domingo, 8 de marzo de 2015

RECETA DE COCINA EMOCIONAL: Para Ser Felices


RECETA DE COCINA EMOCIONAL: Para Ser Felices
Por: J. Rafael Olivieri (marzo 2015)
 
“El amor es la mejor música en la partitura de la vida.
Sin él serás un eterno desafinado en el  inmenso coro de la humanidad."
(Roque Schneider)

            Yo creo que es justo que empiece explicándoles de dónde sale este título, porque suena a libro de autoayuda. Lo frecuente es que cuando los pacientes (esto me incluye a mí también) se inician en su proceso de terapia, bien sea en las consultas, los talleres, la Bioenergética o cualquiera otra de las técnicas que utilizamos en el proceso terapéutico, llega un momento en que el paciente pregunta ¿CÓMO SE HACE ESO? Ciertamente, la respuesta no es nada sencilla y, para no entrar en una extensa explicación de cómo se hace, usualmente le decimos al paciente “Estás buscando una Receta de Cocina”. Decimos esto porque cuando pruebas una comida que te gusta mucho, lo primero que haces es preguntar por la receta de la misma (¿Cómo lo haces?). Esa es la primera parte del título. La segunda, es más sencilla, ahora somos nosotros los que les preguntamos a Ustedes (los pacientes) ¿Qué quieres para tu vida? Aunque no todos lo responden de primero, es casi seguro que todos dicen “QUIERO SER FELIZ”. Allí lo tienen: “Una receta de cocina emocional para ser felices”. Debido a la dinámica de los talleres o de la Bioenergética, en los cuales tenemos más tiempo durante las charlas, les he dado alguna que otra vez la tan deseada  receta. Ahora la intención es compartirla con todos. Lo importante de dicha receta (al no estar patentada) es que a veces cambio algún ingrediente, añado otro, pongo más énfasis en uno o en otro… Creo que los Chefs hablan de experimentar para cambiar los sabores. Básicamente hacemos lo mismo en lo terapéutico, al ser un proceso tan particular y con tantas variantes, cada uno de Ustedes tiene la posibilidad y la capacidad de ajustar sus propios ingredientes, hasta completar la receta y lograr su objetivo: Ser feliz.
 
            Voy a iniciar dándoles una visión rápida de la receta, luego les detallaré cada ‘ingrediente’. Pero, lo primero que deben comprender de esta receta, es que es un PROCESO que requiere TIEMPO, es decir, esta es una receta de ‘Cocinar Lentamente’ aquí no se puede aplicar el ‘microondas’. Tienen que bajarse de esa nube. Yo sé que a muchos les encanta y vienen buscando la solución tipo microondas, pero para el cambio emocional real no hay pastillas ni soluciones ‘mágicas’. No se consigue simplemente porque quiero (aunque no dejemos de repetir “querer es poder”) realmente hay que trabajar en tú cambio y hay que dedicarle tiempo ¡TU TIEMPO! De hecho, cada paso individual de la preparación requiere de por sí su propio tiempo, su dedicación especial. Sí tú quieres que tu vida agarre sabor, el elemento ‘secreto’ que le dará tu propia sazón será tu PACIENCIA. Esa es a su vez la razón de por qué muchos de los pacientes no llegan nunca a completar su propio proceso terapéutico. Están esperando una solución tipo microondas, no están dispuestos a realizar el trabajo necesario para lograrlo, y definitivamente si quieres triunfar, debes trabajar hasta lograrlo. A decir verdad, el tiempo se convierte en el primero de los tres principales elementos saboteadores del proceso terapéutico, los otros dos son el esfuerzo (dolor) y por supuesto el costo (económico) del proceso. Lowen (1977) señala a este respecto: “El concepto de la terapia como un proceso sin fin da pie a una pregunta práctica y lógica: ¿Durante cuánto tiempo tendré que venir a verlo a usted? A lo que contesto también prácticamente: Estará usted sometido a tratamiento mientras crea que merece el tiempo, el esfuerzo y el dinero que le está costando” (p. 103). Porque, sí, es cierto que “Yo quiero cambiar mi situación”, pero la verdad es que soy yo mi propio y peor enemigo de mí mismo en este proceso. Por ahora me interesa concentrarme en la receta.
 
            Usualmente (a groso modo) todo comienza con una serie de circunstancias que crean INQUIETUDES EMOCIONALES en el día a día de tu vida, por lo general lo que constante y frecuentemente se ve afectado son las relaciones interpersonales (Pareja, Amigos, Familia, Trabajo) y luego las situaciones personales contigo mismo(a). Indudablemente, aunque la mayoría refiere que se sienten ‘mal’, de lo que estamos hablando es de EMOCIONES. Sienten emociones primarias como: rabia, tristeza, miedo, soledad, o cualquiera de las emociones derivadas de estás: ira, agresión, rechazo, celos, angustia, depresión, desánimo, fobias, pánico, entre muchas otras. Lo cierto es que, a pesar de sus muchos intentos, concluyen que no lo pueden resolver solos, y piensan que necesitan apoyo. Allí toman la primera DECISIÓN (de una serie de ellas): ¡voy a buscar ayuda terapéutica! Bien, piden su cita… van el día y la hora acordada y, en el ‘proceso de apoyo’ entre otras cosas, reciben INFORMACIÓN. Con esa información COMPARAN su vida y sus circunstancias: Ven lo que realmente les está sucediendo y, lo confrontan contra lo que les gustaría que fuera, lo que tienen contra los que les gustaría tener o, lo que les falta. Como resultado de esa comparación SE DAN CUENTA de su situación, y allí viene otra decisión: ¡QUIERO CAMBIAR! Lo interesante de la decisión de cambiar es que hay que añadirle dos de los ingredientes más importantes de tu receta: COMPROMISO y RESPONSABILIDAD (la pregunta importante: ¿Con quién?). En el transcurrir del proceso voy aprendiendo, lo que en mi criterio, es la clave de toda la experiencia terapéutica: AMARME A MÍ MISMO(A). Cuando llega el momento de que ese amor se consolida en mi vida: entonces decido, por amor a mí: PERDONAR y, una vez libre de mis cargas puedo empezar a disfrutar de mi felicidad. ¿Sencillo verdad? Pues ¡NO! ¿Cuándo ha sido algo bueno fácil de conseguir? la realidad es que no es un proceso sencillo sino por el contrario: largo y difícil. Sin embargo ¡NO ES IMPOSIBLE!, Dios ha puesto en ti todo el potencial para lograrlo, pero es necesario que TÚ quieras y TÚ te esfuerces. Como dice Josué 1:9 “Mi mandato es: “¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas”. ¡Cuanto más en el proceso de mejorar tu propia vida!      
 
            Empecemos, detallemos los diferentes ingredientes y el proceso de esta Receta Emocional: Básicamente en cualquiera de los artículos que he escrito, he comentado acerca de los conflictos emocionales y sus consecuencias. Como indiqué la mayoría de estos conflictos se van a reflejar en nuestras relaciones interpersonales. El Ser Humano es un ente social y, en prácticamente todas sus actividades, está en constante interacción emocional con su entorno. Es por ello que al seguir tu propia ‘programación emocional’ en la interrelación con los otros, pues surgen ‘situaciones’ que modifican tus emociones, a veces buenas, pero, a veces no tan buenas. Es el cúmulo de estas situaciones emocionales no adecuadas (negativas), en tu día a día, que van creando una serie de diversas INQUIETUDES EMOCIONALES, con las cuales entras en una sensación de malestar e incomodidad. En primer lugar con los otros y, a su vez, contigo mismo(a). La solución rápida a estas ‘inquietudes’ es echarles la culpa a los otros. Los otros son los que no me entienden, están en contra mía, son lo que hacen todo mal, no ponen de su parte... entre otras muchas justificaciones. Ciertamente mientras pienses que los otros son el problema nunca resolverás tus propias situaciones. Tal como lo dice León Tolstoi:Todos piensan en cambiar a la humanidad. Y nadie piensa en cambiarse a sí mismo”.
 
            En mi criterio, la única realidad en una relación (no importa el tipo), es que hay dos personas involucradas y la responsabilidad de lo que pase entre ellos, solamente puede ser de 50% y 50% para cada uno. Para mí no hay otra forma, ni otros porcentajes en la relación. Por lo tanto, sí realmente quieres resolver tus situaciones emocionales, en vez de culpar al otro, empieza por responsabilizarte TÚ, de ti mismo(a), de lo que tú piensas, sientes y actúas. Tal como señala David Hormachea: “Todo cambio debe comenzar con nosotros mismos. Todos los que esperan que cambien primero los que lo rodean, nunca experimentan cambios”. Cuando decides darte cuenta y pensar que el problema no son los otros, sino que algo te está pasando a ti, y vez que tú solo(a) NO lo has podido resolver, a pesar de tus muchos intentos y esfuerzos, porque esas situaciones te pasan una y otra vez, o simplemente el dolor en vez de disminuir lo que hace es aumentar. Pues sucede que a veces los otros te lo dicen, a veces tú mismo te lo dices: ‘necesitas ayuda’. Cuando aceptas esta sugerencia, resulta que tomas la primera DECISIÓN de muchas que te llevaran a un cambio real en tu vida. Buscas la ayuda (ojo si algunos de mis profesores de especialización leen que estoy poniendo la palabra ‘ayuda’ me quitan el título. Para ellos no existe tal ayuda, únicamente poder ‘apoyar’ en su proceso a cada uno de ustedes). Llegas donde el terapeuta y con tu primer encuentro, empiezas tu proceso hacia la felicidad… en realidad, es apenas el primer paso del camino hacia ella, es solamente la punta del iceberg. Lo importante es que te des cuenta que “la felicidad es un camino y no una meta” (s/a).
 
            Lo que sucede realmente es que a través de la relación diádica entre Tú y el Terapeuta, ocurre un intercambio interesante: Tú le enseñas de ti al Terapeuta y él te enseña a ti acerca de los procesos y experiencias emocionales, es decir, te da INFORMACIÓN de lo emocional. Depende de la técnica psicológica, de la personalidad del terapeuta, la información variará en muchas formas y estilos, pero al fin y al cabo será un mundo de información nueva para ti. En este intercambio hay varios ingredientes adicionales: se necesita de tu confianza en el Terapeuta, de tu honestidad en la información que das y, por supuesto, que aprendas definitiva y categóricamente que ¡EL OTRO NO ES EL CULPABLE! Sino que en el intercambio emocional, sientas lo que sientas, todo es un proceso de dos, y como tal, no hay forma que no sea de 50% y 50% de responsabilidad de ambos. No importa cuántas veces lo repita, siempre habrá quien diga ‘no, es el otro’ o ‘el otro me hace…’ y muchísimas más. Mientras no te ubique en ti primero, no habrá posibilidad de realizar los cambios necesarios en tu vida. Pues el proceso emocional es entera y exclusivamente para ti. Una vez que tú hayas cambiado y estés lleno de ti, es que podrás invitar a los otros al cambio. La realidad es: “no puedes dar al otro lo que no tienes y no puedes enseñar al otro lo que no sabes”.
 
            Con toda esa información, con la comprensión de los procesos y las experiencias emocionales, con el contacto de tu propia situación y de tu realidad, entras en uno de los elementos más esenciales de la receta… empiezas a “DARTE CUENTA”. Como dicen por ahí: “se te abren los ojos” “te cae la Locha”, tengo una paciente que me dice: “tuve un momento de lucidez”. En realidad van a ser una serie de pequeños “Darse Cuenta” que son resultantes de la comparación entre la realidad de tu situación, tus emociones y tus experiencias cotidianas, contra la nueva perspectiva de vivir una vida conforme a lo que realmente quieres, más sana y con muchos menos conflictos en tus interrelaciones. Con una mejor aceptación de ti y de la realidad que te rodea. Sucede que con cada nuevo “Darse Cuenta”, debes DECIDIR un cambio en tu forma de ser, y con cada decisión, debes actuar un nuevo cambio.  Es la suma de estos pequeños “Darse Cuenta” a través del tiempo de tu proceso, que se van consolidando y actuando los cambios que definen tu nueva forma de vivir. Al principio son voluntarios, conscientes, hechos con intención, y a medida que los vas reforzando, con las retribuciones positivas, en todo lo que haces, sientes, piensas y actúas, el cambio termina internalizándose en tus patrones y creencias de conducta, con lo cual se hacen permanentes y estables en el tiempo. Garantizando así una respuesta más adecuada para todo en tu vida… vas camino de tu felicidad.
 
            Mencioné algo importante, al principio los cambios deben ser voluntarios. La realidad es que muchas de las conductas que debes cambiar, debes aprenderlas primero. Voy a ponerte un ejemplo: te cuesta abrazar a las personas que amas, con la terapia te das cuenta que es muy agradable abrazarlos, y decides: ‘Voy a abrazar a los que amo’. En realidad es muy probable que no sepas abrazar, porque es casi seguro que a ti te habían abrazado muy poco (por no decir nunca), o incluso que abrazar haya estado prohibido, porque ¡cuidado no sabes lo que el otro está buscando! Lo cierto es que tienes que tomar la decisión de empezar a hacerlo y, como tal tienes que actuarlo. Suponte que hablamos de tu cónyuge… lo ves, te le acercas y lo abrazas… Ahí van a pasar un montón de cosas: lo primero es que tu cónyuge te va a mirar con cara de: ‘¿Y a este(a) que le pasó? ¿Qué bicho le habrá picado? o ¿Qué será lo que quiere?’ además de que como es seguro que tampoco sabe abrazar, lo más probable es que se quedó quieto(a) y rígido como un ‘palo seco’ y piense “hoy no es 31 de diciembre”. Lo segundo es que probablemente sientas que no abrazas muy bien… la verdad, es muy difícil que algo que hacemos por primera vez lo hagamos bien… por lo tanto ahí está el reto del cambio… tienes que seguir haciéndolo hasta que sientas que lo haces bien y, mejor aún, que lo disfrutas… solamente con la práctica es que nos hacemos expertos en algo, y tu vida es la primera experiencia que tienes que practicar una y otra vez, hasta lograrla y estar satisfecho(a) con ella. Ah, y por supuesto… sobretodo en el caso del abrazo… que el otro aprenda de ti y, lo busque y lo disfrute tanto como tú.
 
            Eso sí, no caigan en la trampa en la cual caen muchos: les decimos tienes que hacerlo (las conductas del cambio) aunque no lo sientas… y lo primero que te dicen es: “pero así voy a parecer hipócrita o falso al hacer algo que no siento”. De eso se trata, allí está lo conductual o voluntario, te tienes que obligar a hacer algo que no hacías antes (o estaba prohibido) ¿De dónde piensas que te va a salir sentir algo que nunca habías hecho? Ese es el planteamiento clave de esta parte de la receta: Darte cuenta -> Tomar la decisión de hacer algo -> ¡HACERLO! Solamente haciéndolo, aprendiendo en el ensayo y error es cómo vas a integrar la nueva conducta, y por supuesto, una vez internalizada es que vas a ‘sentirla’. El asunto será siempre el hecho de que tienes que: ¡CREER EN TI MISMO(A)! Aquí es dónde se incluyen los otros dos ingredientes fundamentales: COMPROMISO y RESPONSABILIDAD. Que indudablemente frente a la pregunta (¿Con quién?) solamente puede haber una respuesta: ÚNICAMENTE CONTIGO MISMO(A). Para cambiar no sólo tienes que quererlo, sino que particularmente tienes que estar comprometido. Y para llevarlo a cabo no basta con solamente hacerlo, sino que realmente debes responsabilizarte de hacerlo hasta lograrlo. Sin el compromiso y la responsabilidad es seguro que no podrás completar la meta de tu cambio emocional. Porque sencillamente no será tu prioridad. Si no asumes el proceso terapéutico como decisión firme y no le das la prioridad necesaria, no importa que tan bueno sea el terapeuta o las técnicas que utilice, sencillamente no llegarás a la meta de tu felicidad.
 
            Vamos a abreviar un poco, para ir cerrando. A través del tiempo que llevas en el proceso terapéutico, a medida que vas internalizando los pequeños cambios, vas colocando límites para tu protección, te vas valorando, te vas respetando, te vas poniendo en el primer lugar en tu vida y, particularmente te haces el único responsable de tu conducta, de tus emociones y de tus pensamientos... Es solo a partir de estas bases que aprendes y decides AMARTE A TI MISMO(A). Este ingrediente es básicamente el principal, la columna vertebral de todo el proceso, la verdadera meta a lograr. Amarte a ti mismo(a) no solamente es la mejor y más excitantes de todas las aventuras que puedes emprender, sino que es la más maravillosa experiencia de tu vida, pues, la única persona que estará contigo hasta el último día de tu vida, serás única y exclusivamente tú mismo(a). Por eso ¿A quién debo amar primero? En La Biblia el mandato de amarte a ti mismo aparece 9 veces “ama a tu prójimo como a ti mismo”.  Será para Dios tan importante que te ames, que es la orden de Dios para el Ser Humano que más se repite: (Lev 19:18 y 19:34; Mat 19:19 y 22:39; Mar 12:31; Luc 10:27; Rom 13:9; Gal 5:14; San 2:8). Porque amarte solamente puede traer lo mejor para ti. Para mí, en lo personal, es la clave de todas mis enseñanzas, en la consulta, los talleres y en cualquiera de las técnicas terapéuticas que utilizo, la esencia es llevarte a amarte a ti mismo, por encima de todo. Por eso, para mí: ‘Después de Dios la persona más importante soy Yo’. Si yo, a través de mi amor, me coloco en primer lugar ¿Puede el otro llegar a dañarme?  (Solamente si yo se lo permito, cuando no me amo).
 
            En base a lo anterior, siempre afirmo: ‘No hay nada ni nadie más importante que YO mismo’, por eso la felicidad y todo lo que anhelas para ti, única y exclusivamente lo lograrás una vez que aprendas a amarte a ti mismo(a) primero. ¡NO HAY OTRA FORMA! Pero,  surge una pregunta muy importante: ¿Qué es el amor? Todos y cada uno de ustedes tienen una respuesta diferente… tus padres darían la vida por asegurar que te aman, y sin embargo la gran mayoría de ustedes llevan internamente el sentimiento de no haberse sentido amado por sus padres… Tu cónyuge del cual te divorciaste (o andas en ese proceso) ¿cuántas? miles de veces te dijo o, le dijiste que lo amabas… Tendrás que encontrar tu propia definición, porque se trata de amarte a ti mismo. Tal vez una aproximación del amor verdadero está en el texto del Apóstol Pablo de 1ra de Corintios 13: “4 El que ama tiene paciencia en todo, y siempre es amable. El que ama no es envidioso, ni se cree más que nadie. No es orgulloso. 5 No es grosero ni egoísta. No se enoja por cualquier cosa. No se pasa la vida recordando lo malo que otros le han hecho. 6 No aplaude a los malvados, sino a los que hablan con la verdad. 7 El que ama es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo. 8 Solo el amor vive para siempre”. Con un amor como ese… ¡que me amen!
 
            Si yo aplicara esos versículos a mi propia vida y, luego a los demás que amo, ¿Cómo serían nuestras relaciones y nuestras vidas? Sencillamente no alcanzarían las palabras para expresar tantos sentimientos maravillosos y, mucho menos existirían ‘termómetros’ para medir tanta felicidad. Porque si algo afirmo permanentemente, en contra de los que me llaman ‘Yoista’ o (más desubicados aún) ‘narcisista’, es que el único objetivo de amarme a mí mismo, es exclusivamente poder COMPARTIR todo ese amor con alguien (otro que igualmente se ama a sí mismo). No existe otro propósito en el Ser Humano sino el de amarse y amar a otro “como a sí mismo”. Dios nos diseñó para estar juntos, y de todas las relaciones, la que bendijo, fue la de los esposos. ¿Por qué estás y te sientes solo(a)? Es simple, al no cumplir la orden de Dios, no te amas y no puedes amar al otro. El principio es sencillo (lo repito):” no puedo darle al otro lo que no tengo y, no puedo enseñar al otro lo que no sé”. En consecuencia: si no me amo ¿Cómo puedo amar al otro? ¿Cómo puedo yo recibir el amor del otro?
 
              Finalmente, a través de este proceso, de su tiempo, de cada uno de los elementos mencionados y, especialmente del ingrediente más importante: ¡TÚ MISMO! es que la receta de tu felicidad se va armando. Pero falta un último ingrediente: ‘la cereza de la torta’. Únicamente lo puedo tener en base a la expresión: ‘Por amor a mí…’ (Te lo repito, la base de todo es, amarte a ti mismo). La idea es: ‘por amor a mí… PERDONO AL OTRO’ ¡Esa es la Clave! ¡EL PERDÓN! (he escrito otros artículos acerca de él). Perdono a mi cónyuge, a mis padres, a mis hijos, a cualquiera que me haya ofendido… ¡ME PERDONO A MÍ MISMO! Por amor a mí, no guardo ninguna emoción enferma… me libero de todas las ataduras del pasado y cierro todos los círculos abiertos en mi vida. En este sentido la máxima expresión del amor a mí, está en el perdonar al otro. Con tal nivel de libertad y de amor… ¿no consigo mi felicidad y la del otro? Ese es mi reto: Construir mi vida como yo quiero de la forma más adecuada y sana posible y, permanecer compartiéndola con el otro. Te invito a elaborar tu propia receta emocional par tu vida.
 
Referencias
 Lowen,  A. (1977). Bioenergética. México. Editorial Diana.
Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA