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jueves, 8 de octubre de 2026

LA SEXUALIDAD EN LA PAREJA

LA SEXUALIDAD EN LA PAREJA

Por: José Rafael Olivieri Delgado (Jul 2022)

 

“Bésame, una y otra vez, porque tu amor es más dulce que el vino. 
¡Qué agradable es tu fragancia!
    Tu nombre es como el aroma que se esparce de aceites perfumados. 
¡Con razón todas las jóvenes te aman!
¡Llévame contigo, ven, corramos!
El rey me ha traído a su alcoba.”
(Cantar de los cantares de Salomón, Cap. 1:2-4)

 

            Si anteriormente se comentó que definir y hablar del amor ‘se las trae de por sí’, la sexualidad igualmente representa, en las relaciones de pareja, un campo que ‘pica y se extiende’. Mucho más, si consideramos las múltiples opciones que hay de abordarlo, porque de ella hay incontables narraciones, escritos e investigaciones de todo tipo. Entre estas, podemos mencionar algunos ejemplos conocidos como los textos del Marqués de Sade, el Kama Sutra, y por supuesto, los estudios que cambiaron el enfoque de la sexualidad humana, como el Informe Kinsey, sobre el comportamiento sexual masculino y femenino de 1948 y 1953. Así como las investigaciones de Master y Johnson sobre la respuesta sexual humana y sus disfuncionalidades, cuyo trabajo en el área, abarcó desde 1957 hasta la década de 1990.

             Al tomar tales dimensiones, y cubrir tantos ámbitos diferentes, podemos entender la relación sexual de la pareja como un proceso psicológico, biológico, social y afectivo que cubre una gran parte, de mucha importancia, en la relación conyugal. No obstante, igualmente vemos en ella una de las áreas de mayores conflictos en las parejas y los matrimonios. La realidad es que las personas, en su gran mayoría, han llegado al matrimonio (o a la cohabitación sexual) sin saber lo que deberían saber acerca de la sexualidad.

             En su gran mayoría desconocen lo que deberían saber de lo que es en sí misma una vida sexual armónica como parte de un compromiso matrimonial permanente. Muy por el contrario, generalmente todos ellos llegan a la aplicación práctica del sexo, llenos de una cantidad infinita de mitos y tabús. Los cuales nada tienen que ver con la realidad de la sexualidad en la pareja y, mucho menos, en el contexto del matrimonio, es decir, de una relación, no solamente a largo plazo, sino para toda la vida. Por ello, es normal que no valoren ni aprecien la fuerza de conexión y unidad de una verdadera sexualidad sana y maravillosa.

       Con base en este desconocimiento, la unión marital se ve afectada trágicamente por la insatisfacción de lo sexual, ya que esta no cumple las expectativas ‘fantasiosas’ que cada uno trae de la relación sexual. De allí la realidad en el consultorio en la cual, en un periodo de tiempo, lamentablemente cada vez más corto, muchas parejas ven destruidos sus sueños y esperanzas al no saber cómo lograr una adecuada armonía de sus expectativas. Particularmente en una materia tan delicada como lo es lo sexual. Una consecuencia de esto es que hoy en día los tiempos de separación son mucho más cortos, por aquello de la expresión: en el caso de ellas: “no le aguantes nada a ninguno, …”, mientras que para ellos es: “si no te sirve, búscate a otra”.

             De esta manera, dicho desconocimiento afecta tanto a cada miembro individualmente, como al conjunto que es la relación que ambos construyen. Al hablar del tema de una sexualidad amplia y total de la pareja, me refiero a la intimidad que se da, se ofrece y se recibe sin prohibiciones. Esta permite un total compartir de todas las sensaciones físicas y emocionales entre la pareja. Al igual que propicia que la totalidad de su relación se integre con el pegamento tan maravilloso que es la relación sexual armónica sin fronteras.

           En este sentido, la intimidad compartida, en una relación sexual satisfactoria, facilita que el placer sexual se convierta en el refuerzo natural de todas aquellas parejas con relaciones estables y permanentes. Porque la gran verdad es que el vínculo matrimonial es reforzado con más fuerza, a mayor número de relaciones sexuales satisfactorias para ambos. Lo cual es, a su vez, uno de los más magníficos regalos que los esposos pueden compartir de todas sus experiencias juntos.

            Por ello es necesario comprender que el acto sexual es una vivencia muy importante y prioritaria de cada uno de los integrantes de la díada marital. Cuyo principal resultado será la sensación mutua y por igual para ambos, de uno de los mayores placeres del contacto físico. De igual manera, aunque no deja de ser una percepción individual y muy personal de cada uno, la satisfacción, el disfrute y la ganancia tanto física como emocional, será el obsequio con el cual ambos se premian mutuamente y a sí mismos, como individuos y como pareja unida.

             Otro aspecto relevante y poco conocido de la sexualidad es que, no importa el número de años que lleve la relación de pareja, ni cuánto tiempo en su actividad sexual, la verdad es que en cada oportunidad que inicien el acto sexual, será una nueva relación. Porque tanto las circunstancias del momento, el ambiente, los eventos del día y de la situación personal de cada uno de los miembros, así como de la pareja en sí misma, en ese momento, serán totalmente diferentes a los anteriores. Razón de más para invitarte a vivir, cada vez que tengas sexo con tu esposa(o), como si fuese la primera vez. Ten seguro que así nunca perderás la pasión.

             Por otra parte, sabemos desde el punto de vista biológico, que el principio básico de toda relación sexual en el hombre es: el deseo de penetrar y fecundar, mientras que en la mujer es: el deseo de ser penetrada y fecundada. Como ejemplo de esto, Fromm (1982) nos señala: “Puede definirse el carácter masculino diciendo que posee las cualidades de penetración, conducción, actividad, disciplina y aventura; el carácter femenino, las cualidades de receptividad productiva, protección, realismo, resistencia, maternidad.” (p. 44).

            De esta manera, la sexualidad abarca a todas las personas en todas las partes del globo terráqueo. Así como también, la relación sexual implica una parte integral de la personalidad, porque definitivamente la sexualidad está integrada a nuestra condición emocional, tanto en sus permisos como en sus prohibiciones.

            En este sentido, en el mundo emocional que nos dirige, la sexualidad va a transitar por un universo que se mueve entre estos dos extremos: los permisos y las prohibiciones sexuales. En los permisos encuentro la posibilidad de llegar a descubrir y sentir, todo el sistema de disfrute y placer que la sexualidad plena puede otorgar a un Ser Humano.

           Mientras que, por el contrario, en las prohibiciones, estoy lleno del mundo de conflictos emocionales, miedos y tabús que rodean a la sexualidad. Estos son capaces de destruir a cualquier persona y a su relación de pareja de muchas formas. Empezando por quitarle el mundo fantástico de alegría, disfrute y del placer sexual que tiene derecho a experimentar en su vida y en sus relaciones. Lamentablemente, es muy alto el número donde las relaciones sexuales son tema de conflicto continuo en la pareja, las cuales, por lo general, termina en separación y divorcio, y casi siempre (especialmente en la cultura latina), transita por el camino de la infidelidad.

            De igual manera, encontramos en esta mezcla de la sexualidad (para bien y para mal) a las creencias individuales, la formación familiar, el contexto social y cultural, así como la permisividad o la restricción que sobre el tema ha existido y sigue existiendo. Todas ellas son elementos que añaden constantemente nuevos factores al tema de la sexualidad, los cuales pueden potenciar o destruir una relación marital. Un ejemplo de ello nos lo señala Fromm (1982) al comentar: “La polaridad de los sexos está desapareciendo, y con ella el amor erótico, que se basa en dicha polaridad. Hombres y mujeres son idénticos, no iguales como polos opuestos.” (p. 25). El amplio desconocimiento en el área de la sexualidad es muy destructivo para las relaciones de pareja permanentes.

 


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Algunas Referencias:


Fromm, E. (1982). El arte de amar. España: Ediciones Paidos.

Leman, K. (2004). Música entre las sábanas. Miami, Usa: Editorial Unilit.

Luhmann, N.  (1997).  El amor como pasión.  Barcelona, España: Ediciones Península.

Pease, A. y Pease, B. (1999). Por qué los hombres no escuchan y
las mujeres no entienden los mapas. España: Editorial
Amat.