domingo, 10 de junio de 2012

GÉNESIS DE LOS CONFLICTOS EMOCIONALES

GÉNESIS DE LOS CONFLICTOS EMOCIONALES
Por J. Rafael Olivieri

“El hombre vive esencialmente dentro de un mundo personal y subjetivo. Sus actividades, incluso las más objetivas, son el fruto de propósitos subjetivos y de elecciones subjetivas”
(Rogers C., 1978, p. 17)

 El hablar de conflictos emocionales es un tema que “levanta ronchas”, pues implica, desde el punto de vista en el cual me voy a centrar, el tener que cambiar varios esquemas de pensamiento, así como el tener que remover y desarticular creencias que han estado arraigadas en cada persona desde su infancia. También tiene la particularidad de “alborotar el avispero de emociones” que cada uno de nosotros lleva dentro de sí mismo, la gran mayoría de las veces, sin tener consciencia de ello. Emociones que a pesar de pertenecer al pasado, están totalmente activas aquí y ahora afectando a cada terrícola existente. Vamos a tener que hacer como señala Berne (1974) “primero deshágase de toda la basura que se ha acumulado en su cabeza desde que llegó a casa saliendo de la clínica de maternidad” (p. 16). Es decir, el basurero municipal de la ciudad donde vivo es pequeño, comparado con mi “basurero personal de conflictos emocionales”.

 A veces, lo complicado de lograr es que los pacientes (eso te incluye a ti) acepten que son los dueños de tal “basurero”. Me encuentro en el consultorio con diferentes tipos de personas, lo que representa una abanico de opciones entre dos extremos interesantes: por un lado personas muy abiertas que casi de inmediato van comprendiendo y dándose cuenta de su basurero de conflictos, mientras que en el otro extremo, existen personas de “mentalidad cuadrada” para los cuales todo lo psicológico y emocional es sólo “charlatanería y producto de locos” (se entiende porque muchos de ellos, vienen obligados, por lo general por su pareja). Y no te cuento cuando me toca uno (fanático) que piensa que Dios le va a resolver todo, que él con seguir “AL PIE DE LA LETRA” la Palabra de Dios todo se le va a resolver. Se ve que no han leído a Santiago cuando dice: “2:9… cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores. 2:10 Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos (los pecados)”… no se, digo yo… 

La dificultad de aceptar esto se debe a que en algún momento de mi proceso de decisiones infantiles, asumí que mi “basurero” era creación mía, por lo que como tal me pertenece y, debo defenderlo sin importar el costo de tal acción, así sea mi propia vida (emocional). La verdad es que no es imposible aceptarlo y, desde el punto de vista de cualquier psicoterapia, es totalmente factible poder llevar a cabo un proceso de sanidad y limpieza emocional, que me permita liberarme de las cargas y conflictos emocionales que me afectan en mi vida cada día, deshaciéndome de mi basurero, en forma permanente.

A lo que me refiero con complicado es, que tiene que ver con un cambio de perspectiva muy importante, en el siguiente sentido: La mayoría de los grandes psicólogos y psiquiatras, quienes han dado origen a la casi totalidad de los movimientos psicológicos y psicoterapéuticos de hoy en día, han definido que en la etapa infantil de 0 a 5 años (los más conservadores hasta los 9 años) es crucial en el proceso de toma de decisiones con las cuales definimos todo nuestro proceso de vida adulto. ¡Sí, definí toda vida cuando ni siquiera tenía 5 años de edad! (por cierto ¿Tú fuiste niño alguna vez?). En ese sentido, el mundo integral del niño esta formado por un pensamiento de fantasía, emociones a flor de piel, alta vulnerabilidad por no poseer sólidos mecanismos de defensa emocional, total dependencia de las figuras parentales (Papá y Mamá) a quienes queremos y necesitamos complacer en todo y, por supuesto, la necesidad de definir un modo de vida  que me permita adaptarme a mi entorno social, cultural y familiar, para no solamente sentirme aceptado “por los demás” sino principalmente, sentirme amado por ellos, lo cual es vital para la vida y el desarrollo del niño, que un día será adulto (¿serás tú?).

El cambio se da cuando llego a ser un adulto. Ahora mi proceso de pensamiento es racional, lógico y abstracto. Le doy a mi pensamiento la máxima importancia y el poder absoluto de todo en mi vida, me creo la ilusión de que todas mis decisiones son tomadas desde mi lógica y mi razón (esto incluye la falacia de creer que mi cambio emocional está regido solamente por mi proceso de pensamiento o, ya que los metí en el paquete, de que Dios me va a cambiar sin que yo haga nada, léete Josué 1:9 “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes…”). Como consecuencia del poder de mi pensamiento, le quito la importancia a mis emociones, esas “cosas” que solamente me estorban en mi vida haciéndome sentir “MAL”. Ahora me dedico a ignorarlas, no expresarlas, tragándomelas dentro de mí, para que todos vean que yo soy “fuerte” y, que no me afectan las emociones. Tercero, producto de todos “los golpes” de la vida (físicos y emocionales), ahora poseo unos mecanismos de defensa realmente sólidos, con lo cual he creado unas potentes barreras para que lo externo no me afecte ni me haga sentir mal. Lo interesante de las barreras es que tampoco deja salir nada de lo que me enferma por dentro ¿curioso no?

Por otra parte, una gran cantidad de adultos tienen tal cantidad de rabia hacia sus figuras parentales, que no quieren saber nada de sus padres, o cuanto más lejos y menos fastidien mejor. Creen que ya no dependen de ellos, pero están igualmente encadenados emocionalmente, lo mismo que la otra gran mayoría de adultos que si viven dependientes de sus padres, bien sea a través de una “mamitis” de una “papitis” o de ambas. No voy a ahondar en el cuarto aspecto: la necesidad de sentirse amado. Basta que te revises a ti mismo(a), tienes una gran necesidad de sentirte amado y de amar a otro, pero ¿qué haces? Vives en conflicto constante con tu pareja, o estás solo(a), tienes miedo de una relación, vives controlando al otro para que haga lo que tú quieres o, te dejas controlar por el otro, nada de esto es amor, son conflictos emocionales, son la basura que llevas dentro de ti: autodestruyéndote.

La realidad es que el niño está más integralmente unido en sí mismo (pensamiento, emociones, defensas, dependencia, necesidad de sentirse amado) que el adulto. La mayoría de los adultos estamos desintegrados: pensamientos, emociones, defensas, amor, cada uno por su lado y todos en direcciones diferentes. De allí, la razón por la cual las decisiones emocionales infantiles tienen mucho más poder, duran más y son más difíciles de modificar, mientras que, la de los adultos requieren de más tiempo, esfuerzo y constancia para que puedan instalarse y tengan la posibilidad de comenzar a tomar el control de su proceso emocional de decisiones. Estos elementos y particularmente esta diferencia entre el niño y el adulto, es la que define tanto la pregunta como la inquietud principal de la gran mayoría de las personas en tratamiento emocional ¿Cuándo voy a cambiar… Cómo se hace para cambiar? La respuesta sigue siendo la misma: es tu tiempo y es tu decisión… es decir: ¡Es tu responsabilidad y compromiso! ¡Depende de ti mismo(a)! Como le dijo Jesús a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo…” (Juan 3:13) y, como dice Berne (1974) aprende marciano: “el marciano, si se aprende bien y se enseña bien, ayuda a eliminar estas plagas” (plagas = conflictos emocionales, la basura) (p. 17).

Con lo anterior (más o menos aclarado) responderé con una leve aproximación la pregunta clave de este artículo: ¿Cuál es el génesis de los conflictos emocionales? Para mí, siguiendo la línea de Freud, Jung, Fromm, Berne, Rogers y muchísimos otros autores, la razón es muy sencilla y profunda a la vez: LA NECESIDAD DEL NIÑO DE SENTIRSE AMADO.  Indudablemente primero por sus padres y luego por el resto de figuras a su alrededor. Es decir, la esencia vital de la decisión infantil es el sentirse amado y, el niño hará LO QUE SEA NECESARIO para sentirse amado, así sea renunciar a sí mismo (morirse emocionalmente) para hacer lo que sus figuras parentales (padres) quieren que el haga con y con todo en su vida, de acuerdo con el criterio de lo que ellos consideran “bueno para su hijo(a)” no importa si están equivocados. “los padres programan a sus hijos pasándoles lo que ellos han aprendido. Si son fracasados, les pasarán su programación de fracasados, y, si son triunfadores, les pasarán esta otra programación” (Berne, 1974, p. 53). 

Tanto el Salmo 139 (del 13 al 17: Dios me tejió) como el principio de la psicología humanista de nacer bien, nos dicen que el niño nace EN, POR Y PARA EL AMOR. Los que tienen la dicha de nacer en un hogar con padres que tienen AMOR VERDADERO, se desarrollan en este ambiente y tendrán modelos para el triunfo en sus vidas. Pero… los que hemos tenido la desgracia de nacer en un hogar cuyos padres no tienen, no saben transmitirlo, o su amor es del tipo de “amores que matan”, que son críticos, sobre exigentes, descalificadores, sobre protectores, ausentes, maltratadores físicos y/o verbales, abandonantes, se divorciaron, regalaron a sus hijos a algún familiar y para de contar, porque la lista además de extra larga, nos toca (pienso yo, a más del 90% de las personas en este mundo, cuidado si no más… y, que de seguro, te incluye a ti tanto como a mí). En este sentido, el niño (tú) no sentirse amado, aceptado, valorado… empieza a ensayar diferentes conductas hasta que logra encontrar la que a sus padres “SI LES GUSTA” y al recibir los estímulos y los refuerzos que los padres le dan, el niño decide cambiar su propia necesidad de ser amado, por “EL COMPLACER” a sus padres para así poder recibir las migajas de amor que estos le dan. La expresión es: “si TÚ quieres que YO te quiera, TÚ tienes que hacer lo que YO te diga y lo que YO quiero que tú hagas”.

Como indique anteriormente, cada padre está programado de una forma particular, así hay padres que “NECESITAN” que sus hijos sean unos “ganadores” no importa si sus hijos tienen que pisar a los demás para lograrlo, si viven en la rabia constante, si tienen que culpar y desvalorizar a los demás, no tienen derecho a disfrutar nada de lo que hagan, no importa si terminan con un infarto, un cáncer, un ACV siempre y cuando ganen. Hijos que luchan y luchan tratando de huir del miedo que los atrapará si llegan a fracasar, porque fracasar es que no me quieran, pero… tarde o temprano “el destino los alcanza”. Otros padres necesitan que sus hijos “no crezcan” (emocionalmente) que siempre estén con ellos, que si estudian sea para cuidarlos y darle todo a ellos. Sus hijos no tienen derecho a tener pareja o familia y, si por cosas de la vida lo consiguen, tienen que destruirlo para volver con papi o mami. Hijos que no tienen derecho a su propia vida, sumidos en la tristeza y la soledad, sintiéndose incapaces de lograr una vida propia, con miedo a que nadie los amará, porque solamente papi y mami son quienes sí lo pueden hacer. Hijos incapacitados viviendo en enfermedades, autodestruyéndose en la droga o el alcohol para seguir dependiendo, porque sienten que no tienen la capacidad para vivir sus propias vidas. Otros padres viven solamente para maltratar, para destruir a sus hijos hasta que estos llegan a la cárcel, al cementerio o al hospital mental, son padres que invitan al hijo a la autodestrucción.

De esta manera los conflictos emocionales surgen (aquí viene la receta de cocina): primero: en la interrelación con sus figuras parentales, los hijos siente que tienen que complacer a papi y mami para que los quieran. Cuando los hijos tratan de defenderse (su derecho a ser ellos mismos) exigiendo un amor “incondicional” en lugar de un amor “condicionado”, solamente encuentra negativas, agresión, descalificación, amenazas, desaprobación, miedo, rechazo entre otras muchas, que llevan al niño a la desesperanza y a la comprensión de que solamente haciendo lo que ellos quieren es como me van a querer y, como necesariamente dependo de ellos “para todo” no me queda más remedio que aceptarlos y empezar a complacerlos.

Segundo, esta realidad mueve una gran cantidad de emociones: rabia, tristeza, miedo, desilusión, desesperanza, incapacidad, injusticia… que solamente pueden traducirse en la mente del niño como “mis padres no me quieren”, generando a su vez emociones de descalificación y desvalorización que acaban con los intentos del niño por mantener su propia identidad emocional. Frente a tal desborde de emociones (“basura”) y frente a la propia incapacidad del niño de defenderse de las mismas, así como a la necesidad de proteger su integridad mental, hace (inconscientemente) que sus propias defensas emocionales entierren toda esta “basura” en la mente inconsciente, la cual está dentro del niño, la misma no se borra ni se olvida, no importa el tiempo que haya pasado desde que fui un niño alguna vez en el tiempo.

Tercero, por lo general, estos eventos no ocurrieron una única vez, son producto de un proceso en el tiempo: donde mis figuras parentales me bombardearon con toda esta “basura” una y otra vez, no solamente en varios días, sino, muchas veces por día, por meses, por años, ¡hasta que ya!, mis defensas emocionales no pueden más y se produce el fatídico proceso de decisión infantil, donde YO decido: “Renuncio a ser quien YO quiero ser y a vivir mi propia vida como YO quiero, para sobrevivir de acuerdo con lo TÚ me mandas y quieres para mí”. A partir de ese momento el niño entierra su YO original y auténtico, para asumir un nuevo yo “ADAPTADO” a los requerimientos de los otros, viviendo la fantasía y la mentira, que tantos repetimos continuamente “es que yo soy así”. Al respecto Berne (1974, p. 45-46) dice:

Cada persona decide en su primera infancia cómo vivirá y cómo morirá, y a ese plan, que lleva en la cabeza dondequiera que vaya, lo llamamos su guion. Su conducta trivial puede decidirla la razón, pero sus decisiones importantes ya están tomadas: con qué clase de persona se casará, cuantos hijos tendrá, en qué clase de cama morirá y quien estará allí cuando lo haga. Puede que no ocurra lo que él quiere, pero él quiere que ocurra algo muy concreto.

 Eso, en pocas y resumidas palabras, es el génisis de los conflictos emocionales. Como la mente es un proceso universal de todos los seres humanos, entonces todos (lo acepten o no) de una u otra forma, en uno u otro grado estamos afectados por este proceso y, tenemos nuestro propio y privado “basurero” emocional. Afortunadamente para nosotros, dado el maravilloso regalo de nuestro libre albedrío y dominio propio y, que también fuimos bendecidos con una mente que puede redecir, reprogramar el guion de vida, que puede lograr recuperar nuestra propia identidad y nuestra propia vida. Tengo en consecuencia el potencial y la posibilidad de aprender a vivir mi propia vida como yo quiero vivirla, decidiendo como yo quiero ser, a pesar de mis padres. No es un proceso fácil ni corto, requiere tiempo, esfuerzo, compromiso, responsabilidad entre otros elementos, pero el resultado final, para aquellos que terminen la carrera, no tiene precio: una vida en calidad, seguridad, armonía, felicidad, compañía, particular y especialmente llena de un amor verdadero que me permitirá, en primer lugar, liberarme de mi basura y, segundo, sanear el camino para compartirlo con los otros (pareja, hijos, padres…) en amor incondicional.

Te invito a limpiar tu “basura emocional” y a vivir la vida que Dios diseño especialmente para ti, de la cual tú eres el único dueño y el único responsable de lograrlo.

¡Es tu derecho!

Dios te bendiga grandemente siempre.

Berne, E. (1974) ¿Qué dice usted después de decir hola? España. Grijalbo