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sábado, 28 de marzo de 2020

EL MIEDO: El fantasma que yo construyo para autodestruirme

EL MIEDO: El fantasma que yo construyo para autodestruirme

Por: José Rafael Olivieri Delgado (marzo 2020)

 

“No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré; te sostendré con mi mano derecha victoriosa.”

(Isaías 41:10, NTV)

“Mi mandato es: < ¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas>”

(Josué 1:9, NTV)

“Amor y temor, en efecto, son incompatibles; el auténtico amor elimina el temor, ya que el temor está en relación con el castigo, y el que teme es que aún no ha aprendido a amar perfectamente.” (1 Juan 4:18, BLP)

 

            Un hermoso día, clima templado, el sol brillando, estaba recorriendo un sendero en medio del bosque, los árboles, los arbustos, con cada paso me internaba más profundo en este maravilloso paisaje. Ya había recorrido en el pasado ese mismo sendero varias veces, pero hoy había algo diferente. Una extraña sensación de ser observado, como que ‘algo’ se me estaba acercando. Como dice el refrán: “los pelos de la nuca se me erizaban”. Buscaba con la mirada hacia los lados, atrás, adelante, …, nada.

Y de pronto lo vi. Primero, el corazón se me paralizó, sentí un cortocircuito por todo mi cuerpo, especialmente en piernas y brazos. Inmediatamente mi corazón empezó a latir mucho más fuerte y rápido, a bombear más sangre, los músculos se me tensaron, la respiración se me aceleró. Los pulmones empezaron a enviar más oxígeno al cuerpo y el estómago se me cerró, sentí como toda mi zona abdominal se comprimía. Eran dos enormes ojos mirándome… ¡ERA UN OSO! ¡Venía hacía a mí! ¡Yo era su objetivo!... Eso es un MIEDO REAL, AUTÉNTICO.

Frente a esta emoción el cuerpo actúa automáticamente para activar un estado de alerta, cuyo responsable es el sistema nervioso simpático. El mismo es el encargado de activar las respuestas físicas de huida o de prepararme para un enfrentamiento físico (Honestamente, yo llevo las de perder frente al oso). El aumento de adrenalina en la sangre es la responsable de este proceso. Va a potenciar la fuerza muscular, tanto para la huida como para el combate y va a suprimir parcialmente los receptores de dolor. Por otra parte, en el sentido contrario, es igualmente cierto que en algunos casos el miedo actúa en forma tal que me paraliza, me lleva a ser incapaz de actuar o de moverme, incluso durante varios minutos.

En lo personal he podido sentir y experimentar ambas situaciones, en una ocasión corrí… más rápido que la luz… en la otra… fui incapaz de moverme, durante un tiempo que me pareció una eternidad, solamente respiraba aceleradamente, pero no me podía mover. Ambas respuestas son normales frente a la emoción auténtica de miedo y por lo general, el sistema simpático las maneja adecuadamente. Porque si algo tienen las emociones, al margen que las calificamos de buenas o malas (lo cual no es muy adecuado), es que las emociones AUTÉNTICAS están diseñadas para mi autoprotección y para demostrar mi amor a mí mismo.

Por ejemplo, cuando el miedo me lleva a huir y a protegerme, de tal forma que no salgo lastimado ¡eso es amor por mí! Lamentablemente, hay un gran número de personas que se consideran más fuertes que la emoción auténtica y como sucede muchas veces, en el caso del miedo, se creen más fuertes que este y ahora, en muchos casos están bajo tierra, no lo pudieron contar. Ellos no hay oído del refrán que dice: “Es preferible que digan aquí corrió, que aquí murió”. (Esas cosas pasan).

     Como seres humanos llegamos al mundo con un paquete de emociones auténticas. Las cuales, dependiendo de los teóricos son: “MARTA”: Miedo, Amor, Rabia, Tristeza y, Alegría. Todas ellas están diseñadas para amarme, diseñadas para vivir. Por ejemplo, si golpeas fuertemente tus manos cerca de un bebé, el ruido producido activa la respuesta de miedo en el bebé. Observas como todo su cuerpo se estremece, agita piernas y brazos, abre los ojos y empieza a llorar con intensidad… El llanto es su único lenguaje y mecanismo posible para autoprotegerse. Como es imposible que pueda salir huyendo o en último caso, enfrentarse en una pelea, pues llora. ¿Qué está haciendo?, pidiendo ayuda, pidiendo protección.

Aprovecha este ejemplo para comprender algo importante: cuando un niño (extendámoslo a cualquier persona) tiene mucho miedo, no necesita que le digas “eso no es nada” … Una persona con miedo no necesita ni tu lógica ni tu razonamiento, una persona con miedo necesita ser protegida.

Te lo repito: PROTEGIDA, ¡nada más! Después, cuando ya el miedo cedió, cuando ya se siente protegida, allí es cuando puedes usar, si corresponde, tu lógica para explicar la situación desencadenante del miedo. Por ello, es adecuado entender que cada emoción auténtica tiene su propio accionar emocional particular. De esta manera tenemos que para El Amor: se comparte y se disfruta; La Tristeza: se comprende y se consuela; La Rabia: se comprende y se limita; La Alegría: se comparte y se disfruta y finalmente, como les indiqué, El Miedo: se protege, no se puede comprender, porque simplemente mis mecanismos de razonamiento lógico están dominados por las sensaciones y reacciones naturales del miedo.

Aprovechando el tema, desde un enfoque práctico, psicológicamente no podemos hablar de emociones buenas o malas, hablamos de su adecuación o no, a las condiciones o estímulos que las originan. Pero esta realidad sirve únicamente para una clase de psicología. Desde un punto de vista más cercano a mi realidad emocional, con base en lo que siento, puedo catalogarlas de buenas o malas. Por supuesto, abstrayéndome de los prejuicios y creencias que tenemos en función de las emociones.

Por ejemplo, todos creen que el amor es bueno, pero cuando por amor yo asesino a alguien, ya como que no es tan bueno ¿o me equivoco? Igualmente, todos consideran mala a la tristeza, pero si yo te digo que cuando es auténtica, me permite liberar la presión emocional de una pérdida y, por otra parte, a partir de mis lágrimas, pedir ser protegido y amado por el otro, ¿Eso es bueno o es malo? Yo pienso que es una expresión de amor por mí. Reflexión: “Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar.” (Paulo Coelho, s/r).

         Ahora bien, al margen de mi dramática introducción del “OSO”, mi intención real no es hablar de las emociones auténticas y particularmente, del miedo auténtico. Mi enfoque se va a centrar en el proceso emocional ‘enfermo’ del miedo. Este miedo ‘enfermo’ corresponde a un proceso complejo de aprendizaje, desde mis primeras etapas infantiles, hasta sus manifestaciones actuales que, con base en ellas, puedo activar o bloquear las distintas respuestas fisiológicas y psicológicas normales del miedo. Con lo cual puedo generar así un mecanismo autodestructor (desde el enfoque emocional), a través del cual termino por demostrar mi odio a mí mismo en vez del amor a mí mismo, el cual sí puedo actuar a través de las emociones auténticas.

Pero esta aclaración me genera una pregunta: Si no voy a hablar del miedo auténtico, entonces ¿de qué clase de miedo voy a hablar? Y también me pregunto: ¿Puedo llamar ‘falso’ a algo que estoy sintiendo como real, tanto física como emocionalmente? Precisamente la intención es hacer un análisis (dentro de mis limitaciones) de una de las emociones más destructivas del ser humano: el miedo (enfermo, no auténtico). Berne (s/r) llama a las emociones no auténticas: “emociones rebusque”, las cuales son producto de nuestro aprendizaje emocional inadecuado.

Tal vez el miedo sea, como lo catalogan los teóricos de las emociones: “una emoción básica”. Pero allí está precisamente un problema importante: es ‘la base’ de muchísimas situaciones no adecuadas en la vida de las personas. Es responsable de una inmensa cantidad de situaciones enfermas en los comportamientos conductuales y en las relaciones interpersonales. Sin contar además que, desde el punto de vista inmunológico, es ‘la base’ de muchas dolencias físicas y emocionales.

El miedo como emoción enferma afecta todos los esquemas emocionales de las personas, impulsa la autocrítica negativa, la auto descalificación, paraliza, quita iniciativa, no enfrenta, no arriesga, se aísla, se esconde, ve a los demás como a enemigos… y ese, es solamente el principio de los impactos de esta emoción. Igualmente, es ‘la base’ de la ansiedad, de la desesperación, desesperanza, desánimo, desaliento, frustraciones y ya lo dije, con otras palabras, de la soledad. El camino emocional del miedo recorre expresiones como la aversión a algo, las fobias, el temor y culmina en el pánico o en el terror, con sus consecuencias a veces fatales para muchas personas. Déjame decirlo claro, cuando estamos hablando de la emoción de miedo (enfermo), estamos hablando de realmente el peor enemigo de las personas.

Por ejemplo: “Muchos psicólogos designaron al miedo como uno de los problemas más importantes de nuestros días. Fue denominada la emoción oficial de la época, la base de todas las neurosis, y el fenómeno psicológico más difundido de hoy.” (CPTLN Recuperado 07-2019).  La razón básica de esto es que el miedo engaña a tu propia mente, a tu percepción y por consecuencia, a tu realidad. Terminas aceptándolo como algo inevitable, quizás imposible de evitar, que se apodera de ti, controlándote y anulándote, con lo cual se convierte en “El fantasma que yo construyo para autodestruirme”.

Lo repito una vez más (en función de los demás textos escritos): no se trata de: ‘yo no quiero tener miedo’, este es un pensamiento consciente. La realidad es que este miedo enfermo, está bajo el dominio de mis emociones inconscientes y al final del asunto, por estar en los núcleos raíces de mi diseño humano, termina afectando no solamente a mí mismo, sino a todo mi entorno físico y emocional, lamentablemente para autodestruirme. Un Proverbio chino (s/r) dice: “El que teme sufrir ya sufre el temor.”.

 

¿Qué es el miedo? Sus aspectos introductorios:

            Antes de entrar en materia, cabe responder una pregunta: ¿Qué es el Miedo? Es importante pues tenemos que saber de qué estamos hablando, para poder ver sus diferentes rostros. Por ejemplo, para https://es.wikipedia.org/wiki/Miedo: “El miedo o temor es una emoción caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta en todos los animales, lo que incluye al ser humano.

…

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Referencias:

CPTLA (2019). Recuperado julio 2019 de http://www.cptln.org.ar/miedos/.

Mi Camino (2019). Como Ayudar A Quien Tiene Miedo. Recuperado julio 2019 de:

    https://micamino.cl/2020/11/02/como-ayudar-a-quien-tiene-miedo/

Riaño, R. (2020). Devocionales con Dios. Audio, Recuperado marzo 2020,

de https://www.youtube.com/watch?v=pUaXEyIHWe8

Sociedades Bíblicas Unidas.  (1960).  Santa Biblia. Caracas Venezuela:Impresora Fanarte, C.A.

Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Miedo, recuperado mayo 2019

 




sábado, 23 de diciembre de 2017

LA DEPENDENCIA EMOCIONAL: La prisión a la que no quieres renunciar

LA DEPENDENCIA EMOCIONAL: La prisión a la que no quieres renunciar

Por: José Rafael Olivieri Delgado (diciembre de 2017)

 

Salomón en Eclesiastés 4:9-11, nos invita a reflexionar sobre la siguiente verdad:

“Es mejor ser dos que uno, porque ambos pueden ayudarse mutuamente a lograr el éxito.  Si uno cae, el otro puede darle la mano y ayudarle; pero el que cae y está solo, ese sí que está en problemas. Del mismo modo, si dos personas se recuestan juntas, pueden brindarse calor mutuamente; pero ¿cómo hace uno solo para entrar en calor?” (NTV).

 

Voy a empezar con una idea aparentemente contraria a lo que deseo trabajar y expresar en el resto de este texto: ‘En realidad, todos los Seres Humanos somos en parte dependientes’. Ciertamente, los seres humanos hemos sido creados para relacionarnos los unos con los otros. Nuestra mayor definición como especie es que somos seres sociales. Porque la gran verdad es que, en nuestras necesidades emocionales, todos los seres humanos anhelamos intensamente estar y ser reconocidos, aceptados, valorados y amados en nuestras relaciones interpersonales, sin importar el tipo de relación de la cual se trate.

De hecho, Berne (1979) plantea que además del hambre de alimento tenemos el hambre de “Caricias”, sin las cuales nos moriríamos “al secarse nuestra espina dorsal”, porque las caricias son un reconocimiento que me hace el otro, al hacerme sentir que yo existo y tengo la capacidad de ser amado por el otro. Entonces podría afirmar, en un sentido positivo, que la caricia es amor.

Esta necesidad de ser y sentirnos amados, lo podemos comprobar en las palabras de Jesús en Juan 13:34, cuando nos dice: “Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros” (NTV). Esta orden (en el concepto del amor sano), nos lleva a crear relaciones de dependencia con los otros, tan adecuadas y libres que en ellas todos somos perfectamente autónomos en nuestras decisiones y acciones, pero al mismo tiempo, estamos completamente unidos al otro y a los otros. La idea parte de ser y sentirme el YO autosuficiente e independiente que soy, a pesar de estar unido en un NOSOTROS con el otro.

Sin embargo, en el problema de las Relaciones de Dependencias Emocionales, así como en la mayoría de las personas que la sufren, lo primero que debemos entender es que nunca es ni se trata de un amor auténtico, mucho menos es una expresión de una caricia sana. Especialmente tiene la particularidad de terminar convirtiéndose en una ‘Historia sin Fin’, porque muy lamentablemente, cuando por fin consiguen un final, este es de soledad y carencia. Justo lo que las personas que la sufren habían estado buscando evitar, cuando a través de la Dependencia Emocional se autosacrificaron en un mundo de sufrimiento y degradación voluntario, para ser aceptado y no rechazado por el otro.

Como señala Barradas (2016) “La diferencia entre la interdependencia y la dependencia es que en la primera ambos se llenan, en la segunda, uno de ellos es un barril sin fondo” (p. 26), aunque para mi criterio, ambos miembros de dicha relación son un ‘barril sin fondo’. Al fin y al cabo, este falso amor, más temprano que tarde encuentra su propia lápida, la cual dice: ‘Se entregó tanto que se quedó sin nada’. Es simple: esa entrega desmedida no es amor, sino una prisión.

Habría que comenzar por reconocer que en los procesos de dependencia existen las dependencias naturales y sanas, donde el simple hecho de ser Seres Humanos, ya nos hace dependientes los unos de los otros. Es decir, existen dependencias reales y normales. Para solamente citar algunas, podría incluir las siguientes: las relaciones de los hijos y los padres; del feto en el vientre de su madre. De una víctima real que requiere un salvador auténtico. Nuestra emoción de tristeza frente a una pérdida verdadera. La mayoría de las relaciones laborales, de negocio, de estudio y por supuesto, las sentimentales, todas ellas implican en cierto grado una relación de dependencia, en estos casos normales y sanas. En este sentido, podríamos afirmar que no todas las relaciones de dependencia son inadecuadas.

Incluso, tenemos un término en psicología conocido como ‘Dependencia Adaptativa’, para referirnos a las relaciones de complemento que se fortalecen con y a través del tiempo. Donde cada uno de los miembros aporta lo mejor de sí y potencia el crecimiento del otro, al punto que cada uno adquiere ‘un área de especialización’ en la relación… Para dar un ejemplo sencillo: Tú cocinas, yo lavo los platos… Tú te encargas de las relaciones sociales y yo de la computadora… Lo cual permite afirmar que una relación en dependencia adaptativa se caracteriza por ser: indiscutiblemente complementaria, tener libertad individual, confianza, aceptación, amor y respeto mutuo.

Pero para ser sinceros, el enfoque aquí no son las relaciones de dependencias sanas, sino muy por el contrario, las dependencias emocionales no adecuadas y enfermas. Particularmente las de las relaciones de pareja, las cuales llegan al consultorio con una alta frecuencia y casi constantemente. Sin embargo, hay que decirlo: la gran mayoría de las veces viene el dependiente, no para liberarse de su prisión, sino para aprender cómo convencer al otro para que siga “enganchado” en la relación y no se vaya, ni le abandone. En la mayoría de los casos, esto se aprecia frecuentemente en mujeres sumisas y de baja autoestima, atrapadas con parejas infieles, alcohólicos o maltratadores.

También es bastante común en hombres que están más enamorados del cuerpo y del sexo con su pareja que de la persona en sí misma, dependientes de la comodidad de ser ‘atendidos’ más que de una relación de amor sano.  Donde usualmente estos hombres muy frecuentemente están casados con sus propias madres y no con sus esposas. Indudablemente cada persona y relación tiene su forma y estilo particular, pero al fin y al cabo eso es una dependencia.

Por su parte Barradas (2016) lo aclara cuando señala: “La relación dependiente la genera un miembro inseguro desde un <necesito ayuda>. Y otro inseguro replicando <yo te salvo>” (p. 26). Para el desarrollo de este texto, en principio voy a tocar primero una breve introducción acerca de la parte sana de las relaciones (que quizás suene a un enfoque más ‘romántico’ y altruista, debido a su escasez), para luego desarrollar el tema de la prisión de las relaciones dependientes. Comencemos:

En un sentido positivo, una relación de pareja adecuada requiere, entre otras muchas cosas, de la aceptación y de la solución de sus diferencias. En la mayoría de las veces, para lograr esto, implica renunciar a ciertas cosas y negociar otras, no se trata de anular al otro, sino que se trata de potenciarnos mutuamente en un crecimiento compartido. Para obtener éxito en ello, es necesario hacer una auto renuncia al orgullo, la soberbia y a la necesidad de ser Yo el dueño del otro. Por supuesto, es obligatorio renunciar al miedo a la soledad y al miedo a sufrir en la relación.

En palabras de Riso (2006) “El amor de pareja es una comunidad de dos, donde nos asociamos para vivir de acuerdo con unos fines e intereses compartidos” (p. 11). Esto me recuerda lo dicho por Jesús en Mateo 19:6 cuando dice: “Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (RVR).

Podría atreverme a realizar una interpretación de esto último y entender que me está diciendo: que en el desarrollo y en la construcción de una relación de pareja sana y armónica, se requiere considerar a esta díada como una unidad indivisible e igualitaria. Cuya meta principal es cultivar los valores y atributos positivos de su relación que, si bien estos son anhelados por muchos, pocas parejas logran establecerlos y conseguirlos.

De lo que estoy hablando, es de un amor solidario que permite que cada miembro de la pareja se afecte mutuamente, en una correspondencia participativa por igual. Donde el actuar se hace a favor del otro, no de mi egoísmo. Implica el compartir intereses, metas, sueños y esperanzas. Donde tu felicidad es mi felicidad, tu dolor mi dolor, tu necesidad mi necesidad. Y sin embargo a pesar de todo ello, no dependo de ti para vivir, no me da miedo perderte, aunque tú a mi lado haces que todo sea mejor y viceversa.

Esto es posible porque este tipo de relación no se basa en la ‘necesidad’ de tenerte a mi lado, sino muy distante de ello, está en la decisión del compartir nuestro crecimiento juntos. Donde sé y comprendo que tú me haces ser mucho más que si estuviese solo, pero al igual que si estuviese solo, sigo siendo yo, con, sin o a pesar de estar o no a tu lado. Tal como señala Riso (2006) “Para amar no debes renunciar a lo que eres. Un amor maduro integra el amor por el otro con el amor propio, sin conflicto de intereses” (p. xvi).

Por ello comprendo y actúo una relación donde aún en los momentos difíciles, estamos juntos; donde te tomo en serio, te valoro, te respeto y nos preocupamos mutuamente por el bienestar del otro. Donde defendemos mutuamente nuestra relación, no permitiendo que padres, amigos o hijos, puedan contaminar lo que juntos hemos sembrado y cultivado. Donde luchamos uno al lado del otro, sabiendo que cuento contigo para todo, porque sé que ninguno defraudará al otro, ni faltará a sus promesas.

Este tipo de relación no es para llenar vacíos, sino para construir una roca sólida y alta, que no nos aísla de los demás, sino que nos une con aquellos que comparten nuestra visión de la vida y de las relaciones. A su vez, por igual, nos protege de aquellos cuyo mundo de mezquindades, carencias e incapacidad de amar, envidian nuestra libertad de ser y estar siendo uno, a la vez que somos dos independientes y completos. Es decir, todo lo anterior puede llegar a resumirse, de acuerdo con la matemática de Dios, según su ecuación para la pareja la cual es: 1 + 1= 1.

Entonces de lo que estamos hablando es de una relación donde cada miembro de la pareja, como individuo único que es y que existe por igual en la relación, tiene sus propias necesidades, gustos, requerimientos, capacidades y demás características humanas que nos definen. Más lo importante de la relación diádica, unida en el amor verdadero, es su capacidad de reciprocidad, en la cual el equilibrio mutuo da igual valor a cada uno y a la relación en sí misma. La cual se sustenta en las bases de apoyo, confianza, imparcialidad y justicia, que permitan por igual el sentimiento de equidad entre ambos, donde no es más importante el YO, ni tampoco lo es el TÚ, sino que lo realmente importante es el NOSOTROS.

Es una relación donde puedo llegar a expresar y sentir que a veces no sé dónde termino yo y dónde comienzas tú, pero sé y siento que, aunque llenas mi espacio y mi vida, nuestra independencia y autonomía fluyen en libertad entre nosotros. No me perteneces, no te pertenezco y sin embargo soy tuyo totalmente, porque he decido ser uno contigo. Dicho lo anterior y para decir la verdad, ya mi idea de unión y libertad fue expresada por Gibran (1983) cuando señaló en su capítulo del matrimonio:

“Pero que haya espacios en vuestra comunión, y que los vientos del cielo dancen entre vosotros. Amaos uno al otro, pero no hagáis del amor una traba. Que sea más bien un mar bullente entre las payas de vuestras almas. Llenaos las copas el uno al otro pero no bebáis en una sola copa. Compartid vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo. Bailad y cantad juntos y sed alegres; pero permitid que cada uno pueda estar solo, al igual que las cuerdas del laúd están separadas y, no obstante, vibran con la misma armonía” (p. 26).

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Referencias:

Barradas, A. (2016). A veces cupido tiene mala puntería. Reflexiones sobre el amor, el sexo y la

 infidelidad. 4ª Ed. Venezuela. Ed. Diana.

Berne, E. (1979). ¿Qué dice usted después de decir hola? 9na edición, Barcelona.

Ediciones Grijalbo

Congost, S. (2014) Manual de dependencia emocional. http://psicopedia.org/wp-content/

uploads/2014/02/GUIA-DEPENDENCIA+EMOCIONAL.pdf

Gibran, K. G. (1983). El Profeta, Argentina: Editorial Pomaire    

Lowen, A. (1977). BIOENERGÉTICA. México, Editorial Diana.

Martínez, J. M. (2006). Amores que duran… y duran... y duran. México: Editorial Pax.

Riso, W. (2006) Los límites del amor, Hasta dónde amarte sin renunciar a lo que soy.

Bogota, Ed. Norma S.A.

Shinyashiki, R. (1993). La caricia esencial. Una psicología del afecto. Colombia: Editorial Norma

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA

 






viernes, 14 de agosto de 2015

AUTOESTIMA: El resultado de amarme a mí mismo

AUTOESTIMA: El resultado de amarme a mí mismo

Por: José Rafael Olivieri Delgado (agosto 2015)

 

“…somos el resultado de nuestras propias decisiones; somos lo que elegimos ser. Nuestras elecciones son determinadas por lo que pensamos acerca de nosotros mismos y de nuestras capacidades. Por lo tanto, somos el resultado de la evaluación que hayamos hecho sobre nosotros mismos” (Sra. Livingston, 1972, p. 13)

 

          Lo he presentado varias veces en el consultorio, para mí el secreto del proceso terapéutico es enseñarles a los pacientes a ‘amarse a sí mismos’. Pero no vayan a creer que me la ‘estoy comiendo’ cuando lo afirmo. Dios fue el primero que lo propuso, yo no hago más que repetirlo. Y no solamente fue que lo dijo, sino que también lo presenta como un mandamiento en el cual nos ordena que nos amemos a nosotros mismos.

Será tan importante para Dios que nos amemos, que hasta donde yo sé, es uno de los versículos que más veces se repite en toda la Biblia. Lo hace nueve (9) veces, creo que muy pocos se repiten tantas veces, ‘amarnos’ aparece en: Levíticos 19:18 y 19:34; Mateo 19:19 y 22:39; Marcos 12:31; Lucas 10:27; Romanos 13:9; Gálatas 5:14 y finalmente en Santiago 2:8. La esencia de cada uno de estos versículos es: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (NTV). Interesante y básico a la vez: ¡para amar al otro, tengo que empezar por amarme a mí mismo primero! La máxima que acompaña esto es igual de simple: ‘no puedo darle al otro lo que no tengo, no puedo enseñar al otro lo que no sé’.

Sobre esa base, para mí, la esencia de una autoestima (POSITIVA) empieza y es el resultado de amarme a mí mismo. De allí el título del presente texto, y como abre boca de este, debemos empezar por entender que la autoestima es una experiencia compleja, dinámica y entretejida en nuestra mente inconsciente. Ella se interrelaciona profundamente con todo nuestro sistema de creencias, así como con los sentimientos que hemos evaluado y aceptado en relación con nosotros mismos y con todo lo externo.

La autoestima nos condiciona positiva o negativamente en las decisiones y acciones que actuamos frente a nuestro mundo interior y exterior. Muy especialmente en lo referente a nuestras relaciones con las otras personas, al igual que influye directamente en aquellos sueños, proyectos, metas que nos proponemos alcanzar, afectando así todo lo que hacemos en nuestra vida. Al respecto Congost (2015) nos dice: “… la opinión que tendremos sobre nosotros mismos dependerá de lo capaces y valiosos que nos sintamos en nuestra vida. En función de cómo se vea y se sienta una persona consigo misma en cada momento, se va a relacionar con los demás y con los acontecimientos de una manera u otra.” (p. 28).

         Bien, ya saben de dónde salió parte del contenido de lo que voy a desarrollar. Por su parte, desde el punto de vista psicológico, la autoestima es un proceso valorativo bastante complejo que cada individuo hace de sí mismo (a lo largo de su vida). Requiere de un adecuado desarrollo de muchas de nuestras capacidades mentales y emocionales. Empezando por establecer la diferencia fundamental entre mi YO y los OTROS.

Como la mayoría sabe, adquirir la consciencia de quién soy Yo es un proceso fundamental en mi etapa infantil, pero que no es estático, sino que dura toda la vida y tiene sus subidas y sus bajadas. De hecho, el niño no nace con autoestima, la misma se forma en la interrelación y en la evaluación ‘con/de/por/para’ sus figuras parentales, estos otros, quienes quieran que sean (reales o no, buenos o no) son vitales en el proceso de definición de esta.

Por ejemplo, cuando las figuras parentales son potenciadoras del afecto, del cariño, cuando valoran las cualidades del niño, lo apoyan y protegen cuando algo le sale mal, cuando le dan la posibilidad de sentirse bien consigo mismo, cuando lo educan en principios y valores adecuados, y particularmente le dan el reconocimiento correspondiente por todo lo que hace y por todo lo que es, invitarán al niño a construir una autoestima positiva, en caso contrario, estaremos invitando al niño a su posible autodestrucción (producto de una autoestima baja). Como ejemplo revisa cómo te trataban tus figuras parentales y tendrás una idea de si debes o no estudiar este texto.

De igual manera, sabemos que la autoestima puede variar a lo largo de nuestra vida, en función de las circunstancias que nos rodean y de cómo nos vamos evaluando en cada una de nuestras experiencias emocionales. Por ejemplo, si tienes experiencias positivas de lograr y tener éxito en tus metas, tu autoestima aumenta, si por el contrario los resultados son negativos, entonces disminuye. Por supuesto, este tema lleva desarrollándose desde que el Ser Humano se preguntó: ¿Cuán importante soy? Es decir: ¡nada nuevo!

Hay miles y miles de libros y artículos acerca de este tema; Unos de la mano de ‘gigantes’ de la Psicología y la Psicoterapia, y otros de estudiantes del tercer año (se encuentran muchos artículos interesantes en la web, pero sin referencias). Por supuesto, como en la mayoría de mis textos no pretendo presentarme como el experto, sino muy por el contrario, dar mi visión personal del tema, invitando a mis lectores a que les pique el ‘gusanito’ de la curiosidad, de tal forma que puedan motivarse a investigar y ampliar más su conocimiento. Porque yo solamente pretendo aportar un ‘granito de arena’ de lo que es la inmensidad del proceso mental y emocional del Ser Humano. Por eso, antes de desarrollar el tema, permíteme responder a la pregunta: ¿Qué es la Autoestima?

Para Acosta y Hernández (2004) “La autoestima es un sentimiento valorativo de nuestro ser, de quiénes somos nosotros, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad. Esta se aprende, cambia y se puede mejorar. Está relacionada con el desarrollo integral de la personalidad en los niveles: ideológico, psicológico, social y económico.” (p. 82). En lo particular para mí es: aprender a amarnos, valorarnos, respetarnos, cuidarnos y muchas otras cosas positivas más, en primer lugar, conmigo mismo y luego para con los demás. La misma incluye todo lo que pienso y siento acerca de mí mismo, así como todo lo que hago en mi vida y en mis relaciones con los otros.

Por su parte, dice Congost (2015) “… es una experiencia subjetiva que nos condiciona a la hora de enfrentarnos a nuestro entorno. Y lo hace porque interfiere directamente en nuestra relación con las demás personas y con aquellos retos u objetivos que nos vayamos marcando” (p. 26). La autoestima se desarrolla con las experiencias propias y las aprobaciones o rechazos de los demás. Especialmente y de manera indeleble, de las valoraciones (adecuadas o no) que mis figuras parentales me hicieron sentir de mí mismo. Es la esencia de nuestra manera de percibirnos y valorarnos, como así también moldea nuestras vidas, porque la autoestima me dice cómo debo vivir mi vida en función de mi propia autovaloración. Determina si seré un triunfador o un fracasado en alguno o en todos los roles de mi vida.

Es esto y muchísimo más, altamente compleja y central en los procesos de decisión de mi vida. Además, la autoestima incluye tres elementos fundamentales como son: mi autoconcepto (qué creo de mí), mi autoimagen (cómo me veo a mí físicamente) y mi autovaloración (cómo me valoro a mí). Por eso para mí: es mi capacidad de amarme a mí mismo sanamente y de actuarlo en mi vida continuamente.

Cuando nuestra autoestima es positiva nos sentimos con posibilidades de lograr lo que queremos, de asumir nuevos retos, vivimos mejor y más felices, disfrutamos más de nuestras relaciones, confiamos en nosotros mismos. Sin embargo, cuando es negativa nos bloqueamos, nos paralizamos, la inseguridad y los miedos se crecen, no nos arriesgamos y todo parece más difícil e imposible. Cierro el concepto con un fragmento, muy acorde con mi tema, de un poema atribuido a Kim Alison McMillen: “cuando me amé de verdad, comprendí que, en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima” (s/r).

Por otra parte, uno de los problemas centrales atribuidos a la definición de la autoestima, es que no sabemos valorarnos a nosotros mismos, o de igual manera, a que somos muy negativos con nuestras propias valoraciones. Por lo general, utilizamos para ello el modelo que aprendimos de nuestras figuras parentales. Independientemente del potencial que podamos tener, y en la medida en que nuestra vida se empieza a llenar de dificultades y maltratos, aprendemos a dejar de creer en nosotros mismos.

Nuestros pensamientos de descalificación se hacen repetitivos y terminamos formando nuestras creencias limitantes y nos desvalorizamos, con las cuales nos convencemos de que no merecemos, no podemos, no somos capaces ni de hacer ni de conseguir nada bueno. Terminamos despreciándonos y autodestruyéndonos a nosotros mismos, de una manera muy injusta. ¿Por qué sucede esto? Entre otras varias razones porque lamentablemente, la mayoría de las figuras parentales tienen el dañino hábito de hacerles comentarios descalificadores a sus hijos. Acostumbran a comunicarse con los niños a través de amenazas, críticas, insultos y particularmente con las destructivas comparaciones con otros.

Cuando te comparaban con el otro casi siempre era para mostrarte algo malo de ti, eso te daba mucha rabia, pero como no podías (ni sabías) descargar tu rabia con el otro, la terminabas descargando en ti mismo, autodestruyéndote. En general los padres piensan que estas comparaciones estimularán a sus hijos a mejorar, cuando en realidad, lo que hacen es destruirles su autoestima. ¿Quién dijo que los niños entienden la psicología paradójica o inversa? La realidad es, que la mayoría de los niños reciben los comentarios de sus figuras parentales, como verdades absolutas. Las mismas son asimiladas por el niño sin cuestionamiento alguno, porque sencillamente, si mi papá o mi mamá lo dicen, tiene que ser verdad, porque ellos son los que (supuestamente) más me aman.

Cada vez que una figura parental le dice a un niño ‘eres un bruto’, ‘no sirves para nada’, ‘no haces más que desastres’ o cualquiera de esas frases negativas, que la mayoría de todos nosotros recordamos frecuentemente, lo único que aumenta es: la baja autoestima y la valoración negativa que el niño hace de sí mismo, porque la figura de autoridad (la figura de amor) así lo valora. En consecuencia, en la mayoría de los casos, el niño actuará según lo valoraron a lo largo de su propia vida.

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Referencias:

 

Acosta, R. y Hernández, J. (2004). LA AUTOESTIMA EN LA EDUCACIÓN.

REVISTA LÍMITE N° 11, 2004 p. 82-95 Recuperado agosto 2015: https://dialnet.unirioja.es

Congost, S. (2015). Autoestima automática: cree en ti y alcanza tus metas, Ed. Planeta.

Corporación PBA. (s/f). Cartilla de Autoestima. Recuperado agosto 2015 de:

http://www.corporacionpba.org/irp/herramientas/Etapa_I/eppr-fase-I-crecimiento_personal/paso1/Cartilla_Autoestima.pdf

Sra. J. B. Livingston. (1972). Amate a ti mismo. Ed. Western Christian Foundation, inc. USA

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA

 

 


 

 

 

 

 

 

viernes, 29 de agosto de 2014

EL PATITO FEO: ¿Es una realidad que son hijos destinados a fracasar?

EL PATITO FEO: ¿Es una realidad que son hijos destinados a fracasar?

Por: José Rafael Olivieri Delgado (agosto 2014)

 

“El pobre patito no sabía dónde meterse. Sentíase terriblemente abatido, por ser tan feo y porque todo el mundo se burlaba de él en el corral.” Hans Christian Andersen (1843)

 

          Sin duda alguna el reto más grande que tiene todo paciente en su proceso terapéutico es el de tomar su decisión de cambiar emocionalmente y en especial, de llevar a la práctica dicho cambio haciéndolo realidad. La gran mayoría de ellos vienen al consultorio con esa idea, más aún, anhelan ese cambio muchas veces desesperadamente, pues su forma de vivir, sus circunstancias de cada día e incluso las consecuencias de estas, así se lo hacen sentir. Usualmente dicha necesidad de cambio ocurre cuando sienten que han llegado a la comprensión y al hecho de aceptar, que realmente existe ‘algo malo’ en sus vidas, en sus relaciones interpersonales y en sí mismos. De igual manera, ocurre frecuentemente que a pesar de haberlo intentado y de quererlo, no han podido resolverlo por sí solos, llegando a entender y reconocer que necesitan ayuda para ello.

Sin embargo, una realidad a la cual nos enfrentamos en este escenario del consultorio es que de todos los posibles cambios que podemos lograr, el cambio psicológico (el cambio emocional) es el más difícil de conseguir, pero ¡No es imposible! Cambiar es una realidad palpable de la capacidad humana, y del poder emocional contenido en el diseño de Dios para la mente humana.

Lo que suele suceder frecuentemente, es que este cambio exige una cuota de sacrificio a veces muy alta. En la gran mayoría de los casos, ‘parece’ imposible para muchos de los pacientes, ya que el ‘costo de la inversión’ en tiempo, esfuerzo, dolor y dinero les parece un costo muy alto, comparado con su sufrimiento, y a veces sienten que está más allá de sus posibilidades para alcanzarlo.

Sin llegar a ser dramáticos, en dicha decisión de cambiar o no, se juegan su propia vida y su felicidad con base en esa percepción, a veces inadecuada, de lo posible y lo imposible de lograr dicho proceso. Ello me recuerda la afirmación de Mateo 22:14 que dice: “Pues muchos son los llamados, pero pocos los elegidos” (NTV). Todos tenemos el potencial, todos podemos cambiar, todos podemos decidir triunfar, pero tenemos que hacernos dueños de esta realidad, tenemos que poner más que nuestro simple deseo de quererlo y tenemos que esforzarnos para lograrlo en nuestro propio tiempo. Tenemos que asumir el costo y el pago de ello.

De igual manera, es obligatorio y necesario consolidar un compromiso y una responsabilidad absoluta conmigo mismo para lograrlo, no es el otro, soy YO. Porque es una verdad absoluta que hasta el “Patito Feo”, se puede transformar en el más hermoso cisne del estanque. ¡El reto es que tú lo logres!

            Los cuentos infantiles de Andersen son conocidos mundialmente, uno de ellos es precisamente el del “Patito Feo” (1843), y en el texto de este me apoyo para escribir esta reflexión. Ahora bien, ¿Cuál es el primer punto por entender del cuento de Andersen?, pues simple: ¿Quién es el Patito Feo? A ciencia cierta el “Patito Feo” representa los sentimientos negativos de autovaloración de una inmensa mayoría de los niños de nuestro planeta entero (así como de una inmensa mayoría de adultos en la actualidad).

Ciertamente, una de las primeras condiciones del hecho de ser niño, es la sensación de dependencia obligatoria de sus ‘Figuras Parentales’ (de las cuales los más importantes son Papá y Mamá). Este criterio de dependencia no se refiere únicamente a lo material (casa, alimento, ropa, educación, juguetes…) sino a lo más importante de todo: a una dependencia afectiva y emocional (una relación de amor verdadero diría José Rafael).

Dicha dependencia obliga a que la autovaloración del niño (su autoestima, autoconcepto y autoimagen), esté dirigida y controlada por sus figuras parentales, con base en la calidad del ‘amor’ que le dan a dicho niño. Ellos son quienes le dicen al niño quién es, qué debe sentir, cómo debe pensar, qué debe expresar y fundamentalmente, si es aprobado o rechazado por ellos. En la gran mayoría de los casos, el niño lo acepta tal y como se lo dan (sea bueno o malo), sin cuestionamientos. Ello es debido a la inmensa necesidad de sentirse amado por sus figuras parentales (si siento que me aman tengo permiso para vivir, si siento que no me aman, tengo una invitación a morirme ‘física o emocionalmente’).

Tal y como está confirmado por muchísimos autores, el niño va a realizar una decisión y una definición emocional de: quién es, qué puede lograr, a dónde puede llegar y en esencia, según lo que él siente, va a definir toda su vida en función del resultado que obtiene de la valoración que le dan sus figuras parentales. En lenguaje más sencillo: va a definir su propia vida según se sienta o no amado por sus figuras parentales (si me aman: tengo permiso para triunfar, si NO me aman: tengo un mandato para fracasar). Pero ojo, una cosa muy distinta es lo que las figuras parentales ‘creen que dan’ y otra es la que el niño ‘siente que recibe’ de los mismos, ¡esa es la clave de la ecuación! Y en la gran mayoría de las veces la una y la otra son muy diferentes, y por lo general opuestas.

            Desde la perspectiva de las figuras parentales, pues no hay ni uno que no lo diga (hablo de personas ‘estables’), todos los padres afirman sin duda alguna que ‘sienten mucho amor’ y que ‘quieren lo mejor’ para sus hijos (incluso los asesinos en serie los dicen). Pero la realidad práctica de la vida es muy diferente, dado que el trato que le dan a sus hijos, por lo general está muy lejos de los parámetros de lo que es el amor sano. Imagino que de allí viene la expresión popular “amores que matan”. Lo cierto es que todos los seres humanos tenemos un lado bueno y otro ‘no tan bueno’. Como nos narra Marcos 10:18 “¿Por qué me llamas bueno? - Preguntó Jesús -. Sólo Dios es verdaderamente bueno” (NTV). El problema está en que el balance mental y emocional del “Patito Feo”, siempre termina del lado ¡NO TAN BUENO!

La conclusión del “Patito Feo”, tanto en su Sistema de Creencias Emocionales como en su Sistema de Autoestima, es que él se siente ‘FEO’ ¡Obvio no! Estos dos sistemas son los más fundamentales y decisorios en el proceso de definir la personalidad de cada individuo. En la combinación de ambos sistemas están todas las potencialidades de triunfar o de fracasar en la vida. Los mensajes de las Creencias y de la Autoestima puede permitir a una persona llegar a las estrellas o hundirse en las profundidades del fracaso. Ambos sistemas contienen a la vez todos los permisos para triunfar como todas las prohibiciones para no lograrlo, todas las capacidades y a la vez todos los obstáculos para no poder alcanzar su realización personal, o para encerrarse en el rol del “Patito Feo”.

Un problema de ambos sistemas es que la inmensa mayoría de los mensajes que contienen, están grabados en el mundo mental inconsciente, del cual tenemos muy poca conciencia. Pero, emocionalmente hablando, ¿Qué es sentirse feo? Por ejemplo, Goethe afirmó: “Lo peor que puede ocurrirle al hombre es llegar a pensar mal de sí mismo” (s/r). Allí está en pocas palabras la respuesta, el “Patito Feo” se percibe, se siente, se piensa, se valora y se ama a sí mismo MAL.

Su autoimagen está destruida, todo con respecto a sí mismo está mal, y sus Creencias y conductas respaldan toda esta valoración emocional negativa. ¡Claro! Si su verdad es que “… el pobre patito que había salido el último del cascarón, y que tan feo les parecía a todos, no recibió más que picotazos, empujones y burlas, lo mismo de los patos que de las gallinas. - ¡Qué feo es! - decían.” Andersen (1843). ¿Cuántos de Ustedes no tienen esa misma sensación infantil? (y ¿Cuál tienes ahora en tu vida adulta?).

            Por otra parte, todo esto es en realidad un poco más profundo, pues hay varias clases de “Patito Feo”. Por ejemplo, en la teoría del Análisis Transaccional de Berne (1964), y otros autores como: Kertész (1980) y Harris (1969), presentan la existencia de tres modelos argumentales: Perdedor, No Perdedor y Ganador los cuales invitan al modelo de “Patito Feo”. Los dos primeros son los que más se ajustan a la descripción de nuestro personaje, sin embargo, los tres modelos son inadecuados (desafortunados), en el “Patito Feo Ganador” el mismo responde con rabia y agresión hacia los otros, con lo cual rechaza y es rechazado por los demás.

Estos modelos están estructurados en las decisiones infantiles que toma cada “Patito Feo”, con base en sus características emocionales particulares y especialmente, en función de las consecuencias de sus relaciones no adecuadas con sus figuras parentales (maltratos, agresión, descalificación, desamor, abandono…).

Son modelos “adaptados” para buscar la manera de cómo conseguir que esas figuras parentales me quieran, me acepten y me valoren adecuadamente. Aunque como está claro, dicha adaptación realmente no me permite recibir lo adecuado (es decir: lo bueno, lo sano), sino que termina siendo un mecanismo defensivo para poder sobrevivir con lo que me están dando mis figuras. Dichos modelos están basados en una decisión de supervivencia de ‘complacerlos a ellos’, para ser YO, lo que ellos ‘quieren que YO sea’, lo contrario sería aceptar una sentencia de muerte.

Por supuesto, ninguna figura parental va a aceptar esto, porque ‘yo amo y quiero lo mejor para mis hijos’. Como he dicho: una cosa muy distinta es lo que yo pienso, y otra es, lo que yo actúo, cuando hablamos de los conflictos emocionales y del mundo de los procesos inconscientes. En mi criterio, la realidad es que toda relación es 50% y 50%.

Los “Patito Feo” aparte de ser una autodecisión, son producto de las manipulaciones de las propias necesidades y expectativas de esas figuras parentales, en relación con lo que quieren y aspiran, desde sus propios conflictos emocionales, de y para cada uno de sus hijos. Diría el refrán popular “El niño que llora y la mamá que lo pellizca”. Ciertamente cada uno de esos “Patito Feo”, tiene sus propias características y su propia forma de adaptarse a su modelo de vida. Si existe algo que no pueden destruir las figuras parentales, por más que se esfuercen, es el hecho real en el cual cada uno de nosotros es único, incluso si decidimos entrar en el rol del “Patito Feo”.

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Referencias:

 

Berne, E. (1974) ¿Qué dice usted después de decir hola? España. Grijalbo

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA

WEB:http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/andersen/el_patito_feo.htm. Recuperado 26/08/2014





lunes, 31 de marzo de 2014

UN HÉROE COMO TÚ: una canción, mil reflexiones

UN HÉROE COMO TÚ: una canción, mil reflexiones

Por José Rafael Olivieri Delgado (marzo 2014)

 

“Lo peor que puede ocurrirle al hombre es llegar a pensar mal de sí mismo” (Goethe)

 

         Sentado en mi consultorio me hice la siguiente pregunta: ¿Cómo poder expresar el infinito poder del espíritu humano, en su capacidad para lograr aquello que a veces hemos considerado imposible? La respuesta la encontré, como se encuentran muchas respuestas que no parecen tener solución: ¡por ‘caUsalidad’! Así de grande es la vida y su maravilla, nos toma desprevenidos, nos sacude, muchas veces violentamente, luego nos levanta y finalmente, después de haber aprendido la lección, nos da un propósito para continuar. Más ciertamente el trabajo no ha quedado completado todavía.

En ese punto y momento es donde nuestra mayor participación debe ser llevada a cabo, somos nosotros, individualmente, tú, yo, él, ella, quienes ahora debemos hacer algo fundamental por ‘el mí mismo’ que somos cada uno y que, en la mayoría de las veces, por no decir siempre, nos asusta y a veces nos paraliza. Ese hecho que es enteramente nuestra responsabilidad como individuos, llenos de libre albedrío y dominio propio, es la acción de tomar una decisión. ¡Y es esa decisión, la que nos convierte o no, en un héroe!

De esta manera, es en el caminar de la ‘causalidad’, que frecuentemente busco cosas nuevas para invitar a mis pacientes a crecer en su conocimiento, experiencias, emociones y en su espíritu, por ello fue por lo que me encontré con la canción denominada “Héroe”. Más, sin embargo, a pesar de utilizarla continuamente con mis pacientes, como buen psicólogo me he preguntado muchas veces: ¿Quién influyó sobre quién? (Yo sobre la canción o ella sobre mí).

Al margen de los aspectos legales o no que pueda tener, utilizo esta canción como ejemplo de los modelos comunicacionales con los cuales trabajo en el taller de Comunicación y Caricias Emocionales, los cuales ofrezco como parte de mis actividades profesionales. Pues no es solamente la aplicación y el uso que hago de ella, sino todo el proceso de transformación que una canción, de la talla de “Héroe”, puede causar en cada persona que la escucha con el ‘corazón’.

En la dinámica de este taller dicha canción provoca diferentes tipos de movimientos en las emociones, reflexiones, rupturas y cambios de conceptos supuestamente arraigados e inamovibles. Todos ellos involucran multitud de creencias, actitudes, prejuicios y conceptos que anteriormente no habían sido cuestionados, y ahora deben ser evaluados, frente al impacto que esta canción les ha causado.

La uso porque, a fin de cuentas, es verdad que, toda canción tiene un mensaje propio. Aunque la gran mayoría de las veces son de ‘tristeza y soledad’, pero otras, muy pocas, a decir verdad, como es el caso particular de “Héroe”, contiene un mensaje para valorarme, para creer y confiar en mí. Para darme cuenta del poder que hay en mí y, sobre todo, el darme cuenta de que, al haber vivido mi propia vida, ya he cumplido con la gran mayoría de los requisitos para yo ser un héroe, porque ya he ganado la batalla de mi propia vida.

Pero sin avanzar más allá, debo presentarte la Canción Héroe, invitándote a su vez, a saborear cada palabra y cada idea expresada en ella:

Hero (canción de Mariah Carey):

Como un libro que no sabes el final, y te asusta lo que lees,

así la vida es.

Cuando naces ya te expones al dolor, y de a poco

y con valor logras crecer.

Y como un libro el corazón nos enseña que hay temor, que hay fracasos y maldad, que hay batallas que ganar.

Y en cada página el amor nos convierte en luchador, y descubres lo común: no hay un héroe como tú.

Son muy pocos que se arriesgan por amor, pero tú tienes la fe,

y eso lo es todo.

No decaigas, que vivir es aprender, y no hay nada que temer,

si crees en ti.

Y como un libro el corazón nos enseña que hay temor, que hay fracasos y maldad, que hay batallas que ganar

Y en cada página el amor nos convierte en luchador, y descubres lo común: no hay un héroe como tú.

Sólo Dios sabe dónde y cuándo, la vida nos dirá:

¡lo has hecho bien!

Sólo como un sueño, sólo sabrás, sabrás como vencer.

Y como un libro el corazón nos enseña que hay temor, que hay fracasos y maldad, que hay batallas que ganar

Y en cada página el amor nos convierte en luchador, y descubres lo común: no hay un héroe como tú.

¡No hay un héroe como tú!

 

Cabría ahora, antes de continuar tomar un momento, hacer una pausa más, e invitarte a ti amigo(a) lector(a) a tomarte un tiempo íntimo, cerrar tus ojos y dirigir tu mirada hacia tu propio interior, hacia tu propio yo. Para evaluar desde la perspectiva de tu vida, como las palabras de esta canción pueden llegar a moverte e impactarte emocionalmente, al reflexionar sobre los pensamientos, sensaciones y emociones que estas palabras están produciendo en ti. Observando como tus propias bases han empezado a cuestionarse.

Tal vez en este punto, sería conveniente recordar que, en el proceso de construcción de la personalidad, al cual cada persona se ha visto sujeto durante su crecimiento. Sin olvidar que en realidad este dura toda la vida, y en el cual intervienen, de forma positiva o negativa varios factores importantes. A saber: mi entorno sociocultural, mi contexto y mi perspectiva histórica, mis figuras parentales (o de autoridad) y finalmente, mi propio YO con mi capacidad de decisión.

Con ello puedo aceptar, modificar o rechazar las diferentes órdenes y programaciones infantiles, que he aceptado e internalizado muchas veces sin revisión, bien sean estas explícitas o implícitas. Donde cada una de ellas cuenta con su respectiva mezcla de emociones y experiencias, a veces buenas, a veces dolorosas y traumáticas, pero que al final de cuentas, terminaron definiéndome y construyéndome, dándome la posibilidad de ser o no un héroe para mí mismo. Porque los héroes no nacen, los héroes como tú, se forman en el proceso de vivir su propia vida. Por eso, no hay mayor verdad que esta: ¡No hay un héroe como tú!

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Referencias:

Banchs, María A. (1986). Concepto de representaciones sociales. Análisis

 Comparativo. Revista Costarricense de Psicología. 8-9, pp. 27-40

Báro, Ignacio (1990). Acción e ideología. El Salvador: UCA Editores.

Morales, J. F. (1998). Psicología Social. Madrid: McGraw-Hill.

Tajfel, Henry (1984). Grupos humanos y categorías sociales. Barcelona: Herder.