Mostrando entradas con la etiqueta Conflictos emocionales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Conflictos emocionales. Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de julio de 2016

PROHIBICIÓN DE PAREJA: Cumplir mi orden y mi decisión de quedarme solo

PROHIBICIÓN DE PAREJA: Cumplir mi orden y mi decisión de quedarme solo

Por José Rafael Olivieri Delgado (julio 2016)

 

“…la selección de una pareja no se hace en forma casual, sino que es un intento por hacer coincidir una serie de patrones de pautas y creencias compatibles o complementarias” (Martínez, 2006, p. 15).

 

           “YO NO QUIERO QUEDARME SOLA/SOLO”. Podrían creerme que esa es una de las frases que más frecuentemente me dicen las personas en el consultorio o en los talleres, en relación con su situación particular referente al tema de tener o no pareja. Ello me permite confirmar que realmente (a nivel consciente) la gran mayoría quiere y desea tener una relación de pareja ‘sana y permanente’. Lamentablemente la gran verdad emocional (negativa) es todo lo contrario, es altamente probable que se queden solos. Porque el tener una relación de pareja no depende únicamente de ‘querer o no’ tenerla.

En realidad, esto depende de varios factores: los patrones de selección de pareja de cada individuo, de su conjunto personal de las creencias emocionales que lo definen, de las múltiples órdenes parentales que le prohíben las relaciones de pareja, entre otros. En particular, de la decisión emocional inconsciente que ha tomado en su etapa infantil (en función del modelo de pareja aprendido de sus figuras parentales). La triste verdad es que esa gran mayoría de personas han decidido, sin darse cuenta, una ‘Prohibición de Pareja’, con la cual harán todo lo que esté a su alcance para quedarse solos (aunque conscientemente no lo quieran hacer). A menos, claro está, que puedan cambiar emocionalmente tal argumento de vida, y así poder decidir un permiso para su relación de pareja.

Ahora bien, antes de empezar a desarrollar este tema, déjame aclarar que también existe un alto número de personas cuya prohibición de pareja es tan gigantesca, que tanto consciente como inconscientemente, por nada del mundo quieren (ni pueden) tener una relación de pareja. Estos por lo general no vienen al consultorio, se encuentran ‘bien’ en su mundo de soledad, aislados entre sus cuatro paredes, retroalimentando sus propias prohibiciones constantemente. Es como diría Shinyashiki (1994, p. 84) estas personas han estado comiendo “pan mohoso” toda su vida y lo único que han conocido como alimento es ese “pan mohoso”, entonces ¿qué otra cosa van a querer y pedir?, si no “pan mohoso”.

Tanto estos, como los que no quieren cambiar su prohibición de pareja, no conocen la invitación y el permiso de Proverbios 5:18 que dice: “Que tu esposa sea una fuente de bendición para ti. Alégrate con la esposa de tu juventud” (NTV). (Inviertan los géneros, según cada uno, pues esto es por igual para todos, por aquello en lo cual el género de los sustantivos es convencional. Las palabras no tienen sexo, sino género y hasta género neutro).

Me gustaría igualmente aclarar un punto que me parece importante y muy relacionado con el tema de la prohibición de pareja: ¿Por qué usamos como genérico el término de ‘pareja’? Sin ánimo de ofender a nadie (aunque es inevitable), ni de precisar tiempos históricos: desde el principio de las relaciones humanas hemos hablado de las relaciones MATRIMONIALES (porque era lo frecuente, lo común, lo normal, lo sano) y por supuesto, de los términos ESPOSO y ESPOSA, dados al HOMBRE y a la MUJER que mantienen tal relación de unión conyugal. Lo cual ha estado establecido desde Génesis 2:24: “Esto explica por qué el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, y los dos se convierten en uno solo” (NTV). Lo cual nos habla de la creación, mandato y permiso del matrimonio, de Dios al hombre y a la mujer, como la mejor alternativa de relación entre ellos.

Así como también nos lo recuerda 1 Corintios 11:11: “Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón” (RVR60). Sin embargo, esto ha cambiado drásticamente dejando de ser lo normal, para convertirse en lo extraño, en lo increíble. Hemos llegado a un punto de rechazo y de desprecio del matrimonio como nunca en la historia. Por ejemplo, mi hija mayor me contó que hablando con una amiga de nosotros sus padres y de nuestro matrimonio, la amiga le pregunta con asombro y como si fuera algo insólito: - “¿Tus padres están juntos todavía?”, ¿Qué tal? Resulta que los matrimonios y las familias ‘tradicionalmente’ constituidas ¡somos una especie en extinción! Como diría una de mis pacientes: - “Esas cosas pasan”.

Lo anterior es debido a que ahora, en el presente, a través de un proceso paulatino de deterioro de los valores: social, moral, ético, cultural y, por supuesto, de apartar a Dios de nuestros corazones, junto con todo el fenómeno publicitario en contra del matrimonio de las últimas décadas. Así como de la aceptación y el permiso de cualquier modelo de relación entre los seres humanos, por supuesto en nombre de la libertad y de los derechos de cualquier libertinaje.

Por no dejar puedo mencionar el siguiente ejemplo: lo que antes era considerado por los especialistas como enfermedades mentales, hoy en día tan solo son ‘formas de existencia’, modos de vivir la vida. En el pasado eran rechazadas, hoy no solamente son aceptadas, sino casi que adoradas e idolatradas por la inmensa mayoría. No se descuiden, la advertencia está dada desde los tiempos de Isaías 5:20: “¡Ay de ustedes, que llaman bueno a lo malo, y malo a lo bueno; que convierten la luz en oscuridad, y la oscuridad en luz; que convierten lo amargo en dulce, y lo dulce en amargo!” (DHH).

De tal forma es cierto esto que hoy en día, las relaciones existentes entre las personas se pueden dar entre cualquier género, en cualquier condición y forma, por lo que ya no podemos hablar de esposo y esposa, HOY HABLAMOS DE ‘PAREJA’. Hemos degradado el estatus del matrimonio rebajándolo a ‘cualquier cosa’ entre dos ‘personas’. Ya no hablamos de matrimonio, hablamos de uniones libres, cohabitación mutua y cualquier otra barbaridad, que en la práctica y en su dinámica, no es otra cosa sino una relación matrimonial sin papeles.

En ellas igualmente hay sexo, hijos, situaciones económicas, cargas y responsabilidades, pero con algo indiscutible e inevitable: un final de ruptura y separación trágico y seguro, más económico sí, pero soledad al fin, es decir: una prohibición de pareja.

Lo cierto es que como origen del tema en el cual me quiero centrar aquí, quizás el primer elemento y el más importante de la prohibición de pareja en la mayoría de las personas, no es otro sino: mi propia experiencia en vivo y directo de los miles de situaciones negativas que ocurrieron en el ámbito matrimonial de mis padres: Las vivencias que he contemplado, aprendido, sentido, así como las decisiones emocionales que tomé al ver qué clase de matrimonio tuvieron mis padres.

Modelos donde hay peleas, maltratos, falta de atención, fallas de comunicación, odio, falta de respeto y de confianza, agresiones verbales y/o físicas, infidelidades, drogas, alcohol, abandonos, desprecios, descalificaciones, divorcio, y muy particularmente: el continuo hablar las peores basuras del otro cónyuge, entre otros miles de situaciones particulares de cada pareja, las cuales me han llevado a pensar, sentir y decidir: - “Yo no quiero eso para mí”.

Son situaciones y circunstancias de su propia situación matrimonial, pero que me han invitado a terminar valorando el matrimonio como algo malo, casi como algo satánico. La verdad es que muchos pacientes han clasificado su relación familiar de origen como: ‘terrible’, ‘era un infierno’, ‘insoportable’, ‘invivible’, ‘de guerra permanente’, ‘inhabitable’, ‘de violencia’, ‘de angustia, miedo y rabia’, entre otras muchas más expresiones igualmente dramáticas.

Entonces, con semejantes antecedentes ¿Cómo voy yo a querer una relación matrimonial? ¿Cómo no se va a instalar una prohibición de pareja en mi sistema de creencias emocionales? Con toda esta carga emocional de rabia, angustia y miedo permanente ¿Cómo no voy a rechazar la posibilidad de encontrar a alguien para repetir lo mismo que mis padres?

No olvides la sabiduría popular: “De tal palo tal astilla”; Porque, aunque la mayoría lo niegue, todos tienen miedo de repetir lo mismo que aprendieron. De hecho, no necesitan ser psicólogos para conocer el principio fundamental de la psicología dinámica: “Sólo sabemos hacer lo que se hizo con nosotros” Shinyashiki (1994, p. 3), indudablemente hablando de lo emocional inconsciente. La realidad de ello es que ‘todo lo que mi papá y mi mamá hacen, es un permiso para yo hacerlo también’. Porque es altamente probable, casi en un 99%, que yo voy a repetir lo aprendido, por aquello del “Pan Mohoso” al cual estoy acostumbrado y particularmente, porque eso fue lo que, de una manera emocional, entendí que era la vida de la relación matrimonial.

Es importante que te recalque que a menos que lo cambie en mí mismo(a), esta prohibición será la que dirija mi vida de pareja. Déjame decirte esto: Yo estoy completamente convencido y seguro que nos hemos equivocado al echarle la culpa al matrimonio como institución. Pienso que el verdadero responsable de estas situaciones no es otro sino la inmensa cantidad de conflictos emocionales que hemos ido pasando de generación en generación, hasta llegar al nivel que hoy en día tenemos. Pero, esto es solamente el principio del origen de la prohibición de pareja, más adelante desarrollaré otros elementos.

      Por otra parte, continúo con algo obvio: ¿Qué es una prohibición? Lo frecuente es que la mayoría de las prohibiciones comiencen con la palabra ‘NO’. Entre millones de ejemplos: no hagas esto, … no hagas aquello, … no te rías, … no hables, … no tengas pareja. En el diccionario aparece la siguiente definición: “Una prohibición es el impedimento que existe de hacer, tocar o usar algo”. En relación con su propósito, me encanta la siguiente observación: “el cometido de la prohibición es disponer limitaciones en la realización de determinadas acciones para así evitar el caos y conseguir una convivencia armoniosa entre las personas” (Recuperado junio 2016 de:

http://www.definicionabc.com/social/prohibicion.php).

…

TE INVITO A CONTINUAR LEYENDO ESTE TEMA EN MI LIBRO:

 

FRAGMENTOS DEL CONSULTORIO PSICOLÓGICO 2

 

PUEDES ADQUIRIRLO A TRAVÉS DE:

 

www.amazon.com/author/jrodlibros

 


 

Referencias: 

DefinicionABC. Definición de Prohibición. Recuperado junio 2016 de: http://www.definicionabc.com/social/prohibicion.php

Gibran, K.G. (1983). El Profeta, Argentina: Editorial Pomaire     

Martínez, J.M. (2006). Amores que duran… y duran... y duran. México: Editorial Pax.

Riso, W. (2006). Los Límites del amor. Colombia: Imprelibros S.A.

Shinyashiki, R. (1993). La caricia esencial. Una psicología del afecto. Colombia: Editorial Norma

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA

 

 



lunes, 9 de marzo de 2015

RECETA DE COCINA EMOCIONAL: Para Ser Felices


RECETA DE COCINA EMOCIONAL: Para Ser Felices

Por: José Rafael Olivieri Delgado (marzo 2015)

 

“El amor es la mejor música en la partitura de la vida.

Sin él serás un eterno desafinado en el inmenso coro de la humanidad."
(Roque Schneider)

 

           Yo creo que es justo que empiece explicándoles de dónde sale este título de la ‘Receta de Cocina Emocional’, ya que a mí me suena a libro de autoayuda. Lo cierto es que muy frecuentemente cuando los pacientes se inician en su proceso de terapia (en lo cual me incluyo a mí también). Bien sea que se trate de las consultas, los talleres, la Bioenergética o cualquiera otra de las técnicas que utilizamos en el proceso psicoterapéutico. Llega un momento en el cual, casi inevitablemente, el paciente nos hace una pregunta clave: ¿CÓMO SE HACE ESO?

Ciertamente la respuesta no es nada sencilla, pues la misma está inmersa en el proceso, el tiempo y el conjunto de actividades que ha de desarrollar, durante el proceso de su terapia emocional, entonces, para no entrar en una extensa explicación de cómo se hace, usualmente le decimos al paciente: - “Estás buscando una Receta de Cocina”. Decimos esto porque es muy común, cuando pruebas una comida que te gusta mucho, lo primero que haces es preguntar por la receta de esta (¿Cómo lo haces?).

Esa es la razón de la primera parte del título. La segunda es más sencilla ahora somos nosotros los que les preguntamos a Ustedes (los pacientes) ¿Qué quieres para tu vida (en este proceso)? Aunque no todos lo responden de primero, es casi seguro que todos dicen en algún momento: - “QUIERO SER FELIZ”.

Allí lo tienen: “Una receta de cocina emocional para ser felices”. Debido a la dinámica de los talleres o de la Bioenergética, en los cuales tenemos más tiempo durante las charlas, les he dado a los pacientes, alguna que otra vez, la tan deseada receta. Ahora la intención en este texto es compartirla con todos.

Lo importante de dicha receta (al no estar patentada), es que a veces cambio algún ingrediente, añado otro, pongo más énfasis en uno o en otro. Creo que los Chefs hablan de experimentar para cambiar los sabores. Básicamente hacemos lo mismo en lo terapéutico, al ser un proceso tan particular y con tantas variantes, cada uno de Ustedes tiene la posibilidad y la capacidad de ajustar sus propios ingredientes, hasta completar la receta y lograr su objetivo: Ser feliz.

      Voy a iniciar dándoles una visión rápida de esta receta (y en este caso más o menos fija), luego les detallaré cada ‘ingrediente’ más específicamente. Pero lo primero que deben comprender de esta receta (y de una gran parte de los platos que preparan en su cocina), es que estamos hablando en la mayoría de los casos, de un PROCESO que requiere de TIEMPO. Es decir, esta es una receta de ‘Cocinar Lentamente’, aquí no se puede aplicar el ‘microondas’.

Según tengo entendido, el horno es para cocinar y darle sabor, mientras que el ‘micro’ sirve solamente para calentar. Por eso para un buen proceso terapéutico, con profundidad y permanencia, es necesario bajarse de la nube ‘mágica’ de lo rápido e indoloro (eso de bueno, bonito y barato, aparte de no se consigue casi nunca, en la terapia usualmente no es factible).

Yo sé que a muchos les encanta y vienen buscando la solución tipo microondas, pero para el cambio emocional real no hay ‘pastillas’ ni soluciones ‘mágicas’. La realidad en una inmensa mayoría de los casos es que no se consigue simplemente porque ‘quiero’ (aunque no dejemos de repetir “querer es poder”, que a veces funciona y otras no), realmente, en este tipo de proceso emocional, hay que trabajar en tu cambio y hay que dedicarle tiempo: ¡TU TIEMPO!

De hecho, podríamos afirmar a ciencia cierta que cada paso individual de la preparación de esta receta requiere de por sí, su propio tiempo, su dedicación especial y particular. Si tú quieres que tu vida agarre ‘sabor’, el elemento ‘secreto’ que le dará tu propia sazón será tu PACIENCIA.

Esa es a su vez la razón frecuente de por qué muchos de los pacientes, lamentablemente, no llegan nunca a completar su propio proceso terapéutico. Una muy buena cantidad de ellos están esperando una solución tipo microondas, no están dispuestos a realizar el trabajo necesario para lograrlo y definitivamente, si quieres triunfar, debes trabajar hasta lograrlo, aquí se debería aplicar la máxima de: ‘la opción es no rendirse hasta lograrlo’.

A decir verdad (ya lo he comentado anteriormente), el tiempo se convierte en el primero de los tres principales elementos saboteadores del proceso psicoterapéutico, los otros dos son el esfuerzo (dolor) y por supuesto el costo (económico) del proceso. Lowen (1977) señala a este respecto: “El concepto de la terapia como un proceso sin fin da pie a una pregunta práctica y lógica: ¿Durante cuánto tiempo tendré que venir a verlo a usted? A lo que contesto también prácticamente: Estará usted sometido a tratamiento mientras crea que merece el tiempo, el esfuerzo y el dinero que le está costando” (p. 103).

Ciertamente y no me cabe la menor duda, que es totalmente válido en la inmensa mayoría de los pacientes que acuden a la terapia, el hecho de tener en su mente la intención genuina de: “Yo quiero cambiar mi situación”, pero no deja de ser igualmente real que esto no se logra en una buena cantidad de ellos. La gran verdad emocional es que soy yo, mi propio y peor enemigo de mí mismo en este proceso. Por ahora me interesa concentrarme en la receta.

            Usualmente (grosso modo) todo comienza con una serie de circunstancias que crean INQUIETUDES EMOCIONALES (malestar, angustia, ansiedad…), en el día a día de tu vida. Por lo general, lo que constante y frecuentemente se ve afectado son mayormente las relaciones interpersonales (Pareja, Amigos, Familia, Trabajo…). Claro, y por supuesto, las situaciones personales individuales contigo mismo(a) (miedos, culpas, autoestima, fracasos…).

Indudablemente, aunque la mayoría refiere que se sienten ‘mal’, de lo que continuamente estamos hablando es de las EMOCIONES (en su contexto negativo). Sienten emociones primarias como: rabia, tristeza, miedo, soledad, o cualquiera de las emociones derivadas de estas, tales como: ira, agresión, rechazo, celos, culpa, angustia, depresión, desánimo, fobias, pánico, entre muchas otras. Lo cierto es que, a pesar de sus muchos intentos por solucionar estas situaciones, concluyen que no lo pueden resolver por sí solos.

Afortunadamente, una buena parte de ellos llegan a la conclusión, en su pensamiento, de su necesidad de buscar apoyo externo para resolverlo. Allí toman la primera DECISIÓN (de una serie de ellas): ¡voy a buscar ayuda terapéutica! (por supuesto, me refiero a aquellos que no van donde el amigo, los padres, el ‘brujo’ … Aunque muchos, después de esto, llegan a la misma conclusión de ir a la terapia).

Bien, según el proceso de búsqueda, piden su cita… van el día y la hora acordada y en el ‘proceso de apoyo’ entre otras cosas, reciben INFORMACIÓN. Con esa información COMPARAN su vida y sus circunstancias: Ven lo que realmente les está sucediendo y lo confrontan contra lo que les gustaría que fuera, lo que tienen lo comparan contra lo que les gustaría tener o lo que les falta.

Como resultado de esa comparación SE DAN CUENTA de su situación, y allí viene otra decisión: ¡QUIERO CAMBIAR! Lo interesante de la decisión de cambiar es que hay que añadirle dos de los ingredientes más importantes de tu receta: COMPROMISO y RESPONSABILIDAD (la pregunta importante: ¿Con quién?).

En el transcurrir del proceso de apoyo voy aprendiendo a: AMARME A MÍ MISMO(A), lo cual, en mi criterio, es la clave de toda la experiencia terapéutica. Cuando llega el momento en el cual ese amor se consolida en mi vida: entonces decido por amor a mí: PERDONAR y una vez libre de mis cargas puedo empezar a disfrutar de mi felicidad. Sencillo, ¿verdad? Pues ¡NO!

¿Cuándo ha sido algo bueno, fácil de conseguir? La realidad es que no es un proceso sencillo, sino por el contrario: largo y difícil (de allí el fracaso de muchos). Sin embargo ¡NO ES IMPOSIBLE!, Dios ha puesto en ti y en tu diseño todo el potencial para lograrlo, pero es necesario que TÚ quieras y que TÚ te esfuerces.

Como dice en el libro de Josué 1:9 “Mi mandato es: ‘¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas’.” (NTV). ¡Cuanto más has de hacerlo, en el proceso de mejorar tu propia vida!

    Visto el proceso en general, podemos empezar a detallar los diferentes ingredientes y el contenido de esta Receta Emocional (cantidades, secuencia, tiempo…): Básicamente en cualquiera de los textos que he escrito, he comentado acerca de los conflictos emocionales que nos atormentan a todos y de sus consecuencias en nuestras decisiones y vida en particular.

Como lo indiqué, la mayoría de estos conflictos se van a reflejar principalmente, en nuestras relaciones interpersonales. El Ser Humano es un ente social y en prácticamente todas sus actividades, está en constante interacción emocional con su entorno (otros iguales a él, con sus propios conflictos personales). Es por ello por lo que al seguir tu propia ‘programación emocional’, en la interrelación con los otros, surgen ‘situaciones’ que modifican tus emociones, a veces buenas, pero a veces no tan buenas.

…

TE INVITO A CONTINUAR LEYENDO ESTE TEMA EN MI LIBRO:

 

FRAGMENTOS DEL CONSULTORIO PSICOLÓGICO 1

 

PUEDES ADQUIRIRLO A TRAVÉS DE:

 

www.amazon.com/author/jrodlibros

 


 

Referencias:

Hormachea, D. (1994).  Para matrimonios con amor.  Aprendiendo a vivir con nuestras diferencias. Miami, Usa: Editorial Unilit.

Lowen, A. (1977). Bioenergética. México. Editorial Diana.

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA


 


viernes, 28 de noviembre de 2014

¿NOS CASAMOS?, ¿Vivimos con mis padres? (para fracasar)

¿NOS CASAMOS?, ¿Vivimos con mis padres? (para fracasar)

Por: José Rafael Olivieri Delgado (noviembre 2014)

 

“Para recuperar estímulos, las madres y los padres a veces interfieren y desorganizan el matrimonio de los hijos. Hacen esto porque tienen miedo de perder la fuente de estímulos que son los hijos” (Shinyashiki, 1993, p. 15)

 

         Cada vez es más frecuente que las parejas que se quieren unir ‘a largo plazo’, establezcan como decisión la de vivir juntos sin ‘las complicaciones del matrimonio’, en lo que hemos llamado ‘unión libre o unión de hecho’ (anteriormente concubinato). Incluso, no solamente se aprecia esto en las parejas jóvenes, sino que también se ha vuelto cotidiano en aquellas parejas que ya han vivido anteriormente una relación marital (independientemente de su clase), y aunque no han logrado permanecer en la misma, desean establecer una nueva relación. Las razones para establecer estas uniones libres son muy variadas, pero aquí no voy a entrar en los detalles de ellas (aunque como ya saben, los conflictos emocionales son la base de ello, igual que la prohibición de pareja).

La intención básica del vínculo de pareja en esta nueva cotidianidad es lograr la unión al margen del contrato matrimonial, y muy especialmente, sin ningún tipo de ataduras ni legales ni económicas, para cuando llegue el momento de fracasar. Lo que me interesa resaltar aquí en este instante, es que estas parejas por razones emocionales (en su mayoría inconscientes), no tienen ningún interés real en establecer el compromiso y la responsabilidad que representa una relación matrimonial formal de largo plazo.

Lamentablemente, es todo lo contrario, el pensamiento (inconsciente de ambos) es que al primer problema ‘lo dejamos hasta aquí y cada uno por su lado’. Dicha ruptura de esta relación por lo general representa en algunos casos, el tener que regresarse a la casa de sus padres (aunque esto depende del modelo cultural y de los conflictos emocionales presentes).

A pesar de esta realidad (cada vez más en aumento) de la destrucción del vínculo matrimonial (y de estas relaciones de parejas actuales). No sería justo si no reconociera que existen varias parejas que llevan una vida en concubinato, mejor y más duradera que la de muchos matrimonios formales, con hijos y con todos los aspectos del matrimonio tradicional, sin el respectivo contrato legal. No obstante, y en mi criterio, considero que es casi seguro, particularmente en el caso de las mujeres que, si les preguntas, muy cerca del 100% te responderían que quisieran estar casadas formalmente (es un sueño infantil muy profundo en la mayoría de ellas, relacionado con los cuentos de las princesas).

Igualmente, en mi opinión, lo cierto es que el famoso cuestionamiento que existe tan frecuentemente, con respecto al matrimonio como ‘institución obsoleta y pasada de moda’, no es otra cosa sino realmente una gigantesca ‘Prohibición de Pareja’ en ambos miembros de la relación. La cual, aunque no deja de ser inconsciente, se esconde tras la pasión del uno por el otro y se encarga de disimular y ocultar lo que está a la vista: el futuro de ruptura de dicha relación.

Por mi parte, yo comparto la opinión en la cual el matrimonio realmente fue concebido por Dios para toda la vida, como protección del Hombre, de la Mujer y de sus hijos, tal como señala Génesis 2:24 al decir: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (RVR 60). Y Mateo 19:6 complementando esto añade: “Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.” (NVI). Esto por supuesto levanta ‘ronchas’, dado que las tasas de destrucción de parejas aumentan cada día más (en cualquiera de sus formas).

            Anteriormente lo he mencionado en varias oportunidades, una ‘Prohibición de Pareja’ no necesariamente significa que no voy a tener pareja, incluso, la persona se puede casar (o ‘juntar’) hasta varias veces si quiere. Solamente en los casos más extremos y conflictivos, la ‘prohibición’ significa realmente el no tener pareja en absoluto (en muchos casos esta persona sí tiene sexo, y con varios, pero no una pareja). En realidad, lo frecuente es que la ‘prohibición’ lo que determina es que: esa persona nunca va a permanecer ni a disfrutar de una relación duradera con una misma pareja, sino que, por el contrario, terminará toda relación que establezca, por infinitos motivos (para ella justificados), pero la terminará.

De hecho, es casi seguro que terminará su vida solo(a). Entiendan, en líneas generales nadie quiere esto para su vida, pero la programación emocional inconsciente, los va a obligar a actuar y a concretar tan trágico final, a menos que por supuesto, realmente logren un cambio emocional de estos mandatos y prohibiciones.

De igual manera para mi criterio, la mayor falla de nosotros es nuestra falta de conocimiento en muchos temas, particularmente en lo emocional y lo espiritual, por eso pienso que es probable que estas personas nunca hayan leído la exhortación del versículo de Proverbios 5:18 que dice: “Que tu esposa sea una fuente de bendición para ti. Alégrate con la esposa de tu juventud” (NTV). En mi limitada interpretación de este, por si no lo comprenden, lo que este texto quiere decirles a ambos es: ‘cásate en tu juventud y vive en bendición y alegría con la misma persona por el resto de tu vida’ (digamos que este es el plan original de Dios para todo Ser Humano).

Esta falta de conocimiento de la cual hablo, también se refiere a todos los aprendizajes emocionales no adecuados o distorsionados que recibimos de nuestras figuras parentales, y de todo nuestro medio externo en general, mayormente durante nuestra etapa infantil de formación (nuestros “argumentos, guiones, mandatos, atribuciones” y prohibiciones como tales, de las cuales habla Berne (1974), lo cual constituye en líneas generales nuestro mundo de conflictos emocionales).

Entendamos también que la ‘prohibición de pareja’ no es un conflicto de uno solo de los cónyuges, sino muy por el contrario, está presente y pertenece a ambos (50% y 50%). Ambos la actúan por igual para llevarla a cabo, tiene que ser así, porque de lo contrario no se unirían para posteriormente destruir dicha relación. En mi criterio, la unión de las parejas se lleva a cabo desde el mundo inconsciente, en él están establecidos los parámetros de selección, unión y destrucción del vínculo de pareja. Ambos integrantes de la pareja han de compartir y complementarse en los mismos elementos del conflicto para que pueda darse la relación, en caso contrario no se daría tal relación. De hecho, cada uno tiene su propio ‘sistema’ de conflictos emocionales, los cuales se unen en esos puntos comunes.

Por otra parte, en lo emocional existen muchísimas formas diferentes (gestos, conductas, modelos, palabras, manipulaciones, …) y miles de situaciones particulares, para poder invitar a un hijo a que tome tal decisión de prohibición, así como su conflictividad en general. Lo importante de recordar, es que la clave de esta decisión es y será siempre, responsabilidad de cada persona, no de sus padres. Por lo tanto, el cambio de tal prohibición pertenece a ti mismo(a), no a tus padres, lo que ellos hayan hecho ya pertenece al pasado y a los conflictos de ellos. Esta excusa de culparlos a ellos ya no te sirve, es solamente un pretexto tuyo para continuar con tu prohibición y tus conflictos, así como no involucrarte y trabajar en tus cambios emocionales.

Indudablemente, debido a la gigantesca cantidad de conflictos emocionales que la gran mayoría de las personas tienen actualmente. Además de una presión desbordada de casi todos los medios sociales externos, en contra del matrimonio y de las relaciones a largo plazo, lo cual se traduce en que una relación matrimonial duradera, es cada día más imposible de lograr. De hecho, hoy en día las relaciones de este tipo tienden a durar cada día menos. Eso de ver parejas de 50 años juntos se ha ido extinguiendo paulatinamente, ha ido disminuyendo lentamente: 40, … 30, … 20, … 10, … 5, el promedio actual ronda los 10 años, pero pocas parejas lo logran.

Ahora bien, uno de estos modelos ‘prohibidores’ de pareja, es precisamente el que corresponde a este texto. Aunque ya lo indiqué como una realidad, gran cantidad de parejas prefieren la opción de ‘juntarse’, pero vamos a permitirnos fantasear un poco, e imaginemos la siguiente escena: Él lleva a Ella a un lugar romántico, … unas copas de vino, … una cena espectacular, … música suave, … y de postre, … Él le pregunta a Ella: ¿Te gustaría casarte conmigo? A lo que ella muy emociona y superfeliz, le contesta que ‘SI’. Bien, tenemos una pareja comprometida para casarse. Empiezan los preparativos… la Iglesia, … el salón de fiesta, … padrinos, … invitados, … el lugar de la luna de miel, … y en algún momento se hacen la pregunta crucial: ¿Dónde vamos a vivir?

        Permíteme poner en contexto la respuesta a esta pregunta clave de la gran mayoría de las parejas, las cuales desean consolidar una relación permanente viviendo juntos (matrimonio o no). Empecemos por una primera aproximación usando el refrán popular “El casado casa quiere”, pues es el ideal y es ¡lo que debería ser! Esa será la primera opción que van a evaluar, buscar ‘su propio lugar’.

Pero pronto van a aparecer una serie de argumentos y justificaciones, todos aparentemente lógicos y muy de acuerdo con las circunstancias de la realidad, las cuales van a terminar descartando esta opción de vivir independientes en su propia casa. Indudablemente, nadie está pensando y mucho menos dándose cuenta, que los argumentos inconscientes (de ambos), son los que se van a encargar de anular tanto esta opción de la vivienda propia, como la siguiente de alquilar. 

Desconozco en el resto del mundo (aunque imagino que habrá criterios comunes), pero en Venezuela dada la situación política y económica … alta hiperinflación … sueldos bajos … costos de vivienda por las nubes … además del miedo de la mayoría de los propietarios de alquilar sus propiedades (anexo, apartamento (piso)), no sea que no pueda sacar al inquilino, que lo invadan o simplemente se lo destruyan … En dicho país la Ley protege al inquilino, no al dueño … algo parecido a los ‘okupas’ en España y a unas leyes de Francia.

…

TE INVITO A CONTINUAR LEYENDO ESTE TEMA EN MI LIBRO:

 

FRAGMENTOS DEL CONSULTORIO PSICOLÓGICO 2

 

PUEDES ADQUIRIRLO A TRAVÉS DE:

 

www.amazon.com/author/jrodlibros


  

Referencias:

Berne, E. (1974) ¿Qué dice usted después de decir hola? España. Grijalbo

Shinyashiki, R. (1993). La caricia esencial. Una psicología del afecto. Colombia: Editorial Norma

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA

 

domingo, 10 de junio de 2012

GÉNESIS DE LOS CONFLICTOS EMOCIONALES: El proceso de formación de mis enfermedades emocionales

GÉNESIS DE LOS CONFLICTOS EMOCIONALES:

El proceso de formación de mis enfermedades emocionales

Por José Rafael Olivieri Delgado (jun. 2012) 

“El hombre vive esencialmente dentro de un mundo personal y subjetivo. Sus actividades, incluso las más objetivas, son el fruto de propósitos subjetivos y de elecciones subjetivas”

(Rogers C., 1989, p. 17)

 

           Al hablar de los conflictos emocionales nos enfrentamos a un tema que en muchas personas ‘levanta ronchas’, especialmente cuando lo hacemos con la intención de saber qué son, de conocerlos a profundidad, y particularmente, de poder modificarlos. Particularmente porque tales acciones implican el asumir la responsabilidad y el compromiso emocional de mi vida, de mis acciones y de sus consecuencias. Para ello es necesario el llevar a cabo un proceso de redefinición (emocional), para hacer cambios en varios de los esquemas de pensamiento, los cuales han dirigido mis decisiones desde que tengo uso de razón.

De igual manera, quizás más dramático aún, debo y tengo que remover y desarticular creencias no adecuadas, que han estado arraigadas en mi definición de personalidad desde mi infancia. Dichas creencias han sido las verdades que han guiado mis pensamientos, emociones y acciones, durante la totalidad de mi vida pasada. Independientemente, de haber sido ellas, las causantes directas de mis decisiones equivocadas y autodestructivas, en mis diferentes circunstancias y situaciones adversas, motivo por el cual seguramente, aún hoy en día, sigo sufriendo las consecuencias negativas de las mismas.

La razón de estas afirmaciones previas está asociada con el hecho de mi necesidad de realizar un proceso de reaprendizaje, de una buena parte de los conceptos que he utilizado, para definir mi esquema de vida en todas sus distintas facetas (personal, matrimonio, hijos, padres, trabajo, social…). Particularmente, de aquellos criterios valorativos de mí mismo(a) como mi autoestima, autoconcepto y autoimagen, al igual que implicaciones fundamentales que pertenecen a mi esquema de ¿quién soy?

Por ello, el trabajar con los conflictos emocionales, tiene la particularidad de ‘alborotar el avispero de emociones’ que cada uno de nosotros lleva dentro de sí mismo. En una gran mayoría de veces, sin tener consciencia de ello. Dado que hemos aprendido como mecanismo de supervivencia, a drenar todas nuestras situaciones emocionales negativas dentro de nuestra mente inconsciente. Con ello puedo vivir la fantasía de nunca más acordarme de mis áreas oscuras (mis conflictos emocionales).

Sin embargo, este universo de emociones que, a pesar de pertenecer, en su mayoría, al pasado, están totalmente activas aquí y ahora afectando a cada terrícola existente. Mi camino hacia la sanidad de mis conflictos tiene que transitar en la dirección que me señala Berne (1974) quien me afirma que para sanarme debo: “primero deshágase de toda la basura que se ha acumulado en su cabeza desde que llegó a casa saliendo de la clínica de maternidad” (p. 16).

Es decir, desde el momento en que nací, hasta el momento en que decido resolver mi mundo de conflictos, mi proceso principal ha sido el de acumular en mi mente una gigantesca cantidad de ‘basura’ (emocional). Tanto así que el basurero municipal de la ciudad donde vivo es, pequeño comparado con mi ‘basurero personal de conflictos emocionales’.

            En el escenario del consultorio psicoterapéutico, a veces, lo complicado es lograr que los pacientes (eso te incluye a ti), a pesar de venir cargados y saturados de sus situaciones de angustia y ansiedad, se den cuenta y acepten que ellos son los dueños de su propio ‘basurero’, y que este, es el responsable directo de las acciones y consecuencias que los han traído a la terapia. Lo anterior lo digo pensando, particularmente, en el famoso tema de la culpa.

A todos (sin excepción) nos encanta culpar al otro. Nunca soy yo, siempre es el otro el culpable de todo lo que me pasa (a mí). Claro, constantemente, es mucho más fácil culpar al otro que asumir yo la responsabilidad de lo que me corresponde. Pero, hemos de saber que en cualquier relación (dos personas) les corresponde un 50% para cada uno, a diferencia de cuando se trata de mi propia situación (interior) mental y emocional, donde casi el 100% es enteramente mío y de nadie más.

Sonará a frase de autoayuda, pero en cuanto a mí mismo(a) ¡yo soy el protagonista de mi vida!, eso incluye completamente a la totalidad de mis pensamientos, emociones y acciones, los demás, son meros actores secundarios que me permiten representar mi papel protagonista. En el consultorio, como es normal, me encuentro con muchos tipos diferentes de personas, lo cual representa un amplio abanico de opciones y posibilidades interesantes.

Aunque como en todo abanico, existen dos extremos contradictorios, y en el medio, una amplia diversidad de opciones. Por un lado, existen personas muy abiertas que casi de inmediato, van comprendiendo y dándose cuenta de su basurero de conflictos. Comienzan a ‘abrir sus ojos’ a este nuevo mundo no conocido, a ampliar el horizonte de su mente hacia la lógica del mundo emocional, nunca revelado desde esta perspectiva terapéutica.

Mientras que, en el otro extremo, existen personas de ‘mentalidad cuadrada’ para los cuales todo lo psicológico y emocional es solo “charlatanería y producto de locos”. Esto se entiende porque muchos de ellos vienen obligados, por lo general, por su pareja, y los menores, por sus padres. Como ejemplo, recuerdo una paciente que me dijo: “Yo no quiero que me remuevan los conflictos, yo prefiero quedarme así”.

A ciencia cierta el ambiente de la terapia es para aquellos que están dispuestos a arriesgarse a conocer y descubrir un nuevo universo de posibilidades, que los reten a hacerse dueños de sus propias vidas, y especialmente, que los saquen de su zona de confort y de su ceguera emocional. 

Si me permites (sin ánimo de ofender ni de elaborar juicios no adecuados), no te cuento cuando me toca uno (fanático) que piensa que Dios le va a resolver todo, que él (paciente/cliente) con seguir “AL PIE DE LA LETRA” la Palabra de Dios todo se le va a resolver. Se ve que no han leído a Santiago cuando dice: “2:9 … cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores. 2:10 Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos (los pecados)”, … no sé, digo yo.

En mi (limitado) conocimiento, Dios nos ha creado como una trinidad: Cuerpo, Mente y Espíritu. Los médicos (y demás áreas de salud) para el cuerpo, los psicoterapeutas para la mente y, los religiosos (según cada religión) para el Espíritu, especialmente por aquello de Eclesiastés 12:7 que dice: “Volverá entonces el polvo a la tierra, como antes fue, y el espíritu volverá a Dios, que es quien lo dio.” (NVI).

Es posible que la dificultad de aceptar un proceso terapéutico para la sanidad de mis conflictos emocionales, este relacionada con tres factores principales (entre muchos otros), que pudiesen parecer y hacer ‘complicado’ dicho proceso. Simplemente para mencionarlos, el primero, quizás el más conocido, el famoso miedo al cambio. En realidad, este es una excusa para no dejar mi zona conocida (confort). Porque dejar la seguridad de como pienso, siento y actúo (así me haga daño y me autodestruya), genera mucha incertidumbre, ansiedad y angustia, a veces mayor a la que traigo a la terapia.

Segundo, en algún momento de mi proceso de decisiones infantiles (con el cual me enfermé), asumí que mi ‘basurero’ era una creación totalmente mía, que me pertenecía, que yo era así de esta manera. Como tal, al pertenecerme, no lo quiero perder y debo defenderlo, sin importar el costo de tal acción, así sea mi propia vida (emocional y sus consecuencias). 

La tercera: lo que le preocupa a casi todo paciente, ¿Realmente esto funciona? ¿Podré cambiar y resolverlo? Y la más importante de todas: ¿Cuánto tiempo voy a tardar en este proceso? … Ya hablaremos de todo esto, en su momento.

La verdad general es que no es imposible aceptarlo. Desde el punto de vista de cualquier psicoterapia, independientemente de las técnicas que utilice, es totalmente factible poder llevar a cabo un proceso de sanidad y limpieza emocional. Este me ha de permitir liberarme de las cargas y conflictos emocionales, los cuales me afectan en mi vida cada día. permitiéndome deshacerme de mi basurero en forma permanente y, obteniendo los resultados de bienestar que quiero para mi vida y mis relaciones.

Entonces, con estas pocas ideas iniciales ¿Qué es un conflicto emocional? En líneas generales es un conjunto de pensamientos, emociones y acciones, que se ejecutan automáticamente desde mi mente inconsciente, sin control ni voluntad mía, a través de los cuales reflejo todos los aprendizajes y decisiones emocionales negativas, los cuales he adquirido a lo largo de mi vida. Identificando y definiendo así a mi estructura emocional.

De esta manera, los conflictos son las fuentes de todo el malestar emocional (rabia, tristeza, miedo, ansiedades, depresiones, …), tanto intrapersonal como especialmente en mis relaciones interpersonales. Convirtiéndose así, en el mayor enemigo de mi felicidad, bienestar y autorrealización personal.

A lo que me refiero con lo ‘complicado’ del proceso terapéutico, tiene que ver con la necesidad de cada paciente, de hacer un cambio de perspectiva muy importante en su comprensión de lo emocional. Primero, la mayoría de los grandes teóricos tanto psicólogos como psiquiatras, han definido que la etapa infantil es absolutamente crucial en el proceso de la toma de decisiones emocionales de cada persona. Ellos han definido dicha etapa en el rango de 0 a 7 años, los más conservadores hasta los 9 años. Delimitando el final de esta etapa a los 12 años.

Segundo, nuestra total ausencia de conocimientos en los principios de esta etapa nos guía (inconscientemente) a realizar un desesperado proceso de aprendizaje emocional. Este nos lleva a copiar e imitar (sin cuestionamiento alguno), los modelos conductuales (pensamiento, sentimiento y acción), de nuestras figuras parentales y de autoridad. Con todo ello, a pesar de mi inmadurez psicológica y emocional, tomo las decisiones más trascendentales que dirigirán toda mi vida.

…

TE INVITO A CONTINUAR LEYENDO ESTE TEMA EN MI LIBRO:

 

FRAGMENTOS DEL CONSULTORIO PSICOLÓGICO 1

 

PUEDES ADQUIRIRLO A TRAVÉS DE:

 

www.amazon.com/author/jrodlibros.

 



Referencias:

Berne, E. (1974) ¿Qué dice usted después de decir hola? España. Grijalbo

Rogers, C. (1989). El proceso de convertirse en persona: Mi técnica terapéutica. 7ª ed. Barcelona, España: Paidós Ibérica.

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA