viernes, 29 de agosto de 2014

EL PATITO FEO: ¿Es una realidad que son hijos destinados a fracasar?

EL PATITO FEO: ¿Es una realidad que son hijos destinados a fracasar?
Por: J. Rafael Olivieri (agosto 2014)

“El pobre patito no sabía dónde meterse. Sentíase terriblemente abatido, por ser tan feo y porque todo el mundo se burlaba de él en el corral.” Hans Christian Andersen (1843)

            Sin duda alguna el reto más grande que tiene todo paciente en su proceso terapéutico es su decisión de cambiar. La gran mayoría viene con esa idea y anhela ese cambio, muchas veces desesperadamente, pues su forma de vivir cada día se lo hace sentir. Usualmente esto sucede cuando han llegado a comprender que existe ‘algo malo’ en sus vidas, en sus relaciones interpersonales, en sí mismos. Donde ellos por sí mismos, a pesar de haberlo intentado y de quererlo, no han podido resolverlo, y entienden que necesitan ayuda para ello. Sin embargo, la realidad es que, de todos los posibles cambios que podemos lograr, el cambio psicológico, el cambio emocional es el más difícil de conseguir. Pero, ¡No es imposible!, cambiar es una realidad palpable del poder del diseño de Dios para la mente humana. Lo que pasa es que éste cambio exige una cuota de sacrificio muy alta. En la gran mayoría de los casos, ‘parece’ imposible para muchos de los pacientes, ya que el ‘costo de la inversión’ en tiempo, esfuerzo,  dolor y dinero, les parece un costo muy alto, a veces imposible de alcanzar. Sin ser dramáticos, se juegan su propia vida y su felicidad en esa percepción. Ello me recuerda la afirmación de Mateo 22:14 “Pues muchos son los llamados, pero pocos los elegidos” NTV (2010). Todos tenemos el potencial, todos podemos cambiar, todos podemos decidir triunfar, pero tenemos que hacernos dueños de esta realidad, tenemos que poner más que nuestro simple deseo de quererlo. Tenemos que esforzarnos para logarlo en nuestro propio tiempo. Es obligatorio y necesario consolidar un compromiso y una responsabilidad absoluta conmigo mismo para lograrlo, no es el otro, soy YO. Porque es una verdad absoluta que hasta el “Patito Feo”, se puede transformar en el más hermoso cisne del estanque. ¡El reto es que tú lo logres!

            Los cuentos infantiles de Andersen son conocidos mundialmente, uno de ellos es el “Patito Feo” (1843), y en él me baso para escribir este artículo. Ahora bien, ¿Cuál es el primer punto a entender del cuento de Andersen?, pues simple: ¿Quién es el Patito Feo? A ciencia cierta el “Patito Feo” representa los sentimientos de una inmensa mayoría de los niños del planeta entero (y a una inmensa mayoría de adultos en la actualidad). Ciertamente, la primera condición del ser niño, es la sensación de dependencia de sus ‘Figuras Parentales’ (de las cuales las más importantes son Papá y Mamá). Este criterio de dependencia no se refiere únicamente a lo material (casa, comida, ropa, juguetes…) sino a lo más importante de todo: a una dependencia afectiva y emocional (una relación de amor, diría Rafael). Esto obliga a que la auto valoración del niño (su autoestima) esté controlada por sus figuras parentales. Ellos son quienes le dicen al niño quien es, que debe sentir, como debe pensar y que debe expresar. En la mayoría de los casos el niño lo acepta por su inmensa necesidad de ‘amor’ de sus figuras parentales. Como está confirmado por muchísimos autores, el niño va a definir quién es, qué puede lograr, a dónde puede llegar, en esencia, va a definir toda su vida en función del resultado que obtenga de la valoración que le den sus figuras parentales. En lenguaje más sencillo: va a definir su propia vida según se sienta o no amado por sus figuras parentales. Pero ojo, una cosa muy distinta es lo que las figuras parentales ‘creen que dan’ y otra es la que el niño ‘siente que recibe’ de los mismos, ¡esa es la clave de la ecuación!

            No hay ni uno que no lo diga, todos los padres afirman que siente amor, y que quiere lo mejor para sus hijos, incluso los asesinos en serie los dicen. Pero la realidad es muy diferente, imagino que de allí viene la expresión popular ‘amores que matan’. Lo cierto es que todos los seres humanos tenemos un lado bueno y otro ‘no tan bueno’. Como nos narra Marcos 10:18 “¿Por qué me llamas bueno? - Preguntó Jesús -. Sólo Dios es verdaderamente bueno” NTV (2010). El problema es que el balance del “Patito Feo” siempre termina del lado NO TAN BUENO. La conclusión del “Patito Feo”, tanto en su Sistema de Creencias Emocionales como en su autoestima (ellos son dos de los elementos más fundamentales para definir la personalidad de cada individuo), es que él se siente ‘FEO’ ¡Obvio no! Pero, emocionalmente hablando, ¿Qué es sentirse feo?  Goethe afirmó: “Lo peor que puede ocurrirle al hombre es llegar a pensar mal de sí mismo” (s/f). Allí está en pocas palabras la respuesta, el “Patito Feo” se percibe, se siente, se piensa, se valora y se ama a sí mismo MAL. Su autoimagen está destruida, y todo con respecto a sí mismo está mal. ¡Claro! Si su verdad es que “…el pobre patito que había salido el último del cascarón, y que tan feo les parecía a todos, no recibió más que picotazos, empujones y burlas, lo mismo de los patos que de las gallinas. -¡Qué feo es! -decían.” Andersen (1843). ¿Cuántos de Ustedes no tienen esa misma sensación infantil?

            Por otra parte, esto es un poco más profundo, pues hay varias clases de “Patito Feo”. En la teoría del Análisis Transaccional de Berne (1964), y otros autores como: Kertész (1980) y Harris (1969), hay tres modelos argumentales: Perdedor, No Perdedor y Ganador. Los dos primeros son los que se ajustan a la descripción de nuestro personaje, sin embargo, los tres modelos son malos. Están estructurados en las decisiones infantiles de sus relaciones no adecuadas con sus figuras parentales. Son modelos adaptados para buscar la manera de que esas figuras parentales me quieran y me acepten. Es una decisión de complacerlos a ellos, en ser YO, lo que ellos quieren que YO sea. Por supuesto, ninguna figura parental va a aceptar esto, porque ‘yo amo y quiero lo mejor para mis hijos’. Pero una cosa muy distinta es lo que yo pienso, y otra es, lo que yo actúo, cuando hablamos de conflictos emocionales. En mi criterio, la realidad es que toda relación es 50% y 50%. Los “Patito Feo” aparte de ser una auto-decisión, son producto de las manipulaciones, de las propias necesidades y expectativas de esas figuras parentales, en relación con lo que quieren y aspiran, desde sus propios conflictos emocionales, de y para sus hijos. Diría el refrán popular ‘El niño que llora y la mamá que lo pellizca’. Ciertamente cada uno de esos “Patito Feo” tiene sus propias características y su propia forma de adaptarse a su modelo de vida.

            En líneas generales el “Patito Feo” (el ‘Perdedor’ en su posición extrema) se caracteriza principalmente por sentimientos de no ser querido. Se siente rechazado, no encaja en sus relaciones con los demás. Las otras personas son fuente de agresiones, miedos y frustraciones. Su dolor se enfoca en la sensación de: yo no puedo, yo no valgo, yo no soy importante, yo estoy mal. Su emoción se define en la tristeza y la soledad, sintiéndose culpable por todo lo que ocurre a su alrededor. Su posición de inadecuación lo lleva a sentir que es un estorbo, que solamente esta para molestar a los otros, por eso tiene que aislarse, encerrarse en si mismo, y rechazar el contacto con los demás, o por lo menos llevarlo a su más mínima expresión. Si pudieran desaparecer serían más felices. Busca situaciones de afecto sabiendo que no las va a encontrar, porque nadie se va a fijar en él o en ella. Piensa que nadie va a querer estar al lado de una persona con sus problemas. La inseguridad que siente de sí mismo es clave para ganarse el rechazo de los demás. Su miedo lo lleva a no enfrentar retos, a no buscar y superar metas, a no planificar un proyecto de vida constructivo. La valoración de su imagen corporal es casi nula, tiene mil defectos (en su imaginación) desde los pies hasta la cabeza; tiene que justificar el ‘feo’ sea como sea. Todo ello complementa una autoestima a nivel del sótano emocional. A groso modo, la diferencia entre los dos tipos de “Patito Feo”, estriba en el grado y la profundidad de los sentimientos que los acompañan, como el mayor nivel de depresión o de aislamiento.

Lo frecuente es encontrar al “Patito Feo” en una relación de dependencia profunda con sus figuras parentales. Han sido enseñados y ‘programados’ para nunca separarse emocionalmente de sus figuras parentales. Se quedan sujetos a ellos de por vida, sacrificando su propia vida para vivir la vida del otro, no la suya propia, porque sencillamente no la tiene o, no se siente en el derecho de tenerla. La figura parental se ha encargado de invalidarlo, de tal forma que siempre la necesite y nunca tenga la suficiente energía emocional para independizarse, por lo cual siempre será el “Patito Feo”. En la dinámica emocional la sensación de haber sido rechazado, regalado o simplemente no querido cuando niño, lo lleva a sentir un vacío emocional de afecto tan grande que nada ni nadie lo puede llenar. Pero, por ser un resultado de su vida infantil en relación con sus figuras parentales, creen (en su propio auto-engaño)  que lo pueden llenar al quedarse permanentemente complaciéndolos a ellos, esperando a que algún día los lleguen a querer. Cosa que nunca va a suceder porque el pasado simplemente ya no se puede cambiar. Lo que no recibí en mi infancia, nunca lo recibiré de adulto. Son dos tiempos distintos, dos necesidades muy diferentes. En términos de estudio o trabajo fracasan constantemente, o bien nunca logran graduarse, o bien nunca mantienen un trabajo estable, lo cual refuerza el vínculo de dependencia parental. La sensación de ser inútiles no los deja completar metas. Sencillamente creen que nunca lo lograran.

No deja de ser cierto, que existe un reducido grupo de patitos (los ‘No Perdedor’), que tiene permiso para estudiar y/o trabajar y, a veces llegar a posiciones interesantes, pero con el único propósito de poder mantener a sus figuras parentales. El mensaje de las figuras en este caso es: ‘crece, pero únicamente para mí’. Tienen permiso para varias actividades y relaciones, pero nunca para dejar a su figura parental. Los más extremos tienen la energía para formar parejas e incluso familia, intentar proyectos económicos, o irse fuera del país, PERO, tarde o temprano, se encargan de encontrar problemas y complicaciones, porque la vida es ‘muy dura’, con lo cual terminan abandonado a la pareja, a la familia, o al país al que fueron y vuelven donde papito o mamita (lo frecuente es que esté uno sólo de los padres, pero hay casos que siguen estando los dos). El mensaje que los guía es: ‘La verdad es que en la vida nunca nadie te va a querer como yo (tu papá, tu mamá)’, y además, ‘aquí en la casa siempre va a estar tu cuarto para ti cuando quieras volver’.   La lista es larga y aún quedan elementos por describir… “Pero sería demasiado cruel describir todas las miserias y trabajos que el patito tuvo que pasar durante aquel crudo invierno.” Andersen (1843).

            De igual manera, una segunda pregunta que hay que hacer es ¿Cómo se forman los “Patito Feo”? Quizás sea más sencillo, con base en la lista de características anteriores, que un “patito” se reconozca a sí mismo, que aceptar cómo llegó a ser lo que es. La razón es que no existe una única forma, sino muchas de invitar a un hijo a ser un “Patito Feo”, y la gran mayoría de ellos, ya han aceptado su condición y la justifican, por lo que no les interesa recordar cómo llegaron a ser lo que son. Revivir el dolor guardado de lo que pasó, muchas veces es insoportable. Además, ¿cómo voy a decir o sentir algo malo contra mis padres, si han hecho tantos sacrificios por mí? El cuento de Andersen es bien representativo del proceso de formar un “Patito Feo”. Realmente la historia comienza, como han señalado varios autores, incluso desde antes de nacer el niño. Los Padres y demás figuras ya se hacen ideas de su hijo, se imaginan cosas de cómo va a ser, a quién se va a parecer, y más profundamente: que quieren de él (emocionalmente hablando). Independientemente del mecanismo de selección y preferencia emocional de los padres por los hijos (casi ningún padre te va a reconocer que tiene un hijo preferido, pero, todos los hijos lo saben), éstos van a seleccionar a uno de sus hijos para que cumpla el rol de “Patito Feo”. A veces depende del género, o de la posición de nacimiento, o de las circunstancias del momento, pero una vez selecciona el candidato, es muy difícil que se salve de asumir su rol y de actuar como tal a lo largo de su vida. Pero, ¡no se engañen!, a veces sí es una selección directa, pero otras, es muy frecuente que el “Patito Feo” sea precisamente el hijo que no se siente el preferido, que no lo atendieron como a los demás, justamente, es ese hijo el que vive la carencia de amor, ¡allí está la trampa! “En los días siguientes, las cosas fueron de mal en peor. El pobre patito se vio acosado por todos. Incluso sus hermanos y hermanas lo maltrataban de vez en cuando y le decían: -¡Ojalá te agarre el gato, grandulón! Hasta su misma mamá deseaba que estuviese lejos del corral.” Andersen (1843).

            En este sentido, los modelos parentales definidos para formar un “Patito Feo” (con base en el Análisis Transaccional) son: el Sobre-Descalificador, el Sobre-Controlador y el Sobre-Protector. Aunque es una clasificación ‘pura’, lo frecuente es encontrar mezclas de estos modelos. Lo cierto es que cada modelo tiene su propia ‘técnica’, utiliza determinadas palabras, gestos, conductas, posturas y mensajes para lograr su objetivo. Por ejemplo, el Sobre-Descalificador es un maltratador físico y verbal, humilla, abandona, desvaloriza, persigue, crítica todo, no da protección… Su modelo de amor es destruir al otro. Su mensaje al hijo es ‘no cuentes conmigo, no crezcas, lo mejor es que estés muerto’. Deja al “Patito Feo” sin energía ni defensa alguna, en una posición emocional de ‘yo no sirvo para nada y el mundo tampoco’. Es una posición extrema, pero real y, más frecuente de lo que muchos conocen. Muchos suicidas, psicóticos, depresivos y asesinos son producto de este modelo.

Por otra parte, el Sobre-Controlador es una figura que ejerce la autoridad total sobre el hijo, no lo deja ni pensar, ni decidir, ni mucho menos actuar por sí mismo. Controla todo: lo que piensa, hace, siente, el horario, las salidas, las relaciones, lo que estudia y dónde… Todo tiene que estar bajo su dominio y, nada puede salirse de su control. Es un amor que asfixia al hijo, no lo deja ser ni hacer. Lo culpabiliza, lo limita, lo llena de miedo e inseguridad, no puede tener opiniones propias. Su mensaje al hijo es ‘yo soy el único que sabe lo que te conviene a ti’. Deja al “Patito Feo” en un mundo de inseguridad, temores e incapacidad, con solamente energía para hacer lo que la Figura Parental quiere que haga. Es una posición emocional de ‘yo solamente puedo hacer lo que mi figura me dice que haga’. Muchos ‘No Perdedores’ son producto de este modelo, están dominados por ‘el crece para mí’.    

            El tercero de estos modelos es el Sobre-Protector. Muchos consideran que es el peor de todos, porque la esencia de este modelo es incapacitar al hijo, llevarlo a una posición donde no pueda defenderse, y que, siempre dependa de la figura parental. Se hace indispensable para el hijo, no lo deja actuar. La figura lo hace todo, piensa, habla, actúa por el hijo. Si es necesario llega a enfermarlo para que siempre dependa de la figura. Su amor es incapacitar al hijo para que siempre lo necesite. Su mensaje al hijo es ‘tú no puedes yo te lo resuelvo todo, no es necesario que crezcas’. Es muy característico de los padres que aunque los hijos son adultos los siguen tratando de ‘mi bebé’, ‘mi niño’ o de ‘pobrecito’ él no puede. Deja al “Patito Feo” sin energía, sin la posibilidad de actuar. Es una posición emocional de ‘yo no sirvo, yo no puedo, mi figura es quien lo puede resolver’. Este es quizás el modelo más frecuente, los ‘hijitos’ de papá o de mamá, viven con ellos, nunca se separan, todo es papá o mamá.

            Leo mis propias palabras y, viendo la tragedia de estos procesos emocionales reales, no me queda sino preguntarme: ¿Es una realidad que son hijos destinados a fracasar? No deja de ser cierto que, la realidad de la vida, muchas veces, parece ser muy distinta al final feliz de los cuentos. Recuerden que estoy hablando de procesos emocionales, netamente inconscientes, soportados por el ‘Sistema de Creencias Emocionales’, estructurante de la personalidad de cada individuo. De decisiones infantiles tomadas con base en multitud de momentos emocionales de todo un proceso repetitivo de la vida del niño. Bajo la autoridad de sus figuras parentales, que utilizan el ‘Poder del Amor’ para lograr sus propios propósitos inconscientes. Igualmente, me apoyo en mis palabras iniciales sobre el ‘reto de cambiar’ y, a pesar de todo lo negativo y de lo difícil que pueda parecer ¡NO ES IMPOSIBLE! Hasta el patito más feo puede decir cambiar y ¡LOGRARLO! Es una decisión que tomará mucho tiempo, mucho esfuerzo y dolor, a veces indescriptible, pero ¡se puede lograr! Porque a pesar de toda la maldad del mundo, de todo el caos, de todo lo negativo que busca la destrucción de todo, el universo se rige por el ‘principio de vida’ (amor = vida). No en balde el rey David nos dice en el Salmo 139:17 “Qué preciosos son tus pensamientos acerca de mí, oh Dios. ¡No se pueden enumerar!” (NTV). El verdadero ‘Poder del Amor’ le pertenece a ÉL y, a través de éste (y de la psicoterapia) le ha dado a cada “Patito Feo”, el poder de cambiar y, de tomar la decisión de transformarse en el Triunfador que fuimos diseñados a ser. “-¡Volaré hasta esas regias aves! -se dijo-. Me darán de picotazos hasta matarme, por haberme atrevido, feo como soy, a aproximarme a ellas. Pero, ¡qué importa! Mejor es que ellas me maten, a sufrir los pellizcos de los patos, los picotazos de las gallinas, los golpes de la muchacha que cuida las aves y los rigores del invierno.” Andersen (1843).

            Ciertamente es real que muchos no lo lograran, muchos otros ni siquiera lo intentaran, para ellos el fracaso es una decisión incambiable. Muchos otros se enfrentarán al siguiente proceso: Me convertí en “Patito Feo” buscando el amor de mis padres, ahora la terapia me invita a renunciar a ese amor y a amarme a mí mismo, pero, si renuncio al amor de mis padres no me van a querer más, mejor me quedo como “Patito Feo”. Únicamente cuando actúes la decisión de renunciar a ser el “Patito Feo” te darás cuenta que… “En el jardín habían entrado unos niños que lanzaban al agua pedazos de pan y semillas. El más pequeño exclamó: -¡Ahí va un nuevo cisne!... Y los otros niños corearon con gritos de alegría: -¡Sí, hay un cisne nuevo! y todo el mundo decía: -¡El nuevo es el más hermoso! ¡Qué joven y esbelto es!” Andersen (1843). No hay duda de que quedarán heridas, marcas y cicatrices profundas. Recuerdos imborrables de todo un proceso de vida identificado con el dolor, la falta de amor y muchas cosas más. Pero, que al lograr triunfar en mi reto de cambiarme, de aprender a amarme a mí mismo, y donde por amor a mí, puedo hacerme dueño de mi propia vida, puedo aprender a amar y a perdonar a los otros. Puedo aprender a sentirme vivo, a tener la posibilidad de hacer realidad mi propia vida, lo cual es la esencia de todo aquel que decide triunfar en sí mismo, sin importar de dónde viene o, que pasó en el ayer, solamente enfocado en el aquí y el ahora y en su propio futuro.

Por eso, te invito a aceptar tu reto de transformarte en el “Cisne” que eres y decidir vivir como tal... “Rizó entonces sus alas, alzó el esbelto cuello y se alegró desde lo hondo de su corazón: -Jamás soñé que podría haber tanta felicidad, allá en los tiempos en que era sólo un patito feo.” Andersen (1843).
  
Referencias
Berne, E. (1974) ¿Qué dice usted después de decir hola? España. Grijalbo
Tyndale House Foundation. (2010). Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. USA

WEB:http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/andersen/el_patito_feo.htm. Recuperado 26/08/2014