lunes, 31 de agosto de 2020

PROYECTO PAREJA: Unidad en la Diversidad

PROYECTO PAREJA: Unidad en la Diversidad

Por José Rafael Olivieri Delgado (ago. 2020)

 

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Gén. 2:24, RVR60).

 

“Una buena relación se construye no con razones sino con soluciones”

(Martínez, 2006, p. 200)

  

“Y fueron muy felices por el resto de sus vidas” (Charles Perrault, 1703). Esta ultra conocida frase de los cuentos de hadas, se ha grabado profundamente en la esencia emocional de una inmensa mayoría de niños, y muy especialmente, en las niñas. Ellas han vivido dichos cuentos como un poderoso modelo formativo en sus infancias (los niños se identifican con el príncipe y las niñas con la princesa). En mi criterio personal, esta frase marca una de las fantasías más grandes que tienen casi todos aquellos que sueñan con formar una relación de pareja, dicha fantasía es precisamente esa: vivir muy felices por el resto de su vida (JUNTOS)…

Tanto Él como Ella, y en líneas generales, todos aquellos que pretenden formar una relación de pareja, y más aún, aquellos que quieren formalizar su relación a través de un matrimonio ya sea civil o eclesiástico. Ellos van a dicho evento con la creencia de poder lograr el ser felices y el vivir juntos para siempre… Aún hoy en día, esto es así, aunque socialmente se diga y se vea como si dicha relación ya está muerta, pero en la mente inconsciente de muchas de estas parejas, se sigue repitiendo la frase de Perrault.

Por otro lado, existe igualmente un gran número de personas que, con base en sus conflictos emocionales, dicen y demuestran no creer en una institución “obsoleta” como lo es el matrimonio. Pero influenciados por sus procesos hormonales y emocionales, son inducidos a querer formar una relación de pareja. Generalmente esta es del tipo que usualmente llaman: “unión libre de hecho”, otros: “arrejunte” y otros muchos (la inmensa mayoría): “vamos a ver cómo nos va”.

Sin embargo, una vez más, aunque la fantasía en estos casos está muy disminuida, en algún hueco profundo del inconsciente aún esperan encontrar la felicidad y la continuidad indefinida de su vínculo afectivo. Tal como aprendieron en dichos cuentos de hadas cuando todavía sus mentes infantiles creían en las fantasías, el crédito se lo lleva Perrault.

Lastimosamente, la gran realidad de la vida es completamente diferente a dichos cuentos. Independientemente de lo dramático y complejo de las circunstancias actuales para las parejas, al menos a nivel consciente, las parejas que se unen aspiran a permanecer juntos en el tiempo, además de querer experimentar un buen nivel de felicidad juntos. Para mí, a pesar de nuestras imperfecciones, de nuestros conflictos y decisiones emocionales infantiles, de los fracasos de nuestros modelos de pareja de la infancia (padres, abuelos, tíos, vecinos…), aún es posible construir un vínculo de pareja estable y duradero. Un vínculo cuya consolidación nos permita encontrar en la realidad, muchos de nuestros anhelos y sueños en relación con nuestro proyecto de pareja.

Lograr esto no es una fantasía, sino por el contrario, una realidad de un proceso muy válido de compromiso, responsabilidad, decisión, trabajo y transformación, de mucha de nuestra formación emocional infantil traumatizada. Para poder adecuarnos positivamente a la realidad actual de la ‘convivencia matrimonial’, o como la mayoría entiende, de la ‘convivencia de pareja’. Porque para muchos, la palabra ‘matrimonio’ la entienden y la viven igual que un cáncer de páncreas, … es decir: una sentencia de muerte.

Totalmente de acuerdo con ustedes que las heridas emocionales se infectan y particularmente se hacen destructivas, especialmente en los procesos que requieren de tiempo como las enfermedades y las relaciones de pareja. Emociones como la rabia, el resentimiento e incluso el odio, son muy comunes que desborden las relaciones de pareja, ellas son el cáncer de cualquier relación matrimonial. Pero de igual manera, así mismo está muchísimo más que demostrado que más del 95% de las distintas ‘relaciones de hecho’ terminan destruyéndose aún más, por efecto no solamente de estas circunstancias emocionales, sino particularmente, por la falta de un compromiso absoluto de permanecer y trabajar por el vínculo de pareja.

En la relación terapéutica en el consultorio, repetimos constantemente que la felicidad es un proceso de decisión individual y personal de cada individuo, independientemente de sus circunstancias externas e incluso, de sus relaciones interpersonales. Pero como está más que demostrado esto no es ni tan cierto ni tan absoluto. La felicidad como proceso, sí depende de tus decisiones emocionales, pero también requiere de un amplio conjunto de factores externos tales como la calidad de tus relaciones (pareja, familia, …), tus necesidades, fuentes de ingreso, vivienda y muchas más circunstancias propias del proceso de vivir.

En realidad, la felicidad es un camino con subidas y bajadas dentro del proceso de la vida, unas veces vamos bien otras no tanto. Pero si el objetivo principal de tu relación matrimonial (relación de pareja, … para que no les ‘pique’, …), es el de buscar el nivel de felicidad más alto posible, vas por un camino equivocado y sin salida. Es mucho más fácil dedicarte a buscar satisfacciones materiales que, aunque sí producen felicidad, no duran nunca y te dejan igual o más vacío que al principio. 

El matrimonio no es para que tú seas feliz, sino que es la unión de dos personas para construir juntos su propio transitar por la vida, donde el resultado final incluya una realización completa para ambos, donde puedan evaluarse, entre otras cosas, como personas felices. En mi criterio, el matrimonio es la relación interpersonal más íntima y necesaria de los Seres Humanos. El proceso de ser dos seres individuales y completos que llegan a unirse para desarrollar un proyecto de pareja permite la creación de una unidad indivisible que adecuadamente mantenida, supera todas las adversidades del tiempo y de los conflictos emocionales que nos dominan frecuentemente.

La clase de unidad que se forma en el vínculo matrimonial permite satisfacer las necesidades y ‘hambres emocionales’ que nos aquejan constantemente en toda nuestra vida. Establece un lugar de seguridad y paz que ninguna otra circunstancia humana da. No podrá ser perfecta nunca, porque es una relación humana, la cual no requiere de pactos que encadenen sino de permisos de libertad e intimidad, de fidelidad y de crecimiento mutuo.

Donde la relación se alimenta en la protección y ayuda de, por y para ambos, donde ciertamente hay errores y fallas que indudablemente lastiman y a veces, mucho, pero donde el perdón restaura completamente y provee de sanidad a la relación constantemente. Donde los defectos de cada uno son parte del trabajo de mejorar tanto individual como en la unidad de la relación. Donde las peleas existen, pero son la excepción de la regla, porque la confianza, la comunicación, el respecto, … son los lugares comunes en los cuales se apoya la relación.

Es una relación en la cual el verdadero trabajo de toda tu vida es servir y apoyar en su crecimiento a tu cónyuge y viceversa. Es un ambiente de compromiso y responsabilidad no impuestos por una falsa obligación legal de un documento, sino, por una decisión plena de mi libertad para elegir amar a mi cónyuge. Amar por encima de las realidades de la relación, en cada uno de los días que me corresponde compartir con el otro, y durante el transcurso de toda mi vida.

Es una relación donde al sumar todos los eventos compartidos, el total de tal balance es ampliamente positivo, y en el contexto correspondiente, la frase de Perrault se ha hecho real en nuestra vida matrimonial. De tal manera que hemos podido vencer, no solamente las circunstancias negativas de nuestras prohibiciones emocionales, sino particularmente, el mudo real y continuo de las agresiones sociales, culturales y económicas, a la posibilidad de vivir una relación matrimonial donde seamos felices por el resto de nuestra vida juntos. La decisión emocional que me ha de guiar, para poder lograr esto es: ¡mi compromiso es amarte y ser feliz a tu lado, hasta que Dios me llame a su presencia!

Contrario a esta descripción de una posible realidad de nuestro vínculo matrimonial, es necesario comprender que al no ser perfectos cometemos muchos errores. Estos errores nos llevan frecuentemente a situaciones de conflictos y peleas, lamentablemente, cada vez más repetitivas y continuas, así como más intensas a medida que el tiempo transcurre y se acumula en la relación. Precisamente allí, en los momentos de conflictos, es cuando más necesitamos reconocer que somos Seres Humanos con defectos al igual que nuestro cónyuge.

Necesitamos darnos más tiempo, trabajar más profundamente nuestras situaciones emocionales negativas, echar mano de todos nuestros recursos positivos, recordar nuestros compromisos, responsabilidades y decisiones tomadas por amor a nuestro cónyuge. Necesitamos llenarnos de paciencia y misericordia hasta que podamos aprender a resistir, durante estas crisis, nuestras propias ‘prohibiciones de pareja’ y particularmente, todas nuestras emociones y pensamientos negativos, los cuales nos invaden y nos invitan continua y profundamente a renunciar en los momentos difíciles.

Es indudable que todo el trabajo a favor de la relación no puede quedar solamente allí (en las épocas de crisis), sino que es un trabajo continuo de todos los días, porque la relación matrimonial se caracteriza por dos elementos contradictorios: el primero: su fortaleza y unidad, mientras que el segundo, totalmente opuesto: su fragilidad frente a la ola de conflictos emocionales que nos dominan cada vez más. No necesito decirlo, el aumento cada vez más frecuente y continuo de las rupturas de parejas. Tanto matrimoniales como de cualquier otro tipo, así como las cada vez más abundantes relaciones que jamás llegarán a consolidarse, hablan por sí solas de esta cultura desesperada y actual de la destrucción y muerte de las relaciones de pareja.

 

Algunos aspectos negativos de las parejas:

Por su parte, la ruptura de las parejas, en su gran mayoría y de forma común incluyen tres aspectos importantes: (1) las diferencias (en pensamiento, emoción y acción) que existen entre ambos y que son propias de cada género (masculino y femenino); (2) Las incompatibilidades sociales y finalmente, (3) Las incompatibilidades sexuales… En los tres aspectos por igual, y sin lugar a duda, la mayor falla presente es la ausencia de una comunicación íntima de la pareja.

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Referencias:

 

Barceló, D. (2013). Dejará padre y madre. Recuperado el 20-04-2020 de: https://www.

coalicionporelevangelio.org/articulo/dejara-padre-y-madre/

Berne, E. (1979). ¿Qué dice usted después de decir hola? 9na ed., Barcelona. Ed. Grijalbo

Gray, J.  (1992).  Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus.  NY, USA:

            HarperCollins Publishers Inc.

Hormachea, D. (1994).  Para matrimonios con amor.  Aprendiendo a vivir con nuestras

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Kendrick, S. y A. (2008). El Desafío del amor. USA. B&H Publishing.

Martínez, J. M. (2006). Amores que duran… y duran... y duran. México: Editorial Pax.

Pease, A. y Pease, B. (1999). Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los

            mapas. España: Editorial Amat.

Perrault, Charles. (1703).  Recuperado el 15-05-2020 de: https://www.facebook.com/

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