sábado, 15 de abril de 2017

LA INFIDELIDAD: Destruir el amor para ser esclavo de la rabia

LA INFIDELIDAD: Destruir el amor para ser esclavo de la rabia
Por J. Rafael Olivieri (abril de  2017)

Es una pareja que no surge de la noche a la mañana sino de largas horas de práctica, de caídas, de aciertos, de fallas, de accidentes, de errores, de éxitos y que siguen porque saben que no lo han alcanzado todo y que de la única manera que pueden seguir juntos es sirviéndose, apoyándose, sometiéndose mutuamente, trabajando juntos con mucho amor y paciencia, cada día y hasta el término de sus vidas. (Hormachea, 1994, p.103)

            En mi criterio, para la inmensa mayoría de la sociedad actual, los conceptos de matrimonio duradero y fidelidad se han convertido en una mentira, en una falacia imposible de alcanzar. Pienso que lo único real que refleja este tipo de pensamiento, es lo enfermo que estamos a nivel emocional, tanto las personas individualmente, como la sociedad en su conjunto. Hemos perdido nuestros valores morales, sociales, éticos, y peor aun, hemos perdido nuestra propia dignidad como seres humanos. Todavía más allá, hemos perdido el respecto por las personas que más deberíamos amar y proteger: nuestro cónyuge y nuestros hijos. Finalmente y lo más grave de todo, hemos despreciado a Dios y a sus principios para el matrimonio, la familia y para las relaciones humanas. Las razones como lo veremos a lo largo de este artículo (y en su conjunto en todo el Blog), están entrelazadas en las múltiples vías de la formación de los conflictos emocionales en cada persona. Cadenas de secuencias de aprendizaje de generación en generación, donde hemos ido destruyendo lentamente los principios y los valores sanos de las relaciones interpersonales, en particular la matrimonial, así como a los individuos producto de esta relación (los hijos). Hemos intercambiado estos valores por el libertinaje de nuestras pasiones y, la búsqueda del placer sin límites ni fronteras. Todo lo anterior cobra especial interés en lo referente al tema que me ocupa en este momento: La Infidelidad en las relaciones de pareja. Cuyos orígenes seguramente se remontan al mismo principio de la raza humana. Talvez no incluye a Adán y Eva, pero si es casi seguro que de allí en adelante, el tema ya existía. Sin dejar de considerar que la infidelidad es una de las expresiones, que mejor reflejan mi propia falta de amor a mí mismo. No solamente por el daño que produzco en los otros, sino por toda la autodestrucción emocional que crea en mí, al exponerme al fracaso y muchas veces, no solamente al odio de los que afecto, sino a mi propia expresión de odio por mi vida. Cabría recordar la expresión de Félix Larocca (s/f): “¡La infidelidad es tan buena que nunca debe de ser saboreada, porque como sucede con las drogas todo lo que es noble lo destruye!”.

            Sería conveniente empezar por recordar que un matrimonio sano, es aquel cuya base principal es un acuerdo mutuo y absoluto, de compartir todo en lo bueno y en lo malo, por toda la vida. Particularmente su primera cláusula, la cual debe ser el principio de exclusividad mutua, es decir la fidelidad absoluta del uno por el otro. De allí que el concepto más transparente de la intimidad y la confianza de ambos conyugues sea: ‘Yo jamás voy a hacer nada que te dañe a ti, Tú jamás vas a hacer nada que me dañe a mí’. Porque más allá del sentimiento de amor, ¡Vivir en pareja, en el vínculo matrimonial, es una decisión de ambos conyugues! Las decisiones están más allá de la voluntad, más allá del querer, son la afirmación de una verdad que me define, y que la actúo por convicción propia. En pocas palabras, la relación matrimonial es ‘un trabajo en equipo’, donde cada uno define el mismo norte por y para el otro: seguir juntos, en amor, por toda la vida. De hecho Eclesiastés 9:9 (NTV) nos recuerda: “Vive feliz junto a la mujer que amas, todos los insignificantes días de vida que Dios te haya dado bajo el sol. La esposa que Dios te da es la recompensa por todo tu esfuerzo terrenal”. Ahora bien, éste equipo, que es la pareja, se identifica y caracteriza  por las dos palabras que definen su unión, las cuales deberían ser: compromiso y responsabilidad. Lamentablemente dichas palabras, por lo general, no existen en la mayoría de aquellas ‘uniones libres’ que hoy en día se dan tan frecuentemente, donde sí, dos personas deciden vivir y compartir una relación de pareja, pero la condición principal de esa unión es: por un tiempo limitado y hasta que nos cansemos el uno del otro. Tenlo por seguro, la inmensa mayoría (por no decir la totalidad) de estas relaciones ‘actuales libres’, están destinadas al fracaso. Los modelos argumentales enfermos de ambos individuos, las prohibiciones de pareja, los permisos de infidelidad, los modelos de soledad, los aprendizajes de los fracasos matrimoniales de los padres…, terminan por garantizar la destrucción de estas relaciones, carentes de compromiso y responsabilidad, tanto de cada individuo como de la pareja en sí misma. Comprendamos que: “Mientras más alto el nivel de compromiso mayor será la fidelidad y durabilidad de la relación, más difícil será romper los lazos a nivel del cuerpo, alma y espíritu que hacen acto de presencia, donde se siente el entusiasmo y se aportan ideas y soluciones respectivamente” (s/r). Para aquellos que han participado del acuerdo matrimonial, sea civil o eclesiástico, saben bien que la cláusula obligada de su contrato es la de la fidelidad conyugal, es decir, que los cónyuges se prometen la lealtad amorosa tanto espiritual como física. Las cláusulas matrimoniales son todas bien claras y explícitas, no existe la “letra pequeña” en este contrato. Que por supuesto, en las uniones libres no existen, pues siguen el principio de ‘según vaya viniendo, vamos viendo’. Está claro que, bajo esa filosofía jamás podrán tener ‘un norte juntos’, porque cada uno apunta hacia su propia individualidad, y hacia su propia satisfacción personal. Te voy a dejar un fragmento de un programa de radio, que habla de estos tópicos:
Aquí inclusive surge otro concepto maravilloso. El amor es algo que se aprende. Los esposos necesitan aprender a amar a sus esposas y las esposas necesitan aprender a amar a sus esposos. Pero no pierda de vista amable oyente que amar a la esposa o amar al esposo es una orden. La Biblia apela a la voluntad de la persona, porque es la persona quien debe decidir si ama o no ama. Cuando a pesar de sus luchas y sus diferencias, un matrimonio decide someter su voluntad a Dios, indefectiblemente tiene que decidir amarse el uno al otro y de esa manera se garantiza la integridad del matrimonio. Cuando se manifiesta este amor, no habrá lugar para la incompatibilidad de caracteres, ni para la falta de admiración del uno para con el otro, ni celos ni envidia ni rivalidad ni infidelidad y el matrimonio funcionará como Dios lo describe en su palabra.
(Tomado de: http://labibliadice.org/programa/2017/01/07/audio-19870/)

            Antes de seguir profundizando, permite responder una pregunta: ¿Qué es fidelidad? Existen desde luego muchas referencias a nivel del diccionario, la intención es formarse una idea del conjunto de palabras que identifican cada definición individual. Por ejemplo a nivel general se encuentra: “Exactitud en la ejecución o realización de una cosa”. Otra: “Lealtad y constancia en las relaciones o ideas”. Más amplia: “La fidelidad es también una observancia rigurosa de la verdad, es decir, un cumplimiento riguroso de la precisión en la reproducción de un texto, de una entrevista o de una narración”. A medida que voy colocando otras definiciones, tomadas de los diferentes diccionarios, me interesa destacar y permitirte crear una lista amplia de los términos que definen la fidelidad. Porque fidelidad no se aplica solamente al tema particular de las relaciones de pareja, sino que tiene que ver con un mayor universo de relaciones como son: las de padres con los hijos y viceversa, de los amigos, de los negocios, del trabajo... Es decir, fidelidad es un tema que aborda todas las esferas humanas. Incluso con Dios: “Deriva de la palabra en latín, fidelitas que significa servir a Dios. Es una característica de quien es leal, en quien se puede confiar y creer, porque es honesto y respetable. En su nivel más abstracto implica una conexión verdadera con una fuente o fuentes”. Estas palabras definen cualidades, atributos y actitudes que permiten reconocer a una persona fiel. Señalan el conjunto de valores que posee y actúa una persona que ha decido un modelo de fidelidad en su vida, en primer lugar consigo mismo, y por consiguiente con los demás. Quizás el mayor enfoque de la fidelidad es jamás llegar a traicionarte a ti mismo. Respetarte y amarte a ti mismo requiere de una estructura de personalidad sólida, de fidelidad a ti mismo. Allí es donde realmente comienza el proceso de lo que llamamos fidelidad: ¡En ti mismo! Por supuesto, totalmente opuesto a lo que apreciamos en la inmensa mayoría de las personas y relaciones de hoy en día: un modelo de infidelidad.

            Para completar esta idea, existen otras definiciones más centradas en las parejas como son: la persona fiel es “siempre cumplidor de sus pactos y promesas”. “Actitud de la persona que no traiciona la confianza puesta en ella”. La fidelidad se basa en la palabra: “emunah, cuya raíz, aman, significa seguridad o firmeza”. “La fidelidad es una actitud de alguien que es fiel, constante y comprometido con respecto a los sentimientos, ideas u obligaciones que asume”. “Tener fidelidad es una expresión usada para nombrar al o a lo que tiene constancia. Ejemplo: La fidelidad de un cliente, la fidelidad de un amigo, la fidelidad de Dios, la fidelidad del esposo o la esposa, etc.”. En mi propio criterio creo que las mejores definiciones son las siguientes: “La fidelidad es la capacidad, el poder o la virtud de dar cumplimiento a las promesas. También es la capacidad de no engañar, de no traicionar a los demás”. “Suele entenderse la fidelidad como lealtad en el cumplimiento de los compromisos que alguien ha contraído. En muchos casos incluye un sentimiento de amor o cariño hacia otro ser, en favor del cual se hace cuanto pueda contribuir a su bienestar”. Esta última me encanta, pues en mi criterio: ¡El amar al otro es tener la capacidad para potenciar lo mejor del otro! La idea de la fidelidad se centra en que la persona fiel toma una decisión, que conlleva una acción real y permanente, en su actuar consigo mismo y con los demás. Es un modelo y un estilo de vida cuyos principios son inamovibles, respaldados en un conjunto de convicciones inquebrantables con el amor, con el servicio, con el valor igualitario hacia los demás. En el tema de pareja habla de un pacto monogámico, donde existe una real subordinación mutua entre los conyugues, donde la esposa y el esposo están al mismo nivel y valor, donde nunca se ha de quebrantar el voto de lealtad y el pacto de por vida que se prometieron, pues respetar al otro, está en la misma prioridad que el respetarme a mí mismo. Y para seguir siendo ‘fiel’ algunas de estas definiciones las tome de: https://www.significados.com/fidelidad/ y de por supuesto: https://es.wikipedia.org/ wiki/Infidelidad. Cabe una última idea con relación al tema, pues si esto es fidelidad, ¿Cuándo se rompen estos compromisos o se hace lo opuesto, se llama infidelidad?

            Entonces hagamos la pregunta opuesta: ¿Qué es infidelidad? Pero como ya vimos, no voy a explicar por qué llegar tarde, copiarme en un examen, no cumplir una promesa es ser infiel. Voy a trabajar de una vez con el concepto de infidelidad en las parejas. Pero si, con la misma idea de que debemos tomar conciencia de las palabras, pues ellas definen las acciones del proceso llamado infidelidad. ¡Ya va! No sé si te diste cuenta, pero acabo de decir la palabra clave de la infidelidad: ¡Es un proceso! Esto es lo primero que debo aclarar: para llegar a una situación de infidelidad, se deben dar una serie bastante larga y complicada de pasos previos, que indudablemente van a consolidarse (para tener los pelos del burro en la mano), en los siete minutos de un acto sexual en un carro, o en un hotel de paso, o quizás de uno de 5 estrellas. Puede ser como ocurre en la gran mayoría de los casos de una única vez, pero también puede durar siete meses, o como algunos de mis pacientes, con más de siete años en dicho proceso. Indudablemente, no importa lo que dure, de por sí es bastante destructiva la infidelidad, inclusive en los casos, en que se convierte en una relación de tiempo, es casi seguro, que el resultado final será catastrófico. Lo importante es entender que: ¡La infidelidad solamente es el síntoma final de un problema mucho más grave en la persona y en la pareja! Más aun, entendiéndolo como un proceso emocional enfermo, es en principio algo que aprendí de mis padres o abuelos, y se lo voy a enseñar a mis hijos, y así de generación en generación. También es importante hacer otra aclaratoria en este momento: en el tema de la infidelidad no importan los géneros. Aunque hay aspectos culturales según cada país, y es cierto que las estadísticas de las infidelidades no llegan todavía al 50% y 50% de ambos géneros, pues los hombres aún mantienen esa primacía con 60%, mientras que las mujeres cada día se acercan poco a poco a esta tasa porcentual, ellas están alrededor del 40% (como si semejante aberración fuera un elogio para los hombres y las mujeres infieles). Estas cantidades representan una desvalorización sin precedentes tanto de hombres como de mujeres. Y que dejando otra ‘tela’ para más adelante: ¿Un hombre infiel con quién lo hace, y una mujer infiel con quién? Otra idea para la aproximación a este tema, es la realidad de que la infidelidad es una decisión de la persona infiel. Es algo que he meditado lenta y largamente, incluso en aquellos que aseguran: “es que me salió la oportunidad y aproveche”. Recuerden en psicología no existen las casualidades, existen las causalidades, por ello: yo soy el responsable directo de todo lo que me ocurra. La infidelidad es una idea que he estado cultivando lentamente, me he dedicado a engañar mis sentimientos, a justificarme con razones falsas y absurdas (para los demás) pero reales para mí mismo, para poder traicionarme en relación con: lo que hice, lo que hago o lo que voy a hacer. La infidelidad en sí misma es una trampa para autodestruirme a mí, a las personas que amo (cónyuge, hijos, familia), y algunas veces también a mi entorno: social, laboral… e incluso, de muchos que se llenan la boca adorando a Dios, y terminan arrastrándose por el lodo del chiquero que es la infidelidad. Porque la infidelidad corroe todo: cuerpo, mente, espíritu, familia, hijos, cónyuge… Tal como lo comparó Larocca (s/f) es una droga, que si bien la primera vez fue difícil, las siguientes son cada vez más y más fáciles y aditivas, hasta que se convierte en un estilo de vida enfermo, del cual no quiero salir, pero que lentamente me van consumiendo y destruyendo, hasta que, si no hay un cambio real de vida, termino hundiéndome en un mundo de fracaso y de soledad. Porque tarde o temprano se acaba el dinero, las fuerzas, la salud o el tiempo. No se equivoquen ¡la vida pasa factura en su momento justo! La infidelidad no deja de ser un placer fugaz que tiene un alto costo y un pago emocional inevitable, el cual termina siendo una cuenta muy grande por pagar. Y en la mayoría de las veces se convierte en un pago injusto, para quienes tienen que pagarlo: los hijos y el cónyuge. Pregúntale a la persona infiel: ¿Qué has perdido? Si es honesto (interesante la palabra para un infiel) te dará una larga lista de las cosas de las que se arrepiente y probablemente su expresión favorita sea “sí hubiera sabido…”. Como es seguro, también te vas a encontrar con una buena cantidad de infieles que lo van a justificar, como si fuera lo mejor que les ha ocurrido… Quizás pueda hacer un paralelo de esto, para relacionarlo con las personas que justifican y adoran su soledad, porque simplemente no les queda más remedio, ya que existiendo tantas personas con las cuales compartir una muy buena compañía, ellas no pueden, porque no tienen el permiso de tener relaciones sanas, sino que su prohibición de Pareja (=soledad) las domina, y es lo único que conocen. Al fin y al cabo, el ser humano tiene el potencial de adaptarse a cualquier situación, no importa lo adversa que esta pueda ser. De igual manera, no pierdas de vista, algo que repito constantemente: ‘las palabras tienen poder, pero las acciones dicen la verdad’.

            En el contexto más formal de las definiciones de la infidelidad hay varias ideas que se pueden extraer. Por ejemplo: “Es la violación de la confianza y de la fe básica por medio de la traición, mentira, engaño…, que se produce cuando una pareja rompe el compromiso de lealtad sentimental contraído”. La infidelidad no deja de ser una de las peores traiciones hacia cualquier pareja o por parte de ella, pues el otro no se da cuenta del engaño hasta que es muy tarde para evitarlo. Es una mentira que provoca desconfianza y dolor en la pareja. Es una traición a una promesa hecha por la pareja, una promesa de exclusividad, de amar sólo a esa persona. Muy frecuentemente la gran mayoría entiende y acepta que la infidelidad es una acción egoísta, dominada por un impulso sexual insatisfecho, acompañada de una venganza alimentada por la rabia, o incluso como un acto para generar celos en el otro, para que de esta forma, te preste la atención que necesitas. Estas son apenas unas aproximaciones iniciales a las razones de la infidelidad. Porque la verdad es que detrás de una infidelidad, se encuentran conflictos emocionales muy complejos, que precipitan las crisis, que llevan a muchas parejas a la destrucción de su relación. En otros contextos, también se puede considerar la infidelidad como el incumplimiento del compromiso (o la falta de éste) de la exclusividad de pareja. Lo cual representa la carencia de lealtad o quebrantamiento de la misma hacia cualquier compromiso moral como la religión, la amistad, el matrimonio. En concreto, es la falta al pacto marital de fidelidad tanto social como emocional, y particularmente sexual. Es romper la prohibición de mantener otras relaciones de forma paralela, sean ocasionales o continuas, ¿Cuántas personas no mantienen otras familias paralelas? Ser infiel es romper de forma consciente e intencional un acuerdo preestablecido entre ambos miembros de la pareja, no importa si tal acuerdo es implícito o explícito, porque a decir verdad, todas las parejas (no importa el tipo) esperan el compromiso de fidelidad en su unión. Para muchos el error es pensar que eso solamente le puede pasar al otro, no a mí. Como te señalé: la infidelidad es un síntoma, de una secuencia de crisis que todas las parejas atraviesan frecuente e inevitablemente. Por otro lado, con una compresión superficial, podemos darnos cuenta que la probabilidad de que cualquier persona sea infiel aumenta mucho más y se hace más probable, cuando no se encuentra en la pareja lo que se necesita, o también cuando la relación entre ambos no satisface completamente todas las necesidades de cualquiera de los cónyuges o de ambos, no importa si son necesidades físicas, emocionales, sociales o de cualquier tipo, ni importa si es en uno o en todos los ámbitos de la relación. Otro punto importante es el hecho de que la infidelidad no solamente es cosa de la relación de pareja sino de mí mismo, se produce por una falta de autocontrol, y por no saber evitar a tiempo situaciones de riesgo, porque mi mayor prioridad es satisfacer mis necesidades, las cuales mi pareja no ha sabido o no ha querido satisfacer. Les recuerdo que la clave de las relaciones de pareja continua siendo 50% y 50%, aunque no lo entiendas o no lo compartas.

Ampliando este orden de ideas de las necesidades de los cónyuges, que es muy importante, en un altísimo nivel, voy a recordar el versículo de Proverbios 27:7 (DHH) donde dice: “El que está lleno, hasta la miel desprecia; al que tiene hambre, hasta lo amargo le sabe dulce”. En mi criterio, en este versículo, se encuentra una de las mayores razones que me permiten entender la esencia del tema de la infidelidad, así como de las causas de su ¿por qué? y de su ¿para qué?, tanto desde el punto de vista emocional, como desde el punto de los conflictos que la originan y mantienen, en el proceso de las relaciones de pareja. Por ello voy a desglosar varias ideas a partir de este proverbio, para sustentar mi pensar al respecto. Pero antes, permíteme hacer un bosquejo rápido de la interpretación de este versículo: Desde la óptica de lo que ‘aparentemente’ dice, se trata de la comparación entre una persona que ya ha comido y, está completamente llena, la cual ya no desea y no necesita comer nada más, no importa cuánto le guste una dulce y deliciosa miel (recuerda en ese tiempo bíblico no existía el ‘tres leche’ o tu postre favorito, lo más exquisito que existía a nivel de dulce era la miel), si esa persona ya se siente lleno, despreciará el bocado de miel, porque ya no lo necesita ni lo quiere. Pero en el caso contrario, y el que nos interesa entender, existe otra persona que no ha comido en mucho tiempo, tiene tanta hambre y tanta necesidad, que no le importará si es un pan mohoso, o si la comida la saca de una bolsa de basura, se la comerá sintiendo que es un majar más exquisito que la misma miel (lamentablemente, aunque esto ha pasado desde hace mucho tiempo y en muchos sitios, lo puedes ver hoy en día <2017> en muchas calles de Venezuela: gente desesperada rompiendo bolsas de basura para ver que consiguen para comer). Ahora bien, qué pasa si proyectamos éste versículo al caso de la infidelidad, y en vez de hablar de la comida, hablamos de otra hambre diferente: la sexual. Para aquel que está satisfecho en su relación sexual con su cónyuge, despreciará cualquier ofrecimiento de sexo, no importa si viene de la más hermosa mujer del mundo, o del más apuesto galán del momento, sencillamente lo despreciará. Pero si por el contrario, mantienes a tu cónyuge en una ‘huelga de hambre’ (de cualquier tipo), olvídate, cualquier ‘escoba con falda’ o cualquier ‘patán masculino’ será el mejor amante del momento, así no llegue ni a dos minutos. Por otra parte, independientemente de cualquiera de las mil razones que estamos desarrollando en las realidades de la infidelidad, no va a dejar de estar presente la falta absoluta de cumplir con el mandamiento principal del matrimonio, que nos recuerda Pablo en 1 de Corintios 7:2-5:
“Sin embargo, dado que hay tanta inmoralidad sexual, cada hombre debería tener su propia esposa, y cada mujer su propio marido. El esposo debe satisfacer las necesidades sexuales de su esposa, y la esposa debe satisfacer las necesidades sexuales de su marido. La esposa le da la autoridad sobre su cuerpo a su marido, y el esposo le da la autoridad sobre su cuerpo a su esposa. No se priven el uno al otro de tener relaciones sexuales, a menos que los dos estén de acuerdo en abstenerse de la intimidad sexual por un tiempo limitado para entregarse más de lleno a la oración. Después deberán volverse a juntar, a fin de que Satanás no pueda tentarlos por la falta de control propio”. (NTV).   
La Inmoralidad sexual de la que habla Pablo ha existido desde siempre, pero, hoy en día, la encuentras en tu trabajo, en tus círculos sociales, en tu propia familia, en cualquier parte. Existen muchas personas dispuestas y, lamentablemente, muy deseosas de vivir una experiencia sexual, porque ya no se necesita ningún compromiso para ello. No importa lo ilícita o inmoral que la puedas catalogar, sencillamente, porque hoy en día vivimos en la época del permiso y el libertinaje, donde todo se vale, mientras satisfagas tus necesidades. Al fin de cuentas, ese es tu cuerpo y puedes hacer con él lo tú quieras, y el otro no importa, y mucho menos importa si es el cónyuge de alguien, porque la afirmación de estas personas es: ‘si tú no lo cuidaste me lo aprovecho yo’.

  Otro aspecto que nos sugiere conocer la reflexión de éste versículo, es la realidad que nos habla de la naturaleza humana como seres biológicos, emocionales y espirituales, que son las tres áreas principales que nos identifican e integran como un Ser Humano. Cada una de ellas por separado define y aborda aspectos particulares, pero ninguna está aislada de la otra. No surge una necesidad física sin su contraparte emocional y espiritual, y viceversa. Es cierto que muchas veces las situaciones emocionales rivalizan fuertemente con los aspectos físicos (Yo soy creyente de que la mente inconsciente controla todo el cuerpo, y creeme cuando te digo que desearía tener el control de ese poder, entre mi propia mente y mi cuerpo). Un poco más complicado de aplicar es el poder de lo espiritual sobre las otras dos áreas, pero realmente, ‘aunque usted no lo crea’ lo espiritual terminará asumiendo el control de lo que yo soy, particularmente en el tema de las trascendencia al momento de mi muerte. Porque el Yo que soy, morirá, en el mismo momento en que mi sistema nervioso deje de funcionar, porque a final de cuenta, mi mente, lo que me define como lo que soy, no deja de ser una función del órgano que llamamos Sistema Nervioso Central, una vez que deje de vivir, Yo ya no existiré más. Algo así como la máxima de Descartes (s/f): “pienso, por lo tanto soy”, pues ya no pensaré más, ya no existiré más, ya no seré Yo más, solamente quedará mi espíritu cuya existencia no me pertenece a mí, sino a Dios. “Tu cuerpo vino de la tierra, y cuando mueras, regresará a la tierra. Pero tu espíritu vino de Dios y cuando mueras, regresará a Dios” Eclesiastés 12:7 (PDT). ¿Qué tal?

Volviendo al tema: Por ello para entender el proceso de la infidelidad, debo comprender que estás tres áreas también están involucradas, en el accionar de la destrucción que implica una infidelidad. En tal sentido, en el aspecto integral del Ser Humano, mi naturaleza biológica me habla de mis necesidades físicas, y aunque mi necesidad de ir a orinar, o a evacuar deberían estar al mismo nivel que mi necesidad sexual, la realidad es que ésta última ha adquirido tal poder en lo emocional y espiritual, que al ver las variables que están involucradas en cada área, sabemos que lo sexual ha adquirido un súper valor, que se distancia por mucho de las otras necesidades humanas básicas (comida, sed, sueño…). Por ejemplo, en lo físico, la sexualidad produce muy alto placer y goce en la expresión orgásmica, de contacto, de cercanía al otro, de penetrar o ser penetrada… En lo emocional: autoafirmación en la masculinidad o feminidad, seguridad en la relación y en el nivel de afecto hacia y del otro, autoafirmación de la imagen corporal por el deseo del otro de estar conmigo, recompensa social al recibir la admiración o el reconocimiento de los otros al conocer mi desempeño sexual, parte de satisfacer mi necesidad de competencia, que no deja de ser un modelo de promiscuidad. En lo espiritual es la fusión de los espíritus, la complementariedad de la fuerza interna que me define y me une al otro… Son expresiones de cada una de estas áreas, que al margen de si se trata o no de una infidelidad, no van a dejar de verse afectas tanto por los aspectos positivos como negativos que pudieran presentarse, independientemente del tipo de relación del cual estemos hablando. Al final de cuentas: Yo y cada una de mis áreas, me involucro totalmente en la expresión y la actuación de cualquier área en mi vida y la infidelidad no es la excepción.

Además de todo lo anterior y, siguiendo con el desglose del versículo: donde la principal idea con la cual quiero enfatizar el proceso de la infidelidad, en este momento, es el criterio de lo que es y lo que representa para el Ser Humano una necesidad. En líneas generales, podemos entender una necesidad como todo aquello que resulta totalmente indispensable para poder vivir en un estado de satisfacción y equilibrio, bien sea físico, emocional o espiritual. Es aquello sin lo que no puedo seguir viviendo. No satisfacer mi necesidad puede implicar incluso mi muerte. En este sentido podemos hablar del poder que tienen mis diferentes necesidades en mi vida y en mis relaciones: las físicas como el hambre, la sed, el aire… el sexo. Por otro lado las necesidades emocionales: aceptación, afecto, autodefinición… relaciones interpersonales. Y en las espirituales: autorrealización, relación y compromiso con Dios, renovar nuestra confianza básica en la vida… tener momentos de trascendencia. En relación con esto me gustaría aprovecharme del concepto de la psicoterapia del Análisis Transaccional, que habla de la “Hambres del Ser Humano”. Las cuales desarrolla Shinyashiki (1993, pp.16-20) en su libro. Este autor señala: “La gente tiende a creer que los demás sólo tienen hambre de comida; que lo que un individuo necesita para ser feliz es solamente alimento, ropa y vivienda”. Luego señala: “Realmente, el ser humano tiene otras hambres tan importante como la del alimento… Tenemos otras hambres que deben ser saciadas…” (p.16).

El autor señala seis tipos de hambre, las cuales son de: Estímulos, Contacto, Reconocimiento, Estructuras, Acontecimientos, y el Sexual. Cada una de ellas abarca una serie particular de tópicos, pero que en su conjunto van a dar al ser humano su nivel de satisfacción, y porque no, su nivel de felicidad. Necesitamos que todas nuestras hambres (necesidades) estén satisfechas para sentirnos bien, y particularmente, realizados en cualquiera de nuestras áreas que nos integran. Por ejemplo, el hambre de estímulos: habla de nuestros sentidos y sensaciones, todos son necesarios y todos varían en multitud de situaciones. El hambre de contacto: no es sólo lo físico, es mucho más allá, es la comunicación con el otro a través de una mirada, de una palabra, de un toque, de una caricia que me diga que existo. El hambre de reconocimiento: No estar aislado, no ser ignorado, es reconocimiento del otro y, saber que tengo valor para el otro. El de estructuras: los puntos de referencia, las guías que me conducen por la vida, el saber que esperar. El de acontecimientos: las sorpresas, las cosas que varían a nuestro al derredor, salir de la rutina y del tedio de la monotonía, el cambio de las cosas, la variedad, todo en la vida cambia y es dinámico. Y finalmente, el Hambre Sexual: las hormonas alteran todo mi cuerpo, el deseo que se manifiesta… realmente el sexual mueve y contiene todas las demás hambres, por eso su poder e importancia en el mundo de las necesidades del ser humano.

De esta forma, es importante comprender ahora en función de estas hambres, que así como cada persona es única y diferente de las otras, así son sus niveles en cada una de estas hambres, unas son más altas, otras son menos. Así como en un momento tenemos más o menos apetito, así son estas hambres. De igual manera como cada persona puede tener niveles diferentes en sí mismo, así sucede en relación con las otras personas. Hay personas que tienen más hambre de una de ellas en particular y, mientras unas se pueden controlar más fácilmente, hay otras que terminan controlándome a mí mismo. Shinyashiki (1993, p.20) dice: “Estas hambres existen. Están ahí y ellas no tienen en sí nada erróneo. Lo importante es la forma en que cada uno de nosotros cuida sus hambres”. Que de acuerdo con el tema que me ocupa, lo curioso es que por esas mismas diferencias en las hambres, aunque está claro que es un proceso cultural, social, físico, emocional, espiritual, y muy particularmente individual, en el hambre sexual los hombres (en su gran mayoría) siempre están desesperados y hambrientos, buscando donde comerse un buey. Mientras que las mujeres (en su gran mayoría… y por el problema de las dietas) a veces no se acuerdan que deben comer, o como ocurre muy frecuentemente, solamente necesitan y les apetece una ensalada… cosas de la vida… porque esas cosas pasan. En este sentido voy a enfatizar que las necesidades, en su totalidad y en cada área, son determinantes en el proceso de la infidelidad. Si bien es cierto que el ser humano tiene la capacidad de canalizar y manejar sus necesidades, no deja de ser igualmente cierto que la mayoría de las personas, no tiene ningún interés de limitarse, todo lo contrario, quieren entregarse y darse rienda suelta a la complacencia y al placer de satisfacer sus necesidades, especialmente la sexual. A fin de cuentas, tu cuerpo te pertenece y, puedes hacer con él lo que te plazca. Empezando por llenarlo de basura emocional, espiritual y física al entregarte a un proceso de infidelidad. Que quede claro: La infidelidad ocurre, porque no te da la gana de evitarla.

            Cambiando hacia otro punto ¿Qué caracteriza a un matrimonio sano? Para la mayoría de los autores y de las personas, todos tienen claro que una relación de pareja se sustenta sobre varios pilares necesarios, fundamentales e importantes. Por lo general incluyen los siguientes: el amor, el respecto, la confianza, la comunicación, la fidelidad, la admiración al otro, los detalles… y varios más. Sin los cuales cualquier relación terminará en la ruptura y la separación. Pero yo pienso que nadie toma en cuenta el verdadero pilar sobre el que se apoya una relación, porque todos dan por sentado que el mismo siempre está presente. Me explico: si le preguntas a cualquier pareja que está iniciando una relación, y especialmente a una que está iniciando su matrimonio (o su ‘unión libre de hecho’) ¿Por cuánto tiempo quieres tu relación? La gran mayoría te responderá casi sin dudarlo: “Para toda la vida”. Ahí lo tienes, ¡la variable más importante es el tiempo! Además, sea dicho de paso, el mandamiento de Dios es que la relación matrimonial dure toda la vida: Mateo 19:4-6 dice: “Jesús respondió: ¿No han leído las Escrituras? Allí está escrito que, desde el principio, ‘Dios los hizo hombre y mujer’ —Y agregó—: ‘Esto explica por qué el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, y los dos se convierten en uno solo’. Como ya no son dos sino uno, que nadie separe lo que Dios ha unido”. (NTV). Entonces entendamos lo que pasa en este proceso de tiempo, en el cual se embarcan las parejas. Al principio todo es amor y armonía: la gran mayoría de las parejas a las que les pregunto: ¿Cómo era su relación al principio? Contestan sin temor a equivocarse: “era maravilloso”. Cuando les pregunto. ¿Cuántas veces peleaban al principio? Por lo general me dicen: “nunca”, luego se miran el uno al otro, y dicen con una sonrisa: “Muy pocas veces”. La situación normal y frecuente es que al principio de la relación todo funciona bien y, las peleas son: ¡la excepción de la regla! Todas las parejas pelean porque es inevitable, las peleas son obligatorias, pero al principio son muy escasas. El problema es que ahora en el presente, les pregunto ¿Y ahora, después de “n” tiempo, cuántas veces pelean? Ahí muestran su mejor cara de rabia, y a veces de odio al mirar al otro, y responden: “todos los días”, algunos aseguran que incluso “varias veces al día”. Entonces al principio las peleas eran la excepción, ahora son: ¡La regla de la relación! ¿Qué es lo que pasó? ¿Por qué llegaron a eso?

            Lo que ha pasado y lo que no entienden, es que ha transcurrido el tiempo. A medida que surge la primera pelea… luego la segunda… (Casi todas las parejas dicen “que pelean por tonterías”, el problema es que en una relación de pareja ¡nada es una tontería!). El problema con el tema de las peleas, es que por regla general, para no discutir y no ver amenazada de una ruptura la relación, deciden no tocar el tema de la pelea, por lo que no lo conversan y por supuesto, no lo resuelven, con lo cual la carga emocional asociada a las peleas, se empiezan a acumular en el pote de las emociones negativas no resueltas, quedando así permanentemente para el proceso histórico que se va a presentar más adelante, en cada una de las nuevas peleas que vendrán. Porque una pelea que no ha sido resuelta y perdonada, mantiene una carga de rabia inagotable, no importa cuánto tiempo haya pasado, sigue allí. Y tarde o temprano vuelve a salir, generalmente en el transcurso de una nueva pelea. Por eso lo llamamos el proceso ‘histórico’ de las parejas. Además como toda pelea tiene un ganador y un perdedor, en realidad ambos pierden pero…, el perdedor se queda con rabia… y pero aún, se queda esperando la próxima pelea para vengarse. Cuando esto ocurre, ahora es el otro el que se queda con rabia, y de nuevo espera su turno para vengarse… Lo empiezas a multiplicar en el tiempo, y cuando te quieres dar cuenta, ha transcurrido el tiempo, y prácticamente sin darse cuenta, ahora también tienen una montaña de sentimientos negativos de rabia, frustración y angustia que, lenta pero inevitablemente, los viene separando y destruyéndoles su relación... desde hace mucho tiempo. ¿Qué han hecho? Pues lo que el título de este artículo señala: “Destruir el amor para ser esclavo de la rabia” Han enterrado el amor debajo de una montaña de rabia y odio… Entiende, la rabia negativa de agresión emocional, es el cáncer de las emociones y, termina no solamente destruyendo la relación, sino muchas veces también corroe el cuerpo con un cáncer físico. Ambos miembros han permitido a la rabia apoderarse del lugar del amor, asumiendo la rabia el control de las emociones que sienten el uno por el otro, así como de sus pensamientos y de sus acciones. Ahora, en apariencia, al ya no existir el pilar del amor, que es el que le da fuerza y mantiene unido a los demás, los restantes pilares se empiezan a destruir y por consiguiente la relación, ya no hay respecto, ya no hay fidelidad, ya no hay comunicación… y así al final, la relación que se destruye… y casi siempre, como situación frecuente, pasa por una o varias infidelidades. De todas formas, con lo que he señalado, no deja de ser cierto que para que se dé la ruptura de una relación, no necesariamente se necesita una infidelidad, sino que con la pérdida progresiva de estos pilares, donde al perder cosas tan valiosas como el placer de estar juntos, el amor del uno por el otro, la pasión, la satisfacción sexual, la comunicación, o cualquiera de los otros elementos vitales de la unión. Con todo esto acumulado, terminar la relación solamente es: ¡cuestión de tiempo!

            El tiempo influye directamente en la transformación de la relación, pero es indudable que el tiempo por sí sólo no es el responsable de la ruptura, todo depende de lo que los conyugues hacen con sus emociones y particularmente con sus decisiones. Por ejemplo ¿Cómo surge el amor entre ambos? Por lo general: él y ella se conocen, se interesan mutuamente, comienzan a salir y a pasar tiempo juntos. Al ver que es un tiempo de disfrute, de beneficios y de situaciones agradables al estar juntos, toman la decisión de amarse y de unirse. Por supuesto quieren que todo siga tan maravilloso como al principio, pero el tiempo debe seguir su curso: ¡Nuestra relación no es una foto, es una película que es dinámica! La realidad se impone: la rutina de cada día, el trabajo, la casa, los hijos, los padres, los conflictos, las peleas, nuestras diferencias… El tiempo continúa su curso. Sin ‘querer’ darse cuenta, ambos se van distanciando… ese espacio vacío entre ambos es llenado con la rabia… surgen pensamientos y sentimientos que te hacen sentir: ‘Ya no me atiendes…. Ya no me quieres… Ya no estamos juntos…’ Al final sucede como señala Martinez (2006): “…surgen desacuerdos que generan distancia y resentimiento, en cuyo caso el amor comienza a decaer. Si los desacuerdos no se resuelven, una de las personas comienza a sentir una serie de carencias y vacíos en la relación que pueden llevarlo a querer conocer otras personas que llenen estos vacíos, y ahí suele encontrar a alguien…” (p.64). Tenlo por seguro, tarde o temprano, va a conseguir a esa otra persona. Hay demasiada gente sola en la vida, que están desesperadas por unas migajas de amor, y la peor parte, que no les importa a quién destruyen, con tal de conseguir lo que andan buscando (necesitando). Una vez que las necesidades se hacen presentes, la persona infiel a través de sus propios conflictos se deja seducir, se deja llevar de sus propios pensamientos, emociones y acciones, hacia una situación en la que la infidelidad le parece la única solución para sus problemas y necesidades. Ocurre inexorablemente un proceso de autoengaño, con el cual se convence y se justifica a sí mismo, además de otorgarse el permiso de vivir la experiencia de una nueva relación, con lo cual se convierte en infiel. Por lo general ocurre en la mente de la persona infiel una lucha, un planteamiento moral que cuestiona la ruptura del vínculo y del compromiso con el cónyuge, pero el autoengaño y sus justificaciones resaltan los aspectos negativos de la pareja y de la relación, recordando y aumentando los aspectos de agresión, aburrimiento, vacío emocional, necesidades físicas... Al final todas estas necesidades y las cargas negativas de todos los conflictos se imponen, y la persona infiel cede ante ellos, tomando la infidelidad como la única solución posible. La persona infiel está ciega y completamente controlada por su rabia y sus necesidades. Termina viviendo los errores que cambian la verdad por la mentira, lo justo por lo injusto. Ahora que consigue a esa otra persona, se justifica afirmando: el otro si me atiende, si me llena, si me ama… El otro hace que todo vuelva a parecer maravilloso… pero recordemos Proverbios 5:3-6: “Pues los labios de una mujer inmoral son tan dulces como la miel y su boca es más suave que el aceite. Pero al final ella resulta ser tan amarga como el veneno, tan peligrosa como una espada de dos filos. Sus pies descienden a la muerte, sus pasos conducen derecho a la tumba. Pues a ella no le interesa en absoluto el camino de la vida”. (Invierte los géneros, porque esto también se aplica a las mujeres infieles). Tristemente ha sucedido que el tiempo que debería habernos unidos aún más y convertirnos en uno solo, termina haciendo que la rutina nos lleve a la perdida del interés y la motivación por el otro. Se consolida un proceso de desánimo, un proceso de aburrimiento donde el sentir siempre lo mismo, me consume hasta que ya no siento nada. Se apaga el fuego de la pasión y se enfrían los sentimientos que alimentan el amor de la pareja. Se llenan de conformismo, resignación y apatía. Dejan de verse el uno al otro, para empezar a ver de nuevo a los otros. Para apoyar un punto de vista opuesto, aprovecho otro fragmento del programa de radio “La Biblia dice” para recordarte que:
Con frecuencia se escucha: Es que ya no siento nada por él o ya no siento nada por ella. Pero esto es un razonamiento totalmente extraño a la Biblia. El matrimonio no se fundamenta en los sentimientos del uno hacia el otro. El matrimonio se fundamenta en el compromiso de amor ante Dios del uno hacia el otro. El amor no descansa sobre los sentimientos sino sobre la voluntad. El amor es la decisión voluntaria de un esposo para sacrificarse a sí mismo en beneficio de su esposa. De igual manera, el amor es la decisión voluntaria de una esposa para sacrificarse a sí misma en beneficio de su esposo. Esto es amor. El amor es un acto de la voluntad. Cuando un esposo dice: Ya no siento amor por mi esposa, o cuando una esposa dice: Ya no siento amor por mi esposo, lo que está afirmando en el fondo es que ha decidido en su fuero interno no amar a su esposa o a su esposo. Por eso es que, por ejemplo, la Biblia ordena al esposo a amar a su esposa. Note lo que dice Efesios 5:25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia,  y se entregó a sí mismo por ella.
(Tomado de: http://labibliadice.org/programa/2017/01/07/audio-19870/)

            Permíteme ahora cambiar para dar una mirada a ¿Cuáles son los orígenes del proceso de la infidelidad? Si bien ya he mencionado algunos aspectos, me gustaría resaltar un poco más los siguientes: En primer lugar, en mi criterio, siempre debe estar el proceso de formación de los conflictos emocionales. La psicología dinámica asegura que todo lo aprendido de mis figuras parentales, se convierte en un modelo de conducta para yo actuarlo. Y casi al 100% ten por seguro que eso va a suceder: ¡lo que aprendí lo voy a llevar a cabo en mi vida! Me las voy a arreglar para que suceda así, lo voy a hacer a través de la selección de personas que incluyo en mi vida (especialmente a mi pareja), en los pensamientos que van a controlar mi mente, en las emociones que van a dirigir mi vida, y particularmente, en las conductas que voy a actuar. Muchos asumen que esto no es cierto, porque ¿Como va a ser posible que algo que yo aprendí cuando era niño me controle y me obligue a tomar decisiones en mi vida de adulto hoy en día? Ciertamente esta es la verdad y es precisamente lo que ocurre con todo el mundo emocional. Nacimos y no sabíamos absolutamente nada, pero estábamos desesperados por aprender cómo debo vivir… quién soy yo… cómo debo actuar… qué voy a hacer con mi vida… qué debo sentir… y así todo lo que define mi vida actual aquí y ahora. ¿Quién me enseno? Ese es precisamente el trabajo de mis figuras parentales, ellos me dijeron y me enseñaron TODO… que debo pensar, que sentir, que actuar, y Yo simplemente lo hago… ¿Cómo hicieron esto? Pues me guiaron en la construcción de mi si sistema de creencias (las verdades que dirigen mi vida), mi sistema de autoestima (como me valoro a mi y a los demás), mi sistema de decisiones de vida (El argumento de vida), y en síntesis todo lo que soy, pienso, siento y hago. Ahora, hoy en el presente, eso es lo que soy… y si quiero ser fiel conmigo mismo… pues eso es lo que voy a ‘ser y hacer’. Este proceso emocional se basa en la dificultad de conciliar mi realización personal, que nace de mi capacidad consciente de tomar decisiones, con mis necesidades afectivas aprendidas y ordenadas por mis figuras parentales. A pesar de que esto es casi en su totalidad una verdad absoluta, no es menos cierto que TÚ eres el único responsable de todo lo que hagas y decidas en tu vida. Desde el momento en que tomaste el control consciente de tu vida, eres tu propio dueño y el responsable inequívoco de todo lo que piensas, sientes y haces. Y por supuesto, el actor principal de todas las consecuencias y de todo lo que sucede en tu vida hoy en día… algo así como: lo que siembras eso cosechas. Culpar a tus figuras parentales, ya no es una opción, porque tu eres el que lo actúa todo en tu vida, incluyendo tu proceso de infidelidad. Entonces ¿Esto quiere decir que aprendí a ser infiel? ¡SI! Lo aprendí de mi abuelo, o de mi papá, de un tío, o de un vecino, de alguien que me dijo que los hombres somos infieles, total: una manzana podrida se encarga de podrir todo el barril. Ah pero yo soy mujer ¿También lo aprendí? Seguro que si (como que 2+2=4). Lo aprendiste en la rabia y la venganza de ver como tu papá maltrataba a tu mamá, cuando le era infiel, cuando tu mamá te enseñó que: ‘no le aguantes nada a ningún hombre’ o ‘que no te dejes engañar por ningún hombre’. Cuando te enseñaron que todos los hombres son infieles… y tú decidiste que antes de que él te lo haga, tú se lo haces a él primero (como me dijo una paciente una vez). Lo curioso de esta enseñanza de tus figuras parentales (especialmente de tu mamá), es que es totalmente contraria a las enseñanzas de Dios, pues en Tito 2:4-5 dice: “Esas mujeres mayores tienen que instruir a las más jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos, a vivir sabiamente y a ser puras, a trabajar en su hogar, a hacer el bien y a someterse a sus esposos. Entonces no deshonrarán la palabra de Dios. (NTV). Me parece interesante ¿No? Lo cierto es que muchas pacientes me han dicho: “Toda la vida me enseñaron que los hombres montan cachos”. Entiendan: ¡sí! es un proceso aprendido, que solamente requiere de los estímulos adecuados para ser ejecutado, y que en realidad hay mil formas de aprenderlo, empezando por el hecho de cada uno de nosotros es único, pero al fin y al cabo, todos ¡somos esclavos de nosotros mismos! Muchas veces no termina siendo sino un tema de lo cultural y lo esperado por ambos. Terminan creyendo y aceptando: así debe ser y así será. Reflexiona sobre estas palabras: “Muchas parejas deciden romper porque sienten que las perspectivas de ambos miembros están demasiado diferenciadas y son entre sí irreconciliables. Lo cierto es que rara vez se da el caso en que dos personas se vean inmersas en una pareja que tengan las mismas expectativas. Buscar por todos los medios a alguien que tenga una interpretación del amor idéntica a la nuestra, con las mismas necesidades de proximidad y distancia, puede ser una causa perdida y el camino equivocado para encontrar la felicidad y la estabilidad afectiva.” Tomado de: La auténtica razón por la que somos infieles (s/f).

            Sigamos con esta idea que acabo de señalar: realmente se ¿Requiere de los estímulos adecuados para ser ejecutado? Porque una cosa es haberlo aprendido en la infancia, pero otra muy distinta es llevarlo a la práctica en mi vida adulta. No quiero que pierdas de vista, como ya te señalé, que la infidelidad es un proceso que se construye en función del tiempo, en tu relación con tu cónyuge. Esto es lo que mas le duele a la ‘parte ofendida’: ¡Es un proceso de dos, 50% y 50%’! Aunque lo nieguen, es así, sin el otro cónyuge no hubiese existido nunca la infidelidad. Uno de los dos da los estímulos necesarios, y el otro encuentra las justificaciones adecuadas para llevar a acabo la infidelidad. ¡Ambos son igualmente responsables! Le duela a quien le duela. Lentamente se van dando las condiciones, se van llenando de frustraciones y rabias, de ideas y sentimientos de venganza, no hay comunicación, no solucionan… La relación se llena de monotonía… se descuida el tiempo en común… se pierden los detalles cariñosos con el otro… se siente que el amor se acabó, se produce el distanciamiento. Con la suma de todo esto, uno o los dos,  sienten que van a pasar el resto de su vida en una cárcel con el otro en una relación muerta y sin amor. Lo peor es que no buscan una solución, y mucho menos la asesoría de un terapeuta que les muestre a ambos sus errores que no pueden ver, y que siguen creyendo que lo pueden solucionar solos. Por lo general el proceso se acumula en el tiempo y termina explotando. Cuando los pedazos del matrimonio están repartidos por todas partes, y el daño y el dolor están en su máxima expresión, ahora sí, vamos a buscar ayuda… Señores yo soy psicólogo… yo no hago milagros… yo doy asesorías y te acompaño en tu proceso de sanidad, pero el trabajo y la responsabilidad son tuyos, como lo ha sido siempre. Por esto es que en el consultorio constantemente escucho las historias del proceso de deterioro de la relación de incontables parejas, a veces viene él, a veces ella, a veces los dos, pero las historias son igual de dramáticas como dolorosas, y ocurren una y otra vez… Por eso sé que definitivamente es un proceso aprendido, que se repite una y otra vez bajo el mismo guion trágico. Permíteme darte algunos ejemplos, que me cuentan los pacientes, que es muy posible que ya hayas escuchado, o incluso que te pasó (o te está pasando) a ti también: “… Yo me sentía vacío… No quiero seguir con esta farsa de relación… Yo siempre cedía en todo… Él/Ella no supo llenar mis necesidades… Él/Ella no se arreglaba para gustarme… Me he sentido muy herido… Era una sensación falsa de satisfacción… Nuestra relación es una batalla continua… La relación se convirtió en algo insoportable… Permanentemente me pisoteaba… Me faltaba el respeto constantemente… Ya no hay amor… Él/Ella no me hace sentirme deseado… Continuamente me ignoraba, se iba con los amigos… Los otros son más importantes que yo… Me hace sentirme olvidado, cucaracha, basura, descalificado… La vida así es insoportable… No llenaba mis necesidades: afecto, conversación, comprensión, sexualidad, apoyo, escucharme… No me trataba con cariño… No tenía detalles… Me rechaza constantemente en la cama…” Una expresión particularmente muy repetitiva es “Se la pasa en casa de su familia y no me atiende…” La verdad es que el tema de la dependencia emocional de los padres, merece un volumen completo y aparte. Porque si la pareja no es independiente de los padres (económica, física, y emocionalmente), si no establece límites y pone en primer lugar a su cónyuge, esta conducta infantil del cónyuge dependiente, invita al otro a buscar a una tercera persona ‘más madura’ y que sí lo atienda y le dé la prioridad que necesita. Ciertamente son infinitas las expresiones que detallan la destrucción de estas relaciones y como llegan al proceso de infidelidad. Pero de vez en cuando aparece alguien que da una frase especial: “Le preparé el terreno, lo seguí… y lo conseguí con… usaba como excusa los hijos de su primera esposa para cuadrar su tiempo con la otra”. También se usa casi que universalmente las excusas del “trabajo” éstas se llevan el premio por lo frecuente, trillado e inverosímil. Otros: “Me decía siempre: Búscate una vida que me estas asfixiando”… “Yo se lo advertí: Tienes cambios de actitud… estás extraño”… Luego están los temas del dinero: “lo mío… lo tuyo… me debes tanto… yo pongo siempre todo… me pide las facturas de todo…” Me he encontrado que una de las frases más agresivas y repetitivas durante los arrebatos de rabia en las peleas es: “BÚSCATE A OTRA(O)… que te satisfaga… que te mantenga…” Pienso que es lo peor que le puedes decir a tu cónyuge, porque no solamente lo desvalorizas, lo descalificas, lo agredes, al menospreciar y no medir en su justo valor su amor por ti, y la peor parte, es que especialmente le das un permiso directo para que en su venganza te sea infiel, y lo justifique: tú se lo dijiste.

Como hemos estado viendo las causas de la infidelidad en las parejas son infinitas, muchas veces creemos que es por un motivo importante, como una situación insostenible de peleas, a veces porque aparece otra persona que seduce su amor. Otras muchas veces es por situaciones menos dramáticas, por ejemplo: entre las razones más comunes por las que se es infiel está la búsqueda de la satisfacción de necesidades que mi cónyuge no me satisface. Lo cierto es que la gran mayoría de las razones de la infidelidad están relacionadas con la estructura de la personalidad del infiel, la cual se ve reflejada a través de su mundo de conflictos y aprendizajes emocionales. Se puede incluir la historia erótica por abusos o por carencias; podría ser por insatisfacción (afectiva, económica, intelectual, social, sexual...), venganza, aburrimiento, abandono emocional, probar algo diferente, búsqueda de variedad, pérdida del amor al otro, soledad en la relación, probar la habilidad de conquistar a otra persona, necesidad de amor o sexo insaciable. Recuerda que el sexo es un pegamento esencial en el matrimonio, pero si por causa de uno o de los dos es defectuoso, cualquiera de los dos que se sienta insatisfecho, corre el peligro de buscar fuera la satisfacción sexual que no encuentra en su cónyuge. Puede que haya amor y lo social funcione muy bien con el cónyuge, pero si en el sexo nada es excitante o no se encuentra placentero, cualquiera de los dos puede satisfacer sus necesidades teniendo relaciones sexuales con otra persona. Por lo general muchas mujeres usan el ‘no sexo’ como castigo o venganza, pero eso invita al esposo a llenarse de rabia y frustración porque la esposa no quiere hacer el amor, o no quiere llevar a cabo las fantasías sexuales del esposo (igual cambien los géneros si quieren). Hay otras muchas causas como fallas por una comunicación deficiente, necesidad de usar al tercero y desecharlo, o simplemente porque el otro se enamoró de mí y me puso por blanco de sus afectos, y debido a mis debilidades, me seduce y yo decido embarcarme en una relación infiel.

Es frecuente, bien sea como una forma de mover los celos de la pareja, o por venganza de alguna situación puntual, a veces como un desafortunado ‘juego psicológico’, o porque se es muy sociable, o simplemente por el hecho de agradar, que alguno de los dos entre en un proceso de coquetear con otros. Esto puede despertar respuestas muy fuertes de rabia, que pueden ir desde una pelea hasta una infidelidad real. La coquetería con este enfoque es en sí misma ya es una forma de infidelidad, aunque no haya contacto físico de por medio. Porque la intención emocional es la de buscar una atención que no es precisamente la de una amistad sin interés sexual. Desde el punto de vista de la psicoterapia del ‘AT’ es un juego de seducción entre un hombre y una mujer, que siempre termina mal. La gran verdad de las razones es que todos (desde el más “bonchón” hasta la más recatada), casi sin excepción, tenemos el potencial para ser infieles, porque cuando se dan las condiciones correctas, cualquiera puede caer en la trampa de la infidelidad. Una inmensa mayoría jamás pensaron que serían infieles y se oponían a la idea (por lo general le pasa frecuentemente a las mujeres), pero las circunstancias pueden cambiar y entonces, cualquier persona puede verse envuelta en una infidelidad. También hay que diferenciar algo bien importante: Con gran frecuencia la gran mayoría son infieles ‘casuales’, son de aquellos que: ‘se dio la oportunidad y pasó…’, pueden pasar años para que se pueda repetir otra experiencia de infidelidad. Pero igualmente existen los verdaderos ‘profesionales’ de la infidelidad, son personas que por cualquiera de las razones ya vistas, o incluso, por un trastorno de su personalidad (esto ya raya dentro de las enfermedades mentales, que no necesariamente son ‘locos’), tiene tal necesidad (emocional, física) que, no pueden vivir si no tienen situaciones infieles constantemente, no importa con quién, ni por cual razón, simplemente no se pueden controlar en su desespero por el contacto con otras personas. El mejor ejemplo me lo dio un paciente, me dijo: “Es una necesidad, me tengo que acostar con todas las que conozco”. Indudablemente la recomendación es: aléjate de esta persona inmediatamente porque lo único que tendrás a su lado es sufrimiento y dolor, seas la pareja ‘permanente’ o la de turno con la cual están realizando la infidelidad. En Mateo 5:32 dice: “Pero yo os digo que todo el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de infidelidad…” La infidelidad es una de las dos causales de divorcio permitidas en la Biblia, más aún cuando no hay arrepentimiento ni convicción de cambio. La otra opción, por si te lo preguntas, es cuándo la vida de uno de los dos está en peligro debido a los niveles de agresión física.

También mencione anteriormente los fundamentos de un matrimonio estable, para reforzar las diferencias con aquellas relaciones tan frecuentes de hoy en día, que establecen vínculos rápidos. Tan rápidos que ya en la segunda o tercera cita tienen relaciones sexuales. Existe un desespero por ‘atrapar’ al otro, no vaya a ser que un tercero se lo lleve. El problema de estas relaciones es que son vínculos débiles, no tienen profundidad ni compromiso, por lo que son un ‘alto caldo de cultivo’ para relaciones infieles. Estas relaciones se fundamentan en el siguiente juego emocional: “las mujeres juegan al sexo para conseguir amor y, los hombres juegan al amor para conseguir sexo” (s/r), el problema es que al final del juego solamente queda sexo y el amor ‘bien gracias’.  No se trata de que el matrimonio sea ‘la solución infalible’, todos sabemos que también eso es mentira. Lo que quiero enfatizar es el hecho de que no es el matrimonio como relación lo que provoca la infidelidad, es como he venido diciendo, es cada persona, en forma individual, la que toma la decisión de ser infiel o no. Ciertamente el matrimonio no debe ser una cárcel que convierte al cónyuge en propiedad absoluta y dominada a la voluntad del otro. Muy lejos de eso. Pero lamentablemente muchos matrimonios caen en esa situación, gracias al tema de los celos, y de las inseguridades emocionales de uno o de ambos conyugues. En las relaciones donde las distancias son demasiado estrechas, donde predomina el control y la persecución al otro, donde la relación posesiva pone en peligro la personalidad del individuo, y su propia identidad, donde uno de los dos cede permanentemente para ‘no pelear’. Donde uno acusa constantemente al otro de ‘tener algo’, sin ser verdad ni tener pruebas. Son situaciones que lentamente van creando una bomba de tiempo, que indudablemente estallará, porque la persona controlada también tiene un límite, tarde o temprano tendrá la necesidad de demostrarse que todo lo que es y lo que hace no es propiedad de su pareja, y que todavía puede ser deseable para otros. Sencillamente se hartará de la persecución y de las acusaciones sin fundamento y tomará la decisión: “Como me has estado acusando de que tengo a otra, sin tenerla, ahora si me voy a buscar a otra, para que sea verdad”. Igualmente se incluye otra postura diferente, para aquellos que creen que el amor es celos, ellos suelen pensar que la posibilidad de una aventura extramarital,  puede estabilizar su matrimonio, pero muy por el contrario, por lo general termina fracturando aún más la relación, y la termina llevando a la separación definitiva.

            Otro de los elementos que ocurren con más frecuencia, como causa y como evento, de la infidelidad, es todo el proceso de lo que representa el iniciar una nueva relación. Las razones previas usualmente tienen que ver con que la pareja ha llegado a la monotonía de la relación, la rutina se ha instalado, ya todas las cosas se dan por hecho, no hay novedades. Por lo general ha terminado el enamoramiento, se enfrentan a la persona real que es cada uno, (“tarde o temprano el príncipe azul destiñe y la princesa se convierte en bruja”). Ya sus conductas no siempre son placenteras, están llenas de peleas, o de demasiadas individualidades, cada uno por su lado. En el cansancio de la convivencia se han defraudado todas las expectativas. Hay problemas de comunicación y factores sociales que los distancian, la angustia los separa, la pérdida de la confianza, los conflictos y desajustes aumentan. Sienten que la relación se ha devaluado, posiblemente hay sentimientos de humillación. Cada uno de la pareja se aísla al centrarse prácticamente en sus objetivos personales y no en los de ambos. La soledad existe y toma un lugar en la relación. Frente a esta suma de elementos, al estar ciegos a las posibles soluciones, se empieza a construir la idea de la infidelidad en la mente de uno de ellos. Empieza a fantasear con buscar y establecer una nueva relación. Esto lleva a un ‘resurgir’ de emociones, a sentir un ‘cosquilleo’ por todo el cuerpo, a interesarse, a motivarse. Tener una nueva experiencia ‘enciende la llama’ de nuevo. Solamente es cuestión de tiempo el empezar todo el proceso fantaseado y posteriormente poderlo convertirlo en real. Se añora, se desea volver a vivir toda esa euforia del nuevo enamoramiento, de la pasión, de deslastrarse de todas esas cargas acumuladas en el tiempo con el cónyuge. Ahora el relacionarse con una persona distinta hace que uno se sienta más apreciado, esta nueva persona llena (por el momento) todas las expectativas, fantasías y deseos que se van materializando en la nueva convivencia. El otro me permite sentir nuevas sensaciones. Me permite seguir satisfaciendo mi necesidad de seguir enamorado. Aumenta la curiosidad de experimentar de nuevo el sexo con la otra persona y, muy particularmente, permite volver a experimentar toda la pasión de vivir una nueva aventura en una relación con el otro. En Proverbios 6:24-27 se te recuerda: “Te protegerán de la mujer inmoral, de la lengua suave de la mujer promiscua. No codicies su belleza; no dejes que sus miradas coquetas te seduzcan. Pues una prostituta te llevará a la pobreza, pero dormir con la mujer de otro hombre te costará la vida. ¿Acaso puede un hombre echarse fuego sobre las piernas sin quemarse la ropa?” (NTV).

            Cerrando este punto de los orígenes de la infidelidad te dejó el resumen que hace Felix Larocca (s/f) en su artículo de las Causas de infidelidad:
Los motivos por los que alguien puede ser infiel son muy variados, los más frecuentes son:
·         Búsqueda de nuevas experiencias, esto ocurre sobretodo en personas sin experiencia, que no han tenido relaciones con otras personas.
·         Después de varios años de convivencia se produce el cansancio y el deterioro de algunas parejas que no han dispuesto de los medios para evitarlo y esto, junto con el tedio, puede conducir a la infidelidad final.
·         Insatisfacción emocional. Esta causa de infidelidad se produce sobre todo en las mujeres en las que el motivo principal es la falta de amor y el abandono afectivo por parte de su pareja.
·         En personas inseguras. La infidelidad puede ser vista como logro personal.
·         Como venganza a una infidelidad anterior de la pareja.
·         En la llamada crisis de los cuarenta. Existe en muchos casos donde surge la necesidad de sentirse joven y atractivo a pesar del envejecimiento.
·         Falta de valores o creencias morales.
·         La soledad entre pareja, junto con la atracción física o la afinidad en gustos e inquietudes por otra persona puede desembocar en la infidelidad.
·         Idealización de la pareja.
·         La pareja permite la infidelidad como parte de la relación.
·         Alardeo de poder. Por haber obtenido poder, dinero y una posición social.

Pasando a otro tema diferente: ¿Cómo ven la infidelidad los hombres y las mujeres? Muy a pesar de que existe una gran discusión por si los hombres y las mujeres son iguales, cosa que es absurda desde todo punto de vista: biológico, emocional, conductual, social, espiritual… pues somos muy diferentes (gracias a Dios: “Así que Dios creó a los seres humanos a su propia imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó” Génesis 1: 27, NTV). Dios definió los géneros y creó un ‘pene’ y una ‘vagina’ para que se complementasen, no para que compitieran, o se volcarán en una guerra absurda de lo ‘sexos’, como vemos hoy en día tan frecuentemente. Incluso, para el tema de la infidelidad, tanto hombres como mujeres son diferentes, tienen necesidades y formas de actuar diferentes. Por regla general el hombre lo ha hecho durante toda la historia, pero desafortunadamente hoy la mujer también suele ser igualmente infiel, y quizás lo más grave, es que es mucho más frecuentemente de lo que imaginamos. Hoy la mujer ha decidido buscar por fuera del matrimonio lo que por alguna razón no encuentra en su relación matrimonial. Además del montón de causas ya descritas, los hombres buscan la infidelidad por: placer, variedad, aumentar su ego, hedonismo o libertinaje, competencia con otros para ver quién tiene más mujeres, por aprendizaje del modelo de los hombres… Mientras que las mujeres lo buscan por: establecer una relación, ganar afecto, vivir la pasión, encontrar lazos de protección, recibir las galanterías y detalles que el otro le ofrece, venganza… La realidad, al final de todo, es el tener sexo… (En su mayoría) ningún hombre se junta con una mujer, y ninguna mujer se junta con un hombre, sin esperar que la relación se complete en la resolución sexual. Sí no ¿Para qué estás buscando una pareja? Pero antes de avanzar en las diferencias, te cuento esto que me pasó con una pareja: Él como todos los hombres decía: “Fue una noche de copas, no fue nada, eso no significó nada…” a lo que la esposa le preguntó: “Sí no significa ‘NADA’ ¿Por qué lo haces?”… ¿Qué tal? Ella tiene toda la razón… si no significa nada… Esto lamentablemente tiene mucha similitud con la forma irónica y muy negativa de descalificar y degradar las enseñanzas Bíblicas: En Mateo 5:8 aparece: “Pero yo digo que el que mira con pasión sexual a una mujer ya ha cometido adulterio con ella en el corazón” (NTV). A lo que la mayoría de las personas afirman: “…como ya lo hice en el corazón… ahora si puedo hacerlo con lo demás…”. Lamentable, han olvidado a quién están retando: 1 Samuel 16:7 “Pero el Señor le dijo a Samuel: —No juzgues por su apariencia o por su estatura, porque yo lo he rechazado. El Señor no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón” (NTV).  No se descuiden, tarde o temprano a cada uno de nosotros nos va a llegar la ‘factura’ de la vida.

En esto de las diferencias conviene aclarar que, cada género realmente posee una doble moral respecto a la infidelidad, por lo general todos critican al otro por ser infiel, pero cuando les toca a esa persona ser infiel, ahora sí, aparecen mil excusas, todas válidas que lo justifican y le aprueban la conducta infiel. En realidad el trato de la infidelidad es muy distinto cuando se trata del hombre que cuando se trata de la mujer. Aunque esto está cambiando radicalmente hoy en día, por la falta de valores de todo tipo en ambos géneros, todavía la infidelidad en el hombre es más aceptada socialmente como algo normal de su necesidad sexual. Mientras que para la mujer la infidelidad es juzgada con mucha más crítica y severidad. Usualmente debido a esta situación, muchas mujeres tienden a sentirse más culpables y son más dadas a contárselo a su pareja que los hombres. De igual manera, dado los modelos culturales, y la enseñanza (destructiva) muy frecuente de que todos ‘los hombres son infieles’, la tolerancia y la aceptación de la infidelidad entre los géneros es diferente. Por lo general, las mujeres están más dispuestas a perdonarle al marido la infidelidad. Por el contrario, al hombre cuya esposa le ha sido infiel, no solamente no lo olvida, sino que queda emocionalmente marcado para toda su vida, porque muy probablemente para él el aprendizaje fue: ‘Todas las mujeres son unas putas’. Por eso espera y se busca una mujer que le sea infiel, total al fin de cuentas tiene que comprobar que su creencia es la verdad. También, como es sabido el ego y la valoración del hombre es muy diferente a lo que la mujer necesita para valorarse. Para la mayoría de los hombre ser infiel es fácil, además de que le refuerza su condición enferma de ‘macho’, por el contrario para la mujer, la infidelidad nada tiene que ver con el hecho de que refuerce su feminidad. Igualmente, si bien la traición es muy traumática para ambos, por lo general la mujer tiende a sufrir mucho más y a vivir un desgaste emocional más profundo y largo, con un mayor escenario de depresión profunda. Debido a esta carga emocional, muchas mujeres, a pesar de que las enseñaron a que jamás deberían perdonarle la infidelidad al marido, deciden auto engañarse para no tener que enfrentarse a la posibilidad de ser abandonadas y de tener que quedarse solas. De todas formas, no deja de ser cierto, que muchas personas prefieren la soledad por miedo al dolor de llegar a vivir experiencias tan desagradables como estas. Sobre todo porque hemos llenado nuestras creencias emocionales de expresiones tan negativas y destructivas como aquella famosa frase de: “mejor solo que mal acompañado”. Lo cierto es que nos espera un infierno de soledad y ni siquiera nos damos cuenta… ¿Qué tal a ti?

También cabe señalar que para los hombres, usualmente es mucho más difícil saber si les están siendo infieles, puesto que ellos tienden a ser menos observadores y se preocupan menos por los cambios de conducta de sus esposas. Pero por el contrario, las mujeres descubren mucho más rápido una situación ‘extraña’ del marido, ellas suelen ser más observadores de los detalles, suelen ser más desconfiadas y sospechan más fácilmente de cualquier cambio de conducta del esposo, al fin y al cabo, eso es lo que se espera de ellos. El hombre se confía porque es más básico, y por lo general, se siente más seguro de sus acciones, por ello no se cuida adecuadamente y es más fácil de ser descubierto. Generalmente en estas situaciones el hombre en vez de actuar como un ser adulto, comúnmente actúa como lo que es, un niño acomplejado, que está haciendo alguna ‘gracia’. “Por esto los hombres en general temen o sospechan que su pareja les está siendo infiel, cuando ésta se niega a mantener relaciones sexuales como de costumbre, porque el sexo lo es todo (o casi todo para el hombre inmaduro)” (s/r). También resulta que cuando algo anda mal en un matrimonio, las mujeres tienden a creer que la culpa es de ellas, no solamente por su propia auto-desvalorización, sino muy particular porque el hombre la acusa de ser la culpable y por lo general remata con una frase como: “Aquí la que está loca eres tú y la que necesita un psicólogo eres tú” (Al margen de muchas razones, las parejas terminan uniéndose, para acariciarse sus conflictos emocionales). Está claro que por su condición de ‘machos’ los hombres están menos dispuestos y, son menos capaces de reconocer sus errores, y mucho menos de querer corregirlos. Además, a pesar de que las madres se han encargado de enseñar a las hijas, desde hace más de 60 años: “estudia… estudia… para que no le aguantes a ningún hombre nada”, las mujeres, por su estructura emocional, necesitan y quieren el matrimonio mucho más que los hombres, por razones económicas, biológicas espiritual… Al fin y al cabo lo que realmente necesita una mujer es ser protegida… ¡por su esposo! Otro aspecto que es muy importante para las mujeres, es el hecho de sentirse bellas y deseadas por su esposo. Si no se cumple este objetivo, siente una gran frustración y se devalúa su autoestima. Para muchas la forma lógica, aunque errónea, de sentirse de nuevo atractivas y deseadas, es siendo cortejadas, en una relación extramarital, lo cual las hace más vulnerables a relaciones fortuitas. Es necesario reconocer que una mujer, que no está controlada por una prohibición sexual, puede tener tanto o más deseos sexuales que el hombre, lo que frente a un esposo que no sabe satisfacer sus necesidades, también se convierte en una invitación para llegar a ser infiel. Como dice el refrán popular: “En la viña del Señor hay de todo y para todos” (s/r).

            Hay un par de puntos en este tema de las diferencias entre hombres y mujeres que dejé pendiente al principio. Uno es: ¿Un hombre infiel con quién lo hace, y una mujer infiel con quién? Apartando la realidad de que hay hombres que le son infieles a sus esposas con otros hombres, y mujeres a sus esposos con otras mujeres. La idea es centrarme en lo “normal”: Pues un hombre que le es infiel a su esposa se busca otra mujer, y la mujer infiel busca otro hombre. En mi criterio, a parte de todas las razones de los conflictos emocionales y, de la estructura de personalidad de los hombres y las mujeres, resulta que, la mayoría de los hombres pertenecemos a un “club”, donde por lo general, a pesar de ser todos unos competidores, usualmente nos apoyamos unos a otros y, nos respetamos a las esposas. Pero las mujeres, a pesar de estar enfocadas en las relaciones y el crecimiento emocional, en el tema de pareja, son todas enemigas de todas, porque si te puedo quitar al marido te lo quito… no entiendan mal, ni digo que todas las mujeres le van a quitar el marido a la otra, ni que todos los hombres van a respetar la esposa del otro. El asunto es ¿Quién es el tercero en esta ecuación de la infidelidad? A parte de los calificativos (que no puedo repetir) que me da la ‘parte ofendida’ para describir al tercero, la realidad emocional es que, en líneas generales, podría decir que el tercero es una persona que siente una gran insatisfacción consigo misma, con una muy baja autoestima, porque tiene conflictos sin resolver, personales, parentales, sociales y de pareja. Tiene prohibido establecer relaciones sanas y adecuadas, con mucha tendencia a la evitación de los compromisos. Permanentemente vive con un sentimiento de infelicidad consigo mismo, con la vida, con las personas, con las relaciones… Frecuentemente, la insatisfacción y la infelicidad es consecuencias de sus miedos, inseguridades, indecisiones y fracasos constantes en los diferentes roles de su vida. No tiene la capacidad de afrontar, resolver y decidir una vida más sana, especialmente en el tema de pareja. Hay una gran carencia del valor personal y de los valores morales y espirituales. Indudablemente es una persona egoísta que únicamente piensa en su satisfacción personal, bien sea económica, sexual, o de afecto. Posee un alto nivel de envidia al ver que el otro tiene y, buscar por todos los medios que lo pierda, para quedárselo él/ella. Vive con miedo y desconfianza porque puede perder lo logrado, cuando el otro (el infiel) se canse, se fastidie o se dé cuenta de que la relación no es todo lo maravillosa que creyó al principio. En resumen, su ambición personal de codicia (emocional, física y material), lo lleva a no valorar ni a las personas que destruye, ni al amante que atrapó, ni a sí mismo(a). El asunto es que en su mundo se justifica a sí mismo(a) con tal de lograr satisfacer sus necesidades sin importar nada más. Es la filosofía de: “el fin justifica los medios”.

            El segundo punto, igual con relación a la tercera persona, y quizás suene más ofensivo (lo cual no es la intención), responde a la pregunta: ¿Cuál es el precio de una mujer que participa en una infidelidad como la amante? No deja de ser cierto, que muchas me han afirmado, que no sabían que la pareja con la que andaban ya estaba casado, o ya tenía una relación formal con otra. A la final la característica más importante de la persona infiel, es su capacidad para mentir, y hacer que el otro se lo crea, y no lo dude. El problema es que una vez que la mujer lo descubre, por lo general, muchas de ellas,  continúan con la relación, ¿cuál es la diferencia entonces? Lamentablemente, una gran mayoría de mujeres, tiene tal nivel de prohibición de pareja y de familia, que les es imposible poder tener una relación adecuada con un hombre. Frente a su necesidades de mujer, sus sueños, sus deseos, su sexualidad, encuentran que mantener una relación de amante (ser la tercera), les permite satisfacer sus necesidades y a su vez, seguir cumpliendo con su prohibición emocional, porque al final nunca tienen nada. Siempre se quedan solas. Y peor aún, cuando la relación se apoya también en un beneficio económico, sin importar que sean profesionales universitarias… me han tocado varias… pero, el amante (el esposo de la otra) le da un apartamento, o un carro, o la mantiene, la lleva de viaje… ¿Cuál es la diferencia con las profesionales de la prostitución, que dan sus favores sexuales a cambio de un bien económico? Es un principio sencillo: ‘tú mujer me das sexo y me atiendes y, yo te doy la oportunidad de conseguir lo que tú quieres’, ofrecerte como una cosa es prostituirte, lo llames como lo llames. Indudablemente la diferencia está en que no es con cualquiera, ni con cientos, sino que escoges uno a la vez (normalmente), el asunto es que “tu presa” no te pertenece a ti, sino a su pareja. Por otra parte, aunque descalifiquen constantemente a la Biblia por machista, la verdad es que Ella habla continua y directamente de la mujer inmoral y de la prostituta, a lo largo de toda Ella y particularmente en Proverbios,  la menciona en los capítulos 5, 6, 7 y 22. Indudablemente la advertencia y las consecuencias son para los dos, pues para una infidelidad (ya lo dije) se necesitan dos: un hombre y una mujer. Pero no hay duda que las enseñanzas son para proteger al hombre (que para Dios es la cabeza de una familia) de su propia debilidad y ceguera, frente a su necesidad e inmoralidad sexual que lo domina. Protegerlo de su falsa percepción de su poder en lo sexual, que en realidad no es sino una envidia a la capacidad real de una verdadera mujer sexual. Me permito citar algunos versículos en Proverbios como ejemplo de lo que digo: 5:8-11 “¡Aléjate de ella! ¡No te acerques a la puerta de su casa! Si lo haces perderás el honor, y perderás todo lo que has logrado a manos de gente que no tiene compasión. Gente extraña consumirá tus riquezas, y otro disfrutará del fruto de tu trabajo. Al final, gemirás de angustia cuando la enfermedad consuma tu cuerpo”. En 6:32-33: “Pero el hombre que comete adulterio es un necio total, porque se destruye a sí mismo. Será herido y deshonrado. Su vergüenza no se borrará jamás”. La descripción del capítulo 7 es interesante, se las recomiendo, algunos fragmentos son: 7:10-12 “La mujer se le acercó, vestida de manera seductora y con corazón astuto. Era rebelde y descarada, de esas que nunca están conformes con quedarse en casa. Suele frecuentar las calles y los mercados, ofreciéndose en cada esquina” (cualquier parecido con la realidad actual de restaurantes, cafés, bares… es pura coincidencia) y continua diciendo en 7:18-23 “Ven, bebamos sin medida la copa del amor hasta el amanecer. Disfrutemos de nuestras caricias, ahora que mi esposo no está en casa… Y así lo sedujo con sus dulces palabras y lo engatusó con sus halagos. Él la siguió de inmediato, como un buey que va al matadero. Era como un ciervo que cayó en la trampa, en espera de la flecha que le atravesaría el corazón. Era como un ave que vuela directo a la red, sin saber que le costará la vida”. Cierro con 22:14: “La boca de la mujer inmoral es una trampa peligrosa; los que provoquen el enojo del Señor caerán en ella” (todos los versículos son de la NTV). Podría afirmar que hoy en día los psicólogos y psiquiatras nos hemos convertido en los ‘profetas’ de la sociedad actual, pero lamentablemente, todos seguimos siendo humanos y llenos de conflictos y visiones equivocadas. Por eso, una gran mayoría de ellos te recomiendan: ‘Haz lo que te haga feliz’, pero lo que está implícito en esta expresión, es un culto al yo egocéntrico que no toma en cuenta para nada a los otros, lo cual no es nada adecuado. A diferencia de lo anterior, mi criterio profesional está basado en: ‘Ama primero a Dios, luego a ti mismo, y de igual manera a tu prójimo’. Mi mensaje sería: ¡Haz lo que te haga feliz a ti y a todos! Y la infidelidad no es una de esas cosas, ni mucho menos el daño que les haces a tu cónyuge y a tus hijos. ¡Es mentira que los amas si los agredes de esta forma!

            Continúo con otro punto diferente: ¿Qué pasa cuando se descubre la infidelidad? Indudablemente no es la misma respuesta la de un hombre a la que su cónyuge le ha sido infiel, que la de una mujer que ha sido traicionada por su esposo. Recuerden que hablamos de lo estadístico, lo frecuente, cada caso individual es muy particular, y no necesariamente tiene que ser la media de lo que ocurre… pero… Por lo normal la mayoría de los hombres plantean el divorcio como solución final, independientemente de si trata de un hombre de carácter fuerte, o si es un sumiso dependiente y dominado por su mujer. Con gran frecuencia los hombres sumisos aprovechan la oportunidad para volver con ‘mami’ y dejar a esa ‘bicha’ que los maltrató. En cambio las mujeres, a pesar de la orden que tiene la gran mayoría de ellas de: ‘no le aguantes a ningún hombre nada’, prefieren intentar arreglar el problema y buscar ayuda para recuperar su matrimonio. En ambos casos la infidelidad va a generar una gran explosión de emociones diversas y de diferentes grados de intensidades. Son emociones drásticas, muy fuertes y duras. En relación con esto Felix Larocca (s/f) señala: “Cuando uno en la pareja se entera de, o se le confiesa, la infidelidad, no existen fórmulas para enfrentar en calma la crisis que resultará, ni razones válidas que sirvan como excusa. Los efectos son devastadores. Resultando en un choque emocional muy fuerte y doloroso. La traición menoscaba la confianza y la seguridad que de antes se sentía entre ambos, ataca la autoestima y hace que alguien se sienta inferior, aunque, a veces, se siga sintiendo un gran apego emocional hacia el inculpado”. Por lo general la respuesta emocional se inicia con un proceso de negación, lo cual es un mecanismo de protección necesario frente al impacto de lo que está ocurriendo. Es un dolor muy profundo, es sentir una espada en el corazón que destruye en primer lugar al ‘ofendido’. Luego da lugar a los procesos de otras emociones desagradables como son: tristeza, llanto continuo, depresión, baja autoestima, auto-descalificación, comparaciones negativas.  Posteriormente va a pasar al ciclo de la rabia, los reclamos, la ira, y a veces a la agresión por parte del ‘ofendido’ contra su cónyuge, y otras veces también contra el tercero. Esto último es muy frecuente en los hombres, debido a su constitución emocional propensa a la violencia, como acción de defensa de lo que posee. También es muy lamentable la actitud que toman muchos infieles de agredir verbal, psicológica, y a veces físicamente a su cónyuge, porque se sienten apoyados por todas las fantasías de la nueva relación, están desesperados por terminar el matrimonio para irse con la tercera persona. Muchos de ellos terminan pagando caro esta conducta, cuando las circunstancias los obligan al arrepentimiento, muchas veces ya no hay vuelta atrás. Sin embargo muchas mujeres también reaccionan con mucha agresión hacia la tercera persona. Frecuentemente siempre que se descubre que se ha sido traicionado por la persona amada, también se pasa a una fase de humillación. Primero porque se destruyen invariablemente los valores que fundamentan la relación amorosa como: la confianza, la sinceridad, la solidaridad, el respeto. Porque se pierde el sentido de ser especial, de ser exclusivo, de la confidencia, del apoyo, de la protección. Hay sensaciones de impotencia e injusticia. Se elimina toda la confianza depositada en la pareja. Hay muchas sensaciones humillantes en la auto-devaluación de la propia persona, presentándose una multitud de dudas, incertidumbres y de cuestionamientos negativos sobre el atractivo físico, la capacidad de amar, de lo sexual. La parte ‘ofendida’ se llena de pensamientos automáticos e irracionales como: fracasé… soy indigno de ser amado… no sirvo para nada… nadie me necesita… no se puede confiar en nadie… La persona va construyendo conclusiones inadecuadas que la sumergen en su estado depresivo y destructivo, donde las posibilidades se cierran y se anulan. También suele suceder que se pierde el propósito de vida, el cual afecta y llena de insatisfacción lo sexual, lo emocional y lo social, la persona afectada tiende aislarse y a separarse de los demás. Otros en cambio aprovechan su rol de víctima, y buscan apoyo y consuelo en todo el mundo, hasta el panadero de la esquina conoce su desgracia. Al fin y al cabo todas las víctimas necesitan un salvador. Las muestras de apoyo y complacencia ayudan a mitigar el dolor, al recibir nuevas manifestaciones de afecto, que el cónyuge infiel ya no estaba dando.

            En otras respuestas emocionales el ofendido inicia un supuesto proceso de cambio, con la intención de arreglar todo lo que ‘cree’ que estaba mal en la relación. Ahora genera una sobre abundancia de atención y dedicación para recuperar al cónyuge que ha sido infiel. Lo que por lo general termina generando, por un lado: más rabia en el infiel, porque éste se pregunta: ‘ahora si me atiende, ¿Por qué no lo hizo antes?’ Por el otro lado y más grave: aparece un excesivo sobre-control sobre el cónyuge infiel. Lo cual es igualmente destructivo, al intentar supervisar todo lo que el otro hace ahora… dónde está… a qué hora sale/llega…  con quién está… Termina siendo una mayor invasión en función del grado de desconfianza que se ha generado en todo este proceso, intentando indudablemente alejar al cónyuge de volver a caer en la tentación y, de alejarlo de la tercera persona. Por lo general el infiel termina generando más situaciones de peleas y de rechazos, tomando la posibilidad final de irse, para alejarse del nuevo yugo, con el cual lo están asfixiando. De igual manera las consecuencias de una infidelidad no solamente son a corto plazo, sino que también incluyen consecuencias a muy largo plazo que ni siquiera nos imaginamos, por ejemplo: las prohibiciones de pareja, matrimonio y familia en los hijos, o los modelos de repetición de los acontecimientos de infidelidad, que se presentarán en la vida de ellos, al buscarse parejas que les sean infieles, o que ellos mismos actúen el modelo de infidelidad. También es cierto que aunque la infidelidad es considerada una de las principales causas de divorcio, que hasta en la Biblia está, no tiene necesariamente que ser así. Pero se va a requerir un verdadero proceso de perdón y de solución del dolor causado, así como de un genuino arrepentimiento y cambio de conducta de ambos conyugues. Porque ambos tienen que cambiar todo lo que los dañó, pero no cambiar al cónyuge. Si esto no se da así, por lo general el ofendido se convierte en un rencoroso eterno que va a sacar y recordar, por el resto de la vida, este episodio. Porque a las preguntas que me hacen frecuentemente de: ¿Cómo volver a confiar en…  Cómo creerle… lo va o volver a hacer… Qué puedo esperar ahora...? La repuesta a esto es, lo que siempre digo: ‘Arrancar la página y quemarla’. Arrepentimiento, perdón y olvido genuino de ambos, sin esto, la experiencia me dice que es muy difícil resolverlo.

            Continuando con las consecuencias, es muy frecuente que el infiel al poco tiempo se dé cuenta de que el tercero ya no llena las necesidades igual que al principio. Ya no resulta tan maravillosa la relación, que tarde o temprano se convierte en una carga mayor. El tercero empieza a exigir más y más, conforme va adquiriendo más poder y confianza en el control de la situación. Suele ocurrir repetitivamente que luego de un corto tiempo, el infiel se ve atrapado por iguales o peores situaciones de las que tenía originalmente con su cónyuge, con lo cual empieza a querer volver con su pareja, porque ahora ‘ya se dio cuenta de que sí la ama’. Cuando esto ocurre, resulta que ahora la infidelidad causa más problemas y, es mejor acabar con eso, porque total no existe un compromiso real, y si el tercero se involucró conmigo en mi infidelidad ¿Quién me asegura que no me lo haga a mí también con otro? Algunas causas de esto son por el dolor y malestar emocional que provoca esconder una traición, el costo de las mentiras que cada vez son más inverosímiles e insostenibles, y por situaciones de arrepentimiento y remordimiento. Recuerda que hay de todo. Igual de frecuente es que la persona infiel pretende acabar con el matrimonio de forma radical, por estar harto y saturado del mismo. También puede ocurrir que lo que comenzó como una simple aventura, para probar que pasa o que se siente, se transforma en algo importante y duradero, con lo cual se termina definitivamente la relación anterior. A veces cuando el infiel quiere regresar, es la parte ofendida la que cierra las puertas de esta posibilidad. Una vez más la infidelidad es un proceso de dos, donde ambos han realizado una serie de pasos para destruir su relación. Ahora el ofendido tiene la excusa perfecta para terminar la relación. Indudablemente la magnitud del dolor causado, el hecho de darse cuenta de que puede seguir su vida sin el cónyuge que lo ha traicionado. La imposibilidad de perdonar al creer que esto es denigrarse o no valorarse, lo cual no deja de ser en muchos casos parte de un falso orgullo, y en definitiva, una decisión de su prohibición de pareja, son opciones que posibilitan esta solución negativa. Hay un fragmento de 1 Corintos 7, que si bien no es el contexto, sirve para entender que no somos llamados a esclavitud, en una relación que no funciona. En realidad el Aposto Pablo ha estado señalando que no debes abandonar a tu cónyuge, pero en el versículo 15 señala: “En cambio, si el esposo o la esposa que no es creyente insiste en irse, dejen que se vaya. En esos casos, el cónyuge creyente ya no está ligado al otro, porque Dios los ha llamado a ustedes a vivir en paz” (NTV). Es que ésta es la base en psicoterapia de apoyar o no a una relación con conflictos: Si ambos realmente quieren arreglar su relación: si se puede hacer, y por lo general termina siendo un proceso exitoso. Pero… si por el contrario, si alguno de los dos no quiere, olvídalo es casi imposible, se necesita un milagro… y eso solamente lo hace Dios.

            Es momento de considerar otro punto bien controversial: ¿Cuento lo que pasó o no?  Por lo general cuando se lo comento a las parejas, o a las personas en los grupos, es muy normal que la persona infiel me mira con cara de descanso, mientras que el ofendido me mira con cara de rabia. El punto en cuestión, sin tener que hacer todo el desarrollo del argumento, es que la respuesta absoluta es ¡NO CUENTES NADA! Cuanto menos digas es mejor. ¿Qué sucede? sobre todo en una situación de infidelidad, pues que la parte ofendida asume la posición de un interrogador policiaco, quiere saber todo hasta el último detalle, que no falte nada. La excusa es querer saber: Qué pasó…  Por qué ocurrió… Cómo fue… y mil cosas más, supuestamente para poder arreglar la situación. Mientras que el pobre bobo infiel, movido por la culpa, lo cuenta todo… Claro, estoy hablando de cuando quieren reparar el daño y arreglar el matrimonio. Cuando no es así, sino que la decisión es terminar la relación, por lo general el infiel cuenta todo, no solamente con lujos de detalle, sino que además exagera y obligatoriamente hace múltiples descalificaciones y comparaciones muy agresivas al cónyuge, con la finalidad de asegurarse la ruptura permanente. Si te atraparon en tu infidelidad limitate únicamente a contar los titulares, no des los detalles de la noticia. La razón de no contarlo es simple: Todo lo que el infiel cuente será un cuchillo para su propia garganta, que como suele ocurrir, se lo van a estar repitiendo constantemente… casi que toda la vida… aunque ya saben que no es lo adecuado. Pero para el ofendido, todo lo que le cuenten, se va a convertir en una película ‘4D’ con colores y efectos especiales en su mente, la cual se va a repetir las 24 horas del día, hasta en los sueños. Ninguna de las dos opciones va a ser nada buena para el proceso de restauración de la pareja. Muy por el contrario, va a ser tan perjudicial que probablemente termine aumentando las posibilidades de una ruptura definitiva igualmente. También va a suceder que cuando la relación se esté reparando y cuando menos te lo imagines, se van a incluir un montón de situaciones de comparación con el tercero (llenas de rabia), especialmente en el terreno sexual. Y no te cuento si se te ocurre hacer ‘posiciones o peticiones’ que antes no hacías… seguro vas a oír ‘eso lo aprendiste con la otra(o)’… Otro detalle aún más complicado, es que si nunca te descubrieron, bien sea que se trate de una infidelidad de una única vez, o de un proceso repetitivo, ¡JAMÁS CUENTES NADA! La culpa te va a torturar miles de veces, tu propia consciencia te va a perseguir, va a ser un peso constante en tu vida… Creeme, lo mejor que puedes hacer es olvidarlo y enterrarlo donde pertenece: en el pasado. Perdonate a ti mismo y cierre el asunto, sepultándolo en lo más profundo del mar. Lo que menos necesita tu cónyuge es que le cuentes sobre tu infidelidad. ¿Por qué? Pues porque no deja de haber ocurrido una traición, una falta de respeto, una desconfianza… y todas las mil cosas que ya hablamos anteriormente. Con lo cual, no importa el tiempo que haya pasado, la situación se hará presente en ese momento y será como si estuviese ocurriendo en este instante… ¡Lo peor que puedes hacer, es contar algo de tu infidelidad!

            Me vas a oír repitiendo constantemente, que uno de los aspectos más importantes en las relaciones de pareja, es la comunicación honesta y transparente… Pero es casi seguro que termine esa frase con la siguiente advertencia: ‘Sí lo que vas a decir, va a dañar a tu cónyuge, por favor no le digas nada, trágatelo y déjalo hasta allí’ Es casi seguro que como respuesta te van a decir: ‘pero eso es mentir’. Mentir es cuando tú me preguntas algo que es verdad y yo te lo niego… pero no decirte algo, es simplemente omitir una información no necesaria, sobre todo si te va hacer daño a ti o a la relación. ¡Claro! Si en un futuro se enteran, pues no te queda más remedio, hay que informar solamente ¡los titulares, no los detalles! No dejan de ser ciertos los refranes como “Una buena pareja no tiene secretos” y “Hablando se entiende la gente”, pero estoy totalmente convencido de que eso no se aplica a todos y mucho menos en todas las circunstancias. Hay que tener mucho juicio y discernimiento para contar, entender y sobre todo, aceptar una situación como la infidelidad. Además de la madurez suficiente para entender que la infidelidad no es un proceso de uno sólo, sino de los dos, y por consiguiente los dos somos responsables, y solamente los dos juntos lo podemos resolver. Por otra parte, no deja de ser cierto en la ambigüedad de las cosas, que según sean las circunstancias, el confesar puede ser muy peligroso para la gran mayoría de los casos, pero hay otros en los cuales confesarlo, puede favorecer la posibilidad de arreglar una relación fracturada, e invitar a un proceso de cambios positivos, que permitan sanar las heridas y los errores de los cónyuges. Recuerda, más importante que la confesión, es el poder descubrir, trabajar y resolver las causas que llevaron al proceso de infidelidad. Lamentablemente, las mujeres son más propensas a confesar una situación de infidelidad, pero no olvides lo que te dije de los hombres, por lo general no perdonan y están más dispuestos a romper la relación, además de ser un permiso explícito para que él lo haga también, como tema de venganza. Algunas veces ellos deciden perdonar, pero no lo van a olvidar durante mucho tiempo, y será muy difícil que vuelva a confiar en su cónyuge. Tengo varias historias de pacientes que lo confesaron, Una lo último bonito que escuchó del esposo fue: “Eres una puta como todas las mujeres de tu familia”. Otra me dijo: No se volvió a hablar del asunto. Pero todo cambió para siempre. Ya no confía en mí y todo el tiempo está esperando que lo vuelva a engañar”. Y otra: “Sé que cometí un grave error que no puedo cambiar. Pero lo peor es haberle contado lo que hice”. Como dicen por ahí… Antes de abrir la boca, piensa muy bien lo que vas a decir, y sobre todo el por qué. Puede que la confesión sirva para aliviar tu conciencia acusadora. Pero las consecuencias de confesarlo pueden ser mucho peores que el perdonarte y enterrarlo.  

            Nuevamente permíteme cambiar de idea para preguntar ahora ¿Una infidelidad se puede evitar, y / o solucionar? ¿Qué piensas tú? Para mí la respuesta es absoluta: ¡Sí se puede evitar una infidelidad! Y ¿Sí se puede solucionar una situación de infidelidad! El principio básico es que NADIE ME OBLIGO a ser infiel, lo decidí yo mismo, yo y nadie más, es una actuación y una decisión exclusivamente mía. Como ya lo expliqué, no importa las justificaciones ni las razones que yo tenga para ello, no importa lo que haya hecho mi cónyuge, no importa lo que haya hecho el tercero, todo el proceso de llegar a la infidelidad me pertenece exclusivamente a mí. Te relato un pasaje paralelo que para mí explica, no solamente el principio básico de todo robo, sino también el proceso de la infidelidad, porque al fin y al cabo ésta es también es un robo… a mí cónyuge e hijos… al tercero… a mí mismo… ¿Qué les robo? La paz, el amor, la tranquilidad, la confianza, la seguridad, la protección y sí, el dinero, lo que yo gaste en la infidelidad, se lo estoy robando a mi cónyuge e hijos. En Josué 7:20-21 se encuentra la historia del robo de Acán, cuando lo descubren él confiesa: “¡Es cierto! He pecado contra el Señor, Dios de Israel. Entre el botín, vi un hermoso… Los deseaba tanto que los tomé” (NTV) Son tres pasos básicos: Vi lo hermoso (la tercera persona y sus ‘encantos’), lo desee tanto (codicia, el deseo desesperado de tener algo) y lo tomé (cometí la infidelidad). Tres conductas mías que me llevan a destruirlo todo. En base a lo que ya has leído, está claro que no es tan sencillo todo este proceso de la infidelidad, y muchos menos cuando entramos en las razones emocionales de la misma. Pero si se puede evitar y, depende exclusivamente de mí mismo. Tendría que comenzar por darme cuenta de que es mi propia decisión, y en base a ello, tomar las acciones para no entrar en la infidelidad. En el tema concreto de la relación matrimonial, debería comenzar por dejar de hacerme la víctima, y fundamentalmente, dejar de echarle la culpa a mi cónyuge, asumiendo la total responsabilidad de mis pensamientos, emociones y acciones, antes, durante y después del proceso de infidelidad. En este sentido la prevención empieza por mí mismo, al asumir una decisión definitiva e inalterable de serle fiel a mi cónyuge toda la vida, no importa lo que pase. Se requiere que los dos se esfuercen por determinar las razones que causaron la fractura de la relación. De igual manera, será necesario que los dos cedan en su postura de desear poner fin a su relación matrimonial y, voluntariamente decidan dar los pasos necesarios para restaurar su vida en armonía, y sobre todo, juntos nuevamente. Lo ideal sería aceptar que, independientemente de cualquiera que hayan sido las razones que invitan a la infidelidad, ninguna situación negativa en la pareja es adecuada y, no debería dejarse pasar, bajo ningún concepto. Para solucionarlo es necesario el cambiar la forma en que se hacen las cosas normales y extraordinarias del matrimonio. Se deben crear nuevas formas de comunicarse, amarse y relacionarse, de tal forma que el matrimonio mantenga un ritmo dinámico, estimulante y motivador, de ser posible continuo y constante. Esto implica necesariamente una reinvención de la relación conyugal, además de hacer los ajustes necesarios, para crear y adaptar otros valores que reemplacen aquellos diferentes elementos causantes del fracaso de la relación. Deben llenarse de detalles para quererse nuevamente todos los días, cultivar espacio para citas de únicamente los dos. Aumentar la búsqueda de apoyo para cultivar el crecimiento personal, emocional y espiritual, que les permita desarrollarse como personas sanas. Indudable y fundamental ampliar y promover el desarrollo espiritual, ya que Dios forma parte del matrimonio y es su constructor. Para que una pareja se mantenga unida es fundamental que se conozcan profunda y totalmente. Por eso la mejor manera de prevenir la infidelidad es a través de la comunicación. Es imprescindible conocer los gustos, la personalidad y los deseos del otro. Reafirmar constantemente el ser importantes el uno para el otro, y expresarse el amor día a día. Aunque es parte de la vida diaria, necesitan variar  las costumbres y las rutinas que hacen que se pierda interés por la relación y por la pareja, y sobre todo evitar el abandono de la vida en común, cierto que cada uno necesita su propio espacio, pero que no sea tanto que ambos se pierdan y se alejen mutuamente. Esto último lo señala Khalil, G. (1975) cuando dice: “Llenaos las copas el uno al otro pero no bebáis en una sola copa. Compartid vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo. Bailad y cantad juntos y sed alegres; pero permitid que cada uno pueda estar solo, al igual que las cuerdas del laúd están separadas y, no obstante, vibran con la misma armonía” (p.26).  Por supuesto debe incluirse que la pareja se sienta satisfecha con la relación y, orgullosa de cómo están integrados. Es indudable que para conseguir todo esto, es necesaria una conciencia y un compromiso de estar juntos más allá de sus posiciones individuales, donde la relación sea lo prioritario, en éste sentido cada cónyuge debe estar a la par del otro.

            Lamentablemente los cuentos infantiles te han engañado con la frase final “Se casaron y fueron felices para siempre”. Todos sabemos que es mentira, la vida de por sí es dura, y los conflictos y los problemas son inevitables, lo importante es lo que hacemos con ellos. Por eso es cierto que las parejas pueden volver a definir sus necesidades, encontrar la manera de volver a conectarse en su amor y convivencia, desarrollar confianza y sobre todo, tomar la decisión de permanecer juntos. Deben redescubrir el significado de lo que comparten, creando nuevas razones que fortalezcan su unión, renovando la esperanza y la realidad de una vida juntos, en armonía, en las buenas y en las malas. Se debe hacer un cambio en el ‘corazón’ porque un corazón sensible siempre busca la reconciliación, mientras que un corazón duro, lleno de rabia jamás perdona. El amor autentico invita al perdón, el perdón invita a olvidar, a cambiar de conducta, a no sacar la lista de errores pasados. El perdón verdadero será la clave para reconstruir cualquier fractura en la relación matrimonial. Dice el refrán que “el amor prueba los corazones”, pero también prueba al matrimonio.  En el libro El profeta de Khalil, G. (1975) el autor señala: “Cuando améis no debéis decir <Dios está en mi corazón>, sino <estoy en el corazón de Dios>. Y no penséis que podréis dirigir el curso del amor, porque el amor, si os halla dignos, dirigirá él vuestro curso. El amor no tiene más deseo que el de alcanzar su plenitud” (p.21). Perdonar o no una infidelidad depende de la parte ofendida y de su historia personal, pero igualmente ambos deben concretar los pasos hacia el perdón. Es muy importante que los dos conyugues reconozcan su responsabilidad en la infidelidad y que ambos asuman el compromiso de pedir perdón, es necesario que haya perdón mutuo, lo cual permitirá borrar cualquier rencor o resentimiento entre los dos. No deja de ser cierto que para superar cualquier crisis, dependerá de la forma en que ambos logren negociar los acuerdos de la relación y, del nivel de comunicación entre ellos. Reconociendo el amor que existe entre ambos, reviviendo toda la historia de convivencia de los buenos momentos compartidos, que han formado la historia de lo que les pertenece como pareja. Reconstruyendo la confianza, la convivencia y la necesidad del uno por el otro. Analizar los motivos por los que la infelicidad se apoderó de la relación. Asumir el reto de aprendizaje y crecimiento para una mayor madurez de la relación, eliminar el egoísmo y los falsos orgullos soberbios. Recordar cada día que no importa lo que fue, lo que siempre importa es lo que quieres hacer, y lo que tienes para construir aquí y ahora. Y finalmente saber que: “El camino del matrimonio exige que ambos cónyuges renuncien a sus intereses personales cuando estos van en contra de los intereses del matrimonio y que renuncien a todo interés, meta y propósito si estos se oponen a la relación. Esto le enseña a la persona a luchar por la realización de su cónyuge porque en el verdadero amor, la realización de éste será su propia realización” (Hormachea, 1994). En definitiva, solucionarlo será un querer, un deseo y una decisión autentica que, cada uno de los dos conyugues debe tomar para sí mismo, con, por y para el otro, ¡No hay otra forma!

            Para finalizar, debemos reconocer que la infidelidad es una prueba de fuego que en aquellas parejas en las que falta el amor, termina por destruirlas. Pero por el contrario, puede fortalecer a las que realmente se aman, y que particularmente se puedan perdonar mutuamente. Procesar, trabajar y resolver adecuadamente una infidelidad puede estrechar los lazos de la relación, permitiendo una mayor madurez, y una mejor dinámica de la relación matrimonial. Eliminando los diferentes aprendizajes infantiles y las órdenes emocionales de las figuras parentales, cambiándolas por la decisión de amarse y de permanecer juntos, como una meta incuestionable. Es necesario invitarte, si tu relación ha pasado o está pasando por esta tragedia, a que juntos puedan trabajar en su relación cada día y por siempre. Para hacer de la misma un maravilloso proceso, donde se guíen por todos los valores sanos del amor y del matrimonio, de tal forma que valga la pena el vivir juntos, y podamos decirnos a nosotros mismos y a la vida “Lo he hecho bien”… Muy importante es incluir a Dios, en la ecuación del matrimonio, pues Él es su arquitecto, todos sus principios y deseos están orientados hacia un matrimonio fiel, unido en la fortaleza de su amor. Su enfoque será siempre invitar a los cónyuges a una relación de fidelidad y permanencia en lo bueno y en lo malo, y hasta que la muerte los separe. Es cierto que tus figuras parentales y la vida te han enseñado con dolor, pero tú eres mucho más que eso, tú tienes el poder de decidir tu vida y tu relación matrimonial, con la intención y la decisión de triunfar. No será solamente un premio para ti, sino para tus hijos y, para todos los que aprendan de tus éxitos.

Que Dios los bendiga grandemente en su amor.

Bibliografía

http://www.monografias.com/trabajos49/la-infidelidad/la-infidelidad2.shtml
Felix Larocca. Recuperado enero 2017.
Hormachea, D. (1994). Para matrimonios con amor. USA. Ed. UNILIT.
Khalil, G. (1975). El profeta. Argentina: Editorial Pomaire
http://www.msn.com/es-ve/estilo-de-vida/relaciones/la-aut%c3%a9ntica-raz%c3%b3n-por-la-que-somos-infieles/ar-AAlVfxi?li=BBqdpgX&ocid=mailsignout
La auténtica razón por la que somos infieles. Recuperado enero 2017
Martínez, J.M. (2006). Amores que duran… y duran... y duran. México: Editorial Pax.
Shinyashiki, R. (1993). La caricia esencial. Una psicología del afecto. Colombia: Editorial Norma
Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA