viernes, 28 de noviembre de 2014

¿NOS CASAMOS?, ¿Vivimos con mis padres? (para fracasar)

¿NOS CASAMOS?, ¿Vivimos con mis padres? (para fracasar)
Por: J. Rafael Olivieri (noviembre 2014)
 
“Para recuperar estímulos, las madres y los padres a veces interfieren y desorganizan el matrimonio de los hijos. Hacen esto porque tienen miedo de perder la fuente de estímulos que son los hijos”  (Shinyashiki, 1993, p.15)
 
            Cada vez es más frecuente que las parejas establezcan una decisión de vivir juntos sin ‘las complicaciones del matrimonio’. Incluso, no solamente se aprecia esto en las parejas jóvenes, sino también en parejas que ya han vivido anteriormente una relación matrimonial. Las razones pueden ser varias, aquí no voy a entrar en los detalles de ellas (quizás en otro artículo en el futuro). Lo que me interesa resaltar en este momento, es que estas parejas, por razones emocionales (en su mayoría inconscientes), no tienen ningún interés en establecer el compromiso y la responsabilidad, que representa la relación matrimonial formal. Por el contrario, lamentablemente, el pensamiento (inconsciente de ambos) es que al primer problema ‘lo dejamos hasta aquí y cada quien por su lado’. Esto por lo general representa el regresarse a casa de sus padres. Sin embargo, no sería justo si no reconociera que, existen parejas que llevan una vida en concubinato, mejor y más duradera que la de muchos matrimonios formales, con hijos y con todos los aspectos del matrimonio tradicional. Lo que sí es seguro, particularmente en el caso de ella, es que si le preguntas, casi el 100%, te respondería que quisiera estar casada formalmente. Lo cierto es, en mi criterio, que el famoso cuestionamiento que hay tan frecuentemente, del matrimonio como ‘institución obsoleta y pasada de moda’, lo único que oculta es una gigantesca ‘Prohibición de Pareja’, de ambos miembros de la relación. Cuando la realidad es que el matrimonio fue concebido por Dios para toda la eternidad y como protección del Hombre, de la Mujer y de sus hijos, tal como señala Génesis 2: 24 “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. “Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” Mateo 19:6.
 
            Lo he mencionado en varias oportunidades, una ‘Prohibición de Pareja’ No es que no voy a tener pareja, incluso, la persona se puede casar, hasta varias veces si quiere. Solamente, en los casos más extremos, la ‘prohibición’ significa no tener pareja en absoluto. En realidad, lo frecuente es que la prohibición lo que determina es que, esa persona, nunca va a permanecer ni a disfrutar de una relación permanente con una pareja. De hecho, es casi seguro que terminará su vida solo(a). Entiendan, básicamente nadie quiere esto para su vida, pero la programación emocional inconsciente, los va a obligar a concretar tan trágico final, a menos, que realmente logren un cambio emocional de estos mandatos. Indudablemente, estas personas nunca han leído la exhortación del versículo de Proverbios 5:18 que dice: “Que tu esposa sea una fuente de bendición para ti. Alégrate con la esposa de tu juventud”. Y por si no lo comprenden, lo que le dice a ambos es: ‘cásate en tu juventud y vive en bendición y alegría por el resto de tu vida con la misma persona’. Entendamos también que la ‘prohibición de pareja’ no es de uno sólo de los cónyuges, sino que muy por el contrario, es de los dos (50% y 50%). Existen muchísimas formas (gestos, conductas, modelos, palabras…) y miles de situaciones de invitar a un hijo a que tome tal decisión. Lo importante, la clave de esta decisión es y será siempre, que dicha decisión es exclusivamente responsabilidad de cada persona, no de sus padres.

Indudablemente, debido a la gigantesca cantidad de  conflictos emocionales, que la gran mayoría de las personas tienen actualmente, una relación matrimonial duradera, es cada día más imposible de lograr. Ahora bien, uno de estos modelos ‘prohibidores’ de pareja, es precisamente, el que corresponde a este artículo. Aunque ya lo indiqué como una realidad, gran cantidad de parejas prefieren la opción de ‘juntarse’, pero, imaginemos que: Él lleva a Ella a un lugar romántico… unas copas de vino… una cena espectacular… música suave… y de postre… Él le pregunta a Ella: ¿Te gustaría casarte conmigo? A lo que ella muy emociona y súper feliz, le contesta que ‘SI’. Bien, tenemos una pareja comprometida para casarse. Empiezan los preparativos… la Iglesia… el salón de fiesta… padrinos… invitados… el lugar de la luna de miel… y en algún momento se hacen la pregunta crucial: ¿Dónde vamos a vivir?

            Permíteme poner en contexto la respuesta a esta pregunta clave, de la gran mayoría de las parejas, que desean consolidar una relación permanente viviendo juntos (matrimonio o no). Empecemos por una primera aproximación usando el refrán popular “El casado casa quiere”, pues es el ideal y, es ¡lo que debería ser! Esa será la primera opción que van a evaluar. Pero pronto van a aparecer argumentos y justificaciones, todos aparentemente lógicos y muy de acuerdo con la realidad, que van a descartar esta opción, de vivir independientes en su propia casa. Indudablemente, nadie está pensando y mucho menos dándose cuenta, que los argumentos inconscientes (de ambos), son los que se van a encargar de anular tanto esta opción de la vivienda propia, como la siguiente de alquilar. 

Desconozco en el resto del mundo, pero en Venezuela dada la situación política y económica… alta inflación… sueldos bajos… costos de vivienda por la estratosfera… miedo de alquilar mi anexo o mi apartamento, no sea que no pueda sacar al inquilino, que lo invadan o simplemente que lo destruyan… La cosa no es fácil para las parejas que buscan su propia vivienda. Esta es una opción reservada a muy pero muy pocos. Seguimos, la segunda opción es alquilar, la cual se va a topar con las mismas argumentaciones y justificaciones de la primera… muy costoso… muy chico… muy lejos… poco seguro… ubicado en mal sitio… entre otras muchas. El asunto es que las opciones se van reduciendo cada vez más, hasta que por fin surge la pregunta ‘mágica’, la cual nos va a solucionar nuestro problema: ¿Vivimos con mis padres?   

            En mi opinión (por ello este artículo), esta pregunta es equivalente a una sentencia de muerte, lenta pero segura, a la relación matrimonial y, mucho más drástica es en el caso de la relación de concubinato (por la falta de compromiso emocional de ambos). Antes de continuar, ubiquemos también esta pregunta en su contexto. ¿Quién hace la pregunta? Sin lugar a dudas: o la hace Él o la hace Ella (más adelante evaluamos una tercera opción: los padres hacen la propuesta de que se vengan a vivir con ellos, igual de fatal). Hay casos extremos, sin lugar a dudas, el más fatal y drástico es: cada uno se queda viviendo en casa de sus respectivos padres, lo crean o no, esto también sucede, para este caso la muerte de la relación ya es una realidad, antes de iniciar dicha relación. Lo interesante de la problemática de vivir con los padres, es que, frecuentemente vienen a mi consulta, en mayor número, los casos en los cuales se van a vivir a la casa de los papás de Él (en éste me voy a centrar aquí). Y en menor número, pero igual de reales, los casos de irse a vivir en la casa de los papás de Ella. Tomen en cuenta que hay de todo un poco, y cada situación con sus propias particularidades. Lo importante aquí, es que la decisión la tomaron ambos, tanto Él como Ella (es decir, lo que para mí es la base de toda relación: 50% y 50%). Ambos, en igualdad de responsabilidad, participan en esta decisión. En realidad lo que ha sucedido, ha sido que ninguno tomó conciencia, de la afirmación oculta, que hay en dicha pregunta ‘mágica’: ¡Así nos aseguramos que vamos a fracasar en nuestro matrimonio!

            A continuación voy a ilustrar en líneas generales lo que pasa en esta opción principal: casa de él (con la mamá de él). Ciertamente mi afirmación sigue siendo válida: hay de todo, y no va a ser posible explicar al detalle cada caso, debes usar un poco de tu imaginación, y completar los ‘huecos’ que debo dejar. Empecemos revisando que pasa cuando ‘el hijito consentido (Él)’ se va a vivir junto a su esposa  a la casa de sus papás. Me interesa revisar el caso particular, y más frecuente, en el cual es la mamá de él, la única que vive en la casa paterna (debería decir: la casa materna), o suponiendo que estén ambos padres (que sucede muy rara vez), es la mamá quién domina y controla la situación del hogar paterno (igual comentario: materno). En concreto, los esposos se van a vivir en la casa de la mamá de Él. La imagen que me gustaría que tuvieras en tu mente mientras relato este caso, es la siguiente: imagina un rico pedazo de carne grueso y jugoso (Él), y a ambos lados opuestos del mismo, coloca dos tigresas (la esposa y la mamá), ambas igual de feroces, en una lucha a muerte por quién se queda con la carne. Al principio es más ‘una guerra fría’, todo se hace disimuladamente. Con el tiempo, ciertamente sí se va a declarar una verdadera guerra, y los enfrentamientos serán evidentes entre ambas contrincantes (Ella y su suegra). Tampoco pierdas de vista que, al fin y al cabo, el objetivo de toda guerra es ganar, no importa lo que se destruya en el proceso. Por lo general lo que termina destruido es la relación matrimonial de Él y Ella.

            Al principio de la convivencia, Ella (la nuera) muy agradecida y enamorada, trata de ser gentil, colaboradora y por supuesto, de atender a las mil maravillas a su esposo. Pero… la suegra (la mamá de Él) al principio comenta, luego crítica y finalmente descalifica todo lo que la nuera hace. Nada es suficiente para su hijito, porque nadie puede hacerlo con ‘tanto amor’ como ella para su hijito. El café de la nuera es aguado… la arepa torcida… le deja la cocina sucia (aunque la nuera se esmere en limpiarla), siempre habrá un defecto en cualquier cosa que haga… porque nadie lo puede hacer como ella: la mamá de su hijito.  Todo lo que se dañe en la casa, es culpa de la nuera. La suegra le va a criticar que no le lava la ropa bien a su hijito… y peor (una paciente me contó) que la suegra le dijo a su hijito: “esa bruja es una malvada que te hace lavar tu ropa”. Esta guerra no tiene fin, ni límites, ni fronteras. No da descanso en todo lo que se pueda criticar (por supuesto de ambos lados). Cada una se va a encargar de hablarle mal de la “otra” a Él (el esposo - el hijito), y en todo lo que puedan sacar a relucir. Cada vez que puedan Ella le va a decir… “es que tu mamá…” y la mamá le va a decir… “es que esa mujer…” cuando no usa otros calificativos de mayor nivel (tuve una paciente que la suegra le gritaba en la calle: “Es que tú eres una prostituta que me robo a mi hijo”). No tienes idea de las cosas que he oído, en las narraciones de mis pacientes en esta situación. Incluso una me dijo: “No le puedo decir las vulgaridades que mi suegra me dice todos los días”.

            Conforme pasa el tiempo, los enfrentamientos son cada vez más seguidos y de mayor nivel, algunos han terminado en violencia física entre ambas. Entiendan, que aunque esta es una situación que ocurre incluso desde antes de casarse, va tomando cada vez más cuerpo y más poder en las emociones, particularmente en la rabia, tanto de la una como de la otra, pero que a final de cuentas se va incrementando en la medida en que pasan más y más tiempo en esta situación. Otras pacientes me han comentado expresiones como estás: “Mi casa no es mi casa, es la casa de mi suegra. Mi esposo no es mi esposo, es el esposo de mi suegra. Mi hijo no es mi hijo, es el hijo de mi suegra. Mi vida no es mi vida, la controlan ellos”… “Se mete en nuestro cuarto y me revisa las gavetas… no nos deja estar juntos… está pendiente de todo lo que decimos… cuando peleamos ella se mete para defender a su ‘bebé’…” y la lista no tiene fin, de lado y lado. Por supuesto, frente a esta situación, que aparentemente no tiene solución ¿Qué hace Ella?... sencillo, ¡se va!, abandona al esposo y por lo general se regresa a casa de su propia mamá… la idea es: ‘si me tengo que calar una mamá, prefiero que sea la mía, que ya la conozco’. De esta manera actúa su prohibición de pareja, garantizando la ruptura y, muy probablemente, confirmando en su mente una de las creencias más comunes: ‘los hombres no sirven’ (o cualquier otra similar), lo cual refuerza más aún la ‘prohibición de pareja’.

            Hay unos pocos casos que no siguen esta secuencia, en general son esposas más tolerantes, con más visión de la situación, y tratan siempre de mediar positivamente en las situaciones de conflicto. Piensan cosas como: “esa es su mamá o su familia”, “yo puedo vivir con esta situación y esperar”, “lo importante es mi esposo”, “al fin al cabo es su casa”. Una paciente me dijo: “La necesidad me obliga, aunque mi suegra me diga que le maltrato a su bebé”. Pero esta es una cuestión de tiempo, tarde o temprano, empiezan a surgir más y más incomodidades, que van presionando lentamente a la nuera, hasta que finalmente, ocurre lo mismo: toma la decisión de irse y abandonar al esposo, porque la situación se ha hecho insoportable, en un ambiente continuamente hostil.

            Y mientras tanto, ¿qué hace el hijito bello, el bebé de su mami? Al principio intenta mediar entre ambos bandos. A la esposa le dice “es que mi mamá es así, tienes que entenderla”. A la Mamá le dice: “ella es así, tienes que entenderla, es mi esposa”. Pero la situación se va intensificando conforme pasa el tiempo. El hijito se empieza a debatir entre sus conflictos de culpa, dependencia, sobreprotección, falso respecto y, por supuesto, una mezcla entre la comodidad y la sumisión al poder de la mamá. Empieza a tener más y más conflictos con la esposa, a sentirse cada vez más atacado y cuestionado, además de que muchas veces se queda sin sexo (lo castigan por preferir a la mamá). Al final, él va a terminar defendiendo a su mami, porque ella ha hecho un buen trabajo, en sobreproteger o sobrecontrolar a su bebé. Y ¿cómo es posible que vaya a venir una cualquiera a quitarle a su hijito bello? No es que él no lo intente, o no quiera a su esposa, es que el poder del conflicto emocional es tan fuerte, que los eventos que ocurren, lo que hacen es reforzarlo y por consiguiente, se ve obligado a tomar una decisión desafortunada. Indudablemente, Él es quien hace tal decisión. Nadie más.

Él está por un lado entre su matrimonio con su esposa y, por el otro, su matrimonio con su mamá. Como no es posible vivir en una situación de bigamia como esta, tiene que elegir. El problema es que generalmente (lo crean o no) escoge el matrimonio con la mamá, porque es (la relación) que tiene el mayor compromiso emocional y las raíces más profundas y más arraigadas. Además de toda la comodidad que representa que mami me siga ‘consintiendo’ y haciendo todo por mí. Con lo cual se concreta la prohibición de pareja en él. De esta manera, valida su propia ‘prohibición’ y confirma su creencia ‘ninguna mujer me va a querer y a cuidar como mi mami’. En realidad han entendido muy mal el mandamiento de Efesios 6:1-3 “Hijos, obedezcan a sus padres porque ustedes pertenecen al Señor, pues esto es lo correcto. 2 «Honra a tu padre y a tu madre». Ese es el primer mandamiento que contiene una promesa: 3 si honras a tu padre y a tu madre, «te irá bien y tendrás una larga vida en la tierra»”. En mi criterio, no puedo obedecer a mis padres, cuando sus deseos o sus órdenes van en contra de mi propia vida, y de mi derecho a vivir como yo decido hacerlo. Y mucho menos, cuando el obedecerlos representa la destrucción de mi matrimonio  o de mi propia familia (mi cónyuge y mis hijos). No puedo, ni debo, usar a Dios y a su Palabra, para destruir al otro, o incluso a mí mismo.

            Por otra parte, en el segundo caso, cuando la pareja decide irse a vivir con los papás de Ella (con la mamá de ella). La situación va a tener dos matices diferentes. En el primero, la mamá termina compitiendo con la hija en la atención del yerno… le cocina… le lava… lo atiende en todo. Mientras que constantemente crítica a la hija porque no sabe hacer nada… no hace nada bien… no atiende a su esposo como debe ser…, al final de cuentas, es la hija la que se obstina de tantas agresiones y de pelear con su mamá por su esposo. Él por su parte, muy cómodo, no hace nada por proteger a la esposa y corregir la situación, al fin y al cabo es la mamá de Ella. Empiezan las peleas, las discusiones y, tarde o temprano, la separación y el fin de la relación. El segundo matiz es: La mamá de Ella constantemente crítica al yerno porque no sirve… no hace nada bien…  es un chulo… un mantenido… no es hombre… Él frente a tanta agresión vive encerrado en el cuarto, no comparte, no hace nada, o en la posición contraria, toma la decisión de cada vez llegar más tarde, de salir cada vez más y más con los amigos, de quedarse en el trabajo, hasta que se consolidan la peleas y los conflictos, y terminan separándose igualmente. Total, muchos utilizan como excusa versículos como Proverbios 21: 9 “Es mejor vivir solo en un rincón de la azotea que en una casa preciosa con una esposa que busca pleitos”.

            El otro aspecto de esta situación y, cambiando el panorama, es el caso cuando son los padres los que hacen la propuesta para que los esposos se vengan a vivir con ellos. Las consecuencias serán siempre al final las mismas. Son muy pocas las parejas que salen bien libradas de un proceso de vivir con sus padres. Generalmente tienen más opciones cuando ambos padres están juntos, porque uno de los dos (usualmente el papá) sirve de equilibrio y controla las situaciones de agresiones y malestares en la convivencia. Entiendan que NO ES AMOR permitir que uno de mis hijos (casado) se venga a vivir conmigo, es muy por el contrario, una invitación y un ‘permiso para separarse’ de su cónyuge. En concreto, la situación va a ir tomando, en el transcurrir del tiempo, más o menos los mismos elementos y las mismas situaciones ya descritas. Los eventos van a ir creciendo en el tiempo, hasta el momento en que se sienten agotados, cansados y hastiados de la convivencia permanente en esta guerra entre los padres y el matrimonio del hijo(a) correspondiente.

Finalmente, no deja de ser cierto, y es justo comentarlo, que existen parejas que a pesar de haber vivido con sus padres, logran salvarse de esta trampa mortal. Bien sea porque su relación tiene la estructura y la fortaleza suficiente, para salir victoriosos de esta experiencia.  O porque los padres en términos generales, son más sanos emocionalmente y permiten el crecimiento, la separación del hogar paterno y, por su puesto, aprueban y cultivan la relación matrimonial de sus hijos. La realidad y la verdad es que, al margen de cómo y quiénes sean mis padres, la afirmación es: yo soy el único y absoluto responsable de lo que decido hacer con mi relación matrimonial, si fracasar o triunfar, depende esencialmente de mí y de mi cónyuge, de nadie más. La dificultad de ello, radica en el hecho de tener o no la capacidad, para poder descubrir mis propios conflictos y prohibiciones, y de tener la decisión suficiente para enfrentarme a ellas y vencerlas, construyendo una vida en plenitud y en triunfo, junto a mi cónyuge y a mis propios hijos, lo cual es mi derecho y mi deber conmigo mismo y con ellos. Tal como es la promesa de Dios para sus hijos en Jeremías 29: 11 “Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza”. ¡Que así sea!
 
Referencias
Shinyashiki, R. (1993). La caricia esencial. Una psicología del afecto. Colombia: Editorial Norma
Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA

 

viernes, 29 de agosto de 2014

EL PATITO FEO: ¿Es una realidad que son hijos destinados a fracasar?

EL PATITO FEO: ¿Es una realidad que son hijos destinados a fracasar?
Por: J. Rafael Olivieri (agosto 2014)

“El pobre patito no sabía dónde meterse. Sentíase terriblemente abatido, por ser tan feo y porque todo el mundo se burlaba de él en el corral.” Hans Christian Andersen (1843)

            Sin duda alguna el reto más grande que tiene todo paciente en su proceso terapéutico es su decisión de cambiar. La gran mayoría viene con esa idea y anhela ese cambio, muchas veces desesperadamente, pues su forma de vivir cada día se lo hace sentir. Usualmente esto sucede cuando han llegado a comprender que existe ‘algo malo’ en sus vidas, en sus relaciones interpersonales, en sí mismos. Donde ellos por sí mismos, a pesar de haberlo intentado y de quererlo, no han podido resolverlo, y entienden que necesitan ayuda para ello. Sin embargo, la realidad es que, de todos los posibles cambios que podemos lograr, el cambio psicológico, el cambio emocional es el más difícil de conseguir. Pero, ¡No es imposible!, cambiar es una realidad palpable del poder del diseño de Dios para la mente humana. Lo que pasa es que éste cambio exige una cuota de sacrificio muy alta. En la gran mayoría de los casos, ‘parece’ imposible para muchos de los pacientes, ya que el ‘costo de la inversión’ en tiempo, esfuerzo,  dolor y dinero, les parece un costo muy alto, a veces imposible de alcanzar. Sin ser dramáticos, se juegan su propia vida y su felicidad en esa percepción. Ello me recuerda la afirmación de Mateo 22:14 “Pues muchos son los llamados, pero pocos los elegidos” NTV (2010). Todos tenemos el potencial, todos podemos cambiar, todos podemos decidir triunfar, pero tenemos que hacernos dueños de esta realidad, tenemos que poner más que nuestro simple deseo de quererlo. Tenemos que esforzarnos para logarlo en nuestro propio tiempo. Es obligatorio y necesario consolidar un compromiso y una responsabilidad absoluta conmigo mismo para lograrlo, no es el otro, soy YO. Porque es una verdad absoluta que hasta el “Patito Feo”, se puede transformar en el más hermoso cisne del estanque. ¡El reto es que tú lo logres!

            Los cuentos infantiles de Andersen son conocidos mundialmente, uno de ellos es el “Patito Feo” (1843), y en él me baso para escribir este artículo. Ahora bien, ¿Cuál es el primer punto a entender del cuento de Andersen?, pues simple: ¿Quién es el Patito Feo? A ciencia cierta el “Patito Feo” representa los sentimientos de una inmensa mayoría de los niños del planeta entero (y a una inmensa mayoría de adultos en la actualidad). Ciertamente, la primera condición del ser niño, es la sensación de dependencia de sus ‘Figuras Parentales’ (de las cuales las más importantes son Papá y Mamá). Este criterio de dependencia no se refiere únicamente a lo material (casa, comida, ropa, juguetes…) sino a lo más importante de todo: a una dependencia afectiva y emocional (una relación de amor, diría Rafael). Esto obliga a que la auto valoración del niño (su autoestima) esté controlada por sus figuras parentales. Ellos son quienes le dicen al niño quien es, que debe sentir, como debe pensar y que debe expresar. En la mayoría de los casos el niño lo acepta por su inmensa necesidad de ‘amor’ de sus figuras parentales. Como está confirmado por muchísimos autores, el niño va a definir quién es, qué puede lograr, a dónde puede llegar, en esencia, va a definir toda su vida en función del resultado que obtenga de la valoración que le den sus figuras parentales. En lenguaje más sencillo: va a definir su propia vida según se sienta o no amado por sus figuras parentales. Pero ojo, una cosa muy distinta es lo que las figuras parentales ‘creen que dan’ y otra es la que el niño ‘siente que recibe’ de los mismos, ¡esa es la clave de la ecuación!

            No hay ni uno que no lo diga, todos los padres afirman que siente amor, y que quiere lo mejor para sus hijos, incluso los asesinos en serie los dicen. Pero la realidad es muy diferente, imagino que de allí viene la expresión popular ‘amores que matan’. Lo cierto es que todos los seres humanos tenemos un lado bueno y otro ‘no tan bueno’. Como nos narra Marcos 10:18 “¿Por qué me llamas bueno? - Preguntó Jesús -. Sólo Dios es verdaderamente bueno” NTV (2010). El problema es que el balance del “Patito Feo” siempre termina del lado NO TAN BUENO. La conclusión del “Patito Feo”, tanto en su Sistema de Creencias Emocionales como en su autoestima (ellos son dos de los elementos más fundamentales para definir la personalidad de cada individuo), es que él se siente ‘FEO’ ¡Obvio no! Pero, emocionalmente hablando, ¿Qué es sentirse feo?  Goethe afirmó: “Lo peor que puede ocurrirle al hombre es llegar a pensar mal de sí mismo” (s/f). Allí está en pocas palabras la respuesta, el “Patito Feo” se percibe, se siente, se piensa, se valora y se ama a sí mismo MAL. Su autoimagen está destruida, y todo con respecto a sí mismo está mal. ¡Claro! Si su verdad es que “…el pobre patito que había salido el último del cascarón, y que tan feo les parecía a todos, no recibió más que picotazos, empujones y burlas, lo mismo de los patos que de las gallinas. -¡Qué feo es! -decían.” Andersen (1843). ¿Cuántos de Ustedes no tienen esa misma sensación infantil?

            Por otra parte, esto es un poco más profundo, pues hay varias clases de “Patito Feo”. En la teoría del Análisis Transaccional de Berne (1964), y otros autores como: Kertész (1980) y Harris (1969), hay tres modelos argumentales: Perdedor, No Perdedor y Ganador. Los dos primeros son los que se ajustan a la descripción de nuestro personaje, sin embargo, los tres modelos son malos. Están estructurados en las decisiones infantiles de sus relaciones no adecuadas con sus figuras parentales. Son modelos adaptados para buscar la manera de que esas figuras parentales me quieran y me acepten. Es una decisión de complacerlos a ellos, en ser YO, lo que ellos quieren que YO sea. Por supuesto, ninguna figura parental va a aceptar esto, porque ‘yo amo y quiero lo mejor para mis hijos’. Pero una cosa muy distinta es lo que yo pienso, y otra es, lo que yo actúo, cuando hablamos de conflictos emocionales. En mi criterio, la realidad es que toda relación es 50% y 50%. Los “Patito Feo” aparte de ser una auto-decisión, son producto de las manipulaciones, de las propias necesidades y expectativas de esas figuras parentales, en relación con lo que quieren y aspiran, desde sus propios conflictos emocionales, de y para sus hijos. Diría el refrán popular ‘El niño que llora y la mamá que lo pellizca’. Ciertamente cada uno de esos “Patito Feo” tiene sus propias características y su propia forma de adaptarse a su modelo de vida.

            En líneas generales el “Patito Feo” (el ‘Perdedor’ en su posición extrema) se caracteriza principalmente por sentimientos de no ser querido. Se siente rechazado, no encaja en sus relaciones con los demás. Las otras personas son fuente de agresiones, miedos y frustraciones. Su dolor se enfoca en la sensación de: yo no puedo, yo no valgo, yo no soy importante, yo estoy mal. Su emoción se define en la tristeza y la soledad, sintiéndose culpable por todo lo que ocurre a su alrededor. Su posición de inadecuación lo lleva a sentir que es un estorbo, que solamente esta para molestar a los otros, por eso tiene que aislarse, encerrarse en si mismo, y rechazar el contacto con los demás, o por lo menos llevarlo a su más mínima expresión. Si pudieran desaparecer serían más felices. Busca situaciones de afecto sabiendo que no las va a encontrar, porque nadie se va a fijar en él o en ella. Piensa que nadie va a querer estar al lado de una persona con sus problemas. La inseguridad que siente de sí mismo es clave para ganarse el rechazo de los demás. Su miedo lo lleva a no enfrentar retos, a no buscar y superar metas, a no planificar un proyecto de vida constructivo. La valoración de su imagen corporal es casi nula, tiene mil defectos (en su imaginación) desde los pies hasta la cabeza; tiene que justificar el ‘feo’ sea como sea. Todo ello complementa una autoestima a nivel del sótano emocional. A groso modo, la diferencia entre los dos tipos de “Patito Feo”, estriba en el grado y la profundidad de los sentimientos que los acompañan, como el mayor nivel de depresión o de aislamiento.

Lo frecuente es encontrar al “Patito Feo” en una relación de dependencia profunda con sus figuras parentales. Han sido enseñados y ‘programados’ para nunca separarse emocionalmente de sus figuras parentales. Se quedan sujetos a ellos de por vida, sacrificando su propia vida para vivir la vida del otro, no la suya propia, porque sencillamente no la tiene o, no se siente en el derecho de tenerla. La figura parental se ha encargado de invalidarlo, de tal forma que siempre la necesite y nunca tenga la suficiente energía emocional para independizarse, por lo cual siempre será el “Patito Feo”. En la dinámica emocional la sensación de haber sido rechazado, regalado o simplemente no querido cuando niño, lo lleva a sentir un vacío emocional de afecto tan grande que nada ni nadie lo puede llenar. Pero, por ser un resultado de su vida infantil en relación con sus figuras parentales, creen (en su propio auto-engaño)  que lo pueden llenar al quedarse permanentemente complaciéndolos a ellos, esperando a que algún día los lleguen a querer. Cosa que nunca va a suceder porque el pasado simplemente ya no se puede cambiar. Lo que no recibí en mi infancia, nunca lo recibiré de adulto. Son dos tiempos distintos, dos necesidades muy diferentes. En términos de estudio o trabajo fracasan constantemente, o bien nunca logran graduarse, o bien nunca mantienen un trabajo estable, lo cual refuerza el vínculo de dependencia parental. La sensación de ser inútiles no los deja completar metas. Sencillamente creen que nunca lo lograran.

No deja de ser cierto, que existe un reducido grupo de patitos (los ‘No Perdedor’), que tiene permiso para estudiar y/o trabajar y, a veces llegar a posiciones interesantes, pero con el único propósito de poder mantener a sus figuras parentales. El mensaje de las figuras en este caso es: ‘crece, pero únicamente para mí’. Tienen permiso para varias actividades y relaciones, pero nunca para dejar a su figura parental. Los más extremos tienen la energía para formar parejas e incluso familia, intentar proyectos económicos, o irse fuera del país, PERO, tarde o temprano, se encargan de encontrar problemas y complicaciones, porque la vida es ‘muy dura’, con lo cual terminan abandonado a la pareja, a la familia, o al país al que fueron y vuelven donde papito o mamita (lo frecuente es que esté uno sólo de los padres, pero hay casos que siguen estando los dos). El mensaje que los guía es: ‘La verdad es que en la vida nunca nadie te va a querer como yo (tu papá, tu mamá)’, y además, ‘aquí en la casa siempre va a estar tu cuarto para ti cuando quieras volver’.   La lista es larga y aún quedan elementos por describir… “Pero sería demasiado cruel describir todas las miserias y trabajos que el patito tuvo que pasar durante aquel crudo invierno.” Andersen (1843).

            De igual manera, una segunda pregunta que hay que hacer es ¿Cómo se forman los “Patito Feo”? Quizás sea más sencillo, con base en la lista de características anteriores, que un “patito” se reconozca a sí mismo, que aceptar cómo llegó a ser lo que es. La razón es que no existe una única forma, sino muchas de invitar a un hijo a ser un “Patito Feo”, y la gran mayoría de ellos, ya han aceptado su condición y la justifican, por lo que no les interesa recordar cómo llegaron a ser lo que son. Revivir el dolor guardado de lo que pasó, muchas veces es insoportable. Además, ¿cómo voy a decir o sentir algo malo contra mis padres, si han hecho tantos sacrificios por mí? El cuento de Andersen es bien representativo del proceso de formar un “Patito Feo”. Realmente la historia comienza, como han señalado varios autores, incluso desde antes de nacer el niño. Los Padres y demás figuras ya se hacen ideas de su hijo, se imaginan cosas de cómo va a ser, a quién se va a parecer, y más profundamente: que quieren de él (emocionalmente hablando). Independientemente del mecanismo de selección y preferencia emocional de los padres por los hijos (casi ningún padre te va a reconocer que tiene un hijo preferido, pero, todos los hijos lo saben), éstos van a seleccionar a uno de sus hijos para que cumpla el rol de “Patito Feo”. A veces depende del género, o de la posición de nacimiento, o de las circunstancias del momento, pero una vez selecciona el candidato, es muy difícil que se salve de asumir su rol y de actuar como tal a lo largo de su vida. Pero, ¡no se engañen!, a veces sí es una selección directa, pero otras, es muy frecuente que el “Patito Feo” sea precisamente el hijo que no se siente el preferido, que no lo atendieron como a los demás, justamente, es ese hijo el que vive la carencia de amor, ¡allí está la trampa! “En los días siguientes, las cosas fueron de mal en peor. El pobre patito se vio acosado por todos. Incluso sus hermanos y hermanas lo maltrataban de vez en cuando y le decían: -¡Ojalá te agarre el gato, grandulón! Hasta su misma mamá deseaba que estuviese lejos del corral.” Andersen (1843).

            En este sentido, los modelos parentales definidos para formar un “Patito Feo” (con base en el Análisis Transaccional) son: el Sobre-Descalificador, el Sobre-Controlador y el Sobre-Protector. Aunque es una clasificación ‘pura’, lo frecuente es encontrar mezclas de estos modelos. Lo cierto es que cada modelo tiene su propia ‘técnica’, utiliza determinadas palabras, gestos, conductas, posturas y mensajes para lograr su objetivo. Por ejemplo, el Sobre-Descalificador es un maltratador físico y verbal, humilla, abandona, desvaloriza, persigue, crítica todo, no da protección… Su modelo de amor es destruir al otro. Su mensaje al hijo es ‘no cuentes conmigo, no crezcas, lo mejor es que estés muerto’. Deja al “Patito Feo” sin energía ni defensa alguna, en una posición emocional de ‘yo no sirvo para nada y el mundo tampoco’. Es una posición extrema, pero real y, más frecuente de lo que muchos conocen. Muchos suicidas, psicóticos, depresivos y asesinos son producto de este modelo.

Por otra parte, el Sobre-Controlador es una figura que ejerce la autoridad total sobre el hijo, no lo deja ni pensar, ni decidir, ni mucho menos actuar por sí mismo. Controla todo: lo que piensa, hace, siente, el horario, las salidas, las relaciones, lo que estudia y dónde… Todo tiene que estar bajo su dominio y, nada puede salirse de su control. Es un amor que asfixia al hijo, no lo deja ser ni hacer. Lo culpabiliza, lo limita, lo llena de miedo e inseguridad, no puede tener opiniones propias. Su mensaje al hijo es ‘yo soy el único que sabe lo que te conviene a ti’. Deja al “Patito Feo” en un mundo de inseguridad, temores e incapacidad, con solamente energía para hacer lo que la Figura Parental quiere que haga. Es una posición emocional de ‘yo solamente puedo hacer lo que mi figura me dice que haga’. Muchos ‘No Perdedores’ son producto de este modelo, están dominados por ‘el crece para mí’.    

            El tercero de estos modelos es el Sobre-Protector. Muchos consideran que es el peor de todos, porque la esencia de este modelo es incapacitar al hijo, llevarlo a una posición donde no pueda defenderse, y que, siempre dependa de la figura parental. Se hace indispensable para el hijo, no lo deja actuar. La figura lo hace todo, piensa, habla, actúa por el hijo. Si es necesario llega a enfermarlo para que siempre dependa de la figura. Su amor es incapacitar al hijo para que siempre lo necesite. Su mensaje al hijo es ‘tú no puedes yo te lo resuelvo todo, no es necesario que crezcas’. Es muy característico de los padres que aunque los hijos son adultos los siguen tratando de ‘mi bebé’, ‘mi niño’ o de ‘pobrecito’ él no puede. Deja al “Patito Feo” sin energía, sin la posibilidad de actuar. Es una posición emocional de ‘yo no sirvo, yo no puedo, mi figura es quien lo puede resolver’. Este es quizás el modelo más frecuente, los ‘hijitos’ de papá o de mamá, viven con ellos, nunca se separan, todo es papá o mamá.

            Leo mis propias palabras y, viendo la tragedia de estos procesos emocionales reales, no me queda sino preguntarme: ¿Es una realidad que son hijos destinados a fracasar? No deja de ser cierto que, la realidad de la vida, muchas veces, parece ser muy distinta al final feliz de los cuentos. Recuerden que estoy hablando de procesos emocionales, netamente inconscientes, soportados por el ‘Sistema de Creencias Emocionales’, estructurante de la personalidad de cada individuo. De decisiones infantiles tomadas con base en multitud de momentos emocionales de todo un proceso repetitivo de la vida del niño. Bajo la autoridad de sus figuras parentales, que utilizan el ‘Poder del Amor’ para lograr sus propios propósitos inconscientes. Igualmente, me apoyo en mis palabras iniciales sobre el ‘reto de cambiar’ y, a pesar de todo lo negativo y de lo difícil que pueda parecer ¡NO ES IMPOSIBLE! Hasta el patito más feo puede decir cambiar y ¡LOGRARLO! Es una decisión que tomará mucho tiempo, mucho esfuerzo y dolor, a veces indescriptible, pero ¡se puede lograr! Porque a pesar de toda la maldad del mundo, de todo el caos, de todo lo negativo que busca la destrucción de todo, el universo se rige por el ‘principio de vida’ (amor = vida). No en balde el rey David nos dice en el Salmo 139:17 “Qué preciosos son tus pensamientos acerca de mí, oh Dios. ¡No se pueden enumerar!” (NTV). El verdadero ‘Poder del Amor’ le pertenece a ÉL y, a través de éste (y de la psicoterapia) le ha dado a cada “Patito Feo”, el poder de cambiar y, de tomar la decisión de transformarse en el Triunfador que fuimos diseñados a ser. “-¡Volaré hasta esas regias aves! -se dijo-. Me darán de picotazos hasta matarme, por haberme atrevido, feo como soy, a aproximarme a ellas. Pero, ¡qué importa! Mejor es que ellas me maten, a sufrir los pellizcos de los patos, los picotazos de las gallinas, los golpes de la muchacha que cuida las aves y los rigores del invierno.” Andersen (1843).

            Ciertamente es real que muchos no lo lograran, muchos otros ni siquiera lo intentaran, para ellos el fracaso es una decisión incambiable. Muchos otros se enfrentarán al siguiente proceso: Me convertí en “Patito Feo” buscando el amor de mis padres, ahora la terapia me invita a renunciar a ese amor y a amarme a mí mismo, pero, si renuncio al amor de mis padres no me van a querer más, mejor me quedo como “Patito Feo”. Únicamente cuando actúes la decisión de renunciar a ser el “Patito Feo” te darás cuenta que… “En el jardín habían entrado unos niños que lanzaban al agua pedazos de pan y semillas. El más pequeño exclamó: -¡Ahí va un nuevo cisne!... Y los otros niños corearon con gritos de alegría: -¡Sí, hay un cisne nuevo! y todo el mundo decía: -¡El nuevo es el más hermoso! ¡Qué joven y esbelto es!” Andersen (1843). No hay duda de que quedarán heridas, marcas y cicatrices profundas. Recuerdos imborrables de todo un proceso de vida identificado con el dolor, la falta de amor y muchas cosas más. Pero, que al lograr triunfar en mi reto de cambiarme, de aprender a amarme a mí mismo, y donde por amor a mí, puedo hacerme dueño de mi propia vida, puedo aprender a amar y a perdonar a los otros. Puedo aprender a sentirme vivo, a tener la posibilidad de hacer realidad mi propia vida, lo cual es la esencia de todo aquel que decide triunfar en sí mismo, sin importar de dónde viene o, que pasó en el ayer, solamente enfocado en el aquí y el ahora y en su propio futuro.

Por eso, te invito a aceptar tu reto de transformarte en el “Cisne” que eres y decidir vivir como tal... “Rizó entonces sus alas, alzó el esbelto cuello y se alegró desde lo hondo de su corazón: -Jamás soñé que podría haber tanta felicidad, allá en los tiempos en que era sólo un patito feo.” Andersen (1843).
  
Referencias
Berne, E. (1974) ¿Qué dice usted después de decir hola? España. Grijalbo
Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA

WEB:http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/andersen/el_patito_feo.htm. Recuperado 26/08/2014


miércoles, 30 de julio de 2014

EL DUELO: Proceso de adquirir para aprender a vivir sin lo perdido

EL DUELO: Proceso de adquirir para aprender a vivir sin lo perdido
Por: J. Rafael Olivieri (julio 2014)

“Cada pérdida, por pequeña que sea, implica la necesidad de hacer una elaboración;
no sólo las grandes pérdidas generan duelos sino que, repito,
TODA pérdida lo implica” (Bucay, 2007, p. 4)

No es nuevo, en mi práctica como Psicólogo, que les comente acerca de los diversos temas e inquietudes, que mis pacientes tratan durante su terapia. A veces, uno de los más repetitivos de esos temas, es precisamente, acerca del proceso del duelo, el cual deben vivir frente a sus diferentes pérdidas. Y no es que yo vaya a realizar un tratado sobre el duelo, por lo contrario, me limito a resumir, y a condensar no solamente lo aprendido con mis pacientes, sino también una pequeña porción de lo adquirido de los cientos de autores como Robert Neymeyer; Lelia Nomen; Anji Carmelo; Pedro Alcalá; Elisabeth Kübler-Ross; William Worden, quienes ya han escrito ampliamente sobre el tema. Uno de los más reciente que he revisado es la reimpresión del 2007 del libro: “El camino de las Lágrimas” de Jorge Bucay, del cual utilizo algunas referencias, y que si les interesa profundizar en el tema, se los recomiendo. Este autor enfatiza que frente a cualquier pérdida se requiere que elaboremos un proceso de duelo, él dice: “cuando algo cambia, cuando el otro parte, cuando la situación se acaba, cuando ya no tengo aquello que tenía o creía que tenía o cuando me doy cuenta de que nunca tendré lo que esperaba tener algún día” (pp. 27-28) esto implica una pérdida y requiere de un proceso de duelo.

Quizás el mayor factor común en el que coinciden todos los autores, es que el duelo es una experiencia obligatoria de la vida de todos los seres humanos. Así mismo, es la reacción normal ante cualquier pérdida, de hecho, es la reacción psicológica necesaria para poder elaborar, aceptar y resolver todo el proceso físico y emocional, que implica perder algo de importancia para mí, y poder así, aprender a vivir sin lo que he perdido. Por ejemplo, tenemos que en la WEB la definición es: “El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida. Aunque convencionalmente se ha enfocado la respuesta emocional de la pérdida, el duelo también tiene una dimensión física, cognitiva, filosófica y de la conducta que es vital en el comportamiento humano”. En este sentido, debemos tener la plena seguridad de que el duelo es un hecho inevitable de la vida humana, desde la simple pérdida de un objeto cualquiera, hasta las más graves pérdidas como la muerte de una persona amada: la pareja, un padre o un hijo. De esta manera, el duelo se convierte en el proceso que ha sido diseñado (psicológica y espiritualmente)  para enfrentar la pérdida y, como resultado del mismo: poder aceptar esa pérdida, elaborar y superar el dolor, recuperar el interés por la vida. En pocas palabras: Aprender a vivir sin lo que he perdido, sin lo que ya no está, sin lo que ya no tenemos.

Ciertamente, una gran verdad es que no todos los duelos son iguales, depende de cada persona y de su propia unicidad, de la realidad de su propio YO, de cómo piensa, siente y actúa frente a la pérdida. Depende de si se trata de propiamente dicho un pérdida (real o imaginaria), de abandonos, cambios, renuncias, de si es por decisión propia o impuesta por eventos externos, de si se trata de personas y nuestro vínculo de afecto con las mismas, de si son objetos materiales o incluso de si son sueños, ilusiones, esperanzas o deseos, que a veces, duelen más que la pérdida de objetos o personas reales. Como señala Bucay (2007) “porque un duelo siempre es algo personal y siempre lo va a ser… Cada uno de nuestros duelos es único y además irrepetible” (p. 44). ¿Por qué irrepetible? Nunca será la misma experiencia, nunca serán las mismas cosas o las mismas personas. Tan sencillo como que yo mismo nunca soy el mismo, mi ambiente cambia, mis sensaciones cambian, mis experiencias se transforman con cada nuevo aprendizaje. La máxima sigue siendo válida y, también se aplica a los procesos de duelo: ‘nada en el universo permanece para siempre, todo cambia’.

            Partiendo de la idea de que todo cambia, otra de las verdades del duelo es que todo  duelo tiene un final. Podemos aplicar otra máxima al duelo: ‘todo lo que comienza tiene un final’. Cuando realizamos un proceso sano del duelo y, completamos cada una de sus etapas, llegará el momento en que dicho duelo se termina, llega a su final. El mejor aliado y requisito fundamental de todo duelo, es darle el tiempo que necesita, vivir un día a la vez. Como lo señala Cristo en Mateo 6:34: “Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes para hoy” (NTV) Con el tiempo todo se extingue, nada permanece, todo cambia. ¡Eso sí! El tiempo solo no es suficiente, tú tienes que tomar las acciones que te corresponden. El tiempo será nuestro mejor aliado en cada situación. Esto cobra vital importancia en relación con el tipo de duelo, es decir, en duelos pequeños que se resuelven en cuestión de días el tiempo puede ser insignificante, pero cuando existe un alto compromiso emocional, cuando hablamos de una duración de uno o más años, el tiempo se convierte en la variable fundamental de la cual hay que agarrarse. Porque cuando estás sumergido en el dolor, en la profundidad de tu tristeza, de tu desesperación, ciertamente la percepción y la sensación es que nunca vas a poder salir de  ese hueco emocional. Pero nada más lejos de la realidad, todo duelo tiene su cierre. La gran mayoría de las veces no nos damos cuenta del mismo, termina y ya.

            Que nunca se terminará el duelo es una sensación válida, que pertenece a la realidad de la pérdida: nunca vas a poder recuperar lo que has perdido. En este sentido, en los duelos profundos existen dos miedos, opuestos entre sí. El primero: es sentir que nunca voy a poder olvidar y que ese dolor me va a acompañar toda la vida. El segundo: que voy a olvidar. Muchas veces, se asocia a esta idea de olvidar, la angustia de la culpa que me tortura, porque siento que le debo mi dolor a lo que he perdido. Debemos partir de la realidad emocional de que terminar un duelo no es olvidar. Quizás, pudiese usar mi interpretación, de que es más como pasar la página: cuando solamente paso la página, siempre va a estar en el libro de mi vida. Es diferente cuando trabajo con parejas que quieren reconciliarse y arreglar su relación, allí les digo: ‘arranca y quema la página para que nunca más la recuerdes’ es decir, en ese caso si es necesario olvidar (es una decisión consciente). Pero en los duelos la situación es muy diferente, ¿Cómo puedo olvidar a alguien que he amado profundamente y ya no está (pareja, padre, hijo)? La realidad es que nunca los podré olvidar. Para mí, la mente humana tiene la cualidad y la particularidad, de no olvidar jamás, aquello que nos ha impactado emocional y profundamente. Y ¿Qué es el amor? sino algo que me marca de por vida.

            Entonces, si me dices que nunca voy a olvidar ¿Cómo hago para quitarme este dolor? La mente no olvida, lo que el tiempo y el proceso del duelo hacen es cambiar el lugar donde esa persona (o ese objeto) estuvo. Es buscarle un nuevo lugar en mi mente, en mis sentimientos, en mis recuerdos, en lo más profundo de mí mismo, un lugar donde a pesar de la pérdida, me puedo encontrar con lo que sentía, con lo que recuerdo, con lo que viví, sin volver a sufrir el dolor de su ausencia. Un lugar donde a pesar de lo perdido y del dolor, pueda al mismo tiempo aceptar de nuevo mi derecho a la vida y, a todas las cosas que la misma me puede regalar cada día. Quizás el mejor ejemplo sea la metáfora de la cicatriz, ya pasó el tiempo, ya pasó el dolor, pero la marca y el recuerdo estarán allí por siempre. Bucay (2007) dice: “Elaborar un duelo es aprender a soltar lo anterior” (p. 61). Ese es quizás el mayor secreto del proceso del duelo, porque  a pesar del dolor, de lo profundo de mi angustia por lo perdido, de todo lo que haya podido amar a esa persona que ya no está, yo en el proceso, en el tiempo voy a cambiar y, voy a aprender a soltar, para darle así un nuevo lugar dentro de mí a todo eso que estoy sintiendo. Es decir, la idea que estoy enfatizando: el duelo es el proceso de adquirir para aprender a vivir sin lo perdido. ¿Adquirir qué? Nuevos sentimientos, nuevas experiencias, nuevos aprendizajes y sobre todo, a vivir mi nueva vida sin lo que ya no tengo.

            Otra idea importante está en la pregunta frecuente: ¿Cuánto va a durar esto? Hay dos realidades en esta pregunta. La primera, corresponde al hecho de que la gran mayoría de las personas quieren todo para ya. No quieren ‘perder el tiempo’. No aceptan el hecho de que todo proceso emocional (lo cual incluye al duelo y a cualquier proceso terapéutico) requiere tiempo, y lo más importante, ese tiempo varía de acuerdo con cada persona. Cada uno de nosotros tiene su propio tiempo, y de la misma manera, cada duelo es distinto y tiene su propio tiempo, por lo cual no todos los duelos duran lo mismo. Cuando los padres pierden a un hijo, cada uno lo procesa diferente y en un tiempo distinto. Cuando varios hermanos pierden a uno de sus padres, cada uno lo vive de una forma y en un tiempo diferente. Lo importante aquí es comprender que el tiempo que dura el duelo, no tiene nada que ver con la intensidad de nuestro amor por lo perdido. El hecho de que haya amado ‘muchísimo’ no significa que he de vivir el resto de mi vida en el sufrimiento y en el dolor de la pérdida, por lo contrario, esto sería patológico y enfermo, y requeriría de asistencia profesional. Mientras que la gran mayoría de los duelos, independientemente de su tiempo particular, pueden considerarse normales. Indudablemente hay realidades de las que no podemos escapar, no es igual perder a mi pareja que ha muerto después de 30, 40 o 50 años juntos, que una pérdida por divorcio (muchos hacen una fiesta para celebrar su fracaso). No es igual perder un bolígrafo que perder un trabajo; y sin embargo, cada uno de ellos requiere un tiempo de duelo propio.

            Con frecuencia, mientras elaboramos el proceso del duelo, sentimos que es mucho más largo de lo creíamos que sería o, de lo que nos dijeron que duraría. Ten la seguridad que de acuerdo con los parámetros que pertenecen a cada persona y a cada duelo, el mismo durará el tiempo que le corresponda. Habrá duelos de pocos días, así como también habrá duelos de años. Entre ambos hay una gran variedad de situaciones propias de cada duelo. Lo importante, para diferenciar lo sano de lo patológico, es que a pesar del tiempo que pueda durar mi proceso de duelo, mi vida, mis actividades, mis emociones, todo a mi alrededor debe ir cambiando, va perdiendo fuerza mi dolor, mi tristeza, mientras que los hechos cotidianos de mi vida empiezan a ganar importancia de nuevo. El dolor y la tristeza se van mitigando, se van haciendo más puntuales, más esporádicos. Comienzan a aparecer las situaciones habituales de cada día, empieza a tener de nuevo sentido el levantarme, el hacer cosas por y para mí. En sí, este es el proceso de crecimiento, de maduración, donde empiezan a aparecer los frutos del proceso del duelo realizado, he crecido, he aprendido, estoy decidiendo vivir de nuevo con lo perdido incorporado en mí. En pocas palabras: he empezado a amarme de nuevo.

            La segunda realidad de la pregunta (¿Cuánto va a durar esto?) tiene que ver con la posibilidad de la interrupción del proceso del duelo. Interrumpo el proceso cuando debido a alguna condición no adecuada de mi situación emocional (culpa, baja autoestima, idolatría al otro, dependencia, necesidad de autocastigarme, victimizarme, miedo y otras cuantas más) hago una de dos cosas: o no inicio el proceso de duelo, o me quedo atrapado en alguna de sus etapas (la más frecuente es en la etapa del dolor). Me quedo anclado allí en un sufrimiento sin fin, muchas veces como un auto castigo por sentirme culpable de las cosas que hice o, de las cosas que deje de hacer en relación con lo perdido. Cualquier interrupción que haga del proceso, implicará una permanencia no sana del duelo y por lo tanto no lograré la resolución del mismo. Otras veces, por miedo al dolor o al proceso en sí mismo, me quedo en la negación de la pérdida y no entro a elaborar mi duelo, con lo cual el estado de angustia que siento frente a la pérdida empezará a mostrarse en otras conductas: agresiones, aislamiento, enfermedad, entre otras. En ambos casos no lograré el crecimiento y la madurez que me permiten resolver y aceptar mi pérdida, sino por lo contrario tendré una herida abierta que requerirá de ayuda para poder ser sanada, y permitirme volver a insertarme en el camino de mi vida.  

            Por otra parte, todos los duelos tienen varias etapas. Todas son necesarias y cada una me prepara para la siguiente. Igualmente, dependiendo del tipo del duelo cada etapa puede durar desde unos instantes hasta una porción de tiempo bastante larga. Por ejemplo Bucay (2007) presenta siete (7) etapas: “Incredulidad; Regresión; Furia; Culpa; Desolación; Fecundidad y Aceptación” (p. 124). La mayoría de los autores definen cinco (5) que, en líneas generales son así: (1) Etapa de Negación: Te niegas a aceptar la pérdida; te domina el impacto de la noticia; entras en confusión; buscas protegerte de la realidad. (2) Etapa de Rabia: Ocurre una explosión de emociones; no se entienden razones; te llenas de rabia; culpas a todo y a todos: a ti mismo, a lo perdido, a la muerte, a Dios, a la vida. (3) Etapa de Aceptación y Negociación: No te queda más remedio, aceptas la pérdida; aunque entiendes las consecuencias de la pérdida, intentas negociar una solución para evitar esas consecuencias; quieres hacer un pacto, pero es inevitable, debes llegar a la: (4) Etapa de Dolor: Experimentas la tristeza, el dolor, la desolación, la desesperanza, la depresión y, por si fuera poco, te hundes en la soledad. Finalmente llegas a: (5) Etapa de Resolución: Has elaborado la realidad de la pérdida; transformas todo la energía del dolor en acción para reiniciar tu vida; has cambiado de lugar lo perdido; has crecido; has madurado; has adquirido el aprendizaje y vuelves a vivir.

            Finalmente, se cumple la realidad absoluta de todo duelo: El duelo te cambia. Cada nueva experiencia, cada nuevo aprendizaje, cada nuevo conocimiento te cambia. El proceso del duelo no es la excepción, el duelo inevitablemente te cambia. Ya nunca más volverás a ser otra vez el de antes. Ahora tienes una nueva concepción de la vida. Ha sido una experiencia difícil que te ha hecho crecer, madurar, ser mejor persona, valorar lo que realmente es importante, amar más profundamente, ser más sensibles al dolor de los demás. Comienzas una nueva historia en tu libro de la vida. Reconoces que éste era tu propio proceso, nadie podría jamás haberlo vivido por ti. Muchos tienen el privilegio de encontrar a Dios en su proceso, no fue casual que Cristo nos dijera en Mateo 11:28 “Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso”. Comprendes que las promesas de Dios son reales y se cumplen en aquellos que están dispuestos a recibirlas.

Dios es la consolación que mi espíritu necesita frente al sufrimiento, frente al vacío de una ausencia que ni se llena ni puede ser llenada con nada. La verdad es que nada ni nadie hará que no sintamos tan profundo dolor, que olvidemos a quién llenó y compartió tan plenamente, tanto física como emocionalmente, conmigo. Pero, Dios representa el apoyo emocional y espiritual que, en esos momentos de angustia y desesperación frente al dolor de la pérdida, me mantiene a flote, me da el consuelo, la esperanza, las fuerzas y la seguridad de que puedo atravesar esta situación y salir triunfador. Él jamás me abandonará y, jamás me dejará solo. Él es mi lugar de descanso y de reposo porque Él cuida de mí siempre. Su amor inagotable me llenará de consuelo y de la confianza, de que no importa cuán grande sea mi angustia, puedo aceptar y recibir su amor por mí, ya que nunca me defraudará. Él jamás será una pérdida para mí, por lo contrario, Él puede convertirse en mi mayor ganancia frente a mi pérdida. Mi relación con Él me permite comprender que, aunque es verdad que he sufrido mucho, entiendo que era necesario hacer este camino y que lo ¡volvería a hacer! porque entiendo que las pérdidas son inevitables y “…necesarias porque crecemos a través de ellas. De hecho, somos quienes somos gracias a todo lo perdido y a cómo nos hemos conducido frente a esas pérdidas” (Bucay, 2007, p. 31). Permítete vivir tu duelo y adquirir en él las herramientas necesarias para vivir sin lo que has perdido.

Referencias:
Bucay, J. (2007). El Camino de las Lágrimas. 2da edición. México: Editorial Océano.
Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA

WEB: http://es.wikipedia.org/wiki/Duelo_(psicologia), recuperado: 25-jul-2014


lunes, 31 de marzo de 2014

UN HÉROE COMO TÚ: una canción, mil reflexiones

UN HÉROE COMO TÚ: una canción, mil reflexiones
Por J. Rafael Olivieri

“Lo peor que puede ocurrirle al hombre es llegar a pensar mal de sí mismo”  (Goethe)

            Me hice esta pregunta: ¿Cómo poder expresar el infinito poder del espíritu humano en su capacidad para lograr aquello que a veces hemos considerado imposible? La respuesta la encontré, como se encuentran muchas respuestas que no parecen tener solución: ¡por causalidad! Así de grande es la vida y su maravilla, nos toma desprevenidos, nos sacude, muchas veces violentamente, luego nos levanta y finalmente después de haber aprendido la lección, nos da un propósito para continuar. Más ciertamente el trabajo no ha quedado completado todavía. Allí, es donde nuestra mayor parte debe ser llevada a cabo, somos nosotros, individualmente, tú, yo, el, ella, quienes ahora debemos hacer algo fundamental por ‘el mi mismo’ que somos cada uno y, que en la mayoría de la veces, por no decir siempre, nos asusta y a veces nos paraliza. Ese hecho, que es enteramente nuestra responsabilidad como individuos, llenos de libre albedrío y dominio propio, es la acción de tomar una decisión. ¡Y es esa decisión, la que nos convierte o no, en un héroe!

De esta manera, es en el caminar de la ‘causalidad’, que frecuentemente busco cosas nuevas para invitar a mis pacientes a crecer en su conocimiento, experiencias, emociones y en su espíritu, que me encontré con la canción denominada “Héroe”. Más sin embargo, a pesar de tener la intención de usarla con mis pacientes, como buen psicólogo he de preguntarme: ¿Quién influyó sobre quién? Al margen de lo legal o no que pueda ser, utilizo esta canción como ejemplo de los modelos comunicacionales con los cuales trabajo en el taller de Comunicación y Caricias, que yo dicto como parte de mis actividades profesionales. Pues no es solamente la aplicación y el uso que hago de ella, sino todo el proceso de transformación que una canción, de la talla de “Héroe” puede causar en cada persona que la escucha. Provoca movimiento en las emociones, ruptura sobre conceptos supuestamente arraigados e inamovibles, los cuales involucran creencias, actitudes, prejuicios y conceptos que anteriormente no habían sido cuestionados y, ahora deben ser evaluados, frente al impacto que esta canción les ha causado. La uso porque a fin de cuentas, es verdad que, toda canción tiene un mensaje, muchas veces de ‘despecho’, pero otras, muy pocas a decir verdad, como es el caso particular de “Héroe”, contiene un mensaje para valorarme, para creer y confiar en mí, para darme cuenta del poder que hay en mí, y sobre todo, que al haber vivido mi propia vida, ya he cumplido con la gran mayoría de los requisitos para yo ser un héroe, porque ya he ganado la batalla de mi propia vida.

Pero sin avanzar más allá, debo presentarte: la Canción Héroe:
Grupo: Il Divo. Álbum: Ancora. Canción: Héroe
Como un libro que no sabes el final, y te asusta lo que lees, así la vida es.
Cuando naces ya te expones al dolor, y de a poco y con valor logras crecer.
Y como un libro el corazón nos enseña que hay temor, que hay fracasos y maldad, que hay batallas que ganar.
Y en cada página el amor nos convierte en luchador, y descubres lo común: no hay un héroe como tú.
Son muy pocos que se arriesgan por amor, pero tú tienes la fe, y eso lo es todo.
No decaigas, que vivir es aprender, y no hay nada que temer, si crees en ti.
Y como un libro el corazón nos enseña que hay temor, que hay fracasos y maldad, que hay batallas que ganar
Y en cada página el amor nos convierte en luchador, y descubres lo común: no hay un héroe como tú.
Sólo Dios sabe dónde y cuándo, la vida nos dirá: ¡lo has hecho bien!
Sólo como un sueño, sólo sabrás, sabrás como vencer.
Y como un libro el corazón nos enseña que hay temor, que hay fracasos y maldad, que hay batallas que ganar
Y en cada página el amor nos convierte en luchador, y descubres lo común: no hay un  héroe como tú.
¡No hay un héroe como tú!

Cabría ahora, antes de continuar tomar un momento, una pausa, e invitarte a ti lector(a) a algo insólito: cerrar tus ojos y dirigir una mirada hacia tu propio interior, hacia tu propio yo, y evaluar como las palabras de esta canción, a este punto, ya te han impactado, a que reflexiones sobre los pensamientos, sensaciones y emociones que estas palabras están produciendo en ti. A como tus propias bases han empezado a cuestionarse. Tal vez en este punto, sería conveniente recordar que, en el proceso de construcción de la personalidad, al cual cada persona se ha visto sujeto durante su crecimiento, lo que en realidad dura toda la vida, intervienen, de forma positiva o negativa, varios factores importantes, a saber: mi entorno socio cultural, mi contexto y mi perspectiva histórica, mis figuras parentales (o de autoridad) y finalmente, mi propio YO con mi capacidad de decisión, con la cual puedo aceptar, modificar o rechazar las diferentes órdenes y programaciones infantiles, bien sean estas explícitas o implícitas, a las cuales me enfrenté, en una mezcla de emociones y experiencias, a veces buenas, otras dolorosas, pero que al final de cuentas terminaron definiéndome y, construyéndome, dándome la posibilidad de ser o no un héroe para mí mismo. Porque los héroes no nacen, los héroes como tú se forman en el proceso de vivir su propia vida. Por eso, no hay mayor verdad que esta: ¡No hay un héroe como tú!

De este proceso formativo de mi personalidad y de mi poder de decisión individual, se van configurando los elementos que me definen como persona a nivel psicológico y emocional, tanto individual como colectivo, pues individuo y sociedad se influyen también mutuamente, se constituyen y modifican el uno al otro. Es así como de este proceso de emociones y decisiones, se forman y evolucionan los conceptos que se podrán bajo el microscopio con la canción héroe. No deja de ser igualmente cierto, que independientemente de la aplicación, uso o utilidad que pueda dársele a esta canción, surja el siguiente cuestionamiento: ¿Hasta dónde le daré a este microscopio permiso para mi propia reflexión? Pues la verdad es que todo lo que se mueve en mí, está influido por mi propio proceso de conflictos emocionales, con el cual me he constituido, muchísimas veces con mucho sufrimiento, en la persona que soy. Y la verdad es, en la mayoría de las veces que, no me interesa que me ‘remuevan’ mi dolor y mis recuerdos de las tragedias que he vivido. Para mí, la verdad es, que son ese dolor y esas tragedias las que te han convertido en el héroe que eres.

            Ciertamente, aun en el supuesto negado de que pudiese llegar a entender las motivaciones y razones que permitieron la creación de tan maravillosa canción, no podría ser un analista imparcial de mí mismo, dado que mi realidad se ve afectada por el contenido emocional que envuelve cada frase e incluso cada palabra vista aisladamente. Porque no deja de ser cierto que en el proceso de mi vida, he aprendido a darle mi propio significado a cada palabra aquí expuesta. Palabras como: corazón, libro, héroe, batallas, sueños, fe, temor, fracasos, maldad, DIOS y muchas otras. Palabras que para mí tienen un significado, un poder que será diferente del poder de tus propias palabras. Por eso, después de haber saboreado y digerido cada significado en ella contenido ¿Cómo entender el poder de una metáfora, en la cual el autor ha enlazado dos elementos tan disímiles, al señalar, por ejemplo: “Y como un libro el corazón”, “el corazón nos enseña”, “en cada página el amor” o “el amor nos convierte”? por sólo citar algunos ejemplos que la creatividad artística toca dentro de cada uno de nosotros, con base en esas fantasías y esperanzas que todos guardamos en algún momento, en relación con nuestra propia vida y su desarrollo. Porque es mi responsabilidad absoluta que se cumpla en mí la afirmación: “Sólo Dios sabe dónde y cuándo, la vida nos dirá: ¡lo has hecho bien!” Ese es mi reto: que al evaluar mi vida, pueda decir con toda seguridad: ¡lo he hecho bien!

De igual manera, para poder evaluar una palabra como héroe, debemos partir de la definición que nos da el diccionario: héroe (Del lat. heros, -ōis, y este del gr. ρως). m. Varón ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes. || 2. Hombre que lleva a cabo una acción heroica. || 3. Personaje principal de un poema o relato en que se representa una acción, y especialmente del épico. || 4. Personaje de carácter elevado en la epopeya. || 5. En la mitología antigua, el nacido de un dios o una diosa y de una persona humana, por lo cual le reputaban más que hombre y menos que dios; como Hércules, Aquiles, Eneas,” (Microsoft® Encarta® 2006). Quería comentar que aunque está claro que ‘héroe’ es masculino y ‘heroína’ es femenino, la intención aquí es que el material que se presenta sea ‘unisex’, pues no deja de ser cierto que la gran mayoría de mis pacientes son mujeres. Y que el objetivo final de este artículo es que sirva de reflexión y cambio para ambos por igual. Claro, en la medida en que lo quieran aplicar.

            Desde este punto de vista, cabe aquí una primera consideración: ¿Acaso esta canción se escribió sólo para ‘hombres’? No es igualmente cierto que las mujeres pueden ser también: ‘ilustres, famosas, tener acciones heroicas, ser personajes principales…’ Sin entrar en la discusión dicotómica entre machismo y feminismo, que no es más que una representación social del género, en la cual el sexo masculino ha llevado la preponderancia. No deja de ser cierto, que la canción como producto de una construcción artística, está orientada a influir por igual tanto en hombres como en mujeres. Más aun, quien puede decir a ciencia cierta, que no influye a más mujeres que a hombres, por su misma situación de ser ellas ‘más emotivas, sentimentales y emocionales’. Que conste, lejos de una posición socio cultural: yo soy partidario de que la mujer es la tapa de la creación de Dios. Fue su último acto de creación, porque después de ella, Dios vio que ya todo estaba completo y “era bueno en gran manera” (Gen 1:31).

Por otra parte, tal como lo cita Banchs (1986) al hablar de las representaciones sociales cuando indica que “se trata de un modelo teórico que propone una concepción del ser humano como productor de informaciones y significados, como ser activo” (p.27). Y es que al ser tan amplio este concepto de héroe, podemos considerar que estamos incluyendo por igual en está ‘supuesta’ ‘simple palabra’ todo un inmenso contexto asociado y representado por una ideología, actitudes, estereotipos y atribuciones que tienen que ver precisamente, como lo requiere esta afirmación con los roles de las figuras de hombre y mujer. Por lo que perfectamente podría asignársele a la palabra héroe una significación de tipo personal, que si bien, lejos de yo necesitar hacer una obra apoteósica o épica, para ser considerado un héroe, en el caso concreto de esta canción, cualquier ser humano, por común que pudiese ser, puede llegar a sentirse plenamente un héroe, más aún: ¡un héroe como tú! Para ilustrar la idea anterior, podríamos considerar en un ejemplo hipotético que Romeo le dijese a Julieta en el balcón “quiero ser el héroe de tu corazón” y ella responderle por igual “y yo quiero ser la heroína de tu amor”. La verdad: cada uno de nosotros es un héroe en su propia historia.

De tal forma que, no sólo el término ‘héroe’ está completamente rodeado de una estructura ideológica profunda y amplia, lleno de un contexto, que como se señaló en su definición, implica una categoría superior de ser humano, con metas altruistas, y donde pocos suelen llegar. De tal forma que el concepto de héroe señala la posesión y ejecución de actitudes, atribuciones y en líneas generales del estereotipo, que muchos seres humanos quisieran poseer, pero que muy pocos pueden lograr. Es justo en esta perspectiva ideológica, donde la canción “Héroe” cambia su enfoque, pues deja de lado la  pertenencia y exclusividad de unos pocos sobre este término, y permite el alcance del mismo a la mayoría de las personas, apoyándose esto en la expresión “descubres lo común: no hay un héroe como tú”. Por ello, el mensaje de esta canción, a quien se lo permite, puede invitarlo a cambiar radicalmente muchas de sus actitudes y situaciones actuales. Porque no es como los otros te vean, sino cómo te veas a ti mismo en tu propio amor a ti.

De esta manera, lejos del significado y atribuciones que las palabras de esta canción puedan tener en forma individual, e independientes de su valoración positiva o negativa, es en el conjunto estructurado e integrado de ellas, que se manifiesta lo que podría llamarse ‘el espíritu de triunfo’, que cada individuo, y particularmente Tú, puedes llegar a desarrollar, como producto de una auto imagen, donde te veas a ti mismo, como un héroe. E incluso, más allá, pues la fortaleza valorativa de esta imagen, adquiere aún más relevancia y poder al señalar que ‘no existe otro héroe como tú’. Con lo que, si bien se refuerzan los aspectos individuales de cada uno de nosotros. Igualmente no deja de ser cierto lo que señala Tajfel (1984) con relación a los miembros de un grupo cuando afirma que: “Este énfasis en lo interindividual desatiende un importante aspecto que contribuye a la autodefinición del individuo: el hecho de que es miembro de numerosos grupos sociales y de que esa pertenencia contribuye, positiva o negativamente a la imagen que cada uno tiene de sí mismo” (p.291). Porque sí, los otros son importantes, pero más importante soy yo en mí mismo, En base a esto, puedo afirmar que el aceptar y creer en la totalidad del contexto de esta canción por parte de quien la escucha, le permite a cada persona, desarrollar un conjunto de actitudes y valoraciones positivas, por demás, muy deseables de y para su propia imagen, no sólo individual sino también de su imagen social, al pertenecer al grupo de los héroes. Es decir, pura autoestima positiva, con la cual valorarte y amarte.

Mencioné lo especial de las metáforas utilizadas por el autor de esta canción. Pudiera ser interesante revisarlas a la luz de dos conceptos importantes, como son las actitudes y las opiniones. Por ejemplo, Baró (1990) señala: “Tanto las opiniones como las actitudes son aprendidas: ‘las opiniones, como otros hábitos, tenderán a conservarse a menos que el individuo tenga nuevas experiencias de aprendizaje’... Un cambio de opinión producirá un cambio en la actitud correspondiente…” (p.251). Es justo en esa última afirmación, que está canción juega un papel importante a través de la utilización de las metáforas a las cuales nos referimos. El mensaje en ellas contenido invita a la reflexión y al cambio, precisamente, a una nueva experiencia de aprendizaje y, por consiguiente a un cambio de opinión que trae como consecuencia un cambio de actitud, sentimientos y emociones. Para ejemplificar esta idea, tenemos las metáforas: “como un libro el corazón”, el corazón nos enseña”, el amor nos convierte”. Quiere decir, que podríamos entender en ellas, que el corazón deja de ser el músculo cardiaco mantenedor de la vida, para convertirse en un libro, el cual es fuente de conocimiento, de experiencias, a través de las cuales expresamos nuestras ideas, opiniones y por supuesto que sí: todo nuestro mundo emocional. Como dice Salomón en Prov. 4:23: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. Y la vida lo es todo. Porque mientras vivas puedes creer en ti, y con ello, lograr lo que te propongas.  

Desde esta perspectiva el corazón se convierte así en fuente de enseñanzas, ello trae como consecuencia, pensando en la idea de que ‘amamos lo que conocemos’, que así el amor nos convierte… y de allí surgen los términos de ‘luchador’, ‘vencedor’ y finalmente ‘héroe’. Esto cuadra con la explicación que da Morales (1998) en relación a los procesos de atribución, cuando señala: “… no es la conducta en sí, sino el hecho de que cada persona interpreta la misma conducta de forma diferente.” (p. 240). De esta manera, es cada persona que se aproxima a esta canción quien, a través de su proceso atributivo, la que le da su poder y significancia, y por ende el poder transformador que sutilmente le hemos atribuido en contra de los conflictos emocionales que definen una autoestima baja, versus la posibilidad de redefinir una nueva valoración de mí mismo y, darme cuenta de que yo también puedo ser un héroe en mi propia vida. Y que de hecho, esa es la verdad: Yo soy un héroe.

Queda mucho material por revisar y del cual poder extraer enseñanzas, lo cual te invito a hacer. Mientras usaré esta canción para que sea ella quien termine por despedir estas ideas. Pues como ella misma dice: “Como un libro…, así la vida es”, y si bien es cierto que en ella ‘hay dolor, hay fracasos, hay maldad’, también lo es, que en ella hay “batallas que ganar”. Ella nos invita y nos dice: “No decaigas, que vivir es aprender, y no hay nada que temer, si crees en ti”. Nos llena de las fuerza positivas al afirmar nuestra imagen con verdades como: “tú tienes la fe, y eso lo es todo”, y que “el amor nos convierte en luchador”, a través del cual  “sabrás como vencer”, y para mí, lo más importante es llegar a conocer que “Solo Dios sabe donde y cuando, la vida nos dirá: ¡lo has hecho bien!” con lo cual descubres lo común: ¡no hay un  héroe como tú!

¡Te invito a ser el héroe de tu vida!

Referencias
Banchs, María A. (1986). Concepto de representaciones sociales. Análisis
 Comparativo. Revista Costarricense de Psicología. 8-9, pp.27-40
Báro, Ignacio (1990). Acción e ideología. El Salvador: UCA Editores.
Morales, J. F. (1998). Psicología Social. Madrid: McGraw-Hill.
Tajfel, Henry (1984). Grupos humanos y categorías sociales. Barcelona: Herder.



             


viernes, 28 de febrero de 2014

LA SOLEDAD: Decisión, Sentimiento, Prisión o Destino final


LA SOLEDAD: Decisión, Sentimiento, Prisión o Destino final
Por: J. Rafael Olivieri
 

“La necesidad más profunda del hombre es, entonces, la necesidad de superar su separatidad, de abandonar la prisión de su soledad” Fromm (1982, p.20).
 

            Martínez (2006) en su libro, señala que con todas las explicaciones que tantos autores han hecho sobre los sentimientos, la mayoría de las personas no saben a ciencia cierta si son verdaderos los sentimientos que sienten (p. 38). Algo similar pasa con el sentimiento de la soledad, muchos no están seguros de que es o de cómo se deberían sentir con la soledad, a pesar de que lo están viviendo. Básicamente la razón de esto, es que la experiencia emocional es individual e intransferible, cada persona en este planeta tiene su propia forma de sentir, sus propios sentimientos. Por eso, lo que cualquier otro te diga en base a los sentimientos (incluso Yo aquí), estará matizado por mi propia vivencia y comprensión de ellos; o cuando mucho, será un arduo trabajo estadístico, que no se iguala, a lo que tú realmente sientes. Sí bien es cierto que manejamos y sentimos cosas parecidas, ya que al fin y al cabo, todos somos humanos, la realidad emocional de cada persona es única, está basada en su proceso particular de aprendizaje experiencial a lo largo de su vida. Aprovechando la duda, revisé el diccionario (DRAE, 2001) que dice que la palabra soledad “viene del latín ‘solitas’: Carencia voluntaria o involuntaria de compañía”. Lo que parece dar a entender que soledad es cuando no tienes compañía de otra persona. Para variar, yo no estoy totalmente de acuerdo con esto. En mi criterio, la soledad es una falta de amor (ya, de seguro pensaste: ¡obvio, Si no tienes quien te ame, estás solo!). Ciertamente, tener una pareja, en mi opinión es fundamental para tener una vida integral, pero, hay personas que aún en pareja se sienten solos. Por eso, para mí es mucho más profundo que eso. Quizás recuerdes que muchos autores han dicho que puedes estar entre un millón de personas y sentirte solo. Es decir, yo pienso que, no es tener o no, la compañía de otra persona a mi lado lo que me produce el sentimiento de soledad. De la falta de amor de la que hablo, es del amor a mí mismo: La soledad es un proceso de falta de amor a mí mismo.
 
            ¡Ya está! Rafael metiéndose de nuevo en profundidades complejas. Pues sí, no se trata de complicar más lo que ya de por sí es complicado, sino de darle una visión diferente para que, indudablemente desde mi propia perspectiva, puedas entender, manejar y sobre todo resolver tu propio sentimiento de soledad. Porque déjame decirte que: así como tú eres el único responsable de tus sentimientos, tu soledad es responsabilidad exclusivamente tuya, ¡Es lo que tú sientes! Haz el ejercicio o tómate el tiempo para revisar libros especializados, literatura en general, el internet (seguro debe haber más de un Blog sobre la soledad) y en todos encontrarás una definición general, más o menos en los mismos términos. Por ejemplo: La del diccionario: no tienes a otra persona cerca, lo cual en sí mismo define un tipo de soledad: la física (ausencia de compañía). También está la soledad mental (piensas que estás solo. Lo que piensas se convierte en tu realidad). Por decisión propia: te aíslas para descansar, meditar, estudiar, dedicarte a ti mismo, o simplemente no quieres estar con nadie. La soledad por enfermedad: para que no contagies a otros. La soledad por castigo: “te portaste mal” y te encierran en tu cuarto, en un closet o en la cárcel.
 
En psicología nos encanta categorizar todo y, revisando encontré una página web cristiana (http://www.tunuevaalegria.com.ve/Predicas/pred_coensol.html) donde se refieren al  psicólogo Craig Ellison que sugirió la existencia de tres tipos de soledad: a) La soledad emocional: Involucra la falta o pérdida de una relación íntima con otra persona o personas. b) La soledad social: Es un sentimiento de falta de propósito, ansiedad y vacío. La persona se siente como si estuviese "fuera de todo", al margen de la vida.  c) La soledad existencial: Se refiere al sentido de aislamiento que se produce cuando una persona está apartada de Dios y siente que la vida no tiene significado o propósito. Yo voy añadir una más: la soledad por conflicto emocional: en la cual debido a mis vivencias emocionales negativas, yo decido (consciente o inconsciente) vivir en soledad, no tener pareja, tener pocos o no tener amigos, aislarme de los demás, hacerme invisible o simplemente colocarme al final de la fila para que nadie me note. La realidad es que, en cuanto al hecho de la compañía, de tener o no personas a mi alrededor con las cuales hacer contacto, realmente casi nadie está solo. Todos tenemos algún nivel de contacto con los otros. Esto me recuerda que para la Gestalt uno de sus puntos más importantes es la situación del contacto conmigo mismo, con los demás y con el ambiente. Por lo que para la Gestalt la soledad sería la ausencia de contacto conmigo mismo (lo que les afirmo: no amarme a mí mismo). Por eso lo importante aquí no es: si tengo o no personas a mí alrededor, sino ¿sí yo me siento solo o no?  
 
            De igual manera, en cuanto a las sensaciones que acompañan la soledad están: tristeza, dolor, depresión, aislamiento, ansiedad, miedo, rechazo, vacío, rabia, culpa interna, abandono, desánimo, desesperanza, desprotección, falta de energía, deseos de no hacer nada y muchas otras, que como te señalé, dependen de cada persona y de su propia experiencia emocional. Es esta mezcla de emociones lo que le da su carácter de complejo a la soledad, pues, si bien por un lado estos sentimientos son producto de la sensación de soledad, a su vez, la soledad termina siendo producto de muchos de esos sentimientos, hay una relación bidireccional entre ellos. Indudablemente, son sensaciones desagradables que por nuestra búsqueda permanente de placer queremos evitar, pero que a ciencia cierta nadie puede evitar, porque la soledad es una cualidad humana, implícita en su proceso de pensamiento y de su aprendizaje emocional. Aunque no les guste, es obligatoria en el proceso de la vida. Nadie en este planeta se ha salvado, ni se salvará de experimentar esta emoción (Interpretes de la Biblia señalan como el momento de soledad de Jesús: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Mt 27,46; Mc 15,34). Igualmente muchos autores (Maestre; Salvo y Castro; Ruiz) consideran hoy en día  la soledad como una enfermedad social (incluso la causante de muchos suicidios) No importa que vivamos en ciudades llenas de personas, lo importante es cómo nos sentimos, frente a esta sensación de estar atrapados en mi propia prisión, que es la soledad.
 
            El problema de la soledad como consecuencia de no amarme a mí mismo, está indudablemente, como la mayoría de los conflictos emocionales, directamente relacionado con nuestro proceso infantil de formación y desarrollo. Nuestras primeras vivencias de soledad están enterradas en nuestra mente (inconsciente), donde muy probablemente no puedan ser recordadas nunca, pero sí son profundamente sentidas en mis procesos emocionales del aquí y el ahora. Fueron situaciones vividas y experimentas en mi relación íntima con mis figuras parentales, donde mi obligada y natural dependencia de ellos, me hizo completamente vulnerable a mi propia necesidad de su compañía, pero sobre todo y muy particularmente: de su aprobación y de su amor. Por eso, cuando sentí que no me las dieron, entre otras muchas emociones me sentí solo. Es un amor, que en la gran mayoría de los casos, no era lo que yo necesitaba, sino solamente lo que ellos sabían darme (ellos tampoco recibieron el amor que necesitaban). Fueron situaciones de dolor emocional, que no solamente me hicieron experimentar los desagradables sentimientos enumerados anteriormente, sino que, en su constante repetición de todos los días, me invitaron a decidir en mi vida un “argumento de soledad” (Berne, 1979). Lo interesante es que hoy en día, en mi momento presente, aunque no quiero y rechazo la soledad, e incluso le tengo miedo, al ser un proceso de mi propia decisión emocional infantil, con la cual definí quien soy, mis creencias emocionales, mi personalidad en general, es casi seguro, que no podré evitar que la soledad se adueñe de mi vida. No importa lo que haga, mi propia conducta, mis propias decisiones me llevarán a cumplir mi argumento, y muy probablemente, termine mi vida en esa condición física y emocional: solo.
 
            La realidad de esta decisión emocional que es la soledad, se va a ver matizada y reflejada en un gran número de mis conductas del día a día, en mis relaciones con las demás personas, pero fundamentalmente en mi propia autovaloración presente, donde vuelvo a sentir los patrones emocionales infantiles cuando me sentí rechazado, no querido, despreciado, no adecuado, indigno del amor de otros, incapaz de confiar en otros (porque sí mis figuras parentales, que debían amarme, me hicieron a mí, su hijo, lo que me hicieron, ¿Qué puedo esperar yo de los otros?). Está sensación de autoestima baja, donde no me siento merecedor de nada o de muy poca cosa, donde no me amo a mí mismo, me lleva a rechazar a los demás, a sentirme incapaz de relacionarme con otras personas. A tenerles miedo. La desconfianza hacia los demás me invita a pensar ¿Qué será lo que el otro me quiere quitar? ¿Cómo se va a aprovechar el otro de mí? Donde, en función del miedo,  afirmo: es mejor no acercarme al otro para que no me haga daño y, yo no tenga que sufrir. Esta es una secuencia de pensamiento muy común en las personas que tienen ‘prohibiciones de pareja’, porque después de un fracaso tras otro en sus relaciones sentimentales, de ‘traiciones’ constantes de sus amigos, o de situaciones de divorcio, terminan decidiendo ‘nunca más’ me acerco a otra persona, ya no soportan el dolor de las ‘rupturas sentimentales’. Cuya consecuencia definitiva es: la soledad.         
 
La verdad es que, con todas estas situaciones en nuestra formación, y en nuestro proceso de relaciones interpersonales, no es de extrañar que existan multitud de personas que tienen problemas con el manejo de la soledad, que no se sienten adecuadas cuando están solas. Personas que no saben estar solas, se sienten vacías e incompletas si no tienen a otra persona a su lado, donde muchas de las veces generan modelos de dependencia no sanos, los cuales transforman sus vidas en un infierno bien sea social, emocional, físico y/o psicológico. Existen personas que constantemente pasan de una relación amorosa a otra para no estar solos, no se comprometen con nadie nunca por el temor a que los dejen solos. La gran mayoría de las personas sienten que estar solos se convierte en la situación más aterradora de su vida. Hacen lo imposible por evitarlo, lo paradójico es que, la mayoría terminan solos. Otras muchas personas tienen tal nivel de conflicto en sí mismas, que su prohibición de relacionarse las lleva a vivir sin pareja, o haber tenidos muy pocas y todas han terminado en desastre. Su conflicto las lleva a no confiar, a no comprometerse, a no entregarse. Muchísimos terminan aceptando la soledad como la consecuencia final de sus vidas. Hacen un proceso de adaptación en su mente, con el cual justifican su situación de soledad, y (para mí) más grave aún: terminan amando su soledad, así el daño no me lo hace otro, me lo hago yo mismo.  
 
Por otra parte, para seguir metiéndome en profundidades: en lo que respecta a lo espiritual, ciertamente el mandamiento “ámate a ti mismo” lleva incluido las dos partes: “ama a tu prójimo como a ti mismo”, es decir, debo amarme a mí mismo y debo amar al otro. Cuando esto no se cumple (es una decisión mía) el resultado es un quiebre en las relaciones interpersonales, que indudablemente me llevan a sentirme y valorarme en la soledad. Y es que para Dios el estado ideal del hombre es NO estar solo. Cuando lees en Génesis (cap. 1 y 2) que Dios creo los cielos, las aguas, los animales, las plantas, la luz, la oscuridad, TODO; al terminar cada día de creación dice “Y Dios vio que esto era bueno” (lo repite cinco veces). Luego en Gen 1:31 dice “Entonces Dios miro todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno!” (dice: MUY BUENO). Pero ¿Cuál cambio ocurre en Dios? cuando en Génesis cap. 2 se narra la creación del hombre, lo pone en el huerto, le da todos los animales y todas las plantas (- una), Y dice el versículo 18: “Después el Señor Dios dijo: <<No es bueno…>>” ¡Guao: no es bueno! Aquí viene la primera clave de todo en la segunda parte de este versículo 18: “QUE EL HOMBRE ESTÉ SOLO”. Lectores Dicho por Dios: No es bueno estar solo ¡Dios no quiere que el Ser Humano esté solo! Y Dios completa su afirmación (2da clave) con la tercera parte del 18: “le haré ayuda idónea para él”. Lectores la tapa del frasco de la creación es ¡la mujer! y con ella consolida el matrimonio entre ambos. En Gen 2:24 “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (en la matemáticas de Dios 1 + 1 = 1).
 
Entonces (aunque me tilden de radical), sí leí y entendí bien que, éstos son dos mandamientos de Dios, (1) sí yo no me amo a mí mismo, y (2) no tengo una pareja “estable” consolidada en matrimonio: yo estoy pecando contra Dios. ¡(C_ñ_) Ahora entiendo porque a la Humanidad le va tan mal y, la gran mayoría de las personas están o se sienten solas! Claro estamos haciendo lo que no es bueno para nosotros mismos (con lo cual nos hemos apartado de Dios). Con razón tenemos tantos conflictos emocionales en todas nuestras relaciones interpersonales. Seguro que más de uno de ustedes está pensando (ahora me la doy de adivino, ¿qué tal?): “yo tengo mi esposa/o y no soy feliz o me siento solo/a” ¡CLARO!  Es que la culpa NO ES DEL OTRO, el que tiene que amarse a sí mismo SOY YO, y el que tiene que velar por la estabilidad de mi matrimonio SOY YO (dedo en la llaga). El otro tiene que hacer su 50% también ¡Obvio! Por algo son “una sola carne”. Cuando uno, el otro o, los dos no cumplen su parte, obligatoriamente tiene que pasarte lo que está pasando en tu vida aquí y ahora.     
 
Bien, hagamos el cierre: Como te dije al principio, la intención no es hacer más complejo lo que ya lo es, pues la soledad es un sentimiento complicado. Unido a muchas otras emociones, síntomas y decisiones que vienen desde lo infantil, las cuales se han ido confirmando o modificando a lo largo de mi experiencia personal de vida, tanto solo como en la interrelación con los demás. Tiene muchas implicaciones y matices personales, sociales y culturales. Tiene aspectos adecuados (buenos) y no adecuados (no tan buenos). Marca una diferencia importante entre triunfar y perder. Complementa mi sistema de creencias emocionales. Entonces, la pregunta lógica de todos: ¿Cómo hago para manejar mi soledad?  Bien ese un trabajo de los dos, mi parte es acompañarte a descubrir y experimentar todo lo que eres y quién eres, enseñarte opciones de caminos que puedes recorrer, darte información para tus decisiones. Tu parte: realizar tu propio trabajo de cambio, descubrirte a ti mismo, tomar y aplicar tus nuevas decisiones de vida, con las que puedas hacerte un triunfador. En pocas palabras: convertirte en la personal integral que eres, donde la soledad sea solamente un sentimiento más, y no, el destino final de tu vida.
 
Referencias
Berne, E. (1979). ¿Qué dice usted después de decir hola? 9na ed., Barcelona. Ed. Grijalbo
Fromm, E. (1982). El arte de amar. España: Ediciones Paidos.
Martínez, J.M. (2006). Amores que duran… y duran... y duran. México: Editorial Pax.