo de aprendizaje, desde mis primeras etapas infantiles, hasta sus manifestaciones actuales que, con base en ellas, puedo activar o bloquear las distintas respuestas fisiológicas y psicológicas normales del miedo. Con lo cual puedo generar así un mecanismo autodestructor (desde el enfoque emocional), a través del cual termino por demostrar mi odio a mí mismo en vez del amor a mí mismo, el cual sí puedo actuar a través de las emociones auténticas.

Pero esta aclaración me genera una pregunta: Si no voy a hablar del miedo auténtico, entonces ¿de qué clase de miedo voy a hablar? Y también me pregunto: ¿Puedo llamar ‘falso’ a algo que estoy sintiendo como real, tanto física como emocionalmente? Precisamente la intención es hacer un análisis (dentro de mis limitaciones) de una de las emociones más destructivas del ser humano: el miedo (enfermo, no auténtico). Berne (s/r) llama a las emociones no auténticas: “emociones rebusque”, las cuales son producto de nuestro aprendizaje emocional inadecuado.

Tal vez el miedo sea, como lo catalogan los teóricos de las emociones: “una emoción básica”. Pero allí está precisamente un problema importante: es ‘la base’ de muchísimas situaciones no adecuadas en la vida de las personas. Es responsable de una inmensa cantidad de situaciones enfermas en los comportamientos conductuales y en las relaciones interpersonales. Sin contar además que, desde el punto de vista inmunológico, es ‘la base’ de muchas dolencias físicas y emocionales.

El miedo como emoción enferma afecta todos los esquemas emocionales de las personas, impulsa la autocrítica negativa, la auto descalificación, paraliza, quita iniciativa, no enfrenta, no arriesga, se aísla, se esconde, ve a los demás como a enemigos… y ese, es solamente el principio de los impactos de esta emoción. Igualmente, es ‘la base’ de la ansiedad, de la desesperación, desesperanza, desánimo, desaliento, frustraciones y ya lo dije, con otras palabras, de la soledad. El camino emocional del miedo recorre expresiones como la aversión a algo, las fobias, el temor y culmina en el pánico o en el terror, con sus consecuencias a veces fatales para muchas personas. Déjame decirlo claro, cuando estamos hablando de la emoción de miedo (enfermo), estamos hablando de realmente el peor enemigo de las personas.

Por ejemplo: “Muchos psicólogos designaron al miedo como uno de los problemas más importantes de nuestros días. Fue denominada la emoción oficial de la época, la base de todas las neurosis, y el fenómeno psicológico más difundido de hoy.” (CPTLN Recuperado 07-2019).  La razón básica de esto es que el miedo engaña a tu propia mente, a tu percepción y por consecuencia, a tu realidad. Terminas aceptándolo como algo inevitable, quizás imposible de evitar, que se apodera de ti, controlándote y anulándote, con lo cual se convierte en “El fantasma que yo construyo para autodestruirme”.

Lo repito una vez más (en función de los demás textos escritos): no se trata de: ‘yo no quiero tener miedo’, este es un pensamiento consciente. La realidad es que este miedo enfermo, está bajo el dominio de mis emociones inconscientes y al final del asunto, por estar en los núcleos raíces de mi diseño humano, termina afectando no solamente a mí mismo, sino a todo mi entorno físico y emocional, lamentablemente para autodestruirme. Un Proverbio chino (s/r) dice: “El que teme sufrir ya sufre el temor.”.

 

¿Qué es el miedo? Sus aspectos introductorios:

            Antes de entrar en materia, cabe responder una pregunta: ¿Qué es el Miedo? Es importante pues tenemos que saber de qué estamos hablando, para poder ver sus diferentes rostros. Por ejemplo, para https://es.wikipedia.org/wiki/Miedo: “El miedo o temor es una emoción caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta en todos los animales, lo que incluye al ser humano.

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Referencias:

CPTLA (2019). Recuperado julio 2019 de http://www.cptln.org.ar/miedos/.

Mi Camino (2019). Como Ayudar A Quien Tiene Miedo. Recuperado julio 2019 de:

    https://micamino.cl/2020/11/02/como-ayudar-a-quien-tiene-miedo/

Riaño, R. (2020). Devocionales con Dios. Audio, Recuperado marzo 2020,

de https://www.youtube.com/watch?v=pUaXEyIHWe8

Sociedades Bíblicas Unidas.  (1960).  Santa Biblia. Caracas Venezuela:Impresora Fanarte, C.A.

Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Miedo, recuperado mayo 2019

 




viernes, 28 de diciembre de 2018

¿Está destinada la familia a desaparecer?: Realidad Emocional y Espiritual

¿Está destinada la familia a desaparecer?: Realidad Emocional y Espiritual

Por: José Rafael Olivieri  (Actualizado diciembre 2018)

 

“Esta es la Buena Noticia acerca de Jesús el Mesías, el Hijo de Dios. Comenzó tal como el profeta Isaías había escrito: «Mira, envío a mi mensajero delante de ti, y él preparará tu camino. Es una voz que clama en el desierto: “¡Preparen el camino para la venida del Señor!  ¡Ábranle camino!”»” (Marcos 1: 1-3).

 

“Una Voz Que Clama en el Desierto”:

            Al confrontar la realidad de los procesos emocionales negativos (autodestructivos diría yo), que son actuados y vividos continuamente por cantidad de pacientes que visitan mi consultorio, contra los deseos, sueños y esperanzas de bienestar de estos mismos pacientes. Me doy cuenta de ‘verdades emocionales’ de las cuales parece inevitable huir. Lamentablemente, muchas de estas verdades me hacen pensar en el destino de destrucción que nos espera a todos, especialmente cuando nuestra conducta emocional está gobernada por los parámetros inconscientes, los cuales nos obligan a seguir las órdenes de nuestros conflictos emocionales.

Por ello, hoy en día, la inquietud de un tema tan delicado como lo es: la desaparición de la familia. Con base en lo anterior y partiendo desde este mundo de lo emocional, así como desde esta realidad del proceso inconsciente, sabemos que vamos por un camino que nos conduce hacia un precipicio sin fondo. Lamentablemente en vez de cambiar de rumbo, por el contrario, más bien aceleramos más y más hacia nuestra propia autodestrucción.

No importa cuántas veces pueda hablar del tema, o las técnicas que utilice para demostrar lo que otros muchos autores ya han señalado anteriormente: el camino de fracaso por el cual transitamos cada día, en el cual la familia no es la excepción. Su destrucción se percibe indetenible, y lo que es peor, a muy pocos parece importarles esta realidad. Por el contrario, una inmensa mayoría aprueba y alienta esta situación dramática de la familia, asegurando que la institución familiar es algo ya pasado de moda, obsoleta, la cual es solamente una construcción cultural que hoy en día no es necesaria. Algunos otros, cada día en mayor número, se ubican en una postura más radical, ellos consideran que la familia es opuesta a la evolución social de nuestros días.

Parecerá pesimista esta introducción o muy dramática, pero enfrentar esta realidad en la vida de los pacientes, no es cosa de juegos. Ser parte de la narrativa de los eventos por los cuales han pasado durante su infancia, comprendiendo el camino de destrucción que los domina, solamente produce mucho dolor. Sobre todo, porque a su vez, normal, frecuente y obligatoriamente repiten en su vida actual los mismos desastres por ellos vividos en sus respectivas infancias, pero ahora ellos son los protagonistas y repiten sus conflictos con sus padres, cónyuges e hijos.

Ellos construyen relaciones donde los temas comunes son: peleas, maltratos, descalificaciones, críticas, agresiones, infidelidades, divorcios, alcoholismo, drogas, abusos físicos y psicológicos, abandonos, homosexualidad, relaciones de odio, resentimiento, rencor, venganzas y miles de miedos, entre otras muchas situaciones disfuncionales. No es una situación fácil de tratar, y lamentablemente, tampoco es fácil de solucionar.

Es por esta razón que, ante este tema, así como frente a la necesidad de expresarme en relación con lo que estoy viviendo acerca de la familia. Me identifico haciendo mío el poder utilizar como propio la frase y el sentir, de lo dicho ya por Isaías y Marcos, pues yo mismo me siento como “una voz que clama en el desierto”. Una voz que no llega ni al corazón ni a los oídos emocionales, de millones que se pierde en el vacío de los muros que hemos construido a nuestro alrededor, para aislarnos y protegernos de tanto dolor y sufrimiento.

Muros que nosotros mismos estamos creando y manteniendo en nuestra propia vida. Estos muros intentan protegerme de las agresiones del mundo exterior y de los otros, pero más grave aún, son muros que se convierten en mi propia prisión y no me dejan liberarme de mis cargas emocionales internas. Son muros que indudablemente, afectan la vida de aquellos que decimos amar, entre otros mi cónyuge y mis hijos, al aislarme también de ellos.

Una voz que se ahoga en la profundidad de las soledades y depresiones, en las cuales se encierran cada día muchas más personas. Justificando su situación con medias verdades y razones que solamente disimulan momentáneamente el dolor de vivir una vida carente de amor verdadero, en un mundo que idolatra cada vez más a la soledad. Y alimenta el miedo como emoción principal de la vida.

Ya he hecho esta advertencia antes, pero quiero repetirla para dramatizar aún más este tema: Isaías 5:20 nos dice: ¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo! (NVI). En este mundo de contradicciones entre ‘el bien y el mal’, son necesarias las voces que nos inviten a reflexionar… sin excusas ni justificaciones.

En relación con la pregunta planteada en este texto: ¿Está destinada la familia a desaparecer?, tomando especialmente en consideración el contexto que me interesa tratar aquí, la respuesta definitiva va a ser: ¡SI, está destina a desaparecer! En el desarrollo de lo que quiero expresar me voy a centrar en mis dos áreas usuales: Primero, los aspectos emocionales, los cuales se alimentan, tristemente, de todas las circunstancias negativas que propician y favorecen dicha desaparición.

En segundo lugar, me centraré en los aspectos del mandato de Dios para que esto suceda. Mandatos que contradictoriamente, a diferencia de los primeros y en mi criterio, Dios los presenta como un proceso natural para el bienestar de cada ser humano, y paradójicamente, para la continuidad y felicidad de la familia. (Como siempre, haciéndoles una advertencia: no es que yo sea ‘el experto’, solamente es mi grano de área, en este desierto).

En el aspecto emocional me voy a acompañar del principal fenómeno que nos domina como seres humanos (que ya anteriormente autores de la talla de Freud, Berne, Perls y miles más han y continúan hablando de este tema) el cual es: nuestra infinita capacidad humana de repetir nuestras conductas enfermas hasta el cansancio, donde a pesar de estar conscientes de toda la destrucción que nos causan, las seguimos actuando continuamente. Para colmo de males, a pesar de los miles de advertencias y señales que nos dicen ‘ese no es el camino’, seguimos repitiendo una y otra vez estas mismas conductas y acciones erróneas, sin importarnos la destrucción hacia la cual vamos, y que, a su vez, causamos.

Por otra parte, voy a estar enfocándome en lo que llamamos “Sociedad Actual”, así como en sus respectivos códigos de valores, reglas y normas, pues en ella, cada vez más el concepto de familia vale menos que nada, hasta el punto del desprecio y el rechazo. Más aún, y ampliando lo dramático, al incluir el tema de lo espiritual (desde el enfoque Bíblico), en el cual me doy cuenta de que sorprendentemente está ocurriendo lo mismo, en la mayoría de las personas que decimos llamarnos miembros del mundo cristiano.

Dado que a pesar de que “Dios es bueno”, los que nos llamamos ‘hijos de Dios’, contribuimos por igual a esta destrucción. Dado que al final del cuento, parece que antes que ‘hijos’ somos, primero que nada: ‘Seres Humanos’, controlados por un mundo emocional enfermo que no quiere cambiar, sino destruirme a mí mismo y a los que amo.

A la verdad todos estamos llenos de estos conflictos emocionales, y más trágico aún, estamos demostrando lo ya expresado en Romanos 3:10-12 que dice: “Así está escrito: «No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!»” (NVI). Afortunadamente, en la realidad las cosas no son tan extremas, pero pienso que cada vez falta menos para que esto se cumpla. La verdad es que: ¡Sí, quiero ser parte de esa voz que clama en el desierto!

Quiero llamar la atención, quiero reclamar con el dolor que me produce ver como un mundo que fue diseñado para amarse, termina destruyéndose, porque prefiere idolatrar a sus conflictos emocionales en vez de resolverlos. Prefiere vivir en sus tinieblas de amargura, soledad y miedo, destruyendo todo, en lugar de construir en bienestar y en amor. Porque preferimos mantener las emociones negativas que nos dominan, controlan y dirigen, en vez de revelarnos y cambiar, para así construir lo positivo y lo adecuado, para lo cual fuimos diseñados, en contra de lo que hemos elegido: destruirnos a nosotros mismos y a la familia.

 

¿Qué es la familia?:

Pienso que lo primero que debemos hacer para entrar en este tema es preguntarnos ¿Qué es la familia? Quizás parezca obvio presentar su definición original y más sencilla: Papá, Mamá e hijos. Aunque la verdad es que la familia es mucho más que eso. Pero para ser honestos, me interesa realmente en este punto mencionar esta pregunta, debido a que mi inquietud tiene su origen en un fenómeno frecuente de nuestra ‘sociedad moderna’. El cual tiene que ver con su forma de cómo se manejan las cosas en nuestra realidad presente, particularmente, en las definiciones que hoy en día asignamos a todas las cosas.

Hago la pregunta porque en la actualidad existen muchas diferentes formas de definir lo que es una familia. Tanto es así, que parece casi imposible reconocer claramente la definición original utilizada para identificar la unidad llamada familia. En realidad, lo que ha ocurrido, con base en la multitud de cambios y permisos sociales que han venido desarrollándose a través de la ‘evolución social’. Es que ha sido deslegitimado el concepto de la familia original, para dar paso a la opción de considerar como tal, casi que a cualquier combinación posible de personas. Y de esta manera, poder pasar a identificar a estos múltiples grupos, dentro de lo que hemos aceptado en llamar como la ‘familia moderna’.

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Referencias:

Aki.frases. Frase de Joseph Goebbels. Recuperado: mayo 2018 de:

https://akifrases.com/frase/137228

Bothner, Ruth (s/f). La familia, modelos y características. Recuperado: mayo 2018, de:

http://www.monografias.com/trabajos82/familia-modelos-caracteristicas/

familia-modelos-caracteristicas.shtml#ixzz5Gnw355TG

Búlmez, R. (s/f). Cuida a tu pareja. Recuperado: mayo 2018 de:

http://www.encuentromatrimonial.com/docs/cuida_tu_pareja.pdf

Portal.biendesalud. La Familia un lugar de Perdón. (Papa Francisco).

https://portal.biendesalud.com/blog/mente/la-familia-un-lugar-de-perdon.

Recuperado en mayo 2018.

Concepto.de. Concepto de Familia. Equipo de Redacción de Concepto.de. Recuperado:

mayo 2018, de https://concepto.de/familia /#ixzz5aiSTwR9y)

Sociedades Bíblicas Unidas.  (1960).  Santa Biblia. Caracas Venezuela:

Impresora Fanarte, C.A.

UNICEF (2003). Nuevas formas de familia. Montevideo, Uruguay. Recuperado: mayo

                        2018, de: http://files.unicef.org/uruguay/spanish/libro_familia.pdf

 








viernes, 11 de mayo de 2018

EL ARTE DEL PERDÓN: La clave para decidir mi libertad y mi paz emocional

EL ARTE DEL PERDÓN: La clave para decidir mi libertad y mi paz emocional

Por: José Rafael Olivieri Delgado (mayo de 2018)

 

“Como ellos seguían exigiéndole una respuesta, él se incorporó nuevamente y les dijo:

«¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!». Luego volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el polvo. Al oír eso, los acusadores se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los de más edad, hasta que quedaron solo Jesús y la mujer en medio de la multitud. Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la mujer:

— ¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó? —Ni uno, Señor —dijo ella. —Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más” (Juan 8:7-11)

           

Introducción:

            Vivía con una sensación extraña e incómoda, como si alguien desde atrás de mí, mirase permanentemente sobre mi hombro. Decidí mirarme al espejo con detenimiento y lo descubrí: ¡era el perdón! Estaba allí desde hace muchísimo tiempo, esperando a que yo lo viera a él. Entonces me miró y me dijo: - “El profundo dolor que corroe tu alma y te mantiene en tu prisión, es porque no has permitido que tu amor florezca y de frutos. Yo el Perdón soy el fruto de tu amor y la clave para decidir tu libertad y tu paz emocional”.

Aturdido con esta declaración tuve la osadía de preguntar: - “¿Y para mi paz espiritual?”. A lo que el Perdón me contestó: - “Al igual que tu amor, tu vida y tu perdón, tu espíritu te pertenece y todos juntos son tu decisión mientras estás aquí. Sin embargo <… acuérdate de tu Creador… Pues ese día el polvo volverá a la tierra, y el espíritu regresará a Dios, que fue quien lo dio> (Eclesiastés 12:6-7, NTV)”.

Inicio con este cuento uno de los temas más álgidos a los que me he enfrentado: El Perdón. Este es uno de los contextos más repetidos y a la vez más eludidos por todos los seres humanos. Considero que no hay persona que no se haya visto enfrentada a este tema, ni expresión artística o literaria en el campo emocional, cuyo autor no haya tocado el tema del Perdón. A pesar de ello, no estamos seguros de qué es esto y de cómo funciona.

El perdón es en sí mismo uno de los mayores procesos emocionales del Ser Humano, porque me enfrenta a una desesperante batalla interior entre mi ‘Yo’ capaz de decidir en su voluntad y mi ‘Yo’ enfermo, atrapado entre mis emociones de odio y resentimiento. El perdón es eso y mucho más, el perdón es un arte, el arte de vivir en libertad emocional. En esencia es una decisión que involucra emociones, pensamientos y acciones. Involucra mi mente, mi alma, mi cuerpo y mi espíritu.

En el inicio de su proceso, se convierte en una poderosa guerra conmigo mismo, un debate angustiante que forma parte de una agotadora lucha interior, entre mi decisión de perdonar y mis emociones egoístas de justicia y venganza, las cuales me carcomen internamente. Sin embargo, una vez que he logrado vencer en mi decisión de perdonar, finalmente el perdón se convierte en mi mayor libertad y en la mejor expresión de mi amor a mí mismo, construyendo en mí todo un remanso de paz emocional, física y espiritual. “El perdón es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor. Perdona, que perdonando tendrás en paz tu alma y la tendrá el que te ofendió.” (Teresa de Calcuta, s/r).

El perdón es la solución final a una de las realidades más dramáticas de nuestra verdad humana: vivimos en un mundo de aflicciones y sufrimientos, como señala Juan 16:33: “Les digo todo esto para que encuentren paz en su unión conmigo. En el mundo, ustedes habrán de sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo” (DHH).

Ha sido, es y será inevitable que en muchos momentos de mi vida me vea afectado por el dolor de una ofensa, real o imaginaria, válida o injusta, de alguien muy cercano o de un enemigo desconocido, pero dolor y aflicción serán parte de mi vida. Por eso la necesidad de hacerme uno con el perdón, pues este es la clave para decidir mi libertad y mi paz emocional, física y espiritual, por amor a mí y a los otros.

En mi propia evaluación y reflexión, pienso que la dificultad que encuentra la mayoría de las personas, en un tema tan álgido como lo es el perdón, es el hecho de no tener claro que lo importante del perdón es que no se trata del otro, (te lo repito: ¡no se trata del otro!), sino que lo importante al perdonar a ese otro, es que el único verdaderamente beneficiado voy a ser yo mismo, porque realmente al final de este proceso, yo soy lo que más importa.

En realidad, de lo que se trata es de mi liberación de una serie de emociones negativas que me destruyen lentamente. Como dice Coelho (2013): “La falta de perdón es el veneno más destructivo para el espíritu, ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes” (s/p).

Realmente la falta de perdón es mi propio infierno, donde el dolor y el sufrimiento constante en mi pensamiento, emociones y acciones, además de destruir mi cuerpo, destruyen mi mente, mi alma, mi espíritu y mis relaciones con los demás, especialmente con los que amo. La falta de perdón me arrastra por una montaña rusa de emociones, desde el odio hasta la tristeza y la depresión profunda, las cuales me destruyen y me imposibilitan vivir.

No conocer ni entender la esencia del arte de perdonar, se convierte en nuestro peor enemigo. Lo digo porque en mi criterio, el perdón es el acto final y la mayor expresión del amor a mí mismo. Para mí, el perdón es imposible si primero no me amo a mí mismo sana y plenamente. Donde el amarme a mí mismo es un proceso que debe construirse poco a poco, a través de la comprensión, utilización y aplicación de mis recursos emocionales, intelectuales y espirituales, es decir, de mí mismo en mi totalidad.

Lo ubico dentro de un proceso complejo, aunque por su parte Sádaba (1995) señala que el “perdón, en principio, no es una palabra llena de misterios. La usamos con tanta profusión que la consideramos familiar, un útil a mano que sirve, diariamente, no solo a la comunicación sino para calmar o equilibrar estados de ánimo” (p. 13). Igualmente dice: “Su significado latino (perdonare) nos ha llegado como una pieza de borrador, un medio para saldar una deuda. Para favorecer, en suma, a otros de manera gratuita, limpia, elegante y hasta magnánima” (p. 13). Es decir, encontrarás muchos puntos de vista diferentes al respecto (como en todos los temas emocionales).

Por mi parte y como en todos mis textos, este no es diferente, en cuanto que expresa mis experiencias, pensamientos, vivencias y modo de ver las cosas de mi práctica como psicólogo, en la relación con cada uno de mis pacientes en el consultorio. En pocas (o muchas) palabras, expresa lo que siento, lo que pienso y lo que yo soy hoy. Es por eso, que para que las palabras que aquí se escriben te ayuden a ti, es necesario que te des el permiso de revisarlas, creerlas, aceptarlas y de ponerlas en práctica para ti mismo, al igual que para los otros.

No te servirá tragarte todo el contenido de un solo golpe, ni simplemente subrayar las ideas que más te gusten, debes meditarlo poco a poco, integrarlo a ti, comprobar su verdad y su valor para ti. Solamente una vez que te hayas convencido de ellas, podrán trabajar junto a tu amor a ti, a tu decisión, a tu fe y a tu poder de creer en ti mismo. Para así iniciar tu camino de regreso a tu verdadero yo de amor, hacia tu propia autorrealización y hacia tu perdón a ti mismo y a los otros. Una reflexión: “El que es incapaz de perdonar es incapaz de amar” (Martin L. King. s/r).

            Lamentablemente el tema del perdón está muy profundamente ligado a una fe religiosa. Lejos de tal cosa, voy a intentar desprender al perdón de este mito pues, aunque mantengo mis raíces Cristo-céntricas, no dejo de ser un psicólogo humanista. Intento presentarte el perdón como la totalidad que integra tanto el mundo psicológico como el espiritual, pues ambos no son mutuamente excluyentes.

Por el contrario, ambos se integran profundamente en este tema del arte del perdón. Al unirlos involucro mi mayor poder de lo mental: mi capacidad de decisión, junto a mi mayor poder espiritual y emocional: mi decisión de amarme a mí mismo. Decisión de amarme no desde la posición egoísta de un amor solamente para y por mí, narcisista diría yo, sino de un amor capaz de crecer y ser compartido con los otros.

No sé qué fe religiosa practiques o si crees en Dios, tal vez pienses como muchos que el arte de perdonar es solo potestad de tu dios, que es un don divino solamente de él. Si es así, entonces tienes un concepto equivocado entre tus manos, y aquí no encontrarás las respuestas que buscas. Te lo digo porque debemos partir por conocer, saber y creer que el perdón además de ser un regalo de Dios hacia el Ser Humano también es un proceso de la voluntad y decisión de cada uno de nosotros. Para que al perdonar demos una parte de nosotros y de nuestro amor a los demás. Tanto es así que en el Libro de Génesis 1:26 dice: “Después dijo Dios: <Hagamos al hombre a imagen nuestra, según semejanza; ...>”, y en el v. 27 dice: “Y creó Dios al hombre a imagen suya; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

En este sentido somos entonces portadores de la esencia misma de Dios, la cual es: el amor y el perdón. En la medida en que manifestamos esta esencia a los demás, Dios está presente en nosotros y se expresa a través de nosotros.

Este es uno de los principios del arte del perdón: saber que tú tienes la capacidad de decidir y el don para perdonar, no solamente a los demás, sino principalmente a ti mismo. Usarlo con sabiduría es tu decisión y responsabilidad. “El autoperdón implica buscar el perdón y la reparación de los daños de aquellos que resultaron heridos por tus acciones (los cuales, posiblemente, también te hirieron a ti)”. (Robert Enright, s/r).

La experiencia del perdón en cualquiera de sus variantes es en sí misma impactante y emocionalmente agotadora, y ello implica un proceso continuo e integral de crecimiento y superación tanto en pensamientos, emociones y sentimientos, como en acciones. Esto me recuerda algo que he leído en varios libros: … “Cuando la mente del hombre se abre a una nueva idea, nunca vuelve a su dimensión anterior, inicia un viaje sin retorno hacia una nueva conciencia, hacia una nueva forma ser” (s/r).

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Referencias

 

Coelho, P. (2013). El Perdón. Recuperado marzo 2018 de: http://paodm.blogspot.com/2013/07/

el-perdon-paulo-coelho.html

Echeverría, R. (2005). Ontología del Lenguaje. Lom Ediciones S.A. Chile.

Ediciones Larousse (2004). El pequeño Larousse 2004. México: Ediciones Larousse.

Hormachea, D. (1994).  Para matrimonios con amor.  Aprendiendo a vivir con nuestras diferencias.

            Miami, Usa: Editorial Unilit.  

Riso, W.  (2006).  Los límites del amor.  Hasta dónde amarte sin renunciar a lo que soy.

            Bogotá, Colombia: Grupo Editorial Norma.

Sádaba, J. (1995). El perdón: la soberanía del yo. Barcelona, España: Paidos.

Sociedades Bíblicas Unidas.  (1960).  Santa Biblia. Caracas Venezuela: Impresora Fanarte, C.A.

Sra. J. B. Livingston. (1972).  Amate a ti mismo. USA: Ed. Western Christian Foundation, inc.






sábado, 23 de diciembre de 2017

LA DEPENDENCIA EMOCIONAL: La prisión a la que no quieres renunciar

LA DEPENDENCIA EMOCIONAL: La prisión a la que no quieres renunciar

Por: José Rafael Olivieri Delgado (diciembre de 2017)

 

Salomón en Eclesiastés 4:9-11, nos invita a reflexionar sobre la siguiente verdad:

“Es mejor ser dos que uno, porque ambos pueden ayudarse mutuamente a lograr el éxito.  Si uno cae, el otro puede darle la mano y ayudarle; pero el que cae y está solo, ese sí que está en problemas. Del mismo modo, si dos personas se recuestan juntas, pueden brindarse calor mutuamente; pero ¿cómo hace uno solo para entrar en calor?” (NTV).

 

Voy a empezar con una idea aparentemente contraria a lo que deseo trabajar y expresar en el resto de este texto: ‘En realidad, todos los Seres Humanos somos en parte dependientes’. Ciertamente, los seres humanos hemos sido creados para relacionarnos los unos con los otros. Nuestra mayor definición como especie es que somos seres sociales. Porque la gran verdad es que, en nuestras necesidades emocionales, todos los seres humanos anhelamos intensamente estar y ser reconocidos, aceptados, valorados y amados en nuestras relaciones interpersonales, sin importar el tipo de relación de la cual se trate.

De hecho, Berne (1979) plantea que además del hambre de alimento tenemos el hambre de “Caricias”, sin las cuales nos moriríamos “al secarse nuestra espina dorsal”, porque las caricias son un reconocimiento que me hace el otro, al hacerme sentir que yo existo y tengo la capacidad de ser amado por el otro. Entonces podría afirmar, en un sentido positivo, que la caricia es amor.

Esta necesidad de ser y sentirnos amados, lo podemos comprobar en las palabras de Jesús en Juan 13:34, cuando nos dice: “Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros” (NTV). Esta orden (en el concepto del amor sano), nos lleva a crear relaciones de dependencia con los otros, tan adecuadas y libres que en ellas todos somos perfectamente autónomos en nuestras decisiones y acciones, pero al mismo tiempo, estamos completamente unidos al otro y a los otros. La idea parte de ser y sentirme el YO autosuficiente e independiente que soy, a pesar de estar unido en un NOSOTROS con el otro.

Sin embargo, en el problema de las Relaciones de Dependencias Emocionales, así como en la mayoría de las personas que la sufren, lo primero que debemos entender es que nunca es ni se trata de un amor auténtico, mucho menos es una expresión de una caricia sana. Especialmente tiene la particularidad de terminar convirtiéndose en una ‘Historia sin Fin’, porque muy lamentablemente, cuando por fin consiguen un final, este es de soledad y carencia. Justo lo que las personas que la sufren habían estado buscando evitar, cuando a través de la Dependencia Emocional se autosacrificaron en un mundo de sufrimiento y degradación voluntario, para ser aceptado y no rechazado por el otro.

Como señala Barradas (2016) “La diferencia entre la interdependencia y la dependencia es que en la primera ambos se llenan, en la segunda, uno de ellos es un barril sin fondo” (p. 26), aunque para mi criterio, ambos miembros de dicha relación son un ‘barril sin fondo’. Al fin y al cabo, este falso amor, más temprano que tarde encuentra su propia lápida, la cual dice: ‘Se entregó tanto que se quedó sin nada’. Es simple: esa entrega desmedida no es amor, sino una prisión.

Habría que comenzar por reconocer que en los procesos de dependencia existen las dependencias naturales y sanas, donde el simple hecho de ser Seres Humanos, ya nos hace dependientes los unos de los otros. Es decir, existen dependencias reales y normales. Para solamente citar algunas, podría incluir las siguientes: las relaciones de los hijos y los padres; del feto en el vientre de su madre. De una víctima real que requiere un salvador auténtico. Nuestra emoción de tristeza frente a una pérdida verdadera. La mayoría de las relaciones laborales, de negocio, de estudio y por supuesto, las sentimentales, todas ellas implican en cierto grado una relación de dependencia, en estos casos normales y sanas. En este sentido, podríamos afirmar que no todas las relaciones de dependencia son inadecuadas.

Incluso, tenemos un término en psicología conocido como ‘Dependencia Adaptativa’, para referirnos a las relaciones de complemento que se fortalecen con y a través del tiempo. Donde cada uno de los miembros aporta lo mejor de sí y potencia el crecimiento del otro, al punto que cada uno adquiere ‘un área de especialización’ en la relación… Para dar un ejemplo sencillo: Tú cocinas, yo lavo los platos… Tú te encargas de las relaciones sociales y yo de la computadora… Lo cual permite afirmar que una relación en dependencia adaptativa se caracteriza por ser: indiscutiblemente complementaria, tener libertad individual, confianza, aceptación, amor y respeto mutuo.

Pero para ser sinceros, el enfoque aquí no son las relaciones de dependencias sanas, sino muy por el contrario, las dependencias emocionales no adecuadas y enfermas. Particularmente las de las relaciones de pareja, las cuales llegan al consultorio con una alta frecuencia y casi constantemente. Sin embargo, hay que decirlo: la gran mayoría de las veces viene el dependiente, no para liberarse de su prisión, sino para aprender cómo convencer al otro para que siga “enganchado” en la relación y no se vaya, ni le abandone. En la mayoría de los casos, esto se aprecia frecuentemente en mujeres sumisas y de baja autoestima, atrapadas con parejas infieles, alcohólicos o maltratadores.

También es bastante común en hombres que están más enamorados del cuerpo y del sexo con su pareja que de la persona en sí misma, dependientes de la comodidad de ser ‘atendidos’ más que de una relación de amor sano.  Donde usualmente estos hombres muy frecuentemente están casados con sus propias madres y no con sus esposas. Indudablemente cada persona y relación tiene su forma y estilo particular, pero al fin y al cabo eso es una dependencia.

Por su parte Barradas (2016) lo aclara cuando señala: “La relación dependiente la genera un miembro inseguro desde un <necesito ayuda>. Y otro inseguro replicando <yo te salvo>” (p. 26). Para el desarrollo de este texto, en principio voy a tocar primero una breve introducción acerca de la parte sana de las relaciones (que quizás suene a un enfoque más ‘romántico’ y altruista, debido a su escasez), para luego desarrollar el tema de la prisión de las relaciones dependientes. Comencemos:

En un sentido positivo, una relación de pareja adecuada requiere, entre otras muchas cosas, de la aceptación y de la solución de sus diferencias. En la mayoría de las veces, para lograr esto, implica renunciar a ciertas cosas y negociar otras, no se trata de anular al otro, sino que se trata de potenciarnos mutuamente en un crecimiento compartido. Para obtener éxito en ello, es necesario hacer una auto renuncia al orgullo, la soberbia y a la necesidad de ser Yo el dueño del otro. Por supuesto, es obligatorio renunciar al miedo a la soledad y al miedo a sufrir en la relación.

En palabras de Riso (2006) “El amor de pareja es una comunidad de dos, donde nos asociamos para vivir de acuerdo con unos fines e intereses compartidos” (p. 11). Esto me recuerda lo dicho por Jesús en Mateo 19:6 cuando dice: “Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (RVR).

Podría atreverme a realizar una interpretación de esto último y entender que me está diciendo: que en el desarrollo y en la construcción de una relación de pareja sana y armónica, se requiere considerar a esta díada como una unidad indivisible e igualitaria. Cuya meta principal es cultivar los valores y atributos positivos de su relación que, si bien estos son anhelados por muchos, pocas parejas logran establecerlos y conseguirlos.

De lo que estoy hablando, es de un amor solidario que permite que cada miembro de la pareja se afecte mutuamente, en una correspondencia participativa por igual. Donde el actuar se hace a favor del otro, no de mi egoísmo. Implica el compartir intereses, metas, sueños y esperanzas. Donde tu felicidad es mi felicidad, tu dolor mi dolor, tu necesidad mi necesidad. Y sin embargo a pesar de todo ello, no dependo de ti para vivir, no me da miedo perderte, aunque tú a mi lado haces que todo sea mejor y viceversa.

Esto es posible porque este tipo de relación no se basa en la ‘necesidad’ de tenerte a mi lado, sino muy distante de ello, está en la decisión del compartir nuestro crecimiento juntos. Donde sé y comprendo que tú me haces ser mucho más que si estuviese solo, pero al igual que si estuviese solo, sigo siendo yo, con, sin o a pesar de estar o no a tu lado. Tal como señala Riso (2006) “Para amar no debes renunciar a lo que eres. Un amor maduro integra el amor por el otro con el amor propio, sin conflicto de intereses” (p. xvi).

Por ello comprendo y actúo una relación donde aún en los momentos difíciles, estamos juntos; donde te tomo en serio, te valoro, te respeto y nos preocupamos mutuamente por el bienestar del otro. Donde defendemos mutuamente nuestra relación, no permitiendo que padres, amigos o hijos, puedan contaminar lo que juntos hemos sembrado y cultivado. Donde luchamos uno al lado del otro, sabiendo que cuento contigo para todo, porque sé que ninguno defraudará al otro, ni faltará a sus promesas.

Este tipo de relación no es para llenar vacíos, sino para construir una roca sólida y alta, que no nos aísla de los demás, sino que nos une con aquellos que comparten nuestra visión de la vida y de las relaciones. A su vez, por igual, nos protege de aquellos cuyo mundo de mezquindades, carencias e incapacidad de amar, envidian nuestra libertad de ser y estar siendo uno, a la vez que somos dos independientes y completos. Es decir, todo lo anterior puede llegar a resumirse, de acuerdo con la matemática de Dios, según su ecuación para la pareja la cual es: 1 + 1= 1.

Entonces de lo que estamos hablando es de una relación donde cada miembro de la pareja, como individuo único que es y que existe por igual en la relación, tiene sus propias necesidades, gustos, requerimientos, capacidades y demás características humanas que nos definen. Más lo importante de la relación diádica, unida en el amor verdadero, es su capacidad de reciprocidad, en la cual el equilibrio mutuo da igual valor a cada uno y a la relación en sí misma. La cual se sustenta en las bases de apoyo, confianza, imparcialidad y justicia, que permitan por igual el sentimiento de equidad entre ambos, donde no es más importante el YO, ni tampoco lo es el TÚ, sino que lo realmente importante es el NOSOTROS.

Es una relación donde puedo llegar a expresar y sentir que a veces no sé dónde termino yo y dónde comienzas tú, pero sé y siento que, aunque llenas mi espacio y mi vida, nuestra independencia y autonomía fluyen en libertad entre nosotros. No me perteneces, no te pertenezco y sin embargo soy tuyo totalmente, porque he decido ser uno contigo. Dicho lo anterior y para decir la verdad, ya mi idea de unión y libertad fue expresada por Gibran (1983) cuando señaló en su capítulo del matrimonio:

“Pero que haya espacios en vuestra comunión, y que los vientos del cielo dancen entre vosotros. Amaos uno al otro, pero no hagáis del amor una traba. Que sea más bien un mar bullente entre las payas de vuestras almas. Llenaos las copas el uno al otro pero no bebáis en una sola copa. Compartid vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo. Bailad y cantad juntos y sed alegres; pero permitid que cada uno pueda estar solo, al igual que las cuerdas del laúd están separadas y, no obstante, vibran con la misma armonía” (p. 26).

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Referencias:

Barradas, A. (2016). A veces cupido tiene mala puntería. Reflexiones sobre el amor, el sexo y la

 infidelidad. 4ª Ed. Venezuela. Ed. Diana.

Berne, E. (1979). ¿Qué dice usted después de decir hola? 9na edición, Barcelona.

Ediciones Grijalbo

Congost, S. (2014) Manual de dependencia emocional. http://psicopedia.org/wp-content/

uploads/2014/02/GUIA-DEPENDENCIA+EMOCIONAL.pdf

Gibran, K. G. (1983). El Profeta, Argentina: Editorial Pomaire    

Lowen, A. (1977). BIOENERGÉTICA. México, Editorial Diana.

Martínez, J. M. (2006). Amores que duran… y duran... y duran. México: Editorial Pax.

Riso, W. (2006) Los límites del amor, Hasta dónde amarte sin renunciar a lo que soy.

Bogota, Ed. Norma S.A.

Shinyashiki, R. (1993). La caricia esencialUna psicología del afecto. Colombia: Editorial Norma

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA