viernes, 28 de diciembre de 2018

¿Está destinada la familia a desaparecer?: Realidad Emocional y Espiritual

¿Está destinada la familia a desaparecer?: Realidad Emocional y Espiritual
Por: J. Rafael Olivieri
(Actualizado diciembre 2018)

“Esta es la Buena Noticia acerca de Jesús el Mesías, el Hijo de Dios. Comenzó  tal como el profeta Isaías había escrito: «Mira, envío a mi mensajero delante de ti, y él preparará tu camino. Es una voz que clama en el desierto: “¡Preparen el camino para la venida del Señor!  ¡Ábranle camino!”»” (Marcos 1: 1-3).

            Al confrontar la realidad de los procesos emocionales negativos (autodestructivos diría yo), los cuales son actuados y vividos continuamente por cantidad de pacientes, que visitan mi consulta, contra los deseos, sueños y esperanzas de bienestar de estos mismos pacientes, me doy cuenta de ‘verdades emocionales’ de las cuales parece inevitable huir. Lamentablemente, muchas de éstas me hacen pensar en el destino de destrucción que nos espera, con base en la verdad de que estoy obligado a seguir las órdenes de mis conflictos emocionales. Por ello, al día de hoy, la inquietud de un tema tan delicado como lo es: la desaparición de la familia. Desde lo emocional, desde la realidad del proceso inconsciente, sabemos que vamos por un camino que nos conduce hacia un precipicio sin fondo, y en vez de cambiar de rumbo, por el contrario, más bien aceleramos más y más, hacia nuestra propia autodestrucción. No importa cuántas veces pueda hablar del tema, o las técnicas que utilice, para demostrar, lo que otros muchos autores ya han señalado anteriormente: el camino de fracaso por el cual transitamos cada día y, la familia no es la excepción. Su destrucción se percibe indetenible y, lo que es peor, a muy pocos parece importarle esta realidad. Por el contrario, una inmensa mayoría aprueba y alienta esta situación dramática de la familia, asegurando que la institución familiar es algo ya pasado de moda, obsoleta, la cual es solamente una construcción cultural y, que hoy en día no es necesaria. Algunos otros, cada día en mayor número, se ubican en una postura más radical, ellos consideran que la familia es opuesta a la evolución social de nuestros días. Parece pesimista esta introducción, o muy dramática, pero enfrentar la realidad de los pacientes, no es cosa de juegos. Ser parte de la narrativa de los eventos por los cuales han pasado durante su infancia, comprendiendo el camino de destrucción que los domina, solamente produce mucho dolor, sobretodo porque a su vez, normal, frecuente y obligatoriamente repiten en su vida actual los mismos desastres por ellos vividos, pero ahora con sus padres, cónyuges e hijos. Ellos construyen relaciones donde los temas comunes son: peleas, maltratos, descalificaciones, críticas, agresiones, infidelidades, divorcios, alcoholismo, drogas, abusos físicos y psicológicos, abandonos, homosexualidad, relaciones de odio, resentimiento, rencor, venganzas y miles de miedos, entre otras muchas situaciones disfuncionales. No es una situación fácil de tratar, y lamentablemente, tampoco es fácil de solucionar.

Es por esta razón que, ante este tema y, la necesidad de expresarme en relación con lo que estoy viviendo al plantearlo aquí, me identifico y hago mío el poder utilizar una frase y un sentir, en el cual no me queda sino entender y expresar como propio, lo dicho ya por Isaías y Marcos, pues yo mismo me siento como “una voz que clama en el desierto”,  una voz que no llega ni al corazón ni a los oídos emocionales, de millones que se pierde en el vacío de los muros que hemos construido a nuestro alrededor, para aislarnos y protegernos de tanto dolor y sufrimiento. Muros que nosotros mismos estamos creando y manteniendo en nuestra propia vida. Muros que intentan protegerme de las agresiones del mundo exterior y de los otros, pero más grave aún, son muros que se convierten en mi propia prisión y, no me dejan liberarme de mis cargas emocionales internas. Muros que indudablemente, afectan la vida de aquellos que decimos amar, entre otros, mi cónyuge y mis hijos, al aislarme también de ellos. Una voz que se ahoga en la profundidad de las soledades y depresiones, en las cuales se encierran cada día muchas más personas, justificando su situación con medias verdades y razones, que solamente disimulan momentáneamente el dolor de vivir una vida carente de amor verdadero, en un mundo que idolatra cada vez más a la soledad. Y alimenta el miedo como emoción principal de la vida. Ya he hecho esta advertencia antes, pero quiero repetirla, para dramatizar aún más este tema: Isaías 5:20 nos dice: ¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo! (En este mundo de contradicciones entre ‘el bien y el mal’, son necesarias las voces que nos inviten a reflexionar… sin palabras).

En relación con la pregunta planteada en este artículo: ¿Está destinada la familia a desaparecer?, tomando especialmente en consideración el contexto que me interesa tratar aquí, la respuesta definitiva va a ser: ¡SÍ, está destina a desaparecer! En el desarrollo de lo que quiero expresar me voy a centrar en mis dos áreas usuales: Primero, los aspectos emocionales, los cuales se alimentan, tristemente, de todas las circunstancias negativas que propician y favorecen esta desaparición. En segundo lugar, me centraré en los aspectos del mandato de Dios para que esto suceda, los cuales contradictoriamente, a diferencia de los primeros, y en mi criterio, Dios los presenta como un proceso natural para el bienestar de cada ser humano y, paradójicamente, para la continuidad y felicidad de la familia. (Haciéndoles una advertencia, como siempre: no es que yo sea ‘el experto’, solamente es mi grano de área, en este desierto). En el aspecto emocional me voy a acompañar del principal fenómeno que nos domina como seres humanos, y que ya anteriormente autores de la talla de Freud, Berne, Perls y miles más, que han y continúan hablando de éste tema, el cual es: nuestra infinita capacidad humana de repetir nuestras conductas enfermas hasta el cansancio, y que a pesar de estar consciente de toda la destrucción que nos causan, las seguimos haciendo continuamente. Para colmo de males, a pesar de las miles de advertencias y señales, que nos dicen ‘ese no es el camino’ seguimos repitiendo una y otra vez, estas mismas conductas y acciones erróneas, sin importarnos la destrucción a la cual vamos. Por otra parte, voy a estar enfocándome, por supuesto, en lo que llamamos “Sociedad Actual” y sus códigos de valores, reglas y normas, pues en ella, cada vez más, el concepto de familia vale menos que nada, hasta el punto del desprecio y rechazo. Más aún, y ampliando lo dramático, porque al incluir el tema de lo espiritual, me doy cuenta de que sorprendentemente está ocurriendo lo mismo, en la mayoría de las personas que decimos llamarnos miembros del mundo cristiano, pues, a pesar de que “Dios es bueno”, los que nos llamamos ‘hijos de Dios’, contribuimos por igual a esta destrucción. Dado que al final del cuento, parece que antes que ‘hijos’ somos primero que nada: ‘Seres Humanos’, controlados por un mundo emocional enfermo que no quiere cambiar, sino destruirme, a mí mismo y a los que amo. A la verdad todos estamos llenos de estos conflictos emocionales, y más trágico aún, estamos demostrando lo ya expresado en Romanos 3:10-12 que dice: “Así está escrito: «No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!»” (NVI). Afortunadamente, en la realidad, las cosas no son tan extremas, pero pienso que cada vez falta menos, para que esto se cumpla. La verdad es que: ¡Sí, quiero ser parte de esa voz que clama en el desierto! Quiero llamar la atención, quiero reclamar con el dolor que me produce ver como un mundo que fue diseñado para amarse, termina destruyéndose, porque prefiere idolatrar a sus conflictos emocionales en vez de resolverlos. Prefiere vivir en sus tinieblas de amargura, soledad y miedo, destruyendo todo en lugar de construir en bienestar y amor. Porque preferimos mantener las emociones negativas que nos dominan, controlan y dirigen, en vez de revelarnos y cambiar, para así construir lo positivo y adecuado, para lo que fuimos diseñados, en contra de lo que hemos elegido: destruirnos a nosotros mismos y a la familia.

Pienso que para entrar en este tema lo primero que debemos hacer es preguntarnos ¿Qué es la familia? Quizás parezca obvio presentar su definición original y más sencilla: Papá, Mamá e hijos. Aunque la verdad es, que la familia es mucho más que eso. Pero para ser honestos, me interesa realmente en este punto, traer esta pregunta a colación, debido a que mi inquietud, tiene su origen en un fenómeno frecuente de nuestra ‘sociedad moderna’, el cual tiene que ver con su forma de cómo se manejan las cosas en nuestra realidad presente, particularmente, en las definiciones que hoy en día asignamos a todas las cosas. Hago la pregunta porque en la actualidad, existen muchas diferentes formas de definir lo que es una familia. Tanto es así, que parece casi imposible reconocer claramente la definición original, utilizada para identificar la unidad llamada familia. En realidad lo que ha ocurrido, con base en la multitud de cambios y permisos sociales que han venido desarrollándose a través de la ‘evolución social’, es que se ha deslegitimado el concepto de la familia original, para dar paso a la opción de considerar como tal, casi que a cualquier combinación posible de personas, y de esta manera, poder pasar a identificar a estos múltiples grupos, dentro de lo que hemos aceptado en llamar como la familia moderna. Voy a hacer un paréntesis, para lanzar una hipótesis personal, de este desvirtuar del concepto de familia: ¡La envidia se encargó de esta destrucción! La razón básica de la envidia es destruir al otro y lo que tiene. Como millares no tuvieron, ni tienen, la posibilidad de tener una familia, en su concepto más puro, y como no podían ‘ser menos’ que los que si la tenían, empezaron a llamar familia, a cualquier cosa donde hubiese dos o más personas juntas. Ahora tenemos y aceptamos estas múltiples definiciones, porque sencillamente, estas combinaciones, son hoy en día la inmensa mayoría, frente a la cada vez más amplia minoría, de lo que fue la familia original. Hoy en la actualidad esta familia original es una especie en extinción, al igual que las miles de cosas que nos hemos encargado de destruir en nuestra envidia. Ciertamente ya no cabe hablar de familia en singular, ahora tenemos muchos tipos de familia. De hecho a la familia original ahora la llamamos “Familia nuclear”, donde los grandes estudiosos sociales han señalado que es un concepto “desarrollado en el mundo occidental para designar el grupo de parientes conformado por los progenitores, usualmente padre, madre y sus hijos” (s/r). Tanto es así, que hoy en día, en forma despectiva, se llama a esta familia nuclear la “familia tradicional”, y como les señalé, pronto será la ‘familia obsoleta’. ¿Irónico? No, es la realidad a la que nos estamos acostumbrándonos a vivir cada día en nuestra ‘sociedad moderna’. Tal como señalé anteriormente, es la realidad de una inmensa mayoría de personas… que llaman a lo bueno malo y a lo malo bueno.

            En esta multitud de definiciones actuales podemos encontrar entre otras la siguiente: “La familia es un grupo de personas unidas por el parentesco, es la organización más importante de las que puede pertenecer el hombre. Esta unión se puede conformar por vínculos consanguíneos o por un vínculo constituido y reconocido legal y socialmente, como es el matrimonio o la adopción” (Fuente: https://concepto.de/familia /#ixzz5aiSTwR9y). Ya al incluir la expresión: “o por un vínculo constituido y reconocido legal y socialmente” ya te lo dice todo, aquí ya está permitido ¡TODO! Ese es el planteamiento actual de nuestras sociedades ‘permisivas’. Para mi criterio, el enfoque destructivo de la familia, inició su ascenso en las expresiones de esta inmensa mayoría de personas que, consideran decadente las reglas y normas morales. Que culpabilizan, particularmente en nuestra cultura occidental, a los enfoques de las iglesias católicas y cristianas como arcaicos, rígidos y anticuados, donde su ejecución y aplicación es valorado como impedimento para el desarrollo del individuo moderno. Tal vez el problema no fueron las normas en sí mismas, sino su aplicación e imposición por personas o instituciones demasiado radicales, controladores o dominantes, las cuales desvirtuaron el espíritu original de dichas normas. Lo que me recuerda lo expresado en Lucas 11:46: “Contestó Jesús: -¡Ay de ustedes también, expertos en la ley! Abruman a los demás con cargas que apenas se pueden soportar, pero ustedes mismos no levantan ni un dedo para ayudarlos” (NVI). Cualquier parecido con la experiencia actual, es pura coincidencia. La realidad es que a esta inmensa parte de la sociedad no le interesan las razones de estas normas sociales, sencillamente porque no les permiten hacer ¡LO QUE LES DA LA GANA!  Para ellos no es importante que todo este conjunto de normas, reglas, y leyes ‘adecuadas’ (menciono adecuadas, porque actualmente cada día más, las leyes se están normando con la intención del libertinaje, e intereses personales particulares, más que de lo legal y colectivo en sí mismo), se hubiesen creado y constituido para apoyar a la mujer, a los niños, a la familia como unidad fundamental, con la intención de proteger a la sociedad de sus propias ansias y desespero de auto-destrucción. Construir estas leyes y normas que hoy en día están desapareciendo, ha sido un proceso de muchos siglos y, de personas preocupadas genuinamente por la familia, sus integrantes y sus estructuras. Y después de haber logrado una estabilidad social, emocional y económica, ahora, se ha torcido de nuevo, y hemos iniciado el camino de la destrucción una vez más. Creando y propiciando un proceso de idolatría y poder, para un grupo de personas y situaciones no adecuadas, cuyos intereses se centran básicamente en la satisfacción de sus necesidades emocionales decadentes y de sus placeres personales.

            El problema de estas definiciones actuales es que hábilmente mezclan elementos de esta destrucción social, junto a verdades absolutas de nuestro desarrollo histórico, creando así ‘medias verdades’ que a la larga y, en su repetición y aceptación, terminan convirtiéndose en las verdades sociales que nos dirigen hoy en día. Para apoyar mi punto de vista cito lo expresado por Joseph Goebbels: “Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad.” “Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá.” (https://akifrases.com/frase/137228). Aclarando un poco más, a manera de ejemplo, de esta primera definición que presenté, también se puede extraer la siguiente expresión: “La Familia es… la organización más importante de las que puede pertenecer el hombre”, lo cual es absolutamente cierto. Pues de todas las formas de organización social, no existe ninguna otra que tenga el poder de formación, definición, trascendencia, pertenencia y unidad entre sus miembros, tanto en lo físico como en lo espiritual, y particularmente, en lo emocional, que la familia. Sin la estructura y pertenencia de la unidad familiar no tenemos absolutamente nada. La inquietud que planteo, es que hemos destruido este modelo original, adecuado y sano, sí con sus defectos, pero con más virtudes positivas que negativas, para dar paso a otros modelos (para mí enfermos) de lo que es la familia. Y si las bases estructurales están corrompidas,  ¿Qué puedes esperar del resto del edificio? En esta lucha entre lo adecuado y lo enfermo, no dejan de existir expresiones como la que encontré en la monografía de Ruth Analia Bothner (s/f), donde aparece este excelente enfoque de la función de la familia sana, el cual no tiene desperdicio:
“La familia es la base de la sociedad, es el núcleo donde se constituye la formación de la personalidad de cada uno de sus miembros, es el pilar sobre el cual se fundamenta el desarrollo psicológico, social y físico del ser humano. Es el asiento del legado emocional de cada persona, e idealmente debe suplir a sus miembros del sentimiento de seguridad y estabilidad emocional, nutrido en un ambiente de aceptación, seguridad y amor. El sistema familiar, está formado por una estructura y por interacciones entre sus miembros. De estos dos aspectos de la familia, emanan funciones que el sistema debe cumplir”.
Me parece que describe en esencia lo que es y debería ser una familia: un grupo de personas capaces de construir individuos para triunfar, por ende, parejas, familias y sociedades para triunfar. Lamentablemente, y allí coincido con los detractores de la familia, y particularmente, en mi posición de los conflictos emocionales, éste modelo sano es el más escaso, cada vez más ausente y, peor aún, en la dirección contraria a la esperada, como está ocurriendo en la actualidad, en este enfoque desesperado por hacer desaparecer a la familia.

Completando el enfoque anterior, tal vez haga falta recordar algunas ideas de un texto anónimo (s/r, s/f) que circuló en las ‘Redes Sociales’ identificando a la familia como “Un lugar de perdón”, el cual señala: “No hay familia perfecta. No tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos…” “Por eso, no hay matrimonio sano ni familia sana sin el ejercicio del perdón…” “Sin perdón la familia se convierte en una arena de conflictos y un reducto de penas…” “Sin perdón la familia se enferma…” “Y por eso la familia necesita ser lugar de vida y no de muerte; El territorio de cura y no de enfermedad; El escenario de perdón y no la culpa…”. Usando estas ideas como base, y ampliando un poco más, los que abogan por un mundo mejor, nos han repetido siempre que la familia es la base de la sociedad. ¿Cómo es esto? Pues bien, en el seno de la familia se educan los hijos, se les prepara para su futuro, para que sean hombres y mujeres “de bien” y, para que se integren a la sociedad. Lo que ellos aprendan de su modelo familiar, eso será lo que les indique el rumbo de sus propias vidas. Permíteme invitarte a pensar en esta verdad y dejarte bien claro que: tus hijos son el resultado directo e inmediato de tu modelo de paternidad. Lo cual es indudablemente igual a decir: que ellos serán y actuaran exactamente como tú los educaste, y comprende algo absoluto en esta verdad: incluye lo bueno y lo malo que les diste. Esta realidad no tiene nada que ver con tus intenciones, o con las justificaciones que quieras exponer, para tapar esta verdad de la vida de la familia. En el seno de nuestras familias hemos aprendido absolutamente ¡TODO! lo necesario para vivir. En especial cuatro áreas emocionales, fundamentales para la existencia del Ser Humano, y sus consecuencias. Éstas áreas incluyen: 1- Mi definición de género (si soy hombre o mujer). 2- Mi modelo de Pareja (permisos o prohibiciones). 3- Mi modelo de Familia (sana o enferma). 4- Mi modelo social (integración o no con los otros). Por ello, si el ejemplo de dicha familia ha sido sano y, promotor de estos valores adecuados, tendremos una perspectiva sana en todos éstos modelos. Pero por el contrario, si no es una familia sana o, simplemente no existe, o es cualquiera de los diferentes modelos disfuncionales que abundan hoy en día en nuestras sociedades, la destrucción de estas cuatro áreas es evidente e inevitable. Lo cual lamentablemente, es la norma frecuente, cuyos resultados son esta destrucción de nuestras familias. Recordaran Proverbios 22:6: “instruye al niño en su  camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (RVR60). Indudablemente la pregunta clave es ¿Cuál ha sido (o será) tu instrucción para con tus hijos? ¿Acaso no depende de ti y de tu modelo, lo que ellos aprendan y repitan en sus propias vidas? Al margen de sus propias autonomías e individualidades, de lo que siembres en ellos, es casi seguro, que eso cosecharás.

            Por otra parte, para completar este asunto de las definiciones, y partiendo del hecho de que todas las personas ‘necesitan’ tener y pertenecer a un modelo de familia. Tenemos que ha sido necesario, debido a los desastres emocionales que hemos construido, el tener que definir nuevos ‘tipos’ de familia, para poder incluir toda clase de mezclas tanto heterogéneas como homogéneas, que se han construido en la actualidad. Sin bien contamos inicialmente con los dos modelos tradicionales de familia. El primero, ya definido como ‘Familia Nuclear’ compuesto por Papá, Mamá y los hijos. La cual es la original, y en su definición inicial, la única forma válida de familia. Y segundo, la “familia extendida”. Que en realidad era el modelo social predominante, hasta que se dieron los procesos de migración e industrialización (que incluyeron las búsquedas de identidades propias, profesiones diferentes, independencia emocional y por supuesto, casi en primer lugar, la búsqueda de un bienestar material y económico, que es lo rige los valores de hoy en día). Éste modelo extendido actúa como un conjunto integrado de múltiples familias individuales, el cual está compuesta por los miembros de la familia nuclear, además de todos los demás miembros de la familia de origen: lo cual puede incluir a los padres, los hermanos, los miembros de las generaciones ascendentes y descendentes, como los abuelos, bisabuelos, tíos, primos, sobrinos, nietos y demás familiares. Donde también se pueden incluir parientes no consanguíneos, como medios hermanos, hijos adoptivos, cuñados, y como decimos coloquialmente: “pare usted de contar”. Este es un modelo muy común en nuestro contexto latinoamericano, cuando hablamos de la familia, no se refiere solamente a papá, mamá y hermanos, sino que se está refiriendo también a todos los parientes mencionados. Ciertamente esto ha cambiado con base a los elementos que estoy detallando, pero generalmente esta familia extendida es unida, si no viven juntos, se reúnen bastante seguido para cualquiera de los múltiples eventos familiares como: cumpleaños, bodas, bautizos, funerales, entre otros. Al final de cuentas “La familia es la familia”.

            A diferencia de lo anterior, ya más lejano a estos esquemas tradicionales, ha sido necesario definir y aceptar nuevos modelos de familia, para poder incluir y justificar los desastres que emocionalmente hemos permitido y construido, como consecuencia del proceso social moderno de destrucción de la familia. Antes de seguir avanzando, voy a hacer un comentario sobre los grupos sociales (recuerda lo que señalé de la voz que clama en el desierto). Para la ciencia de la Sociología, en el campo de la teoría de grupos, los grupos sociales son conjuntos de personas que se forman, juntan e interactúan en función de valores, normas, creencias y/o intereses sociales comunes compartidos. Es preciso un mínimo de dos personas y no tiene un límite máximo de integrantes. (Lo que me permite hacer una aclaratoria: Una pareja es un grupo, no es una familia). Ahora bien, en base a los principios de esta teoría, si uno de los miembros deja el grupo original, éste grupo se deshace (desaparece o se transforma en otro grupo). Con base en lo anterior, una vez que los miembros de una familia se separan, independientemente de las causas de la separación, ese grupo familiar original ya no existe. Puede transformarse en cualquier otra cosa, pero ya no es la familia original. Esa es una realidad que molesta a una inmensa mayoría, que se empeñan en llamar familia a lo que ya no lo es. Con esta idea aclarada, y continuando con el tema, ahora voy a referirme a  aquellas familias que luego de un proceso de divorcio se separan, lo cual da origen a lo que cotidiana y mayoritariamente llamamos “La Familia Monoparental”: la misma es la familia que está constituida por un solo miembro de la pareja progenitora (varón o mujer) y los hijos de ambos, independientemente de con quien decidan quedarse o, se vean obligado a ello. Lo usual y lo frecuente, por lo general, debido a los contextos socio-culturales, cuestiones de género y, en mi criterio personal, por una profunda necesidad genuina del amor materno, la mayoría de las veces los hijos se quedan con la madre. La mujer está diseñada espiritual, emocional y biológicamente para tener como primera prioridad de su vida, el proteger y amar a sus hijos, así le cueste su propia vida. Aquí me gustaría darme el permiso de romper, una vez más, el curso de mi pensamiento, para incluir un paréntesis altamente cuestionado y criticado por los destructores de la familia. Yo mismo, no estoy de acuerdo, con el fenómeno de las mujeres que se quedan en un matrimonio tóxico y destructivo, auto sacrificándose y martirizándose como víctimas resignadas, simplemente para que los hijos puedan contar con la presencia de un padre y, de una familia. Pienso que esto hace muchísimo más daño que un divorcio. Este sufrimiento eterno de uno o de los dos conyugues, lo único que consigue es destruir desde el miedo y el odio, el modelo de la relación matrimonial de los padres. Y ya lo he dicho anteriormente, el culpable no es la relación matrimonial, lo es, el cómo viven su matrimonio, desde sus conflictos emocionales, cada uno de sus integrantes. De hecho déjame apoyarme en lo dicho por el Apóstol Pablo en 1 Corintios 7:15, donde indica: “Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios” (RVR 1960). En mi criterio personal (salvo muy contadas excepciones), la solución no es un divorcio, ni mucho menos, un modelo de mártir. La solución es un adecuado proceso de resolución de los conflictos emocionales personales de ambos conyugues y, de la aplicación genuina de los principios y acciones del arte del perdón, para que así, puedan reconstruir y vivir una relación matrimonial verdadera, en todas sus dimensiones. Lo cual permite fortalecer a la familia original y, evitar la necesidad de convertirse en este modelo de la familia ‘monoparental’. Por otra parte, y a pesar de lo dicho hasta ahora, no deja de ser cierto, que existe un infinito número de mujeres que abandonan a sus hijos, bien sea que se los dejan al padre, o a los abuelos, tíos, o en adopción a algún desconocido, cuando no los abandonan en una calle cualquiera a su propia suerte. No importa las razones y justificaciones a las cuales quieran aferrarse para no sentirse ‘culpables’. Al final, la única realidad es un súper conflicto emocional que enferma su mente consciente e inconsciente y, la obliga a creer su propio engaño, y a abandonar a su(s) propio(s) hijo(s). El tema central de esta historia, la he repetido muchas veces: Romanos 3: 13: “«Lo que hablan es repugnante, como el mal olor de una tumba abierta. Su lengua está llena de mentiras»” (NTV). No sé de quién es, pero una de mis frases favoritas es: “Dios NO nos está esperando al final de cada día para juzgarnos, Él está al final de cada vida para que le rindamos cuenta de nuestra vida”. Y te recuerdo que en Salmos 143:2 dice: “No lleves a juicio a tu siervo, porque ante ti nadie es inocente”. Empezando por mí mismo, y para todos, no nos confundamos, Dios es UNO y es FIEL. Por eso en Malaquías 3:6 dice: “Yo soy el Señor y no cambio”. (NTV).

            Pienso que no es necesario ahondar en las consecuencias negativas, que produce en cada uno de sus miembros, el hecho de pertenecer a una familia monoparental. Es muy probable que la gran mayoría de nosotros, hemos vivido y sentido en carne propia, la realidad de este fenómeno tan altamente frecuente. Por ejemplo, el primer elemento de este modelo disfuncional, es que casi con certeza absoluta, yo voy a repetir el mismo modelo aprendido, me voy a divorciar de mi pareja (o como ocurre mayoritariamente hoy en día, no me voy a casar, solamente me voy a arrejuntar, para que así cuando me separe, lo cual es seguro que va a ocurrir, no sea tan ‘costoso’, porque traumático si lo va a ser.) Voy  abandonar a mis propios hijos, y al igual que hicieron mis padres conmigo, y así me voy a convertir en otro destructor de la familia, y lo peor es que lo voy a justificar, en la falacia de la búsqueda de mi propia felicidad. Olvidándome que todos mis actos tienen consecuencias y, que la vida se encargará de pasarme mi propia factura, la cual irremediablemente tendré que pagar. Muy frecuentemente los hijos, en la inmensa mayoría de los casos, pierden el contacto con uno de los padres (el abandonante). En líneas generales el progenitor que se va, no considera que ha abandonado a sus hijos, pero es solamente una excusa, para no sentir la culpa de un hecho ineludible y real, que ha abandonado no sólo al conyugue, sino a sus propios hijos. Miles y miles de hombres abandonan a sus propios hijos, para terminar criando los hijos de otro(s) hombre(s), semejante idiotez tiene que tener obligatoriamente un precio emocional. El simple hecho de ya no vivir en la misma casa, es de por sí un modelo de abandono, cuyas consecuencias, a parte de las personales, son infinitas en los hijos, quienes siempre se llevan la peor parte de la historia. Muchísimas familias monoparentales tiene la característica, prácticamente obligatoria, de “escoger” uno o más hijos para que no tengan vida propia y, se queden irremediablemente solos, con el único propósito de vida, de cuidar de mama (y en algunos casos menos frecuentes) de papá y mamá. Estos hijos “escogidos” no tienen derecho de tener pareja, ni hijos, ni vida propia. Les deben su vida única y exclusivamente a sus padres. No tienen ninguna otra alternativa (A menos que hagan terapia y, cambien su modelo emocional). Por otra parte, es totalmente cierto, al menos en la inmensa mayoría, que los hijos de las familias monoparentales van a sobrevivir al abandono, casi seguro que sí. Como Seres Humanos que somos nos dirige el principio de la vida, el cual nos permite adaptarnos ¡a lo que sea!, con tal de seguir viviendo. Pero el costo en la estructura emocional no tiene límites, incluye el enfermar a: sistemas de creencias, de autoestima, de relaciones interpersonales, de desarrollo y crecimiento personal, fracaso en los modelos de pareja y familia, y a veces también fracaso en lo profesional, e incluso, cada día más en términos de la destrucción de la identificación de género, ya no ejecuto mi rol masculino o femenino según mi género, sino que elijo cualquier otra opción alternativa. Modelos decisionales, alimentados en un infinito mundo de emociones negativas de rabia, odio, tristeza, pero especialmente de inseguridades y miedos, que abarcan todo las esferas de mi vida y, me roban mi posibilidad a ser y compartir, la felicidad a la cual tenía derecho como Ser Humano. Esta destrucción incluye muy frecuentemente términos de pobreza económica, humana, exclusión social, desvalorización personal, modelos de dependencia afectiva, aceptación de maltratos, y miles de situaciones dramáticamente negativas, que rodean la vida de estas familias monoparentales. Realidades que están presentes en la inmensa mayoría de los miembros de estas familias, de lo cual se salvan unos pocos privilegiados, que deciden un modelo emocional diferente, pues a final de cuentas, cada uno de nosotros es único y, puede decidir en forma contraria a este modelo destructivo.

            Ahora vamos a hablar de algo muy interesante, y es precisamente el cuadro de las diferentes mezclas, que pueden formarse, al unirse estas familias monoparentales. Porque a la verdad, existen nuevas familias que se crean a partir de estas familias monoparentales. Ya que, al final de cuentas, Él o Ella, después de la separación o divorcio, se haya o no quedado con los hijos, tarde o temprano, buscan tener nuevas relaciones de pareja, que igualmente pueden derivar en la convivencia de hecho, o en un nuevo matrimonio. En un primer modelo, en una alta proporción, la nueva pareja que se forma, tiene nuevos hijos. Ahora tenemos una familia nuclear nueva, más los hijos de la familia anterior, bien sea que uno o los dos, hayan traído los hijos anteriores al nuevo matrimonio. Es igualmente frecuente ver, como estos hijos del matrimonio anterior, se sienten desplazados por los “nuevos” hermanos, ya que ellos han perdido al padre o a la madre según sea el caso, y el “nuevo” hermanito sí tiene un papá y una mamá, donde ‘casualmente’ uno de ellos es también mi papá o mi mamá. El problema es que en la ‘nueva’ familia, el hermanito termina siendo el preferido, desplazando la relación original de amor con el progenitor previo, y provocando un manejo emocional negativo de celos y envidias, porque sencillamente, el hermanito tiene una familia y, éste hijo del matrimonio anterior no. A pesar de estar con su progenitor se siente que está abandonado, junto a todas sus emociones de descalificación y desvalorización, afectando por completo su propia autoestima y, su sistema emocional de creencias. Convirtiéndose usualmente en un dolor de cabeza permanente para la nueva pareja. La cual termina en una de dos opciones: o sacando del núcleo familiar al hijo rebelde, o la pareja termina separándose, por la imposibilidad de una convivencia sana con el o los hijos del otro. Al final de cuentas, continúan estando los mismos conflictos emocionales enfermos, que destruyeron la primera pareja, y que ahora, actúan de igual manera sobre la nueva relación. Prohibición de pareja es prohibición de pareja, no importa cuántas parejas diferentes tengas, al final no te puedes quedar con ninguna. Un segundo modelo de estas nuevas familias derivadas, es que ya no tienen nuevos hijos, pero el uno o los dos, terminan criando el o los hijos del otro, después de haber abandonado a sus propios hijos, en la separación de la primera pareja. Es decir (ya lo dije antes), semejante idiotez no tiene nombre: abandono a mis propios hijos para criar lo de otro. Como para cuestionar de qué clase de amor de padres estamos hablando ¿O no?

            Ya no es tan frecuente, pero antes era muy común, el modelo de la madre abnegada y sufrida que se quedaba con los hijos, se convertía en súper mamá, mantenía el hogar, y por ‘amor’ a los hijos (en realidad es por miedo, sobre todo si tiene hijas hembras) se quedaba sola para que ningún padrastro le hiciera daño a sus hijos. La segunda realidad aquí, a la verdad es un conflicto emocional prohibidor de pareja del tamaño de una catedral. Dónde ya actuó el modelo social de tener hijos en un matrimonio, y como ahora no le hace falta el hombre, lo botó, y ahora vive su modelo de familia monoparental, libre del conflicto de tener que ‘calarse’ un marido que la fastidia. Más recientemente, en la actualidad, es interesante ver que éste modelo empieza a repetirse mucho, pero con los hombres. Por lo general son hijos de madres muy dominantes o agresivas, que los han debilitado como hombres, o guardan una gigantesca rabia o resentimiento contra las mujeres. Ellos se casan o arrejuntan, tienen sus hijos, se fastidian de la mujer y la botan (se separan). Ellos se quedan con los hijos y, se convierten en los padres abnegados y cuidadores de sus hijos, cosa que sus propios padres no hicieron con ellos nunca. Estos hombres, por lo general, tienen una seguidilla de mujeres de pareja, con las cuales nunca concretan nada, igualmente por el modelo prohibidor de pareja que los domina. Ampliando el tema, por otra parte, un tercer modelo interesante, que usualmente se deriva de este esquema de la familia monoparental, es que ella o Él, termina yendo a vivir a casa de ‘mami’ después de la separación del conyugue. Con la interesante consecuencia de que la abuela se convierte en la ‘mami’ de los nietos y, el hijo o la hija se convierte en la pareja de la ‘mami’. Pues mientras mamá me cuida y se ocupa de mis hijos, yo me encargo de ir a trabajar y conseguir el sustento de la casa (La abuela hace el rol de la mujer de la casa, y el hijo o la hija, el rol del hombre de la casa). Este es un modelo altamente frecuente hoy en día, que se ve constantemente. Por supuesto, casi es una regla general, la abuela botó al marido hace tiempo atrás, para que su hijito, o su hijita bella, pudiese venir a tomar el lugar que dejó vacío ‘el perro’ del papá que los abandonó. (Comentario aparte y personal, deseo estar expresándome claramente, porque aunque este modelo ocurre en todo el mundo, es prácticamente universal en culturas matriarcales como la nuestra en América Latina, y particularmente aquí en Venezuela, es como decimos: “pan de cada día”).

            Entonces, permíteme hacer un resumen de los modelos y de las opciones del modelo de familia monoparental: El primero: Ella o Él se quedan con los hijos y, ni se casan ni se arrejuntan nunca más, quedándose solos el resto de sus vidas. Donde muchas veces sacrifican a uno de sus hijos para que se queden a cuidarlos hasta su muerte. Y por lo general el hijo sacrificado (“escogido”) se queda solo en la inmensa mayoría de los casos. El segundo modelo: Se arrejuntan o se casan con una nueva pareja, y pueden o no tener nuevos hijos, además de los hijos del matrimonio anterior. Teniendo la opción de permanecer juntos o, de volverse a separar de este segundo, tercero…. matrimonio. Y finalmente, el tercer modelo, Él o Ella se van a vivir a casi de ‘mami’ con mis hijitos, y formo una dinámica matrimonial con mi mamá (o papá), donde abuela es la mujer de la casa y mamá de mis hijos, y Él o Ella hacen el rol del hombre de casa, que va a trabajar y trae el sustento a la casa. Una vez más, como decimos por aquí, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. ¿No crees tú?

            Continuando con otro aspecto de este mismo tema, en este proceso evolutivo hacia la destrucción de la familia, pues era cuestión de tiempo, el que apareciese un nuevo tipo de familia, la cual va en crecimiento cada vez más acelerado. Me refiero a las familias homo-parentales. Éste tipo de familia se dan cuando las personas que se autodefinen como gay, lesbianas y personas transgénero (Es decir los miembros de la comunidad LGBT), se convierten en progenitores de uno o más niños. Independientemente de que sea de forma biológica, a través de lo cual tienen a sus propios hijos (aquí no es importante el tema del donador, pues hay multitud de opciones para lograr dicho proceso). O por otra parte, a través de los procesos de adopción, que cada vez son más flexibles, con base en aquello que comentamos sobre la permisividad de las leyes, pues hoy en día es mucho más sencillo lograr este proceso. En este caso tenemos una pareja del mismo género (operados quirúrgicamente o no), que tienen a sus propios hijos, bien sea mediante procreación natural o mediante adopción. Lo interesante del fenómeno de cualquier tipo de familia, es que siempre uno de los padres actúa la versión masculina (autoridad, protección, provisión económica…) y el otro actúa el rol femenino (protección, compañía, mantenimiento emocional…). Y de esta forma tenemos en la actuación de la dinámica emocional (no importa que sea enferma, al fin y al cabo es la dinámica lo que cuenta), una familia, cuya característica fundamental es que ambos miembros de la diada conyugal tienen el mismo género. En mi comprensión (limitada) del fenómeno LGBT, lejos de cuestionar, criticar o tan siquiera mostrar algún rasgo homofóbico. Desde mi perspectiva y enfoque del mundo de los conflictos emociones, más bien siento y pienso yo, que este es un grupo al cual, además de comprender, sería necesario entender y sobretodo, compartir el dolor emocional por el cual tuvieron que atravesar para llegar a tener, cuando no, se vieron obligados, por no poder defenderse de las agresiones de sus figuras parentales, el tener que tomar su propia decisión emocional de no pertenecer a su propio género. Sino que frente a la agresión desmedida de unas figuras parentales, cuyo amor distorsionado, pudo romper las leyes naturales de la identificación de género, y obligar a estas personas a decidir en su estructura de personalidad un patrón diferente, para el cual nacieron. Aunque las justificaciones de todo tipo y nivel, así como las explicaciones científicas sobreabunden, para demostrar lo indemostrable. Yo me mantengo fiel a mi posición y mi creencia definida en Génesis 1:27, en la cual se dice: “Así que Dios creó a los seres humanos a su propia imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó” (NTV). A mi entender, Dios creó su universo para ser habitado por hombres y mujeres, y eso sigue sucediendo así, únicamente sigue habiendo hombres y mujeres. El problema estriba en que, en la voluntad permisiva de Dios, en su infinito e inagotable amor al Ser Humano, Dios le concedió el poder de su libre albedrío y de su dominio propio. Con el cual, por una parte, le hemos dicho a Dios: ‘Quitate tú para ponerme y decidir yo’, y por la otra, le hemos dado tal poder a los conflictos emocionales enfermos, que hemos sido capaces de, en vez definir mi interés sexual en función de mi género biológico, he decido, y repito, con base en la agresión, el miedo, la culpa, la rabia, que me enseñaron mis figuras parentales, pues sencillamente definir una identidad sexual opuesta a mi biología. Porque señores, el poder de la mente lo puede todo, y cuando las emociones y la mente están enfermas, ésta enfermedad se manifiesta hasta en la raíz básica de mi identidad personal y de mi YO, como definición fundamental de vida. No importa lo que sea, el principio de vida sigue actuando, así necesite construirme un pene o una vagina artificial, porque como todo, la maldad no tiene límite y, abunda en los corazones donde no existe Dios.

            Una última referencia a los diferentes tipos de familia que hemos creado. Para referirme también al hecho de considerar que hay diferentes grupos de personas, donde el sentido de la palabra ‘familia’, realmente no tiene absolutamente nada que ver con un parentesco de consanguinidad, legal, o cualquiera de las mezclas de las cuales he mencionado. La realidad es que existe un gran grupo de asociaciones de personas que, terminan por diferentes razones, construyendo relaciones de apego, afecto o incluso amor, y que se llaman a sí mismas ‘familia’. Cuya relación y dinámica emocional, se construye sobre todo en relación con sentimientos como la convivencia, la solidaridad y, como definí en función de los grupos sociales, en base a un grupo de intereses y beneficios comunes, que permiten la creación de estos sentimientos de que somos familia. Por ejemplo, las ‘familias’ conformadas únicamente por hermanos, por amigos, los militares, los policías, y diversas instituciones públicas o privadas (es muy común oír en empresas expresiones como “somos una familia”), entre otras. En realidad la vinculación y la dinámica se van a establecer, por el hecho de que estos grupos de personas conviven juntos en un mismo espacio físico, al igual que por un tiempo considerablemente largo, lo cual permite el establecer la asociación de afecto y apego necesarios. Con lo cual se crea la vinculación emocional y, asumen estos sentimientos de valorarse como familia. Por otra parte, existe una realidad en este mundo de los conflictos emocionales, dónde la gran mayoría de estas personas, no llegaron a tener nunca una familia real a la cual pertenecer, y ahora, asumen al grupo al cual pertenecen como una familia (sustituta), que llena los espacios de la gigantesca carencia emocional, de no haber tenido una familia propia nunca. Entonces, tenemos otro grupo amplio de personas, que se consideran miembros de una familia, que en realidad no existe, solamente es un grupo cohesionado, con intereses comunes, empezando por la necesidad de pertenecer a ésta asociación, debido a la carencia original de mi propia ‘familia nuclear’.

            Manteniendo estos conceptos de los tipos de familias, es necesario reconocer que los aspectos culturales, sociales, y regionales de los diferentes países también influyen en este tema de la destrucción de las familias.  Sin necesidad de profundizar en el tema, podría poner como ejemplo comparativo, la filosofía de las familias latinoamericanas, contra los modelos anglosajones y europeos. Es decir, desde nuestras bases latinas, nuestras familias se caracterizan fundamentalmente, por mantener y reforzar un amplio conjunto de costumbres y tradiciones, fuertemente marcadas por la tradición y el afecto a la familia. Es muy frecuente, que los latinos eduquen a los hijos, para tratar de que se queden el mayor tiempo posible en casa de sus padres, porque así fueron criados ellos mismos desde siempre. De igual manera, es muy frecuente, que el muchacho latino, una vez que se gradúa de la universidad, busque un trabajo cerca de la casa de sus padres, que es por regla general donde va a seguir viviendo. Si decide irse de casa de los padres, porque va a convivir con su pareja, por lo general buscan un lugar cercano a los padres, con la intención de visitarlos continuamente. Claro, esto cuando no ocurre la nueva norma tan frecuente y común, de que la nueva pareja se queda a vivir en casa de los padres de uno de ellos (lo cual desde mi enfoque, es una de las razones por las cuales estamos destruyendo la familia). Es una realidad cierta, la llevamos en la sangre latina, nos encanta estar con nuestra gente. Nosotros siempre encontramos un motivo para reunirnos con la familia y los amigos. En cualquier latitud donde nos encontremos, la familia latina tiene un mayor calor humano, nos encanta estar cerca, los “bochinches”, las fiestas, y cualquier excusa es buena para reunirnos y montar “una parranda” o “un sancocho”, siempre en familia. Por ejemplo, una parte de la letra de la canción de Simón Díaz “Venezuela habla cantando” dice: “Los muchachos de mi pueblo todo el día andan silbando, ya por el mundo se dice: Venezuela habla cantando. El que nace en Venezuela ya lo vamos preparando al decir venezolano ya lo dice uno cantando. El secreto, compañero, es algo muy personal: que arrullamos a los niños con el Himno Nacional”. Y de hecho, no hay hogar venezolano donde no se escuche la canción “Alma Llanera” que es nuestro segundo Himno Nacional. En líneas generales, nosotros los latinos tenemos una mayor expresión de afectividad, porque somos personas que nos involucramos todo el tiempo con nuestra familia. Sin embargo, en el contexto de este artículo, éste modelo de familia cada vez es menos frecuente, la destrucción de la familia también implica la separación y el distanciamiento de sus diferentes miembros. Cada vez están más lejos los unos de los otros, y los hogares paternos ya no son tan frecuentemente los centros de reunión, sino más bien los centros de conflictos y, el caldo de cultivo de la destrucción de la familia.

Ya en este punto tenemos claro qué es una familia y, cuántos tipos de familia hay. Creo que es momento de explicar desde mi perspectiva, según el enfoque emocional y social,  porque entonces la familia está destinada a desaparecer. Como un primer punto, pienso que parte de la raíz de esta destrucción de la familia, está en nuestras definiciones aprendidas, específicamente, en las diferencias entre lo teórico y lo real. Por ejemplo en la definición del amor (al igual que en la de la familia) hay un ‘concepto teórico’ precioso y maravilloso, que habla de todas las cosas buenas: unidad, compañerismo, apoyo, felicidad, respeto, fidelidad, comunicación, entre otros. Lo cual es lo que todos esperamos y buscamos. Pero muy lamentablemente, la verdad es muy diferente, aprendí de mis Figuras Parentales un ‘concepto real’ muy distinto y muy destructivo. Te explico: Ellos se encargaron de repetirme que me amaban y que querían lo mejor para mí, infinidad de veces, me lo repitieron hasta el cansancio. Pero su aplicación práctica de su amor a mí, y de lo mejor para mí, fue una secuencia constante y repetitiva de: golpes, regaños, castigos, maltratos verbales y físicos, descalificaciones, comparaciones con otros, críticas, entre otras muchas acciones destructivas y negativas como estas. Así como la aplicación de modelos de sobreprotección, sobre control,  sobre exigencia, o tan sencillo como el modelo de abandono, donde jamás se ocuparon de mí. Por su parte, entre ellos mismos, actuaron miles de peleas y agresiones (muchas enfrente de mí, otros más inteligentes, se encerraban en su cuarto, pero las puertas atenúan el sonido, no lo detiene), infidelidades, separación y divorcio, y muchas más situaciones donde lo negativo y enfermo, fue mucho más frecuente e impactante, que lo positivo y sano. Todas estas acciones y modelos, dan un mensaje bien claro: El amor es maltrato y agresión. Por mi parte, en algún momento de éste proceso de agresiones, me hice una pregunta crucial en lo emocional: ¿Quiero esto para mi vida? Casi seguro que la respuesta fue un absoluto y rotuno ¡No lo quiero! De lo que no me di cuenta, es que lo que estaba negando, no era el proceso de agresiones que estaba sufriendo, sino muy por el contrario, lo que terminé negando y prohibiendo a mí mismo y para mi vida, fue la pareja, el matrimonio y mis hijos. Con lo cual me niego a mí mismo, la posibilidad de tener a mi conyugue y mi propio familia. Una vez tomada esta decisión emocional profunda, ahora yo con ese aprendizaje emocional y físico, y muy especialmente, con mi ‘definición real’ del amor, del matrimonio, de la familia y, de cómo se tratan los esposos y los hijos, tengo dos opciones negativas básicas: La primera: busco y repito lo mismo, con lo cual tengo garantizado la destrucción de mi matrimonio, familia e hijos (a parte de mí mismo, por supuesto). Y la segunda: sabiendo que esta destrucción va a pasar de manera inevitable, decido un modelo de soledad, donde no tengo nada de esto, para no continuar sufriendo el drama de una historia sin fin de destrucción, pero con el mismo final predecible, el cual es la desaparición de la familia, porque para empezar, ya yo no construyo mi propia familia, o muy frecuentemente, me encargo de destruirla en base a mis conflictos emocionales. No olvides una realidad de la mente: una cosa es lo que pensamos y queremos, y otra muy distinta, es lo que emocionalmente hacemos y ejecutamos en nuestra vida. Por lo general lo segundo siempre gana. Al fin y al cabo, lo bueno y adecuado, requiere mayor trabajo, compromiso y responsabilidad para lograrlo. Lamentablemente, la gran mayoría de las personas de hoy en día, no están dispuestas a realizar este esfuerzo por y para triunfar en su vida (porque los valores están distorsionados). Prefieren quedarse en su modelo emocional enfermo. De allí, la definición de ‘enfermo’, que es: la persona que no acepta o no quiere curarse de su enfermedad. Una vez más, por ello, la familia está destinada a desaparecer.

            Por otra parte, entre las muchas razones sociales y emocionales para la desaparición de la familia, (aunque está claro que estas cosas pasan a nivel mundial, pasan en la cultura latina y, pasan especialmente en la venezolana), pudiera comentar, contrario a lo que hablé anteriormente en positivo de las familias latinas, que lo frecuente y altamente característico en la familia latina, es la mujer sola y el hombre abandonante. Es muy común ver como cada día ha ido aumentando más y más, desde hace, diría yo siglos atrás, como el hombre no cumplió con su rol del protector, proveedor, cabeza de familia, cuidador del hogar, de la esposa y de los hijos, es decir, de la familia. Por el contrario ha maltratado, denigrado, descalificado y abandonado a la mujer, básicamente a su propia suerte. Con lo que la mujer ha ido adquiriendo, emocionalmente hablando, más y más rabia contra el hombre. La mujer aprendió a través del tiempo, y de este continuo maltrato y abandono, a odiar al hombre, a no confiar en Él y, a esperar lo peor del hombre. Por eso, las madres (y algunos padres también), han enseñado a sus hijas estos sentimientos y emociones, de odio y desconfianza hacia el hombre. Aparte de que estas hijas, lo han aprendido de primera mano, en su propia experiencia emocional de su padre. Las hijas han crecido con frases tan comunes como: “estudia para que no dependas de ningún hombre’, ‘Todos los hombres te van a abandonar… te va a ser infiel… te va a dar una patada y te va a botar… no confíes en ningún hombre…”, y miles de frases más de este tipo. Que a final de cuenta, en este juego emocional del 50% y 50% (ambos son igualmente responsables), el hombre actúa su maltrato y abandono, y la mujer su odio, competencia y soledad. Una gran mayoría de las mujeres han aprendido a ser profesionales, a ganar mucho dinero, a tener poder, pero a quedarse solas, con familias destruidas. En mi criterio, éste fenómeno tuvo su auge y su despertar, a raíz de la finalización de la segunda guerra mundial. Era necesario reconstruir los países devastados por la guerra. Los hombres habían muerto en millones. Los empresarios necesitaban mano de obra, las mujeres estaban disponibles. Se contrató a la mujer y se le pagó su salario. La mujer se dio cuenta de que ya no tenía necesidad de depender de ningún hombre… “hija estudia…”.  De esta manera, la mujer ha renunciado masivamente a su rol de esposa y madre, y se ha dedicado casi exclusivamente a ser profesional. La víctima en este caso: la familia… Ya la pregunta no es si va a desaparecer…, sino ¿Cuánto tiempo le queda al modelo de familia sana y adecuada para su extinción?  

            Por ejemplo, a raíz de los acontecimientos mundiales de las décadas de 1960 y 1970, la desintegración de la familia se consolidó. La idea del matrimonio y la familia fueron atacados desde todos los frentes, ya eran instituciones obsoletas que solamente causaban problemas. Se definió la revolución de los roles de género, la mujer se integró al mercado laboral y, abandonó el hogar y el matrimonio. La autoridad patriarcal se desvaneció, los hombres se enfocaron más en su satisfacción individual y de placer, en lugar de la familia. Se definió un creciente énfasis de la autonomía individual de los integrantes del hogar. Los hijos desafiaron las rígidas reglas y las normas coercitivas de los padres, y buscaron sus propios rumbos, lejos de la familia paterna. Los procesos sociales, económicos y emocionales, transformaron la forma de ver, evaluar y sentir los valores de la familia, el matrimonio y la pareja, hasta prácticamente destruirlos. En un estudio de la UNICEF sobre la familia, aparece la siguiente expresión:
“Hemos pasado de una época en que casi todo el mundo se casaba, generalmente al final de la adolescencia o a principios de la edad adulta, a otra en que hay una creciente minoría que nunca se casará, y en que la mayoría posterga el matrimonio hasta después de los 25 años o incluso hasta más adelante. El matrimonio ya no es más el acontecimiento eje que articula el comienzo de las relaciones sexuales, la procreación, el abandono del hogar paterno, o incluso la formación de un hogar”
(http://files.unicef.org/uruguay/spanish/libro_familia.pdf).
Dicha transformación de valores y la búsqueda de los modelos de ‘más alta calidad de vida’ invitó a los jóvenes a las universidades, pues las profesiones incluían la promesa del bienestar y la independencia, además de la posibilidad de la riqueza económica. La mujer encontró su emancipación en la universidad y el trabajo. Ya no estaría esclavizada a una cocina, a un hombre o, unos hijos. El hogar moderno no se sostiene con un único sueldo, se requieren dos. Las necesidades individuales se han consolidado como la primera prioridad de la vida, en muchos casos ya los hijos estorban. En esta evolución del tiempo se han flexibilizan los valores, haciendo las normas más tolerantes y permisivas. Se permiten prácticamente todo tipo de conducta individual (que no perjudique a otro). Se cambia completamente el enfoque hacia las relaciones sexuales antes del matrimonio, además de los modelos de infidelidad sin distinción de género, convivencia de pareja sin matrimonio, tener hijos fuera del matrimonio. Si estás embarazada ya no tienes que casarte, ahora puedes abortar, o decidir ser madre soltera.
“El aumento de las tasas de divorcio acabó con el ideal de la monogamia para toda la vida. El valor de la satisfacción en el matrimonio aumentó, elevando las exigencias en términos de intimidad, gratificación sexual y distribución equitativa de las tareas domésticas. Los individuos comenzaron a mirar al matrimonio como una institución atemorizante, la cohabitación sin matrimonio se volvió para muchos la alternativa ideal”.
(http://files.unicef.org/uruguay/spanish/libro_familia.pdf).
Simplemente, después de ver la destrucción del matrimonio de mis padres, y de haber vivido la experiencia de la desaparición de mi familia, el modelo matrimonial de dos seres en uno para toda la vida, si no se acabó, está prácticamente extinto. Los parámetros y los roles de ser padre o madre también se fracturaron. Ya no importa si los abandono, o si decido una vida de soltero. La convivencia sin el compromiso del matrimonio ha ganado el espacio en los contextos sociales, económicos y emocionales.
“El matrimonio ha dejado de ser un juramento de compromiso eterno para transformarse cada vez más en un compromiso condicional a permanecer juntos siempre que ambas partes estén dispuestas y puedan hacerlo. Se habla menos de lazos eternos y más sobre la importancia de la igualdad, el respeto mutuo y la intimidad, las piedras angulares de una relación contemporánea. (Está prácticamente colapsado).”
(http://files.unicef.org/uruguay/spanish /libro_familia.pdf).

            De igual manera, es necesario incluir entre estas razones (sociales, económicas y emocionales), de por qué la familia está desapareciendo, los criterios de cómo influyen en la formación emocional de los hijos, todos estos modelos modernos de vida y de familia. Por ejemplo, en el caso de las familias monoparentales, tiende a ser una absoluta verdad que los padres (independiente de si es papá o mamá) que viven separados de sus hijos, normalmente participan poco en los modelos educacionales, formativos y emocionales de sus hijos (por lo menos en los aspectos sanos, hablando emocionalmente). O incluso, en la mayoría de los casos, no participan de ninguna manera, pues terminan separándose permanentemente de sus hijos, y de esta manera, abandonándolos definitiva y completamente. Perjudicando directamente las estructuras emocionales con las cual se configura la personalidad de cada hijo individualmente. Incluso cuando hablamos de la formación de nuevos matrimonios (o convivencias) de los padres, por lo general, lejos de ser un buen modelo, termina enseñando a los hijos, los modelos de ruptura de pareja, abandono de los hijos, promiscuidad,  y ciertamente, la desaparición de la familia. Es muy común ver que el padre/madre que termina cuidando a los hijos, guarda un claro resentimiento y, muchas veces, sentimientos de odio hacia el otro progenitor. Con lo que frecuentemente, incluso sin darse cuenta, transmite y enseña este odio a los hijos, con todas las consecuencias perjudiciales de esta situación. Igualmente, por lo general restringe a únicamente su propia familia el trato de los hijos, por lo que la familia del otro tiende a desaparecer también. Esta multiplicidad de modelos familiares solamente trae más desintegración de la familia. Por otra parte, el tema de la madre trabajadora, asegura que cada vez más, el tiempo disponible para estar con los hijos, es menor y más escaso. Si tienen suerte, los hijos se crían con los abuelos, otros, con señoras de ‘servicio’ (nanas) y, cada vez más frecuente se convierten en hijos de la calle… televisión… video juegos… y demás elementos sustitutos de la atención de los padres. Por eso, inventaron la patraña del “tiempo de calidad” versus la cantidad real de tiempo que se debe pasar con los hijos, lo cual no es, sino una mentira de tamaño mayúsculo. Si no, pregúntale a cualquier hijo que prefería: ¿sí cinco minutos diarios con los padres, o la presencia continua de ellos? La realidad es que esta frecuencia cada vez menor de los padres con los hijos, es un permisor de la desaparición de la familia. El estudio de la UNICEF señala que:
Es como si los padres que viven juntos tuvieran más o menos garantizado el éxito y los que no viven juntos estuvieran destinados a fracasar, los hijos tienen más posibilidades de prosperar cuando reciben una atención continua de los padres, cuando estos invierten en la relación, destinándole tiempo y recursos materiales, cuando controlan en forma adecuada los impulsos y las acciones de los hijos en función de su edad, y cuando demuestran cariño, interés y confianza en la capacidad de los hijos. Estén presentes los dos padres generalmente confiere a los niños beneficios adicionales que van más allá de lo obvio, que es brindarles más tiempo y recursos. Cuando comparten valores e intereses comunes, los padres pueden reforzar mutuamente los modelos de los hijos”.
(http://files.unicef.org/uruguay/spanish/libro_familia.pdf).
Es indudable que el desarrollo de cada hijo, es individual, y en líneas generales, independiente del tipo de familia dónde se desarrolle su formación. Lo cual puede ser válido para los aspectos sociales y económicos, pero en el tema emocional, el asunto es completamente diferente. Modelos y situaciones tan negativas como estos, lo único que tienen garantizado son más y peores traumas y conflictos, que aseguran cada vez más la desaparición de la familia. Pues si hay algo común en estos modelos modernos de familia, es la permisividad de la disciplina, pues permiten prácticamente todo. Los padres se ocupan más de sí mismos y menos de los hijos, y por supuesto, la idea de ‘dedicarse por entero’ a los hijos está prácticamente extinta, semejante herejía ya es obsoleta y, es cosa del pasado. Allí tienes una muestra de la realidad actual de las familias. Lo preocupante, no es que te pasó a ti, o te está pasando, sino que es ¡a nivel mundial!

            Incluyendo otro aspecto diferente, de estas razones de la desaparición, es muy interesante ver, en estas nuevas tendencias, cómo cada vez más personas se autodenominan “asexual”, es decir, que no tienen deseos sexuales y no practican sexo con nadie. Igualmente, cada vez más, aparecen parejas que indican que conviven sin el sexo. Y por supuesto, el tope de estas tendencias, son las parejas que deciden no tener hijos (practiquen o no el sexo regularmente). Ciertamente cada uno de estos grupos tiene sus respectivas razones, cada una igualmente válida, sobretodo, desde la perspectiva de que es una decisión personal, y sí lo digo sin rodeos: ¡cada persona puede hacer con su vida lo que le da la gana! (mientras no perjudique a nadie). Pero, en mi criterio, no importan las explicaciones que den, o las diferentes tendencias sociales que justifican y promueven estas situaciones, el tema aquí, son los conflictos emocionales que les pertenecen y, que han aprendido a través de sus propios modelos personales y familiares. Por ejemplo, para que una persona no quiera tener sexo, tendría que empezar por no tener hormonas, lo cual es sencillamente imposible. La realidad emocional aquí podría verse de dos aspectos opuestos y mundiales: En primer lugar, la cantidad de prohibiciones, miedos, tabús, creencias negativas que sobre el sexo se han creado, a través del tiempo y de las sociedades. Lo cual genera en muchísimas personas tales niveles de miedo y angustia, que la sexualidad se convierte en un tema prohibido. Común son los temas de los padres sobreprotectores y sobre controladores, que meten miedo, ejercen control sobre la voluntad y las decisiones emocionales de los hijos, que se acompañan y ‘satanizan’ temas como el embarazo, los hijos, las parejas y sus relaciones, entre otras muchas más argumentaciones. En segundo lugar, por otro lado, totalmente lo contrario, la permisividad indiscriminada de hoy en día en relación al sexo libre, con quien, cuando, donde y como quieras, ha creado tal nivel de sobresaturación, que se ha convertido también en una causal de rechazo al sexo. Hay tal cantidad de personas adictas a la pornografía y objetos sexuales (en todas sus formas), que la sexualidad con una persona real, sencillamente ha perdido interés y necesidad. Frente a posibilidad de tener sexo libre, se ha perdido el misterio, el estímulo y el deseo, ahora se ha convertido en una rutina y en un hastío, convirtiendo al sexo en algo poco satisfactorio. La ‘venta’ de los ‘cuerpos perfectos’ en todos los medios sociales, ha hecho que las personas reales se miren al espejo y odien su propia autoimagen, se rechazan a sí mismas a través de sus propios cuerpos, sus miedos y su desvalorización las lleva a no tener ni buscar el sexo. La facilidad de tener sexo con alguien hoy, y mañana con otra persona, no solamente ha aumentado los niveles de enfermedades venéreas, sino que también ha contribuido a hastiarse de los sentimientos y emociones vacías que dejan esos encuentros libres, donde solamente hay cuerpos y órganos, sin relaciones, sin pertenencias, sin afectos. Donde un video, una muñeca o, cualquier objeto sexual, producen más satisfacción que una persona real, y por supuesto, mucho menos miedo y angustia, que un encuentro emocional con esa persona real. De igual manera es para aquellas parejas que han decidido renunciar a la sexualidad. A parte del mundo de los conflictos emocionales, todo lo demás son simples justificaciones para quedar bien consigo mismos. Temas de insatisfacción, aburrimiento, angustias, rechazos, enfermedades, pérdida del interés, rutinas y hastíos, son temas comunes y frecuentes en estas decisiones de la abstinencia sexual entre parejas. Que te puedo decir: ¡La mente lo puede todo! El problema es el empeño de cumplir con las órdenes de los conflictos emocionales, lamentablemente auto-destructivos.

            Tema aparte es el proceso de las parejas que deciden quedarse sin hijos. Lo cual, en el mismo orden de ideas de los casos anteriores, no deja de ser una decisión personal, tanto individual, como de la pareja. Este es un tema ya trillado, desde hace tiempo, en las culturas que denominamos del “primer mundo”, pero cada vez va cobrando más auge en otras latitudes. Ciertamente, es una realidad el derecho de decidir, lo que hemos denominado la planificación familiar, y mientras unos deciden tener cuatro… cinco… hijos, otros deciden no tener ninguno. En este cambio de los valores sociales y emocionales actuales, y para fortalecer el hecho de la desaparición de la familia, por un lado las mujeres están cambiando su rol materno por el rol profesional (“…hija estudia…”). La genética, lo biológico ha quedado en segundo plano, el control lo tiene lo emocional en función de los conflictos y traumas internalizados. Cada día más y más personas se enfocan en su desarrollo individual, postergando, o en este caso, anulando la posibilidad de tener hijos. Normalmente, ésta minoría creciente, alega que ya no necesitan tener hijos ni para sentirse más felices, ni para afirmarse en su identidad como mujeres u hombres. Mientras que desde la posición opuesta, el modelo tradicional alega que, tener hijos es una de las mayores alegrías de la vida, y a decir verdad, se convierte en todo un proceso emocional y único, para cada persona que tiene la dicha de vivirlo y, yo diría: actuar el rol paterno / materno en toda su responsabilidad. Por ejemplo, recuerdo una paciente que en su primera consulta me comentó: “Yo no quiero saber nada de hijos, yo rechazo a los niños”. Tiempo después se casó y tuvo una hija. A los meses vino a la consulta y me exclamó: “Mi hija es lo mejor que me ha pasado en mi vida, nada se compara con tenerla a ella”. Cabría la pregunta: ¿Estamos hablando de la misma persona? Ten por seguro que sí. Tener un hijo es una experiencia que transforma vidas, para bien o para mal, todo depende del modelo emocional frente a los hijos, la pareja y la familia. Ciertamente, que todavía hoy, una inmensa mayoría cree y afirma que, el rol principal de la mujer es ser madre. Y todavía, socialmente, la mujer que es madre es más valorada. En mi criterio personal, la genética femenina demanda la satisfacción de la necesidad biológica, emocional y espiritual de ser madre (se encargue o no, después del hijo). Mientras que aquellas mujeres, que por temas biológicos (esterilidad), no pueden tenerlo, si no lo resuelven a través de la adopción, o cualquier otro mecanismo, por lo general llevan una tristeza interna, tal como una sensación de fracaso, de no haber podido concebir. Y como he señalado en otras oportunidades, aquellas que debido a sus conflictos emocionales y prohibiciones, no los tienen, llevan un vacío interno que presiona profundamente. No es que las primeras o las segundas, no se puedan adaptar a la ausencia de la experiencia de los hijos, claro que sí, de hecho lo hacen al continuar su proceso de vida. Lo que pasa, una vez más, en mi criterio, que esa carencia es una factura que está pendiente permanentemente.

            A pesar de todo, no deja de ser una realidad, el hecho de que existen parejas que deciden no tener hijos. E indudablemente, para ello, tienen una buena cantidad de razones que utilizan para justificar su posición. Entre algunas otras de estas razones se encuentran, por ejemplo: 1- Las vivencias propias de haber tenido una experiencia infantil altamente conflictiva en su propia familia. Situaciones de abandono de los padres, maltratos, carencias afectivas o materiales. Limitaciones tan traumáticas que los impulsan a tomar la decisión de no tener hijos. Básicamente por la emoción de miedo, de poder repetir la misma experiencia con aquellos que llegarían a ser sus propios hijos. 2- El tema continuo de las posibilidades económicas, por los temas de tener o no dinero suficiente para criar a los hijos. Una gran cantidad decide no hacer el sacrificio ni el esfuerzo, que representa el tener que trabajar para mantener a los hijos. Otros, más individuales, prefieren invertir su dinero en proyectos ‘más ambiciosos’ de corte personal, o simplemente para poder ahorrar para su vejez. 3- (Muy asociada con el dinero). La creencia de que el futuro solamente depara situaciones negativas, tales como: superpoblación, desempleo, pobreza general, hambrunas, enfermedades mundiales, entre otras. Por lo que traer hijos al mundo solamente agravaría la situación mundial. 4- Un excesivo criterio individualista de conservar la libertad de poder hacer y ser, sin la pesada carga de los hijos que limitan la autonomía, y particularmente, crean los encadenamientos de tener que cumplir con la responsabilidad de ser padres. El criterio es que, los hijos no son razón suficiente para perder el disfrute de viajes, trabajo, intimidad, proyectos personales, tiempo personal, amigos, entre otros. 5- Miedo a perder la pareja, la intimidad de la pareja o la pasión de la relación. La lógica aquí es que es muy común que las mujeres al tener a sus hijos, le quitan la atención al esposo, para concentrarse casi exclusivamente en los hijos. Con lo cual la función y el proceso de la pareja queda en segundo plano. También incluyo el tema de las pelas continuas entre los padres, debido al tema de las preferencias por los hijos. (Por ejemplo, mi madre siempre me repetía: “Todas las peleas con tu papá son por ti”, ¿Qué tal?). Una última razón que voy a incluir, es una aplicación emocional de la rabia hacia los padres. La existencia en los hijos de un sentimiento de odio hacia los padres, debido a sus maltratos y agresiones, en esta decisión se convierte en una forma de vengarse de ellos, la cual es precisamente, el no tener hijos. De esta manera los padres no pueden ser abuelos, pierden la ilusión de tener nietos y, quedan con un sentimiento de frustración y dolor profundo. Los padres aunque indudablemente rechazan estas decisiones de los hijos, presionan, cuestionan y critican al hijo(a), no se dan cuenta que estas acciones terminan aumentando el nivel de rabia hacia ellos y, refuerzan la decisión del hijo(a). También los padres se preguntan en su dolor, en qué han fallado, sienten culpa, sienten que educaron mal a sus hijos, tienen sentimientos de fracaso. Se preguntan ¿Qué hicimos tal mal? Para esto, no hay una respuesta concreta, es un proceso de vida, indudablemente mal enfocado, en cuanto al proceso de educar a sus propios hijos, y especialmente, de cómo los hijos vivieron y sintieron las consecuencias de estos modelos de los padres. Usualmente, estas parejas sin hijos, son mal evaluadas por el resto de las personas, las cuales crean juicios erróneos y, los catalogan de ser personas muy centradas en sí mismas, infantiles, egoístas, materialistas, o que simplemente odian a los niños. Me han tocado parejas en la consulta donde uno de ellos si quería los hijos, pero por dependencia al otro acepta compartir el quedarse sin hijos. También hay otros más radicales, se esterilizan (ligadura o vasectomía) para asegurarse de que no haya posibilidad de error o de cambio. Lo que les indiqué como razones justificativas de esto, son posiciones personales al margen de cualquier juicio. Lo importante aquí es revisar si se trata de una verdadera decisión, o lo que frecuentemente es, el resultado de los conflictos emocionales sufridos desde su propia  infancia, los cuales les llevan a tomar este tipo de decisiones, la decisión de tener una vida sin hijos.

            Ahora corresponde hacer un cambio radical de ideas, para dejar el punto de vista social, económico y emocional, para pasar a conversar sobre los aspectos espirituales de la desaparición de la familia, es decir, de cómo interpreto Yo, esta desaparición desde El Enfoque de Dios. Una vez más comienzo afirmando: ¡SÍ, la familia está destina a desaparecer! Es más, para mi criterio, es una condición necesaria y obligatoria, para el buen desarrollo de los seres humanos y, de la familia en sí misma, en especial y particularmente desde la perspectiva Divina. Según entiendo, Dios creó la familia como un lugar de protección, de justicia, de igualdad, de aprendizaje, de crecimiento, de desarrollo emocional sano, de amor… y muchas otras cosas más, todas igualmente positivas y adecuadas. Con la intención de brindar un lugar de seguridad, pertenencia, apoyo… a cada uno de sus miembros, es decir, al esposo, a la esposa y a los hijos, a todos por igual, con los mismos derechos y, con los roles y responsabilidades que a cada uno de ellos les corresponde, desde los principios de Dios. Sin embargo, nosotros nos hemos empeñado, no en hacer desaparecer la familia, sino en destruirla completamente. Mientras que para Dios la familia parental debe desaparecer, desde el punto de vista de la separación obligatoria, de los hijos de los padres. Con la finalidad y el mandato, de que cada uno de estos hijos forme su propia familia. Lo cual sigue el mismo principio de la semilla, ésta debe morir para que otra planta surja, y de nuevos y abundantes frutos. Es el mismo mandato de Génesis 1:28, que dice: “Luego Dios los bendijo con las siguientes palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiernen sobre ella. Reinen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que corren por el suelo»” (NTV). Es decir el objeto de la familia es multiplicarse en más familias, sigo insistiendo: “SANAS”, no ésta desafortunada imitación que hemos hecho de la familia. Desde donde lo entiendo, nuca Dios ha querido hacerle daño al ser humano, por el contrario, Su Amor busca el bien para cada uno de nosotros. De hecho dice: “Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11, NTV). Frente a esto, y millones de ejemplos iguales, me pregunto ¿Cómo un Dios de amor inagotable, puede querer la destrucción de la familia? ¡Es imposible! Somos nosotros los únicos responsables del caos que hemos creado en las familias, y por supuesto, en las parejas, la sociedad y, lo que es peor, en nosotros mismos.  

            Por otra parte, el tema central en el cual me baso, para decir: -también desde el enfoque de Dios, la familia está destina a desaparecer-, se encuentra en el versículo de Génesis 2:24. En el mismo encontramos el siguiente mandamiento y, la razón de por qué la familia debe desaparecer: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (esto se aplica por igual a la mujer) (RV60). Este versículo es tan importante para Dios, que aparece otras tres veces más en la Biblia (Mateo 19:5; Marcos 10:7 y Efesios 5:31 y, tiene una quinta referencia en 1 Corintios 6:16). Sin embargo, uno de los datos más curiosos en relación con dicho versículo, es que a su vez, paradójicamente, es uno de los menos respetados, tanto por los padres como por los hijos. Existe un altísimo número de padres (uno de ellos, o ambos) que se empeñan en que los hijos no deben irse de la casa paterna. Si fuese por ellos, preferirían que siguiesen siendo niños y, que nunca crecieran, de hecho, se siguen refiriendo de ellos como los niños, no importa que tengan ya 30… 40… o más años. Estos padres crean cualquier cantidad de estrategias de manipulación (culpa, miedo, agresión) para lograr su finalidad (inconsciente usualmente, pero en otras oportunidades con toda intención), de que los hijos no se vayan de la casa. Por otra parte, la otra mitad de este problema, es precisamente, que cada vez más y más hijos terminan aceptando el quedarse con los padres, de por vida. Incluso, algunos de ellos se casan, pero, llevan al conyugue a vivir con sus padres, lo cual es una sentencia (prácticamente) segura de destruir dicho matrimonio. Es claro que los padres no van a ceder su poder, de control y manipulación, en el conyugue de su hijito(a) lindo(a).  En función de lo dicho en el versículo de Génesis 2:24, el deber de los padres es educar a sus hijos para que abandonen el hogar paterno (con lo cual debe desaparece la familia de origen). Mientras que por el otro lado, el deber de los hijos, es abandonar el hogar de sus padres y, romper todos los lazos emocionales y económicos, para logar su autonomía e independencia, ejerciendo el rol que les corresponde en sus respectivas familias. El único lazo que nunca se ha de romper, es precisamente el del amor, respeto y honra a los padres, pues igualmente es parte de los mandamientos de Dios, tanto a padres como a hijos (ve Efesios 6: 1 al 4). Estos versículos jamás, ni antes, ni ahora, ni nunca, han autorizado a los padres a quedarse con el poder o el control sobre sus hijos. Muy por el contario, incluye la expresión: “Más bien, críenlos con la disciplina e instrucción que proviene del Señor” (6:4 NTV), es decir, con el amor de Dios, el cual invita a crecer, madurar, e independizarse, para seguir su propio camino. Ahora bien ¿Para qué deben abandonar el hogar paterno los hijos? Pues para formar una nueva familia, su propia familia, que reemplaza a la que ya desapareció. Lamentablemente muchísimos padres, madres e hijos están atados a sus conflictos emocionales inconscientes, por lo que son incapaces de cumplir con esto, porque: “¿Cómo va a venir ese hombre malvado a quitarme mi hijita preciosa, o, esa mala mujer a llevarse a mi hijito querido, si no hay nadie que te quiera como yo, ni que te merezca?” Con esa actitud, el resultado final es que los hijos no tiene capacidad para formar la nueva familia, o si lo hacen, al poco tiempo la destruyen a través del divorcio, con la consecuencia definitiva: la familia está destinada a desaparecer…

Un segundo aspecto que quiero tocar, en este punto de lo espiritual, tiene que ver con la siguiente reflexión: si la familia es la base de la sociedad ¿Cuál es la base de la familia? Para mí, y este es el núcleo central, la base de todo es ¡la pareja! Ella es la única llamada a durar hasta que la muerte los separe, no la familia. Los hijos aprenden a ser hombres, mujeres y a establecer relaciones de pareja, del modelo que les ‘muestran’ sus padres. Si en el matrimonio de los padres, estos se tratan mal, se gritan, hablan mal uno del otro, los hijos harán lo mismo, y su destino será el fracaso en su relación de pareja, y como consecuencia, en su familia (destinada a desaparecer). Ya he dado en la parte emocional sobradas razones de por qué cada vez más divorcios, separaciones y arrejuntes (ojo, de paso, estos últimos, casi en su totalidad, están destinos a desaparecer, gracias a todo el conjunto de los conflictos emocionales). Pero como estamos tratando lo espiritual, que tal la reflexión que nos invita el texto de Malaquías 2:14-16 en el cual se dice:
“Claman: « ¿Por qué el Señor no acepta mi adoración?». ¡Les diré por qué! Porque el Señor fue testigo de los votos que tú y tu esposa hicieron cuando eran jóvenes. Pero tú le has sido infiel, aunque ella siguió siendo tu compañera fiel, la esposa con la que hiciste tus votos matrimoniales. ¿No te hizo uno el Señor con tu esposa? En cuerpo y espíritu ustedes son de él. ¿Y qué es lo que él quiere? De esa unión quiere hijos que vivan para Dios. Por eso, guarda tu corazón y permanece fiel a la esposa de tu juventud. ‘¡Pues yo odio el divorcio!’ —dice el Señor, Dios de Israel—. Divorciarte de tu esposa es abrumarla de crueldad —dice el Señor de los Ejércitos Celestiales—. Por eso guarda tu corazón; y no le seas infiel a tu esposa”. (NTV)
(Comentario: si eres mujer, invierte el género, pues es igual para ti).
No está fácil esta realidad, muchísimos nos declaramos (me incluyo), seguidores de los principios de Dios, o cristianos (en cualquier denominación), o en términos generales: Hijos de Dios. Pero la realidad, en lo emocional, es que cometemos los mismos errores y, hacemos las mismas acciones negativas, que cualquier otra persona que este fuera de este mundo espiritual que menciono. Por eso lo señalé anteriormente: antes que ‘hijos’, somos ‘Seres Humanos’. La ventaja es que Dios conoce perfectamente a su creación, y particularmente, quién es cada uno de nosotros. Y ya está preparado para hacernos las correcciones que necesitamos. Depende de cada uno de nosotros, sí las aceptamos, y especialmente, si decidimos hacer los cambios respectivos, que nos pertenecen a cada uno de nosotros. ¿Qué piensas tú?

Por último, para poder completar estas ideas, en el escrito de Búlmez (s/r) titulado: Cuida a tu pareja, el autor nos explica claramente que no es la familia la que necesita ser cuidada. Él nos pregunta: “¿Ustedes han oído decir a alguien: allí va mi ex hijo, allí va mi ex padre?”. Es seguro que no, pues son vínculos, que incluso a pesar de las situaciones emocionales más agresivas, nunca se rompen. La realidad, y cada día más y más evidente y necesario: ¡A quien hay que cuidar es a la pareja! Prueba de ello, es que sí conocen (o incluso ya tienen) un exesposo o una exesposa, saben a lo que me estoy refiriendo. Pues sencillamente se ha dado un proceso de ruptura, separación y/o divorcio, que lo único que demuestra es que han preferido creerle a la rutina, a sus obligaciones, a las órdenes emocionales de sus padres o, a sus conflictos emocionales y prohibiciones. Donde definitivamente, no han asumido el reto de crecer juntos, de responsabilizarse y cuidar el uno del otro. No les ha importado (¡NADA!) destruir a su pareja y a sus hijos, por el simple placer de cumplir sus órdenes emocionales. Han preferido hacer como Adán y Eva: echarle la culpa al otro. Donde cualquier excusa o racionalización, siempre los hará quedar bien, pero la verdad es única y absoluta, no hay mayor responsable de tus acciones que tú mismo(a). Dado que no hay otra realidad sino: en la relación de pareja la responsabilidad es exactamente igual para ambos 50% y 50% ¡en todo!, porque en la matemáticas de Dios 1 + 1 = 1. La consecuencia es que, son los hijos quienes se llevan el 100% de ese todo, bien sea para fracaso o para éxito. Es por ello, que únicamente depende de ti que la familia esté destinada a desaparecer o no. Y aprende que en la pareja no se trata de conseguir a la persona ideal, sino de ser la persona ideal. No hay duda, en cualquiera de los mundos de los cuales hemos hablado (social, económico, emocional y espiritual), que si quieres triunfar en ellos, te corresponde una buena cuota de esfuerzo, compromiso y responsabilidad, primero contigo mismo(a), y después con tu conyugue, hijos, e incluso, con tus padres. Porque solamente tú tienes el poder de cambiar, en primer lugar a ti mismo(a), y luego al mundo que te rodea. Es una tarea difícil, sí, pero no imposible. Es tuya, allí está la clave.

            Para finalmente terminar, me gustaría insistir en la siguiente reflexión, pues Yo soy el primero que lo digo constantemente, basándome en todo lo que he comentado hasta aquí, resulta que: TU PAPÁ, TU MAMÁ Y TUS HERMANOS, NO SON TU FAMILIA… Por si no te habías dado cuenta, tú perteneces a esa familia parental (o de origen), pero esa no es tu familia. ¡TU FAMILIA! es la que tú formas con tu conyugue y con tus hijos. Ésa sí es tuya, te pertenece, es tu responsabilidad. La razón de por qué lo repito continuamente, es el hecho de que los padres, en su constante esfuerzo de manipulación, no se cansan de repetirte toda la vida y permanentemente que: … los únicos que te van a querer son TU familia… con los únicos que puedes contar es con TU familia… los que siempre van a estar ahí son TU familia… y muchísimas frases iguales, todas con el objetivo de que no te separes de ellos. Pero déjame decirte, que Yo soy un fiel creyente, de que sí tú llegas a comprender, en forma definitiva y clara, que TU familia no son tus padres y hermanos, sino que, los únicos que sí lo son, es tu conyugue y tus hijos, y ahora aplicas al 100% todas esas frases que te han metido hasta los tuétanos, con TU VERDADERA FAMILIA, simple y sencillamente jamás harías nada que les hiciese daño. Por el contrario, harías hasta lo imposible, por llenar a tu familia de todo el amor y bienestar, que únicamente TÚ es capaz de darle. Porque si Jesús dice en Juan 15:13: “No hay un amor más grande que el dar la vida por los amigos” (NTV), imaginate lo que SÍ serías capaz de hacer por tu propia familia. Para empezar, podrías acabar con el sufrimiento y el dolor de los seres que tú más amas, y los invitarías a desarrollar su mayor potencial de felicidad, y sobre todo, de desarrollar su propia vida. Pienso que eso es algo que podemos lograr, y las recompensas serían indescriptibles y reales.

            Terminando este artículo, me gustaría hacer una observación final, en relación con nuestro papel como responsables, en primer lugar, de nuestra propia vida. En segundo lugar, como agentes de cambio en nuestro núcleo familiar al cual pertenecemos. Y finalmente, como hacedores de un modelo positivo de vida, con el cual poder mostrar a las personas que amamos, que sí es posible lograr triunfar en nuestros proyectos, esperanzas, y particularmente, en nuestras metas de amar y ser amados. Ciertamente no es fácil, pero tampoco es imposible, requiere de nuestro esfuerzo, constancia y compromiso, para paso a paso ir alcanzando la meta que nos hemos propuesto. Pues solamente es posible lograrla, al saber que contamos con el recurso más valioso: creer en mí y amarme a mí mismo, para dar siempre a los otros, desde lo profundo de mi corazón y espíritu, todo lo maravilloso de los dones y virtudes, con los cuales Dios nos ha dotado a cada uno, en forma personal. “Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien” (Salmos 139:14, LBLA). Soy creado personalmente por Dios, para derramar en los otros el amor que Él me ha dado a mí. Por último, de acuerdo con todo lo anterior, siempre estará la invitación de mi parte para ti, a reflexionar sobre éste y todos los temas que he tratado, con la finalidad de que hagas un análisis de tu vida, que te permita darte cuenta de tus aprendizajes emocionales y, sus consecuentes errores, con la finalidad de corregirlos y, así puedas alcanzar tus propias metas, deseos, objetivos y sueños, como una realidad en tu vida, tanto para ti, como para las personas que amas (esto también incluye a tu familia de origen). Es mi granito de arena, como voz que clama en el desierto, deseándote siempre las bendiciones de Dios para ti y todos los tuyos.


Referencias
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https://akifrases.com/frase/137228
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Sociedades Bíblicas Unidas.  (1960).  Santa Biblia. Caracas Venezuela:
Impresora Fanarte, C.A.
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