viernes, 29 de julio de 2016

PROHIBICIÓN DE PAREJA: Cumplir mi orden y mi decisión de quedarme solo

PROHIBICIÓN DE PAREJA: Cumplir mi orden y mi decisión de quedarme solo
Por J. Rafael Olivieri (julio 2016)

“…la selección de una pareja no se hace en forma casual, sino que es un intento por hacer coincidir una serie de patrones de pautas y creencias compatibles o complementarias”
(Martínez, 2006, p.15).

            “YO NO QUIERO QUEDARME SOLA/O”. Podrían creerme que esa es una de las frases que más frecuentemente me dicen las personas en el consultorio, o en los talleres, en relación con su estatus en el tema de tener o no pareja. Sin embargo, a pesar de que conscientemente, la gran mayoría quiere y desea tener una relación de pareja ‘sana y permanente’. La gran verdad emocional es todo lo contrario, es altamente probable que se queden solos. Porque esto no depende únicamente, de querer o no, el tener una relación de pareja. Depende de varios factores, entre otros: los patrones de selección de pareja de cada quien; del conjunto de creencias emocionales; de las múltiples órdenes parentales que prohíben las relaciones de pareja; y, en particular, de la decisión emocional (inconsciente) tomada en etapas infantiles por cada persona, en relación con el modelo de pareja aprendido. La realidad es que, esa gran mayoría de personas, han decidido, sin darse cuenta, una ‘Prohibición de Pareja’, con lo cual (aunque no lo quieran hacer)  harán todo lo que esté a su alcance para quedarse solos. A menos, claro está, que puedan cambiar emocionalmente tal argumento de vida, y así poder decidir un permiso para su relación de pareja. Ahora bien, antes de empezar a desarrollar este tema, déjame aclarar que también existe un buen número de personas cuya prohibición de pareja es tan gigantesca, que, tanto consciente como inconscientemente, por nada del mundo quieren tener una relación de pareja. Éstos, por lo general, no vienen al consultorio, se encuentran ‘bien’ en su mundo de soledad, aislados entre sus cuatro paredes, retroalimentando sus propias prohibiciones constantemente. Es como diría Shinyashiki (1994, p. 84): estas personas han estado comiendo “pan mohoso” toda su vida, y lo único que han conocido como alimento es ese “pan mohoso”, entonces ¿qué otra cosa van a querer y pedir? sino “pan mohoso”. Tanto estos, como los que no quieren cambiar su prohibición de pareja, no conocen la invitación y el permiso de Proverbios 5:18 que dice: “Que tu esposa sea una fuente de bendición para ti. Alégrate con la esposa de tu juventud” (NTV). (Inviertan los géneros, según cada quien, pues esto es por igual para todos, por aquello de que el género de los sustantivos es convencional. Las palabras no tienen sexo, sino género y hasta género neutro).

Me gustaría aclarar un punto que me parece importante y, muy relacionado con el tema de la prohibición de pareja: ¿Por qué usamos como genérico el término de pareja? Sin ánimo de ofender a nadie (aunque es inevitable), ni de precisar tiempos históricos: desde el principio de las relaciones humanas, hemos hablado de las relaciones MATRIMONIALES (porque era lo frecuente, lo común, lo normal, lo sano), y por supuesto, de los términos ESPOSO y ESPOSA, dados al HOMBRE y la MUJER que mantienen tal relación de unión conyugal. Lo cual ha estado establecido desde Génesis 2:24: “Esto explica por qué el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, y los dos se convierten en uno solo” (NTV). Esto nos habla de la creación, mandato y permiso del matrimonio, de Dios al hombre y a la mujer. Tal como lo recuerda 1 Corintios 11:11: “Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón” (RVR60). Sin embargo, esto ha cambiado drásticamente, dejando de ser lo normal, para convertirse en lo extraño, en lo increíble. Hemos llegado a un punto de rechazo y desprecio del matrimonio como nunca antes en la historia. Por ejemplo, mi hija mayor me contó que hablando con una amiga, de nosotros sus padres y de nuestro matrimonio, la amiga le pregunta con asombro y como si fuera algo insólito: “¿Tus padres están juntos todavía?”, ¿Qué tal? Resulta que los matrimonios y las familias ‘tradicionalmente’ constituidos ¡somos una especie en extinción! Como diría una de mis pacientes: “Esas cosas pasan”.

Lo anterior es debido a que ahora, en el presente, a través de un proceso paulatino de deterioro de los valores: social, moral, ético, cultural; de apartar a Dios de nuestros corazones; además de todo el fenómeno publicitario en contra del matrimonio de las últimas décadas. Así como de la aceptación y permiso de cualquier modelo de relación entre seres humanos, en nombre de la libertad y de los derechos de cualquier libertinaje. Lo que antes era considerado por los especialistas como enfermedades mentales, hoy en día tan solo son ‘formas de existencia’, modos de vivir la vida. En el pasado rechazadas, hoy, no solamente aceptadas, sino casi que adoradas e idolatradas por la inmensa mayoría. No se descuiden, la advertencia está dada desde los tiempos de Isaías 5:20: “¡Ay de ustedes, que llaman bueno a lo malo, y malo a lo bueno; que convierten la luz en oscuridad, y la oscuridad en luz; que convierten lo amargo en dulce, y lo dulce en amargo!” (DHH). De tal forma que hoy en día, las relaciones existentes se pueden dar entre cualquier género, en cualquier condición y forma, por lo que ya no podemos hablar de esposo y esposa, HOY HABLAMOS DE PAREJA. Hemos denigrado el estatus del matrimonio rebajándolo a cualquier cosa entre dos ‘personas’. Ya no hablamos de matrimonio, hablamos de uniones libres, cohabitación mutua, y cualquier otra barbaridad, que en la práctica y en su dinámica, no es sino una relación matrimonial sin papeles, porque igual hay sexo, hijos, situaciones económicas, cargas y responsabilidades, pero con algo indiscutible: un final de ruptura y separación inevitable, más económico sí, pero soledad al fin, es decir: prohibición de pareja.

Lo cierto es que, en el elemento en que me quiero centrar, quizás el primero y el más importante de la prohibición de pareja, no es otro sino: mi propia experiencia en vivo y directo de las miles de situaciones negativas que ocurrieron en el ámbito matrimonial de mis padres. Las vivencias que he contemplado, aprendido, sentido y, las decisiones tomadas, al ver qué clase de matrimonio tuvieron mis padres. Modelos donde hay peleas, maltratos, falta de atención, fallas de comunicación, odio, falta de respeto y de confianza, agresiones verbales y/o físicas, infidelidades, drogas, alcohol, abandonos, desprecios, descalificaciones, el hablar las peores basuras del otro conyugue, divorcio, entre otras miles de situaciones particulares de cada pareja, las cuales me han llevado a pensar, sentir y decidir: ‘yo no quiero eso para mí’. Situaciones de ellos que me han invitado a terminar valorando el matrimonio como algo malo, casi como algo satánico. La verdad es que muchos pacientes han clasificado su relación familiar de origen como: ‘terrible’, ‘era un infierno’, ‘insoportable’, ‘invivible’, ‘de guerra permanente’, ‘inhabitable’, ‘de violencia’, ‘de angustia, miedo y rabia’, entre otros muchas más expresiones igualmente dramáticas. Entonces, con semejantes antecedentes ¿Cómo voy yo a querer una relación matrimonial? ¿Cómo no se va a instalar una prohibición de pareja en mi sistema de creencias emocionales? Con toda esta carga emocional de rabia, angustia y miedo permanente, ¿Cómo no voy a rechazar la posibilidad de encontrar a alguien para repetir lo mismo que mis padres? No olvides la sabiduría popular: “De tal palo tal astilla”. Porque aunque la mayoría lo niegue, todos tienen miedo de repetir lo mismo que aprendieron. De hecho no necesitan ser psicólogos para conocer el principio fundamental de la psicología dinámica: “Sólo sabemos hacer lo que se hizo con nosotros”. La realidad de ello es que ‘todo lo que mi papá y mi mamá hacen, es un permiso para yo hacerlo’. Porque es altamente probable, casi en un 99%, que yo voy a repetir lo aprendido, porque eso es el “Pan Mohoso” al cual estoy acostumbrado y, particularmente, eso fue lo que de una manera emocional, entendí lo que era la vida de la relación matrimonial. A menos que lo cambie en mí, esta prohibición será la que dirija mi vida de pareja. Déjame decirte esto: Yo estoy completamente convencido y seguro de que nos hemos equivocado al echarle la culpa al matrimonio, cuando el verdadero responsable de estas situaciones, no es otro que la cantidad de conflictos emocionales que hemos ido pasando de generación en generación, hasta llegar al nivel que hoy en día tenemos. Pero, esto es solamente el principio del origen de la prohibición de pareja, más adelante desarrollaré otros elementos.
                                                                                               
            Por otra parte, continúo con algo obvio: ¿Qué es una prohibición? Lo frecuente es que la mayoría de las prohibiciones comiencen con la palabra ‘NO’. Entre millones de ejemplos: no hagas esto… no hagas aquello… no te rías… no hables… no tengas pareja. En el diccionario aparece la siguiente definición: “Una prohibición es el impedimento que existe de hacer, tocar o usar algo”. En relación con su propósito, me encanta la siguiente observación: “el cometido de la prohibición es disponer limitaciones en la realización de determinadas acciones para así evitar el caos y conseguir una convivencia armoniosa entre las personas” (tomado de: http://www.definicionabc.com/social/prohibicion.php). Esto quiere decir, que en el mundo lógico y racional, una prohibición es para el bienestar y la convivencia pacífica de los seres humanos. Por lo que entonces hemos de entender que las prohibiciones son buenas. Pero, ¿por cuál extraña razón la mayoría sentimos que las prohibiciones son malas? En primer lugar, como su definición lo indica: es un impedimento, es una limitación, que empieza por no dejarme hacer lo que yo quiero, lo cual indudablemente, me invita  a sentir rabia. Segundo, por lo general las prohibiciones están respaldadas por una ley o una norma, por lo cual las tengo que obedecer, que es otro aspecto que a la mayoría tampoco le agrada. Tercero, porque una gran cantidad de las prohibiciones están impuestas para el beneficio de unos pocos en contra de la mayoría (pregúntale a los venezolanos sobre esto).  Y cuarto: la mayor parte de tu vida infantil estuvo llena de prohibiciones impuesta por tus figuras parentales, que todavía hoy siguen haciendo estragos en tu vida adulta (recuerda las tuyas propias): no corras, no te pares, no te ensucies, no comas eso, no digas eso, no te pongas eso, no señales, no hables, no grites, no llores,… la lista es infinita. El asunto es que la prohibición de pareja tiene un proceso parecido, empieza en una serie de propuestas parentales que terminan convirtiéndose en leyes y normas que tienes que cumplir, si quieres que ellos te quieran y te acepten, para tener ‘una buena convivencia con ellos’. El problema de esta situación es que, el costo de esta obediencia, no es otro sino quedarte tú sin tu propia vida de pareja. La ecuación es simple: ¿tu pareja o tus padres? Lamentablemente, la gran mayoría selecciona a sus padres en vez de su propia pareja, aunque tú no lo creas ¿Qué ha pasado contigo y con tu vida de pareja?

            En función de estas definiciones, es imprescindible aclarar lo siguiente: Primero, estamos hablando de prohibiciones emocionales en el contexto de las relaciones padres – hijos. Esto quiere decir, que la inmensa mayoría de estas prohibiciones, por no decir todas, son de corte implícito (subliminal, ulterior). No están escritas en ningún lugar, por aquello de que las palabras se las lleva el viento… (Eso creen los ingenuos). Más aún, ninguna Figura Parental que se precie de ser un experto manipulador (y lo son todos sin excepción), se le va ocurrir poner por escrito tales prohibiciones, que atentan contra el futuro de la vida de sus propios hijos. Para empezar que muchos de ellos, en muchos casos ni se dan cuenta de lo que están haciendo, (hay otros que si saben bien clarito lo que están haciendo, pero no les interesa cambiarlo). Sus acciones y modelos vienen de su propio mundo inconsciente, respaldado en algo bien simple: su propio miedo a quedarse solos ¿Qué tal? Es muy triste, pero, en función de ese miedo, son capaces de destruir a sus propios hijos. Es como el Dr. L. M. Belmonte ha dicho siempre: “hay padres que son locógenos: fabricadores de locos”. Pero, lo más interesante aún, si se te ocurre (la mala idea de) ir a acusar a tus figuras parentales por haberte invitado a aceptar tus prohibiciones, ten por seguro que, además de victimizarse, porque tú eres ‘un hijo mal agradecido y falta de respeto que, no valora todo lo que han hecho por ti’, te lo negaran, y más cuando no tendrás pruebas ‘físicas’ de las mismas, pues todo se trata de una situación inconsciente (sigue creyendo, que te vas a volver creyón). Te adelanto algo, en la ley del 50% y 50%: TÚ eres el único responsable de tus prohibiciones, y como tal, TÚ eres el único responsable de resolverlas. Aunque suene ‘feo’, sin explicarlo primero, es hora de enterrar bien lejos de ti a tus figuras parentales y, de ocuparte de ti mismo en primer lugar. Protégete y amate tú mismo primero, para que puedas amar y proteger a los demás, especialmente a tu conyugue.

Sigo con el segundo punto, igual de interesante: El hecho de tener una ‘Prohibición de Pareja’ no quiere decir que no vas a tener nunca pareja o incluso, varias parejas, y más allá, uno o varios matrimonios. Salvo en los casos más extremos de la prohibición, en que sí se quedan unos cuantos sin tener pareja durante toda su vida, y no estoy hablando de los curas y las monjas, es casi seguro que en algún momento tendrás pareja(s), hasta incluso puedes casarte o vivir en concubinato (ahora lo llaman unión libre). Lo que la prohibición en realidad significa, y esto es lo vital, es que lo que está prohibido es tener una pareja sana y permanente. Es decir, ¡NO PUEDES TENER UNA RELACIÓN DE PAREJA QUE DURE TODA LA VIDA! Tal como está implícito en el mandato de Dios: 1 Corintios 7:10-12: “…No obstante, para los que ya están casados, tengo un mandato que no proviene de mí sino del Señor: La esposa no debe dejar a su marido;… él (esposo) no debe abandonarla” (NTV).  Al igual que lo que dice Mateo 19:6 en relación con el matrimonio: “Por consiguiente, ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe” (LBLA). (Ni ninguna mujer tampoco, por aquello anterior de los géneros). Pues sí, mientras no cambies tu prohibición, ten por seguro, no importa cuán enamorado estés y cuanto ames al otro, tu relación de pareja no va a durar. Sencillamente es imposible. Entonces, lo que la prohibición prohíbe es la permanencia. Con lo cual tu destino seguro será la soledad (de pareja), porque muchos se quedan a cuidar a ‘los viejos’, a las mascotas, o terminan teniendo hijos para que estos se queden a cuidarlos a ellos. ¿Interesante no? Lo que no querías que te hicieran, terminas haciéndoselo a tus propios hijos.

Cambiando el enfoque para centrarme en otros orígenes de la prohibición de pareja, tenemos que: En Proverbios 1:8-9 dice: “Hijo mío, presta atención cuando tu padre te corrige; no descuides la instrucción de tu madre. Lo que aprendas de ellos te coronará de gracia y será como un collar de honor alrededor de tu cuello”. Mientras que en Éxodo 20:12 al plantear los diez mandamientos aparece: “Honra a tu padre y a tu madre. Entonces tendrás una vida larga y plena en la tierra que el Señor tu Dios te da”. Por su parte, Efesios 6:1-3 nos dice: “Hijos, obedezcan a sus padres porque ustedes pertenecen al Señor, pues esto es lo correcto. 2- Honra a tu padre y a tu madre. Ese es el primer mandamiento que contiene una promesa: 3- si honras a tu padre y a tu madre, te irá bien y tendrás una larga vida en la tierra” (NTV). Ok, Bien, ya Rafael se puso ‘religioso’ ¿Qué tiene que ver esto con la prohibición de pareja? Permítanme explicarme, porque estas frases son la base de la más gigantesca manipulación de los Padres hacia los hijos y, no solamente son una de las principales causas de las prohibiciones de parejas, sino de la infinita mayoría de los conflictos emocionales que tienen los hijos en todas las áreas de su vida. Entendamos esto desde el principio de responsabilidad de cualquier relación: 50% y 50%: Papá y Mamá (como ya lo leyeron antes, son ‘UNO’), es decir 50% y yo, su hijo, el otro 50%. No hay Papá y mamá (normales) que no digan que sienten amor por sus hijos y, que quieren lo mejor para ellos. Ésta es la columna vertebral que justifica ‘cualquier cosa’ que ellos hagan CON, POR Y PARA MÍ, no importan las consecuencias, ni el costo emocional de lo que eso implique para mí, su 50%. Por la otra parte, no hay hijo (sano) que no esté desesperadamente necesitado de aprender de sus padres, ser amado por ellos y, de querer ser como ellos. Por eso ‘yo hago lo que sea’ y, me adapto a lo que ellos me dan para conseguir lo que necesito (amor), así sea sacrificar mi propia vida por ellos, YO DECIDO COMPLACERLOS Y HACER LO QUE ELLOS ME MANDAN, mi 50%. Aquí no hay culpables, hay responsables en cada uno de los participantes de esta ecuación. No pierdas tu tiempo culpando o buscando cambiar a tus padres, cambia TÚ, y ocúpate de TI mismo, para que puedas desarrollar tu propia vida y lo que quieres de ella. ¡Esa es tu responsabilidad! De nada te sirve quedar anclado, enfrascado en un proceso de culparlos a ellos por lo que te hicieron, cuando tu vida te pertenece a ti y, eres únicamente tú el que puede decidir cambiar las cosas que te pasan, y las consecuencias de las decisiones que has tomado, en tu  propio afán de culpabilizar a alguien de lo que te ha pasado. Es ahora el momento de cambiar, de resolverlo, de decidir un nuevo rumbo para lograr lo que más deseas: tu propio amor a ti mismo. No pierdas el tiempo, de lo pasado aprovecha el aprendizaje y decide cambiar tu presente. ¿Cómo? Decidiendo y actuando de una vez.

Desde cualquier punto de vista, ni Dios, ni Proverbios, ni la Biblia están equivocados. Si mis padres siguiesen verdaderamente los principios de la enseñanza que da Dios (y lo psicológico también) y, la aplicaran conmigo, ten por seguro que, YO sería un triunfador absoluto, no habría límites para mí, yo sería el dueño de mi vida y, enseñaría eso a mis propios hijos. Pero lamentablemente eso no se cumple así, a los padres no les interesa ni leer, ni seguir lo que dice Efesios 6:4: “Padres, no hagan enojar a sus hijos con la forma en que los tratan. Más bien, críenlos con la disciplina e instrucción que proviene del Señor” (NTV). Todo lo contrario, mis padres lo van a hacer según su propio criterio, porque ellos son los únicos que saben (¿De dónde aprendieron ellos?: De sus figuras parentales). Ni ellos, ni yo mismo, hemos leído bien lo que dice Efesios 6:1-3 (leelo otra vez): Lo que dice es que es mi responsabilidad el amarlos, respetarlos y honrarlos… porque ‘YO LE PERTENEZCO AL SEÑOR’ es mi responsabilidad con Dios, no con mis padres. Mis padres no son mis dueños, yo no soy propiedad de ellos, ellos no tenían derecho de destruir mi vida, y muchísimo menos, de quitarme la posibilidad de desarrollar una vida sana y permanente de pareja. Porque le duela a quien le duela: Mi papá, mi mamá, mis hermanos NO SON MI FAMILIA… ellos son mi familia de origen, yo pertenezco a esa familia… pero MI FAMILIA (verdadera y única) es mi esposa y mis hijos, con ellos es mi responsabilidad, para ellos es mi vida. Y mi responsabilidad por amor a mí mismo, por amor a Dios, es honrar a mi padre y a mi madre, pero ellos en su vida y yo en la mía. Mi responsabilidad no es sacrificarme yo por ellos, es vivir mi propia vida bajo mis propias decisiones. Lee estas palabras de Gibran (1983): “Vuestros hijos no son vuestros hijos. Son los hijos y las hijas del ansia de la vida por sí misma. Vienen a través vuestro, pero no son vuestros. Y aunque vivan con vosotros, no os pertenecen” (p.27). Yo creo que está bastante claro ¿no? Entonces, una vez más, ¿Qué haces sacrificada/o, destruyéndote a ti misma/o? en un mundo de soledad, acompañando a tu mamá / papá, porque sientes ‘una cosita’ dentro de ti (que no es otra cosa sino una manipulación de culpa), porque están solos, o viejos, o cualquier excusa, ¿Acaso no fue la propia decisión de ellos de quedarse solos? Y, ¿Cuál es tu decisión y, a dónde te va a llevar ‘esa cosita’? No es al mismo proceso de soledad de ellos, o peor. Creo que es tiempo de pensarlo y, de cambiarlo ¿No te parece?   

La realidad es que mis padres me invitan con su modelo, ejemplo, palabras, gestos, acciones, con lo que esperan y creen que es lo mejor para mí. Por supuesto, sin preguntarme a mí que quiero, a fin de cuentas yo soy un niño y, cómo voy a saber yo lo que quiero. Lo que sí sé, es lo que siento y, como toda la energía de mi mundo emocional colapsa, cuando hacen cosas que terminan destruyendo mi vida. Sin embargo, al final de todo eso, soy yo el que decide si acepto o no mi prohibición de pareja. Pero lo más importante de mis decisiones, es que ahora en la actualidad, ¡hoy! YO SOY EL QUE DECIDE si continúo o no con mi prohibición de pareja. La verdad es que hay miles de ejemplos que hablan del proceso de la creación de esta prohibición. No importa cuántos les mencione siempre habrán más. Unos tienen que ver con el papá y su rol masculino. A veces porque era muy fuerte, muy machista; otras porque era muy débil u odiaba a las mujeres; otras porque nunca estuvo. A veces tiene que ver con el rol de la mamá y lo femenino. Unas son muy controladoras; otras son víctimas; otras son abandonantes; otras odian a los hombres. Unos modelos tienen que ver porque se divorciaron, o nunca se casaron, o nunca lo(s) conocí; otros sí estuvieron casados toda la vida pero… Hay de todo y muy poco espacio para detallar cada caso. El asunto es que estoy hablando de una realidad que afecta a muchísimas personas y, cada uno de los que están afectados por esta prohibición, tan sólo requieren de un poco de honestidad consigo mismo, para darse cuenta de que clase de modelo prohibidor tuvo. Me voy a desviar aquí radicalmente del asunto, para sentar un precedente de porque exagero tanto estos temas: Yo soy venezolano, poco conozco del resto del mundo, sé que en todas partes hay divorcios, infidelidades, homosexualidad, prohibiciones de pareja, PERO, una cosa es el mundo y otra muy distinta es Venezuela. Somos un país atípico, pareciera que lo que ocurre aquí no ocurre en ningún otro lugar del planeta. Por ejemplo, éste es el único país donde un carro usado vale más que uno nuevo. Mientras que en otros países un político cuestionado renuncia, aquí se atornillan más a su ambición de poder, dinero y corrupción sin importales el país o sus ciudadanos. Donde los delincuentes y asesinos son condecorados como héroes nacionales. A donde voy con esto: Venezuela es un país matriarcal, porque el poder del hogar lo ejerce la mujer. En su inmensa mayoría, el hombre venezolano tiene dos deportes nacionales: uno: beber alcohol (aquí le decimos ‘caña’) y dos: buscarse mujeres distinta de la esposa (mujeriegos e infieles). Con un hombre que tradicional y culturalmente no cumple con su deber y con sus responsabilidades, con un hombre que es seguro que va a abandonar a la esposa y a los hijos ¿qué ha hecho la mujer? Simple, llenarse de rabia y de odio hacia el hombre. Aquí en Venezuela es más que automática la respuesta, es institucional, Mujeres: ¿Todos los hombres son…? Y viene: perros, desgraciados, buenos para nada, inservibles, desechables, mujeriegos, infieles, pendejos, achantados, maricos… la lista no tiene fin. Déjame decirte algo mujer, como eso es lo que tienes en tu ‘sistema de creencias emocionales’ eso es lo que buscas y eso es lo que vas a conseguir cuando (en tu modelo adecuado de mujer) seleccionas un hombre como pareja. Lo digo así, porque cada día más mujeres se buscan a otra mujer como pareja. Aunque ese es otro tema a parte, una razón básica (entre miles) es: que sienten tal cantidad de odio y aversión hacia la figura masculina, que es imposible tan siquiera pensar en relacionarse con uno de ellos. Para el caso de una gran cantidad de hombres homosexuales, es igual, tienen intolerancia a la figura femenina.

Con éste precedente establecido, veamos algunos ejemplos de las prohibiciones de pareja, empezando por el lado femenino, que sea dicho de paso, son más evidentes los ejemplos: Para mí es muy triste y doloroso ver cantidad de pacientes, muchachas hermosas, jóvenes (hay de diferentes edades), inteligentes, muchas con grado universitario (no se pierdan esta orden: “estudia para que no le aguantes a ningún hombre nada”: lo cual es un permiso de profesión, pero, es una prohibición directa de pareja y familia), son de buena educación y cultura, con su modelo de identidad de género sano (se saben y se sienten mujeres, con deseos de tener un hombre ‘bueno’), coquetas y otras muy seductoras y sensuales… pero… con una prohibición de pareja al cuadrado. Lloran en el consultorio su tristeza, su soledad, se cuestionan a sí mismas si hay algo malo en ellas, porque fallan en sus relaciones de pareja constantemente. Se auto-descalifican y agreden porque ven que su futuro tiene escrito la palabra ‘SOLEDAD’, aparentemente con tinta indeleble. Para mí esto es muy trágico, porque con base en sus prohibiciones de pareja, ellas se están traicionando a sí mismas, pues para mi criterio, tomando en cuenta mi creencia, la mujer ha sido diseñada por Dios para ser amada, respetada y protegida por su esposo: “De la misma manera, ustedes maridos, tienen que honrar a sus esposas. Cada uno viva con su esposa y trátela con entendimiento. Ella podrá ser más débil, pero participa por igual del regalo de la nueva vida que Dios les ha dado. Trátenla como es debido, para que nada estorbe las oraciones de ustedes” (1 de Pedro 3:7, NTV). Lamentablemente muchas de ellas son hijas abandonadas, o bien porque no conocieron a su papá, o porque éste nunca se ocupó de ellas. Esta ausencia de la figura masculina buena, ya invita, de por sí, a las emociones de rabia y desconfianza, que les mencioné de sus creencias, y por supuesto, en la mayoría de los casos a la prohibición de pareja, es decir que a papá le toca su 50%. Sin contar todas las barbaridades que mamá les ha ‘enseñado’ de ‘esos tipos’ que se llaman hombres. Las cuales fueron repetidas una y otra vez, cada vez que mamá tenía la oportunidad. Por aquello de Göbbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Tanto te lo repitieron que ahora lo crees ciegamente, y tú eres la única responsable de seguir creyéndolo.

De todas formas, no olviden lo señalado anteriormente, unas pocas de ellas tienen a sus padres todavía juntos, pero la relación matrimonial de ellos no ha sido la mejor. Un factor bastante común de estos matrimonios (prohibidores), que no es el único, es que por lo general el papá era bastante ausente o “era un pan de Dios” (no tiene autoridad masculina), mientras que mamá era la dominate, la que tenía el control de todo y, se hacía lo que ella decía (el problema es que a pesar de haber pasado ya 20, 30… o más años, todavía sigue teniendo el control y haciéndose lo que ella dice), y aquí mamá tiene su 50%. Muchísimas pacientes me han descrito a su mamá como: “no apoyaba, criticaba todo lo que yo hacía, me amargo la existencia, no cariñosa, controladora, manipuladora, me pegaba, me descalificaba delante de todo el mundo, me ataca, muy rígida, intolerante, agresiva, celosa, fría, no negociaba, invasiva, con mi mamá nunca la ganaba, muy exigente (me daba miedo meter la pata)…” y sigue. Otras pacientes han tenido un modelo opuesto de mamá, pero igual de prohibidora: “era una víctima, una tonta, una débil, se dejaba maltratar, ella era la mártir de todo el mundo, vivía en otro planeta, no era cariñosa, puritana, no rompía un plato, era pura ansiedad todo el tiempo, no nos comunicábamos, habían barreras, el único que existía para ella era mi papá (o mi hermano, esto es muy frecuente también)…” y la lista sigue. Lo interesante de estos padres que sí están todavía casados, es que mamá si se quedó con papá (independientemente del ambiente y de lo ella que dijera de él, o de los hombres en general), pero mamá le dice a la hija: “quédate sola, no te cales a ningún hombre”. Entiendan que para instalar una prohibición de pareja, se necesita un bombardeo constante, bien sea en el modelaje, o a través de gestos, actitudes y de las palabras de descalificación a lo masculino / femenino y al rol que deben cumplir. Por ejemplo (desde el área de la manipulación): muchas pacientes me han contado como ‘mamá me mostraba como ser esposa es tener que hacer las cosas de la casa obligada, con rabia, con desprecio… o me obligaba a mí a hacer lo que era la responsabilidad de ella, por ejemplo a atender a mi papá o a mis hermanos’. Otras: cada vez que mamá tenía la oportunidad me decía: ‘cásate y veras como vas a terminar siendo una esclava’. ‘Cásate y vas a ver como el hombre te va a meter una patada por el culo y te va a abandonar’. ‘Deja que el tipo se canse de ti y se busque a otra’. ‘Sí cásate y abandona a tu familia, que cuando te bote vamos a ver para dónde vas a ir’. ‘Nosotros somos tu familia y somos los únicos que te vamos a querer, los demás te van a traicionar y abandonar’. ‘No puedes confiar en los hombres porque lo único que están buscando es acostarse contigo y después te desechan’… y más y más de lo mismo. Las descalificaciones al matrimonio, a lo masculino era la orden del día hasta que ya, lo aceptaste y lo instalaste en ti como un principio absoluto de tu vida de pareja, para ti: una prohibición.  

Por eso, no es de extrañar que con tales situaciones, muchas pacientes me hayan dicho: “sí esto es tener un marido, yo no quiero tener esto”, “sí así es la vida de matrimonio, yo no me voy a casar” y, otras más graves me han dicho: “sí eso es la vida yo no quiero hijos”. Otras: “La relación de pareja es igual a ser esclava, eso me da miedo, ¿por qué debo renunciar a ser lo que soy?”, “¿Por qué tengo que doblegarme? prefiero no hacer eso y decido la soledad”. “Para que la estén controlando a una, es mejor quedarse sola”. Recuerdan el refrán “Para estar mal acompañado es mejor estar solo”, peor maldición que ésta no creo que haya. Otras frases son: “Yo soy amiga, pero no pareja, me da mucho miedo…”, “Tener una pareja es darle poder al otro para que active mis miedos”, “Para tener que estar de ‘cachifa’ prefiero quedarme sola”. Todo depende de la perspectiva individual de cada quién, porque puedes guardar verdades como: “para amar no debes renunciar a lo que eres. Un amor maduro integra el amor por el otro con el amor propio, sin conflicto de intereses” (Riso, 2006, p.xvi).  En este punto, quisiera narrarles algo que una paciente (con una prohibición de pareja tan grande, que hasta ahora nunca ha tenido pareja y, por supuesto vive con los padres) me contó hace tiempo…, realmente lo había guardado para una ocasión tan especial como este artículo. No sé, si le pueda hacer justicia al sentimiento de lo que esto representa, para mí: ‘es una patada al hígado sin anestesia’. Voy con el cuento: Ella me dice: “…iba en el carro con mi mamá, y estábamos hablando de que a mi prima la había dejado su pareja, y en eso, mi mamá se voltea a verme y me dice: <<No hay derecho a que una mujer se quede sola>>”. Mi paciente me cuenta que se quedó viendo a la mama, no le dijo nada, pero mi paciente se preguntó a sí misma: “¿Y yo que soy, una extraterrestre?”. Eso es lo que quiero ilustrar, desde el punto de vista del conflicto emocional de los padres, los demás son importantes y cuentan, pero los propios hijos no, cuando no me sirve a mis intereses (inconscientes) de padre darles el mismo lugar a mis hijos que a los otros. Indudablemente, mi paciente es mujer, bajo el concepto de la mamá ‘no hay derecho a que se quede sola’, pero no, a ella le destruyeron la vida porque su destino era quedarse a cuidar a los papas. ¿Muy justo, no? Ojo que no estoy librando a mi paciente de su responsabilidad, todo lo contrario, o ella decide romper con su prohibición y todas las excusas que la mantienen atada a la misma, o ya conoce el futuro que le espera, lo cual es su propia responsabilidad.

            Les repito, no importa la cantidad de ejemplos que mencione, no le voy a hacer justicia a todo lo que mis pacientes me han dicho. Miles me han dicho: “cada vez que iba a salir con alguien (un hombre), mi mamá se enfermaba, o le daba un mareo, o me decía que tenía un dolor en el pecho”. Ciertamente, no solamente está el modelo de manipulación de culpa, están también el de miedo y el de agresión. Cuántas mujeres no han sido descalificadas por las críticas continuas de sus figuras parentales en relación con sus cuerpos. Críticas hasta el cansancio de: tu tamaño, tu peso, tus ojos, tu boca, tus pechos, tu ‘cosa allí abajo’… descalificaciones y más descalificaciones que han destruido su amor a sí mismas. Las han llevado a tener miedo de su propia imagen corporal. Descalificaciones que te han hecho creerte fea o poca cosa, no digna de que alguien te quiera. A sentir que las demás si son bellas y tú no, que las demás si lo merecen y tú no. A enterrar tu autoestima en el enésimo sótano, con lo cual tú misma rechazas tu propio derecho a formar una relación sana de pareja. Miles y miles de ejemplos de agresión, de cómo mis figuras parentales me pegaban, insultaban o castigaban porque ‘estaba viendo hombres’. Agresiones que pueden ir desde un golpe hasta lo que me contó una paciente cuando la mamá la vio con un amigo de la escuela: “me dio un ‘coñamentación’ y después que me tiró en el piso, me puso un machete en el cuello y me dijo: que si me volvía a ver con un hombre me iba a matar”. A muchos les pueden parecer que es exagerado, pero es real y se repite más seguido de lo que ustedes se imaginan. Con tales situaciones de agresión y miedo ¿Cómo no se van a ver afectadas en sus posibilidades de pareja? Otra paciente me contó que: “Una mañana en el colegio compartí mi merienda con un amiguito (que me gustaba) y me agarro la mano… como tenía miedo de mi mamá, se lo conté como si yo hubiera visto que le paso a otra niña…. Y mi mamá empezó a gritarme: Cuidado y te veo con un hombre o que te dejas agarrar la mano…” ya se pueden imaginar el resto. A muchas le cayeron a golpes cuando mencionaban la posibilidad de un novio, o las llamaron putas, las amenazaron, en definitiva tal fue el impacto emocional que terminaron aceptando, sea cual sea el origen, una prohibición de pareja, y ahora llevan esa maldición con ellas todos los días. En definitiva, muchas de estas prohibiciones de pareja, tanto en ellas como en ellos, tienen una fórmula emocional sencilla: No quiero traicionar o dejar cumplir las expectativas de mis padres… una vez más, no importa que el costo sea mi propia vida de pareja.

            En el caso de lo masculino, no pienses que es muy diferente. En apariencia es menos frecuente, la razón: el Ser Humano llamado hombre es más básico, su biología (de productor) lo obliga a buscar más relaciones de pareja, así sea con la mera intención de ‘descargar’. Pero, en la realidad es igual de dramático: por una parte, una argumentación final de soledad, igualmente con base en sus modelos parentales y, por la otra, muchos terminan castrados física y emocionalmente, debido a su propia historia infantil. Como dice Mateo 19:12: “Hay hombres que no pueden casarse porque nacieron sin poder tener hijos. Otros no se pueden casar porque otras personas (padre, madre…) han hecho que ellos no puedan tener hijos. Finalmente hay hombres que deciden no casarse para dedicarse al reino de Dios. El que sea capaz de aceptar esta enseñanza, que la acepte” (PDT). Ciertamente el hombre por su naturaleza es más libre, pero no deja de estar sometido al poder de sus figuras parentales. E igual que la mujer, no deja de recibir manipulaciones por culpa, miedo o agresión, con lo cual termina aceptando la prohibición de pareja en su vida. No es frecuente que el hombre vaya a consulta y menos por un tema de pareja. Está sujeto a un modelo de idiosincrasia masculina basado en una expresión sencilla: ‘Macho que se respeta no va a psicólogo’. Ciertamente es mucho más complejo que eso, tiene que ver con toda la estructura emocional de lo masculino, pero sirve el ejemplo.

La prohibición masculina tiene de la misma manera miles de ejemplos: En los modelos de pareja parentales y familia de origen. En la figura del padre: abandonante, maltratador, crítico, agresivo, descalificador de la mujer, promiscuo que invita a la infidelidad repetitiva, que odia a la mujer (con lo cual no distingue ni a su propia hija). O por igual, en el extremo opuesto: era demasiado débil, se dejaba pisotear, no ejerce autoridad, era un mantenido… y miles de ejemplos más. En la figura de la madre: o bien: agresiva, controladora, descalificadora de lo masculino, con odio a la figura del hombre (con lo cual no distingue ni a su propio hijo). Más aún, miles de madres que hablan mal de las otras mujeres para que no le roben a su ‘hijito’ y, ellas no quedarse solas. Otras mamás preparan a sus hijos para que ocupen el lugar de sus esposos. Otras juegan a ser las ‘víctimas’ y necesitan que su hijo las salve y se hagan cargo de ellas, por supuesto quedándose con ellas para toda la vida. Tengo una paciente que me contó que el novio la llevó a conocer a su mamá y, cuando él le dice a su mamá: “ella es mi novia…” la mamá de él se puso a llorar, a decirle que cómo la hacía sufrir de esa manera, que ella se iba a enfermar por la angustia… Ese es solamente uno más de muchos casos que se repiten a diario, con este grupo de hijos ‘escogidos’ para quedarse en un matrimonio con la mamá. A eso es a lo que me refiero, la prohibición de pareja en los hombres es más dramática. Sin ánimo de sonar machista o sexista (como muchas me van a catalogar): el hombre fue diseñado para ser cabeza: “Porque el esposo es cabeza de la esposa, como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo; y él es también su Salvador” (Efesios 5:23, DHH). Él debe ser el protector, el guía, el proveedor… y debido a estas situaciones emocionales, muchos no solamente terminan su vida solos, o cuidando a su mamá / papá, o peor aún en un modelo homosexual. Muchísimos hombres, por sus necesidades hormonales, terminan buscando pareja o una esposa, tienen hijos, viven varios años con ellos y, luego por cualquier excusa (incompatibilidad de caracteres, dice la mayoría de las demandas de divorcio), terminan abandonando a su familia para irse a vivir con mami y, otros con sus papis. Al final de cuenta es una decisión de cada quien, pero que demuestra, una vez más, la prohibición de pareja que tienen cantidad de personas y, los hombres no son la excepción.   

            De esta manera, podemos comprobar que la prohibición de pareja, es un conjunto de situaciones emocionales, conductas, modelos, mensajes, ordenes, decisiones…  que, involucra por igual a todos y cada uno de los actores de éste teatro, lamentablemente dramático, de los conflictos emocionales, en un área tan vital y prioritaria como lo son las relaciones de pareja. Igualmente trágico es cómo llego a actuar la prohibición de pareja en mi propia vida. No es menos cierto que existen igualmente miles y miles de formas de llevar a cabo la prohibición. Lo importante aquí es el resultado final de terminar con la relación y quedarme solo; o como ya lo detallé, con mi conyugue pero en una vida miserable, de cada uno por su lado. Por supuesto, también lo dije, hay un número importante de personas cuyos niveles de prohibición es tan alto, que para ellos es imposible lograr una relación de pareja y, nunca han conocido esta experiencia en su vida. Para simplificarlo, se limitan a rechazar cualquier opción (de peligro) que tenga la posibilidad de establecer una relación de pareja. ¿Sencillo? ¡Mentira! no lo es, por el contrario, si hay algo bien complejo es como llevo a cabo todos los procesos auto-destructivos, que necesito para cumplir la orden de quedarme solo. No solamente por todo lo que involucra emocionalmente, sino por todos los pensamientos, emociones y acciones que intervienen en los ‘movimientos estratégicos’ para lograr la realización de mi prohibición. No importa cuántos digan y perjuren que, no quieren quedarse solos.   

Para comprender lo que hacemos para llevar a la practica la prohibición de pareja, es necesario que podamos entender acerca de las relaciones conyugales, lo que constantemente repito en esta frase: “UNA RELACIÓN DE PAREJA NO SE CONSTRUYE DE LA NOCHE A LA MAÑANA, SINO EN EL CAMINO DE TODA UNA VIDA JUNTOS, EN LAS BUENAS Y EN LAS MALAS”. Lo que estoy diciendo es que, una relación de pareja se consolida en un proceso que requiere tiempo, esa es la clave. Es en el transcurrir del tiempo que la relación define si se afianza en un proceso permanente, o si por el contrario, se destruye, con lo cual se ejecuta la prohibición. Quizás la mejor forma de representarlo es con el ejemplo del ‘Reloj de Arena’, cuya función es precisamente, medir el tiempo. Te explico: Al inicio (de la relación) el espacio (donde va a caer la arena) esta vacío, ambos conyugues se pueden ver perfectamente el uno al otro, no hay nada que los separe, hay amor que los une. Pero, conforme se inicia el transcurrir de su tiempo juntos, empiezan a caer cada uno de los granos de arena del reloj. Aquí cada grano representa una situación de conflicto. Ciertamente, ‘un solo grano no hace montaña’, de hecho, tú le preguntas a cualquier pareja, ¿Por qué pelean? y, la respuesta es casi inmediata: por tonterías, por pequeñeces, por bobadas. Al igual que al grano de arena no le dan importancia, ni valoran cada situación de conflicto en la justa medida de su realidad. Porque en el proceso del tiempo, no es un sólo grano el que cae, van a caer muchos. En la relación no va a ver un sólo conflicto, van a suceder muchos. Y “… el conflicto no es bueno ni malo, sino simplemente inevitable.” (Martínez, 2006, p.117).

  Con el tiempo se empiezan a acumular los diferentes granos (los conflictos, lamentablemente los malos), y ambos siguen creyendo que no son importantes. Al final, el tiempo ha pasado, ahora si hay una montaña, de pequeños granos, pero montaña al fin. Ahora las emociones de rabia, desconfianza, injusticia y varias más, dirigen la relación, ahora parece que el amor se ha ido. Todo el espacio vacío que había al principio, ahora esta lleno de discusiones, peleas, malestar y angustia, matizados con la rabia, el odio, el resentimiento y, casi siempre, un deseo de venganza hacia el otro. Con estos sentimientos miden la nueva situación de la relación. Por su puesto, nadie quiere el nuevo estatus de la relación, por lo que es inevitable que aparezca el planteamiento: si esto es lo que tenemos y, ya no hay amor, pues mejor nos separamos. Listo, se ejecuta la prohibición, adiós a la relación, bienvenida la soledad. Dependiendo de varios factores incluyendo la intensidad de las emociones, esto puede tardar en formarse (el tiempo que tarde en caer la arena) menos de 1 año, 1 año, 3… 5… el momento de su separación (y/o) divorcio lo dirá. En resumen, es un proceso que se da en el transcurrir del tiempo. Se acumulan las cosas malas, o no hacemos lo adecuado, dejamos pasar el tiempo, a ver si se resuelve o desaparece el conflicto, pero la montaña es cada vez más y más grande. Tristemente, en la gran mayoría de las veces hay ya muy poco por hacer, para desbaratar esta montaña y, permitir la continuación sana de esta relación. Que sea dicho de paso, los pocos matrimonios que realmente logran redefinir su relación, construyen ahora una verdadera unión en permanencia, hasta que la muerte los separe. Lo cierto es que al final del tiempo, de acumular granos de arena, todos sus sentimientos y su relación están contaminados, por todas las cosas negativas que han sucedido. En mi criterio, sí se dan cuenta de lo que está pasando,  pero la prohibición ‘los ciega’. Al final, ya no ven otra cosa sino todo lo acumulado, la montaña que los separa y, ya no quieren ver otra solución sino separarse. Los niveles de angustia los dominan, los engaña y se adueña de la pareja y, los obliga a decidir la soledad. Trágico, dramático, pero realidad al fin. Esa es la historia del ‘Reloj de Arena’.     

Esta historia se repite una y otra vez. No importa a quien le preguntes, todos te dirán que la relación al principio era maravillosa, que las peleas eran pocas. Pero, lo lamentable es que en el transcurrir del tiempo, lo que en un principio era la excepción de la regla, se ha convertido, precisamente, en la regla. Ahora la regla es la pelea continua, lo que define a cada día. Antes fue el amor, ahora lo es la rabia y, la sensación de rechazo y angustia, que el otro me produce cada vez que lo veo. A veces es tan imperceptible, pero ocurre que sin querer sentirlo: estás molesto por cualquier razón y, como siempre existe algo que te molesta de tu pareja, entonces se engancha toda la rabia acumulada, y la terminas descargando en ella, sin que ella tenga mayor cosa que ver en tu propia rabia. El otro es la víctima de tu propia olla de presión, y mientras el otro está igualmente cargado, poco se necesita para el estallido final del conflicto. Fue un proceso lento, casi imperceptible, pero se fue adueñando de cada uno y, ahora termina por separarnos. Confirmando tal como me había dicho mi mamá / papá muchas veces: “vas a fracasar en tu relación matrimonial”. No quisiste darte cuenta de tus propias señales, de tus propios sentimientos, te limitaste a ‘culpar al otro’. Comprendelo de una vez: en una relación de dos, no hay culpables, cada uno es responsable de sí mismo (50% y 50%). Estaba y está en tus manos buscar la solución. Trágate tu orgullo y tu soberbia, y aprende que conversar, negociar, ceder, buscar soluciones, perdonar son los ingredientes necesarios para poder mantener tu relación conyugal, y de esa manera, vencer tu prohibición de pareja. Deja de correr la arruga, responsabilizate tú de tus propios pensamientos, emociones y acciones, invita a tu conyugue a continuar juntos el viaje de su relación matrimonial. Deja de ampararte en la excusa ‘lo que Dios quiera’ como si Él fuese el culpable de tus propias decisiones. No te engañes: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor —, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11, NVI). Dios quiere lo mejor para ti, eres tú el que decide según tus conflictos y lo que quieras realmente lograr en tu vida, integrando no solamente lo consciente, sino también el mundo inconsciente que te domina y, por lo general es el que gana, si no aprendes a detenerlo.  

            Por último, la prohibición de pareja es una realidad tangible en la vida de cada Ser Humano. Todos estamos sujetos a estímulos no adecuados de nuestras figuras parentales. Pero ello no quita que yo no pueda decidir algo completamente diferente para mí y mi vida. Es importante que puedas encontrar en tu propio proceso EL PERMISO para una maravillosa experiencia de pareja en tu matrimonio. Un permiso que te dice: Yo me lo merezco; Yo lo puedo lograr; Yo lo valgo; Yo tengo el derecho a decidir qué es lo mejor para mí. Un permiso que te lleve a amarte a ti mismo y a tu conyugue en igualdad de condiciones, con un único objetivo: permanecer juntos en una realidad que no excluye tu derecho a ser feliz y, a compartirlo con el otro. Me despido con esta frase, donde tu decisión de amar y compartir con tu conyugue “…los lleve a descubrir que la experiencia amorosa es un arte que habita un punto medio, tan cerca del corazón como de la razón” (Riso, 2006, p.xviii).

Que Dios los bendiga grandemente.

Referencias:
Gibran, K.G. (1983). El Profeta, Argentina: Editorial Pomaire      
Martínez, J.M. (2006). Amores que duran… y duran... y duran. México: Editorial Pax.
Riso, W. (2006). Los Límites del amor. Colombia: Imprelibros S.A.

Shinyashiki, R. (1993). La caricia esencial. Una psicología del afecto. Colombia: Editorial Norma