jueves, 5 de septiembre de 2013

LA DEPRESIÓN: El Infierno En El Corazón Humano

LA DEPRESIÓN: El Infierno En El Corazón Humano
Por J. Rafael Olivieri

Job 6: 2 “Si se pudiera pesar mi sufrimiento y poner mis problemas en la balanza,
pesarían más que toda la arena del mar”.

            Siempre he pensado que la palabra “Depresión” es uno de los términos que mejor reflejan la batalla interminable que se desarrolla en el corazón humano, cuando, independientemente de sus causas, entre otras cosas, mi vida no funciona como quisiera, cuando no puedo mantener un nivel de aceptación adecuado de mí mismo. Cuando sentimientos de fracaso y temor son los que rigen mi valoración de cada día, cuando mi propia culpa me lleva a pensar que no lo he hecho bien. Es un conjunto entremezclado de sentimientos, emociones, pensamientos, conductas que toman el control total de la persona y la sumergen en la profundidad de un infierno real: ¡su propio infierno! Muchas veces creando la ilusión y la sensación de que no existe ninguna salida posible. (Para honrar los derechos de autor: Mi esposa, que es psiquiatra, trajo una publicidad de un medicamento anti-depresivo, cuya máxima era: “Si el infierno existe… está en el corazón del paciente deprimido” De allí, se me ocurrió el título de este artículo. De paso, el infierno existe tanto en el mundo espiritual como en el material donde vivimos, no les quepa la menor duda).

La verdad es que la depresión es uno de los problemas emocionales más habituales de la mayoría de las personas y, casi inevitablemente de la totalidad de los pacientes que acuden a la consulta psicológica. Representa un amplio conjunto de síntomas que trastornan la tranquilidad y la paz de la persona. Frente a la depresión, podría asegurarse que, ni uno solo de los seres humanos es inmune a ella y a sus consecuencias. Realmente afecta a personas de todas las clases sociales, de todos los países y todos los entornos culturales e intelectuales, todos los días. La definición del diccionario nos dice: “La depresión (del latín depressio, que significa «opresión», «encogimiento» o «abatimiento») es el diagnóstico psiquiátrico que describe un trastorno del estado de ánimo, transitorio o permanente, caracterizado por sentimientos de abatimiento, infelicidad y culpabilidad, además de provocar una incapacidad total o parcial para disfrutar de las cosas y de los acontecimientos de la vida”. Es decir, estoy hablando de una situación real por la que todos atravesamos, lamentablemente, en más de una oportunidad en nuestra vida, y, cuya sensación es precisamente la de sentirme oprimido e impotente.

Ciertamente, muy frecuentemente el Ser Humano se siente solo en la batalla de la vida, los problemas de su vida cotidiana (Pareja, Familia, Laboral, Económico y Social) se les vienen encima, arropándolo y, al no saber cómo manejarlos, se siente impotente, se llena de desesperación y angustia y, se deja vencer por un estado de vulnerabilidad psíquica, emocional y espiritual que le cierra la posibilidad de toda solución: ¡la depresión! Ciertamente, este sentimiento puede nublarlo todo y hacer que hasta los pequeños problemas parezcan insolubles y abrumadores. Además, muchas de las personas deprimidas son incapaces de ver un futuro en bienestar y, se sienten sin fuerzas para cambiar sus situaciones presentes para mejóralas. La depresión te invita a sentir deseos de darte por vencido, de renunciar, de sentirte incapaz de avanzar. Donde lo peor es que muchos aceptan esa invitación y solamente alcanzan a decir: “Paren el mundo que me quiero bajar”, sin comprender ni aceptar que hay muchas alternativas que pueden decidir y actuar para recuperar la normalidad de sus vidas y de sus circunstancias.

La realidad es que la depresión es un desorden mental que afecta a las personas integralmente (recuerda que la mente controla al cuerpo). Afecta sus pensamientos, sentimientos y acciones. Su origen es multifactorial, es decir que, son muchas las causas que lo provocan. Se pueden destacar factores desencadenantes tales como el estrés, múltiples sentimientos ‘negativos’ (detallados más adelante); elaboración inadecuada de un duelo (no importa la causa de la pérdida); se incluye el consumo de determinadas sustancias (legales o no); factores de condicionamiento educativo modelados por figuras parentales, que dan un permiso, o invitan, a actuar la depresión como una solución viable ante los problemas de la vida. También, según determinados autores, existen causas de predisposición como la genética (aunque yo no estoy muy de acuerdo con esto, por eso no voy a ahondar en este aspecto). Algunos autores creen que la causa número uno de la depresión es la culpabilidad no resuelta. A menudo esta culpabilidad puede generar muchas conductas no deseadas que actúan en contra de la persona misma, buscando un castigo para sí misma. Objetivamente hablando, la depresión está aprendida y modelada, potencialmente en todo ser humano. Se  gesta y da a luz desde las profundidades de sus sentimientos y, cuando las condiciones de la cotidianidad parecen insuperables, hunde a la persona en su sensación de impotencia e infelicidad. Como enfermedad emocional y espiritual afecta toda nuestra personalidad y se manifiesta en trastornos somáticos de carácter orgánico, que involucran potencialmente todo nuestro cuerpo. Cada ser humano, en su depresión, escoge (inconscientemente unas veces, otras muy consientes) de que enfermarse, desde una gripe hasta la misma muerte (suicidio).
           
Independientemente de que sus causas sean conocidas o desconocidas, todos nosotros tenemos días cuando nos sentimos tristes, desanimados, aburridos o derrumbados. Podríamos llamar a estas sensaciones una forma suave de depresión, aunque quizás un mejor término pudiera involucrar a la melancolía o incluso a la desilusión. Todo ello pudiera considerarse normal, hasta incluso desde un punto de vista positivo como sano, pues estos sentimientos invitan a un proceso de reflexión para saber qué está pasando en mi vida, con lo cual pudiese llegar a tomar decisiones adecuadas de cambio positivo para mí y para mi entorno. La verdad, es que desde el punto de vista de la realidad humana, no podemos esperar vivir en este mundo sin desánimo y tristezas ocasionales, ello sería completamente poco realista y, en algunos extremos rayaría de maníaco o psicopático. Por el contrario, lo que es más frecuente, es que muchas personas simplemente no se dan cuenta de que están deprimidos, ni saben que la depresión puede provocar muchos problemas y mucho dolor. Algunas veces, incluso las personas deprimidas no se toman su enfermedad con la debida seriedad y responsabilidad. Algunas personas tienen la errada creencia de que la depresión proviene de la debilidad o que es una falla del carácter y, que a ellos no les va a pasar. Estos pensamientos llevan a algunas personas  a ocultar su depresión y, peor aún, a pensar que su vida normal es así. Como consecuencia de sus pensamientos o de su vergüenza, pueden llegar a evitar buscar la ayuda que necesitan desesperadamente cerrándose toda posibilidad de sanidad y disfrute.

La realidad es que las personas deprimidas tienden a encerrarse en sí mismas; con lo cual la depresión casi inevitablemente aumenta y toma mayor control sobre la persona. A causa de sus profundos sentimientos de tristeza y de su poca energía, las personas a veces se alejan de los que los rodean o de las actividades que alguna vez disfrutaron. Esto sólo hace que se sientan más solos y aislados, lo cual empeora el cuadro depresivo. Retirarse y estar solo es una de las peores cosas que los individuos deprimidos pueden hacer, porque el alejamiento de los otros, refuerza la depresión y su imposibilidad de salir de ella. Cuando una persona sufre de depresión, el mundo realmente se muestra sombrío y poco acogedor. Los pensamientos de esa persona reflejan la desesperación y el desamparo que siente. Porque las personas deprimidas constantemente tienden a manifestar pensamientos negativos y autocríticos, se convierten en sus propios jueces y castigadores. Algunas veces, las personas deprimidas, más allá de su valor real, pueden sentirse inútiles y no queridas. Por consiguiente, uno de las mejores cosas que una persona deprimida puede hacer es ocuparse de relacionarse sanamente con los otros. Deberíamos tratar de estar con aquellos que nos pueden apoyar y nos pueden alentar a través de su amor por nosotros. Incluso y particularmente, de aquellos que han atravesado situaciones de depresión en su vida, con lo cual están mejor preparados para ayudarnos. Como nos dice el Apóstol Pablo en 2 Corintios 1:3 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, 4 quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones. De esta manera, con la consolación con que nosotros mismos somos consolados por Dios, también nosotros podemos consolar a los que están en cualquier tribulación”.

            Psicológicamente hablando, la verdad es que toda persona tiene fluctuaciones de sus estados anímicos y la tristeza ocasional es una emoción normal y sana. Las tensiones y presiones normales de nuestra vida pueden llevarnos a sentirnos tristes de vez en cuando, pudiendo derivar en sentimientos de dolor, desilusión o aflicción. Estas reacciones suelen ser breves y desaparecen en poco tiempo, en función de la fortaleza emocional de cada persona, lo cual es sano. Pero otras veces, las personas atraviesan ataques en los que estos síntomas son realmente intensos y duran mucho tiempo; con lo cual hablaríamos de un cuadro depresivo real. Sin embargo y contrario a lo que muchos saben, a veces estos mismos sentimientos pueden estar presentes a una menor escala, y parecer de poca importancia pero duran durante años, no se engañen, esto también es depresión y crónica. En necesario saber que la depresión es algo más que sentirse melancólico, triste o de mal humor de tanto en tanto. La depresión es un estado de ánimo intenso que involucra tristeza, desánimo, desesperanza o desesperación; que dura semanas, meses o incluso más, y que afecta la capacidad de la persona de realizar sus actividades habituales. La depresión afecta los pensamientos, la perspectiva y el comportamiento de la persona, así como su estado de ánimo.

Además del sentimiento de depresión, la persona deprimida también puede sufrir otros síntomas, como cansancio, irritabilidad y cambios en el apetito. Pueden llorar por cosas sin importancia o incluso sin ninguna razón. La depresión puede ser leve o severa. En el peor de los casos, la depresión puede generar sentimientos de desesperación tan profundos que la persona piensa en el suicidio. La depresión puede tener importantes consecuencias sociales y personales, desde la incapacidad laboral ya que se puede presentar agotamiento, la falta de interés hacia sí mismo, o incluso el desgano para la productividad, (lo cual no solo afectará a quien está pasando por la depresión, sino también a quienes lo rodean) hasta el suicidio como la máxima expresión desafortunada. La persona enferma y deprimida se siente apática y sin deseos de atender sus propias necesidades físicas, lo cual prolonga el periodo de recuperación.

A veces desde una perspectiva paradójica, la depresión no implica el cuadro típico de la persona triste que puede querer dormir todo el tiempo (o al menos recaer todo el día en el sofá); que llora fácilmente; que deja de acudir al trabajo o hacer tareas necesarias en su casa; que puede dejar de comer o puede comer constantemente; que considerará que la vida no tiene esperanza, etc. Sino que muchos cuadros depresivos están dominados por sentimientos de rabia, ira, venganza, agresión, irritabilidad y mal humor permanente, personas que no se soportan a sí mismas y mucho menos a los que tienen a su alrededor. Todo depende del aprendizaje desadaptativo que la persona ha decidido en su vida y de la forma como interpreta los eventos cotidianos o extraordinarios de la misma.

En resumen, algunos de los sentimientos y síntomas que las personas manifiestan cuando están deprimidas pueden incluir (entre otros): Tristeza, aletargamiento, pesimismo, desesperación, inutilidad, desvalidez, indiferencia, incapacidad para tomar decisiones, falta de voluntad para hacer cosas, problemas para concentrarse, falta de memoria, pérdida del interés en aquello que sentía satisfacción, conductas inadecuadas en el trabajo, la escuela, problemas con la familia y amistades, aislamiento, falta de energías, desfallecimiento, poco amor por sí mismo, pesimismo, a veces piensa en matarse o hacerse daño, aumento del consumo de fármacos, problemas en una o en muchas de sus relaciones interpersonales, aumentan los problemas económicos. Estado de ánimo deprimido o tristeza la mayor parte del tiempo (para lo que no parecería haber motivos), falta de energía y sensación de cansancio permanente, incapacidad para disfrutar de cosas que antes provocaban placer, desinterés por estar con amigos y familiares, irritabilidad, enojo o ansiedad, incapacidad para concentrarse, pérdida o aumento considerable de peso, cambios considerables en los patrones de sueño (incapacidad para dormirse, permanecer despierto o levantarse por la mañana), sentimientos de culpa o de inutilidad, achaques (aunque físicamente todo esté bien), pesimismo e indiferencia (no darle importancia a nada ni en el presente ni a futuro), pensamientos de muerte o suicidio, desesperanza, desilusión, baja autoestima, culpabilidad. (Revisa tu propia lista).

            Bien, hasta aquí ya debes tener un cuadro claro de este infierno que a veces se apodera de tu corazón y de ti mismo. La pregunta ahora sería ¿Cómo hago para salir de la depresión? Ciertamente al ser la depresión una de las situaciones emocionales más comunes, también tiene múltiples formas de ser tratada y resuelta. Aunque en algunas personas pueda parecer difícil resolverla, la verdad es que no es imposible. Como casi todo en la psicología requiere de dos elementos importantes: Compromiso contigo mismo y Responsabilidad con tu proceso de cambio. Hay que cambiar actitudes negativas ante la vida; valoraciones no adecuadas de ti mismo; arriesgarte a hacer las cosas de otra manera más sana; trabajar en tu autoestima, tu amor por ti mismo y sobre todo el perdón a ti mismo y a los otros. Frente a la depresión, la mejor solución es accionar, decídete a actuar en positivo para ti y para los demás.

            Muchos autores aconsejan: Actívate, haz todo ese tipo de cosas que antes te generaban ilusión. Positiva tus pensamientos, busca con todo tu interés el lado positivo que todas las cosas tienen. Desarrolla tu autoestima, acéptate. Desarrolla tu asertividad y mejora las relaciones personales en tu entorno, con mayor capacidad para defender tus derechos e intereses personales. Vive tus emociones, aprendiendo a reconocer y aceptar tus emociones. Enfrenta las situaciones y actividades desagradables pendientes. Dedica un tiempo al día a relajarte y a disfrutar de la vida y de las cosas maravillosas que tiene para ti. No le des más vueltas a tus pensamientos negativos, cámbialos por positivos. Aprende a solucionar tus problemas, mejorando tu capacidad de discernimiento y toma de decisiones que te lleven a la acción y actúa. ¡Haz ejercicio! Por ejemplo: Viktor Frankl aconseja: “Establece objetivos en tu vida, aunque sean modestos. Haz una lista y empieza a caminar hacia ellos ¡ya!, Dale sentido a tu vida”. Fritz Perls dice: “Toma contacto contigo mismo y con todo tu entorno”. Eric Berne: “Toma acción, decide ser un triunfador”. Y Bucay tiene un cuento excelente que se llama “Búscate un amante” (en Youtube hay un montón de videos de este cuento, búscalo).

            Por otra parte, en la esfera espiritual hay miles de ejemplo de los grandes hombres de Dios que atravesaron cuadros de depresión, sin embargo la ayuda y la solución siempre estuvo a su alcance cuando estuvieron preparados para ello. Por ejemplo David escribió: “Sal 6: 2 – 3 Ten compasión de mí, Señor, porque soy débil; sáname, Señor, porque mis huesos agonizan. Mi corazón está angustiado; ¿cuánto falta, oh Señor, para que me restaures?” Y en Sal 6: 6 - 7 “Estoy agotado de tanto llorar;  toda la noche inundo mi cama con llanto, la empapo con mis lágrimas. El dolor me nubla la vista; tengo los ojos gastados a causa de todos mis enemigos”. Lo importante es que aquí hay que entender claramente dos cosas: La primera: las Pruebas que Dios pone en nuestra vida, conforme a su voluntad, son exclusivamente para nuestro crecimiento y para fortalecer nuestra vida, pues son parte de la disciplina que necesitamos para ser hijos de Dios: Hebreos 12: 6 “Porque el señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.  7 Es para vuestra corrección que sufrís; Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline?”.

La segunda: La gran mayoría de todas las situaciones de depresión que atravesamos son producto directo de las acciones y decisiones que tomamos desde nuestra perspectiva humana egoísta, dominada por todo lo que hemos definido como nuestros conflictos emocionales, es decir, toda la basura mental que hemos acumulado en nuestra vida (de esto he hablado bastante en artículos anteriores). Un buen ejemplo de esto son las expresiones de David en: Sal 32: 3 – 4 “Mientras me negué a confesar mi pecado,  mi cuerpo se consumió, y gemía todo el día. Día y noche tu mano de disciplina pesaba sobre mí; mi fuerza se evaporó como agua al calor del verano”. Y en Sal 51: 3 - 4 “Pues reconozco mis rebeliones; día y noche me persiguen. Contra ti y sólo contra ti he pecado; he hecho lo que es malo ante tus ojos. Quedará demostrado que tienes razón en lo que dices y que tu juicio contra mí es justo”.

Ahondando un poco en la perspectiva Bíblica me encontré unos comentarios de Gary E. Gilley  que dice: “Es importante para reconocer que la depresión no es el problema por o en sí mismo; es una respuesta o una reacción hacia otra cosa.  La Biblia enseña que la depresión no es causada por las circunstancias de nuestras vidas, sino más bien por nuestras reacciones anti-bíblicas hacia esas circunstancias” y También: “la depresión a menudo resulta de un ciclo descendente en el cual comenzamos con un problema, reaccionamos a él en una forma pecaminosa, causando una complicación del problema que se cumple por una respuesta pecaminosa adicional, etc.” Sin ánimos de volver todo pecaminoso, pues yo tengo bien clarito cómo actúa todo el contexto emocional inconsciente de nuestra mente, está como para reflexionar un poco sobre ello.

Finalmente,  si bien somos los primeros responsables tanto de nuestra vida, como de su sanidad y felicidad, no es menos cierto que los otros nos pueden responder y llenar con su amor, amabilidad y apoyo, con la esperanza de que nuestra depresión pase pronto. Pueden ofrecerse para escucharnos, pueden animarnos a que busquemos la ayuda de un profesional de la salud mental. No perdamos de vista que a pesar de no sentirlo en ese momento, muchas de las personas que están a nuestro alrededor nos aman y quieren para nosotros nuestro bien, queda de nosotros aceptarlo y disfrutarlo. Pues no tiene razón fortalecer un YO sino para compartirlo con otros.

No olvidemos que: Si bien podemos estar deprimidos, somos todavía responsables por nuestras acciones y sus consecuencias.

Referencias:
Berne, E. (1974) ¿Qué dice Usted después de decir Hola? España: Ediciones Grijalbo
Frankl, V. (1979) El hombre en busca de sentido. España: Herder Editorial
Gilley, Gary E.  (http://evangelio.wordpress.com/2009/01/08/una-mirada-a-la-depresin-a-travs-de-los-lentes-de-la-escritura/) Recuperado 02 sep 2013.

Perls, F. (1994) El enfoque Gestáltico. Cuatro vientos Editorial