martes, 27 de octubre de 2015

AMARME A MÍ MISMO: La clave de aprender a vivir para triunfar

AMARME A MÍ MISMO: La clave de aprender a vivir para triunfar
Por: J. Rafael Olivieri (octubre 2015)

“Es posible que una gran parte de la dificultad de nuestra vida se deba al hecho de que por no saber amarnos a nosotros mismos, tampoco sabemos amar a nuestro prójimo.”
(Sra. de J. B. Livingston, 1972, p.1)

            ¿Cómo es posible que yo me quiera destruir a mí mismo? Esa es una pregunta que con frecuencia me hacen los pacientes, cuando les afirmo que se están auto-agrediendo, con las cosas y situaciones que cada uno hace con su propia vida. Es normal que no lo vean y mucho menos que lo comprendan a la primera. Pues dichas conductas destructivas son precisamente parte de mí actuar cotidiano de cada día en mi vida. Están aprendidas desde mi desarrollo infantil, en mi interrelación con mis figuras parentales. Ensayadas durante toda mi vida y, por supuesto, practicadas como verdades irrefutables de mi sistema de creencias emocionales. Creencias que estructuran mi personalidad y, por consiguiente, quien soy. Desde este punto de vista, aunque son verdaderos y actúan en el proceso mental del Ser Humano, no es fácil de explicar los mecanismos que utilizamos para llegar a nuestra autoagresión. Ciertamente porque aún estamos apenas, en la punta del Iceberg, de todo lo que nos falta por descubrir y conocer de la mente humana. Y por otra parte, aunque conscientemente queremos “lo mejor” para nosotros mismos (y para los que amamos), no es menos cierto, que la vida cotidiana está llena de personas que se drogan, beben alcohol, fuman, se atragantan de basura, atacan y destruyen a las personas que aman (pareja, hijos, padres), divorcios, abandonos, soledad, culpa, depresión, violencia física y mental, por citar unos pocos ejemplos de esta autodestrucción. ¿No se están destruyendo ellos mismos y a los que tienen a su alrededor? ¿En tu mundo de conflictos emocionales, no te estás destruyendo tú mismo y a los que amas? Todo esto y mucho más, debido a una razón tan sencilla, como lo es el afirmar que, la inmensa mayoría de nosotros, estamos siguiendo órdenes (inconscientes) de no amarme a mí mismo, lo cual termina siendo una orden de auto-agredirme a mí y al otro también. Son órdenes aprendidas y aceptadas, sin cuestionamiento alguno, en mis decisiones de vida, durante mi desarrollo infantil. Una aproximación para entender este asunto de las órdenes está en las preguntas de Santiago 4 (NTV): “¿Qué es lo que causa las disputas y las peleas entre ustedes? ¿Acaso no surgen de los malos deseos que combaten en su interior? 2 Desean lo que no tienen, entonces traman y hasta matan para conseguirlo. Envidian lo que otros tienen, pero no pueden obtenerlo, por eso luchan y les hacen la guerra para quitárselo. Sin embargo, no tienen lo que desean porque no se lo piden a Dios. 3 Aun cuando se lo piden, tampoco lo reciben porque lo piden con malas intenciones: desean solamente lo que les dará placer”.  ¿Qué tal?

            Realmente como seres humanos que somos, nacemos con una “pizarra en blanco”, en la cual se deben escribir todas las indicaciones de lo que yo debo pensar, sentir y actuar en mi vida. El problema no es la pizarra, sino ¿Quién escribe en ella? Quienes lo hacen son nuestras figuras parentales, de quienes tenemos que aprender TODO en la vida. De ellos aprendo según me etiqueten: mi identidad de género (soy Hombre o Mujer), mi Autoestima (mi valoración positiva o negativa), Mis metas (triunfar o fracasar), mi rol de Pareja (para toda la vida, divorcio o soledad), mi rol de Familia (enseñar a mis hijos el amarme o el odiarme), mi rol social (amigos para disfrutar o rechazar), mi rol Profesional (autonomía o dependencia). Como sencillamente necesito saber que pensar, sentir y actuar en la vida, me ubico (aun siendo un niño) frente a mi pizarra y, después de revisar cuidadosamente, todo lo que en ella está escrito, desde la más pura revelación emocional, mental, física y espiritual, en un momento de ‘confluencia energética integral’, YO tomo la decisión (inconsciente) de vivir según las “órdenes” que están grabadas en mi pizarra. Y desde ese preciso momento de decisión, ya no cuestiono mi pizarra nunca más, sino que simplemente sigo al pie de la letra cada orden que allí está definida: “Porque Yo Soy Así”. Como orden al fin, debe ser cumplida, no importa si implica mi auto-destrucción o la de los que (creo) amar. Si no me crees, responde: ¿Sí amas a tu conyugue: Por qué pelean, se agreden, se insultan, se gritan, se separan, se divorcian, se odian, eres infiel, no proteges, no acompañas, no comunicas…? ¿Sí amas a tus hijos: Por qué le gritas, les pegas, los maltratas, los descalificas, los abandonas, los humillas, no los proteges, los críticas, no los guías, no los cuidas, no estás con ellos, no los apoyas…? ¿No es esto destruirte a ti mismo y destruir a los que amas? ¿O soy yo el que está equivocado? No te equivoques, no es como afirmaba Göbbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. No creas tus propias mentiras. La verdad es que “No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra” Gálatas 6:7 (NTV).

Afortunadamente, como ser humano también poseo una mente consciente, racional y lógica, que evoluciona y me actualiza en función del desarrollo mental y físico, de mi proceso de crecimiento y madurez. Ello me permite adaptarme y decidir cambios según los acontecimientos de mi medio ambiente. Me permite adquirir nueva información, validar decisiones y actuaciones. Me permite realizar cambios, a veces para anular completamente una orden, a veces para disminuir su efecto en mi vida. De esa combinación de lo consciente e inconsciente, se crea una balanza de pensamientos, emociones y actuaciones que determinan cada evento, cada decisión, cada consecuencia, con lo cual voy construyendo fragmentos de mi realidad, de mi vida y, TODO lo que en ella obtengo, sea bueno o no. Lo que igualmente me sirve para amarme a mí mismo o para auto-destruirme. Lamentablemente, en la gran mayoría de las personas, el poder y la profundidad de las órdenes grabadas en la infancia, siguen teniendo mucha más fuerza y consistencia que las decisiones lógicas de la conciencia. Con lo cual los finales trágicos y dramáticos se cumplen, auto-destruyendo a la persona. Porque no es solamente cuestión de voluntad o de querer, se debe integrar un proceso mental de pensamiento, emociones y acciones, tanto o más poderoso, que las decisiones infantiles. Lo cual, en la mayoría de las veces, no es nada fácil de hacer, ni de lograr. Por ejemplo, una paciente me dijo en una consulta “Si mis padres no hubiesen sido así, yo no sería así”. Para apoyar mi punto de vista, te dejo estas líneas que escribe J. A. Gaiarsa en la introducción del libro de Shinyashiki (1993): “Es la lección más fundamental de toda la psicología dinámica: Sólo sabemos hacer lo que se hizo con nosotros. Sólo logramos tratar bien a los demás si fuimos bien tratados. Sólo sabemos tratarnos bien si fuimos bien tratados. Si fuimos despreciados, sólo sabemos despreciar. Si fuimos odiados, sólo sabemos odiar. Si fuimos maltratados sólo sabemos maltratar.” (pp. 3-4). ¿Cómo se aplica eso a ti mismo? Porque lo común es echarle la culpa a los otros, siempre los otros. Mi enfoque es que yo continuamente soy el bueno, el que tiene la razón, el que tiene buenos sentimientos, el que termina siendo la víctima, porque el otro ‘me hace…’. Como afirma nuevamente J. A. Gaiarsa: “Lo que no se comprende es cómo hay tanta maldad en un mundo hecho solamente de personas que se consideran tan buenas. Realmente no se entiende”. (p.3) ¿Tú lo entiendes?       

            El principio del ‘amarme a mí mismo’, que es igual al del Yo, nunca puede partir de la perspectiva del egoísmo, o del orgullo sin sentido, ni mucho menos, de la postura del “Ganador” (Análisis Transaccional) cuyo objetivo es: ‘no me importa destruir al otro, mientras sea Yo el que pueda ganar’. Sino por el contrario, parte de un origen fundamental cuya base principal está establecida en los preceptos bíblicos para el ser humano. Los cuales a su vez son la esencia del libro de la Sra. de J. B. Livingston (1972) “Amate a ti mismo”. Yo lo utilizo como base para este artículo. Por lo que hallarás en este artículo las referencias psicológicas habituales, pero también mayor número de referencias bíblicas. Dichos preceptos están reflejados en los versículos de: Levíticos 19:18 y 19:34; Mateo 19:19 y 22:39; Marcos 12:31; Lucas 10:27; Romanos 13:9; Gálatas 5:14 y finalmente en Santiago 2:8. La esencia de cada uno de ellos es: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Lo anterior define el hecho de que para poder amar al otro, primero debo amarme a mí mismo, y de igual manera: ‘no puedo dar lo que no tengo y, no puedo enseñar lo que no sé’. En realidad, si cambio un poco la perspectiva, y veo la Biblia como un libro de psicología, encuentro que Ella es un manual para las relaciones humanas, precisamente el área en la cual fallamos más rotundamente, pues no sabemos amarnos y, mucho menos, amar al otro. En este sentido en Proverbios 19:8 (NTV) dice: “Adquirir sabiduría es amarte a ti mismo; los que atesoran el entendimiento prosperarán” ¡Aprender es la clave! No en balde Oseas 4:6 (RVR 1960) dice: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos”.

            Por otra parte, al igual que en cualquier referencia que se hable del ‘amarme a mí mismo’, este artículo no estaría completo, si no mencionase los atributos del amor que presenta el Apóstol Pablo en 1 Corintios 13:4: “El amor es paciente y bondadoso. El amor no es celoso ni fanfarrón ni orgulloso 5 ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas. 6 No se alegra de la injusticia sino que se alegra cuando la verdad triunfa. 7 El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia” (NTV). Te imaginas poder amar y, que me amaran, con este tipo de amor puro y sano. No con el amor enfermo que hemos aprendido de nuestras figuras parentales, o de las personas con las cuales nos hemos relacionado en nuestros conflictos emocionales. La verdad es que Pablo hace una aseveración válida, no importa cuánto yo pueda dar, cuanto me sacrifique, cuanto pueda lograr, si no me amara a mí mismo y “… si no amara a los demás, no habría logrado nada”. No importa lo utópico que suene, la verdad es que el principio de vida que nos rige, se inicia en la emoción que llamamos amor. Y, ¿Qué mejor forma que aplicarlo sino amándome a mí mismo y amando al otro?

            La Sra. de J. B. Livingston (1972) en su libro “Amate a ti mismo” desarrolla con base en los principios bíblicos “12 fases del cómo amarnos a nosotros mismos” (p. 2) Estás son: “Comprendete a ti mismo; Descúbrete a ti mismo; Aceptate a ti mismo; Valorate a ti mismo; Respetate a ti mismo; Regocijate en ti mismo; Perdonate a ti mismo; Ten Paciencia para contigo mismo; Se Honesto para contigo mismo; No te Desgaste a ti mismo; No te Perjudiques a ti mismo; y finalmente, Vive por ti mismo”. Como lo afirmo constantemente, para mí la clave del proceso terapéutico es enseñar a los pacientes a amarse a sí mismo. Que a través de ello puedan comprender que, realmente somos producto de todo un proceso de aprendizaje, decisiones, experiencias, emociones, experimentadas a lo largo de toda nuestra vida, particularmente durante nuestra etapa infantil, en la cual la interrelación con nuestras figuras parentales y, el medio ambiente en el cual me tocó crecer, determinan, casi imborrablemente, TODO lo que soy. No deja de ser menos cierto que, a pesar de todo eso, cada ‘YO’ tiene el potencial y el poder de cambiar lo aprendido, tiene la capacidad y la opción de amarse a sí mismo, para aprender a vivir y triunfar. Sé y me consta en carne propia que, no es un proceso fácil, pero sí, totalmente posible y realizable. Tenemos todos los recursos para lograrlo. Como afirma 1 Corintios 10:13 “Hasta ahora, ninguna prueba os ha sobrevenido que no pueda considerarse humanamente soportable. Dios es fiel y no permitirá que seáis puestos a prueba más allá de vuestras fuerzas; al contrario, junto con la prueba os proporcionará también la manera de superarla con éxito”. Por su puesto, todo esto, se aplica igualmente a todo lo emocional y, particularmente, a la capacidad de nuestra mente de superarse a sí misma, en cualquier circunstancia, no importa lo grave que haya sido lo que he vivido. ¿Crees tú esto?

            Bien, desarrollemos las ‘fases’ presentadas por la Sra. de J. B. Livingston (1972). Dónde una de sus bases está en Romanos 13:10 “El amor no hace mal a otros, por eso el amor cumple con las exigencias de la ley de Dios.” Porque entre las cualidades del amor están: “Paciencia, cariño, generosidad, humildad, cortesía, abnegación, ecuanimidad, veracidad y sinceridad” (p.2), entre otras muchas. Es cuestión de aprender a aplicarlas en tu propia vida, así como cada una de las fases propuestas por ella. Ciertamente, no se trata de ser ingenuos, como nos acusan los enemigos del ‘amor’ (léase DIOS). Sino muy por el contrario, esto NO se aplica a quien pretende robarnos, maltratarnos, agredirnos, explotarnos, violarnos o asesinarnos. SÍ se aplica a tu cónyuge, a tus hijos, a tus padres, a tus hermanos, a tus amigos y sobre todo a ti mismo. Porque ‘YO’ soy la persona más importante para mí, después de Dios. “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”, y: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” Lucas 10:27 (NTV). Y en el versículo 37 la orden de Jesús es determinante, “Anda entonces y haz tú lo mismo” ¿Sabes que esto es para ti también?  

            Entonces, voy a desglosar en un ‘abre boca’ cada una de las “fases” que la Sra. de J. B. Livingston (1972) propone para el “amarme a mí mismo”. Cada una de ellas, por sí mismas,  puede ocupar un libro entero, y es seguro que ya existe. Por lo que si te interesa algún tema queda de tu parte poder investigar más profundamente. La invitación será a que siempre lo hagas. Como te indiqué su enfoque es netamente Cristo-céntrico, intentaré integrarlo un poco con lo psicológico y veremos que resulta. No olvides que Salomón afirma en Proverbios 1:7: “El temor del Señor es la base del verdadero conocimiento, pero los necios desprecian la sabiduría y la disciplina” (NTV). Te invito a ser sabio y a aplicar lo que te sirva en tu vida.

COMPRÉNDETE A TI MISMO: Es indudable que la esencia de este punto y de todos los demás, será la forma en ¿cómo nos tratamos a nosotros mismos y a los demás? De hecho ella afirma: “…el comprendernos a nosotros mismos es esencial para comprender a los demás. La comprensión de nosotros mismos será el aspecto principal del amarnos a nosotros mismos” (p.3). Su enfoque está en comprender nuestra naturaleza humana, la cual es una triada en continua guerra. Está, en primer lugar, nuestro cuerpo y sus necesidades materiales, dentro de las cuales la búsqueda del placer será nuestra mayor necesidad. Usualmente esta búsqueda del placer nos lleva al libertinaje de los sentidos, la búsqueda del poder, la fama y la fortuna. Las que en su justa medida son buenas y necesarias. Pero usualmente el Ser Humano no se sacia nunca y siempre quiere más y más. Por lo que termina frecuentemente en un vacío mayor que su necesidad inicial. “La sanguijuela tiene dos bocas que chupan, y gritan: «¡Más, más!»” (Proverbios 30:15, NTV)
Nuestra segunda naturaleza es la espiritual. Al fin y al cabo somos un espíritu dado por Dios y, en nuestra muerte (a la que llegaremos todos, sin que podamos hacer nada para evitarlo) “Entonces el polvo volverá a la tierra, de donde fue tomado, y el espíritu volverá a Dios, que lo dio” Eclesiastés 12:7 (NTV).  Porque  no puedo perder de vista que “No puede conseguirse la verdadera realización en una vida sin Dios” (p.4). Le duela a quien le duela.
En tercer lugar, nuestra naturaleza Mental / Emocional, de la cual hablamos continuamente, la que dependiendo de nuestra evaluación infantil, determinará el triunfo o el fracaso en el cual vivimos cada día. Mis tres naturalezas están en continua guerra destruyéndome, por lo que es necesario el comprenderme para saber encontrar el equilibrio y la integración de las tres en la persona que realmente soy. Únicamente cultivando mis tres naturalezas podre encontrar el amor a mí mismo.   

DESCÚBRETE A TI MISMO: Dos aspectos importante se encuentra aquí: Conocerme a mí mismo (¿Quién soy?), e igual de importante, ¿Cuál es el propósito de mi vida? La esencia de esta fase radica en la expresión: “Hay muchas vidas perdidas porque no tiene propósito. No saben hacia donde van” (p.6). Si hay algo que me identifica como ser humano es que ¡Soy único e irrepetible! Lo cual no solamente me define como el individuo que soy, sino que también me permite tener un propósito que es exclusivamente mío, no importa si otros miles tienen el mismo propósito, ejemplo: Yo soy Psicólogo ¿cuántos millones más no hay en el mundo? Lo importante es: cómo YO desarrollo mi propia función en ese rol. Mi forma de realizarla es particular, es única, es exclusivamente mía. Lo prioritario es conocer mis recursos para poder ser el mejor hasta donde me sea posible. Mi reto es ser yo mismo “… ¡no trates de ser alguien o algo que no eres! ¡No trates de ser lo que piensas que otros consideran que tú deberías ser, si esto resulta contrario a lo que eres!” (p.8). Porque si esperas lo mejor de ti mismo, te convertirás en quien realmente eres, y tu camino será guiado por tu propio propósito.
Igualmente, conocer mis limitaciones es importante, porque no solamente puedo realizar muchas acciones a fin de eliminarlas o disminuirlas, sino que lo más necesario es que “No te subestimes a ti mismo en cuanto a tu propia importancia. Todo individuo es útil, y hay un lugar para él. Descubre cual es el tuyo” (p.7). Por eso, si hay algo fundamental en el descubrirme a mí mismo, es precisamente, saber que cada uno tiene su propio propósito “…nuestra tarea es descubrirnos a nosotros mismos, conocer nuestro verdadera función, aceptarla, y ejecutarla de la mejor manera que nos sea posible” (p.7). Lo primero es que yo me considere valioso y necesario en mis funciones, tanto para mí mismo como para los demás. Tal como señala Lucas 11:33 “Nadie enciende una lámpara y luego la esconde o la pone debajo de una canasta. En cambio, una lámpara se coloca en un lugar alto donde todos los que entren en la casa puedan ver su luz” Ciertamente que no todos somos estrellas, pero, hasta la más pequeña vela, ¡brilla con luz propia! Tu propósito es brillar según la dimensión de tu propia luz. ¡Los otros te necesitan!

ACÉPTATE A TI MISMO: La razón básica de mi auto-agresión es: el no aceptarme a mí mismo. Constantemente estoy reclamándome a mí mismo, echándome la culpa, quejándome de mí mismo. Estoy deseando tener cosas diferentes, ser alguien diferente, tener un cuerpo diferente. Si hay algo que me dice cuanto me amo, es precisamente, la forma en que trato a mi cuerpo. No solamente está la expresión de: ‘yo soy mi cuerpo’ sino que más importante aún: ‘yo vivo dentro de mi cuerpo’. En esta idea y, parafraseando la máxima de Lucas 6:45 “porque de lo que abunda en el corazón habla la boca” (NTV): es una realidad que lo que yo siento en mis emociones lo reflejo en mi cuerpo y en mi rostro. Mi expresión corporal es un reflejo de lo que yo he guardado en mi mente y en mi espíritu. Por eso muchas veces cuando me veo al espejo, no me gusta lo que veo y me descalifico, porque eso es lo que yo siento por mí mismo. En vez de sentir vergüenza por mí, debería aprender y decidir aceptarme a mí mismo y empezar a amarme tal cual soy. Aquellas cosas que puedas cambiar, ¡cambialas! las que no, ¡aceptalas! son y eres tú mismo.
Por otra parte, el enfoque de la Sra. de J. B. Livingston (1972) en esta fase, se centra en la invitación a aceptar tu género. Ella dice: “No todos pueden ser hombres, ni todas mujeres. Dios vio la necesidad de ambos, y por eso le dio a cada uno su función” (p.9). En líneas generales dice: “Si fueras varón, se varón, y cumple el papel que Dios te ha dado en calidad de cabeza del hogar” (p.9). “Si fueras mujer sé mujer. Algunas de las más miserables personas que conozco son mujeres que desean ser hombres” (p.10). Yo pienso que el ser humano le ha dicho a Dios ‘quitate tú para ponerme yo’, y ahora tenemos abundancia de hombres que no son hombres y de mujeres que no son mujeres, y mucho menos, que cumplan la función y el rol para el que fueron diseñados por Dios. Ni el hombre es cabeza de su hogar, ni la mujer se sujeta a su esposo, porque ninguno de los dos cumple los principios de Dios para cada uno. Por el contrario, es interesante ver, como a las mujeres de hoy en día (en su mayoría, no estoy diciendo que todas), entrenadas en el arte de odiar y competir contra el hombre, le dan ‘vueltas los ovarios’, cada vez que les dices que deben sujetarse a sus esposos o, que son “una ayuda ideal para él” (génesis 2:18), que era y ES el propósito de Dios al crear a la mujer. Pero como todos ustedes son más que Dios, ¡sigan así, que van bien (hacia su propia destrucción y soledad)! Cerrando este punto aceptarme a mí mismo “Empieza donde estás. Opera con lo mejor de tus habilidades que encierras en tu propio dominio” (p.12).

VALÓRATE A TI MISMO: Es indudable que estamos sometidos toda la vida a continuas evaluaciones de los demás (Familia, amigos, colegio, universidad, la vida). Lo cierto es que estás evaluaciones que nos hacen los demás, jamás darán como resultado un valor justo de mí mismo. Por eso, si algo debemos aprender, es a valorarnos a nosotros mismos, y por supuesto, con el mayor valor posible. Está bien que cuando era un niño, en mi condición de ‘dependiente natural’ estaba obligatoriamente sujeto a las valoraciones de mis figuras parentales. Eran ellos los que determinaban mi valor, con lo cual yo definí mi propio valor a través de mi Autoestima. De allí la certeza de lo dicho por de la Sra. de J. B. Livingston (1972): “Somos el resultado de nuestras propias decisiones; somos lo que elegimos ser. Nuestras elecciones son determinadas por lo que pensamos acerca de nosotros mismos y de nuestras capacidades. Por lo tanto, somos el resultado de la evaluación que hayamos hecho sobre nosotros mismos” (p.13). Lo que no es justo ahora, es el hecho de que ya no sigo siendo un niño, por lo tanto, ahora yo debería valorarme a mí mismo y, con ello, darme mi justo valor, como el ser único que soy. Pero, la gran mayoría sigue ‘engañado’ con la valoración que hicieron y hacen otros de ellos. Este es el error más grande que estamos cometiendo, ¡dejar que otros me sigan valorando!
El enfoque de la Sra. de J. B. Livingston (1972) en esta parte está centrado en: “Todos somos parte de la creación de Dios; y todo lo que Dios creó fue bueno en gran manera” (p.13). Es decir, que yo como creación de Dios no solamente soy bueno, sino que como afirma David (Salmo 139:14) “¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo! Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien”. Yo soy MARAVILLOSO, y eso ‘no tiene precio’. El problema es que, la inmensa mayoría, no le cree a Dios, prefieren seguir creyéndole a los otros, y a las valoraciones negativas que han hecho de mí mismo. La verdad es que siempre que nos miremos en el espejo, debemos contemplarnos a nosotros mismos como maravillosos y, darme cuenta que mi responsabilidad es cuidar de ello. ¡Yo soy quien debe evaluarme a mí mismo! Por eso, desde mi propia decisión, yo puedo aprender a valorarme en positivo y como realmente soy, es decir, “Si crees que vales poco, te amarás poco. Debes aprender a darte tu ‘invaluable’ valor” (p.13). Debes aprender a tener fe en ti, a esperar lo mejor de ti, a confiar en ti y, por su puesto, empezar a actuar esa realidad en ti mismo. ¡Valórate positivamente a ti mismo!

RESPÉTATE A TI MISMO: Esto incluye la atención, la consideración, el reconocimiento que me doy a mí mismo. Implica tener conmigo mismo una actitud positiva hacia mi derecho y deber de vivir y ser feliz. Es sentir que tengo derecho a lograr para mí (y los demás) la alegría y la satisfacción de realizar mis metas en la vida. Es sentirme merecedor de poder tener la libertad de sentir lo que siento, de expresar lo que siento, y de tener la libertad de arriesgarme para lograr las metas de mi vida. Respetarme es vivir de acuerdo a mis propios valores y convicciones. En lo negativo, uno de los problemas más frecuentes que limitan esta cualidad de mí, es que un alto promedio de mi infelicidad y de mi falta de respecto a mí, se origina en el miedo que siento a lo que otros piensan de mí, lo llamamos ‘el que dirán’ y, en otros casos, es mi necesidad de complacer a los demás. Esta condición surge precisamente de no darme mi valor a mí mismo, es decir, de no respetarme, de poner primero a los demás antes que a mí mismo, lo cual me lleva a torturarme continuamente, preocupándome por lo que otros opinan de mí o, si los otros me van a aceptar. Esto implica no permitir que nadie me manipule, no sentirme culpable cuando debo decirle no al otro. Es poner mi prioridad de mí mismo, antes que los caprichos o deseos de los otros.
Respetarme también es ser tolerante con aquellos que no piensa igual que yo, que tienen otra forma de sentir, gustos o intereses, es decir, aceptar al otro tal cual es, no tener la necesidad de cambiarlo. De esta forma el respetarme a mí mismo implica el sentirme orgulloso de mí mismo. Es comprometerme con mis propios pensamientos, sentimientos y acciones, sintiéndome que actúo de manera congruente con lo que soy y, con lo que muestro de mí mismo. Respetarme es tener la seguridad que lo mejor de mí es aquello que sale de adentro de mí, no lo que me viene de afuera. Es comprender que nada puede igualar a lo que yo puedo hacer por mí mismo, porque ese es el secreto de respetarme y amarme a mí mismo.

REGOCÍJATE EN TI MISMO: Esto es alegrarme y ser feliz conmigo mismo. Es encontrar los motivos para regocijarme y ser feliz, primero en mí mismo, luego, a través del compartir con los demás, encontrar en los otros muchos más motivos de alegría. De hecho, el diccionario define la felicidad como “Estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno”. Ello indica que es una interrelación entre lo interno de la persona y lo externo a sí mismo. Por ejemplo el alcanzar las metas que deseo. Lo cual también permite afirmar que, la felicidad basada en cosas externas, es pasajera. Es efímera en función de ¿Cuánto tardo en tener una nueva necesidad o un nuevo deseo? O de que ocurra cualquier evento que trunque dicha felicidad. En este sentido la felicidad no es un continuo, sino más bien, destellos momentáneos y aleatorios de esta emoción de regocijo. Igualmente he de considerar que si enfoco mi felicidad en cosas como el dinero, la fama, el poder, las posesiones materiales y económicas, estoy en el camino equivocado. Todas ellas únicamente traen más y más estrés y angustia, porque vivimos en un principio social y cultural inadecuado: ‘cuando no tengo, quiero tener y, cuando tengo, quiero tener más’, es una búsqueda desenfrenada de más y más codicia. Como señala  la Sra. de J. B. Livingston (1972): “Nuestro mundo, orientado a la diversión y la búsqueda de placer explica la locura por el dinero, y el deseo por los placeres que se pueden comprar” (p.21). En este sentido, yo puedo lograr que el regocijarme sea un estado permanente en mí mismo, cuando al integrar cada uno de los elementos que estamos conversando, encuentro la clave de amarme a mí mismo, es decir, si me amo puedo regocijarme permanentemente, porque depende de mí.
Por otra parte, la miseria y la infelicidad es opcional y una decisión que sólo depende de mí. Tal como señala Shinyashiki (1993) “¡USTED ES LIBRE DE SUFRIR TODO LO QUE QUIERA! Observe que su libertad le da condiciones para sufrir todo lo que quiera… ¡USTED SÓLO DEJARÁ DE SUFRIR CUANDO QUIERA! Dése cuenta de que usted tiene libertad para sufrir todo lo que quiera” (p.106).  Igualmente señala: “Algunas personas deciden estar en el mundo para vivir; otras para sufrir. Y piensan que su destino es sufrir. Sólo cuando usted lo decida, dejará de sufrir. ¡Porque usted es libre!” (p.106). En este sentido, e igual que en el punto anterior, la Sra. de J. B. Livingston (1972) dice: “… el alto promedio de infelicidad viene del temor a lo que otros piensen de nosotros. Muchas de nuestras acciones son gobernadas por este temor. Nos torturamos continuamente preocupándonos por lo que otros piensan de nosotros, sin darnos cuenta que también ellos todo el tiempo se la pasan pensando en sí mismos” (p.21). Es por eso que es prioritario que te puedas dar cuenta que nadie, ningún lugar o ninguna cosa te pueden hacer feliz permanentemente. “La felicidad es nuestra opción, y viene de adentro. Se determina por nuestras actitudes y nuestras reacciones hacia las circunstancias” (p.21). Ser feliz depende de mí, es cuestión de creerlo y actuarlo.

PERDÓNATE A TI MISMO: Igual que decimos que el amor es una decisión, así también lo es el perdón, ¡es una decisión! Partimos de la idea de que el perdón es una expresión del amor (a mí mismo y a los otros) y, la clave para liberarme de ataduras que me amargan el alma y enferman mi cuerpo. Porque al amarme a mí mismo, no debo aborrecerme, ni vengarme, ni guardarme rencor contra mí mismo. Mucho menos el auto agredirme o, atentar contra mí mismo, porque al perdonarme debo olvidar y no guardar rencor contra mí mismo (ni contra nadie). Perdonar significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que me causan dolor, rabia y me destruyen día a día. La falta de perdón me encadena a las personas en el resentimiento. Me hace esclavo de ellas, destruye mi paz emocional y física. Desgasta mi energía, mi salud y mi felicidad. Para entender el perdón es necesario darme cuenta de que no existe nada ni nadie que pueda quitar el dolor sufrido en el pasado, por el simple hecho de que el pasado no tiene cómo ser cambiado. Para Echeverría (1996) el “Perdonar no es un acto de gracia para quien nos hizo daño, aunque pueda también serlo. Perdonar es un acto declarativo de liberación personal”. Cuando no nos perdonamos, en el sentimiento autodestructivo de la culpa, me convierto tanto en víctima como en victimario de mí mismo. Yo me castigo a mí mismo. Es como afirma la Sra. de J. B. Livingston (1972): “Los sentimientos de culpa destruyen nuestra buena voluntad hacia nosotros mismos” (p.24) y, me exigen un castigo. Por eso “La gente que no se perdona a sí misma, muchas veces se venga de sí misma, maltratando su mente y su cuerpo con hábitos nocivos” (p.24). Perdonarme es renunciar a la necesidad de mantenerme en el resentimiento y, en el deseo de castigarme a mí mismo.
Por otra parte, para Echeverría (1996) “Al perdonar nos hacemos cargo de nosotros mismos y resolvemos poner término a un proceso abierto que sigue reproduciendo el daño que originalmente se nos hizo. Al perdonar reconocemos que no sólo el otro, sino también nosotros mismos, somos ahora responsables de nuestro bienestar”. Porque el que se ama a sí mismo, se perdona a sí mismo. Al perdonarme olvido los errores y, no los traigo nunca más al presente. Tomo el control de mis propios pensamientos y emociones, me hago dueño de mis acciones y de las consecuencias de cada una de mis propias decisiones. Aprendo a responsabilizarme de mí y de todo lo que de mí sale. Me reconozco como ser humano con derecho a equivocarme, y sobre todo con el derecho y el deber de corregirlo. Ciertamente, que todos tenemos algo que perdonarnos y, nadie mejor que yo mismo, para conocer todos mis errores y transgresiones, pero esa es una carga demasiado pesada para llevar en el presente.  Por eso, si sé que Dios “es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Cuanto más, yo mismo estoy obligado a perdonarme y, aprender de mis errores, para nunca más repetirlos. En el salmo 143:2 David al pedir perdón a Dios le dice: No lleves a juicio a tu siervo,  porque ante ti nadie es inocente.” Afírmalo: ¡Perdonar Es Aprender A Amarme A Mí Mismo!

TEN PACIENCIA PARA CONTIGO MISMO: Dicen que la paciencia es “la ciencia de la paz”. Siendo esto verdad, la primera persona con la que tienes que estar en paz, es contigo mismo. Por lo que “Amarse a sí mismo es aprender a tener paciencia para consigo mismo” (p.26). Tener paciencia es aprender a manejar las críticas, los obstáculos, las demoras, las manifestaciones de agresión, las sobre exigencias, y particularmente, las limitaciones (ojo no solamente las mías propias, sino las de aquellos que están en mi entorno cercano y lejano). Ciertamente “Toda persona tiene limitaciones físicas” (p.26). Y desde el punto de vista del enfoque emocional, todos tenemos situaciones de conflictos, que indudablemente desafían mi propia paz y mis relaciones con los demás. Esto requiere que sea tolerante con mis errores y con los ajenos a mí. Por ello la mejor manera para desarrollar la paciencia para conmigo mismo (y para con los demás) es mediante el reconocimiento de mis propias limitaciones. Puedo comprender que en mis limitaciones no puedo hacer todas las cosas, ni complacer a todas las personas. De hecho para tener paciencia conmigo mismo y con los demás, es necesario dejar de exigirme tanto, dejar de buscar la perfección, que de paso no existe, y aprender a manejar y superar mis limitaciones. “Ser paciente para contigo mismo requiere la habilidad de conocer cuando te estás haciendo exigencias indebidas a ti mismo” (p.28).
Tener paciencia es comprender que es necesario que cumpla con mis responsabilidades en su debido tiempo, de esta forma no voy a culparme ni agredirme por las que he descuidado. En este punto, necesito darme cuenta que es importante que trabaje en mi propia área de responsabilidad, dejando que los demás puedan ocuparse de las suyas propias. Yo no necesito cargarme y agotarme por querer hacer, lo que no me corresponde y, le pertenece al otro. Como dice la oración de la Gestalt “Yo no estoy aquí para complacerte a ti, tú no estás aquí para complacerme a mí”. No importan mis habilidades y capacidades, la verdad es que “Estamos limitados a dar un solo paso a la vez en cualquier cosa que emprendamos” (p.26). De allí la necesidad de planificarme y de darle prioridad a cada cosa, sabiendo manejar un equilibrio entre lo ‘importante y lo urgente’. No postergando para no acumular, y luego tener que ir a la carrera, de lo cual muchas veces solamente ‘queda el cansancio’. Por ello el plantearme metas y objetivos, el planificar es importante para conocer mi propia dirección. Al tener claro mi camino, puedo conocer y saber que desarrollarlo es un proceso paulatino, de evolución, que no puede ser de un día para otro, requiere como todo, su propio espacio de tiempo. Para lo cual necesito ser paciente. Darme mi propio tiempo. De ‘algún lugar’ copie: “Las personas que tienen paciencia saben esperar con calma a que las cosas sucedan, ya que piensan que las cosas que no dependan estrictamente de sí mismos, se les debe otorgar tiempo” (s/r).

SE HONESTO PARA CONTIGO MISMO: Ser honesto conmigo mismo es practicar lo que predico. Es ser coherente entre lo que digo, pienso, siento y actúo. Mi ejemplo, mi actuación, habla de mí mismo, de mi honestidad y particularmente, de la verdad que dirige mi vida. Es interesante que Pilatos le preguntara a Jesucristo “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:38).Según los diccionarios podemos entender la verdad como la coincidencia entre una afirmación y los hechos o la realidad a la que dicha afirmación se refiere. Incluye la buena fe y la sinceridad humana en general. Las cosas son verdaderas cuando son fiables, fieles porque cumplen lo que ofrecen. También incluyen lo que es firme, digno de confianza, estable, fiel,  hacer lo correcto, lo justo y, especialmente, que lo aplico tanto para mí mismo como para los demás. Para la Sra. de J. B. Livingston (1972) el ser honesto conmigo mismo es que “Debemos decirnos la verdad a nosotros mismos. No mentirnos a nosotros mismos acerca de nosotros mismos” (p.29). Esta situación se ve muy frecuentemente en el consultorio, cada vez que le preguntas a un paciente que se describa a si mismo, que responda a la pregunta ¿Quién soy yo? Dan vueltas y vueltas para ver como acomodan lo que tienen que decir acerca de ellos mismos. Esto se debe a que muchas personas se avergüenzan de si mismas y “otros por ser deshonestos con ellos mismos tratan de ser ante otros algo que en realidad no son” (p.31).
            El ser honesto conmigo mismo me da seguridad, me permite la libertad de actuar  conforme a mi propia forma de pensar. Me libra de las ataduras del “que dirán”. Me permite establecer hábitos y rutinas que sustenten mi forma de vivir conmigo mismo, permitiéndome interrelacionarme con los otros desde lo genuino de mis sentimientos. Me permite asumir la responsabilidad de mis decisiones, de mi vida y de todo lo que construyo en mí, y alrededor de mí. Porque “Cuando uno es honesto para consigo mismo no hay lugar para pretextos” (p.31). De forma que puedo actuar en todo tiempo y lugar, frente a cualquier audiencia de una forma autentica, conforme a mis principios, valores y ética. Ello, además de afirmar mi honestidad, permite afirmar que el amarme a mí mismo sea equivalente a admitir mis errores, y así dejar que prevalezca la verdad en mí, y en todo lo que es mío. Es poder renunciar a ser la víctima de mis propios engaños. Es poder dejar de fingir ante los otros porque conozco y acepto mi propia verdad. En resumen, el ser honesto conmigo mismo, me lleva a una libertad y a un sentido de ser autentico, que colma mi vida de felicidad y amor, porque el otro sabe que puede confiar en mí, porque yo no hare nada para dañarlo o defraudarlo.

NO TE DESGASTES A TI MISMO: El concepto de desgastarse a sí mismo abarca muchos aspectos. Puedo hablar del desgaste físico (la enfermedad, la ociosidad), del desgaste mental (los conflictos emocionales), del desgaste de mis relaciones afectivas (pareja, familia, amigos). El enfoque de la Sra. de J. B. Livingston (1972) es el desgaste en función de perder el tiempo: “Cuando no empleas el tiempo de la mejor manera posible para ti mismo,…estás desgastándote a ti mismo” (p.32). El tiempo en sí mismo es ‘un recurso no renovable’. Todos tenemos una ‘fecha de vencimiento’. Cada día que pasa es irrepetible e irrecuperable. El concepto de eternidad es inmanejable para nosotros, podemos hablar de los millones de siglos del proceso de creación del universo, o de los millones de siglos para su extinción, pero nuestro tiempo es limitado y, por lo general, para la mayoría de nosotros, demasiado corto. De hecho, en la amplitud de opiniones de las personas, es una queja bastante frecuente de muchas personas el decir “No me alcanza el tiempo”, para algunos el día debería tener 30 horas. Sin embargo, igualmente existe una gran cantidad de personas que están en el extremo opuesto, para ellos, la queja es “que fastidio no sé que hacer”. En cualquiera de las dos posturas en la que te encuentres te estás desgastando a ti mismo. Los primeros no tienen capacidad de disfrutar ni de sí mismos ni de la vida, tienen que vivir en una carrera de “hacer” porque ‘nada es suficiente’, nada los satisface ni los llena, tienen una necesidad de aprobación de otros para llenar el vacío de sus vidas ‘solitarias y de falta de reconocimiento’. Para los segundos, su vida depresiva y sin sentido, los lleva a desvalorizarse, a no considerarse capaz de hacer cosas que sean útiles a sí mismos y a los demás. Los días pasan unos tras otros, sin un proyecto, sin propósito, desperdiciando continuamente las oportunidades o las actividades a desarrollar. “La manera como tú desperdicias tu tiempo determina la forma como tú te desgastas a ti mismo” (p.32).
            A este respecto Og Mandino (1987) dice: “Tengo tan sólo una vida, y la vida nada es sino una medida de tiempo. Cuando malgasto una destruyo al otro. Si malgasto el hoy, destruyo la última página de mi vida. Por lo tanto, trataré con ternura y afecto cada hora, porque no retornará jamás” (p.87). Me desgasto cuando estoy lleno de temores que me impiden actuar, tomar decisiones, cuando solamente me quejo sin buscar una solución a mi situación. Me desgasto cuando me lleno más y más de cosas que no son productivas para mí. Cuando desperdicio mi tiempo en miles de actividades, sí urgentes, pero no importantes. Cuando por ir a la carrera o por haber dejado todo para ‘última hora’, no cumplo ni conmigo mismo ni con los demás. Me desgasto cada vez que dudo de mí, que no confío en mí mismo. Cuando siento lástima de mí mismo y me dedico a lamer mis propias heridas del pasado. Cuando vivo en un mundo de fantasías sin sentido ni acción real. Cuando no sé evaluar mis actividades, ni escoger las mejores. Me desgato de miles de maneras y formas, cuando no me doy mi propia prioridad, ni me ocupo de mí mismo. Cuando dejo que mis pensamientos se hundan en mis conflictos y en lo negativo de mí, en vez de ocuparlos con lo mejor de mí y de mis posibilidades y, de mi potencial para triunfar. Como señala Og Mandino (1987) “Eludiré con ahínco a todo aquello que mata el tiempo. Destruiré la indecisión con la acción; sepultaré las dudas bajo la fe; el temor destruiré con la confianza. No escucharé a los labios ociosos;… Viviré este día como si fuese el último de mi existencia” (p.87).

NO TE PERJUDIQUES A TI MISMO: Diría que este punto es equivalente a mi planteamiento inicial, de no auto agredirme. Cantidad de veces los pacientes comentan que hacen cosas que no quieren hacerse a sí mismo, pero al mismo tiempo te están afirmando: “es que no lo puedo evitar”. Miles de cosas de autoagresión que ya he mencionado: conflictos en las relaciones, autoagresiones físicas en comida, droga, alcohol, homosexualidad, mantener situaciones de estrés, depresión, ansiedades. Ya lo indique antes, la lista se extiende y se extiende. Lo que es interesante, es que muchas veces esta frase de los pacientes, viene acompañada de una sonrisa irónica, que no es otra cosa, sino un reforzamiento de tal agresión. A ¿quién están culpando? Porque es indudable de que no se están responsabilizando de sí mismos. La respuesta es genial, porque cuando descubren “lo inconsciente”, a través de la información que reciben en la consulta, a partir de ese momento, su peor enemigo (lo inconsciente) se convierte en su mejor aliado. Ahora será su excusa perfecta para todo: “es que eso fue inconsciente… yo no quería… pero me salió lo inconsciente”. Reforzando y manteniendo así sus propios conflictos, aliándose con lo inconsciente para no tener que enfrentar el trabajo de cambiarlo. Con lo cual continúan en su camino de perjudicarse a sí mismos, lo que es igual, desde este contexto, a no amarse a sí mismo. En este sentido la Sra. de J. B. Livingston (1972) señala: “El que se ama a sí mismo no se lastima a sí mismo. El amor no trata de impresionar a otros” (p.35). Es interesante que incluya la expresión de ‘impresionar a otros’. Ella ha estado mencionando el miedo al ‘que dirán’ como una de las cosas que más me quitan la capacidad de amarme. Porque tratar de ganarme la aprobación de los otros, es quizás, la mejor forma de perjudicarme a mí mismo. Al buscar la aprobación de los demás, demuestro que yo mismo no me apruebo, no me valor, no me respeto, no me amo, y todo ello, no es otra cosa sino perjudicarme a mí mismo. Ser lo que no soy, fingir, ser falso, presumir lo que no soy o no tengo, querer aparentar para complacer a otros, son las mejores formas de perjudicarme.
La realidad de esa necesidad de aprobación, viene desde mi proceso infantil con mis figuras parentales. Necesitaba desesperadamente que ellos me aprobaran. Pero mi error mas garrafal es, a pesar de ser hoy un adulto responsable de mi mismo, continuar con la misma sensación infantil de necesitar dicha aprobación. Debo partir de la base que nunca podré hacer nada, para complacer a unos padres que ya no existen, y mucho menos, desde el niño que ya no soy. Tanto ellos, como yo, no somos los mismos. Son procesos del pasado que ya no pueden ser modificados, ahora solamente me queda renunciar a ello, para iniciar un proceso, de ser yo mi propia fuente de aprobación y aceptación. En la búsqueda desesperada de muchas personas para lograr las motivaciones de fama, riqueza, poder, felicidad, muchos terminan autodestruyéndose. Viven en la cultura del placer y la diversión, sin importar el costo ni emocional ni físico. Nos domina una falta de moderación, no tenemos, ni nos ponemos limites a nuestra sobre indulgencia, vivimos en los excesos continuos. Muchas veces lo hacemos para escapar de nuestra rutina, de nuestra responsabilidad, del costo que implica trabajar por y para mí. Nos dejamos arrastrar por los deseos, las pasiones y, en definitiva, por las órdenes inconscientes que nos invitan a destruirnos. La Sra. de J. B. Livingston (1972) señala: “Mucha de la presión de nuestro tiempo es causada por el deseo de asistir a todo lo que se nos ofrece para divertirnos” (p.37). Es una búsqueda, muchas veces, sin límites que, me permite la fantasía de huir de mí mismo y de mis situaciones de conflicto. Aunque la única realidad es que nunca podre huir de mi propia sombra. Por el contrario, esta forma de vida, termina a ciencia cierta, perjudicándome más y más, hundiéndome irremediablemente en un abismo de autodestrucción, cada vez más profundo. Por ello, la necesidad de amarme a mí mismo es fundamental para obtener mi propia felicidad. De tal forma que no encuentre motivos para seguir perjudicándome.

VIVE POR TI MISMO: Frente a la propuesta de vivir, caben tres preguntas básicas: ¿Para quién vivir? ¿Para qué vivir? Y por supuesto ¿A partir de cuándo empezar a vivir? En función de esta fase, la respuesta a la primera pregunta es obvia: Voy a vivir para mí. Lo interesante de esta respuesta, es el hecho de que, la mayoría de las personas no están conscientes de ello. Piensan que deben vivir para otros, los más frecuentes: los hijos, los padres o la pareja. No entiendes que si no empiezas a vivir para ti mismo, es imposible compartir tu vida con nadie más, por el simple hecho de que, ¡no tienes una vida que compartir!  ¿Cómo le vas a dar al otro algo que no tienes? El problema asociado a esta pregunta y su respuesta, es que el miedo real de la mayoría de las personas, es precisamente, el miedo a vivir. ¡Vivir es el mayor reto que tienes! Mis decisiones, mi felicidad, mi amor, mis logros, todo lo que soy depende de mi decisión de vivir. Es mi libertad decidir cómo quiero vivir mi vida y, lo más importante, vivirla para mí. Lejos de lo que la mayoría piensa, en sus mentes contaminadas con el conflicto, manipuladas por la culpa, el qué dirán y, de un erróneo concepto de responsabilidad para con los otros, vivir se trata de una realización plena de mí mismo, a través de la cual yo pueda vivir y compartir junto al otro, no sacrificar mi vida, para que el otro esté contento, al convertirme en una víctima de su manipulación. Como lo señala la Sra. de J. B. Livingston (1972): “Nuestra responsabilidad debe apoyarse en la consagración de nosotros mismos, poniéndonos nosotros mismos…” (p.41) en primer lugar, solamente así podré dar y acompañar al otro. Para reforzarlo, nos recuerda la afirmación de Romanos 14:12: “Todo Ser Humano tiene que dar cuenta de sí mismo a Dios”. Cuando llegue mi momento de rendir cuenta, no voy a llamar a mi papá o a mi mamá o a un hijo mío, no, nada de eso, me van a pedir cuenta única y exclusivamente a mí mismo, ¡Porque la vida es MÍA! No del otro. “…somos el resultado de nuestra elección. Si me amo a mí mismo escogeré la vida” (p.39).
            Igualmente, la segunda pregunta tiene una respuesta obvia: Voy a vivir para amar. Primero a mí mismo y luego: a los demás como a mí mismo. Es necesario que comprenda que el amarme a mí mismo es una necesidad, no es, ni tiene que ver con orgullos falsos, o arrogancia, ni muchos menos con narcisismo o egoísmo. Tiene que ver con lo que he repetido constantemente: únicamente amándome a mí mismo tendré la capacidad de amar a los otros, porque lo que yo me dé a mí mismo, es lo que voy a poder dar a los otros, ¡No tengo otra cosa que dar! Sí puedo ayudar a los otros, sí puedo apoyarlos, pero no debo olvidar que “Al ocuparnos de las necesidades de los demás, sólo debemos ayudarlos; no es posible resolverles sus problemas; sólo ellos lo pueden hacer” (p.41). Hay un principio y una diferencia clara entre quien soy YO y quien eres TÚ. Lo más que puedo hacer es compartir contigo todo mi amor. Y con ello, todo lo que nos puede unir, sin dejar de ser quienes somos.
            Finalmente, respecto a la tercera pregunta, es igualmente obvio: Voy a vivir a partir de ‘ya mismo’, es aquí y ahora, no lo puedo seguir postergando, no existe ‘un para luego’. No se trata de lo que hice o dejé de hacer en el ayer, ni del mañana que aún no existe, se trata de este momento, de este instante, se trata de una decisión de ‘ya mismo’. Como señala Og Mandino (1987): “No perderé ni un momento siquiera en lamentarme por las desgracias del ayer,.. No, el ayer a quedado sepultado para siempre y no pensaré más en él” (p.85). “… no pensaré tampoco en el mañana… ¡No! El mañana yace sepultado con el ayer y no pensaré más en él” (p.86). Cierra con esta afirmación: “Este día es todo lo que tengo, y estas horas son ahora mi eternidad… Elevo mis brazos con agradecimiento por este don inapreciable… Viviré este día como si fuese el último de mi existencia” (p.86). No existe otro momento sino ‘ahora’ para empezar a amarme a mí mismo y, empezar a vivir mi propia vida. Para la Sra. de J. B. Livingston (1972): “Vivir para uno mismo es dirigir la vida diariamente de tal manera que, con toda confianza podamos rendirle cuentas a Dios” (p.39). Y llegue el momento en que Dios y la vida me digan: “Lo has hecho bien”.

            Para cerrar este artículo, utilizo las palabras de 1 Corintios 13 (NTV): “… ¡Pero el amor durará para siempre!... Todo lo que ahora conozco es parcial e incompleto, pero luego conoceré todo por completo, tal como Dios ya me conoce a mí completamente… Tres cosas durarán para siempre: la fe, la esperanza y el amor; y la mayor de las tres es el amor”. AMATE A TI MISMO: porque esa es la clave de aprender a vivir para triunfar y ser feliz.

Referencias:
Echeverría, R. (1996). Ontología del lenguaje. 3ra edición. Santiago, Chile: Dolmen Ediciones, S.A.
OG Mandino. (1987). El vendedor más grande del mundo. Colombia: Editorial Printer Colombiana Ltda.
Shinyashiki, R. (1993). La caricia esencial. Una psicología del afecto. Colombia: Editorial Norma
Sra. J. B. Livingston. (1972).  Amate a ti mismo. USA: Ed. Western Christian Foundation, inc.
Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA