viernes, 28 de diciembre de 2018

¿Está destinada la familia a desaparecer?: Realidad Emocional y Espiritual

¿Está destinada la familia a desaparecer?: Realidad Emocional y Espiritual

Por: José Rafael Olivieri  (Actualizado diciembre 2018)

 

“Esta es la Buena Noticia acerca de Jesús el Mesías, el Hijo de Dios. Comenzó tal como el profeta Isaías había escrito: «Mira, envío a mi mensajero delante de ti, y él preparará tu camino. Es una voz que clama en el desierto: “¡Preparen el camino para la venida del Señor!  ¡Ábranle camino!”»” (Marcos 1: 1-3).

 

“Una Voz Que Clama en el Desierto”:

            Al confrontar la realidad de los procesos emocionales negativos (autodestructivos diría yo), que son actuados y vividos continuamente por cantidad de pacientes que visitan mi consultorio, contra los deseos, sueños y esperanzas de bienestar de estos mismos pacientes. Me doy cuenta de ‘verdades emocionales’ de las cuales parece inevitable huir. Lamentablemente, muchas de estas verdades me hacen pensar en el destino de destrucción que nos espera a todos, especialmente cuando nuestra conducta emocional está gobernada por los parámetros inconscientes, los cuales nos obligan a seguir las órdenes de nuestros conflictos emocionales.

Por ello, hoy en día, la inquietud de un tema tan delicado como lo es: la desaparición de la familia. Con base en lo anterior y partiendo desde este mundo de lo emocional, así como desde esta realidad del proceso inconsciente, sabemos que vamos por un camino que nos conduce hacia un precipicio sin fondo. Lamentablemente en vez de cambiar de rumbo, por el contrario, más bien aceleramos más y más hacia nuestra propia autodestrucción.

No importa cuántas veces pueda hablar del tema, o las técnicas que utilice para demostrar lo que otros muchos autores ya han señalado anteriormente: el camino de fracaso por el cual transitamos cada día, en el cual la familia no es la excepción. Su destrucción se percibe indetenible, y lo que es peor, a muy pocos parece importarles esta realidad. Por el contrario, una inmensa mayoría aprueba y alienta esta situación dramática de la familia, asegurando que la institución familiar es algo ya pasado de moda, obsoleta, la cual es solamente una construcción cultural que hoy en día no es necesaria. Algunos otros, cada día en mayor número, se ubican en una postura más radical, ellos consideran que la familia es opuesta a la evolución social de nuestros días.

Parecerá pesimista esta introducción o muy dramática, pero enfrentar esta realidad en la vida de los pacientes, no es cosa de juegos. Ser parte de la narrativa de los eventos por los cuales han pasado durante su infancia, comprendiendo el camino de destrucción que los domina, solamente produce mucho dolor. Sobre todo, porque a su vez, normal, frecuente y obligatoriamente repiten en su vida actual los mismos desastres por ellos vividos en sus respectivas infancias, pero ahora ellos son los protagonistas y repiten sus conflictos con sus padres, cónyuges e hijos.

Ellos construyen relaciones donde los temas comunes son: peleas, maltratos, descalificaciones, críticas, agresiones, infidelidades, divorcios, alcoholismo, drogas, abusos físicos y psicológicos, abandonos, homosexualidad, relaciones de odio, resentimiento, rencor, venganzas y miles de miedos, entre otras muchas situaciones disfuncionales. No es una situación fácil de tratar, y lamentablemente, tampoco es fácil de solucionar.

Es por esta razón que, ante este tema, así como frente a la necesidad de expresarme en relación con lo que estoy viviendo acerca de la familia. Me identifico haciendo mío el poder utilizar como propio la frase y el sentir, de lo dicho ya por Isaías y Marcos, pues yo mismo me siento como “una voz que clama en el desierto”. Una voz que no llega ni al corazón ni a los oídos emocionales, de millones que se pierde en el vacío de los muros que hemos construido a nuestro alrededor, para aislarnos y protegernos de tanto dolor y sufrimiento.

Muros que nosotros mismos estamos creando y manteniendo en nuestra propia vida. Estos muros intentan protegerme de las agresiones del mundo exterior y de los otros, pero más grave aún, son muros que se convierten en mi propia prisión y no me dejan liberarme de mis cargas emocionales internas. Son muros que indudablemente, afectan la vida de aquellos que decimos amar, entre otros mi cónyuge y mis hijos, al aislarme también de ellos.

Una voz que se ahoga en la profundidad de las soledades y depresiones, en las cuales se encierran cada día muchas más personas. Justificando su situación con medias verdades y razones que solamente disimulan momentáneamente el dolor de vivir una vida carente de amor verdadero, en un mundo que idolatra cada vez más a la soledad. Y alimenta el miedo como emoción principal de la vida.

Ya he hecho esta advertencia antes, pero quiero repetirla para dramatizar aún más este tema: Isaías 5:20 nos dice: ¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo! (NVI). En este mundo de contradicciones entre ‘el bien y el mal’, son necesarias las voces que nos inviten a reflexionar… sin excusas ni justificaciones.

En relación con la pregunta planteada en este texto: ¿Está destinada la familia a desaparecer?, tomando especialmente en consideración el contexto que me interesa tratar aquí, la respuesta definitiva va a ser: ¡SI, está destina a desaparecer! En el desarrollo de lo que quiero expresar me voy a centrar en mis dos áreas usuales: Primero, los aspectos emocionales, los cuales se alimentan, tristemente, de todas las circunstancias negativas que propician y favorecen dicha desaparición.

En segundo lugar, me centraré en los aspectos del mandato de Dios para que esto suceda. Mandatos que contradictoriamente, a diferencia de los primeros y en mi criterio, Dios los presenta como un proceso natural para el bienestar de cada ser humano, y paradójicamente, para la continuidad y felicidad de la familia. (Como siempre, haciéndoles una advertencia: no es que yo sea ‘el experto’, solamente es mi grano de área, en este desierto).

En el aspecto emocional me voy a acompañar del principal fenómeno que nos domina como seres humanos (que ya anteriormente autores de la talla de Freud, Berne, Perls y miles más han y continúan hablando de este tema) el cual es: nuestra infinita capacidad humana de repetir nuestras conductas enfermas hasta el cansancio, donde a pesar de estar conscientes de toda la destrucción que nos causan, las seguimos actuando continuamente. Para colmo de males, a pesar de los miles de advertencias y señales que nos dicen ‘ese no es el camino’, seguimos repitiendo una y otra vez estas mismas conductas y acciones erróneas, sin importarnos la destrucción hacia la cual vamos, y que, a su vez, causamos.

Por otra parte, voy a estar enfocándome en lo que llamamos “Sociedad Actual”, así como en sus respectivos códigos de valores, reglas y normas, pues en ella, cada vez más el concepto de familia vale menos que nada, hasta el punto del desprecio y el rechazo. Más aún, y ampliando lo dramático, al incluir el tema de lo espiritual (desde el enfoque Bíblico), en el cual me doy cuenta de que sorprendentemente está ocurriendo lo mismo, en la mayoría de las personas que decimos llamarnos miembros del mundo cristiano.

Dado que a pesar de que “Dios es bueno”, los que nos llamamos ‘hijos de Dios’, contribuimos por igual a esta destrucción. Dado que al final del cuento, parece que antes que ‘hijos’ somos, primero que nada: ‘Seres Humanos’, controlados por un mundo emocional enfermo que no quiere cambiar, sino destruirme a mí mismo y a los que amo.

A la verdad todos estamos llenos de estos conflictos emocionales, y más trágico aún, estamos demostrando lo ya expresado en Romanos 3:10-12 que dice: “Así está escrito: «No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!»” (NVI). Afortunadamente, en la realidad las cosas no son tan extremas, pero pienso que cada vez falta menos para que esto se cumpla. La verdad es que: ¡Sí, quiero ser parte de esa voz que clama en el desierto!

Quiero llamar la atención, quiero reclamar con el dolor que me produce ver como un mundo que fue diseñado para amarse, termina destruyéndose, porque prefiere idolatrar a sus conflictos emocionales en vez de resolverlos. Prefiere vivir en sus tinieblas de amargura, soledad y miedo, destruyendo todo, en lugar de construir en bienestar y en amor. Porque preferimos mantener las emociones negativas que nos dominan, controlan y dirigen, en vez de revelarnos y cambiar, para así construir lo positivo y lo adecuado, para lo cual fuimos diseñados, en contra de lo que hemos elegido: destruirnos a nosotros mismos y a la familia.

 

¿Qué es la familia?:

Pienso que lo primero que debemos hacer para entrar en este tema es preguntarnos ¿Qué es la familia? Quizás parezca obvio presentar su definición original y más sencilla: Papá, Mamá e hijos. Aunque la verdad es que la familia es mucho más que eso. Pero para ser honestos, me interesa realmente en este punto mencionar esta pregunta, debido a que mi inquietud tiene su origen en un fenómeno frecuente de nuestra ‘sociedad moderna’. El cual tiene que ver con su forma de cómo se manejan las cosas en nuestra realidad presente, particularmente, en las definiciones que hoy en día asignamos a todas las cosas.

Hago la pregunta porque en la actualidad existen muchas diferentes formas de definir lo que es una familia. Tanto es así, que parece casi imposible reconocer claramente la definición original utilizada para identificar la unidad llamada familia. En realidad, lo que ha ocurrido, con base en la multitud de cambios y permisos sociales que han venido desarrollándose a través de la ‘evolución social’. Es que ha sido deslegitimado el concepto de la familia original, para dar paso a la opción de considerar como tal, casi que a cualquier combinación posible de personas. Y de esta manera, poder pasar a identificar a estos múltiples grupos, dentro de lo que hemos aceptado en llamar como la ‘familia moderna’.

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Referencias:

Aki.frases. Frase de Joseph Goebbels. Recuperado: mayo 2018 de:

https://akifrases.com/frase/137228

Bothner, Ruth (s/f). La familia, modelos y características. Recuperado: mayo 2018, de:

http://www.monografias.com/trabajos82/familia-modelos-caracteristicas/

familia-modelos-caracteristicas.shtml#ixzz5Gnw355TG

Búlmez, R. (s/f). Cuida a tu pareja. Recuperado: mayo 2018 de:

http://www.encuentromatrimonial.com/docs/cuida_tu_pareja.pdf

Portal.biendesalud. La Familia un lugar de Perdón. (Papa Francisco).

https://portal.biendesalud.com/blog/mente/la-familia-un-lugar-de-perdon.

Recuperado en mayo 2018.

Concepto.de. Concepto de Familia. Equipo de Redacción de Concepto.de. Recuperado:

mayo 2018, de https://concepto.de/familia /#ixzz5aiSTwR9y)

Sociedades Bíblicas Unidas.  (1960).  Santa Biblia. Caracas Venezuela:

Impresora Fanarte, C.A.

UNICEF (2003). Nuevas formas de familia. Montevideo, Uruguay. Recuperado: mayo

                        2018, de: http://files.unicef.org/uruguay/spanish/libro_familia.pdf

 








viernes, 11 de mayo de 2018

EL ARTE DEL PERDÓN: La clave para decidir mi libertad y mi paz emocional

EL ARTE DEL PERDÓN: La clave para decidir mi libertad y mi paz emocional

Por: José Rafael Olivieri Delgado (mayo de 2018)

 

“Como ellos seguían exigiéndole una respuesta, él se incorporó nuevamente y les dijo:

«¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!». Luego volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el polvo. Al oír eso, los acusadores se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los de más edad, hasta que quedaron solo Jesús y la mujer en medio de la multitud. Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la mujer:

— ¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó? —Ni uno, Señor —dijo ella. —Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más” (Juan 8:7-11)

           

Introducción:

            Vivía con una sensación extraña e incómoda, como si alguien desde atrás de mí, mirase permanentemente sobre mi hombro. Decidí mirarme al espejo con detenimiento y lo descubrí: ¡era el perdón! Estaba allí desde hace muchísimo tiempo, esperando a que yo lo viera a él. Entonces me miró y me dijo: - “El profundo dolor que corroe tu alma y te mantiene en tu prisión, es porque no has permitido que tu amor florezca y de frutos. Yo el Perdón soy el fruto de tu amor y la clave para decidir tu libertad y tu paz emocional”.

Aturdido con esta declaración tuve la osadía de preguntar: - “¿Y para mi paz espiritual?”. A lo que el Perdón me contestó: - “Al igual que tu amor, tu vida y tu perdón, tu espíritu te pertenece y todos juntos son tu decisión mientras estás aquí. Sin embargo <… acuérdate de tu Creador… Pues ese día el polvo volverá a la tierra, y el espíritu regresará a Dios, que fue quien lo dio> (Eclesiastés 12:6-7, NTV)”.

Inicio con este cuento uno de los temas más álgidos a los que me he enfrentado: El Perdón. Este es uno de los contextos más repetidos y a la vez más eludidos por todos los seres humanos. Considero que no hay persona que no se haya visto enfrentada a este tema, ni expresión artística o literaria en el campo emocional, cuyo autor no haya tocado el tema del Perdón. A pesar de ello, no estamos seguros de qué es esto y de cómo funciona.

El perdón es en sí mismo uno de los mayores procesos emocionales del Ser Humano, porque me enfrenta a una desesperante batalla interior entre mi ‘Yo’ capaz de decidir en su voluntad y mi ‘Yo’ enfermo, atrapado entre mis emociones de odio y resentimiento. El perdón es eso y mucho más, el perdón es un arte, el arte de vivir en libertad emocional. En esencia es una decisión que involucra emociones, pensamientos y acciones. Involucra mi mente, mi alma, mi cuerpo y mi espíritu.

En el inicio de su proceso, se convierte en una poderosa guerra conmigo mismo, un debate angustiante que forma parte de una agotadora lucha interior, entre mi decisión de perdonar y mis emociones egoístas de justicia y venganza, las cuales me carcomen internamente. Sin embargo, una vez que he logrado vencer en mi decisión de perdonar, finalmente el perdón se convierte en mi mayor libertad y en la mejor expresión de mi amor a mí mismo, construyendo en mí todo un remanso de paz emocional, física y espiritual. “El perdón es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor. Perdona, que perdonando tendrás en paz tu alma y la tendrá el que te ofendió.” (Teresa de Calcuta, s/r).

El perdón es la solución final a una de las realidades más dramáticas de nuestra verdad humana: vivimos en un mundo de aflicciones y sufrimientos, como señala Juan 16:33: “Les digo todo esto para que encuentren paz en su unión conmigo. En el mundo, ustedes habrán de sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo” (DHH).

Ha sido, es y será inevitable que en muchos momentos de mi vida me vea afectado por el dolor de una ofensa, real o imaginaria, válida o injusta, de alguien muy cercano o de un enemigo desconocido, pero dolor y aflicción serán parte de mi vida. Por eso la necesidad de hacerme uno con el perdón, pues este es la clave para decidir mi libertad y mi paz emocional, física y espiritual, por amor a mí y a los otros.

En mi propia evaluación y reflexión, pienso que la dificultad que encuentra la mayoría de las personas, en un tema tan álgido como lo es el perdón, es el hecho de no tener claro que lo importante del perdón es que no se trata del otro, (te lo repito: ¡no se trata del otro!), sino que lo importante al perdonar a ese otro, es que el único verdaderamente beneficiado voy a ser yo mismo, porque realmente al final de este proceso, yo soy lo que más importa.

En realidad, de lo que se trata es de mi liberación de una serie de emociones negativas que me destruyen lentamente. Como dice Coelho (2013): “La falta de perdón es el veneno más destructivo para el espíritu, ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes” (s/p).

Realmente la falta de perdón es mi propio infierno, donde el dolor y el sufrimiento constante en mi pensamiento, emociones y acciones, además de destruir mi cuerpo, destruyen mi mente, mi alma, mi espíritu y mis relaciones con los demás, especialmente con los que amo. La falta de perdón me arrastra por una montaña rusa de emociones, desde el odio hasta la tristeza y la depresión profunda, las cuales me destruyen y me imposibilitan vivir.

No conocer ni entender la esencia del arte de perdonar, se convierte en nuestro peor enemigo. Lo digo porque en mi criterio, el perdón es el acto final y la mayor expresión del amor a mí mismo. Para mí, el perdón es imposible si primero no me amo a mí mismo sana y plenamente. Donde el amarme a mí mismo es un proceso que debe construirse poco a poco, a través de la comprensión, utilización y aplicación de mis recursos emocionales, intelectuales y espirituales, es decir, de mí mismo en mi totalidad.

Lo ubico dentro de un proceso complejo, aunque por su parte Sádaba (1995) señala que el “perdón, en principio, no es una palabra llena de misterios. La usamos con tanta profusión que la consideramos familiar, un útil a mano que sirve, diariamente, no solo a la comunicación sino para calmar o equilibrar estados de ánimo” (p. 13). Igualmente dice: “Su significado latino (perdonare) nos ha llegado como una pieza de borrador, un medio para saldar una deuda. Para favorecer, en suma, a otros de manera gratuita, limpia, elegante y hasta magnánima” (p. 13). Es decir, encontrarás muchos puntos de vista diferentes al respecto (como en todos los temas emocionales).

Por mi parte y como en todos mis textos, este no es diferente, en cuanto que expresa mis experiencias, pensamientos, vivencias y modo de ver las cosas de mi práctica como psicólogo, en la relación con cada uno de mis pacientes en el consultorio. En pocas (o muchas) palabras, expresa lo que siento, lo que pienso y lo que yo soy hoy. Es por eso, que para que las palabras que aquí se escriben te ayuden a ti, es necesario que te des el permiso de revisarlas, creerlas, aceptarlas y de ponerlas en práctica para ti mismo, al igual que para los otros.

No te servirá tragarte todo el contenido de un solo golpe, ni simplemente subrayar las ideas que más te gusten, debes meditarlo poco a poco, integrarlo a ti, comprobar su verdad y su valor para ti. Solamente una vez que te hayas convencido de ellas, podrán trabajar junto a tu amor a ti, a tu decisión, a tu fe y a tu poder de creer en ti mismo. Para así iniciar tu camino de regreso a tu verdadero yo de amor, hacia tu propia autorrealización y hacia tu perdón a ti mismo y a los otros. Una reflexión: “El que es incapaz de perdonar es incapaz de amar” (Martin L. King. s/r).

            Lamentablemente el tema del perdón está muy profundamente ligado a una fe religiosa. Lejos de tal cosa, voy a intentar desprender al perdón de este mito pues, aunque mantengo mis raíces Cristo-céntricas, no dejo de ser un psicólogo humanista. Intento presentarte el perdón como la totalidad que integra tanto el mundo psicológico como el espiritual, pues ambos no son mutuamente excluyentes.

Por el contrario, ambos se integran profundamente en este tema del arte del perdón. Al unirlos involucro mi mayor poder de lo mental: mi capacidad de decisión, junto a mi mayor poder espiritual y emocional: mi decisión de amarme a mí mismo. Decisión de amarme no desde la posición egoísta de un amor solamente para y por mí, narcisista diría yo, sino de un amor capaz de crecer y ser compartido con los otros.

No sé qué fe religiosa practiques o si crees en Dios, tal vez pienses como muchos que el arte de perdonar es solo potestad de tu dios, que es un don divino solamente de él. Si es así, entonces tienes un concepto equivocado entre tus manos, y aquí no encontrarás las respuestas que buscas. Te lo digo porque debemos partir por conocer, saber y creer que el perdón además de ser un regalo de Dios hacia el Ser Humano también es un proceso de la voluntad y decisión de cada uno de nosotros. Para que al perdonar demos una parte de nosotros y de nuestro amor a los demás. Tanto es así que en el Libro de Génesis 1:26 dice: “Después dijo Dios: <Hagamos al hombre a imagen nuestra, según semejanza; ...>”, y en el v. 27 dice: “Y creó Dios al hombre a imagen suya; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

En este sentido somos entonces portadores de la esencia misma de Dios, la cual es: el amor y el perdón. En la medida en que manifestamos esta esencia a los demás, Dios está presente en nosotros y se expresa a través de nosotros.

Este es uno de los principios del arte del perdón: saber que tú tienes la capacidad de decidir y el don para perdonar, no solamente a los demás, sino principalmente a ti mismo. Usarlo con sabiduría es tu decisión y responsabilidad. “El autoperdón implica buscar el perdón y la reparación de los daños de aquellos que resultaron heridos por tus acciones (los cuales, posiblemente, también te hirieron a ti)”. (Robert Enright, s/r).

La experiencia del perdón en cualquiera de sus variantes es en sí misma impactante y emocionalmente agotadora, y ello implica un proceso continuo e integral de crecimiento y superación tanto en pensamientos, emociones y sentimientos, como en acciones. Esto me recuerda algo que he leído en varios libros: … “Cuando la mente del hombre se abre a una nueva idea, nunca vuelve a su dimensión anterior, inicia un viaje sin retorno hacia una nueva conciencia, hacia una nueva forma ser” (s/r).

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Referencias

 

Coelho, P. (2013). El Perdón. Recuperado marzo 2018 de: http://paodm.blogspot.com/2013/07/

el-perdon-paulo-coelho.html

Echeverría, R. (2005). Ontología del Lenguaje. Lom Ediciones S.A. Chile.

Ediciones Larousse (2004). El pequeño Larousse 2004. México: Ediciones Larousse.

Hormachea, D. (1994).  Para matrimonios con amor.  Aprendiendo a vivir con nuestras diferencias.

            Miami, Usa: Editorial Unilit.  

Riso, W.  (2006).  Los límites del amor.  Hasta dónde amarte sin renunciar a lo que soy.

            Bogotá, Colombia: Grupo Editorial Norma.

Sádaba, J. (1995). El perdón: la soberanía del yo. Barcelona, España: Paidos.

Sociedades Bíblicas Unidas.  (1960).  Santa Biblia. Caracas Venezuela: Impresora Fanarte, C.A.

Sra. J. B. Livingston. (1972).  Amate a ti mismo. USA: Ed. Western Christian Foundation, inc.






sábado, 23 de diciembre de 2017

LA DEPENDENCIA EMOCIONAL: La prisión a la que no quieres renunciar

LA DEPENDENCIA EMOCIONAL: La prisión a la que no quieres renunciar

Por: José Rafael Olivieri Delgado (diciembre de 2017)

 

Salomón en Eclesiastés 4:9-11, nos invita a reflexionar sobre la siguiente verdad:

“Es mejor ser dos que uno, porque ambos pueden ayudarse mutuamente a lograr el éxito.  Si uno cae, el otro puede darle la mano y ayudarle; pero el que cae y está solo, ese sí que está en problemas. Del mismo modo, si dos personas se recuestan juntas, pueden brindarse calor mutuamente; pero ¿cómo hace uno solo para entrar en calor?” (NTV).

 

Voy a empezar con una idea aparentemente contraria a lo que deseo trabajar y expresar en el resto de este texto: ‘En realidad, todos los Seres Humanos somos en parte dependientes’. Ciertamente, los seres humanos hemos sido creados para relacionarnos los unos con los otros. Nuestra mayor definición como especie es que somos seres sociales. Porque la gran verdad es que, en nuestras necesidades emocionales, todos los seres humanos anhelamos intensamente estar y ser reconocidos, aceptados, valorados y amados en nuestras relaciones interpersonales, sin importar el tipo de relación de la cual se trate.

De hecho, Berne (1979) plantea que además del hambre de alimento tenemos el hambre de “Caricias”, sin las cuales nos moriríamos “al secarse nuestra espina dorsal”, porque las caricias son un reconocimiento que me hace el otro, al hacerme sentir que yo existo y tengo la capacidad de ser amado por el otro. Entonces podría afirmar, en un sentido positivo, que la caricia es amor.

Esta necesidad de ser y sentirnos amados, lo podemos comprobar en las palabras de Jesús en Juan 13:34, cuando nos dice: “Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros” (NTV). Esta orden (en el concepto del amor sano), nos lleva a crear relaciones de dependencia con los otros, tan adecuadas y libres que en ellas todos somos perfectamente autónomos en nuestras decisiones y acciones, pero al mismo tiempo, estamos completamente unidos al otro y a los otros. La idea parte de ser y sentirme el YO autosuficiente e independiente que soy, a pesar de estar unido en un NOSOTROS con el otro.

Sin embargo, en el problema de las Relaciones de Dependencias Emocionales, así como en la mayoría de las personas que la sufren, lo primero que debemos entender es que nunca es ni se trata de un amor auténtico, mucho menos es una expresión de una caricia sana. Especialmente tiene la particularidad de terminar convirtiéndose en una ‘Historia sin Fin’, porque muy lamentablemente, cuando por fin consiguen un final, este es de soledad y carencia. Justo lo que las personas que la sufren habían estado buscando evitar, cuando a través de la Dependencia Emocional se autosacrificaron en un mundo de sufrimiento y degradación voluntario, para ser aceptado y no rechazado por el otro.

Como señala Barradas (2016) “La diferencia entre la interdependencia y la dependencia es que en la primera ambos se llenan, en la segunda, uno de ellos es un barril sin fondo” (p. 26), aunque para mi criterio, ambos miembros de dicha relación son un ‘barril sin fondo’. Al fin y al cabo, este falso amor, más temprano que tarde encuentra su propia lápida, la cual dice: ‘Se entregó tanto que se quedó sin nada’. Es simple: esa entrega desmedida no es amor, sino una prisión.

Habría que comenzar por reconocer que en los procesos de dependencia existen las dependencias naturales y sanas, donde el simple hecho de ser Seres Humanos, ya nos hace dependientes los unos de los otros. Es decir, existen dependencias reales y normales. Para solamente citar algunas, podría incluir las siguientes: las relaciones de los hijos y los padres; del feto en el vientre de su madre. De una víctima real que requiere un salvador auténtico. Nuestra emoción de tristeza frente a una pérdida verdadera. La mayoría de las relaciones laborales, de negocio, de estudio y por supuesto, las sentimentales, todas ellas implican en cierto grado una relación de dependencia, en estos casos normales y sanas. En este sentido, podríamos afirmar que no todas las relaciones de dependencia son inadecuadas.

Incluso, tenemos un término en psicología conocido como ‘Dependencia Adaptativa’, para referirnos a las relaciones de complemento que se fortalecen con y a través del tiempo. Donde cada uno de los miembros aporta lo mejor de sí y potencia el crecimiento del otro, al punto que cada uno adquiere ‘un área de especialización’ en la relación… Para dar un ejemplo sencillo: Tú cocinas, yo lavo los platos… Tú te encargas de las relaciones sociales y yo de la computadora… Lo cual permite afirmar que una relación en dependencia adaptativa se caracteriza por ser: indiscutiblemente complementaria, tener libertad individual, confianza, aceptación, amor y respeto mutuo.

Pero para ser sinceros, el enfoque aquí no son las relaciones de dependencias sanas, sino muy por el contrario, las dependencias emocionales no adecuadas y enfermas. Particularmente las de las relaciones de pareja, las cuales llegan al consultorio con una alta frecuencia y casi constantemente. Sin embargo, hay que decirlo: la gran mayoría de las veces viene el dependiente, no para liberarse de su prisión, sino para aprender cómo convencer al otro para que siga “enganchado” en la relación y no se vaya, ni le abandone. En la mayoría de los casos, esto se aprecia frecuentemente en mujeres sumisas y de baja autoestima, atrapadas con parejas infieles, alcohólicos o maltratadores.

También es bastante común en hombres que están más enamorados del cuerpo y del sexo con su pareja que de la persona en sí misma, dependientes de la comodidad de ser ‘atendidos’ más que de una relación de amor sano.  Donde usualmente estos hombres muy frecuentemente están casados con sus propias madres y no con sus esposas. Indudablemente cada persona y relación tiene su forma y estilo particular, pero al fin y al cabo eso es una dependencia.

Por su parte Barradas (2016) lo aclara cuando señala: “La relación dependiente la genera un miembro inseguro desde un <necesito ayuda>. Y otro inseguro replicando <yo te salvo>” (p. 26). Para el desarrollo de este texto, en principio voy a tocar primero una breve introducción acerca de la parte sana de las relaciones (que quizás suene a un enfoque más ‘romántico’ y altruista, debido a su escasez), para luego desarrollar el tema de la prisión de las relaciones dependientes. Comencemos:

En un sentido positivo, una relación de pareja adecuada requiere, entre otras muchas cosas, de la aceptación y de la solución de sus diferencias. En la mayoría de las veces, para lograr esto, implica renunciar a ciertas cosas y negociar otras, no se trata de anular al otro, sino que se trata de potenciarnos mutuamente en un crecimiento compartido. Para obtener éxito en ello, es necesario hacer una auto renuncia al orgullo, la soberbia y a la necesidad de ser Yo el dueño del otro. Por supuesto, es obligatorio renunciar al miedo a la soledad y al miedo a sufrir en la relación.

En palabras de Riso (2006) “El amor de pareja es una comunidad de dos, donde nos asociamos para vivir de acuerdo con unos fines e intereses compartidos” (p. 11). Esto me recuerda lo dicho por Jesús en Mateo 19:6 cuando dice: “Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (RVR).

Podría atreverme a realizar una interpretación de esto último y entender que me está diciendo: que en el desarrollo y en la construcción de una relación de pareja sana y armónica, se requiere considerar a esta díada como una unidad indivisible e igualitaria. Cuya meta principal es cultivar los valores y atributos positivos de su relación que, si bien estos son anhelados por muchos, pocas parejas logran establecerlos y conseguirlos.

De lo que estoy hablando, es de un amor solidario que permite que cada miembro de la pareja se afecte mutuamente, en una correspondencia participativa por igual. Donde el actuar se hace a favor del otro, no de mi egoísmo. Implica el compartir intereses, metas, sueños y esperanzas. Donde tu felicidad es mi felicidad, tu dolor mi dolor, tu necesidad mi necesidad. Y sin embargo a pesar de todo ello, no dependo de ti para vivir, no me da miedo perderte, aunque tú a mi lado haces que todo sea mejor y viceversa.

Esto es posible porque este tipo de relación no se basa en la ‘necesidad’ de tenerte a mi lado, sino muy distante de ello, está en la decisión del compartir nuestro crecimiento juntos. Donde sé y comprendo que tú me haces ser mucho más que si estuviese solo, pero al igual que si estuviese solo, sigo siendo yo, con, sin o a pesar de estar o no a tu lado. Tal como señala Riso (2006) “Para amar no debes renunciar a lo que eres. Un amor maduro integra el amor por el otro con el amor propio, sin conflicto de intereses” (p. xvi).

Por ello comprendo y actúo una relación donde aún en los momentos difíciles, estamos juntos; donde te tomo en serio, te valoro, te respeto y nos preocupamos mutuamente por el bienestar del otro. Donde defendemos mutuamente nuestra relación, no permitiendo que padres, amigos o hijos, puedan contaminar lo que juntos hemos sembrado y cultivado. Donde luchamos uno al lado del otro, sabiendo que cuento contigo para todo, porque sé que ninguno defraudará al otro, ni faltará a sus promesas.

Este tipo de relación no es para llenar vacíos, sino para construir una roca sólida y alta, que no nos aísla de los demás, sino que nos une con aquellos que comparten nuestra visión de la vida y de las relaciones. A su vez, por igual, nos protege de aquellos cuyo mundo de mezquindades, carencias e incapacidad de amar, envidian nuestra libertad de ser y estar siendo uno, a la vez que somos dos independientes y completos. Es decir, todo lo anterior puede llegar a resumirse, de acuerdo con la matemática de Dios, según su ecuación para la pareja la cual es: 1 + 1= 1.

Entonces de lo que estamos hablando es de una relación donde cada miembro de la pareja, como individuo único que es y que existe por igual en la relación, tiene sus propias necesidades, gustos, requerimientos, capacidades y demás características humanas que nos definen. Más lo importante de la relación diádica, unida en el amor verdadero, es su capacidad de reciprocidad, en la cual el equilibrio mutuo da igual valor a cada uno y a la relación en sí misma. La cual se sustenta en las bases de apoyo, confianza, imparcialidad y justicia, que permitan por igual el sentimiento de equidad entre ambos, donde no es más importante el YO, ni tampoco lo es el TÚ, sino que lo realmente importante es el NOSOTROS.

Es una relación donde puedo llegar a expresar y sentir que a veces no sé dónde termino yo y dónde comienzas tú, pero sé y siento que, aunque llenas mi espacio y mi vida, nuestra independencia y autonomía fluyen en libertad entre nosotros. No me perteneces, no te pertenezco y sin embargo soy tuyo totalmente, porque he decido ser uno contigo. Dicho lo anterior y para decir la verdad, ya mi idea de unión y libertad fue expresada por Gibran (1983) cuando señaló en su capítulo del matrimonio:

“Pero que haya espacios en vuestra comunión, y que los vientos del cielo dancen entre vosotros. Amaos uno al otro, pero no hagáis del amor una traba. Que sea más bien un mar bullente entre las payas de vuestras almas. Llenaos las copas el uno al otro pero no bebáis en una sola copa. Compartid vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo. Bailad y cantad juntos y sed alegres; pero permitid que cada uno pueda estar solo, al igual que las cuerdas del laúd están separadas y, no obstante, vibran con la misma armonía” (p. 26).

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Referencias:

Barradas, A. (2016). A veces cupido tiene mala puntería. Reflexiones sobre el amor, el sexo y la

 infidelidad. 4ª Ed. Venezuela. Ed. Diana.

Berne, E. (1979). ¿Qué dice usted después de decir hola? 9na edición, Barcelona.

Ediciones Grijalbo

Congost, S. (2014) Manual de dependencia emocional. http://psicopedia.org/wp-content/

uploads/2014/02/GUIA-DEPENDENCIA+EMOCIONAL.pdf

Gibran, K. G. (1983). El Profeta, Argentina: Editorial Pomaire    

Lowen, A. (1977). BIOENERGÉTICA. México, Editorial Diana.

Martínez, J. M. (2006). Amores que duran… y duran... y duran. México: Editorial Pax.

Riso, W. (2006) Los límites del amor, Hasta dónde amarte sin renunciar a lo que soy.

Bogota, Ed. Norma S.A.

Shinyashiki, R. (1993). La caricia esencialUna psicología del afecto. Colombia: Editorial Norma

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA

 






sábado, 15 de abril de 2017

LA INFIDELIDAD: Destruir el amor para ser esclavo de la rabia



LA INFIDELIDAD: Destruir el amor para ser esclavo de la rabia

Por: José Rafael Olivieri Delgado (abril de 2017)

 

“Es una pareja que no surge de la noche a la mañana sino de largas horas de práctica, de caídas, de aciertos, de fallas, de accidentes, de errores, de éxitos y que siguen porque saben que no lo han alcanzado todo y que de la única manera que pueden seguir juntos es sirviéndose, apoyándose, sometiéndose mutuamente, trabajando juntos con mucho amor y paciencia, cada día y hasta el término de sus vidas.” (Hormachea, 1994, p. 103)

 

            En mi criterio, para la inmensa mayoría de la sociedad actual, los conceptos de matrimonio duradero y fidelidad se han convertido en una mentira, en una falacia imposible de alcanzar. Pienso que lo único real que refleja este tipo de pensamiento, es lo enfermo que estamos a nivel emocional, tanto las personas individualmente como la sociedad en su conjunto. Hemos perdido nuestros valores morales, sociales, éticos y peor aún, hemos perdido nuestra propia dignidad como seres humanos. Todavía más allá, hemos perdido el respeto por las personas que más deberíamos amar y proteger: nuestro cónyuge y nuestros hijos. Finalmente, y lo más grave de todo, hemos despreciado a Dios y a sus principios para el matrimonio, la familia y para las relaciones humanas.

Las razones como lo veremos a lo largo de este texto (y en su conjunto en todos mis textos), están entrelazadas en las múltiples vías de la formación de los conflictos emocionales de cada persona. Cadenas de secuencias de aprendizajes de generación en generación, donde hemos ido destruyendo lentamente los principios y los valores sanos de las relaciones interpersonales, en particular la matrimonial, así como a los individuos producto de esta relación (los hijos). Hemos intercambiado estos valores por el libertinaje de nuestras pasiones y la búsqueda del placer sin límites ni fronteras.

Todo lo anterior cobra especial interés en lo referente al tema que me ocupa en este momento: La Infidelidad en las relaciones de pareja. Considero que sus orígenes seguramente se remontan al mismo principio de la raza humana. Muy probablemente no podemos incluir a Adán y Eva en esta práctica, pero si es casi seguro que, de allí en adelante, el tema ya existía.

Todo esto sin dejar de considerar que la infidelidad es una de las expresiones que mejor reflejan mi propia falta de amor a mí mismo. No solamente por el daño que produzco en los otros, sino por toda la autodestrucción emocional que crea en mí, al exponerme al fracaso y muchas veces, no solamente al odio de los que afecto, sino a mi propia expresión de odio por mi vida. Cabría recordar la expresión de Félix Larocca (s/f): “¡La infidelidad es tan buena que nunca debe de ser saboreada, porque como sucede con las drogas todo lo que es noble lo destruye!”.

            Sería conveniente empezar por recordar que un matrimonio sano es aquel cuya base principal, es un acuerdo mutuo y absoluto de compartirlo todo, tanto lo bueno como lo malo por toda la vida. Particularmente su primera cláusula, la cual debe ser el principio de exclusividad mutua, es decir la fidelidad absoluta del uno por el otro. De allí que el concepto más transparente de la intimidad y la confianza de ambos cónyuges sea: ‘Yo jamás voy a hacer nada que te dañe a ti, Tú jamás vas a hacer nada que me dañe a mí’. Porque más allá del sentimiento de amor, ¡Vivir en pareja, en el vínculo matrimonial, es una decisión de ambos cónyuges! Entendiendo que las decisiones están más allá de la voluntad, más allá del querer, son la afirmación de una verdad que me define y que la actúo por convicción propia.

En pocas palabras, la relación matrimonial es ‘un trabajo en equipo’, donde cada uno define el mismo norte con, por y para el otro: seguir juntos en amor por toda la vida. De hecho, Eclesiastés 9:9 nos recuerda: “Vive feliz junto a la mujer que amas, todos los insignificantes días de vida que Dios te haya dado bajo el sol. La esposa que Dios te da es la recompensa por todo tu esfuerzo terrenal” (NTV). Ahora bien, este equipo que es la pareja se identifica y caracteriza por dos palabras fundamentales que definen su unión, las cuales deberían ser: compromiso y responsabilidad.

Lamentablemente dichas palabras, por lo general, no existen en la mayoría de las personas, y mucho menos, en las ‘uniones libres’ que hoy en día se dan tan frecuentemente, donde sí, dos personas deciden vivir y compartir una relación de pareja, pero la condición principal de esta unión es: ‘por un tiempo limitado y hasta que nos cansemos el uno del otro’.

Tenlo por seguro, la inmensa mayoría (por no decir la totalidad) de estas relaciones ‘actuales libres’ están destinadas al fracaso. Los modelos argumentales enfermos de ambos individuos, las prohibiciones de pareja, los permisos de infidelidad, los modelos de soledad, los aprendizajes de los fracasos matrimoniales de los padres…, terminan por garantizar la destrucción de estas relaciones. Cuya principal característica es la falta de compromiso y responsabilidad, tanto en cada individuo en sí mismo como en la pareja en su unidad. Comprendamos que mientras más alto es el nivel de compromiso entre ellos mayor será la fidelidad y durabilidad de la relación, igualmente será mucho más difícil romper los lazos de amor, respeto y apoyo mutuo, así como la búsqueda de las soluciones a los conflictos será una constante de unidad.

Para aquellos que han participado del acuerdo matrimonial, sea civil o eclesiástico, saben bien que la cláusula obligada de su contrato es la de la fidelidad conyugal, es decir, que los cónyuges se prometen la lealtad amorosa tanto espiritual como física. Las cláusulas matrimoniales son todas bien claras y explícitas, no existe la “letra pequeña” en este contrato. Lamentablemente, dicho contrato no existe en las uniones libres, pues siguen el principio de ‘según vaya viniendo, vamos viendo’.

Está claro que, bajo esa filosofía jamás podrán tener ‘un norte juntos’, porque cada uno apunta hacia su propia individualidad y hacia su propia satisfacción personal. Te voy a dejar un fragmento de un programa de radio, que habla de estos tópicos:

Aquí inclusive surge otro concepto maravilloso. El amor es algo que se aprende. Los esposos necesitan aprender a amar a sus esposas y las esposas necesitan aprender a amar a sus esposos. Pero no pierda de vista amable oyente que amar a la esposa o amar al esposo es una orden. La Biblia apela a la voluntad de la persona, porque es la persona quien debe decidir si ama o no ama. Cuando a pesar de sus luchas y sus diferencias, un matrimonio decide someter su voluntad a Dios, indefectiblemente tiene que decidir amarse el uno al otro y de esa manera se garantiza la integridad del matrimonio. Cuando se manifiesta este amor, no habrá lugar para la incompatibilidad de caracteres, ni para la falta de admiración del uno para con el otro, ni celos ni envidia ni rivalidad ni infidelidad y el matrimonio funcionará como Dios lo describe en su palabra.

(Tomado de:  http://labibliadice.org/

programa/2017/01/07/audio-19870/)

 

¿Qué es Fidelidad?:

            Antes de seguir profundizando y desde la posición opuesta, permíteme responder a la pregunta: ¿Qué es FIDELIDAD? Existen desde luego muchas referencias a nivel del diccionario, la intención es formarse una idea del conjunto de ‘palabras’ que identifican cada definición individual. Por ejemplo, a nivel general se encuentra: “Exactitud en la ejecución o realización de una cosa”. Otra: “Lealtad y constancia en las relaciones o ideas”. Más amplia: “La fidelidad es también una observancia rigurosa de la verdad, es decir, un cumplimiento riguroso de la precisión en la reproducción de un texto, de una entrevista o de una narración”.

A medida que voy colocando otras definiciones, tomadas de los diferentes diccionarios, me interesa destacar e invitarte a crear una lista amplia de los términos que definen la palabra fidelidad para ti mismo(a).

Porque fidelidad no se aplica solamente al tema particular de las relaciones de pareja, sino que tiene que ver con un mayor universo de relaciones tales como: las de padres con los hijos y viceversa, de los amigos, de los negocios, del trabajo ... Es decir, fidelidad es un tema que aborda todas las esferas humanas. Incluso con Dios: “Deriva de la palabra en latín, fidelitas que significa servir a Dios. Es una característica de quien es leal, en quien se puede confiar y creer, porque es honesto y respetable. En su nivel más abstracto implica una conexión verdadera con una fuente o fuentes”.

En general estas palabras definen cualidades, atributos y actitudes que permiten reconocer a una persona fiel. Señalan el conjunto de valores que posee y actúa una persona que ha decido un modelo de fidelidad en su vida, en primer lugar, consigo mismo y por consiguiente con los demás. Quizás el mayor enfoque de la fidelidad es el de jamás llegar a traicionarte a ti mismo. Respetarte y amarte a ti mismo requiere de una estructura de personalidad sólida, de fidelidad a ti mismo. Allí es donde realmente comienza el proceso de lo que llamamos fidelidad: ¡En ti mismo! Por supuesto, totalmente opuesto a lo que apreciamos en la inmensa mayoría de las personas y relaciones de hoy en día: un modelo de infidelidad.

     Para completar esta idea, existen otras definiciones más centradas en las parejas como son: (1) la persona fiel es “siempre cumplidor de sus pactos y promesas”. (2) “Actitud de la persona que no traiciona la confianza puesta en ella”. (3) La fidelidad se basa en la palabra: “emunah, cuya raíz, aman, significa seguridad o firmeza”. (4) “La fidelidad es una actitud de alguien que es fiel, constante y comprometido con respecto a los sentimientos, ideas u obligaciones que asume”. (5) “Tener fidelidad es una expresión usada para nombrar al o a lo que tiene constancia. Ejemplo: La fidelidad de un cliente, la fidelidad de un amigo, la fidelidad de Dios, la fidelidad del esposo o la esposa, etc.”.

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Bibliografía:

Ediciones Larousse (2004). El pequeño Larousse 2004. México: Ediciones Larousse.

Hormachea, D. (1994). Para matrimonios con amor. USA. Ed. UNILIT.

Khalil, G. (1975). El profeta. Argentina: Editorial Pomaire

La auténtica razón por la que somos infieles. Recuperado enero 2017 de:

http://www.msn.com/es-ve/estilo-de-vida/relaciones/la-aut%c3%a9ntica-raz%c3%b3n-por-la-que-somos-infieles/ar-AAlVfxi?li=BBqdpgX&ocid=mailsignout

Larocca, F. Recuperado enero 2017 de:

http://www.monografias.com/trabajos49/la-infidelidad/la-infidelidad2.shtml

Martínez, J.M. (2006). Amores que duran… y duran... y duran. México: Editorial Pax.

Shinyashiki, R. (1993). La caricia esencial. Una psicología del afecto. Colombia: Editorial Norma

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA

 

 



miércoles, 30 de noviembre de 2016

SEXUALIDAD SANA EN LA PAREJA: Un pegamento para unirnos

SEXUALIDAD SANA EN LA PAREJA: Un pegamento para unirnos

Por José Rafael Olivieri Delgado (noviembre 2016)

 

EL: “1¡Qué hermosos son tus pies en las sandalias, princesa! Las curvas de tus caderas son como adornos de oro fino hechos por manos expertas. 2 Tu ombligo es una copa redonda donde no falta el buen vino; tu vientre es una pila de trigo rodeada de rosas. 3 Tus pechos son dos gacelas, dos gacelas mellizas” (Cantar de los cantares de Salomón, Cap. 7:1-3, DHH)

 

ELLA: “10 Mi amado es trigueño y deslumbrante, ¡el mejor entre diez mil! 11 Su cabeza es del oro más fino, su cabello ondulado es negro como el cuervo. 12 Sus ojos brillan como palomas junto a manantiales de agua, montados como joyas lavadas en leche. 13 Sus mejillas son como jardines de especias que esparcen aromas. Sus labios son como lirios, perfumados con mirra” (Cantar de los cantares de Salomón, Cap. 5:10-13, NTV)

 

            En mi criterio pienso que no existe un Ser Humano que una vez ha llegado a la pubertad, no tenga deseos y necesidad de experimentar y vivir a plenitud su sexualidad. Si bien en el momento en que las hormonas sexuales hacen su aparición, en cantidad suficiente, lo cual ocurre y define el inicio de la adolescencia (en realidad las hormonas ya están presentes desde la definición del género en el feto), se activa inevitablemente el principio básico de la sexualidad: que en el hombre es: el deseo de penetrar y fecundar, mientras que en la mujer es: el deseo de ser penetrada y fecundada. A partir de allí, la sexualidad va a transitar por un universo que se mueve entre dos extremos: los permisos y las prohibiciones sexuales.

En los permisos encuentro la posibilidad de llegar a descubrir y sentir, todo el sistema de disfrute y placer que la sexualidad sana puede otorgar a un Ser Humano. Lo cual representa uno de los más maravillosos regalos que los esposos pueden compartir de todas sus experiencias juntos. Mientras que, por el contrario, en las prohibiciones, el mundo de conflictos emocionales, miedos y tabús que rodean a la sexualidad, es capaz de destruir por igual a un Ser Humano y a su relación de pareja de muchas formas. Quitándole en principio el mundo fantástico de alegría, disfrute y del placer sexual que tiene derecho a experimentar en su vida.

Por otra parte, hablar de sexualidad es un campo que ‘pica y se extiende’, cuanto más dadas las múltiples opciones que hay de abordarlo, y del cual hay incontables narraciones, escritos e investigaciones de todo tipo. Las mismas, por solo considerar algunos ejemplos conocidos, abarcan textos como los del Marqués de Sade, el Kama Sutra, hasta verdaderos estudios científicos que cambiaron el enfoque de la sexualidad humana, como el Informe Kinsey sobre el comportamiento sexual masculino y femenino de 1948 y 1953, y las investigaciones de Master y Johnson sobre la respuesta sexual humana y sus disfuncionalidades, cuyo trabajo en el área abarcó desde 1957 hasta la década de 1990.

Al tomar tales dimensiones y cubrir tantos ámbitos, es necesario hacer una aclaratoria en este momento: Yo no pretendo hablar simplemente del sexo, al cual vulgarmente lo puedo entender como “meterlo y sacarlo”. Una relación sin mayor aspiración que satisfacer una necesidad biológica básica, que hoy en día abunda en la gran mayoría de las personas, y es básicamente a lo único que aspiran de una relación sexual esta inmensa mayoría.

Por el contrario, quiero hablar y entender la relación sexual de la pareja como un proceso de unión, de ‘pegamento’, el cual se interrelaciona con todas las áreas psicológicas, biológicas, sociales, emocionales y afectivas que abarcan una gran parte de mucha importancia en la relación conyugal, la cual tiene la capacidad de lograr la compenetración total de los esposos, tal como lo indica la afirmación de Leman (2004): “Tener una vida sexual grandiosa es una experiencia tonificante; puede unir a un esposo y a una esposa de una manera que no tiene comparación en la experiencia humana.” (p. 12), lo contrario es igualmente cierto, si no es entendida así, tiene el poder de destruir dicha unión.

De igual manera, hemos de tomar en consideración que, el tema de las prohibiciones sexuales es muy amplio, siendo su consecuencia principal un daño incuestionable a la pareja. La gran realidad es que se ve todos los días como las parejas se destruyen por el enfoque equivocado que tienen de la sexualidad, así como por los abusos de esta. A pesar de ello, tampoco es mi intención en este texto profundizar en ellas, sino únicamente hacer un simple bosquejo de estas. Prefiero establecer un equilibrio en forma breve de los aspectos positivos y de consolidación de la unión marital, a través de la aplicación satisfactoria de la sexualidad y sus permisos.

Sin embargo, he de comentar, en el caso de las prohibiciones, que si bien es cierto que las mismas pueden comenzar a formarse a partir de frases tales como: “cierra las piernas que se te ve eso”, “no te toques eso: es sucio, es cochino, es pecado, …”, “Esas son cosas de putas”, “No te sientes en las piernas de tu papá”, “Bájate la blusa que se ve todo ahí abajo”, “todos los hombres solamente piensan en eso” (como si las mujeres no pensaran en “eso” igualmente) entre otras. De igual manera muchas veces (lamentablemente las más repetidas) se forman a partir de tratos agresivos, de golpes, gritos, castigos, … porque estás viéndote o tocándote “eso”.

Por el lado positivo, también incluimos (una gran verdad) que una figura parental si puede dar un permiso de sexualidad sana cuando acaricia, toca, abraza, besa, es cariñoso con todos sus hijos (independiente del género). Especialmente cuando muestra las mismas actitudes de amor y ternura con su cónyuge delante de sus hijos. Con este modelo positivo, la realidad es que los hijos aprenderán y tendrán un permiso para experimentar una sexualidad de disfrute y amor con sus respectivas parejas.

Pero, por el contrario, una figura parental que no toca no expresa el amor a sus hijos o a su cónyuge, invita a una prohibición de la sexualidad sin necesidad de palabras. Porque los hijos entienden que es malo tocarse, que es malo querer recibir amor de otros, que el contacto no está permitido, lo cual se convierte en parte de la prohibición sexual.

Por supuesto, igualmente dentro de las prohibiciones, están las situaciones extremas de abusos infantiles, de maltrato físico, psicológico y emocional, así como la cantidad de millones de expresiones verbales y conductuales donde se prohíbe expresamente lo sexual, al igual que cientos de manipulaciones con culpa, con miedo o con agresión. De tal manera que lejos de tener e invitar a una sexualidad sana a los hijos, se crea tal nivel de prohibiciones, que la sexualidad se entiende y se vive como algo cochino, desagradable, de mucha angustia, prohibido. Se convierte así en una causa vital de destrucción de las relaciones de pareja, en vez de unirla como fue su concepción original.

Al respecto Leman (2004) advierte: “Si estás casado (a), la relación sexual será una de las partes importantes de tu vida, lo quieras o no. Si no la tratas de esta manera, como un asunto de suprema importancia, no eres justo contigo mismo (a), con tu cónyuge ni con tus hijos” (p. 18).

    Quizás de entre todas las mayores prohibiciones sexuales, se encuentren aquellas que se pueden atribuir al aspecto ‘religioso’, dónde las personas han hecho parecer a Dios como el gran culpable y como el gran castigador… porque ‘eso es pecado’, ‘Dios te va a castigar’. Se nota que ni se han molestado en leer, ni en entender a Dios en sus planteamientos acerca de la sexualidad para el Ser Humano. Por eso, solamente para mencionarlo como quién no quiere la cosa: el gran artífice y creador de la sexualidad es Dios mismo.

Por lo que lejos de verlo como el prohibidor de la sexualidad, es todo lo contrario, Él es el mayor ‘permisor’ de la sexualidad. En Génesis 1 y 2 vemos que Dios contemplaba su creación y veía que todo era bueno y la bendijo en su totalidad, pero viendo al hombre Dios señala: “18 … «No es bueno que el hombre esté solo. Haré una ayuda ideal para él»” y “22 Entonces el Señor Dios hizo de la costilla a una mujer, y la presentó al hombre”. Esto quiere decir que fue Dios quien creó las diferencias sexuales que dan origen al género masculino y femenino, es decir, Dios diseño el pene y la vagina para que se complementasen mutuamente.

Como segundo gran acto de esta unión del hombre y la mujer, Dios instituye el matrimonio al presentar su mandato definitivo: “24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (NTV). “Una sola carne” también habla de la sexualidad, pero aquí muchos tuercen los ojos, por no decir otra cosa, pues el planteamiento de la sexualidad de Dios es para la unión matrimonial (ese es su ‘pegamento’), no antes ni fuera de esta unión.

Este es uno de los temas centrales usados para rechazar a Dios y permitir el libertinaje en lo cual se ha transformado lo sexual hoy en día. Basta con ver a tu alrededor lo que sucede en las relaciones interpersonales y especialmente en la sexualidad, con lo cual la gente está haciendo efectiva la advertencia de Isaías 5:20 “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!”. (RVR 60). En este desajuste sexual terminan destruyendo a su pareja, a sus hijos y a sí mismos, todo por 7 minutos de placer (si es que logran llegar a ese tiempo de duración).

Más aún, en este contexto de la verdad de Dios, lo tercero que ÉL hace es dar un permiso superamplio para la sexualidad, cuando da otra orden al matrimonio en Génesis 1:28: “Luego Dios los bendijo con las siguientes palabras: ‘Sean fructíferos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiernen sobre ella’.” (NTV). Pregunto yo: ¿Cómo vamos a ser fructíferos y multiplicarnos, si no es a través de las relaciones sexuales? Por su parte, haciendo énfasis en este tema Leman (2004) señala: “La Biblia da una asombrosa libertad en cuanto a lo que permite y hasta alienta a las parejas casadas a hacer en la cama…” (p. 190).

Por todo lo anterior cabe una reflexión más: si Dios se ocupó de dar prohibiciones explícitas tales como: no matarás, no robarás, no adulterarás, no codiciarás… ¿Dónde aparece ‘no tendrás relaciones sexuales con tu cónyuge’? Compréndelo de una vez: No es Dios quien te lo prohíbe… te lo prohíbe la mente retorcida y enferma de muchas de tus figuras parentales, que te invitaron a aceptar tu prohibición en la sexualidad. Porque, de hecho, si lees 1 Corintios 7 (NTV), aparte de ser bien explícito lo que dice, pues no necesita ni traducción ni interpretación, te vas a encontrar con esta sorpresa:

1 Ahora, en cuanto a las preguntas que me hicieron en su carta: es cierto que es bueno abstenerse de tener relaciones sexuales.

 

2 Sin embargo, dado que hay tanta inmoralidad sexual, cada hombre debería tener su propia esposa, y cada mujer su propio marido.

 

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Referencias:

Baltasar, M. y Battaglia, M. (1990). Tesis: Pareja: relación, ajuste marital y estilos de poder

            en la sexualidad. Caracas, Venezuela: U.C.V.

Dobson, J. (1990). Amor para toda la vida. Nashville, USA: Editorial Caribe-Betania.

Fromm, E. (1982). El arte de amar. España: Ediciones Paidos.

Leman, K. (2004). Música entre las sábanas. Miami, Usa: Editorial Unilit

Luhmann,  N.  (1997).  El  amor  como  pasión.  Barcelona,  España:  Ediciones Península.

Martínez, J.M. (2006). Amores que duran… y duran... y duran. México: Editorial Pax.

Moral De La Rubia, José. (2008a). Modelos predictivos y de senderos de ajuste diádico por

            géneros en parejas casadas. Recuperado 03-08-2009, de:

http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2565711

Pease, A. y Pease, B. (1999). Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los

            mapas. España: Editorial Amat. 

Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA