viernes, 28 de febrero de 2014

LA SOLEDAD: Decisión, Sentimiento, Prisión o Destino final


LA SOLEDAD: Decisión, Sentimiento, Prisión o Destino final
Por: J. Rafael Olivieri
 

“La necesidad más profunda del hombre es, entonces, la necesidad de superar su separatidad, de abandonar la prisión de su soledad” Fromm (1982, p.20).
 

            Martínez (2006) en su libro, señala que con todas las explicaciones que tantos autores han hecho sobre los sentimientos, la mayoría de las personas no saben a ciencia cierta si son verdaderos los sentimientos que sienten (p. 38). Algo similar pasa con el sentimiento de la soledad, muchos no están seguros de que es o de cómo se deberían sentir con la soledad, a pesar de que lo están viviendo. Básicamente la razón de esto, es que la experiencia emocional es individual e intransferible, cada persona en este planeta tiene su propia forma de sentir, sus propios sentimientos. Por eso, lo que cualquier otro te diga en base a los sentimientos (incluso Yo aquí), estará matizado por mi propia vivencia y comprensión de ellos; o cuando mucho, será un arduo trabajo estadístico, que no se iguala, a lo que tú realmente sientes. Sí bien es cierto que manejamos y sentimos cosas parecidas, ya que al fin y al cabo, todos somos humanos, la realidad emocional de cada persona es única, está basada en su proceso particular de aprendizaje experiencial a lo largo de su vida. Aprovechando la duda, revisé el diccionario (DRAE, 2001) que dice que la palabra soledad “viene del latín ‘solitas’: Carencia voluntaria o involuntaria de compañía”. Lo que parece dar a entender que soledad es cuando no tienes compañía de otra persona. Para variar, yo no estoy totalmente de acuerdo con esto. En mi criterio, la soledad es una falta de amor (ya, de seguro pensaste: ¡obvio, Si no tienes quien te ame, estás solo!). Ciertamente, tener una pareja, en mi opinión es fundamental para tener una vida integral, pero, hay personas que aún en pareja se sienten solos. Por eso, para mí es mucho más profundo que eso. Quizás recuerdes que muchos autores han dicho que puedes estar entre un millón de personas y sentirte solo. Es decir, yo pienso que, no es tener o no, la compañía de otra persona a mi lado lo que me produce el sentimiento de soledad. De la falta de amor de la que hablo, es del amor a mí mismo: La soledad es un proceso de falta de amor a mí mismo.
 
            ¡Ya está! Rafael metiéndose de nuevo en profundidades complejas. Pues sí, no se trata de complicar más lo que ya de por sí es complicado, sino de darle una visión diferente para que, indudablemente desde mi propia perspectiva, puedas entender, manejar y sobre todo resolver tu propio sentimiento de soledad. Porque déjame decirte que: así como tú eres el único responsable de tus sentimientos, tu soledad es responsabilidad exclusivamente tuya, ¡Es lo que tú sientes! Haz el ejercicio o tómate el tiempo para revisar libros especializados, literatura en general, el internet (seguro debe haber más de un Blog sobre la soledad) y en todos encontrarás una definición general, más o menos en los mismos términos. Por ejemplo: La del diccionario: no tienes a otra persona cerca, lo cual en sí mismo define un tipo de soledad: la física (ausencia de compañía). También está la soledad mental (piensas que estás solo. Lo que piensas se convierte en tu realidad). Por decisión propia: te aíslas para descansar, meditar, estudiar, dedicarte a ti mismo, o simplemente no quieres estar con nadie. La soledad por enfermedad: para que no contagies a otros. La soledad por castigo: “te portaste mal” y te encierran en tu cuarto, en un closet o en la cárcel.
 
En psicología nos encanta categorizar todo y, revisando encontré una página web cristiana (http://www.tunuevaalegria.com.ve/Predicas/pred_coensol.html) donde se refieren al  psicólogo Craig Ellison que sugirió la existencia de tres tipos de soledad: a) La soledad emocional: Involucra la falta o pérdida de una relación íntima con otra persona o personas. b) La soledad social: Es un sentimiento de falta de propósito, ansiedad y vacío. La persona se siente como si estuviese "fuera de todo", al margen de la vida.  c) La soledad existencial: Se refiere al sentido de aislamiento que se produce cuando una persona está apartada de Dios y siente que la vida no tiene significado o propósito. Yo voy añadir una más: la soledad por conflicto emocional: en la cual debido a mis vivencias emocionales negativas, yo decido (consciente o inconsciente) vivir en soledad, no tener pareja, tener pocos o no tener amigos, aislarme de los demás, hacerme invisible o simplemente colocarme al final de la fila para que nadie me note. La realidad es que, en cuanto al hecho de la compañía, de tener o no personas a mi alrededor con las cuales hacer contacto, realmente casi nadie está solo. Todos tenemos algún nivel de contacto con los otros. Esto me recuerda que para la Gestalt uno de sus puntos más importantes es la situación del contacto conmigo mismo, con los demás y con el ambiente. Por lo que para la Gestalt la soledad sería la ausencia de contacto conmigo mismo (lo que les afirmo: no amarme a mí mismo). Por eso lo importante aquí no es: si tengo o no personas a mí alrededor, sino ¿sí yo me siento solo o no?  
 
            De igual manera, en cuanto a las sensaciones que acompañan la soledad están: tristeza, dolor, depresión, aislamiento, ansiedad, miedo, rechazo, vacío, rabia, culpa interna, abandono, desánimo, desesperanza, desprotección, falta de energía, deseos de no hacer nada y muchas otras, que como te señalé, dependen de cada persona y de su propia experiencia emocional. Es esta mezcla de emociones lo que le da su carácter de complejo a la soledad, pues, si bien por un lado estos sentimientos son producto de la sensación de soledad, a su vez, la soledad termina siendo producto de muchos de esos sentimientos, hay una relación bidireccional entre ellos. Indudablemente, son sensaciones desagradables que por nuestra búsqueda permanente de placer queremos evitar, pero que a ciencia cierta nadie puede evitar, porque la soledad es una cualidad humana, implícita en su proceso de pensamiento y de su aprendizaje emocional. Aunque no les guste, es obligatoria en el proceso de la vida. Nadie en este planeta se ha salvado, ni se salvará de experimentar esta emoción (Interpretes de la Biblia señalan como el momento de soledad de Jesús: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Mt 27,46; Mc 15,34). Igualmente muchos autores (Maestre; Salvo y Castro; Ruiz) consideran hoy en día  la soledad como una enfermedad social (incluso la causante de muchos suicidios) No importa que vivamos en ciudades llenas de personas, lo importante es cómo nos sentimos, frente a esta sensación de estar atrapados en mi propia prisión, que es la soledad.
 
            El problema de la soledad como consecuencia de no amarme a mí mismo, está indudablemente, como la mayoría de los conflictos emocionales, directamente relacionado con nuestro proceso infantil de formación y desarrollo. Nuestras primeras vivencias de soledad están enterradas en nuestra mente (inconsciente), donde muy probablemente no puedan ser recordadas nunca, pero sí son profundamente sentidas en mis procesos emocionales del aquí y el ahora. Fueron situaciones vividas y experimentas en mi relación íntima con mis figuras parentales, donde mi obligada y natural dependencia de ellos, me hizo completamente vulnerable a mi propia necesidad de su compañía, pero sobre todo y muy particularmente: de su aprobación y de su amor. Por eso, cuando sentí que no me las dieron, entre otras muchas emociones me sentí solo. Es un amor, que en la gran mayoría de los casos, no era lo que yo necesitaba, sino solamente lo que ellos sabían darme (ellos tampoco recibieron el amor que necesitaban). Fueron situaciones de dolor emocional, que no solamente me hicieron experimentar los desagradables sentimientos enumerados anteriormente, sino que, en su constante repetición de todos los días, me invitaron a decidir en mi vida un “argumento de soledad” (Berne, 1979). Lo interesante es que hoy en día, en mi momento presente, aunque no quiero y rechazo la soledad, e incluso le tengo miedo, al ser un proceso de mi propia decisión emocional infantil, con la cual definí quien soy, mis creencias emocionales, mi personalidad en general, es casi seguro, que no podré evitar que la soledad se adueñe de mi vida. No importa lo que haga, mi propia conducta, mis propias decisiones me llevarán a cumplir mi argumento, y muy probablemente, termine mi vida en esa condición física y emocional: solo.
 
            La realidad de esta decisión emocional que es la soledad, se va a ver matizada y reflejada en un gran número de mis conductas del día a día, en mis relaciones con las demás personas, pero fundamentalmente en mi propia autovaloración presente, donde vuelvo a sentir los patrones emocionales infantiles cuando me sentí rechazado, no querido, despreciado, no adecuado, indigno del amor de otros, incapaz de confiar en otros (porque sí mis figuras parentales, que debían amarme, me hicieron a mí, su hijo, lo que me hicieron, ¿Qué puedo esperar yo de los otros?). Está sensación de autoestima baja, donde no me siento merecedor de nada o de muy poca cosa, donde no me amo a mí mismo, me lleva a rechazar a los demás, a sentirme incapaz de relacionarme con otras personas. A tenerles miedo. La desconfianza hacia los demás me invita a pensar ¿Qué será lo que el otro me quiere quitar? ¿Cómo se va a aprovechar el otro de mí? Donde, en función del miedo,  afirmo: es mejor no acercarme al otro para que no me haga daño y, yo no tenga que sufrir. Esta es una secuencia de pensamiento muy común en las personas que tienen ‘prohibiciones de pareja’, porque después de un fracaso tras otro en sus relaciones sentimentales, de ‘traiciones’ constantes de sus amigos, o de situaciones de divorcio, terminan decidiendo ‘nunca más’ me acerco a otra persona, ya no soportan el dolor de las ‘rupturas sentimentales’. Cuya consecuencia definitiva es: la soledad.         
 
La verdad es que, con todas estas situaciones en nuestra formación, y en nuestro proceso de relaciones interpersonales, no es de extrañar que existan multitud de personas que tienen problemas con el manejo de la soledad, que no se sienten adecuadas cuando están solas. Personas que no saben estar solas, se sienten vacías e incompletas si no tienen a otra persona a su lado, donde muchas de las veces generan modelos de dependencia no sanos, los cuales transforman sus vidas en un infierno bien sea social, emocional, físico y/o psicológico. Existen personas que constantemente pasan de una relación amorosa a otra para no estar solos, no se comprometen con nadie nunca por el temor a que los dejen solos. La gran mayoría de las personas sienten que estar solos se convierte en la situación más aterradora de su vida. Hacen lo imposible por evitarlo, lo paradójico es que, la mayoría terminan solos. Otras muchas personas tienen tal nivel de conflicto en sí mismas, que su prohibición de relacionarse las lleva a vivir sin pareja, o haber tenidos muy pocas y todas han terminado en desastre. Su conflicto las lleva a no confiar, a no comprometerse, a no entregarse. Muchísimos terminan aceptando la soledad como la consecuencia final de sus vidas. Hacen un proceso de adaptación en su mente, con el cual justifican su situación de soledad, y (para mí) más grave aún: terminan amando su soledad, así el daño no me lo hace otro, me lo hago yo mismo.  
 
Por otra parte, para seguir metiéndome en profundidades: en lo que respecta a lo espiritual, ciertamente el mandamiento “ámate a ti mismo” lleva incluido las dos partes: “ama a tu prójimo como a ti mismo”, es decir, debo amarme a mí mismo y debo amar al otro. Cuando esto no se cumple (es una decisión mía) el resultado es un quiebre en las relaciones interpersonales, que indudablemente me llevan a sentirme y valorarme en la soledad. Y es que para Dios el estado ideal del hombre es NO estar solo. Cuando lees en Génesis (cap. 1 y 2) que Dios creo los cielos, las aguas, los animales, las plantas, la luz, la oscuridad, TODO; al terminar cada día de creación dice “Y Dios vio que esto era bueno” (lo repite cinco veces). Luego en Gen 1:31 dice “Entonces Dios miro todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno!” (dice: MUY BUENO). Pero ¿Cuál cambio ocurre en Dios? cuando en Génesis cap. 2 se narra la creación del hombre, lo pone en el huerto, le da todos los animales y todas las plantas (- una), Y dice el versículo 18: “Después el Señor Dios dijo: <<No es bueno…>>” ¡Guao: no es bueno! Aquí viene la primera clave de todo en la segunda parte de este versículo 18: “QUE EL HOMBRE ESTÉ SOLO”. Lectores Dicho por Dios: No es bueno estar solo ¡Dios no quiere que el Ser Humano esté solo! Y Dios completa su afirmación (2da clave) con la tercera parte del 18: “le haré ayuda idónea para él”. Lectores la tapa del frasco de la creación es ¡la mujer! y con ella consolida el matrimonio entre ambos. En Gen 2:24 “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (en la matemáticas de Dios 1 + 1 = 1).
 
Entonces (aunque me tilden de radical), sí leí y entendí bien que, éstos son dos mandamientos de Dios, (1) sí yo no me amo a mí mismo, y (2) no tengo una pareja “estable” consolidada en matrimonio: yo estoy pecando contra Dios. ¡(C_ñ_) Ahora entiendo porque a la Humanidad le va tan mal y, la gran mayoría de las personas están o se sienten solas! Claro estamos haciendo lo que no es bueno para nosotros mismos (con lo cual nos hemos apartado de Dios). Con razón tenemos tantos conflictos emocionales en todas nuestras relaciones interpersonales. Seguro que más de uno de ustedes está pensando (ahora me la doy de adivino, ¿qué tal?): “yo tengo mi esposa/o y no soy feliz o me siento solo/a” ¡CLARO!  Es que la culpa NO ES DEL OTRO, el que tiene que amarse a sí mismo SOY YO, y el que tiene que velar por la estabilidad de mi matrimonio SOY YO (dedo en la llaga). El otro tiene que hacer su 50% también ¡Obvio! Por algo son “una sola carne”. Cuando uno, el otro o, los dos no cumplen su parte, obligatoriamente tiene que pasarte lo que está pasando en tu vida aquí y ahora.     
 
Bien, hagamos el cierre: Como te dije al principio, la intención no es hacer más complejo lo que ya lo es, pues la soledad es un sentimiento complicado. Unido a muchas otras emociones, síntomas y decisiones que vienen desde lo infantil, las cuales se han ido confirmando o modificando a lo largo de mi experiencia personal de vida, tanto solo como en la interrelación con los demás. Tiene muchas implicaciones y matices personales, sociales y culturales. Tiene aspectos adecuados (buenos) y no adecuados (no tan buenos). Marca una diferencia importante entre triunfar y perder. Complementa mi sistema de creencias emocionales. Entonces, la pregunta lógica de todos: ¿Cómo hago para manejar mi soledad?  Bien ese un trabajo de los dos, mi parte es acompañarte a descubrir y experimentar todo lo que eres y quién eres, enseñarte opciones de caminos que puedes recorrer, darte información para tus decisiones. Tu parte: realizar tu propio trabajo de cambio, descubrirte a ti mismo, tomar y aplicar tus nuevas decisiones de vida, con las que puedas hacerte un triunfador. En pocas palabras: convertirte en la personal integral que eres, donde la soledad sea solamente un sentimiento más, y no, el destino final de tu vida.
 
Referencias
Berne, E. (1979). ¿Qué dice usted después de decir hola? 9na ed., Barcelona. Ed. Grijalbo
Fromm, E. (1982). El arte de amar. España: Ediciones Paidos.
Martínez, J.M. (2006). Amores que duran… y duran... y duran. México: Editorial Pax.