martes, 27 de octubre de 2015

AMARME A MÍ MISMO: La clave de aprender a vivir para triunfar

AMARME A MÍ MISMO: La clave de aprender a vivir para triunfar

Por: José Rafael Olivieri Delgado (octubre 2015)

 

“Es posible que una gran parte de la dificultad de nuestra vida se deba al hecho de que por no saber amarnos a nosotros mismos, tampoco sabemos amar a nuestro prójimo.”

(Sra. de J. B. Livingston, 1972, p. 1)

 

       ¿Cómo es posible que yo me quiera destruir a mí mismo? Esta es una pregunta que con frecuencia me hacen los pacientes en el consultorio cuando les afirmo que se están autoagrediendo, con las cosas y situaciones que cada uno hace con su propia vida y en sus relaciones. Es normal que no lo vean y mucho menos que lo comprendan a la primera. Pues dichas conductas destructivas son precisamente parte de nuestro actuar cotidiano de cada día en nuestra vida. Estas están aprendidas desde mi desarrollo infantil, en mi interrelación con mis figuras parentales. Ensayadas durante toda mi vida y por supuesto, practicadas como verdades irrefutables de mi Sistema de Creencias Emocionales.

Creencias que estructuran mi personalidad al igual que definen quien soy. Ellas dirigen mis pensamientos, emociones y acciones en todas las áreas importantes de mi vida, al punto que he llegado a considerarlas como algo normal en mi sistema emocional, a pesar de invitarme a dicha autodestrucción.

Desde este punto de vista, aunque son verdaderos y actúan en el proceso mental del Ser Humano, no es fácil de explicar los mecanismos que utilizamos para llegar a nuestra autoagresión. Ciertamente porque aún estamos apenas en la punta del Iceberg, de todo lo que nos falta por descubrir y conocer de la mente humana.

Por otra parte, aunque conscientemente queremos “lo mejor” para nosotros mismos (y para los que amamos), no es menos cierto, que la vida cotidiana está llena de personas que se autoagreden a través de conductas tales como: se drogan, beben alcohol, fuman, se atragantan de basura, atacan y destruyen a las personas que aman (pareja, hijos, padres), divorcios, abandonos, soledad, culpa, depresión, violencia física y mental, por citar unos pocos ejemplos de esta autodestrucción. ¿No se están destruyendo ellos mismos y a los que tienen a su alrededor? ¿En tu mundo de conflictos emocionales, no te estás destruyendo tú mismo y a los que amas?

Todo esto y mucho más, debido a una razón tan sencilla como lo es el afirmar que la inmensa mayoría de nosotros, estamos siguiendo órdenes (inconscientes) de no amarnos a nosotros mismo, lo cual termina siendo una orden de autoagresión a mí y al otro también. Son órdenes aprendidas y aceptadas, sin cuestionamiento alguno, en mis decisiones de vida durante mi desarrollo infantil.

Una aproximación para entender este asunto de las órdenes está en las preguntas de Santiago 4:1-3 “¿Qué es lo que causa las disputas y las peleas entre ustedes? ¿Acaso no surgen de los malos deseos que combaten en su interior? 2 Desean lo que no tienen, entonces traman y hasta matan para conseguirlo. Envidian lo que otros tienen, pero no pueden obtenerlo, por eso luchan y les hacen la guerra para quitárselo. Sin embargo, no tienen lo que desean porque no se lo piden a Dios. 3 Aun cuando se lo piden, tampoco lo reciben porque lo piden con malas intenciones: desean solamente lo que les dará placer.” (NTV).  ¿Qué tal?

    Realmente como seres humanos que somos nacemos con una “pizarra en blanco”, en la cual se deben escribir todas las indicaciones de lo que yo debo pensar, sentir y actuar en mi vida. El problema no es la pizarra, sino ¿Quién escribe en ella? Quienes lo hacen son nuestras figuras parentales, porque de ellos es de quienes tenemos que aprender TODO en la vida. De ellos aprendo según me etiqueten: mi identidad de género (soy Hombre o Mujer), mi Autoestima (mi valoración positiva o negativa), mis metas (triunfar o fracasar), mi rol de Pareja (para toda la vida, divorcio o soledad), mi rol de Familia (enseñar a mis hijos el amarme o el odiarme), mi rol social (amigos para disfrutar o rechazar), mi rol Profesional (autonomía o dependencia).

En esencia ha sido un proceso de aceptación o rechazo de parte de ellos hacia mí. Me han dicho que tengo que hacer, y cuando lo hago como ellos quieren me aprueban y me aceptan (siento que me aman y soy feliz), cuando no lo hago, no me aprueban y me rechazan (me siento morir y soy infeliz).

Como al nacer sencillamente no sé absolutamente nada de la vida, necesito obligatoriamente aprender de ellos para saber qué debo pensar, sentir y actuar en la vida. Ellos se encargan de escribirlo en “mi pizarra”, hasta que llega el momento en el cual me ubico (aun siendo un niño) frente a mi pizarra y después de revisar cuidadosamente, todo lo que en ella está escrito, así como mis emociones de aceptación o rechazo. Con todo ello entro en un proceso de decisión desde la más pura revelación emocional, mental, física y espiritual, en un momento de ‘confluencia energética integral’, con lo cual YO tomo la decisión (inconsciente) de vivir según las “órdenes” que están grabadas en mi pizarra.

Desde ese preciso momento de decisión, ya no cuestiono mi pizarra nunca más, sino que simplemente sigo al pie de la letra cada orden que allí está definida: “Porque Yo Soy Así”. En pocas palabras, renuncio a ser quien era y acepto ser como ellos me dicen que debo ser, según lo que escribieron en mi pizarra.

Tal como todas las órdenes al fin y al cabo las mías deben ser cumplidas, no importa si implica mi autodestrucción o la de los que (creo) amar. Si no me crees, responde: Sí amas a tu cónyuge: ¿Por qué pelean, se agreden, se insultan, se gritan, se separan, se divorcian, se odian, eres infiel, no proteges, no acompañas, no comunicas…? Si amas a tus hijos: ¿Por qué le gritas, les pegas, los maltratas, los descalificas, los abandonas, los humillas, no los proteges, los criticas, no los guías, no los cuidas, no estás con ellos, no los apoyas…? ¿No es esto destruirte a ti mismo y destruir a los que amas? ¿O soy yo el que está equivocado?

No te equivoques tú, no es como afirmaba Göbbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad” (s/r). No creas tus propias mentiras. La verdad es como nos dice Gálatas 6:7 “No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra” (NTV).

Afortunadamente, como ser humano también poseo una mente consciente, racional y lógica, que evoluciona y me actualiza en función del desarrollo mental y físico de mi proceso de crecimiento y madurez. Ello me permite adaptarme y decidir cambios según los acontecimientos de mi medio ambiente. Me permite adquirir nueva información, validar decisiones y actuaciones. Me permite realizar cambios, a veces para anular completamente una orden, a veces para disminuir su efecto en mi vida.

De esa combinación de lo consciente e inconsciente, se crea una balanza de pensamientos, emociones y actuaciones que determinan cada evento, cada decisión, cada consecuencia en mi vivir, con lo cual voy construyendo fragmentos de mi realidad, de mi vida y TODO lo que en ella obtengo, sea bueno o no. Lo que igualmente me puede servir para amarme a mí mismo o para autodestruirme, según mis decisiones y acciones.

Lamentablemente, en la gran mayoría de las personas, el poder y la profundidad de las órdenes grabadas en la infancia, siguen teniendo mucha más fuerza y consistencia que las decisiones lógicas de la conciencia. Con lo cual los finales trágicos y dramáticos se cumplen, autodestruyendo a la persona. Porque no es solamente cuestión de voluntad o de querer, se debe integrar un proceso mental de pensamiento, emociones y acciones, tanto o más poderoso que las decisiones infantiles. Lo cual, en la mayoría de las veces, no es nada fácil de hacer ni de lograr.

Por ejemplo, una paciente me dijo en una consulta, al lamentarse de las consecuencias de su vida: - “Si mis padres no hubiesen sido así conmigo, yo no sería así como soy hoy”. (Realmente la excusa no es válida emocionalmente, pero le sirve para justificar su tragedia).

Para apoyar mi punto de vista, te dejo estas líneas que escribe J. A. Gaiarsa en la introducción del libro de Shinyashiki (1993): “Es la lección más fundamental de toda la psicología dinámica: Sólo sabemos hacer lo que se hizo con nosotros. Sólo logramos tratar bien a los demás si fuimos bien tratados. Sólo sabemos tratarnos bien si fuimos bien tratados. Si fuimos despreciados, sólo sabemos despreciar. Si fuimos odiados, sólo sabemos odiar. Si fuimos maltratados sólo sabemos maltratar.” (pp. 3-4).

¿Cómo se aplica eso a ti mismo? Porque lo común es echarles la culpa a los otros, siempre los otros son los culpables (de paso, esta es la peor excusa para tomar tu responsabilidad sobre ti mismo(a)). El enfoque propio de ‘cada uno’ de nosotros es que yo continuamente soy el bueno, el que tiene la razón, el que tiene buenos sentimientos, el que termina siendo la víctima, porque el otro ‘me hace…’. Como afirma nuevamente J. A. Gaiarsa: “Lo que no se comprende es cómo hay tanta maldad en un mundo hecho solamente de personas que se consideran tan buenas. Realmente no se entiende”. (p. 3) ¿Tú lo entiendes?

            El principio del ‘amarme a mí mismo’ y que es igual al del Yo, nunca puede partir de la perspectiva del egoísmo o del orgullo sin sentido, ni mucho menos, de la postura del “Ganador” (Análisis Transaccional) cuyo objetivo es: ‘no me importa destruir al otro, mientras sea Yo el que pueda ganar’. Todo lo contrario, el amor a mí mismo a de partir de un origen fundamental cuya base principal está establecida en los preceptos bíblicos para el ser humano. Los cuales a su vez son la esencia del libro de la Sra. de J. B. Livingston (1972) “Ámate a ti mismo”. Yo lo utilizo como base para este texto. Por lo que hallarás en este texto las referencias psicológicas habituales, pero también mayor número de referencias bíblicas.

Dichos preceptos del amarte están reflejados en los versículos de: Levíticos 19:18 y 19:34; Mateo 19:19 y 22:39; Marcos 12:31; Lucas 10:27; Romanos 13:9; Gálatas 5:14 y finalmente en Santiago 2:8. La esencia de cada uno de ellos es: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Lo anterior define el hecho en el cual, para poder amar al otro, primero debo amarme a mí mismo, de igual manera (como ejemplo): ‘no puedo dar lo que no tengo y no puedo enseñar lo que no sé’. En realidad, si cambio un poco la perspectiva y veo la Biblia como un libro de psicología, encuentro que Ella es un manual para las relaciones humanas, precisamente el área en la cual fallamos más rotundamente en nuestro mundo emocional, pues no sabemos amarnos y mucho menos, amar al otro.

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Referencias:

Echeverría, R. (1996). Ontología del lenguaje. 3ra edición. Santiago, Chile: Dolmen Ediciones, S.A.

OG Mandino. (1987). El vendedor más grande del mundo. Colombia: Editorial Printer Colombiana Ltda.

OXFORD (s/f). Definición felicidad. Recuperado sep. 2015 de: https://www.lexico.com/es /definicion/felicidad

Perls, F. (1994) El enfoque Gestáltico. Cuatro vientos Editorial

Shinyashiki, R. (1993). La caricia esencial. Una psicología del afecto. Colombia: Editorial Norma

Sra. J. B. Livingston. (1972).  Amate a ti mismo. USA: Ed. Western Christian Foundation, inc.

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA







viernes, 14 de agosto de 2015

AUTOESTIMA: El resultado de amarme a mí mismo

AUTOESTIMA: El resultado de amarme a mí mismo

Por: José Rafael Olivieri Delgado (agosto 2015)

 

“…somos el resultado de nuestras propias decisiones; somos lo que elegimos ser. Nuestras elecciones son determinadas por lo que pensamos acerca de nosotros mismos y de nuestras capacidades. Por lo tanto, somos el resultado de la evaluación que hayamos hecho sobre nosotros mismos” (Sra. Livingston, 1972, p. 13)

 

          Lo he presentado varias veces en el consultorio, para mí el secreto del proceso terapéutico es enseñarles a los pacientes a ‘amarse a sí mismos’. Pero no vayan a creer que me la ‘estoy comiendo’ cuando lo afirmo. Dios fue el primero que lo propuso, yo no hago más que repetirlo. Y no solamente fue que lo dijo, sino que también lo presenta como un mandamiento en el cual nos ordena que nos amemos a nosotros mismos.

Será tan importante para Dios que nos amemos, que hasta donde yo sé, es uno de los versículos que más veces se repite en toda la Biblia. Lo hace nueve (9) veces, creo que muy pocos se repiten tantas veces, ‘amarnos’ aparece en: Levíticos 19:18 y 19:34; Mateo 19:19 y 22:39; Marcos 12:31; Lucas 10:27; Romanos 13:9; Gálatas 5:14 y finalmente en Santiago 2:8. La esencia de cada uno de estos versículos es: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (NTV). Interesante y básico a la vez: ¡para amar al otro, tengo que empezar por amarme a mí mismo primero! La máxima que acompaña esto es igual de simple: ‘no puedo darle al otro lo que no tengo, no puedo enseñar al otro lo que no sé’.

Sobre esa base, para mí, la esencia de una autoestima (POSITIVA) empieza y es el resultado de amarme a mí mismo. De allí el título del presente texto, y como abre boca de este, debemos empezar por entender que la autoestima es una experiencia compleja, dinámica y entretejida en nuestra mente inconsciente. Ella se interrelaciona profundamente con todo nuestro sistema de creencias, así como con los sentimientos que hemos evaluado y aceptado en relación con nosotros mismos y con todo lo externo.

La autoestima nos condiciona positiva o negativamente en las decisiones y acciones que actuamos frente a nuestro mundo interior y exterior. Muy especialmente en lo referente a nuestras relaciones con las otras personas, al igual que influye directamente en aquellos sueños, proyectos, metas que nos proponemos alcanzar, afectando así todo lo que hacemos en nuestra vida. Al respecto Congost (2015) nos dice: “… la opinión que tendremos sobre nosotros mismos dependerá de lo capaces y valiosos que nos sintamos en nuestra vida. En función de cómo se vea y se sienta una persona consigo misma en cada momento, se va a relacionar con los demás y con los acontecimientos de una manera u otra.” (p. 28).

         Bien, ya saben de dónde salió parte del contenido de lo que voy a desarrollar. Por su parte, desde el punto de vista psicológico, la autoestima es un proceso valorativo bastante complejo que cada individuo hace de sí mismo (a lo largo de su vida). Requiere de un adecuado desarrollo de muchas de nuestras capacidades mentales y emocionales. Empezando por establecer la diferencia fundamental entre mi YO y los OTROS.

Como la mayoría sabe, adquirir la consciencia de quién soy Yo es un proceso fundamental en mi etapa infantil, pero que no es estático, sino que dura toda la vida y tiene sus subidas y sus bajadas. De hecho, el niño no nace con autoestima, la misma se forma en la interrelación y en la evaluación ‘con/de/por/para’ sus figuras parentales, estos otros, quienes quieran que sean (reales o no, buenos o no) son vitales en el proceso de definición de esta.

Por ejemplo, cuando las figuras parentales son potenciadoras del afecto, del cariño, cuando valoran las cualidades del niño, lo apoyan y protegen cuando algo le sale mal, cuando le dan la posibilidad de sentirse bien consigo mismo, cuando lo educan en principios y valores adecuados, y particularmente le dan el reconocimiento correspondiente por todo lo que hace y por todo lo que es, invitarán al niño a construir una autoestima positiva, en caso contrario, estaremos invitando al niño a su posible autodestrucción (producto de una autoestima baja). Como ejemplo revisa cómo te trataban tus figuras parentales y tendrás una idea de si debes o no estudiar este texto.

De igual manera, sabemos que la autoestima puede variar a lo largo de nuestra vida, en función de las circunstancias que nos rodean y de cómo nos vamos evaluando en cada una de nuestras experiencias emocionales. Por ejemplo, si tienes experiencias positivas de lograr y tener éxito en tus metas, tu autoestima aumenta, si por el contrario los resultados son negativos, entonces disminuye. Por supuesto, este tema lleva desarrollándose desde que el Ser Humano se preguntó: ¿Cuán importante soy? Es decir: ¡nada nuevo!

Hay miles y miles de libros y artículos acerca de este tema; Unos de la mano de ‘gigantes’ de la Psicología y la Psicoterapia, y otros de estudiantes del tercer año (se encuentran muchos artículos interesantes en la web, pero sin referencias). Por supuesto, como en la mayoría de mis textos no pretendo presentarme como el experto, sino muy por el contrario, dar mi visión personal del tema, invitando a mis lectores a que les pique el ‘gusanito’ de la curiosidad, de tal forma que puedan motivarse a investigar y ampliar más su conocimiento. Porque yo solamente pretendo aportar un ‘granito de arena’ de lo que es la inmensidad del proceso mental y emocional del Ser Humano. Por eso, antes de desarrollar el tema, permíteme responder a la pregunta: ¿Qué es la Autoestima?

Para Acosta y Hernández (2004) “La autoestima es un sentimiento valorativo de nuestro ser, de quiénes somos nosotros, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad. Esta se aprende, cambia y se puede mejorar. Está relacionada con el desarrollo integral de la personalidad en los niveles: ideológico, psicológico, social y económico.” (p. 82). En lo particular para mí es: aprender a amarnos, valorarnos, respetarnos, cuidarnos y muchas otras cosas positivas más, en primer lugar, conmigo mismo y luego para con los demás. La misma incluye todo lo que pienso y siento acerca de mí mismo, así como todo lo que hago en mi vida y en mis relaciones con los otros.

Por su parte, dice Congost (2015) “… es una experiencia subjetiva que nos condiciona a la hora de enfrentarnos a nuestro entorno. Y lo hace porque interfiere directamente en nuestra relación con las demás personas y con aquellos retos u objetivos que nos vayamos marcando” (p. 26). La autoestima se desarrolla con las experiencias propias y las aprobaciones o rechazos de los demás. Especialmente y de manera indeleble, de las valoraciones (adecuadas o no) que mis figuras parentales me hicieron sentir de mí mismo. Es la esencia de nuestra manera de percibirnos y valorarnos, como así también moldea nuestras vidas, porque la autoestima me dice cómo debo vivir mi vida en función de mi propia autovaloración. Determina si seré un triunfador o un fracasado en alguno o en todos los roles de mi vida.

Es esto y muchísimo más, altamente compleja y central en los procesos de decisión de mi vida. Además, la autoestima incluye tres elementos fundamentales como son: mi autoconcepto (qué creo de mí), mi autoimagen (cómo me veo a mí físicamente) y mi autovaloración (cómo me valoro a mí). Por eso para mí: es mi capacidad de amarme a mí mismo sanamente y de actuarlo en mi vida continuamente.

Cuando nuestra autoestima es positiva nos sentimos con posibilidades de lograr lo que queremos, de asumir nuevos retos, vivimos mejor y más felices, disfrutamos más de nuestras relaciones, confiamos en nosotros mismos. Sin embargo, cuando es negativa nos bloqueamos, nos paralizamos, la inseguridad y los miedos se crecen, no nos arriesgamos y todo parece más difícil e imposible. Cierro el concepto con un fragmento, muy acorde con mi tema, de un poema atribuido a Kim Alison McMillen: “cuando me amé de verdad, comprendí que, en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima” (s/r).

Por otra parte, uno de los problemas centrales atribuidos a la definición de la autoestima, es que no sabemos valorarnos a nosotros mismos, o de igual manera, a que somos muy negativos con nuestras propias valoraciones. Por lo general, utilizamos para ello el modelo que aprendimos de nuestras figuras parentales. Independientemente del potencial que podamos tener, y en la medida en que nuestra vida se empieza a llenar de dificultades y maltratos, aprendemos a dejar de creer en nosotros mismos.

Nuestros pensamientos de descalificación se hacen repetitivos y terminamos formando nuestras creencias limitantes y nos desvalorizamos, con las cuales nos convencemos de que no merecemos, no podemos, no somos capaces ni de hacer ni de conseguir nada bueno. Terminamos despreciándonos y autodestruyéndonos a nosotros mismos, de una manera muy injusta. ¿Por qué sucede esto? Entre otras varias razones porque lamentablemente, la mayoría de las figuras parentales tienen el dañino hábito de hacerles comentarios descalificadores a sus hijos. Acostumbran a comunicarse con los niños a través de amenazas, críticas, insultos y particularmente con las destructivas comparaciones con otros.

Cuando te comparaban con el otro casi siempre era para mostrarte algo malo de ti, eso te daba mucha rabia, pero como no podías (ni sabías) descargar tu rabia con el otro, la terminabas descargando en ti mismo, autodestruyéndote. En general los padres piensan que estas comparaciones estimularán a sus hijos a mejorar, cuando en realidad, lo que hacen es destruirles su autoestima. ¿Quién dijo que los niños entienden la psicología paradójica o inversa? La realidad es, que la mayoría de los niños reciben los comentarios de sus figuras parentales, como verdades absolutas. Las mismas son asimiladas por el niño sin cuestionamiento alguno, porque sencillamente, si mi papá o mi mamá lo dicen, tiene que ser verdad, porque ellos son los que (supuestamente) más me aman.

Cada vez que una figura parental le dice a un niño ‘eres un bruto’, ‘no sirves para nada’, ‘no haces más que desastres’ o cualquiera de esas frases negativas, que la mayoría de todos nosotros recordamos frecuentemente, lo único que aumenta es: la baja autoestima y la valoración negativa que el niño hace de sí mismo, porque la figura de autoridad (la figura de amor) así lo valora. En consecuencia, en la mayoría de los casos, el niño actuará según lo valoraron a lo largo de su propia vida.

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Referencias:

 

Acosta, R. y Hernández, J. (2004). LA AUTOESTIMA EN LA EDUCACIÓN.

REVISTA LÍMITE N° 11, 2004 p. 82-95 Recuperado agosto 2015: https://dialnet.unirioja.es

Congost, S. (2015). Autoestima automática: cree en ti y alcanza tus metas, Ed. Planeta.

Corporación PBA. (s/f). Cartilla de Autoestima. Recuperado agosto 2015 de:

http://www.corporacionpba.org/irp/herramientas/Etapa_I/eppr-fase-I-crecimiento_personal/paso1/Cartilla_Autoestima.pdf

Sra. J. B. Livingston. (1972). Amate a ti mismo. Ed. Western Christian Foundation, inc. USA

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA

 

 


 

 

 

 

 

 

lunes, 9 de marzo de 2015

RECETA DE COCINA EMOCIONAL: Para Ser Felices


RECETA DE COCINA EMOCIONAL: Para Ser Felices

Por: José Rafael Olivieri Delgado (marzo 2015)

 

“El amor es la mejor música en la partitura de la vida.

Sin él serás un eterno desafinado en el inmenso coro de la humanidad."
(Roque Schneider)

 

           Yo creo que es justo que empiece explicándoles de dónde sale este título de la ‘Receta de Cocina Emocional’, ya que a mí me suena a libro de autoayuda. Lo cierto es que muy frecuentemente cuando los pacientes se inician en su proceso de terapia (en lo cual me incluyo a mí también). Bien sea que se trate de las consultas, los talleres, la Bioenergética o cualquiera otra de las técnicas que utilizamos en el proceso psicoterapéutico. Llega un momento en el cual, casi inevitablemente, el paciente nos hace una pregunta clave: ¿CÓMO SE HACE ESO?

Ciertamente la respuesta no es nada sencilla, pues la misma está inmersa en el proceso, el tiempo y el conjunto de actividades que ha de desarrollar, durante el proceso de su terapia emocional, entonces, para no entrar en una extensa explicación de cómo se hace, usualmente le decimos al paciente: - “Estás buscando una Receta de Cocina”. Decimos esto porque es muy común, cuando pruebas una comida que te gusta mucho, lo primero que haces es preguntar por la receta de esta (¿Cómo lo haces?).

Esa es la razón de la primera parte del título. La segunda es más sencilla ahora somos nosotros los que les preguntamos a Ustedes (los pacientes) ¿Qué quieres para tu vida (en este proceso)? Aunque no todos lo responden de primero, es casi seguro que todos dicen en algún momento: - “QUIERO SER FELIZ”.

Allí lo tienen: “Una receta de cocina emocional para ser felices”. Debido a la dinámica de los talleres o de la Bioenergética, en los cuales tenemos más tiempo durante las charlas, les he dado a los pacientes, alguna que otra vez, la tan deseada receta. Ahora la intención en este texto es compartirla con todos.

Lo importante de dicha receta (al no estar patentada), es que a veces cambio algún ingrediente, añado otro, pongo más énfasis en uno o en otro. Creo que los Chefs hablan de experimentar para cambiar los sabores. Básicamente hacemos lo mismo en lo terapéutico, al ser un proceso tan particular y con tantas variantes, cada uno de Ustedes tiene la posibilidad y la capacidad de ajustar sus propios ingredientes, hasta completar la receta y lograr su objetivo: Ser feliz.

      Voy a iniciar dándoles una visión rápida de esta receta (y en este caso más o menos fija), luego les detallaré cada ‘ingrediente’ más específicamente. Pero lo primero que deben comprender de esta receta (y de una gran parte de los platos que preparan en su cocina), es que estamos hablando en la mayoría de los casos, de un PROCESO que requiere de TIEMPO. Es decir, esta es una receta de ‘Cocinar Lentamente’, aquí no se puede aplicar el ‘microondas’.

Según tengo entendido, el horno es para cocinar y darle sabor, mientras que el ‘micro’ sirve solamente para calentar. Por eso para un buen proceso terapéutico, con profundidad y permanencia, es necesario bajarse de la nube ‘mágica’ de lo rápido e indoloro (eso de bueno, bonito y barato, aparte de no se consigue casi nunca, en la terapia usualmente no es factible).

Yo sé que a muchos les encanta y vienen buscando la solución tipo microondas, pero para el cambio emocional real no hay ‘pastillas’ ni soluciones ‘mágicas’. La realidad en una inmensa mayoría de los casos es que no se consigue simplemente porque ‘quiero’ (aunque no dejemos de repetir “querer es poder”, que a veces funciona y otras no), realmente, en este tipo de proceso emocional, hay que trabajar en tu cambio y hay que dedicarle tiempo: ¡TU TIEMPO!

De hecho, podríamos afirmar a ciencia cierta que cada paso individual de la preparación de esta receta requiere de por sí, su propio tiempo, su dedicación especial y particular. Si tú quieres que tu vida agarre ‘sabor’, el elemento ‘secreto’ que le dará tu propia sazón será tu PACIENCIA.

Esa es a su vez la razón frecuente de por qué muchos de los pacientes, lamentablemente, no llegan nunca a completar su propio proceso terapéutico. Una muy buena cantidad de ellos están esperando una solución tipo microondas, no están dispuestos a realizar el trabajo necesario para lograrlo y definitivamente, si quieres triunfar, debes trabajar hasta lograrlo, aquí se debería aplicar la máxima de: ‘la opción es no rendirse hasta lograrlo’.

A decir verdad (ya lo he comentado anteriormente), el tiempo se convierte en el primero de los tres principales elementos saboteadores del proceso psicoterapéutico, los otros dos son el esfuerzo (dolor) y por supuesto el costo (económico) del proceso. Lowen (1977) señala a este respecto: “El concepto de la terapia como un proceso sin fin da pie a una pregunta práctica y lógica: ¿Durante cuánto tiempo tendré que venir a verlo a usted? A lo que contesto también prácticamente: Estará usted sometido a tratamiento mientras crea que merece el tiempo, el esfuerzo y el dinero que le está costando” (p. 103).

Ciertamente y no me cabe la menor duda, que es totalmente válido en la inmensa mayoría de los pacientes que acuden a la terapia, el hecho de tener en su mente la intención genuina de: “Yo quiero cambiar mi situación”, pero no deja de ser igualmente real que esto no se logra en una buena cantidad de ellos. La gran verdad emocional es que soy yo, mi propio y peor enemigo de mí mismo en este proceso. Por ahora me interesa concentrarme en la receta.

            Usualmente (grosso modo) todo comienza con una serie de circunstancias que crean INQUIETUDES EMOCIONALES (malestar, angustia, ansiedad…), en el día a día de tu vida. Por lo general, lo que constante y frecuentemente se ve afectado son mayormente las relaciones interpersonales (Pareja, Amigos, Familia, Trabajo…). Claro, y por supuesto, las situaciones personales individuales contigo mismo(a) (miedos, culpas, autoestima, fracasos…).

Indudablemente, aunque la mayoría refiere que se sienten ‘mal’, de lo que continuamente estamos hablando es de las EMOCIONES (en su contexto negativo). Sienten emociones primarias como: rabia, tristeza, miedo, soledad, o cualquiera de las emociones derivadas de estas, tales como: ira, agresión, rechazo, celos, culpa, angustia, depresión, desánimo, fobias, pánico, entre muchas otras. Lo cierto es que, a pesar de sus muchos intentos por solucionar estas situaciones, concluyen que no lo pueden resolver por sí solos.

Afortunadamente, una buena parte de ellos llegan a la conclusión, en su pensamiento, de su necesidad de buscar apoyo externo para resolverlo. Allí toman la primera DECISIÓN (de una serie de ellas): ¡voy a buscar ayuda terapéutica! (por supuesto, me refiero a aquellos que no van donde el amigo, los padres, el ‘brujo’ … Aunque muchos, después de esto, llegan a la misma conclusión de ir a la terapia).

Bien, según el proceso de búsqueda, piden su cita… van el día y la hora acordada y en el ‘proceso de apoyo’ entre otras cosas, reciben INFORMACIÓN. Con esa información COMPARAN su vida y sus circunstancias: Ven lo que realmente les está sucediendo y lo confrontan contra lo que les gustaría que fuera, lo que tienen lo comparan contra lo que les gustaría tener o lo que les falta.

Como resultado de esa comparación SE DAN CUENTA de su situación, y allí viene otra decisión: ¡QUIERO CAMBIAR! Lo interesante de la decisión de cambiar es que hay que añadirle dos de los ingredientes más importantes de tu receta: COMPROMISO y RESPONSABILIDAD (la pregunta importante: ¿Con quién?).

En el transcurrir del proceso de apoyo voy aprendiendo a: AMARME A MÍ MISMO(A), lo cual, en mi criterio, es la clave de toda la experiencia terapéutica. Cuando llega el momento en el cual ese amor se consolida en mi vida: entonces decido por amor a mí: PERDONAR y una vez libre de mis cargas puedo empezar a disfrutar de mi felicidad. Sencillo, ¿verdad? Pues ¡NO!

¿Cuándo ha sido algo bueno, fácil de conseguir? La realidad es que no es un proceso sencillo, sino por el contrario: largo y difícil (de allí el fracaso de muchos). Sin embargo ¡NO ES IMPOSIBLE!, Dios ha puesto en ti y en tu diseño todo el potencial para lograrlo, pero es necesario que TÚ quieras y que TÚ te esfuerces.

Como dice en el libro de Josué 1:9 “Mi mandato es: ‘¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas’.” (NTV). ¡Cuanto más has de hacerlo, en el proceso de mejorar tu propia vida!

    Visto el proceso en general, podemos empezar a detallar los diferentes ingredientes y el contenido de esta Receta Emocional (cantidades, secuencia, tiempo…): Básicamente en cualquiera de los textos que he escrito, he comentado acerca de los conflictos emocionales que nos atormentan a todos y de sus consecuencias en nuestras decisiones y vida en particular.

Como lo indiqué, la mayoría de estos conflictos se van a reflejar principalmente, en nuestras relaciones interpersonales. El Ser Humano es un ente social y en prácticamente todas sus actividades, está en constante interacción emocional con su entorno (otros iguales a él, con sus propios conflictos personales). Es por ello por lo que al seguir tu propia ‘programación emocional’, en la interrelación con los otros, surgen ‘situaciones’ que modifican tus emociones, a veces buenas, pero a veces no tan buenas.

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Referencias:

Hormachea, D. (1994).  Para matrimonios con amor.  Aprendiendo a vivir con nuestras diferencias. Miami, Usa: Editorial Unilit.

Lowen, A. (1977). Bioenergética. México. Editorial Diana.

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA


 


viernes, 28 de noviembre de 2014

¿NOS CASAMOS?, ¿Vivimos con mis padres? (para fracasar)

¿NOS CASAMOS?, ¿Vivimos con mis padres? (para fracasar)

Por: José Rafael Olivieri Delgado (noviembre 2014)

 

“Para recuperar estímulos, las madres y los padres a veces interfieren y desorganizan el matrimonio de los hijos. Hacen esto porque tienen miedo de perder la fuente de estímulos que son los hijos” (Shinyashiki, 1993, p. 15)

 

         Cada vez es más frecuente que las parejas que se quieren unir ‘a largo plazo’, establezcan como decisión la de vivir juntos sin ‘las complicaciones del matrimonio’, en lo que hemos llamado ‘unión libre o unión de hecho’ (anteriormente concubinato). Incluso, no solamente se aprecia esto en las parejas jóvenes, sino que también se ha vuelto cotidiano en aquellas parejas que ya han vivido anteriormente una relación marital (independientemente de su clase), y aunque no han logrado permanecer en la misma, desean establecer una nueva relación. Las razones para establecer estas uniones libres son muy variadas, pero aquí no voy a entrar en los detalles de ellas (aunque como ya saben, los conflictos emocionales son la base de ello, igual que la prohibición de pareja).

La intención básica del vínculo de pareja en esta nueva cotidianidad es lograr la unión al margen del contrato matrimonial, y muy especialmente, sin ningún tipo de ataduras ni legales ni económicas, para cuando llegue el momento de fracasar. Lo que me interesa resaltar aquí en este instante, es que estas parejas por razones emocionales (en su mayoría inconscientes), no tienen ningún interés real en establecer el compromiso y la responsabilidad que representa una relación matrimonial formal de largo plazo.

Lamentablemente, es todo lo contrario, el pensamiento (inconsciente de ambos) es que al primer problema ‘lo dejamos hasta aquí y cada uno por su lado’. Dicha ruptura de esta relación por lo general representa en algunos casos, el tener que regresarse a la casa de sus padres (aunque esto depende del modelo cultural y de los conflictos emocionales presentes).

A pesar de esta realidad (cada vez más en aumento) de la destrucción del vínculo matrimonial (y de estas relaciones de parejas actuales). No sería justo si no reconociera que existen varias parejas que llevan una vida en concubinato, mejor y más duradera que la de muchos matrimonios formales, con hijos y con todos los aspectos del matrimonio tradicional, sin el respectivo contrato legal. No obstante, y en mi criterio, considero que es casi seguro, particularmente en el caso de las mujeres que, si les preguntas, muy cerca del 100% te responderían que quisieran estar casadas formalmente (es un sueño infantil muy profundo en la mayoría de ellas, relacionado con los cuentos de las princesas).

Igualmente, en mi opinión, lo cierto es que el famoso cuestionamiento que existe tan frecuentemente, con respecto al matrimonio como ‘institución obsoleta y pasada de moda’, no es otra cosa sino realmente una gigantesca ‘Prohibición de Pareja’ en ambos miembros de la relación. La cual, aunque no deja de ser inconsciente, se esconde tras la pasión del uno por el otro y se encarga de disimular y ocultar lo que está a la vista: el futuro de ruptura de dicha relación.

Por mi parte, yo comparto la opinión en la cual el matrimonio realmente fue concebido por Dios para toda la vida, como protección del Hombre, de la Mujer y de sus hijos, tal como señala Génesis 2:24 al decir: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (RVR 60). Y Mateo 19:6 complementando esto añade: “Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.” (NVI). Esto por supuesto levanta ‘ronchas’, dado que las tasas de destrucción de parejas aumentan cada día más (en cualquiera de sus formas).

            Anteriormente lo he mencionado en varias oportunidades, una ‘Prohibición de Pareja’ no necesariamente significa que no voy a tener pareja, incluso, la persona se puede casar (o ‘juntar’) hasta varias veces si quiere. Solamente en los casos más extremos y conflictivos, la ‘prohibición’ significa realmente el no tener pareja en absoluto (en muchos casos esta persona sí tiene sexo, y con varios, pero no una pareja). En realidad, lo frecuente es que la ‘prohibición’ lo que determina es que: esa persona nunca va a permanecer ni a disfrutar de una relación duradera con una misma pareja, sino que, por el contrario, terminará toda relación que establezca, por infinitos motivos (para ella justificados), pero la terminará.

De hecho, es casi seguro que terminará su vida solo(a). Entiendan, en líneas generales nadie quiere esto para su vida, pero la programación emocional inconsciente, los va a obligar a actuar y a concretar tan trágico final, a menos que por supuesto, realmente logren un cambio emocional de estos mandatos y prohibiciones.

De igual manera para mi criterio, la mayor falla de nosotros es nuestra falta de conocimiento en muchos temas, particularmente en lo emocional y lo espiritual, por eso pienso que es probable que estas personas nunca hayan leído la exhortación del versículo de Proverbios 5:18 que dice: “Que tu esposa sea una fuente de bendición para ti. Alégrate con la esposa de tu juventud” (NTV). En mi limitada interpretación de este, por si no lo comprenden, lo que este texto quiere decirles a ambos es: ‘cásate en tu juventud y vive en bendición y alegría con la misma persona por el resto de tu vida’ (digamos que este es el plan original de Dios para todo Ser Humano).

Esta falta de conocimiento de la cual hablo, también se refiere a todos los aprendizajes emocionales no adecuados o distorsionados que recibimos de nuestras figuras parentales, y de todo nuestro medio externo en general, mayormente durante nuestra etapa infantil de formación (nuestros “argumentos, guiones, mandatos, atribuciones” y prohibiciones como tales, de las cuales habla Berne (1974), lo cual constituye en líneas generales nuestro mundo de conflictos emocionales).

Entendamos también que la ‘prohibición de pareja’ no es un conflicto de uno solo de los cónyuges, sino muy por el contrario, está presente y pertenece a ambos (50% y 50%). Ambos la actúan por igual para llevarla a cabo, tiene que ser así, porque de lo contrario no se unirían para posteriormente destruir dicha relación. En mi criterio, la unión de las parejas se lleva a cabo desde el mundo inconsciente, en él están establecidos los parámetros de selección, unión y destrucción del vínculo de pareja. Ambos integrantes de la pareja han de compartir y complementarse en los mismos elementos del conflicto para que pueda darse la relación, en caso contrario no se daría tal relación. De hecho, cada uno tiene su propio ‘sistema’ de conflictos emocionales, los cuales se unen en esos puntos comunes.

Por otra parte, en lo emocional existen muchísimas formas diferentes (gestos, conductas, modelos, palabras, manipulaciones, …) y miles de situaciones particulares, para poder invitar a un hijo a que tome tal decisión de prohibición, así como su conflictividad en general. Lo importante de recordar, es que la clave de esta decisión es y será siempre, responsabilidad de cada persona, no de sus padres. Por lo tanto, el cambio de tal prohibición pertenece a ti mismo(a), no a tus padres, lo que ellos hayan hecho ya pertenece al pasado y a los conflictos de ellos. Esta excusa de culparlos a ellos ya no te sirve, es solamente un pretexto tuyo para continuar con tu prohibición y tus conflictos, así como no involucrarte y trabajar en tus cambios emocionales.

Indudablemente, debido a la gigantesca cantidad de conflictos emocionales que la gran mayoría de las personas tienen actualmente. Además de una presión desbordada de casi todos los medios sociales externos, en contra del matrimonio y de las relaciones a largo plazo, lo cual se traduce en que una relación matrimonial duradera, es cada día más imposible de lograr. De hecho, hoy en día las relaciones de este tipo tienden a durar cada día menos. Eso de ver parejas de 50 años juntos se ha ido extinguiendo paulatinamente, ha ido disminuyendo lentamente: 40, … 30, … 20, … 10, … 5, el promedio actual ronda los 10 años, pero pocas parejas lo logran.

Ahora bien, uno de estos modelos ‘prohibidores’ de pareja, es precisamente el que corresponde a este texto. Aunque ya lo indiqué como una realidad, gran cantidad de parejas prefieren la opción de ‘juntarse’, pero vamos a permitirnos fantasear un poco, e imaginemos la siguiente escena: Él lleva a Ella a un lugar romántico, … unas copas de vino, … una cena espectacular, … música suave, … y de postre, … Él le pregunta a Ella: ¿Te gustaría casarte conmigo? A lo que ella muy emociona y superfeliz, le contesta que ‘SI’. Bien, tenemos una pareja comprometida para casarse. Empiezan los preparativos… la Iglesia, … el salón de fiesta, … padrinos, … invitados, … el lugar de la luna de miel, … y en algún momento se hacen la pregunta crucial: ¿Dónde vamos a vivir?

        Permíteme poner en contexto la respuesta a esta pregunta clave de la gran mayoría de las parejas, las cuales desean consolidar una relación permanente viviendo juntos (matrimonio o no). Empecemos por una primera aproximación usando el refrán popular “El casado casa quiere”, pues es el ideal y es ¡lo que debería ser! Esa será la primera opción que van a evaluar, buscar ‘su propio lugar’.

Pero pronto van a aparecer una serie de argumentos y justificaciones, todos aparentemente lógicos y muy de acuerdo con las circunstancias de la realidad, las cuales van a terminar descartando esta opción de vivir independientes en su propia casa. Indudablemente, nadie está pensando y mucho menos dándose cuenta, que los argumentos inconscientes (de ambos), son los que se van a encargar de anular tanto esta opción de la vivienda propia, como la siguiente de alquilar. 

Desconozco en el resto del mundo (aunque imagino que habrá criterios comunes), pero en Venezuela dada la situación política y económica … alta hiperinflación … sueldos bajos … costos de vivienda por las nubes … además del miedo de la mayoría de los propietarios de alquilar sus propiedades (anexo, apartamento (piso)), no sea que no pueda sacar al inquilino, que lo invadan o simplemente se lo destruyan … En dicho país la Ley protege al inquilino, no al dueño … algo parecido a los ‘okupas’ en España y a unas leyes de Francia.

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Referencias:

Berne, E. (1974) ¿Qué dice usted después de decir hola? España. Grijalbo

Shinyashiki, R. (1993). La caricia esencial. Una psicología del afecto. Colombia: Editorial Norma

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA

 

viernes, 29 de agosto de 2014

EL PATITO FEO: ¿Es una realidad que son hijos destinados a fracasar?

EL PATITO FEO: ¿Es una realidad que son hijos destinados a fracasar?

Por: José Rafael Olivieri Delgado (agosto 2014)

 

“El pobre patito no sabía dónde meterse. Sentíase terriblemente abatido, por ser tan feo y porque todo el mundo se burlaba de él en el corral.” Hans Christian Andersen (1843)

 

          Sin duda alguna el reto más grande que tiene todo paciente en su proceso terapéutico es el de tomar su decisión de cambiar emocionalmente y en especial, de llevar a la práctica dicho cambio haciéndolo realidad. La gran mayoría de ellos vienen al consultorio con esa idea, más aún, anhelan ese cambio muchas veces desesperadamente, pues su forma de vivir, sus circunstancias de cada día e incluso las consecuencias de estas, así se lo hacen sentir. Usualmente dicha necesidad de cambio ocurre cuando sienten que han llegado a la comprensión y al hecho de aceptar, que realmente existe ‘algo malo’ en sus vidas, en sus relaciones interpersonales y en sí mismos. De igual manera, ocurre frecuentemente que a pesar de haberlo intentado y de quererlo, no han podido resolverlo por sí solos, llegando a entender y reconocer que necesitan ayuda para ello.

Sin embargo, una realidad a la cual nos enfrentamos en este escenario del consultorio es que de todos los posibles cambios que podemos lograr, el cambio psicológico (el cambio emocional) es el más difícil de conseguir, pero ¡No es imposible! Cambiar es una realidad palpable de la capacidad humana, y del poder emocional contenido en el diseño de Dios para la mente humana.

Lo que suele suceder frecuentemente, es que este cambio exige una cuota de sacrificio a veces muy alta. En la gran mayoría de los casos, ‘parece’ imposible para muchos de los pacientes, ya que el ‘costo de la inversión’ en tiempo, esfuerzo, dolor y dinero les parece un costo muy alto, comparado con su sufrimiento, y a veces sienten que está más allá de sus posibilidades para alcanzarlo.

Sin llegar a ser dramáticos, en dicha decisión de cambiar o no, se juegan su propia vida y su felicidad con base en esa percepción, a veces inadecuada, de lo posible y lo imposible de lograr dicho proceso. Ello me recuerda la afirmación de Mateo 22:14 que dice: “Pues muchos son los llamados, pero pocos los elegidos” (NTV). Todos tenemos el potencial, todos podemos cambiar, todos podemos decidir triunfar, pero tenemos que hacernos dueños de esta realidad, tenemos que poner más que nuestro simple deseo de quererlo y tenemos que esforzarnos para lograrlo en nuestro propio tiempo. Tenemos que asumir el costo y el pago de ello.

De igual manera, es obligatorio y necesario consolidar un compromiso y una responsabilidad absoluta conmigo mismo para lograrlo, no es el otro, soy YO. Porque es una verdad absoluta que hasta el “Patito Feo”, se puede transformar en el más hermoso cisne del estanque. ¡El reto es que tú lo logres!

            Los cuentos infantiles de Andersen son conocidos mundialmente, uno de ellos es precisamente el del “Patito Feo” (1843), y en el texto de este me apoyo para escribir esta reflexión. Ahora bien, ¿Cuál es el primer punto por entender del cuento de Andersen?, pues simple: ¿Quién es el Patito Feo? A ciencia cierta el “Patito Feo” representa los sentimientos negativos de autovaloración de una inmensa mayoría de los niños de nuestro planeta entero (así como de una inmensa mayoría de adultos en la actualidad).

Ciertamente, una de las primeras condiciones del hecho de ser niño, es la sensación de dependencia obligatoria de sus ‘Figuras Parentales’ (de las cuales los más importantes son Papá y Mamá). Este criterio de dependencia no se refiere únicamente a lo material (casa, alimento, ropa, educación, juguetes…) sino a lo más importante de todo: a una dependencia afectiva y emocional (una relación de amor verdadero diría José Rafael).

Dicha dependencia obliga a que la autovaloración del niño (su autoestima, autoconcepto y autoimagen), esté dirigida y controlada por sus figuras parentales, con base en la calidad del ‘amor’ que le dan a dicho niño. Ellos son quienes le dicen al niño quién es, qué debe sentir, cómo debe pensar, qué debe expresar y fundamentalmente, si es aprobado o rechazado por ellos. En la gran mayoría de los casos, el niño lo acepta tal y como se lo dan (sea bueno o malo), sin cuestionamientos. Ello es debido a la inmensa necesidad de sentirse amado por sus figuras parentales (si siento que me aman tengo permiso para vivir, si siento que no me aman, tengo una invitación a morirme ‘física o emocionalmente’).

Tal y como está confirmado por muchísimos autores, el niño va a realizar una decisión y una definición emocional de: quién es, qué puede lograr, a dónde puede llegar y en esencia, según lo que él siente, va a definir toda su vida en función del resultado que obtiene de la valoración que le dan sus figuras parentales. En lenguaje más sencillo: va a definir su propia vida según se sienta o no amado por sus figuras parentales (si me aman: tengo permiso para triunfar, si NO me aman: tengo un mandato para fracasar). Pero ojo, una cosa muy distinta es lo que las figuras parentales ‘creen que dan’ y otra es la que el niño ‘siente que recibe’ de los mismos, ¡esa es la clave de la ecuación! Y en la gran mayoría de las veces la una y la otra son muy diferentes, y por lo general opuestas.

            Desde la perspectiva de las figuras parentales, pues no hay ni uno que no lo diga (hablo de personas ‘estables’), todos los padres afirman sin duda alguna que ‘sienten mucho amor’ y que ‘quieren lo mejor’ para sus hijos (incluso los asesinos en serie los dicen). Pero la realidad práctica de la vida es muy diferente, dado que el trato que le dan a sus hijos, por lo general está muy lejos de los parámetros de lo que es el amor sano. Imagino que de allí viene la expresión popular “amores que matan”. Lo cierto es que todos los seres humanos tenemos un lado bueno y otro ‘no tan bueno’. Como nos narra Marcos 10:18 “¿Por qué me llamas bueno? - Preguntó Jesús -. Sólo Dios es verdaderamente bueno” (NTV). El problema está en que el balance mental y emocional del “Patito Feo”, siempre termina del lado ¡NO TAN BUENO!

La conclusión del “Patito Feo”, tanto en su Sistema de Creencias Emocionales como en su Sistema de Autoestima, es que él se siente ‘FEO’ ¡Obvio no! Estos dos sistemas son los más fundamentales y decisorios en el proceso de definir la personalidad de cada individuo. En la combinación de ambos sistemas están todas las potencialidades de triunfar o de fracasar en la vida. Los mensajes de las Creencias y de la Autoestima puede permitir a una persona llegar a las estrellas o hundirse en las profundidades del fracaso. Ambos sistemas contienen a la vez todos los permisos para triunfar como todas las prohibiciones para no lograrlo, todas las capacidades y a la vez todos los obstáculos para no poder alcanzar su realización personal, o para encerrarse en el rol del “Patito Feo”.

Un problema de ambos sistemas es que la inmensa mayoría de los mensajes que contienen, están grabados en el mundo mental inconsciente, del cual tenemos muy poca conciencia. Pero, emocionalmente hablando, ¿Qué es sentirse feo? Por ejemplo, Goethe afirmó: “Lo peor que puede ocurrirle al hombre es llegar a pensar mal de sí mismo” (s/r). Allí está en pocas palabras la respuesta, el “Patito Feo” se percibe, se siente, se piensa, se valora y se ama a sí mismo MAL.

Su autoimagen está destruida, todo con respecto a sí mismo está mal, y sus Creencias y conductas respaldan toda esta valoración emocional negativa. ¡Claro! Si su verdad es que “… el pobre patito que había salido el último del cascarón, y que tan feo les parecía a todos, no recibió más que picotazos, empujones y burlas, lo mismo de los patos que de las gallinas. - ¡Qué feo es! - decían.” Andersen (1843). ¿Cuántos de Ustedes no tienen esa misma sensación infantil? (y ¿Cuál tienes ahora en tu vida adulta?).

            Por otra parte, todo esto es en realidad un poco más profundo, pues hay varias clases de “Patito Feo”. Por ejemplo, en la teoría del Análisis Transaccional de Berne (1964), y otros autores como: Kertész (1980) y Harris (1969), presentan la existencia de tres modelos argumentales: Perdedor, No Perdedor y Ganador los cuales invitan al modelo de “Patito Feo”. Los dos primeros son los que más se ajustan a la descripción de nuestro personaje, sin embargo, los tres modelos son inadecuados (desafortunados), en el “Patito Feo Ganador” el mismo responde con rabia y agresión hacia los otros, con lo cual rechaza y es rechazado por los demás.

Estos modelos están estructurados en las decisiones infantiles que toma cada “Patito Feo”, con base en sus características emocionales particulares y especialmente, en función de las consecuencias de sus relaciones no adecuadas con sus figuras parentales (maltratos, agresión, descalificación, desamor, abandono…).

Son modelos “adaptados” para buscar la manera de cómo conseguir que esas figuras parentales me quieran, me acepten y me valoren adecuadamente. Aunque como está claro, dicha adaptación realmente no me permite recibir lo adecuado (es decir: lo bueno, lo sano), sino que termina siendo un mecanismo defensivo para poder sobrevivir con lo que me están dando mis figuras. Dichos modelos están basados en una decisión de supervivencia de ‘complacerlos a ellos’, para ser YO, lo que ellos ‘quieren que YO sea’, lo contrario sería aceptar una sentencia de muerte.

Por supuesto, ninguna figura parental va a aceptar esto, porque ‘yo amo y quiero lo mejor para mis hijos’. Como he dicho: una cosa muy distinta es lo que yo pienso, y otra es, lo que yo actúo, cuando hablamos de los conflictos emocionales y del mundo de los procesos inconscientes. En mi criterio, la realidad es que toda relación es 50% y 50%.

Los “Patito Feo” aparte de ser una autodecisión, son producto de las manipulaciones de las propias necesidades y expectativas de esas figuras parentales, en relación con lo que quieren y aspiran, desde sus propios conflictos emocionales, de y para cada uno de sus hijos. Diría el refrán popular “El niño que llora y la mamá que lo pellizca”. Ciertamente cada uno de esos “Patito Feo”, tiene sus propias características y su propia forma de adaptarse a su modelo de vida. Si existe algo que no pueden destruir las figuras parentales, por más que se esfuercen, es el hecho real en el cual cada uno de nosotros es único, incluso si decidimos entrar en el rol del “Patito Feo”.

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Referencias:

 

Berne, E. (1974) ¿Qué dice usted después de decir hola? España. Grijalbo

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA

WEB:http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/andersen/el_patito_feo.htm. Recuperado 26/08/2014





jueves, 31 de julio de 2014

EL DUELO: Proceso de adquirir para aprender a vivir sin lo perdido

EL DUELO: El proceso de adquirir para aprender a vivir sin lo perdido

Por: José Rafael Olivieri Delgado (julio 2014)

 

“Cada pérdida, por pequeña que sea, implica la necesidad de hacer una elaboración; 

no sólo las grandes pérdidas generan duelos sino que, 

repito,TODA pérdida lo implica” (Bucay, 2007, p. 4)

 

No es nuevo en mi práctica como Psicólogo, el comentar acerca de los diversos temas e inquietudes que mis pacientes tratan durante su terapia en el consultorio. A veces uno de los temas más repetitivos, es precisamente, la elaboración de un proceso de duelo, el cual deben vivir frente a sus diferentes pérdidas. El conversar acerca de este tópico no tiene la intención de venir a realizar un tratado sobre el duelo en este texto, por el contrario, me voy a limitar a resumir y a condensar no solamente lo aprendido con mis pacientes, sino también una pequeña porción de lo adquirido de los cientos de autores como Robert Neymeyer; Lelia Nomen; Anji Carmelo; Pedro Alcalá; Elisabeth Kübler-Ross; William Worden, entre otros, quienes ya han escrito ampliamente sobre el tema.

Uno de los más reciente que he revisado es la reimpresión del 2007 del libro: “El camino de las Lágrimas” de Jorge Bucay, del cual utilizo algunas referencias, y si les interesa profundizar en el tema, se los recomiendo ampliamente. Este autor enfatiza que frente a cualquier pérdida (material, emocional, sentimental, personal, física…), se requiere que elaboremos un proceso de duelo cuya finalidad es la de aprender a vivir sin lo que he perdido. Bucay (2007) nos dice: “cuando algo cambia, cuando el otro parte, cuando la situación se acaba, cuando ya no tengo aquello que tenía o creía que tenía o cuando me doy cuenta de que nunca tendré lo que esperaba tener algún día” (pp. 27-28). Todo esto implica una pérdida y requiere de un proceso de duelo necesario para poder soltar aquello que hemos perdido.

Quizás el mayor factor común donde coinciden todos los autores de este tema es aquel en el cual definen al duelo como una de las experiencias obligatorias de la vida de todos los seres humanos (cuidado si no es la que más se repite en la vida emocional de todos nosotros). De igual manera, es el proceso que surge como reacción normal ante cualquier pérdida, es una respuesta emocional tanto inconsciente por todas sus características innatas, como consciente por todos los elementos aprendidos (culturales, familiares, religiosos…) asociados al mismo

 De hecho, el duelo es la reacción psicológica necesaria para poder elaborar, aceptar y resolver todo el proceso físico y emocional, que implica perder algo de importancia para mí, y poder así, aprender a vivir sin lo que he perdido. Permíteme poner como ejemplo de lo anterior, el concepto que nos presenta acerca del duelo la WEB de Wikipedia, cuya definición es: “El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida. Aunque convencionalmente se ha enfocado la respuesta emocional de la pérdida, el duelo también tiene una dimensión física, cognitiva, filosófica y de la conducta que es vital en el comportamiento humano” (Recuperado 25 julio 2014).

En este sentido, debemos tener la plena seguridad que ¡el duelo es un hecho inevitable de la vida humana! Este abarca todas las dimensiones posibles de la persona (pensamiento, emoción, acción y lo espiritual). No importa si dicha pérdida implica desde la simplicidad de un objeto cualquiera (ej. Un bolígrafo), hasta las más graves pérdidas como la muerte de una persona amada (la pareja, un padre o un hijo…). De esta manera el duelo se convierte en el proceso que ha sido diseñado (psicológica, física y espiritualmente), para enfrentar cualquier pérdida que hayamos sufrido.

Entre los resultados del duelo tenemos: poder elaborar y aceptar dicha pérdida, superar el dolor y todas las etapas emocionales del mismo, así como fundamentalmente poder recuperar el interés por la vida. En pocas palabras: Aprender a vivir sin lo que he perdido, sin lo que ya no está, sin lo que ya no tenemos, lo cual, en una inmensa mayoría de casos, no podremos sustituirlo ni reponerlo con nada ni con nadie.

Ciertamente, otra de las grandes verdades de este proceso es que ¡no todos los duelos son iguales! Dependerá de cada persona y de su propia unicidad, de la realidad de su propio YO, de cómo piensa, siente y actúa frente a la pérdida, de su conjunto de valores, principios, actitudes y particularmente de su sistema de creencias emocionales. Dependerá de si se trata de una pérdida ya sea real o imaginaria, de abandonos, de cambios físicos o emocionales, de renuncias, de si es por decisión propia o impuesta por eventos externos, de sí se trata de personas y del vínculo de afecto que los une a las mismas, de si son objetos materiales o incluso de si son sueños, ilusiones, esperanzas o deseos, los cuales muchas veces, duelen más que la pérdida de objetos o personas reales.

Como señala Bucay (2007) “porque un duelo siempre es algo personal y siempre lo va a ser… Cada uno de nuestros duelos es único y además irrepetible” (p. 44). ¿Por qué irrepetible? Nunca será la misma experiencia, nunca serán las mismas cosas o personas. Tan sencillo como que yo mismo nunca soy el mismo, mi ambiente cambia, mis sensaciones cambian, mis experiencias se transforman con cada nuevo aprendizaje. La máxima sigue siendo válida y también se aplica a los procesos de duelo: ‘nada en el universo permanece para siempre, todo cambia’.

            Partiendo de esta idea de que todo cambia, otra de las verdades del duelo es que ¡todo duelo tiene un final! Quizás esta verdad sea la más esperada por todos, aunque puede llegar a ser un poco más compleja, pues no se trata de una fecha fija. Dependiendo del compromiso emocional podemos cerrar el duelo, pero pueden quedar recuerdos que nada los borrará. Aquí podría pensar en la ‘teoría de la cicatriz’: ya no existe ni el dolor ni el sufrimiento, pero el recuerdo permanece guardado en nuestra memoria.

Si me permiten, pudiese hacer una ampliación de esta idea y decir: ‘el recuerdo permanece en nuestro amor’, sobre todo si me baso en lo dicho en 1 Corintios 13:8: “El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá.” (NVI). Para poder llegar a entender esto, habría que estar en la piel de estas personas. También podríamos aplicar otra máxima al duelo: ‘todo lo que comienza tiene un final’. Cuando realizamos un proceso sano del duelo y completamos cada una de sus etapas, llegará el momento en que dicho duelo se termina, llega a su final.

Para lograr esto, el mejor aliado y requisito fundamental de todo duelo, es darle al duelo el tiempo que necesita, vivir un día a la vez. Como lo señala Cristo en Mateo 6:34: “Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes para hoy” (NTV). Con el tiempo todo se extingue, nada permanece, todo cambia. ¡Eso sí!, has de saber que el tiempo por sí solo no es suficiente, tú tienes que ejecutar las acciones que te corresponden, convertirte en un participante activo de tu proceso, en cada una de sus etapas. El tiempo será nuestro mejor aliado en cada situación.

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Referencias:

Bucay, J. (2007). El Camino de las Lágrimas. 2da edición. México: Editorial Océano.

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA

WEB: http://es.wikipedia.org/wiki/Duelo_(psicologia), recuperado: 25-jul-2014





lunes, 31 de marzo de 2014

UN HÉROE COMO TÚ: una canción, mil reflexiones

UN HÉROE COMO TÚ: una canción, mil reflexiones

Por José Rafael Olivieri Delgado (marzo 2014)

 

“Lo peor que puede ocurrirle al hombre es llegar a pensar mal de sí mismo” (Goethe)

 

         Sentado en mi consultorio me hice la siguiente pregunta: ¿Cómo poder expresar el infinito poder del espíritu humano, en su capacidad para lograr aquello que a veces hemos considerado imposible? La respuesta la encontré, como se encuentran muchas respuestas que no parecen tener solución: ¡por ‘caUsalidad’! Así de grande es la vida y su maravilla, nos toma desprevenidos, nos sacude, muchas veces violentamente, luego nos levanta y finalmente, después de haber aprendido la lección, nos da un propósito para continuar. Más ciertamente el trabajo no ha quedado completado todavía.

En ese punto y momento es donde nuestra mayor participación debe ser llevada a cabo, somos nosotros, individualmente, tú, yo, él, ella, quienes ahora debemos hacer algo fundamental por ‘el mí mismo’ que somos cada uno y que, en la mayoría de las veces, por no decir siempre, nos asusta y a veces nos paraliza. Ese hecho que es enteramente nuestra responsabilidad como individuos, llenos de libre albedrío y dominio propio, es la acción de tomar una decisión. ¡Y es esa decisión, la que nos convierte o no, en un héroe!

De esta manera, es en el caminar de la ‘causalidad’, que frecuentemente busco cosas nuevas para invitar a mis pacientes a crecer en su conocimiento, experiencias, emociones y en su espíritu, por ello fue por lo que me encontré con la canción denominada “Héroe”. Más, sin embargo, a pesar de utilizarla continuamente con mis pacientes, como buen psicólogo me he preguntado muchas veces: ¿Quién influyó sobre quién? (Yo sobre la canción o ella sobre mí).

Al margen de los aspectos legales o no que pueda tener, utilizo esta canción como ejemplo de los modelos comunicacionales con los cuales trabajo en el taller de Comunicación y Caricias Emocionales, los cuales ofrezco como parte de mis actividades profesionales. Pues no es solamente la aplicación y el uso que hago de ella, sino todo el proceso de transformación que una canción, de la talla de “Héroe”, puede causar en cada persona que la escucha con el ‘corazón’.

En la dinámica de este taller dicha canción provoca diferentes tipos de movimientos en las emociones, reflexiones, rupturas y cambios de conceptos supuestamente arraigados e inamovibles. Todos ellos involucran multitud de creencias, actitudes, prejuicios y conceptos que anteriormente no habían sido cuestionados, y ahora deben ser evaluados, frente al impacto que esta canción les ha causado.

La uso porque, a fin de cuentas, es verdad que, toda canción tiene un mensaje propio. Aunque la gran mayoría de las veces son de ‘tristeza y soledad’, pero otras, muy pocas, a decir verdad, como es el caso particular de “Héroe”, contiene un mensaje para valorarme, para creer y confiar en mí. Para darme cuenta del poder que hay en mí y, sobre todo, el darme cuenta de que, al haber vivido mi propia vida, ya he cumplido con la gran mayoría de los requisitos para yo ser un héroe, porque ya he ganado la batalla de mi propia vida.

Pero sin avanzar más allá, debo presentarte la Canción Héroe, invitándote a su vez, a saborear cada palabra y cada idea expresada en ella:

Hero (canción de Mariah Carey):

Como un libro que no sabes el final, y te asusta lo que lees,

así la vida es.

Cuando naces ya te expones al dolor, y de a poco

y con valor logras crecer.

Y como un libro el corazón nos enseña que hay temor, que hay fracasos y maldad, que hay batallas que ganar.

Y en cada página el amor nos convierte en luchador, y descubres lo común: no hay un héroe como tú.

Son muy pocos que se arriesgan por amor, pero tú tienes la fe,

y eso lo es todo.

No decaigas, que vivir es aprender, y no hay nada que temer,

si crees en ti.

Y como un libro el corazón nos enseña que hay temor, que hay fracasos y maldad, que hay batallas que ganar

Y en cada página el amor nos convierte en luchador, y descubres lo común: no hay un héroe como tú.

Sólo Dios sabe dónde y cuándo, la vida nos dirá:

¡lo has hecho bien!

Sólo como un sueño, sólo sabrás, sabrás como vencer.

Y como un libro el corazón nos enseña que hay temor, que hay fracasos y maldad, que hay batallas que ganar

Y en cada página el amor nos convierte en luchador, y descubres lo común: no hay un héroe como tú.

¡No hay un héroe como tú!

 

Cabría ahora, antes de continuar tomar un momento, hacer una pausa más, e invitarte a ti amigo(a) lector(a) a tomarte un tiempo íntimo, cerrar tus ojos y dirigir tu mirada hacia tu propio interior, hacia tu propio yo. Para evaluar desde la perspectiva de tu vida, como las palabras de esta canción pueden llegar a moverte e impactarte emocionalmente, al reflexionar sobre los pensamientos, sensaciones y emociones que estas palabras están produciendo en ti. Observando como tus propias bases han empezado a cuestionarse.

Tal vez en este punto, sería conveniente recordar que, en el proceso de construcción de la personalidad, al cual cada persona se ha visto sujeto durante su crecimiento. Sin olvidar que en realidad este dura toda la vida, y en el cual intervienen, de forma positiva o negativa varios factores importantes. A saber: mi entorno sociocultural, mi contexto y mi perspectiva histórica, mis figuras parentales (o de autoridad) y finalmente, mi propio YO con mi capacidad de decisión.

Con ello puedo aceptar, modificar o rechazar las diferentes órdenes y programaciones infantiles, que he aceptado e internalizado muchas veces sin revisión, bien sean estas explícitas o implícitas. Donde cada una de ellas cuenta con su respectiva mezcla de emociones y experiencias, a veces buenas, a veces dolorosas y traumáticas, pero que al final de cuentas, terminaron definiéndome y construyéndome, dándome la posibilidad de ser o no un héroe para mí mismo. Porque los héroes no nacen, los héroes como tú, se forman en el proceso de vivir su propia vida. Por eso, no hay mayor verdad que esta: ¡No hay un héroe como tú!

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Referencias:

Banchs, María A. (1986). Concepto de representaciones sociales. Análisis

 Comparativo. Revista Costarricense de Psicología. 8-9, pp. 27-40

Báro, Ignacio (1990). Acción e ideología. El Salvador: UCA Editores.

Morales, J. F. (1998). Psicología Social. Madrid: McGraw-Hill.

Tajfel, Henry (1984). Grupos humanos y categorías sociales. Barcelona: Herder.