domingo, 15 de abril de 2012

AMOR – ODIO: RELACIÓN HIJOS - PADRES

AMOR – ODIO: RELACIÓN HIJOS - PADRES
Por: J. Rafael Olivieri
 
Berne dijo: todos nacemos príncipes y princesas pero debido a los avatares de la vida, algunas personas nos convertimos en sapos y ranas
 
Salvo unas pocas excepciones, que escapan a mi práctica psicológica y, caen en el terreno del tratamiento psiquiátrico profundo, nadie puede dudar que si tú le preguntas a cualquier padre / madre (muchos de ustedes ya lo son) ¿Qué quieres para tus hijos? (y todos los que leen esto son hijo/a de sus padres), la respuesta, prácticamente ineludible será: “Yo quiero lo mejor para ellos y que les vaya bien en la vida”. Más interesante aun es la respuesta cuando les preguntas: ¿Por qué quieres eso para ellos?: ¡NINGUNO! deja de decir: ¡PORQUE LOS AMO MUCHO!
 
            Entonces, desde esta perspectiva estadística y muy verdadera de la realidad humana que, involucra a todos los que tienen la dicha de ser padres: todos los padres aman a sus hijos. Pregunto yo: ¿Por qué hay tantos hijos que se sienten y viven como no queridos por sus padres? y, particularmente la razón del titulo de este artículo: ¿Por qué hay tantos hijos que se sienten y viven en la dicotomía angustiante de sentir amor y odio a la vez en las relaciones con sus padres? Como dice el papá de una paciente que quiero mucho: “estas cosas pasan”. Explicarlo no es fácil, como todo lo que involucra el proceso emocional humano y, especialmente, en muchas ocasiones, lo difícil es lograr que ustedes hijos, reconozcan que viven esta relación de amor –odio hacia sus padres. Ya veremos por qué más adelante.
 
            Para más o menos poner en contexto esta mezcla de amor – odio, respóndeme honestamente: ¿Cuándo fue la última vez que…: (1) le dijiste a tu papá / mamá “te quiero” con disfrute, agrado y sintiendo amor verdadero? (2) ¿…conversarte con ellos con agrado sin críticas ni reclamos (de ambas partes)? (3) ¿…te provocó llamarlos para saludarlos y no lo sentiste como una obligación o para pedirles algo? (4) ¿…todos salieron a pasear y nadie se molestó ni puso mala cara? (5) ¿…te llamaron y los atendiste con calma, con todo el tiempo que necesitan para conversar contigo y al terminar te sientes contento/a de haber hablado con ellos? (6) ¿…fuiste a o vinieron a visitarte y compartieron en armonía todos? (7) ¿…te pidieron algo y lo hiciste con cariño y alegría, no con rabia, de mala gana o con culpa?... puedo seguir y seguir… pero creo que ya tienes la idea y… para no dejar… ¿Cuándo fue la última vez que los abrazaste profundamente y te sentiste feliz de hacerlo?... ¿Cuándo fue la última vez que les diste las gracias por ser tus padres y por todo lo que hicieron, te dieron y te hicieron sentir? Si todavía estás leyendo esto puedes hacer una revisión “honesta y objetiva” de ti mismo/a y buscar tus propias preguntas y respuestas, para que así puedas ver y entender que está pasando en tu relación con tus padres, desde el punto de vista de estas dos emociones amor – odio, ¿interesante no?
 
            No dejo de estar consciente que, muchos de ustedes están pensando que la palabra “odio” es muy fuerte o, que no se aplica a ti, pero ¡abre los ojos! retrocede unos cuantos años a tu niñez, por ejemplo antes de los 6 años, recuerda y vuelve a vivir una situación donde tus padres te hicieron sentir mucha rabia, frustración o alguna emoción parecida (si quieres decirme que no lo recuerdas o que nunca te pasó, está bien, lo que te estoy pidiendo no es fácil, hay que pasar por encima de muchas cosas desagradables, y recuerdos que ya enterraste en lo inconsciente, pero ¡sorpresa! están vivos todavía dentro de ti). Dime ¿en esas circunstancia no sentiste odio y muchos deseos de vengarte? ¿No pensaste o dijiste alguna vez: cuando YO sea grande tú verás…? Esas son emociones autenticas y naturales de un niño frente a la situación de impotencia que siente hacia sus padres, cuando se siente maltratado por ellos y, por supuesto, no tiene la capacidad para defenderse de ello ¿te pasó alguna vez? Después vienen los sentimientos de culpa, pero, esa es otra historia de la que ya previamente escribí en otro artículo.
 
Desde la perspectiva que explico en mis talleres, en el Análisis Transaccional, Berne nos habla de que existe la estructura del Yo del “Niño Adaptado”, el cual se subdivide en dos expresiones emocionales: “El Rebelde” cuya emoción de vida es la rabia, y “El Sumiso” cuya vida se centra en la tristeza. Estos modelos emocionales son decisiones de cada persona en base al modo en que sus padres les criaron. A veces son consecuencia directa de esa crianza, otras de una postura rebelde para ir en contra de unos padres “atormentantes”, por ejemplo Pervin (1986) señala: “Los padres pueden ser afectuosos y amorosos, u hostiles y rechazantes; hiperprotectores y posesivos o respetuosos de la libertad y autonomía del niño” (p. 26), Igualmente Becker (1964, cp. Pervin 1986, p. 26) dice: “TODA PAUTA DE CONDUCTA PARENTAL TIENE IMPORTANCIA PARA EL DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD DEL NIÑO”. Es decir, quien soy, como soy, siento, pienso, actúo es un producto directo de cómo mis padres me trataron, me educaron, me amaron y de cómo yo viví todo ese proceso emocionalmente.
 
Por esta razón, puede ser que para aquellos hijos cuyo modelo es la rabia, es decir: culpan a los otros de los que les pasa, es más fácil entender porque viven su relación con sus padres desde el amor – odio. Mientras que los hijos que aceptaron el modelo de tristeza (se culpan a sí mismos y, los demás están bien pero ellos no), les cuesta más aceptar que en algún lugar de su emocionalidad su relación con sus padres se basa en este modelo del amor – odio. Así los primeros, en su rabia, tienen la energía para actuar en forma agresiva e imponer su carácter, seguro copia del carácter de uno o de los dos padres, tienen energía para sobrevivir en su vida, muy probable una vida de sobre-exigencias, cargas y poco disfrute, de tal forma que pueden aceptar mejor la realidad de este tipo de relación con sus padres. Los segundos, en la tristeza, no tienen energía suficiente, porque su dependencia les imposibilita defenderse a sí mismos, reclamar su derecho a vivir su propia vida y, les permite encontrar más justificaciones para seguir metidos en su modelo de comodidad, sobreviviendo al margen de la vida. En ambos casos, sus relaciones de amor – odio, los llevan a no disfrutar, a generar conflictos constantes, a sentir que la vida es una carga, donde ellos se llevaron la peor parte, por lo que su vida se siente vacía.
 
Para entender esto, no voy a entrar en la profundidad de los conceptos de la psicología evolutiva, o de cómo se estructura el proceso de apego y, de cómo el niño/a llega a amar a sus padres, a medida que va aprendiendo a relacionarse con ellos y, comprende que sus padres son la “fuente de todo” en sus vidas. En este proceso social y familiar de estar unidos a sus padres, los niños crecen en el amor hacia ellos, pues reciben todo lo que necesitan de ellos, al punto que para la gran mayoría de los niños, sus padres son vistos y sentidos como si fuesen “dioses”. Así se estructura y se consolidad la relación de AMOR hacia los padres. Que es, entiéndase esto: el VÍNCULO PRIMARIO, la base de todo el aparato psíquico y emocional del niño. El problema radica en que los padres en vez de dioses son ¡seres humanos reales!, con virtudes pero también con defectos y, muchas veces, más defectos que virtudes. Por lo que los hijos empiezan a vivir una serie de frustraciones que, en la mayoría de los casos, sobrepasan con creces las frustraciones que, psicológicamente reconocemos como necesarias, para formar un carácter y una personalidad adecuada en el niño. Con umbrales de frustración que invitan a sentir emociones ‘negativas’ (en teoría en psicología no debe hablarse de emociones negativas).
 
A medida que empieza a pasar el tiempo y empiezan a aumentar y sucederse cada vez más frustraciones de este tipo ‘no adecuado’, el niño se llena inicialmente de tristeza, al sentir la pérdida que, su objeto de amor (sus padres) le produce, al no satisfacer sus necesidades. Como el niño (llega un momento en que) no puede hacer nada para evitar esto, debido a su propia situación real de dependencia, acepta su proceso de tristeza, en el cual muchos se quedan fijados (“Sumiso”). Pero hay otros muchos, bien sea por decisión propia o, alentados por su padre/madre o ambos, escalan a la emoción de rabia y se llenan de la energía de esta emoción, definiendo así este modelo de vida (“Rebelde”). El asunto es que en ambos casos, las frustraciones constantes, más sutilmente en la tristeza, más directo en la rabia, van llenando al niño de esta emoción que finalmente se incubará como odio hacia sus padres, debido a todo el daño y el dolor que estos le causaron durante tanto tiempo. Y no te cuento cuando surgen las agresiones entre los cónyuges, o entre la familia de uno en contra del otro, procesos de divorcio o de abandono, no hay forma de medir la carga emocional de esto sobre los niños y su impacto en sus sentimientos de amor - odio. En realidad es un proceso que madura en el tiempo, lleno de sentimientos de injusticia, abandono, desprotección, no sentirse querido, abusados, no respetados, no comprendidos, no valorados, entre muchos otros, que se transforma en resentimiento y finalmente termina convirtiéndose en ODIO hacia los padres.
 
            ¿Quieren los padres esto para sus hijos? La respuesta absoluta desde el consciente es que ¡NO!, pero la realidad psicológica y emocional es muy diferente. Nuestro mundo inconsciente esta lleno de toda la “basura emocional” que hemos acumulado durante toda la vida y, los padres no son la excepción. La gran mayoría de los autores en psicología señalan que todos nos movemos en una dimensión psíquica de tres niveles: pensamiento, emoción y acción (conducta). Los padres quieren ‘lo mejor por amor para sus hijos’ (lo que piensan), pero las emociones, llenas de rabia, presión, cargas y cantidad de cosa “negativas” (la emoción), terminan haciendo que los padres actúen (conducta) hacia sus hijos de formas no adecuadas: pegan, gritan, maltratan, castigan, abusan, abandonan (termina tú tu lista)… ¿Son los padres RESPONSABLES de esto? ¡100% QUE SI!, nada tienen que ver los hijos con los conflictos y las decisiones que los padres toman en relación con sus pensamientos, emociones y acciones, los hijos son los que se llevan las consecuencias de esto. Entonces, ¿Qué ven los hijos? Pues, ni modo, lo que se manifiesta en la conducta de los padres y, por supuesto más que nada en como se sienten ellos frente al trato de sus padres, que como es lógico y real, una veces estará lleno de amor otras de odio.
 
            Tal vez no deba dejar la cuestión de la culpa tan de lado, porque el problema de reconocer estas emociones de amor – odio hacia tus padres dentro de ti, involucra también muchas veces tus sentimientos de culpa. Como te digo, la cuestión emocional es compleja y tiene múltiples factores que la definen. La realidad es que, en nuestro proceso de socialización, en la medida en que vamos creciendo, nuestros padres nos inculcan una serie de normas, que como si fuera poco, están respaldadas por la palabra de Dios y, lamentablemente abusadas y reforzadas por algunos padres (y otros interesados en manipular este asunto) que, usan estos argumentos para “someter” a sus hijos al proceso de obediencia y respeto. Estoy pensando en concreto en el versículo en Efesios 6:1-3: que dice: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”. Entonces hay muchos padres (y asociados) que te manipulan metiéndote estas ordenes: todo hijo “DEBE” honrar a padre y madre, no cuestionarlos  jamás, no llevarles la contraria nunca, aceptar todo lo que te dicen o te hacen en todo momento, obedecerlos en todo sin cuestionar nada, incluso, dejar de vivir tú tu vida para vivir sólo para ellos. Le duela a quien le duela, lo aceptes o no, no deja de ser cierto que casi con toda seguridad, esto también te pasó a ti en tu niñez y, lamentablemente a muchos le sigue pasando en su vida adulta, siguen anclados en una dependencia emocional (a veces física también) de sus padres. 
 
Esta cuestión trae cola, pues ciertamente hay un principio incuestionable en la Palabra de Dios y, es que, Él sólo quiere el bien para TODOS sus hijos (ejemplo en Jeremías 29:11). Y toda la Biblia está orientada a fortalecer las relaciones humanas, bien sea que se trate de los amigos, negocios, pareja y la que nos compete aquí la relación padres e hijos y viceversa. Entonces ¿Qué es lo que está pasando que esto no funciona como fue diseñado? No olviden lo de aquello del “libre albedrio y dominio propio” por el cual cada ser humano (esto también es para ti) es responsable absoluto de todo lo que hace, esto incluye el educar a sus hijos. Si todavía no eres padre / madre, en teoría ya te tocará, así que lee que es igualmente para ti. Recuerda que Dios no hace acepción de personas (Romanos 2:11). Fíjate que en esos versículos (Efe 6:1-3) el Apóstol Pablo te invita a “obedeced en el Señor” por lo que en primer lugar tanto tú como tus padres deben estar en la presencia y en la relación personal con Dios, a la que todos estamos invitados. Como esto no sucede en la mayoría de todos los casos, además del abanico interesante de lo que cada quien entiende por “estar en el Señor”, ya que lo que se vive cotidianamente son todos los desastres que ocurren en la enseñanza de los padres hacia los hijos, con todas las consecuencias que hay en estas relaciones de amor – odio entre hijos y padres y viceversa.    
 
Pero recuerda que la historia tiene dos lados, el problema está en que los padres sólo leen lo que les interesa, es decir esos tres primeros versículos “a favor de ellos”. Pero cuando el mismo Pablo en Efesios 6:4, dice: "Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor", pues allí ya no les interesa seguir leyendo, porque eso los pone a ellos frente a una conducta muy diferente de lo cada uno entiende por criar a sus hijos. Y no te cuento cuando se trata de entender donde dice: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de el…” (Proverbios 22:6). Es que se trata del camino de Dios ¡Y no, el de los padres! Para ellos ese camino es “muy malo” porque invita a los hijos a hacer lo que tienen que hacer, y esto es: crecer, independizarse (de sus padres: física y emocionalmente) e irse a vivir su propia vida, donde encontrarán y se unirán a su pareja y formarán su propia familia, que es la voluntad de Dios para TODOS los hijos. Pero esto, para muchos padres y madres ¡ES MUY MALO! Muchos inconscientemente (otros cuantos muy conscientes) piensan: “mis hijos se irán y yo ¡ME VOY A QUEDAR SOLO/A!...” Papito, mamita ¿Qué parte no entendiste? Que si crías a tus hijos en el amor verdadero de Dios (¡no del tuyo!) tus hijos te amaran, respetarán y honrarán conforme Dios les está indicando y jamás estarán solos. Además, tu lugar es al lado de tu pareja conforme a la voluntad de Dios para tu matrimonio ¿Qué hiciste, qué estás haciendo o qué vas a hacer para destruir tu matrimonio y quedarte solo/a? Recuerda esta advertencia de Pablo: “No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará” (Gálatas 6:7). Es decir: si siembras AMOR, eso cosecharás, pero, si siembras ODIO, eso cosecharas, entonces ¡PADRES habéis sembrado amor – odio, eso tenéis, HIJOS habéis sido criados en amor – odio, eso sentís hacia tus padres!
 
            Indudablemente, la pregunta ahora es ¿Cómo sanar mis emociones y mi relación con mis padres? Aunque no se trata de una receta de cocina, sino por el contrario, de un cambio verdadero en lo emocional, sería necesario empezar por DARTE CUENTA de la magnitud de esta situación de conflicto en tu vida y sus implicaciones; luego DECIDIR CAMBIAR y por supuesto, TRABAJAR EN TU CAMBIO, lo que requiere de una súper dosis de COMPROMISO y RESPONSABILIDAD ¿Estás dispuesto a hacerlo?

Entender el cambio emocional al cual te invito, implica reconocer que tanto desde el punto de vista psicológico como espiritual, tú naciste ‘BIEN’, es decir, ¡naciste sano emocionalmente! Naciste EN, POR y PARA el amor y, todo eso lo puedes recuperar en el momento en que lo decidas y lo trabajes. Como te indique al principio Berne nos dice que nacimos príncipes y princesas, si en el camino de la vida decidimos cambiar a sapos y ranas, pues de igual manera, ahora podemos decidir volver a ser príncipes y princesas. Mejor aun, en el Salmo 139 el cantor le dice a Dios: “Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre”, es decir, somos una creación personal de Dios, por ello somos únicos e irrepetibles. Luego dice: “Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien”, además de únicos, somos una obra maravillosa de Dios, repítelo: ¡SOY UNA OBRA MARAVILLOSA DE DIOS! y, por si fuera poco, señala: “No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos”, o sea, cuando yo era un embrión ¡Yo estaba en la presencia de Dios! y, si Dios es amor, la primera emoción con la que nací fue ¡EL AMOR!
 
   Esa es la emoción real y auténtica que sientes hacia tus padres, sólo que para llegar a ella de nuevo, es necesario que RENUNCIES a todas las cargas emocionales ‘negativas’ que has acumulado durante toda tu vida: el miedo, la rabia, el resentimiento, el odio, la venganza… Renunciar a todo eso, te va llevar a encontrar y sentir de nuevo el amor en tu vida. Una vez que empieces a amarte de nuevo, decidirás que ya no necesitas el odio hacia tus padres, por lo que podrás PERDONARLOS, ¡la clave es el perdón! Te sentirás libre de vivir y disfrutar de tu propia vida. Decidirás vivir para ti, podrás amar a tus padres y ellos ya no tendrán poder sobre ti. Podrás mejorar tus relaciones con los demás y, aprenderás a vivir plenamente agradecido por todas las bendiciones que Dios tiene para ti y, lo único que tienes que hacer es apropiarte de ellas, porque ya están allí para ti. Porque una vez en amor y perdón ahora sólo queda que Dios cumpla su promesa para ti: “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”.
 
¡Esa es tu decisión, yo te invito a vivir en amor hacia ti mismo/a y para aquellos a quienes amas, incluyendo a tus padres. Tienes el potencial y la capacidad!
 
Referencias:
Pervin, L. (1986). Personalidad: Teoría, diagnóstico e investigación. Editorial: Desclée De Brouwer

domingo, 11 de marzo de 2012

PSICOLOGÍA: EL DOLOR DE MI PROFESIÓN

PSICOLOGÍA: EL DOLOR DE MI PROFESIÓN
Por: J. Rafael Olivieri


Oración de la Gestalt de F. Perls:
Yo soy yo, tú eres tú.
Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo.
Yo no estoy en este mundo para vivir según tus expectativas
Y tú no estás en este mundo para vivir según las mías.
Y si por casualidad no encontramos, es maravilloso. Si no, nada puede hacerse.
 

F. Perls es el creador de la psicoterapia Gestalt, la cual es una de las de mayor dinamismo y extensión en el mundo psicoterapéutico actual, con gran cantidad de seguidores. Entre sus elementos principales esta el Aquí y el Ahora, el trabajar con el momento presente, con lo que está sucediendo en este instante de nuestra realidad, pues, sólo en ella podemos hacer los cambios que necesitamos para adaptarnos a nuestro entorno. Más no deja de ser cierto que, aunque habla del humanismo, habla del ser humano, habla de una gran cantidad de cosas muy valiosas e importantes, también existe una realidad en la psicodinámica del inconsciente, que me interesa mostrar y entender. Ya que realmente somos y existimos hoy, pero ¿Cómo llegamos a ser eso que somos hoy? Tenemos un origen, tenemos un YO que ha sido formado y creado desde que nacemos, e incluso, según algunos teóricos, desde antes de nacer. Ese aprendizaje, nuestra experiencia de vida, lo que nos pasó, moldea, estructura y define nuestra personalidad del hoy, apoyándose en un ‘Sistema de Creencias’ que contiene las verdades sobre las cuales me identifico como la persona que SOY y, actúo en consecuencia, tanto para mí mismo, como para el mundo externo (los otros).
 
Una de las razones del ¿por qué? del título de este artículo, es el dolor (la tristeza) de saber que hay personas que han venido a mi consulta (y a la de muchos otros terapeutas), algunas, una sola vez, otras, varias veces: dos, tres, cinco… pero, se han ido. No se han comprometido, no se han atrevido a iniciar o a continuar el viaje de ‘descubrirse a sí mismos’ para adquirir una vida propia, que puedan vivir en la libertad de ser y decidir por ellos mismos quienes quieren ser. De poder tomar el control de sus circunstancias y de su realidad y, transformarla para su propio crecimiento, para su propia dimensión de triunfadores. Me duele perderlos, porque al poder ver el modelo conductual de sus vidas y, haber adquirido en mi profesión la capacidad de poder anticipar el fin trágico que les espera, eso me duele y, es que, a menos que hagan un cambio, será inevitable tal desenlace, porque no deja de ser cierto que, viven una vida emocionalmente preprogramada, en lo que Berne llamó “El Argumento de Vida”. Este ‘Argumento’ dirige mi vida emocional y, como consecuencia también define mi final. Haciendo una aproximación a como Berne lo definió: es el conjunto de actitudes, pensamientos, emociones y conductas que hago continuamente, unas conscientes otras inconscientes, que como orden que debo cumplir me llevan a un fin predefinido, lamentablemente, siempre trágico: soledad, rupturas, fracasos, enfermedad, entre otros. Lo cual se diferencia muy ampliamente del ser ‘Un Triunfador’ que para Berne no es un argumento, es una decisión, que tenemos la responsabilidad y el poder de tomar, a pesar de nuestras circunstancias, presentes o pasadas.
 
Al irse las personas es importante considerar, como ya lo he escrito en otra oportunidad, que muchas de ellas no quieren enfrentarse al esfuerzo, al dolor, al tiempo de lo que implica el proceso terapéutico, no quieren revivir el pasado, no quieren darle la prioridad que requiere poder cerrar las situaciones de conflicto ya pasadas, que siguen afectándolos hoy en todos sus roles. Están ancladas a su dependencia emocional de su ‘beneficio psicológico’. Este último es un elemento clave que me impide el cambio. No puedo darme el lujo de perder los ‘beneficios’ que mi conducta no adecuada me genera, si pierdo los beneficios, ¿cómo o con qué los remplazo? No pierdan de vista que este ‘beneficio’ no representa algo bueno, sino por el contrario, en términos psicológicos, es una recompensa para mantenerme amarrado a mi situación de conflicto, ellos me hace sentirme que existo, que así es como me reconocen, como me aceptan, en términos de A.T., son las caricias que me hacen sentirme ‘querido por el otro’, aunque las consecuencias sean para sufrir en mi autodestrucción. Si yo cambio, esas caricias dejen de existir, y tengo así un vacío emocional, que es la misma sensación de pérdida existencial que viví anteriormente, cuando decidí cambiar de la sanidad hacia la enfermedad emocional que me domina hoy, porque esa era la única forma en que sentía que ‘ellos’ me querían. Ahora estoy enfermo, quiero cambiar, pero al perder las caricias por mi conducta enferma, me siento vacío, estoy en una posición de inseguridad donde no sé si debo dejar lo enfermo realmente, o si lo nuevo que viene, que por supuesto no lo conozco, me genera incertidumbre y, no sé si realmente es tan bueno como me dicen. El secreto está en continuar, porque hasta que no aprenda la nueva forma de vivir. Hasta no aprender la nueva forma de cultivar las caricias y sus verdaderos, ahora si, beneficios adecuados de mi conducta sana. Hasta que no llegue a ese punto, no me daré cuenta que realmente el cambio era necesario, era importante y, realmente puedo obtener todo lo que me habían prometido conseguir con mi cambio. Porque ahora realmente soy dueño de mi, de mi propia vida, de mis decisiones, de mis sentimientos. Soy dueño de decidir a quien amar, con quien estar, con quien compartir. Es hacer realidad el derecho que tengo a la libertad de decidir lo que quiero para mi vida.
 
Si, definitivamente hay en mí un sentimiento real de dolor, que es tristeza, mucha tristeza por todas esas personas que han planteado tantos problemas como: soledad, falta o conflictos de pareja, familia, dependencia de los padres, inseguridad, miedos, falta de amor propio a sí mismos, enfermedades, y tantos otros que les quitan la alegría de vivir, que los aísla de sí mismos y de su relación con los otros. Este dolor del que hablo, producto de mi profesión, está en el hecho de poder ver el desarrollo de la conducta, sus consecuencias, el destino que su argumento les guarda, sin que ellos puedan hacer nada, para librarse a sí mismos de ese fin trágico que, les depara sus propias decisiones. Es ver como esas personas van a estar solas, pudiendo decidir lo contrario. Como personas van a estar en sus relaciones de amor y odio, pudiendo perdonar, pudiendo renunciar a las cosas que no tuvieron. Entonces por aquellos que se han ido, por aquellos que no volverán o no han seguido, va mi tristeza con ellos, va mi dolor con ellos. Pues considero que son personas valiosas, que desde el punto de vista psicológico tienen un gran potencial para crecer y, desde el punto de vista espiritual son creaciones maravillosas y únicas de un Dios real, que los tejió en amor a cada uno en forma personal. Sin embargo, a pesar de mi tristeza, no pierdo de vista la realidad de la oración de Perls: yo soy yo, tú eres tú…
 
 Por otra parte, enfrentándome a mi dolor, no dejo de asumir mi cuota de responsabilidad, pues yo no soy la panacea psicoterapéutica, tengo defectos, tengo errores, que en la práctica y en la experiencia mejoraré, pero aun así no dejaré de cometer algunos, este es un camino y, sólo se puede avanzar paso a paso. Me gusta trabajar con las emociones de las personas, me gusta profundizar en las personas, me gusta… o por lo menos lo intento… aclararles que va ha ser de su vida, de continuar por el camino del conflicto que llevan. Uso una gran pregunta que es ¿cuántos años has vivido? junto a una más grande: ¿Cuántos te faltan por vivir? Y por supuesto: ¿qué vas a hacer con eso que te queda por vivir? Indudablemente: “Sí sigues haciendo lo que siempre has hecho, obtendrás los resultados que siempre has obtenido” (s/a). Entonces el reto es cambiar. Cambiar mi conducta, mi forma de actuar, mis creencias, mi forma de pensar, que son precisamente los resultados que se buscan con el proceso de terapia que hago. Incluye dar información, darse cuenta, que la gente viva y sienta sus emociones, se confronte a sí misma, renuncie a los ‘beneficios psicológicos de seguir viviendo como aprendieron’. Pero hay personas que no quieren enfrentarse a ello, no quieren renunciar al dolor de lo que dejaron atrás, prefieren seguir viviendo todos los años que les quedan con su aprendizaje equivocado, con sus sentimientos no adecuados. Quizás, no es que no les importa, sino más bien que, se resignan, asumen que eso es lo que debe ser, que si van a tener una pareja (esposo / a) se van a tener que divorciar, romper la familia, piensan que eso es lo que está en la vida… pero NO, ¡eso no es lo que está en la vida! La vida fue concebida para ¡VIVIRLA!, es como dice la Gestalt: la vida es un flujo continuo, un fluir donde hay crecidas de angustias, pero también hay momentos de paz, de alegría y disfrute. El asunto es que cada uno debería querer vivir la vida de tal manera, que al llegar a su momento final, pueda decir: ¡LO HE HECHO BIEN! Es decir, sentirme feliz con lo que hice y, no tener que llegar arrepentido de lo pasado, lleno de culpa, bajo el peso de mis errores, por no entender que ‘errar es de humanos’. Eso me recuerda la frase hermana de ‘perdonar es divino’ ¡Mentira!, perdonar es de humanos también, y es una decisión, así como puedo decidir amar, ser feliz, cambiar, ¡perdonar es una decisión! Una decisión que me libera de las cargas que llevo, de la amargura y de una cantidad de cosas que me perjudican y enferman, no sólo emocional sino físicamente en mi cuerpo. 
 
No es que por ser psicólogo, sea brujo o adivino, ni muchos menos, sino que tan sencillo y complejo como es, cada persona ha aprendido un modelo de vida, sostenido en una serie de decisiones, apoyadas en órdenes y mandatos parentales, que se guardan a nivel inconsciente. Y el inconsciente es como un programa. Yo lo asemejo al Sistema Operativo de las computadoras,… no sabes que hace y sin embargo funciona… también puede compararse con el proceso de aprender una profesión, primero tienes un montón de libros que estudiar, cuyos contenidos debes introducir dentro de ti, una vez que ya están dentro y forman parte de ti, ahora cuando ejerces la profesión, pues simplemente los sacas de ti hacia afuera. Igual es la vida, nuestros libros son nuestros padres y las figuras parentales de importancia, hemos guardado todas las conductas, mensajes y modelos de nuestras figuras parentales consciente e inconscientemente, hasta que decidimos con base en ello actuar de una manera. Ahora, para vivir mi vida, saco, muchas veces sin darme cuenta, todo el contenido aprendido de ellos y actúo como si fuera Yo, cuando en realidad es la combinación de su modelaje, mi decisión y las condiciones de mi medio ambiente. En este sentido la conducta es predecible, podemos a través del conocimiento psicológico estimar, con muchas probabilidades de acertar, cual será el destino argumental de la persona que tenemos en frente, en base a lo que aprendemos de ella y de su conducta, a menos, que decida cambiar, entonces, con una vida auténtica y adecuada a las circunstancias, ya no será predecible.
 
En realidad, esta no es una profesión triste, pues estoy hablando de mi dolor personal que, como emoción, se refleja en mi propia tristeza, porque me ha tocado ver, con todo el conocimiento y práctica que cada día más, voy adquiriendo en la práctica como psicólogo, ver gran cantidad de personas que reflejan claramente su argumento de vida orientado hacia el fracaso, la perdida de la pareja, de la familia, a la soledad, no lograr sus sueños, y que, a pesar de intentar mostrarles y describirles lo que están haciendo con su vida actualmente, si no deciden su propio cambio, sin duda alguna su ‘Argumento’ los va a llevar a obligatoriamente cumplir su desenlace fatal. Esto sucede así porque están luchando contra su inconsciente, y es una realidad que el inconsciente no quiere cambiar. Se necesita un nivel muy grande de angustia, a nivel consciente en la vida, para poder querer y decidir una necesidad de cambio. Y es, como lo he hablado anteriormente en otro artículo, que el cambio requiere de mucho dolor, el cambio implica tiempo, esfuerzo, dedicación, es darle una prioridad importante, a esa decisión de cambio. Mi experiencia personal en mi propio proceso terapéutico de varios años, varias técnicas y varios y excelente psicoterapeutas, que siempre recuerdo con mucho cariño, afecto y sobre todo con mucho agradecimiento, me han enseñado que eso es una realidad de la mente humana. Mi proceso aún continua, no vayan a creer que yo ya estoy listo, ¡no ahora es que falta!… este es un proceso de autosuperación que dura toda la vida (aunque a la mayoría no le guste escucharlo) ¡claro!  No todos son en terapia, deben y es necesario que aprendan a vivir por sí mismos sus propias vidas, es decir, tomen las riendas de su propia vida.
 
Cuantos no han perdido a seres amados, a papá, a mamá, a pareja, a un hijo. Cuantos no han tenido situaciones de dolor y, sin embargo, han triunfado. Son felices, tiene una vida real, que implica tanto la alegría como la tristeza. Implica momentos de rabia, de miedo que, son emociones naturales del Ser Humano que somos. Situaciones de ansiedad, de preocupación por el futuro, pero, no se detienen allí, saben que el trabajo del día a día construye, rinde fruto. Saben que un edificio no se empieza por la planta alta, sino por unas bases sólidas, con las cuales estructuran su vida, su pareja, su familia, sus relaciones. No se trata de la frase “Pare de sufrir”, eso es mentira, se trata de aprender a vivir. De vivir la vida en sus subidas y en sus bajadas. Se trata de construir, se trata de ejercer la libertad que Dios me dio, de mi libre albedrío de mi dominio propio para ser una persona integral en mente, cuerpo y espíritu. Y es que no se trata solo de seguir las indicaciones de la oración de Perls, sino de hacer realidad el encuentro maravilloso de estar en un proceso de continuo contacto con los otros, donde todos salgamos fortalecidos, en un ganar-ganar que me permita ser auténtico con migo mismo y con el otro. Es cultivar un Yo que sólo tendrá sentido cuando sea compartido con los otros, en la grandeza de ese encuentro intimo y honesto, donde no exista la posibilidad de hacerle daño al otro, ni él a mí.     
 
Aquellas personas que logran cumplir el proceso, llegar a la meta, que logran establecerse en el principio de ser dueños de su propio destino y de pararse en sus propios pies emocionales, encontrar su calidad de vida y su disfrute como seres humanos auténticos e integrales. Ellos son alegrías de la profesión. Lamentablemente es como dice la Biblia en Mateo 22:14 “Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos". Pienso que debería decir: ‘pocos deciden ser elegidos’. Para ser honesto (y que Dios me perdone esto), es necesario hacer el contraste entre: ¿es mi decisión o es la voluntad de Dios? Creo y así lo he mencionado: Dios nos dio en su infinito amor y misericordia, uno de los poderes más grande que tenemos como seres humanos, que es precisamente el tan cuestionado “dominio propio y libre albedrío” es decir, nuestra capacidad de decidir por nosotros mismos por encima de lo que sea, incluso de los principios de Dios. Mucha gente es detractora de esto, no acepta esto, no lo entiende, mucha gente culpa a Dios por todo lo que les pasa… una muerte… una ruina… una complicación… cualquier problema… Yo soy más humanista en ese sentido y, creo que todo ello es producto de nuestras decisiones. Yo soy partidario de que: “Cada nueva decisión que yo tomo, construye un fragmento de mi realidad” (J. Rafael) que al ser una decisión mía, es mi responsabilidad directa el asumir las consecuencias de la misma, de mis acciones. No de un Dios justo y Santo que ama su creación, es decir: a ti. Y por eso, te dio la capacidad de decidir por ti mismo.
 
Entonces, ¡bien por los triunfadores! que llegan a la meta de su cambio y su dominio propio. Yo considero que mi vida actual es producto de la suma de los cambios que realicé paso a paso en mi proceso personal de crecimiento emocional, y es un poco de aquello de: lo que recibes por gracia, dalo por gracia. Así como de la razón y el propósito de servicio que te enseña el aprender amar a Dios y, en consecuencia a su creación: el Ser Humano. Es como todo proceso y, particularmente de lo que hablo: un proceso psicológico, lleva su tiempo, es una evolución hacia un nuevo ser humano, con nuevos intereses, gustos, actitudes y, por supuesto, decisiones y consecuencias más acordes con la realidad presente, no con el modelo del pasado.  Es crecer con la vida y, es que la vida del ser humano es así: un proceso en evolución continua, un proceso natural de crecimiento, donde nacemos, aprender a caminar, a hablar, ir al colegio… es decir, aprendemos a vivir, para ello necesitamos como mínimo toda la vida, porque es un proceso continuo, aprender a ser individuos, pareja, padres, abuelos y finalmente aprender a morir, sabiendo que ‘lo hice bien’, ya que la vida es un proceso maravilloso, dinámico que no se detiene nunca, no importa si yo continuo o me bajo, ella sólo sabe avanzar.
 
Finalmente, en nuestro proceso de vida tenemos que crecer, madurar, independizarnos, que son cosas importantes que nos definen como Ser Humano, pues no es solo el amor de Dios, es también mi decisión de querer hacer lo que está establecido en sus principios, ¡Así de sencillo! Como dice la Palabra: Dios quiere de continuo el bien para sus hijos, concretamente en Jeremías 29:11 “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” Entonces me pregunto ¿Qué he hecho yo con mi libre albedrío y con mi dominio propio? Pues sencillamente lo hemos convertido en nuestra propia maldición, es nuestra decisión ¡nosotros lo hemos hecho! No tiene nada que ver con el amor de Dios. Hemos confundido a un Dios generoso, a un Dios de amor, un Dios justo y santo, hasta el punto de CULPARLO de nuestros errores, de nuestras decisiones, de las cosas que hemos hecho mal… Es tiempo de ponernos en nuestro lugar y de decidir aceptar mi propia responsabilidad de mi mismo y de mis acciones. Es tiempo de que aprenda a decir: esta es mi vida y yo la decido. Lo que Yo haga con ella (psicológica y espiritualmente) será mi forma de aceptar o rechazar el regalo que Dios me dio: ‘Yo Mismo’, en mi derecho a decidir mi vida.   
 
El reto es a vivir y, para vivir hay que arriesgarse. Hay que sembrar hoy para cosechar mañana. Hay que cambiar las cosas que no me funcionan. Es crecer para compartirme con el otro.
 
PD: siento no darles espacio para escribir en el Blog, pero si quieren pueden enviarme un correo: Rafael.apoyo.psike@gmail.com... Con tus comentarios, dudas, observaciones… gracias.

domingo, 26 de febrero de 2012

CRECIMIENTO EMOCIONAL

CRECIMIENTO EMOCIONAL
Por J. Rafael Olivieri

            Hace un tiempo atrás me llegó por internet un correo de una amiga que contenía el texto que a continuación les transcribo. Lamentablemente no traía la referencia del autor original, por lo que les reitero que no es mio. Sin embargo, estoy totalmente de acuerdo con su contenido, pues explica maravillosamente uno de los elementos involucrados en lo que conocemos como crecimiento emocional, es decir, lo comentado en dicho texto es parte de las consecuencias que viven aquellos, que en un momento particular de sus vidas, deciden iniciar un proceso de cambios reales y profundos, desde mi punto de vista, un proceso psico-terapéutico.

            Ya en un escrito anterior de mi Blog les conversé acerca del ‘Cambio Psicológico’, pero la verdad existen varios procesos de crecimiento, donde las personas pueden llegar a hacer un crecimiento emocional real. Algunos tiene que ver con procesos espirituales, otros culturales, sociales, e incluso, situaciones de enfermedades graves o, eventos de vida o muerte, entre otros. La realidad es que, independientemente del origen del crecimiento emocional, estos cambios transforman completa y profundamente el sentir de la persona, su actitud, sus intereses, sus necesidades y particularmente su ‘Sistema de Creencias’, y como diríamos en AT, de su forma de intercambiar ‘Caricias emocionales’. La suma de estos cambios es lo que te promueve hacia el crecimiento del nuevo nivel emocional, es decir, del nuevo escalón de la escalera.

Tal como les dije, estoy muy de acuerdo con el contenido del texto en cuestión, aunque es necesario comentarles que, si bien puede ser cierto que se tengan en algún momento deseos de bajar de nuevo algún escalón (como dice el texto), esto sencillamente es imposible, pues el crecimiento no regresa, siempre va hacia adelante. Tal como leí en algún libro hace muchísimos años atrás: “cada vez que la mente crece y cambia su tamaño al incluir un nuevo aprendizaje, jamás puede volver al tamaño anterior” (sin la referencia).  Tampoco estoy de acuerdo con la expresión de “porque esta escalera es mágica”, todo lo contrario, ya debes saber que el cambio emocional requiere de tu decisión, esfuerzo, dedicación, compromiso y responsabilidad para poder lograrlo. Bien les dejo con el texto indicado, para que lo disfruten, luego completo otros comentarios:
 

TODOS VAMOS CAMBIANDO DE NIVEL, COMO EN UNA ESCALERA...
Imagina que estás frente a una gran escalera...esta junto a ti esa persona que es importante para ti... (novio/a, esposo/a, amigo/a etc.)...y están fuertemente tomados de la mano...

Mientras están en el mismo nivel... todo está perfecto...es disfrutable. Pero de pronto... tú subes un escalón... pero esa persona no... esa persona prefiere mantenerse en el nivel inicial... ok... no hay problema... es fácil aun así están tomados de las manos...

Pero tu subes un escalón más...y esa persona se niega a hacerlo...ya las manos han empezado a estirarse y ya no es tan cómodo como al principio...subes un escalón más...y ya el tirón es fuerte...ya no es disfrutable y empiezas a sentir que te frena en tu avance...pero tú quieres que esa persona suba contigo para no perderla...

Desafortunadamente para esa persona no ha llegado el momento de subir de nivel...así que se mantiene en su posición inicial...subes un escalón más...y ya ahí si es muy difícil mantenerte unido...te duele...y mucho...luchas entre tu deseo de que esa persona suba...de no perderla...pero tú ya no puedes ni quieres bajar de nivel...

En un nuevo movimiento hacia arriba....viene lo inevitable...y se sueltan de las manos...puedes quedarte ahí y llorar y patalear tratando de convencerle de que te siga...que te acompañe...puedes incluso ir contra todo tu ser y tú mismo/a bajar de nivel con tal de no perderle...pero después de esa ruptura en el lazo...ya nada es igual....así que por más doloroso y difícil que sea...entiendes que no puedes hacer más... más que seguir avanzando...y esperar que algún día... vuelvan a estar al mismo nivel.

Eso pasa cuando inicias tu camino de crecimiento interior...en ese proceso...en ese avance pierdes muchas cosas: pareja...amigos...trabajos...pertenencias...todo lo que ya no coincide con quien te estás convirtiendo ni puede estar en el nivel al que estás ascendiendo...

Puedes pelearte con la vida entera..., pero el proceso así es. El crecimiento personal es eso... personal... individual... no en grupo... puede ser que después de un tiempo esa persona decida emprender su propio camino y te alcance o suba incluso mucho más que tu...pero es importante que estés consciente de que no se puede forzar nada en esta vida.

Llega un momento... en tu escalera hacia convertirte en una mejor persona... en que puedes quedarte solo/a un tiempo... y duele... claro que duele... y mucho... pero luego, conforme vas avanzando... te vas encontrando en esos niveles con personas mucho más afines a ti... personas que gracias a su propio proceso... están en el mismo nivel que tú y que si tú sigues avanzando... ellos también...

En esos niveles de avance ya no hay dolor... ni apego... ni sufrimiento... hay amor... comprensión... respeto absoluto...

Así es nuestra vida amigos/as... una infinita escalera... donde estarás con las personas que estén en el mismo nivel que tú... y si alguien cambia... la estructura se acomoda.

Me costó mucho soltarme... aún después de una fuerte ruptura seguía viendo para atrás.... esperando un milagro... y el milagro apareció...pero no de la manera en que yo hubiera supuesto... apareció bajo otros nombres... otros cuerpos... otras actividades... perdí a una amiga... y gané a 20 más... perdí un mal trabajo y ahora tengo un excelente trabajo y con oportunidades de tener más de lo que soñé alguna vez.... perdí un auto que no me gustaba y ahora manejo el auto de mis sueños... perdí a la persona a la que creí amar... para darme cuenta que ahora lo que tengo en este momento de mi vida... ni siquiera podía soñarlo hace unos cuantos meses....

Cada pérdida... cada cosa que sale... es porque así tiene que ser... déjales ir... y prepárate para todo lo bueno que viene a tu vida...tu sigue avanzando y confía... porque esta escalera es mágica y si no me crees...porque no lo compruebas por ti mismo/a.

AHORA, TODOS PODEMOS ENTENDER PORQUÉ NOS ENCONTRAMOS CON DIFERENTES PERSONAS EN LA VIDA Y PORQUÉ OTRAS SE QUEDAN ATRÁS.
---------------------------  fin del texto original (autor desconocido) ---------------------
 
            Quizás sea bueno entender que aunque del cambio que estamos hablando, sus resultados serán siempre para positivo, aumentando tu calidad de vida, tu felicidad, así como una mejora segura de todas tus relaciones interpersonales, especialmente la de pareja (en mi criterio personal: la más importante y necesaria de todas), donde habrá una sanidad integral de todas las áreas de tu vida, no deja de ser cierto, que cambiar hacia un escalón superior, implica a su vez un proceso de pérdida de las cosas que dejé en el escalón anterior, no importa si ya no me eran ‘necesarias’. La verdad es que todo cambio implica a su vez, en mayor o menor grado, un proceso de duelo, que inevitablemente debo vivir. Lo que si te garantizo es que de todo proceso de duelo, adecuadamente cerrado, siempre saldrás fortalecido y con un mayor crecimiento con la experiencia vivida. Donde la ventaja será que todas las cosas y personas que consiga en el nuevo nivel, serán indudablemente mucho mejores que los dejados atrás.
 
            Quería hacer un comentario adicional, pues no deja de ser una realidad de este proceso de crecimiento emocional, que entre algunas de las relaciones que inevitablemente se dejan atrás, está precisamente la de algunas parejas legalmente constituidas, es decir, en matrimonio. Los que conocen mi posición en relación al divorcio, saben que no estoy de acuerdo con el mismo. Es mi posición personal que toda pareja merece una segunda, tercera… “enésima” oportunidad, pues estoy convencido de que cualquier conflicto emocional puede ser resuelto, y encontrada su solución, sí ambos realmente así lo quieren y, así lo deciden. Aunque no deja de ser cierto y, entiendo que debe ser así, que hay causales de divorcio que son completamente válidas: maltrato físico, psicológico, drogas, e infidelidad repetida sin intención de arrepentimiento, que hacen imposible la convivencia de la pareja, precipitándola hacia la ruptura definitiva. En todo caso eso siempre será una decisión de la pareja en su conjunto.
 
            Ahora, debemos añadir la del cambio emocional, pues, cuando dicho cambio es sólo de uno de los dos, y el otro no participa del mismo, quedándose en su escalón, por las razones que sea (ej. Tú eres quien tiene que ir al psicólogo, tú eres quien está loco/a… el que dice esto es quien realmente está jod…, porque no entiende que toda relación es 50% y 50% de responsabilidad tanto para lo bueno como para lo malo). Al haber un cambio de nivel emocional, ya las cosas ni son ni se viven iguales, por lo que, por lo general, quien no ha crecido termina rompiendo la relación, vamos a llamarlo: “por incompatibilidad de caracteres” para no dejar. Ciertamente la gran mayoría de las veces quien ha crecido busca la reconciliación y propone la invitación al cambio del otro, más este otro no acepta, lo que hace la separación 99% segura. Cómo dice el Apóstol Pablo en 1 de Corintios 7 al hablar de los problemas del matrimonio: “…y ella consiente en vivir con él, no la abandone… y él consiente en vivir con ella, no lo abandone… pero si el incrédulo (el que no cambia) se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios”. Si realmente has hecho tu crecimiento emocional, vivirás tu duelo, pero una vez cerrado el mismo, 100% seguro que si lo decides, encontrarás a otra persona que comparta contigo tu nuevo nivel, pues también, será el mismo en el cual se encuentra el otro, cambiando así hacia una relación como “Dios manda”…
 
            Lo anterior me recuerda, puede que les suene duro, pero, no deja de ser una realidad, que hay personas que juran que han hecho su cambio emocional, y creen que ahora se encuentran en la azotea del edificio, cuando ni siquiera han salido del sótano donde siempre han estado. Usan su supuesto cambio como excusa para romper su relación de pareja, cuando en realidad sólo están actuando su propia “prohibición de pareja” y cumpliendo su argumento de soledad. Como es lógico, esto indudablemente no lo van a admitir, pues desde que Adán y Eva nos enseñaron a echarle la culpa al otro, siempre el otro es el que está equivocado, el otro es el que no sirve y por supuesto el otro es quien tiene la culpa de todo, como dice el refrán popular: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.
 
            Realmente puede haber, en relación a este tema, muchos otros puntos por comentar, pero por razones de espacio y tiempo lo dejaré hasta aquí. Lo que si, y esto es válido para los otros temas del Blog, es que si tienes preguntas o sugerencia con relación a los temas tratados me puedes escribir a mi correo “rafael.apoyo.psike@gmail.com”, tal vez con ellos pueda desarrollar más artículos para el Blog, aunque tengo varios en cola esperando su momento de nacer. Y como siempre:

Te invito a continuar tu crecimiento emocional, y a seguir subiendo los escalones para que descubras el ser infinitamente maravilloso que eres y, tanto en lo psicológico como en lo espiritual logres llegar a tu autorrealización.
Que Dios te bendiga infinitamente según su voluntad para ti.


martes, 7 de febrero de 2012

LA CULPA, MI EMOCIÓN AUTODESTRUCTIVA

LA CULPA, MI EMOCIÓN AUTODESTRUCTIVA
Por: J. Rafael Olivieri
 

“La culpa es una reacción emocional aprendida que sólo puede ser usada si la víctima le muestra al explotador que es vulnerable a ella” Dyer (1982, p. 137)
 

            Miles de lágrimas, preguntas, inquietudes y otras manifestaciones emocionales muestran los pacientes en la consulta, cuando en su proceso se trabaja la culpa. Su pregunta clásica, desde la impotencia que produce esta emoción, es: “¿Qué puedo hacer si me siento culpable?” Es indudable que la respuesta, no sólo debe estar dirigida en función de la persona que pregunta y su propio contesto, sino, más difícil aun, hacer que esa ‘tan anhelada’ respuesta surja del mismo paciente. Yo pienso que cada persona que asiste a terapia, debe ser invitada a encontrar sus propias respuestas, pues estas tienen que estar completamente ajustadas a la situación personal y única de quien pregunta. ¿Y quién conoce mejor tu situación y lo que tú necesitas para resolverla? ¡Tú mismo(a)! Comprendo que mi función es acompañar a mi paciente en su proceso, darle información, opciones, mostrarle ‘un espejo’ dónde se descubra a sí mismo, e invitarlo a que decida su propio crecimiento y bienestar, para que, indudablemente, cuando llegue su momento, pueda decidir y autosustentarse en su vida emocional, sin la necesidad del apoyo que le damos durante su permanencia en el proceso terapéutico.
 
            Es precisamente, la culpa, una de las emociones que más se opone a dicho bienestar de ti mismo(a). Para comprender esto hay que entender, qué es la culpa y cómo es su proceso en las personas. En este sentido, hay dos posturas que me interesan resaltar, de entre las muchas que existen. Primero, está la consideración de Dyer (1982) quien opina que la culpabilidad es en principio una emoción inútil y, paraliza a la persona, la hace perder su energía viviendo en situaciones del pasado, perdiendo el presente y su potencialidad. Este autor dice: “La culpabilidad quiere decir que despilfarras tus momentos presentes al estar inmovilizado a causa de un comportamiento pasado” y “Con la culpa, te fijas en sucesos pasados, te sientes abatido o molesto por algo que dijiste o hiciste y gastas tus momentos presentes afligido” (p. 127). A pesar de ello, no deja de ser cierto que, muchos, con la sensación de culpa, quieren cambiar lo que a todas luces es imposible cambiar, la realidad es: no importa cuan grande sea tu culpa, no puedes modificar tu pasado. Tu opción es vivir un presente diferente con cambios emocionales reales.
 
            La postura de Dyer (1982) habla de la autodestrucción de vivir constantemente recordando el pasado y sintiéndose mal por lo que hicimos en él. Gastando nuestra energía cuando rumiamos nuestros pensamientos en expresiones como ‘si no hubiera hecho eso’ o ‘si no hubiera dicho eso’, siempre resaltando el condicional ‘si’. Dice Dyer (1982) “No hay sentimiento de culpa por grande que sea que pueda alterar el comportamiento pasado” (p. 139). Peor aún, es el hecho de que dejamos de vivir el presente, al inmovilizarnos mirando hacia atrás, no podemos avanzar ni estar atentos a lo que sucede en el aquí y en el ahora. Dejamos de disfrutar del único instante real de nuestra existencia: el hoy. Cabría preguntarte ¿a qué le tengo miedo en mi momento presente? Pues, uno de los mayores y más comunes miedos de las personas es ‘el vivir aquí y ahora’. Las razones, sencillas y complicadas a la vez: vivir el presente implica tu responsabilidad de usar tu tiempo en actividades de crecimiento, cambio, disfrute, aprobación a ti mismo, interrelaciones sanas con los otros, entre otras muchas. Llevamos una carga tan grande con la culpa que no podemos avanzar. ¡Ah! Importante, la culpa nos invita a echarles la culpa a los otros, para evadir mi dolor, es una defensa, así justifico que ‘el problema son ellos’, ellos son los que tienen que arreglarlo, ¡no Yo! Poco útil para un proceso de madurez y de independencia emocional.
 
            Desde la postura de Dyer (1982), para poder solventar el sentimiento de la culpa, sería necesario empezar a ocuparse de vivir el presente, centrarnos en nosotros mismos y comprender que definitivamente el pasado no puede ser modificado. Yo le añadiría un par de elementos con los que trabajo: la decisión de renunciar a las situaciones no resultas del pasado y, particularmente, la aplicación ‘autentica’ del perdón, empezando por el perdón a mi mismo. Del perdón ya escribí anteriormente, es probable que en otro momento comente sobre estos dos conceptos más ampliamente, pues, para mí, son claves en el proceso de sanidad emocional.
 
            La segunda postura es la presentada por Palmero (2002), que, es la que más me interesa mostrarte, debido, por una parte, a la altísima frecuencia con la que la plantean mis pacientes y, por la otra, debido al profundo daño emocional que esto les causa a ellos. Para este autor la culpa es una ‘emoción social’, es decir, está condicionada en las relaciones interpersonales (mi trato con los otros). Y fundamentalmente, es una emoción ‘autovalorativa’ (aquí está el ‘meollo’ del asunto), somos nosotros mismos los que nos juzgamos en todo lo que hacemos y decimos. Estaría bien si sólo lo hiciésemos desde el punto de vista de la responsabilidad de nuestra conducta, pues la responsabilidad implica un componente de madurez y de amor a mí mismo. El problema surge cuando lo hacemos desde nuestro sistema emocional de autocrítica y, para rematar, desde la postura ‘negativa’, dado que la conclusión inevitable será: ‘YO LE HICE algo malo al otro, por tanto: Yo soy una persona mala’. Este pensamiento es el que nos hace sentirnos culpables, y nos empuja hacia el ‘circuito’ de la culpa, que una vez entrado en ella, la secuencia de los eventos será inevitable y, me llevará finalmente, en la mayoría de los casos, a una conducta autodestructiva. Voy a explicar esto más detallado:

            La culpa como emoción social es aprendida desde que éramos niños, es decir, como niños dependemos de otros (lo frecuente: papá y mamá), estos otros nos ‘socializan’ para que podamos recibir la aprobación, ¿de quién? de ellos primeramente y de otros ‘otros’ en segundo lugar. Tal como dice Palmero (2002) referente al origen de esta emoción de culpa: “…estas reacciones emocionales ante la propia conducta surgen como fruto de la internalización, al principio muy superficial y rudimentaria, de la aprobación-desaprobación parental” (p. 375). Es decir, mis figuras parentales me enseñan a sentir lo que hago bien y mal. Cuando para ellos está mal, me enseñan a sentirme culpable. No olvides que ellos, en esa época, tienen poder absoluto sobre mí y sobre mis emociones (lamentablemente, hay muchos padres que aunque eres un adulto hoy, todavía tienen poder sobre ti). De tal forma, que al ser aprendida y aceptada la culpa, (ojo) POR MI MISMO, formará parte permanente del sistema de creencias emocionales que me definen inequívocamente como el YO que soy. Y la culpa será parte activa de ese sistema y de mi mismo. No sin razón Dyer (1982) nos dice: “La culpa es uno de los métodos más eficaces que tienen los padres para manipular las acciones de los niños” (p. 133). ¡Y de muchos de ustedes hoy en día!
 
            Sigamos, que esto se pone bueno, Una vez que me siento culpable, y que indudablemente, es por algo que ‘yo hice’, me valoro como una ‘persona mala’ sintiéndome muy mal por ello. Con esta valoración y sentimiento, el siguiente pensamiento es ¿cómo hago para volver a sentirme una ‘persona buena’? En línea con esta idea señala Palmero (2002): “La persona que se siente culpable siente la necesidad de reparar de algún modo la falta, la necesidad de pedir disculpas y, en la medida de lo posible, enmendar la acción” (p. 376). Si la decisión de “reparar la falta” es por algo que yo, intencional o no, realmente hice mal, me sirve para reflexionar sobre mi conducta y, tomar una decisión de cambio que me permita crecer emocionalmente, esa culpa está bien, porque se trata del lado positivo de la culpa y, es una conducta empática que tiene misericordia del otro. Está, por así decirlo, hermanada con el remordimiento y el arrepentimiento, es decir, con la decisión de cambiar para no seguir cometiendo esa falta. Pero, cuando es porque me niego a una petición que me hace otra persona, que me pide algo que no me conviene, que no puedo, va en contra de mis principios, o sencillamente no lo quiero hacer y, la respuesta manipulativa del otro frente a mi negativa ‘me hace sentirme culpable’, ahí es cuando “se sube la gata a la batea”.
 
Para entenderlo Shinyashiki (1993) nos aclara lo que es una manipulación: “es la maniobra para conseguir que los otros hagan algo que no están dispuestos a hacer (o que no les conviene hacer)” (p. 45). Mientras que Dyer (1982) nos dice: “La culpabilidad en nuestra cultura es una herramienta útil para manipular a los demás” (p. 147). Y Palmero (2002) nos termina de aclarar que: “Los sentimientos de culpa favorecen el sometimiento del sujeto a las demandas de los demás, en especial, a las demandas de la autoridad (léase papá y mamá), prestándose así a la manipulación en los más diversos ámbitos,…” (p. 385) de la persona que experimenta la culpa. Allí está lo autodestructivo, para volver a ser ‘una persona buena para el otro’ tengo que hacer lo que el otro quiere, sacrificándome a mi mismo, llenándome de malestar (rabia y / o tristeza, entre otras emociones ‘negativas’), sintiéndome mal con migo mismo, y lo peor, me lo tengo que tragar, envenenándome cada vez más y más. ¿Qué tal?

            Los ejemplos de esta situación llenan el consultorio constantemente, pues la manipulación no sólo son palabras, también incluyen gestos, actitudes, miradas que te han enseñado y preparado toda tu vida, para sentirte culpable, cuando a ellos les conviene. Frases como “me vas a dejar sola… mira lo que me haces… tu no me quieres… me voy a enfermar… etc… etc… etc…” son una pequeña idea de las miles de situaciones donde otro te manipula con culpa, tú debes descubrir cuáles son las que te aplican a ti, y aprender a salir de ellas, para lograr, principalmente, tu auto-independencia emocional. Dice Dyer (1982) “El tipo de mentalidad de <Yo me sacrifiqué por ti> es un productor-de-culpa sumamente eficiente” (p. 132). La razón está ya dicha, te lo han enseñado toda tu vida, a través de miles de formas, que desde tu infancia y ahora, han servido para que les des el poder del control sobre ti, gracias a la culpa, y muy probablemente, también por una mala interpretación de lo que realmente significa honrar, amar y respetar al otro.
 
            Finalizando, la sensación de culpabilidad tiene un carácter muy negativo para las personas, son sentimientos fuertemente inhibitorios, se asociación con la necesidad de reparar el ‘daño’ y de castigo (todo culpable merece un castigo), para ser de nuevo ‘la persona buena’. El costo es muy alto: tu autoafirmación, felicidad y el derecho a tu propia vida, pues debes hacer lo que el otro quiere. Resolver y salir del ‘circuito’ de la culpa es un proceso que tú puedes hacer y, cuyos beneficios durarán toda tu vida, donde no sólo saldrás tú beneficiado, sino aquellas personas que están a tu lado. Como yo frecuentemente digo: ‘Todo tu crecimiento y autodesarrollo emocional, sólo tiene sentido, cuando puede ser compartido con el otro al cual amas. Porque amar al otro, es potenciar su propio crecimiento’. Y Dyer (1982) nos dice: “Una vez que logres desconectar la culpa, la posibilidad de manipularte y de controlarte emocionalmente habrá desaparecido para siempre” (p. 145). Es decir, podrás ser libre emocionalmente para decidir sanamente tu propia vida, no dándole cabida a ningún sentimiento manipulativo de otro cualquiera. No importará quien sea, lo que diga o haga, ya no le darás más poder sobre ti ni sobre tu vida.
 

Te invito a liberarte de la culpa (negativa), para que descubras, lo maravilloso de ser libre.
 

Dyer, Wayne. (1982). Tus zonas erróneas. Argentina: Editorial Grijalbo
Palmero, F. (2002) Psicología de la Motivación y la emoción. Madrid, España: McGraw-Hill
Shinyashiki, R. (1993). La caricia esencial. Una psicología del afecto. Colombia: Editorial Norma

jueves, 26 de enero de 2012

El cambio Psicológico

EL CAMBIO PSICOLÓGICO
Por: J. Rafael Olivieri
        A la pregunta que les hago a mis pacientes (clientes): ¿Qué buscas con este proceso de terapia?, la respuesta, en la casi totalidad de las veces, es inequívocamente: “quiero cambiar”. Lo cierto es que no comprenden la implicación y la profundidad de esta frase ‘aparentemente inocente’, pues hablamos de un proceso lento, largo y, por si fuera poco, difícil. La mayoría de ellos vienen buscando ‘una píldora mágica’ que les cambie de una sola vez, lo que por supuesto no es posible. Shinyashiki (1993) nos comenta: “Cambiar es un acto sencillo, aunque es posible complicarlo de muchas maneras. La gente complica el cambio, pensando que éste se va a realizar solamente porque se quiere hacer. No siempre eso es verdad, y muy rara vez resulta. Más importante que el deseo es el compromiso con el cambio” (p. 141). La razón de su dificultad, y por consiguiente del tiempo necesario, lo bosqueja inicialmente Hormachea (1994) cuando opina: “Por supuesto que el cambio es difícil y algunos pueden realizarlo solamente cuando han experimentado el dolor de llegar al fondo del abismo. El cambio es algo interno. Tiene que ver con lo que somos. Solamente un cambio interno puede producir un cambio en el comportamiento y consecuentemente en un estilo de vida diferente. (p. 146). Tal como lo señala el Apóstol Pablo en Romanos 12:2 “No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mente, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto”, sobran las palabras.
De estas verdades es de las que quiero hablar: El cambio psicológico implica mucho más allá que un sencillo deseo de hacerlo, comprende, en primer lugar, un compromiso y una responsabilidad conmigo mismo. Nadie puede cambiar en otro, cada uno de nosotros debe cambiar obligatoriamente en sí mismo. Es ahí donde está lo difícil o lo “complicado”. La razón básica es que hemos vivido de esa manera (la que quiero cambiar) toda la vida hasta este momento. Por lo tanto, estamos acostumbrados a ‘ser así’, es nuestra zona de comodidad, nos sirvió en algún momento del pasado y, pretendemos que nos siga siendo útil hoy. No comprendemos que el momento presente es diferente, que las personas a mi alrededor son distintas, tan sencillo como que la vida misma es totalmente dinámica, siempre en evolución, donde lo único fijo y seguro es, precisamente, el cambio. Esto quiere decir que debo luchar contra mi mismo, contra mis costumbres, por lo tanto, debo hacer un esfuerzo continuo para lograrlo, ya que cambiar debe ser una prioridad importante en mi vida, para que pueda dedicarle el tiempo, el esfuerzo y los recursos que necesito para lograr mi meta de cambiar. Eso no se puede hacer, a menos que este comprometido y, que me responsabilice de mí mismo y de mi decisión de cambio.
Un segundo punto interesante, es el de “llegar al fondo del abismo”, para que se manifieste la necesidad de cambiar, dado el sentimiento de dolor y de angustia que tal abismo produce en nuestra seguridad emocional. Es en esa situación en la que comprendemos la necesidad de buscar ‘ayuda’, pues, aunque el cambio nos pertenece y es nuestra decisión, no contamos con los elementos necesarios para realizarlo. Allí es cuando comprendemos igualmente, que es falsa la creencia popular “hay que estar loco para ir al psicólogo”, de por sí, bien limitante a la posibilidad de encontrar la solución a nuestros abismos. Por ello, quienes llegan a la consulta (entrevista), tiene ya un primer recorrido ganado, en la búsqueda y logro de su cambio. Lo que sí es cierto y, a su vez, contribuye al nivel de dificultad del proceso de cambio, es el hecho de que la persona ya viene en angustia, y para poder trabajar la causa de la misma, hay que recorrer el camino de vuelta al momento del aprendizaje y de la situación experiencial, que nos enseñó a ‘ser así’. Lo que por supuesto, nos lleva a vivir un nuevo proceso de angustia, pues, debo descubrir realmente quien soy y, fundamentalmente cómo soy, ya que de allí se deriva todo el proceso de mi conducta, la cual es el origen de mi situación de angustia, que vengo buscando cambiar.
Como tercer elemento, debemos considerar que para que pueda ser posible mi cambio es necesario que page un precio. Y no me refiero solo al costo económico, ‘piedrita’ en el zapato de muchos, ya que a menos que asista a un centro de salud público, el costo material es ineludible. Me interesa más bien considerar el costo emocional de lo que implica el cambio. Pues a parte del referido dinero, influyen otros dos elementos muy importantes: tiempo y esfuerzo. Por ejemplo, el tiempo se refiere a las horas que toma el ir y venir, así como la duración de la consulta, su frecuencia, a veces hay que invertir un sábado o un domingo en algún taller o curso, cuando tu pensamiento te dice: ‘que sabroso sería estar en la playa…’ Y ni que decir, el proceso completo puede tomar meses o años para poder adquirir un adecuado nivel de integridad y sanidad emocional que, me permita convertirme en una persona en vías de su autorrealización. En el caso del esfuerzo, se refiere al movimiento de las emociones reprimidas como la rabia, la tristeza y/o el miedo, sin contar los derivados enfermos de las mismas, pues son estas emociones el núcleo central de los conflictos emocionales que, las personas tienen en su actuación conductual. Hay que revivir y aprender a manejar estas emociones, superar sus implicaciones y sus efectos sobre nuestras relaciones con los demás, así como todo un sinfín de ‘actividades’ asociadas al proceso terapéutico, que nos demandan nuestro mayor esfuerzo, para poder lograr el cambio buscado. Por ello, no perdamos de vista nuestra meta y la infinidad de recompensas que trae lograrla.
Estos tres factores mencionados son a su vez los peores enemigos del proceso terapéutico de cambio, no sólo sabotean constantemente la mente de la persona en terapia, sino que se convierten en los argumentos preferidos de manipulación de los familiares, pareja o de las personas cercanas al paciente en terapia (te invitan a la sensación de la culpa, con la cual te dominan). Porque dicho cambio también los afecta a ellos, al romperse la dinámica emocional o, los juegos psicológicos, a los cuales están acostumbrados y, de los que se nutre la relación entre ellos. Como es lógico, intentan salvarla y salvarse a sí mismos a toda costa, dado que se sienten amenazadas con tu cambio. Por supuesto, la única forma de lograrlo es no permitiendo el cambio de nuestro paciente. Este es un punto vital, ya que muchas veces el cambio implica sustituir intereses, gustos, formas de relacionarse, entre otros aspectos, que incluso invitan al cambio de amistades que ya no son adecuadas y, en posturas más extremas, de la pareja, por ello la necesidad de agotar las invitaciones a la pareja para compartir este proceso, y sobre todo, para que el cambio no se convierta en un impulsor y, específicamente, en una justificación de la prohibición de pareja, que una gran cantidad de nosotros tenemos hoy en día.
Un cuarto y último aspecto a considerar (pues no se trata de un tratado sobre el cambio psicológico), es el miedo a cambiar, ¿Paradójico no? Queremos cambiar pero nos da miedo el cambio. Esto es así porque ciertamente es necesario renunciar a mi: orgullo, egoísmo, a ‘mis derechos’ y, en líneas generales, a mis conductas inadecuadas. Además el cambio es una zona desconocida, algo que no he probado, ni conozco suficientemente todavía, por lo que crea incertidumbre y en cierta forma ansiedad. A mitad del proceso, cuando aún no somos “ni chicha ni limonada” se presentan varios miedos, tal como los señala Shinyashiki (1993): “En ese momento viene el vacío existencial, a veces la desesperación, el miedo de no lograr cambiar, el miedo de quitarse las máscaras y encontrarse consigo mismo, el miedo de perder a las personas que le son gratas, el miedo de tener que volver a repetir las mismas conductas de siempre, la sensación de inadecuación, de no estar haciendo correctamente lo nuevo, como hacía lo antiguo” (p. 143). Son todas situaciones y emociones que la persona que cambia debe estar preparada para afrontar, pues aunque hay que atravesar este desierto, no hay duda que la persona que emerge de este proceso, está destinada a formar parte del selecto y pequeño grupo de los “triunfadores”, personas que se aman a sí mismas y aman a otros, que comparten, son felices y viven la vida a plenitud, para sí y para los que están a su lado.
             Finalmente, no olvidemos que para poder realizar el cambio psicológico, es necesario estar comprometido con tu cambio y contigo mismo, es tuyo, es tu responsabilidad, pues de lo que hablamos, es de una decisión tuya que no sólo cambiará definitivamente tu vida, sino la de aquellos que amas y que te aman. Como nos recuerda Hormachea (1994) “nadie puede cambiar a otra persona. Los cambios deben ser personales para que sean genuinos y reales. Es menester que cada persona decida hacer los cambios necesarios por sí misma. Debemos recordar que quienes debemos cambiar somos nosotros” (p. 150).
 

Te invito a cambiar, para que descubras el Ser Humano infinito que eres.
       Que DIOS te guíe y te acompañe en ese proceso maravilloso de ser tú mismo.
 

Hormachea, D. (1994).  Para matrimonios con amor.  Aprendiendo a vivir con nuestras diferencias. Miami, Usa: Editorial Unilit.

Shinyashiki, R. (1993). La caricia esencial. Una psicología del afecto. Colombia: Editorial Norma.

lunes, 2 de enero de 2012

¿Esta destinada la familia a desaparecer?

¿Esta destinada la familia a desaparecer?
Por: J. Rafael Olivieri

 Para el contexto que me interesa tratar aquí, la respuesta es SI. Y lo importante: no es sólo en lo que llamamos “Sociedad Actual”, pues en ella, cada vez más el concepto de familia vale menos que nada. Más aún, lo es, ¡sorpréndete! entre los cristianos, pues ¡es un mandato! Te lo explico:

Primero, ¿Qué es la familia? Me interesa, por ahora, la definición más sencilla: Papá, Mamá e hijos, esto no incluye abuelos, tíos y demás anexos, que es lo que llamamos “la familia extendida”. Un poco más, los que abogan por un mundo mejor, nos han repetido siempre que la familia es la base de la sociedad. ¿Cómo es esto? Pues bien, en el seno de la familia se educan los hijos, se les prepara para su futuro, para que sean hombres y mujeres “de bien” y para que se integren a la sociedad. Recordaran Proverbios 22:6: instruye al niño en su  camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él. Indudablemente la pregunta clave es ¿Cuál ha sido (o será) tu instrucción para con tus hijos? ¿Acaso no depende de ti y de tu modelo, lo que ellos aprendan y repitan en sus propias vidas?

Segundo, en Génesis 2:24 encontramos el siguiente mandamiento y la razón de por qué esta familia que mencioné debe desaparecer: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (esto se aplica por igual a la mujer). Este versículo es tan importante para Dios, que es el único que aparece cuatro veces en la Biblia (Mateo 19:5; Marcos 10:7 y Efesios 5:31 y, tiene una quinta referencia en 1 Corintios 6:16), a su vez, paradójicamente, es uno de los menos respetados… Así, el deber de los padres es educar a los hijos para que abandonen el hogar paterno (desaparece la familia de origen) y el deber de los hijos es abandonar el hogar de sus padres. Ahora bien ¿para que deben abandonarlo? Pues para formar una nueva familia, que reemplaza a la que ya desapareció. Lamentablemente muchísimos padres, madres e hijos están atados a sus conflictos emocionales inconscientes, por lo que son incapaces de cumplir con esto, porque: “¿Cómo va a venir ese hombre malvado a quitarme mi hijita preciosa, o, esa mala mujer a llevarse a mi hijito querido, si no hay nadie que te quiera como yo, ni que te merezca?” Con esa actitud, el resultado final es que los hijos no tiene capacidad para formar la nueva familia, o si lo hacen, al poco tiempo la destruyen a través del divorcio, con la consecuencia definitiva: la familia está destinada a desaparecer…

Tercero, si la familia es la base de la sociedad ¿Cuál es la base de la familia? Para mí, y este es el núcleo central, la base de todo es ¡la pareja! Ella es la única llamada a durar hasta que la muerte los separe, no la familia. Los hijos aprenden a ser hombres, mujeres y a establecer relaciones de pareja, del modelo que les “muestran” sus padres. Si estos se tratan mal, se gritan, hablan mal uno del otro, los hijos harán lo mismo y su destino será el fracaso en su relación de pareja y como consecuencia de su familia (destinada a desaparecer).

En un escrito de Búlmez titulado: Cuida a tu pareja, nos explica que no es la familia la que necesita ser cuidada, él nos pregunta: “¿Ustedes han oído decir a alguien: allí va mi ex hijo, allí va mi ex padre?”. ¡A quien hay que cuidar es a la pareja!, prueba de ello, es que sí conocen (o incluso ya tienen) un ex esposo o una ex esposa. Sencillamente han preferido creerle a la rutina, a sus obligaciones, a la familia o, a sus conflictos emocionales y prohibiciones y, no han asumido el reto de crecer juntos y de responsabilizarse y cuidar el uno del otro. Han preferido hacer como Adán y Eva: echarle la culpa al otro. Cualquier excusa o racionalización siempre los hará quedar bien, pero la verdad es única y absoluta, no hay mayor responsable de tus acciones que tú mismo(a), ya que, en la relación de pareja la responsabilidad es exactamente igual para ambos 50% y 50% ¡en todo!, porque en la matemáticas de Dios 1 + 1 = 1. La consecuencia es que son los hijos quienes se llevan el 100% de ese todo, bien sea para fracaso o para éxito. Es por ello, que únicamente depende de ti que la familia esté destinada a desaparecer, pues no se trata de conseguir la persona ideal, sino de ser la persona ideal.

El Compositor

EL COMPOSITOR
J. Rafael Olivieri

 Les narro una historia que me paso hace mucho tiempo…

Fui a la celebración de la boda de un buen amigo mío, la cual se realizó en una pequeña iglesia de su localidad.

Una iglesia modesta, pero hermosamente decorada con los atavíos propios para tan feliz ocasión, flores de varios tipos y colores, lazos y hasta velas adornando el pasillo central que conduce al altar.

El novio vestido con un fino traje azul con su respectivo clavel en el ojal.

La novia muy hermosamente vestida se asemejaba a una rosa blanca bañada por el rocío matutino.

El sacerdote conforme a su envestidura comenzó con los pasos típicos de todas las bodas…

Hizo las preguntas formales… y cumplió con los respectivos rituales, todo impecablemente bien llevado…

Y comenzó con el acostumbrado sermón de rigor…

¿Acostumbrado sermón?

El sacerdote predicó sobre Dios y su visión del matrimonio basado en Génesis… 

Los deberes de los cónyuges con el enfoque del Apóstol Pedro en su 1ra carta…

Las exhortaciones para someterse las esposas y los esposos unos a otros del Apóstol Pablo en Efesios 5…

Las palabras de Jesús en relación al matrimonio y el divorcio…    

Salpicó su charla en varios puntos con las enseñanzas de proverbios…

Hizo una hermosa descripción del amor entre los esposos tocando los versículos de “Cantar de los Cantares” de Salomón…

Finalmente, terminó haciendo un cierre magistral con la descripción del amor verdadero de 1ra Corintios 13 del Apóstol Pablo…

Yo estaba completamente embelezado…   me habían dejado en mi asiento atónito… saboreando el dulce néctar del amor de Dios para todos…

Vi el rostro de mi esposa como quien contempla la más hermosa obra de arte pintada por Dios mismo…   

Todo mi ser clamaba en alabanza y adoración al Altísimo creador de todo el universo…

Cuando terminó la boda, no me pude contener y fui a felicitar al sacerdote por tan excelente sermón...

Entre mis expresiones de agradecimiento y felicitaciones, se me ocurrió decirle al sacerdote…

“De verdad que usted es un excelente músico, y sabe como tocar muy bien su instrumento”

A lo cual el predicador me contestó:

“Yo podré ser un buen músico, pero Dios es EL COMPOSITOR de toda la música que me da para tocar”…

Desde aquel día me convertí en músico…

Te invito a que tú también seas un músico de Dios