martes, 27 de octubre de 2015

AMARME A MÍ MISMO: La clave de aprender a vivir para triunfar

AMARME A MÍ MISMO: La clave de aprender a vivir para triunfar
Por: J. Rafael Olivieri (octubre 2015)

“Es posible que una gran parte de la dificultad de nuestra vida se deba al hecho de que por no saber amarnos a nosotros mismos, tampoco sabemos amar a nuestro prójimo.”
(Sra. de J. B. Livingston, 1972, p.1)

            ¿Cómo es posible que yo me quiera destruir a mí mismo? Esa es una pregunta que con frecuencia me hacen los pacientes, cuando les afirmo que se están auto-agrediendo, con las cosas y situaciones que cada uno hace con su propia vida. Es normal que no lo vean y mucho menos que lo comprendan a la primera. Pues dichas conductas destructivas son precisamente parte de mí actuar cotidiano de cada día en mi vida. Están aprendidas desde mi desarrollo infantil, en mi interrelación con mis figuras parentales. Ensayadas durante toda mi vida y, por supuesto, practicadas como verdades irrefutables de mi sistema de creencias emocionales. Creencias que estructuran mi personalidad y, por consiguiente, quien soy. Desde este punto de vista, aunque son verdaderos y actúan en el proceso mental del Ser Humano, no es fácil de explicar los mecanismos que utilizamos para llegar a nuestra autoagresión. Ciertamente porque aún estamos apenas, en la punta del Iceberg, de todo lo que nos falta por descubrir y conocer de la mente humana. Y por otra parte, aunque conscientemente queremos “lo mejor” para nosotros mismos (y para los que amamos), no es menos cierto, que la vida cotidiana está llena de personas que se drogan, beben alcohol, fuman, se atragantan de basura, atacan y destruyen a las personas que aman (pareja, hijos, padres), divorcios, abandonos, soledad, culpa, depresión, violencia física y mental, por citar unos pocos ejemplos de esta autodestrucción. ¿No se están destruyendo ellos mismos y a los que tienen a su alrededor? ¿En tu mundo de conflictos emocionales, no te estás destruyendo tú mismo y a los que amas? Todo esto y mucho más, debido a una razón tan sencilla, como lo es el afirmar que, la inmensa mayoría de nosotros, estamos siguiendo órdenes (inconscientes) de no amarme a mí mismo, lo cual termina siendo una orden de auto-agredirme a mí y al otro también. Son órdenes aprendidas y aceptadas, sin cuestionamiento alguno, en mis decisiones de vida, durante mi desarrollo infantil. Una aproximación para entender este asunto de las órdenes está en las preguntas de Santiago 4 (NTV): “¿Qué es lo que causa las disputas y las peleas entre ustedes? ¿Acaso no surgen de los malos deseos que combaten en su interior? 2 Desean lo que no tienen, entonces traman y hasta matan para conseguirlo. Envidian lo que otros tienen, pero no pueden obtenerlo, por eso luchan y les hacen la guerra para quitárselo. Sin embargo, no tienen lo que desean porque no se lo piden a Dios. 3 Aun cuando se lo piden, tampoco lo reciben porque lo piden con malas intenciones: desean solamente lo que les dará placer”.  ¿Qué tal?

            Realmente como seres humanos que somos, nacemos con una “pizarra en blanco”, en la cual se deben escribir todas las indicaciones de lo que yo debo pensar, sentir y actuar en mi vida. El problema no es la pizarra, sino ¿Quién escribe en ella? Quienes lo hacen son nuestras figuras parentales, de quienes tenemos que aprender TODO en la vida. De ellos aprendo según me etiqueten: mi identidad de género (soy Hombre o Mujer), mi Autoestima (mi valoración positiva o negativa), Mis metas (triunfar o fracasar), mi rol de Pareja (para toda la vida, divorcio o soledad), mi rol de Familia (enseñar a mis hijos el amarme o el odiarme), mi rol social (amigos para disfrutar o rechazar), mi rol Profesional (autonomía o dependencia). Como sencillamente necesito saber que pensar, sentir y actuar en la vida, me ubico (aun siendo un niño) frente a mi pizarra y, después de revisar cuidadosamente, todo lo que en ella está escrito, desde la más pura revelación emocional, mental, física y espiritual, en un momento de ‘confluencia energética integral’, YO tomo la decisión (inconsciente) de vivir según las “órdenes” que están grabadas en mi pizarra. Y desde ese preciso momento de decisión, ya no cuestiono mi pizarra nunca más, sino que simplemente sigo al pie de la letra cada orden que allí está definida: “Porque Yo Soy Así”. Como orden al fin, debe ser cumplida, no importa si implica mi auto-destrucción o la de los que (creo) amar. Si no me crees, responde: ¿Sí amas a tu conyugue: Por qué pelean, se agreden, se insultan, se gritan, se separan, se divorcian, se odian, eres infiel, no proteges, no acompañas, no comunicas…? ¿Sí amas a tus hijos: Por qué le gritas, les pegas, los maltratas, los descalificas, los abandonas, los humillas, no los proteges, los críticas, no los guías, no los cuidas, no estás con ellos, no los apoyas…? ¿No es esto destruirte a ti mismo y destruir a los que amas? ¿O soy yo el que está equivocado? No te equivoques, no es como afirmaba Göbbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. No creas tus propias mentiras. La verdad es que “No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra” Gálatas 6:7 (NTV).

Afortunadamente, como ser humano también poseo una mente consciente, racional y lógica, que evoluciona y me actualiza en función del desarrollo mental y físico, de mi proceso de crecimiento y madurez. Ello me permite adaptarme y decidir cambios según los acontecimientos de mi medio ambiente. Me permite adquirir nueva información, validar decisiones y actuaciones. Me permite realizar cambios, a veces para anular completamente una orden, a veces para disminuir su efecto en mi vida. De esa combinación de lo consciente e inconsciente, se crea una balanza de pensamientos, emociones y actuaciones que determinan cada evento, cada decisión, cada consecuencia, con lo cual voy construyendo fragmentos de mi realidad, de mi vida y, TODO lo que en ella obtengo, sea bueno o no. Lo que igualmente me sirve para amarme a mí mismo o para auto-destruirme. Lamentablemente, en la gran mayoría de las personas, el poder y la profundidad de las órdenes grabadas en la infancia, siguen teniendo mucha más fuerza y consistencia que las decisiones lógicas de la conciencia. Con lo cual los finales trágicos y dramáticos se cumplen, auto-destruyendo a la persona. Porque no es solamente cuestión de voluntad o de querer, se debe integrar un proceso mental de pensamiento, emociones y acciones, tanto o más poderoso, que las decisiones infantiles. Lo cual, en la mayoría de las veces, no es nada fácil de hacer, ni de lograr. Por ejemplo, una paciente me dijo en una consulta “Si mis padres no hubiesen sido así, yo no sería así”. Para apoyar mi punto de vista, te dejo estas líneas que escribe J. A. Gaiarsa en la introducción del libro de Shinyashiki (1993): “Es la lección más fundamental de toda la psicología dinámica: Sólo sabemos hacer lo que se hizo con nosotros. Sólo logramos tratar bien a los demás si fuimos bien tratados. Sólo sabemos tratarnos bien si fuimos bien tratados. Si fuimos despreciados, sólo sabemos despreciar. Si fuimos odiados, sólo sabemos odiar. Si fuimos maltratados sólo sabemos maltratar.” (pp. 3-4). ¿Cómo se aplica eso a ti mismo? Porque lo común es echarle la culpa a los otros, siempre los otros. Mi enfoque es que yo continuamente soy el bueno, el que tiene la razón, el que tiene buenos sentimientos, el que termina siendo la víctima, porque el otro ‘me hace…’. Como afirma nuevamente J. A. Gaiarsa: “Lo que no se comprende es cómo hay tanta maldad en un mundo hecho solamente de personas que se consideran tan buenas. Realmente no se entiende”. (p.3) ¿Tú lo entiendes?       

            El principio del ‘amarme a mí mismo’, que es igual al del Yo, nunca puede partir de la perspectiva del egoísmo, o del orgullo sin sentido, ni mucho menos, de la postura del “Ganador” (Análisis Transaccional) cuyo objetivo es: ‘no me importa destruir al otro, mientras sea Yo el que pueda ganar’. Sino por el contrario, parte de un origen fundamental cuya base principal está establecida en los preceptos bíblicos para el ser humano. Los cuales a su vez son la esencia del libro de la Sra. de J. B. Livingston (1972) “Amate a ti mismo”. Yo lo utilizo como base para este artículo. Por lo que hallarás en este artículo las referencias psicológicas habituales, pero también mayor número de referencias bíblicas. Dichos preceptos están reflejados en los versículos de: Levíticos 19:18 y 19:34; Mateo 19:19 y 22:39; Marcos 12:31; Lucas 10:27; Romanos 13:9; Gálatas 5:14 y finalmente en Santiago 2:8. La esencia de cada uno de ellos es: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Lo anterior define el hecho de que para poder amar al otro, primero debo amarme a mí mismo, y de igual manera: ‘no puedo dar lo que no tengo y, no puedo enseñar lo que no sé’. En realidad, si cambio un poco la perspectiva, y veo la Biblia como un libro de psicología, encuentro que Ella es un manual para las relaciones humanas, precisamente el área en la cual fallamos más rotundamente, pues no sabemos amarnos y, mucho menos, amar al otro. En este sentido en Proverbios 19:8 (NTV) dice: “Adquirir sabiduría es amarte a ti mismo; los que atesoran el entendimiento prosperarán” ¡Aprender es la clave! No en balde Oseas 4:6 (RVR 1960) dice: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos”.

            Por otra parte, al igual que en cualquier referencia que se hable del ‘amarme a mí mismo’, este artículo no estaría completo, si no mencionase los atributos del amor que presenta el Apóstol Pablo en 1 Corintios 13:4: “El amor es paciente y bondadoso. El amor no es celoso ni fanfarrón ni orgulloso 5 ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas. 6 No se alegra de la injusticia sino que se alegra cuando la verdad triunfa. 7 El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia” (NTV). Te imaginas poder amar y, que me amaran, con este tipo de amor puro y sano. No con el amor enfermo que hemos aprendido de nuestras figuras parentales, o de las personas con las cuales nos hemos relacionado en nuestros conflictos emocionales. La verdad es que Pablo hace una aseveración válida, no importa cuánto yo pueda dar, cuanto me sacrifique, cuanto pueda lograr, si no me amara a mí mismo y “… si no amara a los demás, no habría logrado nada”. No importa lo utópico que suene, la verdad es que el principio de vida que nos rige, se inicia en la emoción que llamamos amor. Y, ¿Qué mejor forma que aplicarlo sino amándome a mí mismo y amando al otro?

            La Sra. de J. B. Livingston (1972) en su libro “Amate a ti mismo” desarrolla con base en los principios bíblicos “12 fases del cómo amarnos a nosotros mismos” (p. 2) Estás son: “Comprendete a ti mismo; Descúbrete a ti mismo; Aceptate a ti mismo; Valorate a ti mismo; Respetate a ti mismo; Regocijate en ti mismo; Perdonate a ti mismo; Ten Paciencia para contigo mismo; Se Honesto para contigo mismo; No te Desgaste a ti mismo; No te Perjudiques a ti mismo; y finalmente, Vive por ti mismo”. Como lo afirmo constantemente, para mí la clave del proceso terapéutico es enseñar a los pacientes a amarse a sí mismo. Que a través de ello puedan comprender que, realmente somos producto de todo un proceso de aprendizaje, decisiones, experiencias, emociones, experimentadas a lo largo de toda nuestra vida, particularmente durante nuestra etapa infantil, en la cual la interrelación con nuestras figuras parentales y, el medio ambiente en el cual me tocó crecer, determinan, casi imborrablemente, TODO lo que soy. No deja de ser menos cierto que, a pesar de todo eso, cada ‘YO’ tiene el potencial y el poder de cambiar lo aprendido, tiene la capacidad y la opción de amarse a sí mismo, para aprender a vivir y triunfar. Sé y me consta en carne propia que, no es un proceso fácil, pero sí, totalmente posible y realizable. Tenemos todos los recursos para lograrlo. Como afirma 1 Corintios 10:13 “Hasta ahora, ninguna prueba os ha sobrevenido que no pueda considerarse humanamente soportable. Dios es fiel y no permitirá que seáis puestos a prueba más allá de vuestras fuerzas; al contrario, junto con la prueba os proporcionará también la manera de superarla con éxito”. Por su puesto, todo esto, se aplica igualmente a todo lo emocional y, particularmente, a la capacidad de nuestra mente de superarse a sí misma, en cualquier circunstancia, no importa lo grave que haya sido lo que he vivido. ¿Crees tú esto?

            Bien, desarrollemos las ‘fases’ presentadas por la Sra. de J. B. Livingston (1972). Dónde una de sus bases está en Romanos 13:10 “El amor no hace mal a otros, por eso el amor cumple con las exigencias de la ley de Dios.” Porque entre las cualidades del amor están: “Paciencia, cariño, generosidad, humildad, cortesía, abnegación, ecuanimidad, veracidad y sinceridad” (p.2), entre otras muchas. Es cuestión de aprender a aplicarlas en tu propia vida, así como cada una de las fases propuestas por ella. Ciertamente, no se trata de ser ingenuos, como nos acusan los enemigos del ‘amor’ (léase DIOS). Sino muy por el contrario, esto NO se aplica a quien pretende robarnos, maltratarnos, agredirnos, explotarnos, violarnos o asesinarnos. SÍ se aplica a tu cónyuge, a tus hijos, a tus padres, a tus hermanos, a tus amigos y sobre todo a ti mismo. Porque ‘YO’ soy la persona más importante para mí, después de Dios. “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”, y: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” Lucas 10:27 (NTV). Y en el versículo 37 la orden de Jesús es determinante, “Anda entonces y haz tú lo mismo” ¿Sabes que esto es para ti también?  

            Entonces, voy a desglosar en un ‘abre boca’ cada una de las “fases” que la Sra. de J. B. Livingston (1972) propone para el “amarme a mí mismo”. Cada una de ellas, por sí mismas,  puede ocupar un libro entero, y es seguro que ya existe. Por lo que si te interesa algún tema queda de tu parte poder investigar más profundamente. La invitación será a que siempre lo hagas. Como te indiqué su enfoque es netamente Cristo-céntrico, intentaré integrarlo un poco con lo psicológico y veremos que resulta. No olvides que Salomón afirma en Proverbios 1:7: “El temor del Señor es la base del verdadero conocimiento, pero los necios desprecian la sabiduría y la disciplina” (NTV). Te invito a ser sabio y a aplicar lo que te sirva en tu vida.

COMPRÉNDETE A TI MISMO: Es indudable que la esencia de este punto y de todos los demás, será la forma en ¿cómo nos tratamos a nosotros mismos y a los demás? De hecho ella afirma: “…el comprendernos a nosotros mismos es esencial para comprender a los demás. La comprensión de nosotros mismos será el aspecto principal del amarnos a nosotros mismos” (p.3). Su enfoque está en comprender nuestra naturaleza humana, la cual es una triada en continua guerra. Está, en primer lugar, nuestro cuerpo y sus necesidades materiales, dentro de las cuales la búsqueda del placer será nuestra mayor necesidad. Usualmente esta búsqueda del placer nos lleva al libertinaje de los sentidos, la búsqueda del poder, la fama y la fortuna. Las que en su justa medida son buenas y necesarias. Pero usualmente el Ser Humano no se sacia nunca y siempre quiere más y más. Por lo que termina frecuentemente en un vacío mayor que su necesidad inicial. “La sanguijuela tiene dos bocas que chupan, y gritan: «¡Más, más!»” (Proverbios 30:15, NTV)
Nuestra segunda naturaleza es la espiritual. Al fin y al cabo somos un espíritu dado por Dios y, en nuestra muerte (a la que llegaremos todos, sin que podamos hacer nada para evitarlo) “Entonces el polvo volverá a la tierra, de donde fue tomado, y el espíritu volverá a Dios, que lo dio” Eclesiastés 12:7 (NTV).  Porque  no puedo perder de vista que “No puede conseguirse la verdadera realización en una vida sin Dios” (p.4). Le duela a quien le duela.
En tercer lugar, nuestra naturaleza Mental / Emocional, de la cual hablamos continuamente, la que dependiendo de nuestra evaluación infantil, determinará el triunfo o el fracaso en el cual vivimos cada día. Mis tres naturalezas están en continua guerra destruyéndome, por lo que es necesario el comprenderme para saber encontrar el equilibrio y la integración de las tres en la persona que realmente soy. Únicamente cultivando mis tres naturalezas podre encontrar el amor a mí mismo.   

DESCÚBRETE A TI MISMO: Dos aspectos importante se encuentra aquí: Conocerme a mí mismo (¿Quién soy?), e igual de importante, ¿Cuál es el propósito de mi vida? La esencia de esta fase radica en la expresión: “Hay muchas vidas perdidas porque no tiene propósito. No saben hacia donde van” (p.6). Si hay algo que me identifica como ser humano es que ¡Soy único e irrepetible! Lo cual no solamente me define como el individuo que soy, sino que también me permite tener un propósito que es exclusivamente mío, no importa si otros miles tienen el mismo propósito, ejemplo: Yo soy Psicólogo ¿cuántos millones más no hay en el mundo? Lo importante es: cómo YO desarrollo mi propia función en ese rol. Mi forma de realizarla es particular, es única, es exclusivamente mía. Lo prioritario es conocer mis recursos para poder ser el mejor hasta donde me sea posible. Mi reto es ser yo mismo “… ¡no trates de ser alguien o algo que no eres! ¡No trates de ser lo que piensas que otros consideran que tú deberías ser, si esto resulta contrario a lo que eres!” (p.8). Porque si esperas lo mejor de ti mismo, te convertirás en quien realmente eres, y tu camino será guiado por tu propio propósito.
Igualmente, conocer mis limitaciones es importante, porque no solamente puedo realizar muchas acciones a fin de eliminarlas o disminuirlas, sino que lo más necesario es que “No te subestimes a ti mismo en cuanto a tu propia importancia. Todo individuo es útil, y hay un lugar para él. Descubre cual es el tuyo” (p.7). Por eso, si hay algo fundamental en el descubrirme a mí mismo, es precisamente, saber que cada uno tiene su propio propósito “…nuestra tarea es descubrirnos a nosotros mismos, conocer nuestro verdadera función, aceptarla, y ejecutarla de la mejor manera que nos sea posible” (p.7). Lo primero es que yo me considere valioso y necesario en mis funciones, tanto para mí mismo como para los demás. Tal como señala Lucas 11:33 “Nadie enciende una lámpara y luego la esconde o la pone debajo de una canasta. En cambio, una lámpara se coloca en un lugar alto donde todos los que entren en la casa puedan ver su luz” Ciertamente que no todos somos estrellas, pero, hasta la más pequeña vela, ¡brilla con luz propia! Tu propósito es brillar según la dimensión de tu propia luz. ¡Los otros te necesitan!

ACÉPTATE A TI MISMO: La razón básica de mi auto-agresión es: el no aceptarme a mí mismo. Constantemente estoy reclamándome a mí mismo, echándome la culpa, quejándome de mí mismo. Estoy deseando tener cosas diferentes, ser alguien diferente, tener un cuerpo diferente. Si hay algo que me dice cuanto me amo, es precisamente, la forma en que trato a mi cuerpo. No solamente está la expresión de: ‘yo soy mi cuerpo’ sino que más importante aún: ‘yo vivo dentro de mi cuerpo’. En esta idea y, parafraseando la máxima de Lucas 6:45 “porque de lo que abunda en el corazón habla la boca” (NTV): es una realidad que lo que yo siento en mis emociones lo reflejo en mi cuerpo y en mi rostro. Mi expresión corporal es un reflejo de lo que yo he guardado en mi mente y en mi espíritu. Por eso muchas veces cuando me veo al espejo, no me gusta lo que veo y me descalifico, porque eso es lo que yo siento por mí mismo. En vez de sentir vergüenza por mí, debería aprender y decidir aceptarme a mí mismo y empezar a amarme tal cual soy. Aquellas cosas que puedas cambiar, ¡cambialas! las que no, ¡aceptalas! son y eres tú mismo.
Por otra parte, el enfoque de la Sra. de J. B. Livingston (1972) en esta fase, se centra en la invitación a aceptar tu género. Ella dice: “No todos pueden ser hombres, ni todas mujeres. Dios vio la necesidad de ambos, y por eso le dio a cada uno su función” (p.9). En líneas generales dice: “Si fueras varón, se varón, y cumple el papel que Dios te ha dado en calidad de cabeza del hogar” (p.9). “Si fueras mujer sé mujer. Algunas de las más miserables personas que conozco son mujeres que desean ser hombres” (p.10). Yo pienso que el ser humano le ha dicho a Dios ‘quitate tú para ponerme yo’, y ahora tenemos abundancia de hombres que no son hombres y de mujeres que no son mujeres, y mucho menos, que cumplan la función y el rol para el que fueron diseñados por Dios. Ni el hombre es cabeza de su hogar, ni la mujer se sujeta a su esposo, porque ninguno de los dos cumple los principios de Dios para cada uno. Por el contrario, es interesante ver, como a las mujeres de hoy en día (en su mayoría, no estoy diciendo que todas), entrenadas en el arte de odiar y competir contra el hombre, le dan ‘vueltas los ovarios’, cada vez que les dices que deben sujetarse a sus esposos o, que son “una ayuda ideal para él” (génesis 2:18), que era y ES el propósito de Dios al crear a la mujer. Pero como todos ustedes son más que Dios, ¡sigan así, que van bien (hacia su propia destrucción y soledad)! Cerrando este punto aceptarme a mí mismo “Empieza donde estás. Opera con lo mejor de tus habilidades que encierras en tu propio dominio” (p.12).

VALÓRATE A TI MISMO: Es indudable que estamos sometidos toda la vida a continuas evaluaciones de los demás (Familia, amigos, colegio, universidad, la vida). Lo cierto es que estás evaluaciones que nos hacen los demás, jamás darán como resultado un valor justo de mí mismo. Por eso, si algo debemos aprender, es a valorarnos a nosotros mismos, y por supuesto, con el mayor valor posible. Está bien que cuando era un niño, en mi condición de ‘dependiente natural’ estaba obligatoriamente sujeto a las valoraciones de mis figuras parentales. Eran ellos los que determinaban mi valor, con lo cual yo definí mi propio valor a través de mi Autoestima. De allí la certeza de lo dicho por de la Sra. de J. B. Livingston (1972): “Somos el resultado de nuestras propias decisiones; somos lo que elegimos ser. Nuestras elecciones son determinadas por lo que pensamos acerca de nosotros mismos y de nuestras capacidades. Por lo tanto, somos el resultado de la evaluación que hayamos hecho sobre nosotros mismos” (p.13). Lo que no es justo ahora, es el hecho de que ya no sigo siendo un niño, por lo tanto, ahora yo debería valorarme a mí mismo y, con ello, darme mi justo valor, como el ser único que soy. Pero, la gran mayoría sigue ‘engañado’ con la valoración que hicieron y hacen otros de ellos. Este es el error más grande que estamos cometiendo, ¡dejar que otros me sigan valorando!
El enfoque de la Sra. de J. B. Livingston (1972) en esta parte está centrado en: “Todos somos parte de la creación de Dios; y todo lo que Dios creó fue bueno en gran manera” (p.13). Es decir, que yo como creación de Dios no solamente soy bueno, sino que como afirma David (Salmo 139:14) “¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo! Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien”. Yo soy MARAVILLOSO, y eso ‘no tiene precio’. El problema es que, la inmensa mayoría, no le cree a Dios, prefieren seguir creyéndole a los otros, y a las valoraciones negativas que han hecho de mí mismo. La verdad es que siempre que nos miremos en el espejo, debemos contemplarnos a nosotros mismos como maravillosos y, darme cuenta que mi responsabilidad es cuidar de ello. ¡Yo soy quien debe evaluarme a mí mismo! Por eso, desde mi propia decisión, yo puedo aprender a valorarme en positivo y como realmente soy, es decir, “Si crees que vales poco, te amarás poco. Debes aprender a darte tu ‘invaluable’ valor” (p.13). Debes aprender a tener fe en ti, a esperar lo mejor de ti, a confiar en ti y, por su puesto, empezar a actuar esa realidad en ti mismo. ¡Valórate positivamente a ti mismo!

RESPÉTATE A TI MISMO: Esto incluye la atención, la consideración, el reconocimiento que me doy a mí mismo. Implica tener conmigo mismo una actitud positiva hacia mi derecho y deber de vivir y ser feliz. Es sentir que tengo derecho a lograr para mí (y los demás) la alegría y la satisfacción de realizar mis metas en la vida. Es sentirme merecedor de poder tener la libertad de sentir lo que siento, de expresar lo que siento, y de tener la libertad de arriesgarme para lograr las metas de mi vida. Respetarme es vivir de acuerdo a mis propios valores y convicciones. En lo negativo, uno de los problemas más frecuentes que limitan esta cualidad de mí, es que un alto promedio de mi infelicidad y de mi falta de respecto a mí, se origina en el miedo que siento a lo que otros piensan de mí, lo llamamos ‘el que dirán’ y, en otros casos, es mi necesidad de complacer a los demás. Esta condición surge precisamente de no darme mi valor a mí mismo, es decir, de no respetarme, de poner primero a los demás antes que a mí mismo, lo cual me lleva a torturarme continuamente, preocupándome por lo que otros opinan de mí o, si los otros me van a aceptar. Esto implica no permitir que nadie me manipule, no sentirme culpable cuando debo decirle no al otro. Es poner mi prioridad de mí mismo, antes que los caprichos o deseos de los otros.
Respetarme también es ser tolerante con aquellos que no piensa igual que yo, que tienen otra forma de sentir, gustos o intereses, es decir, aceptar al otro tal cual es, no tener la necesidad de cambiarlo. De esta forma el respetarme a mí mismo implica el sentirme orgulloso de mí mismo. Es comprometerme con mis propios pensamientos, sentimientos y acciones, sintiéndome que actúo de manera congruente con lo que soy y, con lo que muestro de mí mismo. Respetarme es tener la seguridad que lo mejor de mí es aquello que sale de adentro de mí, no lo que me viene de afuera. Es comprender que nada puede igualar a lo que yo puedo hacer por mí mismo, porque ese es el secreto de respetarme y amarme a mí mismo.

REGOCÍJATE EN TI MISMO: Esto es alegrarme y ser feliz conmigo mismo. Es encontrar los motivos para regocijarme y ser feliz, primero en mí mismo, luego, a través del compartir con los demás, encontrar en los otros muchos más motivos de alegría. De hecho, el diccionario define la felicidad como “Estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno”. Ello indica que es una interrelación entre lo interno de la persona y lo externo a sí mismo. Por ejemplo el alcanzar las metas que deseo. Lo cual también permite afirmar que, la felicidad basada en cosas externas, es pasajera. Es efímera en función de ¿Cuánto tardo en tener una nueva necesidad o un nuevo deseo? O de que ocurra cualquier evento que trunque dicha felicidad. En este sentido la felicidad no es un continuo, sino más bien, destellos momentáneos y aleatorios de esta emoción de regocijo. Igualmente he de considerar que si enfoco mi felicidad en cosas como el dinero, la fama, el poder, las posesiones materiales y económicas, estoy en el camino equivocado. Todas ellas únicamente traen más y más estrés y angustia, porque vivimos en un principio social y cultural inadecuado: ‘cuando no tengo, quiero tener y, cuando tengo, quiero tener más’, es una búsqueda desenfrenada de más y más codicia. Como señala  la Sra. de J. B. Livingston (1972): “Nuestro mundo, orientado a la diversión y la búsqueda de placer explica la locura por el dinero, y el deseo por los placeres que se pueden comprar” (p.21). En este sentido, yo puedo lograr que el regocijarme sea un estado permanente en mí mismo, cuando al integrar cada uno de los elementos que estamos conversando, encuentro la clave de amarme a mí mismo, es decir, si me amo puedo regocijarme permanentemente, porque depende de mí.
Por otra parte, la miseria y la infelicidad es opcional y una decisión que sólo depende de mí. Tal como señala Shinyashiki (1993) “¡USTED ES LIBRE DE SUFRIR TODO LO QUE QUIERA! Observe que su libertad le da condiciones para sufrir todo lo que quiera… ¡USTED SÓLO DEJARÁ DE SUFRIR CUANDO QUIERA! Dése cuenta de que usted tiene libertad para sufrir todo lo que quiera” (p.106).  Igualmente señala: “Algunas personas deciden estar en el mundo para vivir; otras para sufrir. Y piensan que su destino es sufrir. Sólo cuando usted lo decida, dejará de sufrir. ¡Porque usted es libre!” (p.106). En este sentido, e igual que en el punto anterior, la Sra. de J. B. Livingston (1972) dice: “… el alto promedio de infelicidad viene del temor a lo que otros piensen de nosotros. Muchas de nuestras acciones son gobernadas por este temor. Nos torturamos continuamente preocupándonos por lo que otros piensan de nosotros, sin darnos cuenta que también ellos todo el tiempo se la pasan pensando en sí mismos” (p.21). Es por eso que es prioritario que te puedas dar cuenta que nadie, ningún lugar o ninguna cosa te pueden hacer feliz permanentemente. “La felicidad es nuestra opción, y viene de adentro. Se determina por nuestras actitudes y nuestras reacciones hacia las circunstancias” (p.21). Ser feliz depende de mí, es cuestión de creerlo y actuarlo.

PERDÓNATE A TI MISMO: Igual que decimos que el amor es una decisión, así también lo es el perdón, ¡es una decisión! Partimos de la idea de que el perdón es una expresión del amor (a mí mismo y a los otros) y, la clave para liberarme de ataduras que me amargan el alma y enferman mi cuerpo. Porque al amarme a mí mismo, no debo aborrecerme, ni vengarme, ni guardarme rencor contra mí mismo. Mucho menos el auto agredirme o, atentar contra mí mismo, porque al perdonarme debo olvidar y no guardar rencor contra mí mismo (ni contra nadie). Perdonar significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que me causan dolor, rabia y me destruyen día a día. La falta de perdón me encadena a las personas en el resentimiento. Me hace esclavo de ellas, destruye mi paz emocional y física. Desgasta mi energía, mi salud y mi felicidad. Para entender el perdón es necesario darme cuenta de que no existe nada ni nadie que pueda quitar el dolor sufrido en el pasado, por el simple hecho de que el pasado no tiene cómo ser cambiado. Para Echeverría (1996) el “Perdonar no es un acto de gracia para quien nos hizo daño, aunque pueda también serlo. Perdonar es un acto declarativo de liberación personal”. Cuando no nos perdonamos, en el sentimiento autodestructivo de la culpa, me convierto tanto en víctima como en victimario de mí mismo. Yo me castigo a mí mismo. Es como afirma la Sra. de J. B. Livingston (1972): “Los sentimientos de culpa destruyen nuestra buena voluntad hacia nosotros mismos” (p.24) y, me exigen un castigo. Por eso “La gente que no se perdona a sí misma, muchas veces se venga de sí misma, maltratando su mente y su cuerpo con hábitos nocivos” (p.24). Perdonarme es renunciar a la necesidad de mantenerme en el resentimiento y, en el deseo de castigarme a mí mismo.
Por otra parte, para Echeverría (1996) “Al perdonar nos hacemos cargo de nosotros mismos y resolvemos poner término a un proceso abierto que sigue reproduciendo el daño que originalmente se nos hizo. Al perdonar reconocemos que no sólo el otro, sino también nosotros mismos, somos ahora responsables de nuestro bienestar”. Porque el que se ama a sí mismo, se perdona a sí mismo. Al perdonarme olvido los errores y, no los traigo nunca más al presente. Tomo el control de mis propios pensamientos y emociones, me hago dueño de mis acciones y de las consecuencias de cada una de mis propias decisiones. Aprendo a responsabilizarme de mí y de todo lo que de mí sale. Me reconozco como ser humano con derecho a equivocarme, y sobre todo con el derecho y el deber de corregirlo. Ciertamente, que todos tenemos algo que perdonarnos y, nadie mejor que yo mismo, para conocer todos mis errores y transgresiones, pero esa es una carga demasiado pesada para llevar en el presente.  Por eso, si sé que Dios “es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Cuanto más, yo mismo estoy obligado a perdonarme y, aprender de mis errores, para nunca más repetirlos. En el salmo 143:2 David al pedir perdón a Dios le dice: No lleves a juicio a tu siervo,  porque ante ti nadie es inocente.” Afírmalo: ¡Perdonar Es Aprender A Amarme A Mí Mismo!

TEN PACIENCIA PARA CONTIGO MISMO: Dicen que la paciencia es “la ciencia de la paz”. Siendo esto verdad, la primera persona con la que tienes que estar en paz, es contigo mismo. Por lo que “Amarse a sí mismo es aprender a tener paciencia para consigo mismo” (p.26). Tener paciencia es aprender a manejar las críticas, los obstáculos, las demoras, las manifestaciones de agresión, las sobre exigencias, y particularmente, las limitaciones (ojo no solamente las mías propias, sino las de aquellos que están en mi entorno cercano y lejano). Ciertamente “Toda persona tiene limitaciones físicas” (p.26). Y desde el punto de vista del enfoque emocional, todos tenemos situaciones de conflictos, que indudablemente desafían mi propia paz y mis relaciones con los demás. Esto requiere que sea tolerante con mis errores y con los ajenos a mí. Por ello la mejor manera para desarrollar la paciencia para conmigo mismo (y para con los demás) es mediante el reconocimiento de mis propias limitaciones. Puedo comprender que en mis limitaciones no puedo hacer todas las cosas, ni complacer a todas las personas. De hecho para tener paciencia conmigo mismo y con los demás, es necesario dejar de exigirme tanto, dejar de buscar la perfección, que de paso no existe, y aprender a manejar y superar mis limitaciones. “Ser paciente para contigo mismo requiere la habilidad de conocer cuando te estás haciendo exigencias indebidas a ti mismo” (p.28).
Tener paciencia es comprender que es necesario que cumpla con mis responsabilidades en su debido tiempo, de esta forma no voy a culparme ni agredirme por las que he descuidado. En este punto, necesito darme cuenta que es importante que trabaje en mi propia área de responsabilidad, dejando que los demás puedan ocuparse de las suyas propias. Yo no necesito cargarme y agotarme por querer hacer, lo que no me corresponde y, le pertenece al otro. Como dice la oración de la Gestalt “Yo no estoy aquí para complacerte a ti, tú no estás aquí para complacerme a mí”. No importan mis habilidades y capacidades, la verdad es que “Estamos limitados a dar un solo paso a la vez en cualquier cosa que emprendamos” (p.26). De allí la necesidad de planificarme y de darle prioridad a cada cosa, sabiendo manejar un equilibrio entre lo ‘importante y lo urgente’. No postergando para no acumular, y luego tener que ir a la carrera, de lo cual muchas veces solamente ‘queda el cansancio’. Por ello el plantearme metas y objetivos, el planificar es importante para conocer mi propia dirección. Al tener claro mi camino, puedo conocer y saber que desarrollarlo es un proceso paulatino, de evolución, que no puede ser de un día para otro, requiere como todo, su propio espacio de tiempo. Para lo cual necesito ser paciente. Darme mi propio tiempo. De ‘algún lugar’ copie: “Las personas que tienen paciencia saben esperar con calma a que las cosas sucedan, ya que piensan que las cosas que no dependan estrictamente de sí mismos, se les debe otorgar tiempo” (s/r).

SE HONESTO PARA CONTIGO MISMO: Ser honesto conmigo mismo es practicar lo que predico. Es ser coherente entre lo que digo, pienso, siento y actúo. Mi ejemplo, mi actuación, habla de mí mismo, de mi honestidad y particularmente, de la verdad que dirige mi vida. Es interesante que Pilatos le preguntara a Jesucristo “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:38).Según los diccionarios podemos entender la verdad como la coincidencia entre una afirmación y los hechos o la realidad a la que dicha afirmación se refiere. Incluye la buena fe y la sinceridad humana en general. Las cosas son verdaderas cuando son fiables, fieles porque cumplen lo que ofrecen. También incluyen lo que es firme, digno de confianza, estable, fiel,  hacer lo correcto, lo justo y, especialmente, que lo aplico tanto para mí mismo como para los demás. Para la Sra. de J. B. Livingston (1972) el ser honesto conmigo mismo es que “Debemos decirnos la verdad a nosotros mismos. No mentirnos a nosotros mismos acerca de nosotros mismos” (p.29). Esta situación se ve muy frecuentemente en el consultorio, cada vez que le preguntas a un paciente que se describa a si mismo, que responda a la pregunta ¿Quién soy yo? Dan vueltas y vueltas para ver como acomodan lo que tienen que decir acerca de ellos mismos. Esto se debe a que muchas personas se avergüenzan de si mismas y “otros por ser deshonestos con ellos mismos tratan de ser ante otros algo que en realidad no son” (p.31).
            El ser honesto conmigo mismo me da seguridad, me permite la libertad de actuar  conforme a mi propia forma de pensar. Me libra de las ataduras del “que dirán”. Me permite establecer hábitos y rutinas que sustenten mi forma de vivir conmigo mismo, permitiéndome interrelacionarme con los otros desde lo genuino de mis sentimientos. Me permite asumir la responsabilidad de mis decisiones, de mi vida y de todo lo que construyo en mí, y alrededor de mí. Porque “Cuando uno es honesto para consigo mismo no hay lugar para pretextos” (p.31). De forma que puedo actuar en todo tiempo y lugar, frente a cualquier audiencia de una forma autentica, conforme a mis principios, valores y ética. Ello, además de afirmar mi honestidad, permite afirmar que el amarme a mí mismo sea equivalente a admitir mis errores, y así dejar que prevalezca la verdad en mí, y en todo lo que es mío. Es poder renunciar a ser la víctima de mis propios engaños. Es poder dejar de fingir ante los otros porque conozco y acepto mi propia verdad. En resumen, el ser honesto conmigo mismo, me lleva a una libertad y a un sentido de ser autentico, que colma mi vida de felicidad y amor, porque el otro sabe que puede confiar en mí, porque yo no hare nada para dañarlo o defraudarlo.

NO TE DESGASTES A TI MISMO: El concepto de desgastarse a sí mismo abarca muchos aspectos. Puedo hablar del desgaste físico (la enfermedad, la ociosidad), del desgaste mental (los conflictos emocionales), del desgaste de mis relaciones afectivas (pareja, familia, amigos). El enfoque de la Sra. de J. B. Livingston (1972) es el desgaste en función de perder el tiempo: “Cuando no empleas el tiempo de la mejor manera posible para ti mismo,…estás desgastándote a ti mismo” (p.32). El tiempo en sí mismo es ‘un recurso no renovable’. Todos tenemos una ‘fecha de vencimiento’. Cada día que pasa es irrepetible e irrecuperable. El concepto de eternidad es inmanejable para nosotros, podemos hablar de los millones de siglos del proceso de creación del universo, o de los millones de siglos para su extinción, pero nuestro tiempo es limitado y, por lo general, para la mayoría de nosotros, demasiado corto. De hecho, en la amplitud de opiniones de las personas, es una queja bastante frecuente de muchas personas el decir “No me alcanza el tiempo”, para algunos el día debería tener 30 horas. Sin embargo, igualmente existe una gran cantidad de personas que están en el extremo opuesto, para ellos, la queja es “que fastidio no sé que hacer”. En cualquiera de las dos posturas en la que te encuentres te estás desgastando a ti mismo. Los primeros no tienen capacidad de disfrutar ni de sí mismos ni de la vida, tienen que vivir en una carrera de “hacer” porque ‘nada es suficiente’, nada los satisface ni los llena, tienen una necesidad de aprobación de otros para llenar el vacío de sus vidas ‘solitarias y de falta de reconocimiento’. Para los segundos, su vida depresiva y sin sentido, los lleva a desvalorizarse, a no considerarse capaz de hacer cosas que sean útiles a sí mismos y a los demás. Los días pasan unos tras otros, sin un proyecto, sin propósito, desperdiciando continuamente las oportunidades o las actividades a desarrollar. “La manera como tú desperdicias tu tiempo determina la forma como tú te desgastas a ti mismo” (p.32).
            A este respecto Og Mandino (1987) dice: “Tengo tan sólo una vida, y la vida nada es sino una medida de tiempo. Cuando malgasto una destruyo al otro. Si malgasto el hoy, destruyo la última página de mi vida. Por lo tanto, trataré con ternura y afecto cada hora, porque no retornará jamás” (p.87). Me desgasto cuando estoy lleno de temores que me impiden actuar, tomar decisiones, cuando solamente me quejo sin buscar una solución a mi situación. Me desgasto cuando me lleno más y más de cosas que no son productivas para mí. Cuando desperdicio mi tiempo en miles de actividades, sí urgentes, pero no importantes. Cuando por ir a la carrera o por haber dejado todo para ‘última hora’, no cumplo ni conmigo mismo ni con los demás. Me desgasto cada vez que dudo de mí, que no confío en mí mismo. Cuando siento lástima de mí mismo y me dedico a lamer mis propias heridas del pasado. Cuando vivo en un mundo de fantasías sin sentido ni acción real. Cuando no sé evaluar mis actividades, ni escoger las mejores. Me desgato de miles de maneras y formas, cuando no me doy mi propia prioridad, ni me ocupo de mí mismo. Cuando dejo que mis pensamientos se hundan en mis conflictos y en lo negativo de mí, en vez de ocuparlos con lo mejor de mí y de mis posibilidades y, de mi potencial para triunfar. Como señala Og Mandino (1987) “Eludiré con ahínco a todo aquello que mata el tiempo. Destruiré la indecisión con la acción; sepultaré las dudas bajo la fe; el temor destruiré con la confianza. No escucharé a los labios ociosos;… Viviré este día como si fuese el último de mi existencia” (p.87).

NO TE PERJUDIQUES A TI MISMO: Diría que este punto es equivalente a mi planteamiento inicial, de no auto agredirme. Cantidad de veces los pacientes comentan que hacen cosas que no quieren hacerse a sí mismo, pero al mismo tiempo te están afirmando: “es que no lo puedo evitar”. Miles de cosas de autoagresión que ya he mencionado: conflictos en las relaciones, autoagresiones físicas en comida, droga, alcohol, homosexualidad, mantener situaciones de estrés, depresión, ansiedades. Ya lo indique antes, la lista se extiende y se extiende. Lo que es interesante, es que muchas veces esta frase de los pacientes, viene acompañada de una sonrisa irónica, que no es otra cosa, sino un reforzamiento de tal agresión. A ¿quién están culpando? Porque es indudable de que no se están responsabilizando de sí mismos. La respuesta es genial, porque cuando descubren “lo inconsciente”, a través de la información que reciben en la consulta, a partir de ese momento, su peor enemigo (lo inconsciente) se convierte en su mejor aliado. Ahora será su excusa perfecta para todo: “es que eso fue inconsciente… yo no quería… pero me salió lo inconsciente”. Reforzando y manteniendo así sus propios conflictos, aliándose con lo inconsciente para no tener que enfrentar el trabajo de cambiarlo. Con lo cual continúan en su camino de perjudicarse a sí mismos, lo que es igual, desde este contexto, a no amarse a sí mismo. En este sentido la Sra. de J. B. Livingston (1972) señala: “El que se ama a sí mismo no se lastima a sí mismo. El amor no trata de impresionar a otros” (p.35). Es interesante que incluya la expresión de ‘impresionar a otros’. Ella ha estado mencionando el miedo al ‘que dirán’ como una de las cosas que más me quitan la capacidad de amarme. Porque tratar de ganarme la aprobación de los otros, es quizás, la mejor forma de perjudicarme a mí mismo. Al buscar la aprobación de los demás, demuestro que yo mismo no me apruebo, no me valor, no me respeto, no me amo, y todo ello, no es otra cosa sino perjudicarme a mí mismo. Ser lo que no soy, fingir, ser falso, presumir lo que no soy o no tengo, querer aparentar para complacer a otros, son las mejores formas de perjudicarme.
La realidad de esa necesidad de aprobación, viene desde mi proceso infantil con mis figuras parentales. Necesitaba desesperadamente que ellos me aprobaran. Pero mi error mas garrafal es, a pesar de ser hoy un adulto responsable de mi mismo, continuar con la misma sensación infantil de necesitar dicha aprobación. Debo partir de la base que nunca podré hacer nada, para complacer a unos padres que ya no existen, y mucho menos, desde el niño que ya no soy. Tanto ellos, como yo, no somos los mismos. Son procesos del pasado que ya no pueden ser modificados, ahora solamente me queda renunciar a ello, para iniciar un proceso, de ser yo mi propia fuente de aprobación y aceptación. En la búsqueda desesperada de muchas personas para lograr las motivaciones de fama, riqueza, poder, felicidad, muchos terminan autodestruyéndose. Viven en la cultura del placer y la diversión, sin importar el costo ni emocional ni físico. Nos domina una falta de moderación, no tenemos, ni nos ponemos limites a nuestra sobre indulgencia, vivimos en los excesos continuos. Muchas veces lo hacemos para escapar de nuestra rutina, de nuestra responsabilidad, del costo que implica trabajar por y para mí. Nos dejamos arrastrar por los deseos, las pasiones y, en definitiva, por las órdenes inconscientes que nos invitan a destruirnos. La Sra. de J. B. Livingston (1972) señala: “Mucha de la presión de nuestro tiempo es causada por el deseo de asistir a todo lo que se nos ofrece para divertirnos” (p.37). Es una búsqueda, muchas veces, sin límites que, me permite la fantasía de huir de mí mismo y de mis situaciones de conflicto. Aunque la única realidad es que nunca podre huir de mi propia sombra. Por el contrario, esta forma de vida, termina a ciencia cierta, perjudicándome más y más, hundiéndome irremediablemente en un abismo de autodestrucción, cada vez más profundo. Por ello, la necesidad de amarme a mí mismo es fundamental para obtener mi propia felicidad. De tal forma que no encuentre motivos para seguir perjudicándome.

VIVE POR TI MISMO: Frente a la propuesta de vivir, caben tres preguntas básicas: ¿Para quién vivir? ¿Para qué vivir? Y por supuesto ¿A partir de cuándo empezar a vivir? En función de esta fase, la respuesta a la primera pregunta es obvia: Voy a vivir para mí. Lo interesante de esta respuesta, es el hecho de que, la mayoría de las personas no están conscientes de ello. Piensan que deben vivir para otros, los más frecuentes: los hijos, los padres o la pareja. No entiendes que si no empiezas a vivir para ti mismo, es imposible compartir tu vida con nadie más, por el simple hecho de que, ¡no tienes una vida que compartir!  ¿Cómo le vas a dar al otro algo que no tienes? El problema asociado a esta pregunta y su respuesta, es que el miedo real de la mayoría de las personas, es precisamente, el miedo a vivir. ¡Vivir es el mayor reto que tienes! Mis decisiones, mi felicidad, mi amor, mis logros, todo lo que soy depende de mi decisión de vivir. Es mi libertad decidir cómo quiero vivir mi vida y, lo más importante, vivirla para mí. Lejos de lo que la mayoría piensa, en sus mentes contaminadas con el conflicto, manipuladas por la culpa, el qué dirán y, de un erróneo concepto de responsabilidad para con los otros, vivir se trata de una realización plena de mí mismo, a través de la cual yo pueda vivir y compartir junto al otro, no sacrificar mi vida, para que el otro esté contento, al convertirme en una víctima de su manipulación. Como lo señala la Sra. de J. B. Livingston (1972): “Nuestra responsabilidad debe apoyarse en la consagración de nosotros mismos, poniéndonos nosotros mismos…” (p.41) en primer lugar, solamente así podré dar y acompañar al otro. Para reforzarlo, nos recuerda la afirmación de Romanos 14:12: “Todo Ser Humano tiene que dar cuenta de sí mismo a Dios”. Cuando llegue mi momento de rendir cuenta, no voy a llamar a mi papá o a mi mamá o a un hijo mío, no, nada de eso, me van a pedir cuenta única y exclusivamente a mí mismo, ¡Porque la vida es MÍA! No del otro. “…somos el resultado de nuestra elección. Si me amo a mí mismo escogeré la vida” (p.39).
            Igualmente, la segunda pregunta tiene una respuesta obvia: Voy a vivir para amar. Primero a mí mismo y luego: a los demás como a mí mismo. Es necesario que comprenda que el amarme a mí mismo es una necesidad, no es, ni tiene que ver con orgullos falsos, o arrogancia, ni muchos menos con narcisismo o egoísmo. Tiene que ver con lo que he repetido constantemente: únicamente amándome a mí mismo tendré la capacidad de amar a los otros, porque lo que yo me dé a mí mismo, es lo que voy a poder dar a los otros, ¡No tengo otra cosa que dar! Sí puedo ayudar a los otros, sí puedo apoyarlos, pero no debo olvidar que “Al ocuparnos de las necesidades de los demás, sólo debemos ayudarlos; no es posible resolverles sus problemas; sólo ellos lo pueden hacer” (p.41). Hay un principio y una diferencia clara entre quien soy YO y quien eres TÚ. Lo más que puedo hacer es compartir contigo todo mi amor. Y con ello, todo lo que nos puede unir, sin dejar de ser quienes somos.
            Finalmente, respecto a la tercera pregunta, es igualmente obvio: Voy a vivir a partir de ‘ya mismo’, es aquí y ahora, no lo puedo seguir postergando, no existe ‘un para luego’. No se trata de lo que hice o dejé de hacer en el ayer, ni del mañana que aún no existe, se trata de este momento, de este instante, se trata de una decisión de ‘ya mismo’. Como señala Og Mandino (1987): “No perderé ni un momento siquiera en lamentarme por las desgracias del ayer,.. No, el ayer a quedado sepultado para siempre y no pensaré más en él” (p.85). “… no pensaré tampoco en el mañana… ¡No! El mañana yace sepultado con el ayer y no pensaré más en él” (p.86). Cierra con esta afirmación: “Este día es todo lo que tengo, y estas horas son ahora mi eternidad… Elevo mis brazos con agradecimiento por este don inapreciable… Viviré este día como si fuese el último de mi existencia” (p.86). No existe otro momento sino ‘ahora’ para empezar a amarme a mí mismo y, empezar a vivir mi propia vida. Para la Sra. de J. B. Livingston (1972): “Vivir para uno mismo es dirigir la vida diariamente de tal manera que, con toda confianza podamos rendirle cuentas a Dios” (p.39). Y llegue el momento en que Dios y la vida me digan: “Lo has hecho bien”.

            Para cerrar este artículo, utilizo las palabras de 1 Corintios 13 (NTV): “… ¡Pero el amor durará para siempre!... Todo lo que ahora conozco es parcial e incompleto, pero luego conoceré todo por completo, tal como Dios ya me conoce a mí completamente… Tres cosas durarán para siempre: la fe, la esperanza y el amor; y la mayor de las tres es el amor”. AMATE A TI MISMO: porque esa es la clave de aprender a vivir para triunfar y ser feliz.

Referencias:
Echeverría, R. (1996). Ontología del lenguaje. 3ra edición. Santiago, Chile: Dolmen Ediciones, S.A.
OG Mandino. (1987). El vendedor más grande del mundo. Colombia: Editorial Printer Colombiana Ltda.
Shinyashiki, R. (1993). La caricia esencial. Una psicología del afecto. Colombia: Editorial Norma
Sra. J. B. Livingston. (1972).  Amate a ti mismo. USA: Ed. Western Christian Foundation, inc.
Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA






viernes, 14 de agosto de 2015

AUTOESTIMA: El resultado de amarme a mí mismo

AUTOESTIMA: El resultado de amarme a mí mismo
Por: J. Rafael Olivieri (Agosto 2015)

“…somos el resultado de nuestras propias decisiones; somos lo que elegimos ser. Nuestras elecciones son determinadas por lo que pensamos acerca de nosotros mismos y de nuestras capacidades. Por lo tanto, somos el resultado de la evaluación que hayamos hecho sobre nosotros mismos” (Sra. Livingston, 1972, p.13)

            Lo he presentado varias veces, para mí, el secreto del proceso terapéutico es enseñarles a los pacientes a “amarse a sí mismos”. Pero, no vayan a creer que me la ‘estoy comiendo’ cuando lo afirmo. Dios fue el primero que lo propuso. Y, no solamente fue que lo dijo, sino que también lo presenta como un mandamiento, donde nos ordena que nos amemos a nosotros mismos. Será tan importante para Dios que nos amemos, que hasta donde yo sé, es el versículo que más veces se repite en toda la Biblia. Lo hace nueve (9) veces, ningún otro se repite tantas veces: Levíticos 19:18 y 19:34; Mateo 19:19 y 22:39; Marcos 12:31; Lucas 10:27; Romanos 13:9; Gálatas 5:14 y finalmente en Santiago 2:8. La esencia de cada uno de estos versículos es: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Interesante y básico a la vez: ‘para amar al otro, tengo que empezar por amarme a mí mismo primero’. La máxima es igual de simple: ‘no puedo darle al otro lo que no tengo, no puedo enseñar al otro lo que no sé’. Y para mí, la base de una autoestima (POSITIVA), empieza y es el resultado de amarme a mí mismo. De allí el título del presente artículo.

            Bien, ya saben de dónde salió parte del contenido de lo que voy a desarrollar. Mientras que desde el punto de vista psicológico, la autoestima es un proceso valorativo, bastante complejo, que cada individuo hace de sí mismo. Requiere de un adecuado desarrollo de muchas de nuestras capacidades mentales y emocionales. De hecho, el niño no nace con autoestima, la misma se forma en la interrelación y en la evaluación ‘con/de/por/para’ sus figuras parentales. Revisa cómo te trataban tus figuras parentales y tendrás una idea de si debes o no estudiar este artículo. Es más, la autoestima puede variar a lo largo de nuestra vida, en función de las circunstancias que nos rodean y, de cómo nos vamos evaluando en cada una de nuestras experiencias emocionales. Por supuesto, el tema lleva desarrollándose desde que el Ser Humano se preguntó: ¿Cuán importante soy? Es decir: ¡nada nuevo! Hay miles y miles de libros y artículos del tema. Unos de la mano de ‘gigantes’ de la Psicología y la Psicoterapia, y otros de estudiantes de 3er año (muchos artículos interesantes de internet pero sin referencias). Por supuesto, como en la mayoría de mis artículos, no pretendo presentarme como el experto, sino muy por el contrario, dar mi visión personal del tema e, invitar a mis lectores a que les pique el ‘gusanito’ de la curiosidad y, puedan motivarse a investigar y ampliar más su conocimiento. Porque yo solamente pretendo aportar un ‘granito de arena’ de lo que es la inmensidad del proceso mental y emocional del Ser Humano. Por eso, antes de desarrollar el tema, permíteme responder a la pregunta: ¿Qué es la Autoestima?

Para García, V. “Es el sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quienes somos nosotros, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad” (s/r). Es aprender a querernos, respetarnos, y muchas otras cosas más. Incluye todos los sentimientos y creencias que tengo acerca de mí mismo y afecta todo lo que hago en mi vida y en mis relaciones con los otros. Por su parte, dice Congost, S. “…es una experiencia subjetiva que nos condiciona a la hora de enfrentarnos a nuestro entorno. Y lo hace porque interfiere directamente en nuestra relación con las demás personas y con aquellos retos u objetivos que nos vayamos marcando” (s/f). Se desarrolla con las experiencias propias y las aprobaciones o rechazos de los demás. Especialmente y de manera indeleble, de las valoraciones que mis figuras parentales me hicieron sentir de mí mismo. Es la esencia de nuestra manera de percibirnos y valorarnos, como así también moldea nuestras vidas, porque la autoestima me dice cómo debo vivir mi vida en función de mi propia autovaloración. Determina si seré un triunfador o un fracasado en todos los roles de mi vida. Es esto y muchísimo más, altamente complejo y central en los proceso de decisión de mi vida. Además la autoestima incluye varios elementos, como son mi auto-concepto (qué creo de mí), mi autoimagen (cómo me veo a mí físicamente), mi autovaloración, (cómo me valoro a mí). Para mí: es mi capacidad de amarme a mí mismo sanamente y, de actuarlo en mi vida continuamente. Cierro el concepto con un fragmento, muy acorde con mi tema, de un poema atribuido a Charles Chaplin: “cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima” (s/r).

Por otra parte, uno de los problemas centrales atribuidos a la definición de la autoestima, es que no sabemos valorarnos a nosotros mismos o, a que somos muy negativos con nuestras propias valoraciones, pues por lo general, es el modelo que aprendimos de nuestras figuras parentales. Lamentablemente, la mayoría de ellos tienen el dañino hábito de hacerles comentarios descalificadores a sus hijos. Acostumbran a comunicarse con los niños a través de amenazas, críticas, insultos y las destructivas comparaciones con otros. Ellos piensan que esto estimulará a sus hijos a mejorar, cuando en realidad, lo que hacen es destruirles su autoestima. ¿Quién dijo que los niños entienden la psicología paradójica o inversa? La realidad es, que la mayoría de los niños reciben los comentarios de sus figuras parentales, como verdades absolutas, que son asimiladas por el niño sin cuestionamiento alguno, porque sencillamente, si mi papá o mi mamá lo dicen, tiene que ser verdad, porque ellos son los que (supuestamente) más me aman. Cada vez que una figura parental le dice a un niño ‘eres un bruto’, ‘no sirves para nada’ o cualquiera de esas frases negativas, que la mayoría de todos nosotros recordamos frecuentemente, lo único que aumenta es: la baja autoestima y la valoración negativa que el niño hace de sí mismo, porque la figura de autoridad, la figura de amor, así lo valoran. En consecuencia, en la mayoría de los casos, el niño actuará, según lo valoraron en su propia vida. En mi caso personal. Me tomó varios años de terapia y 4 títulos universitarios, poder quitarme dos de las frases favoritas que mi papá me decía, las pocas veces que me ‘ayudaba’ a estudiar o a hacer la tarea: “ tienes la cabeza para llevar pelos” o “tienes la cabeza para llevar aserrín”. ¿Qué te decían a ti?

Describir los orígenes de la formación de la autoestima, lo que da es tristeza y rabia cuando lo planteamos en blanco y negro. Empecemos por entender que, por razones obvias el niño es un “dependiente natural”. No se puede sustentar a sí mismo y está sometido a la voluntad y necesidades de sus figuras parentales. Los cuales escudados en el supuesto ‘amor’ que sienten por sus hijos, y particularmente, en su ‘querer lo mejor’ para sus hijos, terminan agrediéndolos y maltratándolos, más y peor, que a un desconocido. En mi caso personal, si me hubieran dado la posibilidad de elegir, hubiese preferido que mis padres me tratasen como a cualquier persona de afuera, en vez de como a su hijo. Ojo, que yo soy el primero que está de acuerdo con lo que dice Proverbios 3:12 “Pues el Señor corrige a los que ama, tal como un padre corrige al hijo que es su deleite” (NTV). Porque señores padres, una cosa es corregir con amor (sano), y otra muy distinta, es el maltrato y la agresión, del ‘amor enfermo’ que le dan a sus hijos en sus momentos de rabia e ira. Tengo cantidad de pacientes que me cuentan que, sus padres (papá, mamá o ambos) o cualquier otra figura parental, les decían “es por tu bien”, mientras lo golpeaban con correas, cables, mangueras, fuetes de arrear caballos, zapatos y prácticamente cualquier objeto que tuvieran al alcance. La que se lleva el premio, es una paciente que me dijo que, su mamá le pegaba con la tapa de la lavadora. ¿Qué tal? Dice Dyer, W.: “La imagen de tu hijo sobre sí mismo es el resultado directo del tipo de estímulos que recibe de ti cotidianamente” (s/r). Como para pensar: ¿Que me dieron mis padres y que les estoy dando a mis hijos?  

Lo anterior no quiere decir que, todo el que tiene una autoestima baja, fue porque le pegaron. Existen muchos a los que no le pegaron o, por lo menos no tanto, pero, lo que salió de la boca de sus padres, fue tal cantidad de podredumbre, que el contenido de un camión de basura (venezolano), se queda pequeño, frente a las barbaridades que muchos padres les dicen ‘por amor’ a sus hijos. Recordemos lo que nos dice Lucas 6:45 “El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca” (NVI) ¿Qué tenían tus padres y, qué tienes tú en tu corazón? Debido al modelo de dependencia del niño, este necesita ser valorado por sus figuras parentales. Por eso cualquier elemento positivo o negativo que estos le den al niño, él lo tomará para poder construir su propio criterio de valoración, es decir, su autoestima. Una práctica muy dañina y frecuente de las figuras parentales, es hacer procesos de comparación de los hijos con otros (tu hermano hace… tu primo dice… Fulanito tal cosa…), nos comparan con un ‘Fulanito’ al que por lo general terminamos odiando. Porque siempre es mejor, siempre está por encima en las comparaciones. El mensaje de fondo en dicha comparación, incluye, entre otras cosas: ‘no confío en ti’, ‘no vales’, ‘no lo haces bien’, ‘no sirves’… ¿Qué sentías tú cuando te comparaban? En este sentido, las primeras y más fundamentales bases de la autoestima las construyen los padres, con sus modelos, palabras, acciones y sentimientos hacia sus hijos. Lamentablemente, la gran mayoría de las veces el balance aritmético entre lo positivo y lo negativo, que le dan a sus hijos, termina siendo altamente negativo y destructivo para la autoestima del niño. Y sí estas son las bases, ¿te imaginas el edificio que construirá?

Ciertamente, el principal factor que influye en la formación de la autoestima, es la valoración que le dan los padres a sus hijos, pero no es el único factor. Muchas de nuestras valoraciones son culturales y sociales, son aprendidas no solamente de nuestra familia, sino de todo el medio ambiente que nos rodea. Lo cual incluye a los vecinos, escuela, amigos, entre otros. Muchas veces estos son más destructivos que los mismos padres, o terminan reforzando los aprendizajes ya recibidos. A cuantos, los compañeros de colegio, les han puestos calificativos peyorativos como “gordo, bajito, vara de puyar locos, nariz de papa, cochinito, cuatro ojos” entre otros muchos otros. Y ni que decir de los aspectos físicos de la autoimagen: tu pelo, ojos, boca, nariz, manos, orejas, piernas, tus partes genitales. ¿Qué te decían a ti? El problema es que, la gran mayoría de estas descalificaciones, queda resonando dentro de nosotros toda la vida, reforzando cada día más las valoraciones negativas que hacemos de nosotros mismos continuamente. Lo peor de ello, es que no tenemos la capacidad de defendernos, ni de mis padres ni de nadie, porque estamos más acostumbrados a recibir valoraciones negativas de nosotros que positivas. Y una vez que las creemos y las consideramos que son verdad, aprendemos igualmente, a solamente fijarnos y percibir continuamente lo negativo en vez de lo positivo. Como lo dice la “ley de economía de caricias”: “NO rechaces las caricias negativas de los otros” (Berne, Análisis Transaccional, s/r). Por otra parte, Goethe nos recuerda: “lo peor que puede ocurrir al hombre es llegar a pensar mal de sí mismo” (s/r). ¿Qué piensas tú de ti mismo? El planteamiento asociado a esto, no es lo que mis padres me hicieron, sino, peor aún, ¿Qué estoy haciendo yo todavía, que continuo valorándome negativamente a mí mismo en mi vida?

En el cuadro presentado hasta aquí, vemos al niño como la víctima. Y en cierta medida lo es. ¿Cómo defenderme de mis figuras parentales, cuando los necesito a ellos para vivir, para que me amen, para que me valoren y me enseñen a hacerlo conmigo mismo? Desde la perspectiva psicológica, el niño es responsable de sus propias decisiones emocionales, es él quién las decide. Por supuesto, como toda decisión, ésta se basa y se hace con la información que se tiene hasta el momento. Y sí mis figuras parentales me han dado solamente ‘información basura’, es indudable que mi decisión será equivalente a la basura recibida de ellos. Pero en fin, es mi decisión, no del otro. Esto es muy duro y difícil de aceptar, pero a su vez es la raíz del planteamiento de que, en toda relación, entre dos personas, la responsabilidad es 50% y 50%, no hay otra forma. Lo cual sustenta la base de mi filosofía: si yo me amo a mí mismo y me responsabilizo de mí, ¿Qué hago echándole la culpa al otro? Como para que lo pienses ¿no? La realidad es que hay personas que, con base en su autovaloración negativa, se castigan muy duramente, no se aman a sí mismas y, terminan lastimándose y menospreciándose constantemente, frente a los errores que cometen. Sencillamente han olvidado frases como “errar es de humanos”. Al no amarse no son capaces de perdonarse, ni de protegerse de sus propias autoagresiones, tanto físicas como verbales. Han perdido de vista una de las frase más usadas en el trabajo con la autoestima “TU ERES ÚNICO E IRREPETIBLE, NO EXISTE, NO HA EXISTIDO, NI EXISTIRÁ NADIE COMO TÚ”. De allí que muchos autores compartan la frase “No es bueno compararse con nadie, no eres ni mejor ni peor que nadie, simplemente eres diferente” (s/r). Por ejemplo: Carnegie, D. nos dice: “encuéntrate y sé tú mismo; recuerda que no hay nadie como tú” (s/r). Desde el punto de  vista del “amarme a mí mismo”, nadie es ni más ni menos que nadie, todos somos iguales. La verdad es que una de las bases de la dependencia emocional, se debe al hecho de que, una persona que no se valora a sí misma, se dedicará y, solamente creerá, que puede llenar su vacío con la valoración de otra persona. Lo interesante de esto, es que por lo general el otro está igual de vacío, de lo contrario, no se daría el proceso de dependencia. De dos carencias, no puedes sacar una llenura.

La verdad es que el niño no tiene forma de defenderse, sino que, por el contrario, necesita ser protegido, necesita amor incondicional y confianza en que se le ama por lo que es y por lo que hace. Está claro que todos sabemos las consecuencias de lo negativo que es definir una autoestima baja para mí mismo. Entonces, cuando lo que el niño recibe ‘en y de’  su ambiente es maltrato, lo culpabilizan, acusan, insultan, meten miedo, lo humillan, critican, desprecian, no le prestan atención, se burlan de él, lo descalifican, avergüenzan, le exigen cosas que no puede o no están dentro de sus capacidades, no le dejan tomar decisiones, lo comparan con otros, consideran que no sirve lo que hace porque no es perfecto,… Si todos lo están desvalorizando constantemente ¿Cómo pretenden que no decida una autoestima baja en semejantes condiciones valorativas?  Lo cierto es que, una baja autoestima garantiza, entre otras muchas cosas, sentir: angustia, dolor, indecisión, desánimo, pereza, vergüenza, tristeza, rencor, envidia, celos, depresiones, culpabilidad, miedos, pesimismo, impotencia, nos paraliza y nos lleva a renunciar, incapacidad, no valorar nada, no encontrar sentido a las cosas ni a la vida, egoísmo, inutilidad, sentirse poco importante, se queja de todo y no hace nada por remediarlo, frustrado, infeliz, rabioso, abandona los estudios, vida de pandillas, drogas, alcohol, prostitución, dependencias emocionales, ruptura e imposibilidad de una relación sana de pareja o de familia, maltrato a sus propios hijos… y pare de contar, porque no alcanzan las páginas para tantas consecuencias negativas de una autoestima baja. Para cambiar el enfoque hacia los positivo les dejo este pensamiento de G. Eliot: “Nunca es demasiado tarde para ser la persona que podrías haber sido” (s/r).

Vale ahora la pregunta: ¿Cómo hago para potenciar y lograr una autoestima positiva? Indudablemente, que la primera respuesta que te voy a dar es ‘Amate a ti mismo’. Pero, veamos algunos ingredientes de la receta de una autoestima positiva: Trata a cada uno de tus hijos como un ser humano único, diferente e irrepetible. Por ejemplo, en el salmo 139:14, David define algo asombroso: “¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo! Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien” (NTV). Lo que esto quiere decir es: ¡Yo soy una obra de Dios! ¡Yo soy MARAVILLOSO! Y si Dios te ha dado un hijo ¿Cómo no lo vas a considerar maravilloso? ¿Qué estás haciendo, contigo y con tus hijos? Además David pone el sello en la expresión “lo sé muy bien”. Otras cosas que puedes hacer son: Evitar comparaciones. Permitirles ser diferentes. Respetarlos. Permitirles tomar decisiones y que se hagan responsables de las mismas. Elogiarlos y animarlos. Reforzar y aprobar de ellos acciones positivas, comportamientos eficaces, esfuerzos seguidos de éxito para construir y sustentar la confianza en sí mismos. Hablarles y tratarles como si ya fueran verdaderos triunfadores, como si ya fueran lo que pueden llegar a ser. Confirmándoles que crees en ellos. Diciéndoles frases como: ‘Te aprecio hijo; yo creo en ti; sé que tú lo lograrás; estoy orgulloso de ti; yo sé que tú puedes hacerlo bien’ ¿Cómo te sentirías si tus padres te hubiesen tratado así? Para García, V. “Alguien con buena autoestima no necesita competir, no se compara, no envidia, no se justifica por todo lo que hace, no actúa como si pidiera perdón por existir, no cree que está molestando  o haciendo perder el tiempo a otros” (s/r).

La verdad es que, hasta que no empieces a creer en ti mismo no tendrás tu propia vida, porque mientras no lo hagas, estarás siguiendo las órdenes negativas de tus figuras parentales. De igual manera, de entre las muchas cosas que potencia una autoestima positiva se encuentran: Desarrollar nuestro potencial de triunfadores, fijar y cumplir metas, afrontar los problemas y resolverlos adecuadamente, asumir riesgos y salir triunfador, relacionarnos con otros sanamente, ser optimista, entusiasta, confiado, amistoso, independiente, tener un orgullo personal que se comparte con otros, ser responsable y asumir consecuencias, tener interés de relacionarse con los otros y compartir para el crecimiento mutuo, ser adaptable y flexible ante cualquier circunstancia de mi vida, proponer soluciones factibles y adecuadas, estar pendientes de los otros, compartir sus opiniones, ser asertivos,… Cuanto mayor sea la autoestima, mayor será la certeza de que merece la pena esforzarme por vivir mejor y ser feliz, porque cada nueva acción, cada nueva persona, tendrá garantizado el éxito y el bienestar emocional de saber que los has hecho bien. Ciertamente, la confianza en mí mismo me prepara para iniciar cosas nuevas y, lo más importante, salir triunfador en cada una de ellas. Porque el que se ama a sí mismo, se transforma en el director de su propia vida. Puedes creelo: ¡Todos somos parte de la creación de Dios; y todo lo que Dios creó es bueno y maravilloso!

            Finalmente, y sin ánimo de parecer repetitivo, todos los temas que involucran los procesos mentales y emocionales del Ser Humano, además de ser complejos (porque todos están integrados unos con otros), también levantan multitud de creencias contradictorias, ya que todos tenemos un poco de psicólogos. Particularmente en un tema como el de la autoestima, y más aún, cuando lo presento como ‘el resultado de amarme a mí mismo’. Creo que no hay paciente que no me haya preguntado ¿Cómo se hace eso de amarse a sí mismo? Bien, voy a dejar una promesa abierta: ¡se los respondo en otro artículo! Pero, para que no les quede el sabor amargo de tal respuesta, les voy a dar un abre boca con las indicaciones que da la Sra. Livingston, en su libro “Amate a ti mismo”. Estas son: Comprendete, Acéptate, Valórate, Respétate, Regocijate, Perdónate, Sé Paciente, Sé Honesto, No te desgates, No te perjudiques y, Vive por ti mismo. Por eso: te invito a que lo pongas en práctica, aprendas a amarte a ti mismo y verás que el resultado es una autoestima a prueba de todo y de todos.

            Mientras escribía este artículo me llegó el siguiente texto en un mensaje de Facebook (Psicología para niños y familia), se los copio para cerrar este artículo:
Ámate a ti mismo. Porque sólo cuandote amas a ti mismo, puedes verdaderamente amar a otra persona. Una buena manera de conseguir profundizar tu amor propio, es celebrando el amor de todas formas. Celebra el amor, por lo más pequeño y por lo más grande, por la persona en la calle o la persona a tu lado... no importa quién. Enamórate de todo y de todos. Celebra el amor, celebra el estar enamorado, entrégate al amor, no dejes que el miedo te lo impide.  Celebra la vida, celebra el amor. Te lo debes a ti mismo - y con ello crece tu amor propio, poco a poco, día tras día.

Referencias:
Una nota a las referencias: Una de las primeras cosas que aprendí en la UCV, mientras estudiaba Psicología, es respetar y valorar los derechos de autor, de cualquier texto utilizado para propósitos de referencia de lo que expongo, y así, no cometer plagio de las ideas de otros. Pero en el caso particular de este artículo, la mayoría de los materiales utilizados no tienen tal referencia, porque me han llegado de diferentes fuentes de internet, sin las respectivas referencias, por eso las expresiones (s/r), (s/f).

Congost, S. (s/f). Autoestima automática: cree en ti y alcanza tus metas, Ed. Planeta.
García, V. Autoestima. Artículo de Internet sin referencias
Sra. J. B. Livingston. (1972). Amate a ti mismo. Ed. Western Christian Foundation, inc. USA
Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA



domingo, 8 de marzo de 2015

RECETA DE COCINA EMOCIONAL: Para Ser Felices


RECETA DE COCINA EMOCIONAL: Para Ser Felices
Por: J. Rafael Olivieri (marzo 2015)
 
“El amor es la mejor música en la partitura de la vida.
Sin él serás un eterno desafinado en el  inmenso coro de la humanidad."
(Roque Schneider)

            Yo creo que es justo que empiece explicándoles de dónde sale este título, porque suena a libro de autoayuda. Lo frecuente es que cuando los pacientes (esto me incluye a mí también) se inician en su proceso de terapia, bien sea en las consultas, los talleres, la Bioenergética o cualquiera otra de las técnicas que utilizamos en el proceso terapéutico, llega un momento en que el paciente pregunta ¿CÓMO SE HACE ESO? Ciertamente, la respuesta no es nada sencilla y, para no entrar en una extensa explicación de cómo se hace, usualmente le decimos al paciente “Estás buscando una Receta de Cocina”. Decimos esto porque cuando pruebas una comida que te gusta mucho, lo primero que haces es preguntar por la receta de la misma (¿Cómo lo haces?). Esa es la primera parte del título. La segunda, es más sencilla, ahora somos nosotros los que les preguntamos a Ustedes (los pacientes) ¿Qué quieres para tu vida? Aunque no todos lo responden de primero, es casi seguro que todos dicen “QUIERO SER FELIZ”. Allí lo tienen: “Una receta de cocina emocional para ser felices”. Debido a la dinámica de los talleres o de la Bioenergética, en los cuales tenemos más tiempo durante las charlas, les he dado alguna que otra vez la tan deseada  receta. Ahora la intención es compartirla con todos. Lo importante de dicha receta (al no estar patentada) es que a veces cambio algún ingrediente, añado otro, pongo más énfasis en uno o en otro… Creo que los Chefs hablan de experimentar para cambiar los sabores. Básicamente hacemos lo mismo en lo terapéutico, al ser un proceso tan particular y con tantas variantes, cada uno de Ustedes tiene la posibilidad y la capacidad de ajustar sus propios ingredientes, hasta completar la receta y lograr su objetivo: Ser feliz.
 
            Voy a iniciar dándoles una visión rápida de la receta, luego les detallaré cada ‘ingrediente’. Pero, lo primero que deben comprender de esta receta, es que es un PROCESO que requiere TIEMPO, es decir, esta es una receta de ‘Cocinar Lentamente’ aquí no se puede aplicar el ‘microondas’. Tienen que bajarse de esa nube. Yo sé que a muchos les encanta y vienen buscando la solución tipo microondas, pero para el cambio emocional real no hay pastillas ni soluciones ‘mágicas’. No se consigue simplemente porque quiero (aunque no dejemos de repetir “querer es poder”) realmente hay que trabajar en tú cambio y hay que dedicarle tiempo ¡TU TIEMPO! De hecho, cada paso individual de la preparación requiere de por sí su propio tiempo, su dedicación especial. Sí tú quieres que tu vida agarre sabor, el elemento ‘secreto’ que le dará tu propia sazón será tu PACIENCIA. Esa es a su vez la razón de por qué muchos de los pacientes no llegan nunca a completar su propio proceso terapéutico. Están esperando una solución tipo microondas, no están dispuestos a realizar el trabajo necesario para lograrlo, y definitivamente si quieres triunfar, debes trabajar hasta lograrlo. A decir verdad, el tiempo se convierte en el primero de los tres principales elementos saboteadores del proceso terapéutico, los otros dos son el esfuerzo (dolor) y por supuesto el costo (económico) del proceso. Lowen (1977) señala a este respecto: “El concepto de la terapia como un proceso sin fin da pie a una pregunta práctica y lógica: ¿Durante cuánto tiempo tendré que venir a verlo a usted? A lo que contesto también prácticamente: Estará usted sometido a tratamiento mientras crea que merece el tiempo, el esfuerzo y el dinero que le está costando” (p. 103). Porque, sí, es cierto que “Yo quiero cambiar mi situación”, pero la verdad es que soy yo mi propio y peor enemigo de mí mismo en este proceso. Por ahora me interesa concentrarme en la receta.
 
            Usualmente (a groso modo) todo comienza con una serie de circunstancias que crean INQUIETUDES EMOCIONALES en el día a día de tu vida, por lo general lo que constante y frecuentemente se ve afectado son las relaciones interpersonales (Pareja, Amigos, Familia, Trabajo) y luego las situaciones personales contigo mismo(a). Indudablemente, aunque la mayoría refiere que se sienten ‘mal’, de lo que estamos hablando es de EMOCIONES. Sienten emociones primarias como: rabia, tristeza, miedo, soledad, o cualquiera de las emociones derivadas de estás: ira, agresión, rechazo, celos, angustia, depresión, desánimo, fobias, pánico, entre muchas otras. Lo cierto es que, a pesar de sus muchos intentos, concluyen que no lo pueden resolver solos, y piensan que necesitan apoyo. Allí toman la primera DECISIÓN (de una serie de ellas): ¡voy a buscar ayuda terapéutica! Bien, piden su cita… van el día y la hora acordada y, en el ‘proceso de apoyo’ entre otras cosas, reciben INFORMACIÓN. Con esa información COMPARAN su vida y sus circunstancias: Ven lo que realmente les está sucediendo y, lo confrontan contra lo que les gustaría que fuera, lo que tienen contra los que les gustaría tener o, lo que les falta. Como resultado de esa comparación SE DAN CUENTA de su situación, y allí viene otra decisión: ¡QUIERO CAMBIAR! Lo interesante de la decisión de cambiar es que hay que añadirle dos de los ingredientes más importantes de tu receta: COMPROMISO y RESPONSABILIDAD (la pregunta importante: ¿Con quién?). En el transcurrir del proceso voy aprendiendo, lo que en mi criterio, es la clave de toda la experiencia terapéutica: AMARME A MÍ MISMO(A). Cuando llega el momento de que ese amor se consolida en mi vida: entonces decido, por amor a mí: PERDONAR y, una vez libre de mis cargas puedo empezar a disfrutar de mi felicidad. ¿Sencillo verdad? Pues ¡NO! ¿Cuándo ha sido algo bueno fácil de conseguir? la realidad es que no es un proceso sencillo sino por el contrario: largo y difícil. Sin embargo ¡NO ES IMPOSIBLE!, Dios ha puesto en ti todo el potencial para lograrlo, pero es necesario que TÚ quieras y TÚ te esfuerces. Como dice Josué 1:9 “Mi mandato es: “¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas”. ¡Cuanto más en el proceso de mejorar tu propia vida!      
 
            Empecemos, detallemos los diferentes ingredientes y el proceso de esta Receta Emocional: Básicamente en cualquiera de los artículos que he escrito, he comentado acerca de los conflictos emocionales y sus consecuencias. Como indiqué la mayoría de estos conflictos se van a reflejar en nuestras relaciones interpersonales. El Ser Humano es un ente social y, en prácticamente todas sus actividades, está en constante interacción emocional con su entorno. Es por ello que al seguir tu propia ‘programación emocional’ en la interrelación con los otros, pues surgen ‘situaciones’ que modifican tus emociones, a veces buenas, pero, a veces no tan buenas. Es el cúmulo de estas situaciones emocionales no adecuadas (negativas), en tu día a día, que van creando una serie de diversas INQUIETUDES EMOCIONALES, con las cuales entras en una sensación de malestar e incomodidad. En primer lugar con los otros y, a su vez, contigo mismo(a). La solución rápida a estas ‘inquietudes’ es echarles la culpa a los otros. Los otros son los que no me entienden, están en contra mía, son lo que hacen todo mal, no ponen de su parte... entre otras muchas justificaciones. Ciertamente mientras pienses que los otros son el problema nunca resolverás tus propias situaciones. Tal como lo dice León Tolstoi:Todos piensan en cambiar a la humanidad. Y nadie piensa en cambiarse a sí mismo”.
 
            En mi criterio, la única realidad en una relación (no importa el tipo), es que hay dos personas involucradas y la responsabilidad de lo que pase entre ellos, solamente puede ser de 50% y 50% para cada uno. Para mí no hay otra forma, ni otros porcentajes en la relación. Por lo tanto, sí realmente quieres resolver tus situaciones emocionales, en vez de culpar al otro, empieza por responsabilizarte TÚ, de ti mismo(a), de lo que tú piensas, sientes y actúas. Tal como señala David Hormachea: “Todo cambio debe comenzar con nosotros mismos. Todos los que esperan que cambien primero los que lo rodean, nunca experimentan cambios”. Cuando decides darte cuenta y pensar que el problema no son los otros, sino que algo te está pasando a ti, y vez que tú solo(a) NO lo has podido resolver, a pesar de tus muchos intentos y esfuerzos, porque esas situaciones te pasan una y otra vez, o simplemente el dolor en vez de disminuir lo que hace es aumentar. Pues sucede que a veces los otros te lo dicen, a veces tú mismo te lo dices: ‘necesitas ayuda’. Cuando aceptas esta sugerencia, resulta que tomas la primera DECISIÓN de muchas que te llevaran a un cambio real en tu vida. Buscas la ayuda (ojo si algunos de mis profesores de especialización leen que estoy poniendo la palabra ‘ayuda’ me quitan el título. Para ellos no existe tal ayuda, únicamente poder ‘apoyar’ en su proceso a cada uno de ustedes). Llegas donde el terapeuta y con tu primer encuentro, empiezas tu proceso hacia la felicidad… en realidad, es apenas el primer paso del camino hacia ella, es solamente la punta del iceberg. Lo importante es que te des cuenta que “la felicidad es un camino y no una meta” (s/a).
 
            Lo que sucede realmente es que a través de la relación diádica entre Tú y el Terapeuta, ocurre un intercambio interesante: Tú le enseñas de ti al Terapeuta y él te enseña a ti acerca de los procesos y experiencias emocionales, es decir, te da INFORMACIÓN de lo emocional. Depende de la técnica psicológica, de la personalidad del terapeuta, la información variará en muchas formas y estilos, pero al fin y al cabo será un mundo de información nueva para ti. En este intercambio hay varios ingredientes adicionales: se necesita de tu confianza en el Terapeuta, de tu honestidad en la información que das y, por supuesto, que aprendas definitiva y categóricamente que ¡EL OTRO NO ES EL CULPABLE! Sino que en el intercambio emocional, sientas lo que sientas, todo es un proceso de dos, y como tal, no hay forma que no sea de 50% y 50% de responsabilidad de ambos. No importa cuántas veces lo repita, siempre habrá quien diga ‘no, es el otro’ o ‘el otro me hace…’ y muchísimas más. Mientras no te ubique en ti primero, no habrá posibilidad de realizar los cambios necesarios en tu vida. Pues el proceso emocional es entera y exclusivamente para ti. Una vez que tú hayas cambiado y estés lleno de ti, es que podrás invitar a los otros al cambio. La realidad es: “no puedes dar al otro lo que no tienes y no puedes enseñar al otro lo que no sabes”.
 
            Con toda esa información, con la comprensión de los procesos y las experiencias emocionales, con el contacto de tu propia situación y de tu realidad, entras en uno de los elementos más esenciales de la receta… empiezas a “DARTE CUENTA”. Como dicen por ahí: “se te abren los ojos” “te cae la Locha”, tengo una paciente que me dice: “tuve un momento de lucidez”. En realidad van a ser una serie de pequeños “Darse Cuenta” que son resultantes de la comparación entre la realidad de tu situación, tus emociones y tus experiencias cotidianas, contra la nueva perspectiva de vivir una vida conforme a lo que realmente quieres, más sana y con muchos menos conflictos en tus interrelaciones. Con una mejor aceptación de ti y de la realidad que te rodea. Sucede que con cada nuevo “Darse Cuenta”, debes DECIDIR un cambio en tu forma de ser, y con cada decisión, debes actuar un nuevo cambio.  Es la suma de estos pequeños “Darse Cuenta” a través del tiempo de tu proceso, que se van consolidando y actuando los cambios que definen tu nueva forma de vivir. Al principio son voluntarios, conscientes, hechos con intención, y a medida que los vas reforzando, con las retribuciones positivas, en todo lo que haces, sientes, piensas y actúas, el cambio termina internalizándose en tus patrones y creencias de conducta, con lo cual se hacen permanentes y estables en el tiempo. Garantizando así una respuesta más adecuada para todo en tu vida… vas camino de tu felicidad.
 
            Mencioné algo importante, al principio los cambios deben ser voluntarios. La realidad es que muchas de las conductas que debes cambiar, debes aprenderlas primero. Voy a ponerte un ejemplo: te cuesta abrazar a las personas que amas, con la terapia te das cuenta que es muy agradable abrazarlos, y decides: ‘Voy a abrazar a los que amo’. En realidad es muy probable que no sepas abrazar, porque es casi seguro que a ti te habían abrazado muy poco (por no decir nunca), o incluso que abrazar haya estado prohibido, porque ¡cuidado no sabes lo que el otro está buscando! Lo cierto es que tienes que tomar la decisión de empezar a hacerlo y, como tal tienes que actuarlo. Suponte que hablamos de tu cónyuge… lo ves, te le acercas y lo abrazas… Ahí van a pasar un montón de cosas: lo primero es que tu cónyuge te va a mirar con cara de: ‘¿Y a este(a) que le pasó? ¿Qué bicho le habrá picado? o ¿Qué será lo que quiere?’ además de que como es seguro que tampoco sabe abrazar, lo más probable es que se quedó quieto(a) y rígido como un ‘palo seco’ y piense “hoy no es 31 de diciembre”. Lo segundo es que probablemente sientas que no abrazas muy bien… la verdad, es muy difícil que algo que hacemos por primera vez lo hagamos bien… por lo tanto ahí está el reto del cambio… tienes que seguir haciéndolo hasta que sientas que lo haces bien y, mejor aún, que lo disfrutas… solamente con la práctica es que nos hacemos expertos en algo, y tu vida es la primera experiencia que tienes que practicar una y otra vez, hasta lograrla y estar satisfecho(a) con ella. Ah, y por supuesto… sobretodo en el caso del abrazo… que el otro aprenda de ti y, lo busque y lo disfrute tanto como tú.
 
            Eso sí, no caigan en la trampa en la cual caen muchos: les decimos tienes que hacerlo (las conductas del cambio) aunque no lo sientas… y lo primero que te dicen es: “pero así voy a parecer hipócrita o falso al hacer algo que no siento”. De eso se trata, allí está lo conductual o voluntario, te tienes que obligar a hacer algo que no hacías antes (o estaba prohibido) ¿De dónde piensas que te va a salir sentir algo que nunca habías hecho? Ese es el planteamiento clave de esta parte de la receta: Darte cuenta -> Tomar la decisión de hacer algo -> ¡HACERLO! Solamente haciéndolo, aprendiendo en el ensayo y error es cómo vas a integrar la nueva conducta, y por supuesto, una vez internalizada es que vas a ‘sentirla’. El asunto será siempre el hecho de que tienes que: ¡CREER EN TI MISMO(A)! Aquí es dónde se incluyen los otros dos ingredientes fundamentales: COMPROMISO y RESPONSABILIDAD. Que indudablemente frente a la pregunta (¿Con quién?) solamente puede haber una respuesta: ÚNICAMENTE CONTIGO MISMO(A). Para cambiar no sólo tienes que quererlo, sino que particularmente tienes que estar comprometido. Y para llevarlo a cabo no basta con solamente hacerlo, sino que realmente debes responsabilizarte de hacerlo hasta lograrlo. Sin el compromiso y la responsabilidad es seguro que no podrás completar la meta de tu cambio emocional. Porque sencillamente no será tu prioridad. Si no asumes el proceso terapéutico como decisión firme y no le das la prioridad necesaria, no importa que tan bueno sea el terapeuta o las técnicas que utilice, sencillamente no llegarás a la meta de tu felicidad.
 
            Vamos a abreviar un poco, para ir cerrando. A través del tiempo que llevas en el proceso terapéutico, a medida que vas internalizando los pequeños cambios, vas colocando límites para tu protección, te vas valorando, te vas respetando, te vas poniendo en el primer lugar en tu vida y, particularmente te haces el único responsable de tu conducta, de tus emociones y de tus pensamientos... Es solo a partir de estas bases que aprendes y decides AMARTE A TI MISMO(A). Este ingrediente es básicamente el principal, la columna vertebral de todo el proceso, la verdadera meta a lograr. Amarte a ti mismo(a) no solamente es la mejor y más excitantes de todas las aventuras que puedes emprender, sino que es la más maravillosa experiencia de tu vida, pues, la única persona que estará contigo hasta el último día de tu vida, serás única y exclusivamente tú mismo(a). Por eso ¿A quién debo amar primero? En La Biblia el mandato de amarte a ti mismo aparece 9 veces “ama a tu prójimo como a ti mismo”.  Será para Dios tan importante que te ames, que es la orden de Dios para el Ser Humano que más se repite: (Lev 19:18 y 19:34; Mat 19:19 y 22:39; Mar 12:31; Luc 10:27; Rom 13:9; Gal 5:14; San 2:8). Porque amarte solamente puede traer lo mejor para ti. Para mí, en lo personal, es la clave de todas mis enseñanzas, en la consulta, los talleres y en cualquiera de las técnicas terapéuticas que utilizo, la esencia es llevarte a amarte a ti mismo, por encima de todo. Por eso, para mí: ‘Después de Dios la persona más importante soy Yo’. Si yo, a través de mi amor, me coloco en primer lugar ¿Puede el otro llegar a dañarme?  (Solamente si yo se lo permito, cuando no me amo).
 
            En base a lo anterior, siempre afirmo: ‘No hay nada ni nadie más importante que YO mismo’, por eso la felicidad y todo lo que anhelas para ti, única y exclusivamente lo lograrás una vez que aprendas a amarte a ti mismo(a) primero. ¡NO HAY OTRA FORMA! Pero,  surge una pregunta muy importante: ¿Qué es el amor? Todos y cada uno de ustedes tienen una respuesta diferente… tus padres darían la vida por asegurar que te aman, y sin embargo la gran mayoría de ustedes llevan internamente el sentimiento de no haberse sentido amado por sus padres… Tu cónyuge del cual te divorciaste (o andas en ese proceso) ¿cuántas? miles de veces te dijo o, le dijiste que lo amabas… Tendrás que encontrar tu propia definición, porque se trata de amarte a ti mismo. Tal vez una aproximación del amor verdadero está en el texto del Apóstol Pablo de 1ra de Corintios 13: “4 El que ama tiene paciencia en todo, y siempre es amable. El que ama no es envidioso, ni se cree más que nadie. No es orgulloso. 5 No es grosero ni egoísta. No se enoja por cualquier cosa. No se pasa la vida recordando lo malo que otros le han hecho. 6 No aplaude a los malvados, sino a los que hablan con la verdad. 7 El que ama es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo. 8 Solo el amor vive para siempre”. Con un amor como ese… ¡que me amen!
 
            Si yo aplicara esos versículos a mi propia vida y, luego a los demás que amo, ¿Cómo serían nuestras relaciones y nuestras vidas? Sencillamente no alcanzarían las palabras para expresar tantos sentimientos maravillosos y, mucho menos existirían ‘termómetros’ para medir tanta felicidad. Porque si algo afirmo permanentemente, en contra de los que me llaman ‘Yoista’ o (más desubicados aún) ‘narcisista’, es que el único objetivo de amarme a mí mismo, es exclusivamente poder COMPARTIR todo ese amor con alguien (otro que igualmente se ama a sí mismo). No existe otro propósito en el Ser Humano sino el de amarse y amar a otro “como a sí mismo”. Dios nos diseñó para estar juntos, y de todas las relaciones, la que bendijo, fue la de los esposos. ¿Por qué estás y te sientes solo(a)? Es simple, al no cumplir la orden de Dios, no te amas y no puedes amar al otro. El principio es sencillo (lo repito):” no puedo darle al otro lo que no tengo y, no puedo enseñar al otro lo que no sé”. En consecuencia: si no me amo ¿Cómo puedo amar al otro? ¿Cómo puedo yo recibir el amor del otro?
 
              Finalmente, a través de este proceso, de su tiempo, de cada uno de los elementos mencionados y, especialmente del ingrediente más importante: ¡TÚ MISMO! es que la receta de tu felicidad se va armando. Pero falta un último ingrediente: ‘la cereza de la torta’. Únicamente lo puedo tener en base a la expresión: ‘Por amor a mí…’ (Te lo repito, la base de todo es, amarte a ti mismo). La idea es: ‘por amor a mí… PERDONO AL OTRO’ ¡Esa es la Clave! ¡EL PERDÓN! (he escrito otros artículos acerca de él). Perdono a mi cónyuge, a mis padres, a mis hijos, a cualquiera que me haya ofendido… ¡ME PERDONO A MÍ MISMO! Por amor a mí, no guardo ninguna emoción enferma… me libero de todas las ataduras del pasado y cierro todos los círculos abiertos en mi vida. En este sentido la máxima expresión del amor a mí, está en el perdonar al otro. Con tal nivel de libertad y de amor… ¿no consigo mi felicidad y la del otro? Ese es mi reto: Construir mi vida como yo quiero de la forma más adecuada y sana posible y, permanecer compartiéndola con el otro. Te invito a elaborar tu propia receta emocional par tu vida.
 
Referencias
 Lowen,  A. (1977). Bioenergética. México. Editorial Diana.
Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA