jueves, 29 de noviembre de 2012

¿Yo? ¿Al psicólogo? ¡No!, ¡Yo no estoy loco!


¿Yo? ¿Al psicólogo? ¡No!, ¡Yo no estoy loco!
Por: J. Rafael Olivieri
 
El camino del matrimonio exige que ambos cónyuges renuncien a sus intereses personales cuando estos van en contra de los intereses del matrimonio y que renuncien a todo interés, meta y propósito si estos se oponen a la relación. (Hormachea, 1994, p. 18)
 
Ciertamente siempre he pensado que entre dos posiciones extremas, en el medio de ambas hay un amplio abanico de opciones. Por ejemplo, con relación a la disposición de consultar con un psicoterapeuta, hay países como Estados Unidos que hasta las mascotas tienen su propio psicólogo. Así mismo (no me vayan a creer) en algunas zonas de África, no saben que existen los psicólogos. En el medio de estas dos fronteras, estamos todos los demás, con nuestras diversas variantes, creencias y culturas. Donde en muchas ocasiones, el hecho de visitar a un psicólogo, es un tema que mueve inquietudes, prejuicios y ansiedades; porque como parte del sistema de creencias emocionales de cada persona, muchos afirman que hay que estar locos para ir al psicólogo. Muchas veces he pensado que el que piensa así, es el que necesita más urgentemente ir a consulta, pues es quien tiene menos conciencia de su enfermedad emocional y por supuesto, de su miedo a enfrentarse a ello. A favor de mi gremio, no olvidemos el refrán popular que dice: “de músico, poeta y loco todos tenemos un poco”. Por algo lo dirán.
 
Indudablemente, esa es una de las posiciones más difundidas entre muchísima gente, la idea de que, solamente ‘los locos’ son los que tienen necesidad de visitar a un psicólogo / psiquiatra. La verdad, hasta en eso tengo mis dudas, pues por definición la locura es una pérdida de la capacidad de mantener una conciencia adecuada de la realidad que todos compartimos. Además, si entiendo que la locura es el último mecanismo de protección que usa mi mente, frente a mi carga de conflictos emocionales, para no suicidarme, dado los niveles de angustia y miedo, que los mismos me producen, pudiese así aceptar que: la locura es una opción de sobrevivencia, tomando en cuenta el principio de vida que rige a todos los seres vivos de este nuestro planeta Tierra. No en balde todo es creado por Dios.
 
Ciertamente, la verdad es que la gran mayoría de las personas no están locos, según la definición dada. ¡PERO! Todo el que haya nacido en la Tierra y tenga Papá y Mamá (mil veces más lo que dicen que no los tuvieron), es 100% seguro que están llenos de conflictos emocionales, de decisiones infantiles llenas de traumas, como indica Freud. De géstales abiertas y huecos en la estructura de su personalidad, con falta de contacto consigo mismo y con el mundo, como indican los gestaltistas. De montones de transacciones interpersonales equivocadas, falta de caricias y juegos psicológicos inadecuados, como señala Berne (AT). Todo ello se suma para crear una serie de conductas que generan conflictos, no solamente en la persona en sí misma (miedos, celos, envidia, resentimientos, venganzas, amarguras, soledad…), sino más grave aún, en las relaciones interpersonales con los otros (peleas, separaciones, maltratos, divorcios, violencia, odio…). Si no me crees, pregúntate ¿Cuál es la razón de no ser como quiero ser, de no tener lo que quiero, de no ser feliz con quien estoy…? ¡La respuesta no es culpar al otro, es responsabilizarte de tus decisiones emocionales!  Lo lamentable de esta postura anti-psicólogos, es que existen muchísimas personas que requieren del apoyo psicológico y, en base a su ‘sistema de creencias’, se niegan así mismas esta posibilidad. Limitando por una parte su potencial, no solamente de ser felices, sino de llegar a ser los triunfadores para lo cual fueron diseñados.
 
Pero, la idea de comentar acerca de esta creencia de la que hablo, es que cada vez más, mis pacientes me han estado haciendo referencia a esta afirmación, sobre todo en lo que atañe a la relación de pareja. Te explico: una buena parte de mis pacientes son mujeres (esto no es nuevo), la verdad, en la diferencia de géneros, las mujeres son más sensibles emocionalmente (ojo que tampoco son todas, hay muchas que la rabia y el odio con que viven, les ha quitado lo femenino). La Biblia define a la mujer como “vaso frágil” 1 Pedro 3:7, en otra versión dice: “ya que como mujer es más delicada”. Ellas están más enfocadas en las relaciones interpersonales, en el compartir y, debido a esta fragilidad, expresan una mayor actitud a buscar orientación y asesoría psicológica. A diferencia de los hombres, que están mas orientados a competir unos con otros y a ganar (tampoco son todos, su debilidad y miedo, les ha quitado mucho de lo masculino). Ellos han de ser mas autosuficientes y, no buscan ayuda, a menos que, se sientan en el fondo del poso emocional, por aquello de: “macho que se respeta, hace pipi para’o”.
 
En este sentido, muchas mujeres me han dicho que han invitado a su pareja a venir a terapia (te hablo de las distintas técnicas que usamos: consulta, talleres, grupo, relajaciones, Skype…) y, la respuesta, casi inequívoca de ellos ha sido: “¿Yo?  ¿Al psicólogo? ¡No! ¡Yo no estoy loco!”. Por lo general, es la mujer la que primero se da cuenta del proceso de ruptura que está ocurriendo en la pareja, decidiendo acudir a terapia para encontrar una solución. Al ir comprendiendo las situaciones emocionales que están ocurriendo, donde los dos son igualmente responsables, e indudablemente, por amor, intentando salvar la relación, invita al esposo a compartir dicho proceso, cuya respuesta, en la gran mayoría de los casos, es la ya indicada. Junto con otra mentira más, que es: “nosotros no necesitamos a nadie que nos diga que hacer” (Ciertamente, un Psicólogo que se respete no le dice al paciente que tiene que hacer, en vez de eso, le da opciones, para que el paciente decida por sí mismo que quiere hacer). La esposa acepta esta decisión, pero, al pasar el tiempo y, continuar la situación de deterioro, porque no han habido cambios para solucionar la relación, muchas mujeres, intentado aguantar, en realidad lo que han logrado es que se han llenado de mucha rabia, hasta que inevitablemente, terminan explotando y tomando la decisión de separación. Allí la cosa cambia de color, pues con la rabia desbordada ahora no quiere saber nada del otro, mucho menos arreglar ‘las cosas’. Es en ese momento cuando muchos hombres vienen a terapia para arreglar lo que ya está roto. (La mejor medicina es la preventiva, no la curativa).
 
El hombre se ve enfrentado a una ruptura de “su comodidad y dominio” y, se llena de miedo por la pérdida evidente que le viene encima. Cambiando el panorama a lo que me ha estado sucediendo más recientemente y, que me ha llamado la atención: el hecho de que ahora están viniendo más hombres comentando lo mismo de sus esposas: “doctor yo le he dicho que venga y, me dice que ella no está loca”. A decir verdad, lo que ha pasado es que el hombre, muchas veces también se ha dado cuenta del deterioro de la relación, pero dada su menor sensibilidad (y su orgullo) no comparte la necesidad de orientación de la esposa, pensando que las cosas se van a solucionar ‘solas’. Deja pasar así el tiempo hasta que recibe, como ‘balde de agua fría’ la petición de separación por parte de la esposa. ¡Ahora sí! sale corriendo a buscar al psicólogo. No estoy incluyendo los casos cuando el hombre tiene a otra mujer, pues en la mayoría de las veces, esta situación le da fortaleza y se separa, después, la culpa y las sensaciones de fracaso, lo traen a la consulta (ojo que cada vez más mujeres están entrando en esta opción de tener a otro).
 
La realidad de esta verdad de “unos contra otros” tiene un principio en la motivación inconsciente de NO resolver la problemática de pareja, para terminar casi inevitablemente en la ruptura y separación (divorcio), dada la programación infantil y los conflictos emocionales de cada uno. Como siempre digo: la responsabilidad es 50% él y 50% ella, no en la separación de bienes, sino en todas las acciones que hacen tanto él como ella, para unir o destruir la relación de pareja, según sea el caso. No se caigan a mentiras, la responsabilidad es igual en los dos, eso de echarle la culpa al otro, no es sino para justificar el ‘yo no estoy loco’. Esto que les describo pasa muy frecuente: cuando Ella quiere venir al psicólogo, Él dice que no, cuando Él quiere venir, ahora Ella die que no. A la larga el desenlace inevitable: la separación (lo que ambos buscaban en sus conflictos inconscientes, difícil de aceptar y entender, pero real. Si no ¿Por qué tantas parejas destruidas?).
 
Ciertamente, en la gran mayoría de las parejas, donde uno de los dos decide asistir al psicólogo, es porque ya están, como relación, al borde del precipicio, cuando no, ya están dentro de él. Muchas veces ya uno ha decidido la separación (el de la rabia), incluso ya ha visitado al abogado, mientras que el otro, aunque ya sabia hace mucho tiempo atrás lo que estaba pasando, ahora se enfrenta a una situación real que no quiere (el del miedo), por lo que por lo general, acuerdan como “último recurso” ir al psicólogo para resolver lo que está pasando entre ellos. Muchas personas vienen cuando ya no hay nada que hacer, porque sencillamente el otro no quiere (para que una pareja funcione, ambos deben tener y querer el mismo norte, si no, no hay nada que hacer. Es una decisión individual de cada uno y de la relación en sí misma). Otras veces ya están separados o divorciados y ahora quieren reparar ‘los platos rotos’. La verdad, yo pienso y creo que, sí ambos se lo proponen y se libran de sus conflictos emocionales, pueden construir una nueva relación más sana y que cumpla el propósito “hasta que la muerte los separe”, en felicidad para ambos. En mi criterio personal: toda pareja merece y necesita ‘n’ oportunidades (hay un principio de Dios en eso).
 
El problema del “último recurso” (donde muchas veces meten a Dios en ese paquete, siendo que es una responsabilidad exclusiva de la pareja lo que les está pasando entre ellos y, que por supuesto, Dios no quería que llegaran a estos extremos), es el hecho de que, sí deciden venir al psicólogo, frecuentemente pasa que: con el aprendizaje en el proceso emocional, empiezan a darse cuenta de sus situaciones, hacen ajustes y ven que al cambiar sus conductas y su forma de tratarse, las cosas empiezan a mejorar. Baja la carga de angustia y agresión entre ellos, se recupera la ilusión, la esperanza y, ahora se sienten de nuevo bien. En este momento pasa algo interesante, el que estaba más reacio a venir, empieza a pensar: ya está listo, ya no necesito más psicólogo, con lo cual abandona la terapia y por lo general, le sabotea el proceso al otro. Al poco tiempo ambos empiezan a entrar de nuevo en sus rutinas y conflictos y, para cuando quieren darse cuenta, están metidos en un problema peor que el original, donde ambos piensan: como no funcionó el “último recurso” ya no hay nada que hacer y, por supuesto toman la decisión que han estado buscando: se separan.
 
No le echen la culpa a la terapia, el proceso de decisión es individual y responsabilidad de cada uno, así como también lo es, las consecuencias de cada decisión que tomen. Con frecuencia el que viene de segundo y que es el primero que abandona la terapia (por lo general es Él), al ver que la esposa vuelve a ser cariñosa y a estar más receptiva, se engaña a sí mismo pensando: ‘ya está todo arreglado, no tengo que hacer más nada’. Ciertamente, la esposa (a pesar de la rabia) en su núcleo más vulnerable (vaso frágil) quiere arreglar todo y, hace muchas cosas para que la relación vuelva a funcionar, con lo cual el esposo se confía y abandona los cambios que empezaba a probar. Los hábitos y rutinas se vuelven a instalar en la vida de la pareja y, ya solamente es cuestión de tiempo hasta la desintegración final. La frase de Él va ha ser un juego psicológico que se llama “Mira cómo me he esforzado” (Berne, 1982, p. 111) Porque la realidad es que solamente aparentó querer cambiar, para que las cosas vuelvan a la rutina a la que estaba acostumbrado, sin cambios verdaderos, y la esposa, que no es boba, al darse cuenta del juego y su manipulación, se enciende en su rabia ¡y listo: Divorcio firmado!
 
Existen otras ocasiones, en la que Él, accede que la esposa vaya a terapia, pero, cuando el proceso empieza a funcionar y: la esposa adquiere un mayor amor a sí misma. Define una autonomía más sólida, con una autoestima de autovaloración como ser humano, esposa y mujer, con la cual Ella aprende a sustentarse a sí misma, a definir normas y reglas más equitativas para ambos, cambia patrones y dinámicas conductuales dentro de la relación (y en otros entornos también: padres, familia, laboral…). Ahora el esposo se asusta ¡le están moviendo su piso de comodidad y seguridad! Ahora Él empieza a buscar la forma de detener eso, utiliza expresiones como: “ahora te están volviendo más loca” y, eso es solo el principio. Han llegado incluso a venir a hablar conmigo para ver que les estoy haciendo a sus esposas. La verdad: ¿Yo? ¡Nada! Solamente me limite a mostrarles el mundo emocional en el que vivían, y así, invitarlas a asumir el reto de ser ellas mismas, de ser las triunfadoras de su vida para lo cual fueron diseñadas. Y lo mejor aún: ¡Ellas decidieron su propio cambio! Así el esposo queda con una decisión fundamental: “o corre o, se encarama”, ya no tiene más opciones, pero igualmente, la decisión será de Él.
 
Ustedes saben que las cosas no son tan absolutas y radicales como se las cuento, mucho menos en el mundo de la psicología, donde nosotros los psicólogos / psiquiatras somos unos expertos ‘surfistas’ con nuestra palabra mágica: “Depende”. ¿De qué? Pues de muchos factores, circunstancias y demás elementos, “porque cada cabeza es un mundo” y, es que para “guabinosos” estamos mandados a ser. Lo digo porque ciertamente, sucede en la mayoría de las veces, como se los cuento, pero hay otras muchas opciones, a veces los papeles se invierten: viene Él primero y después Ella. Otras: vienen juntos la primera vez, pero uno no vuelve más y, así hay muchas variantes, cada una con sus detalles particulares, ¡cada relación es única! Lo importante es que la excusa “yo no estoy loco” ha dañado mucho más a la pareja y a las personas individualmente, que cualquier otra expresión, cortándoles la posibilidad de un futuro “conforme al corazón de Dios”.
 
En psicología los temas no se agotan, pero sí es cierto que, cada decisión que tomes será de tu exclusiva responsabilidad y tendrá sus consecuencias.

Referencias:
           Berne, E. (1982). Juegos en que participamos. México. Ed. DIANA.
           Hormachea, D. (1994). Para matrimonios con amor. USA. Ed. UNILIT.