domingo, 26 de febrero de 2012

CRECIMIENTO EMOCIONAL

CRECIMIENTO EMOCIONAL
Por J. Rafael Olivieri

            Hace un tiempo atrás me llegó por internet un correo de una amiga que contenía el texto que a continuación les transcribo. Lamentablemente no traía la referencia del autor original, por lo que les reitero que no es mio. Sin embargo, estoy totalmente de acuerdo con su contenido, pues explica maravillosamente uno de los elementos involucrados en lo que conocemos como crecimiento emocional, es decir, lo comentado en dicho texto es parte de las consecuencias que viven aquellos, que en un momento particular de sus vidas, deciden iniciar un proceso de cambios reales y profundos, desde mi punto de vista, un proceso psico-terapéutico.

            Ya en un escrito anterior de mi Blog les conversé acerca del ‘Cambio Psicológico’, pero la verdad existen varios procesos de crecimiento, donde las personas pueden llegar a hacer un crecimiento emocional real. Algunos tiene que ver con procesos espirituales, otros culturales, sociales, e incluso, situaciones de enfermedades graves o, eventos de vida o muerte, entre otros. La realidad es que, independientemente del origen del crecimiento emocional, estos cambios transforman completa y profundamente el sentir de la persona, su actitud, sus intereses, sus necesidades y particularmente su ‘Sistema de Creencias’, y como diríamos en AT, de su forma de intercambiar ‘Caricias emocionales’. La suma de estos cambios es lo que te promueve hacia el crecimiento del nuevo nivel emocional, es decir, del nuevo escalón de la escalera.

Tal como les dije, estoy muy de acuerdo con el contenido del texto en cuestión, aunque es necesario comentarles que, si bien puede ser cierto que se tengan en algún momento deseos de bajar de nuevo algún escalón (como dice el texto), esto sencillamente es imposible, pues el crecimiento no regresa, siempre va hacia adelante. Tal como leí en algún libro hace muchísimos años atrás: “cada vez que la mente crece y cambia su tamaño al incluir un nuevo aprendizaje, jamás puede volver al tamaño anterior” (sin la referencia).  Tampoco estoy de acuerdo con la expresión de “porque esta escalera es mágica”, todo lo contrario, ya debes saber que el cambio emocional requiere de tu decisión, esfuerzo, dedicación, compromiso y responsabilidad para poder lograrlo. Bien les dejo con el texto indicado, para que lo disfruten, luego completo otros comentarios:
 

TODOS VAMOS CAMBIANDO DE NIVEL, COMO EN UNA ESCALERA...
Imagina que estás frente a una gran escalera...esta junto a ti esa persona que es importante para ti... (novio/a, esposo/a, amigo/a etc.)...y están fuertemente tomados de la mano...

Mientras están en el mismo nivel... todo está perfecto...es disfrutable. Pero de pronto... tú subes un escalón... pero esa persona no... esa persona prefiere mantenerse en el nivel inicial... ok... no hay problema... es fácil aun así están tomados de las manos...

Pero tu subes un escalón más...y esa persona se niega a hacerlo...ya las manos han empezado a estirarse y ya no es tan cómodo como al principio...subes un escalón más...y ya el tirón es fuerte...ya no es disfrutable y empiezas a sentir que te frena en tu avance...pero tú quieres que esa persona suba contigo para no perderla...

Desafortunadamente para esa persona no ha llegado el momento de subir de nivel...así que se mantiene en su posición inicial...subes un escalón más...y ya ahí si es muy difícil mantenerte unido...te duele...y mucho...luchas entre tu deseo de que esa persona suba...de no perderla...pero tú ya no puedes ni quieres bajar de nivel...

En un nuevo movimiento hacia arriba....viene lo inevitable...y se sueltan de las manos...puedes quedarte ahí y llorar y patalear tratando de convencerle de que te siga...que te acompañe...puedes incluso ir contra todo tu ser y tú mismo/a bajar de nivel con tal de no perderle...pero después de esa ruptura en el lazo...ya nada es igual....así que por más doloroso y difícil que sea...entiendes que no puedes hacer más... más que seguir avanzando...y esperar que algún día... vuelvan a estar al mismo nivel.

Eso pasa cuando inicias tu camino de crecimiento interior...en ese proceso...en ese avance pierdes muchas cosas: pareja...amigos...trabajos...pertenencias...todo lo que ya no coincide con quien te estás convirtiendo ni puede estar en el nivel al que estás ascendiendo...

Puedes pelearte con la vida entera..., pero el proceso así es. El crecimiento personal es eso... personal... individual... no en grupo... puede ser que después de un tiempo esa persona decida emprender su propio camino y te alcance o suba incluso mucho más que tu...pero es importante que estés consciente de que no se puede forzar nada en esta vida.

Llega un momento... en tu escalera hacia convertirte en una mejor persona... en que puedes quedarte solo/a un tiempo... y duele... claro que duele... y mucho... pero luego, conforme vas avanzando... te vas encontrando en esos niveles con personas mucho más afines a ti... personas que gracias a su propio proceso... están en el mismo nivel que tú y que si tú sigues avanzando... ellos también...

En esos niveles de avance ya no hay dolor... ni apego... ni sufrimiento... hay amor... comprensión... respeto absoluto...

Así es nuestra vida amigos/as... una infinita escalera... donde estarás con las personas que estén en el mismo nivel que tú... y si alguien cambia... la estructura se acomoda.

Me costó mucho soltarme... aún después de una fuerte ruptura seguía viendo para atrás.... esperando un milagro... y el milagro apareció...pero no de la manera en que yo hubiera supuesto... apareció bajo otros nombres... otros cuerpos... otras actividades... perdí a una amiga... y gané a 20 más... perdí un mal trabajo y ahora tengo un excelente trabajo y con oportunidades de tener más de lo que soñé alguna vez.... perdí un auto que no me gustaba y ahora manejo el auto de mis sueños... perdí a la persona a la que creí amar... para darme cuenta que ahora lo que tengo en este momento de mi vida... ni siquiera podía soñarlo hace unos cuantos meses....

Cada pérdida... cada cosa que sale... es porque así tiene que ser... déjales ir... y prepárate para todo lo bueno que viene a tu vida...tu sigue avanzando y confía... porque esta escalera es mágica y si no me crees...porque no lo compruebas por ti mismo/a.

AHORA, TODOS PODEMOS ENTENDER PORQUÉ NOS ENCONTRAMOS CON DIFERENTES PERSONAS EN LA VIDA Y PORQUÉ OTRAS SE QUEDAN ATRÁS.
---------------------------  fin del texto original (autor desconocido) ---------------------
 
            Quizás sea bueno entender que aunque del cambio que estamos hablando, sus resultados serán siempre para positivo, aumentando tu calidad de vida, tu felicidad, así como una mejora segura de todas tus relaciones interpersonales, especialmente la de pareja (en mi criterio personal: la más importante y necesaria de todas), donde habrá una sanidad integral de todas las áreas de tu vida, no deja de ser cierto, que cambiar hacia un escalón superior, implica a su vez un proceso de pérdida de las cosas que dejé en el escalón anterior, no importa si ya no me eran ‘necesarias’. La verdad es que todo cambio implica a su vez, en mayor o menor grado, un proceso de duelo, que inevitablemente debo vivir. Lo que si te garantizo es que de todo proceso de duelo, adecuadamente cerrado, siempre saldrás fortalecido y con un mayor crecimiento con la experiencia vivida. Donde la ventaja será que todas las cosas y personas que consiga en el nuevo nivel, serán indudablemente mucho mejores que los dejados atrás.
 
            Quería hacer un comentario adicional, pues no deja de ser una realidad de este proceso de crecimiento emocional, que entre algunas de las relaciones que inevitablemente se dejan atrás, está precisamente la de algunas parejas legalmente constituidas, es decir, en matrimonio. Los que conocen mi posición en relación al divorcio, saben que no estoy de acuerdo con el mismo. Es mi posición personal que toda pareja merece una segunda, tercera… “enésima” oportunidad, pues estoy convencido de que cualquier conflicto emocional puede ser resuelto, y encontrada su solución, sí ambos realmente así lo quieren y, así lo deciden. Aunque no deja de ser cierto y, entiendo que debe ser así, que hay causales de divorcio que son completamente válidas: maltrato físico, psicológico, drogas, e infidelidad repetida sin intención de arrepentimiento, que hacen imposible la convivencia de la pareja, precipitándola hacia la ruptura definitiva. En todo caso eso siempre será una decisión de la pareja en su conjunto.
 
            Ahora, debemos añadir la del cambio emocional, pues, cuando dicho cambio es sólo de uno de los dos, y el otro no participa del mismo, quedándose en su escalón, por las razones que sea (ej. Tú eres quien tiene que ir al psicólogo, tú eres quien está loco/a… el que dice esto es quien realmente está jod…, porque no entiende que toda relación es 50% y 50% de responsabilidad tanto para lo bueno como para lo malo). Al haber un cambio de nivel emocional, ya las cosas ni son ni se viven iguales, por lo que, por lo general, quien no ha crecido termina rompiendo la relación, vamos a llamarlo: “por incompatibilidad de caracteres” para no dejar. Ciertamente la gran mayoría de las veces quien ha crecido busca la reconciliación y propone la invitación al cambio del otro, más este otro no acepta, lo que hace la separación 99% segura. Cómo dice el Apóstol Pablo en 1 de Corintios 7 al hablar de los problemas del matrimonio: “…y ella consiente en vivir con él, no la abandone… y él consiente en vivir con ella, no lo abandone… pero si el incrédulo (el que no cambia) se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios”. Si realmente has hecho tu crecimiento emocional, vivirás tu duelo, pero una vez cerrado el mismo, 100% seguro que si lo decides, encontrarás a otra persona que comparta contigo tu nuevo nivel, pues también, será el mismo en el cual se encuentra el otro, cambiando así hacia una relación como “Dios manda”…
 
            Lo anterior me recuerda, puede que les suene duro, pero, no deja de ser una realidad, que hay personas que juran que han hecho su cambio emocional, y creen que ahora se encuentran en la azotea del edificio, cuando ni siquiera han salido del sótano donde siempre han estado. Usan su supuesto cambio como excusa para romper su relación de pareja, cuando en realidad sólo están actuando su propia “prohibición de pareja” y cumpliendo su argumento de soledad. Como es lógico, esto indudablemente no lo van a admitir, pues desde que Adán y Eva nos enseñaron a echarle la culpa al otro, siempre el otro es el que está equivocado, el otro es el que no sirve y por supuesto el otro es quien tiene la culpa de todo, como dice el refrán popular: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.
 
            Realmente puede haber, en relación a este tema, muchos otros puntos por comentar, pero por razones de espacio y tiempo lo dejaré hasta aquí. Lo que si, y esto es válido para los otros temas del Blog, es que si tienes preguntas o sugerencia con relación a los temas tratados me puedes escribir a mi correo “rafael.apoyo.psike@gmail.com”, tal vez con ellos pueda desarrollar más artículos para el Blog, aunque tengo varios en cola esperando su momento de nacer. Y como siempre:

Te invito a continuar tu crecimiento emocional, y a seguir subiendo los escalones para que descubras el ser infinitamente maravilloso que eres y, tanto en lo psicológico como en lo espiritual logres llegar a tu autorrealización.
Que Dios te bendiga infinitamente según su voluntad para ti.


martes, 7 de febrero de 2012

LA CULPA, MI EMOCIÓN AUTODESTRUCTIVA

LA CULPA, MI EMOCIÓN AUTODESTRUCTIVA
Por: J. Rafael Olivieri
 

“La culpa es una reacción emocional aprendida que sólo puede ser usada si la víctima le muestra al explotador que es vulnerable a ella” Dyer (1982, p. 137)
 

            Miles de lágrimas, preguntas, inquietudes y otras manifestaciones emocionales muestran los pacientes en la consulta, cuando en su proceso se trabaja la culpa. Su pregunta clásica, desde la impotencia que produce esta emoción, es: “¿Qué puedo hacer si me siento culpable?” Es indudable que la respuesta, no sólo debe estar dirigida en función de la persona que pregunta y su propio contesto, sino, más difícil aun, hacer que esa ‘tan anhelada’ respuesta surja del mismo paciente. Yo pienso que cada persona que asiste a terapia, debe ser invitada a encontrar sus propias respuestas, pues estas tienen que estar completamente ajustadas a la situación personal y única de quien pregunta. ¿Y quién conoce mejor tu situación y lo que tú necesitas para resolverla? ¡Tú mismo(a)! Comprendo que mi función es acompañar a mi paciente en su proceso, darle información, opciones, mostrarle ‘un espejo’ dónde se descubra a sí mismo, e invitarlo a que decida su propio crecimiento y bienestar, para que, indudablemente, cuando llegue su momento, pueda decidir y autosustentarse en su vida emocional, sin la necesidad del apoyo que le damos durante su permanencia en el proceso terapéutico.
 
            Es precisamente, la culpa, una de las emociones que más se opone a dicho bienestar de ti mismo(a). Para comprender esto hay que entender, qué es la culpa y cómo es su proceso en las personas. En este sentido, hay dos posturas que me interesan resaltar, de entre las muchas que existen. Primero, está la consideración de Dyer (1982) quien opina que la culpabilidad es en principio una emoción inútil y, paraliza a la persona, la hace perder su energía viviendo en situaciones del pasado, perdiendo el presente y su potencialidad. Este autor dice: “La culpabilidad quiere decir que despilfarras tus momentos presentes al estar inmovilizado a causa de un comportamiento pasado” y “Con la culpa, te fijas en sucesos pasados, te sientes abatido o molesto por algo que dijiste o hiciste y gastas tus momentos presentes afligido” (p. 127). A pesar de ello, no deja de ser cierto que, muchos, con la sensación de culpa, quieren cambiar lo que a todas luces es imposible cambiar, la realidad es: no importa cuan grande sea tu culpa, no puedes modificar tu pasado. Tu opción es vivir un presente diferente con cambios emocionales reales.
 
            La postura de Dyer (1982) habla de la autodestrucción de vivir constantemente recordando el pasado y sintiéndose mal por lo que hicimos en él. Gastando nuestra energía cuando rumiamos nuestros pensamientos en expresiones como ‘si no hubiera hecho eso’ o ‘si no hubiera dicho eso’, siempre resaltando el condicional ‘si’. Dice Dyer (1982) “No hay sentimiento de culpa por grande que sea que pueda alterar el comportamiento pasado” (p. 139). Peor aún, es el hecho de que dejamos de vivir el presente, al inmovilizarnos mirando hacia atrás, no podemos avanzar ni estar atentos a lo que sucede en el aquí y en el ahora. Dejamos de disfrutar del único instante real de nuestra existencia: el hoy. Cabría preguntarte ¿a qué le tengo miedo en mi momento presente? Pues, uno de los mayores y más comunes miedos de las personas es ‘el vivir aquí y ahora’. Las razones, sencillas y complicadas a la vez: vivir el presente implica tu responsabilidad de usar tu tiempo en actividades de crecimiento, cambio, disfrute, aprobación a ti mismo, interrelaciones sanas con los otros, entre otras muchas. Llevamos una carga tan grande con la culpa que no podemos avanzar. ¡Ah! Importante, la culpa nos invita a echarles la culpa a los otros, para evadir mi dolor, es una defensa, así justifico que ‘el problema son ellos’, ellos son los que tienen que arreglarlo, ¡no Yo! Poco útil para un proceso de madurez y de independencia emocional.
 
            Desde la postura de Dyer (1982), para poder solventar el sentimiento de la culpa, sería necesario empezar a ocuparse de vivir el presente, centrarnos en nosotros mismos y comprender que definitivamente el pasado no puede ser modificado. Yo le añadiría un par de elementos con los que trabajo: la decisión de renunciar a las situaciones no resultas del pasado y, particularmente, la aplicación ‘autentica’ del perdón, empezando por el perdón a mi mismo. Del perdón ya escribí anteriormente, es probable que en otro momento comente sobre estos dos conceptos más ampliamente, pues, para mí, son claves en el proceso de sanidad emocional.
 
            La segunda postura es la presentada por Palmero (2002), que, es la que más me interesa mostrarte, debido, por una parte, a la altísima frecuencia con la que la plantean mis pacientes y, por la otra, debido al profundo daño emocional que esto les causa a ellos. Para este autor la culpa es una ‘emoción social’, es decir, está condicionada en las relaciones interpersonales (mi trato con los otros). Y fundamentalmente, es una emoción ‘autovalorativa’ (aquí está el ‘meollo’ del asunto), somos nosotros mismos los que nos juzgamos en todo lo que hacemos y decimos. Estaría bien si sólo lo hiciésemos desde el punto de vista de la responsabilidad de nuestra conducta, pues la responsabilidad implica un componente de madurez y de amor a mí mismo. El problema surge cuando lo hacemos desde nuestro sistema emocional de autocrítica y, para rematar, desde la postura ‘negativa’, dado que la conclusión inevitable será: ‘YO LE HICE algo malo al otro, por tanto: Yo soy una persona mala’. Este pensamiento es el que nos hace sentirnos culpables, y nos empuja hacia el ‘circuito’ de la culpa, que una vez entrado en ella, la secuencia de los eventos será inevitable y, me llevará finalmente, en la mayoría de los casos, a una conducta autodestructiva. Voy a explicar esto más detallado:

            La culpa como emoción social es aprendida desde que éramos niños, es decir, como niños dependemos de otros (lo frecuente: papá y mamá), estos otros nos ‘socializan’ para que podamos recibir la aprobación, ¿de quién? de ellos primeramente y de otros ‘otros’ en segundo lugar. Tal como dice Palmero (2002) referente al origen de esta emoción de culpa: “…estas reacciones emocionales ante la propia conducta surgen como fruto de la internalización, al principio muy superficial y rudimentaria, de la aprobación-desaprobación parental” (p. 375). Es decir, mis figuras parentales me enseñan a sentir lo que hago bien y mal. Cuando para ellos está mal, me enseñan a sentirme culpable. No olvides que ellos, en esa época, tienen poder absoluto sobre mí y sobre mis emociones (lamentablemente, hay muchos padres que aunque eres un adulto hoy, todavía tienen poder sobre ti). De tal forma, que al ser aprendida y aceptada la culpa, (ojo) POR MI MISMO, formará parte permanente del sistema de creencias emocionales que me definen inequívocamente como el YO que soy. Y la culpa será parte activa de ese sistema y de mi mismo. No sin razón Dyer (1982) nos dice: “La culpa es uno de los métodos más eficaces que tienen los padres para manipular las acciones de los niños” (p. 133). ¡Y de muchos de ustedes hoy en día!
 
            Sigamos, que esto se pone bueno, Una vez que me siento culpable, y que indudablemente, es por algo que ‘yo hice’, me valoro como una ‘persona mala’ sintiéndome muy mal por ello. Con esta valoración y sentimiento, el siguiente pensamiento es ¿cómo hago para volver a sentirme una ‘persona buena’? En línea con esta idea señala Palmero (2002): “La persona que se siente culpable siente la necesidad de reparar de algún modo la falta, la necesidad de pedir disculpas y, en la medida de lo posible, enmendar la acción” (p. 376). Si la decisión de “reparar la falta” es por algo que yo, intencional o no, realmente hice mal, me sirve para reflexionar sobre mi conducta y, tomar una decisión de cambio que me permita crecer emocionalmente, esa culpa está bien, porque se trata del lado positivo de la culpa y, es una conducta empática que tiene misericordia del otro. Está, por así decirlo, hermanada con el remordimiento y el arrepentimiento, es decir, con la decisión de cambiar para no seguir cometiendo esa falta. Pero, cuando es porque me niego a una petición que me hace otra persona, que me pide algo que no me conviene, que no puedo, va en contra de mis principios, o sencillamente no lo quiero hacer y, la respuesta manipulativa del otro frente a mi negativa ‘me hace sentirme culpable’, ahí es cuando “se sube la gata a la batea”.
 
Para entenderlo Shinyashiki (1993) nos aclara lo que es una manipulación: “es la maniobra para conseguir que los otros hagan algo que no están dispuestos a hacer (o que no les conviene hacer)” (p. 45). Mientras que Dyer (1982) nos dice: “La culpabilidad en nuestra cultura es una herramienta útil para manipular a los demás” (p. 147). Y Palmero (2002) nos termina de aclarar que: “Los sentimientos de culpa favorecen el sometimiento del sujeto a las demandas de los demás, en especial, a las demandas de la autoridad (léase papá y mamá), prestándose así a la manipulación en los más diversos ámbitos,…” (p. 385) de la persona que experimenta la culpa. Allí está lo autodestructivo, para volver a ser ‘una persona buena para el otro’ tengo que hacer lo que el otro quiere, sacrificándome a mi mismo, llenándome de malestar (rabia y / o tristeza, entre otras emociones ‘negativas’), sintiéndome mal con migo mismo, y lo peor, me lo tengo que tragar, envenenándome cada vez más y más. ¿Qué tal?

            Los ejemplos de esta situación llenan el consultorio constantemente, pues la manipulación no sólo son palabras, también incluyen gestos, actitudes, miradas que te han enseñado y preparado toda tu vida, para sentirte culpable, cuando a ellos les conviene. Frases como “me vas a dejar sola… mira lo que me haces… tu no me quieres… me voy a enfermar… etc… etc… etc…” son una pequeña idea de las miles de situaciones donde otro te manipula con culpa, tú debes descubrir cuáles son las que te aplican a ti, y aprender a salir de ellas, para lograr, principalmente, tu auto-independencia emocional. Dice Dyer (1982) “El tipo de mentalidad de <Yo me sacrifiqué por ti> es un productor-de-culpa sumamente eficiente” (p. 132). La razón está ya dicha, te lo han enseñado toda tu vida, a través de miles de formas, que desde tu infancia y ahora, han servido para que les des el poder del control sobre ti, gracias a la culpa, y muy probablemente, también por una mala interpretación de lo que realmente significa honrar, amar y respetar al otro.
 
            Finalizando, la sensación de culpabilidad tiene un carácter muy negativo para las personas, son sentimientos fuertemente inhibitorios, se asociación con la necesidad de reparar el ‘daño’ y de castigo (todo culpable merece un castigo), para ser de nuevo ‘la persona buena’. El costo es muy alto: tu autoafirmación, felicidad y el derecho a tu propia vida, pues debes hacer lo que el otro quiere. Resolver y salir del ‘circuito’ de la culpa es un proceso que tú puedes hacer y, cuyos beneficios durarán toda tu vida, donde no sólo saldrás tú beneficiado, sino aquellas personas que están a tu lado. Como yo frecuentemente digo: ‘Todo tu crecimiento y autodesarrollo emocional, sólo tiene sentido, cuando puede ser compartido con el otro al cual amas. Porque amar al otro, es potenciar su propio crecimiento’. Y Dyer (1982) nos dice: “Una vez que logres desconectar la culpa, la posibilidad de manipularte y de controlarte emocionalmente habrá desaparecido para siempre” (p. 145). Es decir, podrás ser libre emocionalmente para decidir sanamente tu propia vida, no dándole cabida a ningún sentimiento manipulativo de otro cualquiera. No importará quien sea, lo que diga o haga, ya no le darás más poder sobre ti ni sobre tu vida.
 

Te invito a liberarte de la culpa (negativa), para que descubras, lo maravilloso de ser libre.
 

Dyer, Wayne. (1982). Tus zonas erróneas. Argentina: Editorial Grijalbo
Palmero, F. (2002) Psicología de la Motivación y la emoción. Madrid, España: McGraw-Hill
Shinyashiki, R. (1993). La caricia esencial. Una psicología del afecto. Colombia: Editorial Norma