jueves, 5 de septiembre de 2013

LA DEPRESIÓN: El Infierno En El Corazón Humano

LA DEPRESIÓN: El Infierno En El Corazón Humano
Por J. Rafael Olivieri

Job 6: 2 “Si se pudiera pesar mi sufrimiento y poner mis problemas en la balanza,
pesarían más que toda la arena del mar”.

            Siempre he pensado que la palabra “Depresión” es uno de los términos que mejor reflejan la batalla interminable que se desarrolla en el corazón humano, cuando, independientemente de sus causas, entre otras cosas, mi vida no funciona como quisiera, cuando no puedo mantener un nivel de aceptación adecuado de mí mismo. Cuando sentimientos de fracaso y temor son los que rigen mi valoración de cada día, cuando mi propia culpa me lleva a pensar que no lo he hecho bien. Es un conjunto entremezclado de sentimientos, emociones, pensamientos, conductas que toman el control total de la persona y la sumergen en la profundidad de un infierno real: ¡su propio infierno! Muchas veces creando la ilusión y la sensación de que no existe ninguna salida posible. (Para honrar los derechos de autor: Mi esposa, que es psiquiatra, trajo una publicidad de un medicamento anti-depresivo, cuya máxima era: “Si el infierno existe… está en el corazón del paciente deprimido” De allí, se me ocurrió el título de este artículo. De paso, el infierno existe tanto en el mundo espiritual como en el material donde vivimos, no les quepa la menor duda).

La verdad es que la depresión es uno de los problemas emocionales más habituales de la mayoría de las personas y, casi inevitablemente de la totalidad de los pacientes que acuden a la consulta psicológica. Representa un amplio conjunto de síntomas que trastornan la tranquilidad y la paz de la persona. Frente a la depresión, podría asegurarse que, ni uno solo de los seres humanos es inmune a ella y a sus consecuencias. Realmente afecta a personas de todas las clases sociales, de todos los países y todos los entornos culturales e intelectuales, todos los días. La definición del diccionario nos dice: “La depresión (del latín depressio, que significa «opresión», «encogimiento» o «abatimiento») es el diagnóstico psiquiátrico que describe un trastorno del estado de ánimo, transitorio o permanente, caracterizado por sentimientos de abatimiento, infelicidad y culpabilidad, además de provocar una incapacidad total o parcial para disfrutar de las cosas y de los acontecimientos de la vida”. Es decir, estoy hablando de una situación real por la que todos atravesamos, lamentablemente, en más de una oportunidad en nuestra vida, y, cuya sensación es precisamente la de sentirme oprimido e impotente.

Ciertamente, muy frecuentemente el Ser Humano se siente solo en la batalla de la vida, los problemas de su vida cotidiana (Pareja, Familia, Laboral, Económico y Social) se les vienen encima, arropándolo y, al no saber cómo manejarlos, se siente impotente, se llena de desesperación y angustia y, se deja vencer por un estado de vulnerabilidad psíquica, emocional y espiritual que le cierra la posibilidad de toda solución: ¡la depresión! Ciertamente, este sentimiento puede nublarlo todo y hacer que hasta los pequeños problemas parezcan insolubles y abrumadores. Además, muchas de las personas deprimidas son incapaces de ver un futuro en bienestar y, se sienten sin fuerzas para cambiar sus situaciones presentes para mejóralas. La depresión te invita a sentir deseos de darte por vencido, de renunciar, de sentirte incapaz de avanzar. Donde lo peor es que muchos aceptan esa invitación y solamente alcanzan a decir: “Paren el mundo que me quiero bajar”, sin comprender ni aceptar que hay muchas alternativas que pueden decidir y actuar para recuperar la normalidad de sus vidas y de sus circunstancias.

La realidad es que la depresión es un desorden mental que afecta a las personas integralmente (recuerda que la mente controla al cuerpo). Afecta sus pensamientos, sentimientos y acciones. Su origen es multifactorial, es decir que, son muchas las causas que lo provocan. Se pueden destacar factores desencadenantes tales como el estrés, múltiples sentimientos ‘negativos’ (detallados más adelante); elaboración inadecuada de un duelo (no importa la causa de la pérdida); se incluye el consumo de determinadas sustancias (legales o no); factores de condicionamiento educativo modelados por figuras parentales, que dan un permiso, o invitan, a actuar la depresión como una solución viable ante los problemas de la vida. También, según determinados autores, existen causas de predisposición como la genética (aunque yo no estoy muy de acuerdo con esto, por eso no voy a ahondar en este aspecto). Algunos autores creen que la causa número uno de la depresión es la culpabilidad no resuelta. A menudo esta culpabilidad puede generar muchas conductas no deseadas que actúan en contra de la persona misma, buscando un castigo para sí misma. Objetivamente hablando, la depresión está aprendida y modelada, potencialmente en todo ser humano. Se  gesta y da a luz desde las profundidades de sus sentimientos y, cuando las condiciones de la cotidianidad parecen insuperables, hunde a la persona en su sensación de impotencia e infelicidad. Como enfermedad emocional y espiritual afecta toda nuestra personalidad y se manifiesta en trastornos somáticos de carácter orgánico, que involucran potencialmente todo nuestro cuerpo. Cada ser humano, en su depresión, escoge (inconscientemente unas veces, otras muy consientes) de que enfermarse, desde una gripe hasta la misma muerte (suicidio).
           
Independientemente de que sus causas sean conocidas o desconocidas, todos nosotros tenemos días cuando nos sentimos tristes, desanimados, aburridos o derrumbados. Podríamos llamar a estas sensaciones una forma suave de depresión, aunque quizás un mejor término pudiera involucrar a la melancolía o incluso a la desilusión. Todo ello pudiera considerarse normal, hasta incluso desde un punto de vista positivo como sano, pues estos sentimientos invitan a un proceso de reflexión para saber qué está pasando en mi vida, con lo cual pudiese llegar a tomar decisiones adecuadas de cambio positivo para mí y para mi entorno. La verdad, es que desde el punto de vista de la realidad humana, no podemos esperar vivir en este mundo sin desánimo y tristezas ocasionales, ello sería completamente poco realista y, en algunos extremos rayaría de maníaco o psicopático. Por el contrario, lo que es más frecuente, es que muchas personas simplemente no se dan cuenta de que están deprimidos, ni saben que la depresión puede provocar muchos problemas y mucho dolor. Algunas veces, incluso las personas deprimidas no se toman su enfermedad con la debida seriedad y responsabilidad. Algunas personas tienen la errada creencia de que la depresión proviene de la debilidad o que es una falla del carácter y, que a ellos no les va a pasar. Estos pensamientos llevan a algunas personas  a ocultar su depresión y, peor aún, a pensar que su vida normal es así. Como consecuencia de sus pensamientos o de su vergüenza, pueden llegar a evitar buscar la ayuda que necesitan desesperadamente cerrándose toda posibilidad de sanidad y disfrute.

La realidad es que las personas deprimidas tienden a encerrarse en sí mismas; con lo cual la depresión casi inevitablemente aumenta y toma mayor control sobre la persona. A causa de sus profundos sentimientos de tristeza y de su poca energía, las personas a veces se alejan de los que los rodean o de las actividades que alguna vez disfrutaron. Esto sólo hace que se sientan más solos y aislados, lo cual empeora el cuadro depresivo. Retirarse y estar solo es una de las peores cosas que los individuos deprimidos pueden hacer, porque el alejamiento de los otros, refuerza la depresión y su imposibilidad de salir de ella. Cuando una persona sufre de depresión, el mundo realmente se muestra sombrío y poco acogedor. Los pensamientos de esa persona reflejan la desesperación y el desamparo que siente. Porque las personas deprimidas constantemente tienden a manifestar pensamientos negativos y autocríticos, se convierten en sus propios jueces y castigadores. Algunas veces, las personas deprimidas, más allá de su valor real, pueden sentirse inútiles y no queridas. Por consiguiente, uno de las mejores cosas que una persona deprimida puede hacer es ocuparse de relacionarse sanamente con los otros. Deberíamos tratar de estar con aquellos que nos pueden apoyar y nos pueden alentar a través de su amor por nosotros. Incluso y particularmente, de aquellos que han atravesado situaciones de depresión en su vida, con lo cual están mejor preparados para ayudarnos. Como nos dice el Apóstol Pablo en 2 Corintios 1:3 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, 4 quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones. De esta manera, con la consolación con que nosotros mismos somos consolados por Dios, también nosotros podemos consolar a los que están en cualquier tribulación”.

            Psicológicamente hablando, la verdad es que toda persona tiene fluctuaciones de sus estados anímicos y la tristeza ocasional es una emoción normal y sana. Las tensiones y presiones normales de nuestra vida pueden llevarnos a sentirnos tristes de vez en cuando, pudiendo derivar en sentimientos de dolor, desilusión o aflicción. Estas reacciones suelen ser breves y desaparecen en poco tiempo, en función de la fortaleza emocional de cada persona, lo cual es sano. Pero otras veces, las personas atraviesan ataques en los que estos síntomas son realmente intensos y duran mucho tiempo; con lo cual hablaríamos de un cuadro depresivo real. Sin embargo y contrario a lo que muchos saben, a veces estos mismos sentimientos pueden estar presentes a una menor escala, y parecer de poca importancia pero duran durante años, no se engañen, esto también es depresión y crónica. En necesario saber que la depresión es algo más que sentirse melancólico, triste o de mal humor de tanto en tanto. La depresión es un estado de ánimo intenso que involucra tristeza, desánimo, desesperanza o desesperación; que dura semanas, meses o incluso más, y que afecta la capacidad de la persona de realizar sus actividades habituales. La depresión afecta los pensamientos, la perspectiva y el comportamiento de la persona, así como su estado de ánimo.

Además del sentimiento de depresión, la persona deprimida también puede sufrir otros síntomas, como cansancio, irritabilidad y cambios en el apetito. Pueden llorar por cosas sin importancia o incluso sin ninguna razón. La depresión puede ser leve o severa. En el peor de los casos, la depresión puede generar sentimientos de desesperación tan profundos que la persona piensa en el suicidio. La depresión puede tener importantes consecuencias sociales y personales, desde la incapacidad laboral ya que se puede presentar agotamiento, la falta de interés hacia sí mismo, o incluso el desgano para la productividad, (lo cual no solo afectará a quien está pasando por la depresión, sino también a quienes lo rodean) hasta el suicidio como la máxima expresión desafortunada. La persona enferma y deprimida se siente apática y sin deseos de atender sus propias necesidades físicas, lo cual prolonga el periodo de recuperación.

A veces desde una perspectiva paradójica, la depresión no implica el cuadro típico de la persona triste que puede querer dormir todo el tiempo (o al menos recaer todo el día en el sofá); que llora fácilmente; que deja de acudir al trabajo o hacer tareas necesarias en su casa; que puede dejar de comer o puede comer constantemente; que considerará que la vida no tiene esperanza, etc. Sino que muchos cuadros depresivos están dominados por sentimientos de rabia, ira, venganza, agresión, irritabilidad y mal humor permanente, personas que no se soportan a sí mismas y mucho menos a los que tienen a su alrededor. Todo depende del aprendizaje desadaptativo que la persona ha decidido en su vida y de la forma como interpreta los eventos cotidianos o extraordinarios de la misma.

En resumen, algunos de los sentimientos y síntomas que las personas manifiestan cuando están deprimidas pueden incluir (entre otros): Tristeza, aletargamiento, pesimismo, desesperación, inutilidad, desvalidez, indiferencia, incapacidad para tomar decisiones, falta de voluntad para hacer cosas, problemas para concentrarse, falta de memoria, pérdida del interés en aquello que sentía satisfacción, conductas inadecuadas en el trabajo, la escuela, problemas con la familia y amistades, aislamiento, falta de energías, desfallecimiento, poco amor por sí mismo, pesimismo, a veces piensa en matarse o hacerse daño, aumento del consumo de fármacos, problemas en una o en muchas de sus relaciones interpersonales, aumentan los problemas económicos. Estado de ánimo deprimido o tristeza la mayor parte del tiempo (para lo que no parecería haber motivos), falta de energía y sensación de cansancio permanente, incapacidad para disfrutar de cosas que antes provocaban placer, desinterés por estar con amigos y familiares, irritabilidad, enojo o ansiedad, incapacidad para concentrarse, pérdida o aumento considerable de peso, cambios considerables en los patrones de sueño (incapacidad para dormirse, permanecer despierto o levantarse por la mañana), sentimientos de culpa o de inutilidad, achaques (aunque físicamente todo esté bien), pesimismo e indiferencia (no darle importancia a nada ni en el presente ni a futuro), pensamientos de muerte o suicidio, desesperanza, desilusión, baja autoestima, culpabilidad. (Revisa tu propia lista).

            Bien, hasta aquí ya debes tener un cuadro claro de este infierno que a veces se apodera de tu corazón y de ti mismo. La pregunta ahora sería ¿Cómo hago para salir de la depresión? Ciertamente al ser la depresión una de las situaciones emocionales más comunes, también tiene múltiples formas de ser tratada y resuelta. Aunque en algunas personas pueda parecer difícil resolverla, la verdad es que no es imposible. Como casi todo en la psicología requiere de dos elementos importantes: Compromiso contigo mismo y Responsabilidad con tu proceso de cambio. Hay que cambiar actitudes negativas ante la vida; valoraciones no adecuadas de ti mismo; arriesgarte a hacer las cosas de otra manera más sana; trabajar en tu autoestima, tu amor por ti mismo y sobre todo el perdón a ti mismo y a los otros. Frente a la depresión, la mejor solución es accionar, decídete a actuar en positivo para ti y para los demás.

            Muchos autores aconsejan: Actívate, haz todo ese tipo de cosas que antes te generaban ilusión. Positiva tus pensamientos, busca con todo tu interés el lado positivo que todas las cosas tienen. Desarrolla tu autoestima, acéptate. Desarrolla tu asertividad y mejora las relaciones personales en tu entorno, con mayor capacidad para defender tus derechos e intereses personales. Vive tus emociones, aprendiendo a reconocer y aceptar tus emociones. Enfrenta las situaciones y actividades desagradables pendientes. Dedica un tiempo al día a relajarte y a disfrutar de la vida y de las cosas maravillosas que tiene para ti. No le des más vueltas a tus pensamientos negativos, cámbialos por positivos. Aprende a solucionar tus problemas, mejorando tu capacidad de discernimiento y toma de decisiones que te lleven a la acción y actúa. ¡Haz ejercicio! Por ejemplo: Viktor Frankl aconseja: “Establece objetivos en tu vida, aunque sean modestos. Haz una lista y empieza a caminar hacia ellos ¡ya!, Dale sentido a tu vida”. Fritz Perls dice: “Toma contacto contigo mismo y con todo tu entorno”. Eric Berne: “Toma acción, decide ser un triunfador”. Y Bucay tiene un cuento excelente que se llama “Búscate un amante” (en Youtube hay un montón de videos de este cuento, búscalo).

            Por otra parte, en la esfera espiritual hay miles de ejemplo de los grandes hombres de Dios que atravesaron cuadros de depresión, sin embargo la ayuda y la solución siempre estuvo a su alcance cuando estuvieron preparados para ello. Por ejemplo David escribió: “Sal 6: 2 – 3 Ten compasión de mí, Señor, porque soy débil; sáname, Señor, porque mis huesos agonizan. Mi corazón está angustiado; ¿cuánto falta, oh Señor, para que me restaures?” Y en Sal 6: 6 - 7 “Estoy agotado de tanto llorar;  toda la noche inundo mi cama con llanto, la empapo con mis lágrimas. El dolor me nubla la vista; tengo los ojos gastados a causa de todos mis enemigos”. Lo importante es que aquí hay que entender claramente dos cosas: La primera: las Pruebas que Dios pone en nuestra vida, conforme a su voluntad, son exclusivamente para nuestro crecimiento y para fortalecer nuestra vida, pues son parte de la disciplina que necesitamos para ser hijos de Dios: Hebreos 12: 6 “Porque el señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.  7 Es para vuestra corrección que sufrís; Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline?”.

La segunda: La gran mayoría de todas las situaciones de depresión que atravesamos son producto directo de las acciones y decisiones que tomamos desde nuestra perspectiva humana egoísta, dominada por todo lo que hemos definido como nuestros conflictos emocionales, es decir, toda la basura mental que hemos acumulado en nuestra vida (de esto he hablado bastante en artículos anteriores). Un buen ejemplo de esto son las expresiones de David en: Sal 32: 3 – 4 “Mientras me negué a confesar mi pecado,  mi cuerpo se consumió, y gemía todo el día. Día y noche tu mano de disciplina pesaba sobre mí; mi fuerza se evaporó como agua al calor del verano”. Y en Sal 51: 3 - 4 “Pues reconozco mis rebeliones; día y noche me persiguen. Contra ti y sólo contra ti he pecado; he hecho lo que es malo ante tus ojos. Quedará demostrado que tienes razón en lo que dices y que tu juicio contra mí es justo”.

Ahondando un poco en la perspectiva Bíblica me encontré unos comentarios de Gary E. Gilley  que dice: “Es importante para reconocer que la depresión no es el problema por o en sí mismo; es una respuesta o una reacción hacia otra cosa.  La Biblia enseña que la depresión no es causada por las circunstancias de nuestras vidas, sino más bien por nuestras reacciones anti-bíblicas hacia esas circunstancias” y También: “la depresión a menudo resulta de un ciclo descendente en el cual comenzamos con un problema, reaccionamos a él en una forma pecaminosa, causando una complicación del problema que se cumple por una respuesta pecaminosa adicional, etc.” Sin ánimos de volver todo pecaminoso, pues yo tengo bien clarito cómo actúa todo el contexto emocional inconsciente de nuestra mente, está como para reflexionar un poco sobre ello.

Finalmente,  si bien somos los primeros responsables tanto de nuestra vida, como de su sanidad y felicidad, no es menos cierto que los otros nos pueden responder y llenar con su amor, amabilidad y apoyo, con la esperanza de que nuestra depresión pase pronto. Pueden ofrecerse para escucharnos, pueden animarnos a que busquemos la ayuda de un profesional de la salud mental. No perdamos de vista que a pesar de no sentirlo en ese momento, muchas de las personas que están a nuestro alrededor nos aman y quieren para nosotros nuestro bien, queda de nosotros aceptarlo y disfrutarlo. Pues no tiene razón fortalecer un YO sino para compartirlo con otros.

No olvidemos que: Si bien podemos estar deprimidos, somos todavía responsables por nuestras acciones y sus consecuencias.

Referencias:
Berne, E. (1974) ¿Qué dice Usted después de decir Hola? España: Ediciones Grijalbo
Frankl, V. (1979) El hombre en busca de sentido. España: Herder Editorial
Gilley, Gary E.  (http://evangelio.wordpress.com/2009/01/08/una-mirada-a-la-depresin-a-travs-de-los-lentes-de-la-escritura/) Recuperado 02 sep 2013.

Perls, F. (1994) El enfoque Gestáltico. Cuatro vientos Editorial

domingo, 31 de marzo de 2013

EL BENEFICIO PSICOLÓGICO: LA MALDICIÓN DEL ARGUMENTO DE VIDA


EL BENEFICIO PSICOLÓGICO:
LA MALDICIÓN DEL ARGUMENTO DE VIDA
Por: J. Rafael Olivieri

“El argumento (o guión), según Berne, es un ‘plan preconsciente de vida’, decidido en la infancia, antes de los 14 años. Su definición más completa (Berne, 1971) es: "Un programa en marcha, desarrollado en la primera infancia bajo influencia parental, que dirige la conducta del individuo en los aspectos más importantes de su vida’” (Kertész e Induni, 1980)

            Es interesante mezclar en este título dos palabras tan contradictorias como lo son Beneficio y Maldición. Cada vez que escuchamos la palabra ‘Beneficio’ automáticamente  pensamos en algo positivo, algo bueno. Mientras que ‘Maldición’ está asociado a algo negativo y hasta desastroso. Me interesa explicar aquí que el ‘beneficio psicológico’ al que me refiero no es tal cosa buena, sino todo lo contrario, al punto de que es la razón más importante para mantenerme atado a mis conflictos emocionales, los cuales configuran mi “Argumento de Vida” (Berne). La idea de esta reflexión es la de trabajar el por qué muchas de las personas que asisten a la terapia psicológica, no terminan de realizar cambios importantes en sus modelos conductuales. No se trata de que no quieran cambiar, de hecho, la razón principal de la gran mayoría de ellas, es precisamente realizar cambios en sus conductas para poder mejorar su calidad de vida y, más importante aún, mejorar sus relaciones interpersonales. Entonces ¿Por qué a pesar de sus esfuerzos, su tiempo, su dolor y su inversión económica en la terapia, no terminan de cambiar? La razón como todos los temas psicológicos es sencilla y complicada a la vez: El Beneficio Psicológico.

En este sentido, el Beneficio y la Maldición, lejos de tratarse de un tema donde al hacer una conducta adecuada (es decir buena: la aprobada por otros) casi siempre, invariablemente debería recibir un premio ‘bueno’ por mis acciones (es muy frecuente que suceda que, en la gran mayoría de las veces, no me dan nada, lo cual me invita a probar con la conducta negativa, a ver si así, por lo menos llamo la atención y me toman en cuenta). En el otro extremo, si hago una conducta no adecuada (mala: la no aprobada por los otros), en teoría debería recibir un castigo, en este caso, si no me dan nada, busco hacer otras conductas negativas, a veces más intensas, para ver si alguien me da la atención que necesito, porque es 1000 veces preferible que me den un golpe, a que me ignoren. En base a esto, me interesa que entendamos el beneficio psicológico como ‘toda la estructura emocional’ que me obliga necesariamente a cumplir mi argumento de vida, por lo cual dicho beneficio se convierte en sí mismo, en la maldición de mi Argumento.

El objetivo será entonces, empezar a comprender, que en el proceso de mi formación infantil (muchos de los grandes psicoterapeutas lo definen en los primeros 9 - 12 años de mi vida), a través de innumerables situaciones ‘negativas’ con mis figuras de autoridad, es decir, las que tenían poder sobre mí (lo que incluye a: padres, maestros, familiares, hermanos, entre otros), donde mi manejo emocional estuvo plagado de emociones de: rabia, miedo, tristeza, injusticia, dolor, abandono, maltrato, soledad, descalificación, crítica, comparación con los otros, entre otras muchas. Al mezclarse todas estas experiencias y factores en mi vida infantil, causan tal confrontación de conflictos emocionales en toda mi estructura integral (mente, cuerpo y espíritu) durante mucho tiempo, hasta que llega un momento en que mis defensas emocionales sucumben ante tal cantidad de agresiones psicológicas (y muchas físicas), que en base a mis experiencias emocionales vividas hasta ese instante, defino y configuro mi decisión de vida argumental ¡MI VIDA, MI DECISIÓN! con la cual, a partir de ese instante emocional, defino mi “Argumento de Vida” el cual me dirá: qué y cómo sentir, pensar, actuar, que esperar de los otros, es decir ¡cómo voy a vivir el resto de mi vida! Y todo antes de los 9 - 12 años.

            Para poder entender y profundizar en el tema del Beneficio Psicológico es necesario conocer primero a que se refiere el “Argumento de vida”. Este es un concepto desarrollado en la teoría del Análisis Transaccional por Eric Berne (1979):
Cada persona decide en su primera infancia cómo vivirá y cómo morirá, y a ese plan que lleva en su cabeza dondequiera que vaya, lo llamamos guión (el Argumento se apoya en un guión). Su conducta trivial puede decidirla la razón, pero sus decisiones importantes ya están tomadas: con qué clase de persona se casará, cuántos hijos tendrá, en qué clase de cama morirá, y quién estará allí cuando lo haga. Puede que no ocurra lo que él quiere, pero él quiere que ocurra algo muy concreto. (pp. 45 -46)

El argumento sirve para poder explicar: Primero, de una forma científica porque actuamos y repetimos conductas negativas hasta el cansancio y, no hacemos nada por cambiarlas. Segundo, cambiar el concepto de ‘destino’ (asociado a un poder externo a nosotros: quizás mágico o divino), por la idea de que somos nosotros los que programamos un conjunto determinado de conductas, para poder lograr el Argumento definido desde la infancia y, así llegar a una meta negativa en mi vida. ¿Por que negativa? Observa los argumentos mas generales: Prohibición de pareja (ojo: la prohibición no indica que no puedo tener pareja, eso ocurre en los casos mas extremos, lo que indica la prohibición es que nunca podre mantener una relación de pareja estable para toda la vida, no importa la veces que lo intente o con quien lo haga, al final siempre destruiré la pareja). Prohibición de familia: puedo casarme y tener hijos, pero luego los abandono y, nunca tendré una familia permanente. Argumento de soledad: puedo tener personas a mí alrededor, pero al final me quedaré solo(a). Otros argumentos son: Se un fracasado, Se un perdedor, Se un ganador (no vayan a creer que es positivo, se trata de destruir a los otros para ganar yo, se trata de estar bien yo aunque el otro sufra). Otros Argumentos: No me superes; Quédate a cuidar viejos; No existas; No lo logres; No disfrutes; No seas de tu género…, la lista pica y se extiende, estos son solamente algunos ejemplos. Algo importante de mencionar, es que cuando no conocemos del proceso de formación emocional de nuestros conflictos, para justificar todo lo que me pasa en la vida, empezaré por echarle la culpa a los otros: pareja, padres, hermanos, jefe, compañeros, amigos, familiares… justificaré cualquier cosa en función de los referentes externos (locus de control externo), jamás aceptaré que se trata de mi propia conducta y de mis decisiones erradas y, menos aún, que fueron tomadas en mi proceso infantil.

            Detallemos uno de los argumentos más generales: El Argumento de soledad. (La soledad real es no tener a nadie con quien mantener una relación de intimidad emocional autentica. Por el contrario, la relación en intimidad es sentirme en comunión con otra persona y, el saber que esa persona nunca hará nada para dañarme, hay una entrega total en el compartir mutuo). Como seres humanos estamos obligatoriamente sujetos a un proceso de socialización, es imposible que vivamos solos. Desde que nacemos necesitamos de los otros para poder sobrevivir, mientras que la mayoría de los animales desde que nacen deben valerse por sí mismos (las tortugas nacen y corren al mar, nunca conocen a sus padres).  Las gacelas al poco tiempo de nacer ya deben correr, nosotros los humanos necesitamos de 3 a 12 años para aprender a correr más o menos bien, ¡hasta los corredores olímpicos se caen! Nosotros aprendemos y sentimos que necesitamos de los otros, pero a través de la formación de nuestros conflictos emocionales (Argumento) terminamos tomando decisiones que, aunque NO queremos, nos llevan a alejarnos y rechazar a las personas, sobre todo a aquellas con las que tenemos mayor interacción emocional, como ejemplo: relaciones de odio entre hijos y padres, divorcios, abandono de hijos, peleas, entre otras muchas. En este sentido, muchas veces sin darme cuenta, genero una serie de conductas que terminarán por alejarme de las personas, al final del tiempo, termino quedándome solo(a). La razón de ello, desde un enfoque simple, mis sentimientos de autoestima baja, el no sentirme querido, los cuales me hacen indigno de estar en compañía de los otros. Cuando no, guardo tal nivel de resentimiento que es imposible confiar en nadie ¡si no confío en el otro, ¿Cómo puedo estar a su lado?! Entendamos que las posturas extremas de cualquier Argumento serán siempre justificadas por los propios pensamientos de las personas en el Argumento. El Argumento les dice que pensar, sentir y actuar y, así poder cumplir con las órdenes que tiene cada Argumento.

            Lo segundo que debo conocer para entender la relación Beneficio Maldición, es la teoría del inconsciente de Freud, según dice el autor, toda la energía emocional tiene su centro en la mente inconsciente, la cual es a su vez, el almacén definitivo donde he guardado todos mis conflictos emocionales vividos durante toda mi infancia (mi basura emocional, diría Berne). Entendamos los conflictos emocionales como todas las experiencias negativas infantiles, con las cuales desarrollo y defino mi Argumento de vida, que por supuesto, también guardo en mi inconsciente. En mi mente inconsciente guardo todas las órdenes y mandatos negativos que mis figuras parentales me dieron, actuaron y modelaron durante toda mi vida infantil decisiva, junto a las decisiones que yo mismo tome al aceptar sus invitaciones negativas. Comprendamos también que estas órdenes emocionales, son mucho más poderosas que mi propia voluntad y deseos de lo bueno que quiero parea mí en mi vida. Las órdenes alimentan y controlan el beneficio psicológico que recibo al mantenerme ‘atado’ y dependiente de mi conflicto emocional.

¿Por qué no cambio lo negativo? Ello se debe a las sensaciones emocionales que me produce y que recibo del beneficio psicológico al mantenerme cumpliendo mi Argumento de vida. Primero, la gran mayoría de nosotros no conoce su propia basura en su inconsciente, no tiene conciencia de ello, de allí su nombre. Por lo tanto,  no están al tanto de reconocer lo que realmente controla y dirige sus decisiones y conducta en su vida (que son sus conflictos, no su lógica racional). Segundo, las ordenes emocionales son del tipo militar extremo: ¡se ejecutan y punto! No pueden ser cuestionadas ni desobedecidas. Cuando no cumplo las órdenes en mi inconsciente entro en una angustia extrema que me hace sentirme ‘mal’ con migo mismo(a), porque en vez de recibir el beneficio esperado, recibo una carga enorme de insatisfacciones, críticas y persecuciones emocionales de mis figuras parentales inconscientes, por no cumplir sus órdenes emocionales. Tercero, una vez que definí mi argumento, me pertenece y, como todo lo que me pertenece, no permito que nadie me lo quite. Lo defenderé cueste lo que cueste, incluso de la terapia y del terapeuta psicológico. Cuarto, el inconsciente tiene varias propiedades que le dan su poder: es alógico, es decir, no tiene lógica. La verdad tiene su propia lógica, que por supuesto no cuadra y no entendemos con nuestra lógica racional. El inconsciente es atemporal, no tiene tiempo, no existe la diferenciación del presente ni del pasado; es inespacial, no se aplican las nociones del espacio, lo gigante cabe en lo minúsculo, lo cuadrado entra en lo redondo, no se cumplen las leyes físicas… Mientras que yo y mi conciencia necesitamos del tiempo de descanso y del dormir, el inconsciente (como la ciudad de New York) nunca duerme, está siempre activo, actuando en mi cuerpo, en mis decisiones, en mi conducta, en ¡MI VIDA!

En resumen, el beneficio es lo que en sí mismo, me mantiene atado a mi Argumento negativo y a mis conflictos emocionales asociados, con lo cual se ha convertido en mi maldición emocional, porque no me deja cambiar, ni deslastrarme de mi Argumento. En sí mismo el beneficio es la sensación de bienestar inconsciente que me produce poder cumplir las órdenes de mis figuras parentales que, acepte y definí en mi vida y, que al cumplirlas, siento en lo inconsciente que ellos me aprueban y ¡ME QUIEREN! Porque el poder llegar a definir y aceptar mi argumento de vida, ha implicado un costo muy alto de mi sistema emocional, al punto que debí renunciar a quien era, para transformarme y aceptarme según me definieron mis figuras parentales. ¡Ahora no soy yo, soy lo que ellos quieren de mí! Y por lo tanto debo cumplir así sus órdenes, cuando lo hago me siento bien y recibo mi beneficio. Pero en realidad es una maldición del Argumento que me lleva inevitablemente al fracaso en mi vida, sea integral o en un rol particular: laboral, familia, social, pareja. Ejemplo: con un argumento de no tener pareja: haré inconscientemente todo lo imposible para separarme de la pareja y, cuando rompa la pareja estaré y me sentiré bien, ese es mi beneficio emocional, la maldición: me quedaré solo(a) y no podré cumplir con uno de los mandamientos más hermosos de Dios: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

Referencias:
Berne, E. (1979). ¿Qué dice usted después de decir hola? 9na edición, Barcelona. Ediciones Grijalbo

Kertész, R. e Induni, G. (1980) Análisis Transaccional para todos. Buenos Aires, Argentina. Editorial Conantal.


domingo, 10 de febrero de 2013

EL SUFRIMIENTO: realidad psicológica y espiritual


            EL SUFRIMIENTO: realidad psicológica y espiritual
por: J. Rafael Olivieri

¿Acaso olvidaron las palabras de aliento con que Dios les habló a ustedes como a hijos?
Él dijo: “Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor y no te des por vencido cuando te corrija. Pues el Señor disciplina a los que ama y castiga a todo el que recibe como hijo”
Hebreos 12:5-6

            El sufrimiento es otro de los temas de los cuales no es fácil hablar, pues, ¿Quién no ha sufrido en su vida? Con su experiencia personal e íntima consigo mismo, cada uno tiene su propia percepción de lo que es el sufrimiento y, de como lo ha vivido y padecido. Más complicado aun cuando entendemos el dicho popular que dice: “cada cabeza es un mundo”, dado que cada persona tiene su propio sistema de creencias emocionales, donde guarda todas sus verdades absolutas en las que cree ciegamente, las cuales no admiten cuestionamientos, sino únicamente a través de un proceso propio de cambio y decisión personal, que indudablemente no es fácil de hacer y, a su vez genera mucho sufrimiento durante la transición de cambio. Además el sufrimiento tiene múltiples raíces, algunas son propias de la experiencia de la persona en su intercambio emocional con sus semejantes (padres, hermanos, amigos, pareja, hijos), otras vienen como parte del complejo arte de vivir, por el simple hecho de estar en un lugar y en un tiempo determinado: la causalidad, le decimos los psicólogos. Entonces, como en la mayoría de los temas que trato aquí, solamente voy a dar un corto esbozo de este tópico, para intentar dejar la idea de que: aunque nadie quiere sufrir y, a nadie le deseamos sufrir, el sufrimiento es una etapa necesaria en la vida de toda persona que pertenece a la raza humana. Dependerá de tu actitud frente al sufrimiento los resultados que tú obtendrás de él.

            La verdad es esta: que a todos nosotros nos toca sufrir y, lo que es peor, nadie me puede garantizar que no me toque seguir sufriendo en el futuro, tal como nos lo recuerda Juan 16:33 al referirse a las palabras de Cristo: “Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo (la vida) tendrán muchas pruebas y tristezas (sufrimiento); pero anímense, porque Yo he vencido al mundo”. Esto nos garantiza que mientras estemos vivos tendremos que afrontar períodos de sufrimiento y algunos de pruebas que llegan a mi vida. Lo interesante del tema del sufrimiento es la necesidad de mezclar dos de nuestros elementos más íntimos: lo psicológico y lo espiritual, para poder manejarlo en un contexto más integral e interdisciplinario, ya que el mismo es una condición natural e inevitable de nuestras relaciones humanas (mundo psicológico) y, como afirma el versículo anterior de Juan, también es una condición ineludible de nuestro tránsito espiritual por nuestra vida. Prueba de ello es que muchas personas vienen a la consulta psicológica o, van al pastor o representante religioso correspondiente, en busca de consuelo para su sufrimiento. La realidad implícita del sufrimiento es que el mismo está unido a las consecuencias de mis decisiones emocionales, en este sentido, diría yo: ‘es 50% y 50%’. Pero no deja de ser cierto que existe una carga externa que no controlamos de la causalidad de nuestra vida, aquí tendría que aplicar la ley del 90 – 10, depende del lado de la moneda en que estés y, donde en todo caso, continuas en tu propia responsabilidad de canalizar tu situación emocional frente al sufrimiento.

            En este sentido sería interesante entender lo que nos enseña Freud cuando habla de la cualidad del Yo que denomina “ELLO”, al igual que Berne cuando habla del estado del Yo llamado “NIÑO”, así como lo reafirman, explican y trabajan otros tantos psicólogos y psiquiatras, para comentarnos acerca de la realidad de que: a este nivel emocional, nuestra mente está totalmente orientada a la búsqueda única y absoluta del placer y, por consiguiente, al rechazo y evitación de todo lo opuesto: el sufrimiento(que es lo que conocemos en psicología como el “Principio del Placer”. En dicho nivel mental (ello, Niño) están centradas nuestras emociones, prácticamente todo es inconsciente, allí reside el centro de nuestra energía psíquica, con la que tomamos la mayoría de nuestras decisiones de vida. El problema central no es que busque y desee lo que me causa placer, el problema es que, tal búsqueda, es imposible de lograr en todas las situaciones de mi vida, mucho menos en las interrelaciones interpersonales. Es necesario comprender que el placer, de por sí, es improbable de lograr de forma permanente y continua, pues estamos sujetos a un mundo real y cambiante en cada instante, donde es imposible perpetuar una situación de placer, que de hecho, únicamente dura hasta que surge una nueva necesidad dentro de nosotros. Por el hecho de tener y estar sujeto a esta búsqueda vital, como el centro y propósito prioritario de mi sistema emocional, es que al encontrar cualquier tropiezo o, tan siquiera enfrentarme a la posibilidad de no obtener, de lo que me rodea, mi necesidad de placer, es que se desata dentro de mí tal nivel de angustia, que me invita y me genera la sensación del sufrimiento.  El tema de nuestra búsqueda de placer me recuerda una muy buena descripción en Santiago 4:1, el cual dice:
¿Qué es lo que causa las disputas y las peleas entre ustedes? ¿Acaso no surgen de los malos deseos que combaten en su interior? Desean lo que no tienen, entonces traman y hasta matan para conseguirlo. Envidian lo que otros tienen, pero no pueden obtenerlo, por eso luchan y les hacen la guerra para quitárselo. Sin embargo, no tiene lo que desean porque no se lo piden a Dios. Aun cuando se lo piden, tampoco lo reciben porque lo piden con malas intenciones: desean solamente lo que les dará placer.

            Entonces, nos enfrentamos a una realidad psicológica y espiritual: la lucha interna que tenemos entre el enfoque hedonista de la búsqueda de placer a cualquier precio y, la realidad de toda vida humana, donde el sufrimiento es parte de la misma al igual que el aire y el alimento. Lo que me recuerda el versículo de Mateo 6:24 (aunque no es el contexto exacto): “Nadie puede servir a dos amos. Pues odiará a uno y amará al otro; será leal a uno y despreciará al otro…”. Tenemos esta realidad psicológica de la necesidad de buscar constantemente el placer y, nuestra agotadora lucha por evitar y huir del sufrimiento, que como toda lucha solamente nos destruye, desanima y frustra, quitándonos la esperanza y el deseo de vivir (nuestra realidad). Como diría Kübler-Ross: “no le tenemos miedo a la muerte, le tenemos miedo a vivir”. Queremos lo fácil y rechazamos lo difícil, pero esto no es la vida, aunque esta realidad vaya en contra de lo que todos queremos: ser felices, pero, para lograrlo ¡tienes que vivir! y el sufrimiento ¡es parte de la vida! Para completar esta idea, no olvides que la vida es un balance entre alegrías y tristezas, éxitos y fracasos, entre lo bueno y lo malo, que: ¡no se mide al final de cada día, sino, al final de cada vida!

            El sufrimiento en sí mismo es un mensaje, tiene su propia razón, su propia filosofía, funciona por sí mismo y, aunque tratemos de detenerlo y rechazarlo, el sufrimiento tiene vida propia. También es necesario entender que todo sufrimiento surge a partir de un evento en nuestra vida, bien sea que sea consecuencia directa de una acción mía o de una situación causal: injusticias, debilidades, culpas, una palabra, un recuerdo, una pérdida, abusos, algo que no se logra, un abandono, una ruptura y, miles de otras situaciones, que como tal me pertenecen, están atadas a mis procesos decisionales y, por consiguiente a las consecuencias de dichas decisiones, es decir: de las consecuencias de mis acciones. El sufrimiento, entre sus aspectos positivos, forma el carácter en medio del dolor, para creer esto, debemos medir los resultados finales, después de pasar por él. A veces debemos esperar lo que parece mucho tiempo, pero su razón y particularmente su fruto, llegará en el momento en que más lo necesitemos y, tal vez, cuando menos lo esperemos. No existe nada en mi vida que no tenga un ‘¿por qué y un para qué?’ Muchos piensan que el sufrimiento no es necesario, pero es el sufrimiento lo que nos da fuerza, lo que nos hace crecer. Un corazón que no se ha roto, es estéril y nunca sabrá de la felicidad de ser imperfecto. Además como recurso para sobrellevar mis cargas, me dieron la voz para expresar mi dolor. Expresarlo es necesario para que el dolor no me paralice ni sea mayor que yo. Al final, en mi proceso evolutivo puedo llegar a entender mi madurez como recompensa del sufrimiento, el cual me ha formado en la vida y en la persona que soy.

            Por otra parte, debemos ver el sufrimiento como un proceso que requiere su tiempo, su trabajo, nos recuerda nuestras debilidades, nuestros errores (lo psicológico) nuestros pecados (lo espiritual). Nos invita a tener a alguien a nuestro lado que nos acompañe, a pesar de que muchas veces queremos transitarlo solos. No deja de ser cierto, que en los momentos de mayor sufrimiento es cuando más necesitamos una compañía (humana o divina) que esté a nuestro lado, necesitamos la ayuda de otros más que nunca y, generalmente buscamos acercarnos a los otros, incluyendo a Dios. Buscamos respuestas, consuelo, salir del lugar emocional y espiritual en el cual nos encontramos en medio del sufrimiento. Debemos entender que el sufrimiento no es un enemigo, no es algo destructivo, sino por el contrario, es una experiencia necesaria para poder aprender lecciones grandes y profundas, que de no ser por el sufrimiento, nunca aprenderíamos y, que son necesarias para poder afrontar otros tiempos de crisis futuras o, en otra dirección, para apoyar a otros en su propio sufrimiento. En este sentido es un instrumento de aprendizaje de estas lecciones que necesitamos aprender, capacitándome para un mayor reto y para una mayor recompensa. Realmente se necesitan bases sólidas en la personalidad para poder pasar por el sufrimiento y “no morir en el intento”.
                       
            Quedarán preguntas abiertas como: ¿Cuál es la diferencia entre el dolor físico y el emocional? ¿Entre la amargura, el resentimiento y la seguridad del poder que tengo en mi propia capacidad de pasar por encima de cualquier prueba emocional? ¿La diferencia entre cercanía y conciencia de Dios? pues tengo la seguridad de que para Dios no hay imposibles, incluso, tengo la certeza absoluta, de que ÉL me puede librar hasta de las consecuencias de mis propias decisiones o pecados. Pero como lo he dicho, muchas situaciones de sufrimiento son producto de mis propias decisiones, no tiene nada que ver con Dios, ni con su voluntad, pero, existe la realidad de que si yo le pido su ayuda en medio de mi sufrimiento, una vez que lo invito a mi vida y a mis circunstancias, Él aprovechará las situaciones de mi sufrimiento para mi propio crecimiento. Dios usará y usa mis consecuencias para fortalecerme y, las aplicará como instrumento para enseñarme a apoyar a otros. ¿Cuál es la diferencia entre las pruebas, las consecuencias de mis decisiones y los eventos causales? Existe la realidad de que Dios permite el sufrimiento para que nos demos cuenta que estamos de paso en esta tierra, aunque no somos turistas, nuestro tránsito por la vida será breve, pero sí, debe estar acompañado de aprendizajes, decisiones y finalmente, consecuencias. En muchos versículos en la Biblia se nos invita a no amar a las cosas materiales, las cuales son aún más temporales que nosotros mismos: “Ya que han sido resucitados a una vida nueva con Cristo, pongan la mira en las verdades del cielo, donde Cristo está sentado en el lugar de honor, a la derecha de Dios. Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra”. Ciertamente puedes acumular riquezas y tener éxito de acuerdo a los parámetros de los seres humanos, pero todo eso también dejará de existir, al igual que tú. A ciencia cierta somos peregrinos y ciudadanos celestiales. Nunca te aferres a las cosas transitorias y pasajeras de este mundo, “porque en ellas tendrás aflicción” (sufrimiento).

Al margen de las posibles respuestas y de su profundidad, es necesario entender desde el punto de vista psicológico, que mi actitud será el elemento central que hará la diferencia de cómo comportarme frente a mi sufrimiento. Será mi capacidad de comprender que hasta la situación más dolorosa también va a pasar. No se trata de negar la realidad, se trata de darme cuenta de mis recursos, del poder que hay en mí para sobrellevar y resolver cualquier situación que me esté agrediendo. Comprender que como Ser Humano estoy sujeto al ‘principio de vida’, donde tengo la posibilidad de echar mano de todo el potencial que me da el poder de adaptarme, comprender y resolver, para bien, cualquier situación de sufrimiento. También me da, este principio de vida en mí, la seguridad de que puedo encontrar en mí mismo la capacidad, la fuerza, el deseo y la esperanza de lograr atravesar el proceso de sufrimiento que vivo y, salir victorioso de él. Mi actitud, basada en mi propia madurez, en mi confianza en mí mismo, será ¡Y ES! el poder que me permitirá atravesar el dolor de este momento y, me llevará a no permitir la derrota en mi vida, sino solamente a cumplir la meta que me permita ser el héroe y, el triunfador de mi propia vida. Hasta llegar al momento en que la vida misma me diga: ¡lo has hecho bien!

            Desde el punto de vista espiritual, Dios está en el control absoluto de cualquier prueba que ponga en tu vida, pues su propósito es probar tu fe, purificar tu vida, construir un carácter sólido y un modelo de vida en ti, que esté conforme al corazón de Dios. Recordando Romanos 8:28 “Y sabemos que Dios hace que todas las cosas (incluido el sufrimiento) cooperen para el bien de los que lo aman y son llamados según el propósito que Él tiene para ellos”. Dios quiere y espera nuestro bien, pero también quiere que actuemos bien. Él nos ayudará a pasar por el sufrimiento, porque sabe la cantidad, el tiempo y la intensidad que podemos soportar en cada prueba. Dios siempre tiene algo que decirnos en nuestro sufrimiento. Lo importante es que queramos y estemos dispuestos a escucharlo. Él siempre tiene un plan de acción para nosotros y para nuestro sufrimiento. Si estamos haciendo lo correcto Él nos ayuda, si hacemos lo equivocada, Él nos corrige. Quizás lo importante de comprender en mi relación con Dios, es que yo haré lo que me corresponda según mi responsabilidad en mi propia vida y, ÉL hará el resto que está más allá de mí mismo, para lo cual únicamente tengo que pedírselo conforme a su propósito para mí en su amor por mí. ¡En su promesa está que ÉL lo hará! Será cuestión de que yo lo crea o no. Porque como verdad final la compañía y el consuelo de Dios son más grandes que tu sufrimiento y, la última palabra siempre la tendrá Dios.