viernes, 24 de agosto de 2012

BASES DE LA PAREJA


BASES DE LA PAREJA
Por: J. Rafael Olivieri
 
Podría hablarse que desde el comienzo mismo de la raza humana, en su necesidad de establecer vínculos con sus semejantes, uno de los más fundamentales ha sido el de establecer relaciones interpersonales signadas por el afecto, particularmente en este caso concreto, el amor de pareja, que, de todas las posibles relaciones que llevan este sello, la relación marital es quizás la más importante, para una gran mayoría de seres humanos. Sin embargo, al parecer, no deja de ser cierto que este tipo de relación entre él y ella, por una multitud de situaciones tanto de índole personal como social, cultural, histórica y de género, termina siendo a la vez paradójica, pues parece ser que, simultáneamente es la que más satisfacciones produce a la pareja, como es a la vez, la que igualmente más conflictos, tanto intra como interindividual, proporciona. Como señala Gray (1992) “crear una relación afectuosa puede presentar a veces cierto número de escollos. Los problemas son inevitables, Pero estos problemas pueden ser o bien fuentes de resentimiento y rechazo o bien oportunidades para profundizar una relación íntima e intensificar el amor, el cuidado y la confianza” (p.21). Más aún, en palabras de Martínez, J.M. (2006) “la relación de pareja es la resultante de un equilibrio de fuerzas antagónicas. Unas que tienden a unir a los miembros de la relación, a las que llamo fuerzas de cohesión, y otras, que impulsan su separación: las fuerzas de disociación” (p.79).
 
De esta forma, ambos elementos: satisfacción y conflicto (cohesión y disociación), están permanente presentes en toda relación de pareja, desde su inicio, ya sea marital o no. Pues en la relación diádica dichos elementos influyen directa y constantemente en el mencionado equilibrio de la pareja, lo que llevaría a un adecuado ajuste marital (acoplarse el uno al otro). Lo importante de este ajuste es que no sólo es de la pareja como tal, sino que impacta en forma individual a cada miembro de la pareja, pues ambos participantes de la díada, dadas sus características personales, en su totalidad, tendrán sus propias expectativas y pautas de referencia, con relación a su sensación y percepción del ajuste o no con su pareja.   Por ello, el manejo tanto de la satisfacción como del conflicto, debe formar parte importante del proceso de ajuste marital en la pareja, pues es deseable que en la misma exista la promesa de compartir el mundo bajo una premisa de crecimiento, unidad y cambio continuos, y de allí, ha de surgir la necesidad de un proceso de ajuste marital, igualmente continuo durante todas las etapas de la pareja.
 
            En este sentido, muchos son los elementos que se encuentran involucrados en el proceso del ajuste marital, los cuales, como se indicó, abarcan por igual tanto a cada miembro de la díada, como a la relación marital como unidad (1 + 1 = 1). Tales elementos, en lo que respecta a los aspectos individuales de cada uno por separado, incluyen igualmente para ambos, entre otras, las características propias de crianza, socialización, educación, sistema de creencias, capacidades cognitivas, emocionales y psicológicas de cada uno, es decir, cada miembro de la relación, tiene su propia historia personal, y que a su vez, han servido para constituirla como la persona que actualmente es. En este sentido, cada uno de ellos es una persona completa, integrada, que aportará a la relación de su propia experiencia de vida y lo compartirá con el otro (sea para bien o para mal).
 
            De igual manera, así como son importantes los aspectos individuales de cada miembro, igualmente lo es la unidad que forman como pareja, y que al margen, de estar o no, legalmente constituidos en un matrimonio, deberán transitar juntos por un tiempo indefinido (preferiblemente permanente), de la forma más armónica posible, para que así puedan constituirse en la pareja o en el matrimonio que, en principio, ambos anhelan. De forma tal que, para lograr un adecuado proceso de ajuste marital en la pareja, será necesario considerar también un aspecto importante, el cual puede englobarse como ‘información adecuada’ tanto de, como sobre y para la pareja. Comunicación que indudablemente debe estar marcada por la honestidad mutua, donde incluso se permite “obviar cierta información” si con ello se evita un daño a la pareja. No hablo de mentir para tapar un error que me pertenece, sino de proteger a mi pareja de información que no necesita y, que de tenerla, solamente causaría más daño que lo pudiese solucionar. Es una delgada línea que muchas veces puede ser mal interpretada y, causar más problemas de los que se quieren evitar, pero igualmente es parte de este proceso de ajuste. Por eso, tratándose de un proceso adaptativo, es requisito, altamente recomendable, la inclusión de los diversos aspectos de relevancia relacionados con la comunicación, elemento sin comparación en el arte de negociar de la pareja, no sólo como medio diario de compartir, sino, por demás crítico en la búsqueda de soluciones frente a los conflictos, que inevitablemente, surgen en toda relación, y mucho más en la relación marital.
 
En la estructuración de una base para la pareja es necesario considerar los tópicos relacionados con las individualidades, semejanzas y diferencias entre Él y Ella, como dos visiones del mundo que necesitan acoplarse a través de la comprensión mutua del uno para con el otro. Los aspectos propios de la pareja, un vínculo anhelado por una gran mayoría de seres humanos, que como señala Fromm (1982) sienten que “La necesidad más profunda del hombre es, entonces, la necesidad de superar su separatidad, de abandonar la prisión de su soledad” (p.20).
 
Indudablemente, debe incluirse los diferentes aspectos del sentimiento, considerado por muchos autores la base de la relación de pareja, es decir, el amor. Tema por demás amplio al igual que polémico, dada la gran variedad de opiniones que sobre el mismo existe, no sólo en el ámbito académico, sino más profusamente en todas las demás esferas artísticas, literarias, medios masivos de comunicación y, por supuesto, en la propia percepción individual de cada ser humano. Al igual que para otro aspecto fundamental de la relación de pareja, el cual crea, dependiendo de las circunstancias de cada diada, tanto ajustes como desajustes, dada su importancia crucial, y muchas veces, razón principal de la consolidación o separación de la unión de la pareja, se habla de la sexualidad y las implicaciones que este tema trae consigo.  
 
Otros tres aspectos que se han considerado importantes para ser incluidos dentro de este unirse y acoplarse de la pareja, son en primer lugar, las diferentes emociones y actitudes que surgen desde el mismo momento de iniciar la relación de pareja, y que se mantienen y perpetúan a lo largo de la misma. Estas pueden transformarse en enemigas o en facilitadoras del proceso de ajuste marital, bien sea entorpeciendo, o incluso, rompiendo la relación, o bien, consolidando y uniendo a la pareja más fuertemente.
 
Igualmente es importante considerar, dada su importancia, las implicaciones y consecuencias, que traen, no sólo a cada individuo por separado, a la pareja como relación, a la familia como producto y finalmente a la sociedad, el hecho de incluir los aspectos relacionados con la infidelidad y el divorcio o ruptura de la relación, por lo demás, desenlaces indeseados y opuestos totalmente a lo que se espera y se busca con el proceso de ajuste marital. El último de estos tres aspectos en consideración, y cabría aquí, recordar la cita Bíblica “los últimos serán los primeros”, es el perdón, que si bien no es el único, pero en mi criterio, es la clave de todo el proceso de ajuste marital y, de una relación de pareja que pretende mantenerse unida a través del tiempo. Tanta es su importancia, que considero que sin el perdón es imposible mantener una relación de las dimensiones a que me refiero, es decir, un proceso de toda la vida.
             
            De igual manera, dadas las implicaciones y alcance de un proceso tan vital como lo es la pareja, es adecuado considerar un espacio para establecer la relación y proximidad del tema del ajuste marital con el asesoramiento psicológico (terapia), como solución a muchos de los problemas que entre ellos se presentan. Por demás, sea dicho como adelanto, es en los tiempos actuales una opción valiosa y prioritaria para muchas parejas, que a pesar de su amor, recursos, capacidades y otros diversos aspectos positivos, en determinadas ocasiones no encuentran una vía de solución a sus posibles conflictos, por lo que buscar apoyo, se convierte en una situación totalmente válida dentro del área del asesoramiento psicológico.
 
Por otra parte, entre las premisas y conceptos que se desean establecer en estos artículos sobre las relaciones de pareja y, que oportunamente se irán desarrollando, en su espacio y momento adecuado, se encuentra el concepto de pareja. Al parecer en la actualidad, dada la reivindicación de los derechos de las minorías, el concepto de pareja ha sido ampliado para así poder incluir modelos no tradicionales de esta relación. Sin embargo, y en base a los autores consultados, tanto en los textos como en las investigaciones referenciadas (entre otros: Dávila (2003); Gordillo (2000); Martínez, J.M. (2006); Moral De La Rubia (2008a y b); Pease y Pease (1999)), para el presente trabajo se considera  el concepto de pareja como: la unión de dos personas: Él y Ella, en un tiempo y un espacio determinado, independientemente de si se trata de una relación con intenciones matrimoniales o no, que eventualmente compartirán metas comunes, en principio, por un tiempo indefinido.
 
Finalmente, en base a lo dicho hasta aquí, he dado un esbozo general del tema que quiero tratar y de los componentes en él incluidos. Clarificando y centrando el tema de conversación en el área del ajuste marital, cuya puesta en práctica y aplicación, considero fundamental para poder lograr el objetivo de la relación de pareja: estar juntos hasta que la muerte nos separe. Donde, dichos artículos, pretenden abarcar sólo una pequeña porción del amplio mundo de las relaciones de pareja. En este caso concreto: las diferencias entre Él y Ella, la relación de pareja, la comunicación, el amor, actitudes y emociones positivas y negativas, la sexualidad, el perdón, entre otros. En los próximos artículos desarrollaré estos aspectos por separado y más profundamente con la intención de sembrar mi granito de arena en mi propósito de apoyar a la pareja en su crecimiento y ajuste, con los cuales puedan lograr las metas que se trazaron al momento de unirse para compartir sus vidas como uno solo.   
 
Referencias

Fromm, E. (1982). El arte de amar. España: Ediciones Paidos.

Gray,  J.  (1992).  Los  hombres  son  de  Marte,  las  mujeres  son  de  Venus.  NY,  
USA: HarperCollins Publishers Inc.
 
Martínez, J.M. (2006). Amores que duran… y duran... y duran. México: Editorial Pax.

miércoles, 8 de agosto de 2012

JUSTIFICADO LA PAREJA


JUSTIFICADO LA PAREJA
Por J. Rafael Olivieri

            Contrario a lo que muchos creen, basados en sus experiencias y conflictos emocionales, establecer una relación de pareja es algo muy sencillo.
Lo importante no es establecer esta relación, sino, responder a dos (2) preguntas claves:
 ¿Para qué quieres una relación de pareja? y ¿Por cuánto tiempo la quieres?
Lamentablemente, la respuesta “verdadera” a estas 2 interrogantes y a muchas otras, solamente se pueden encontrar en las zonas más profundas de la mente inconsciente de cada persona. Donde están definidos la identidad del YO, mi autovaloración y todo mi “Sistema de Creencias”, sobre el cual se sustenta toda mi vida emocional y TODO lo que voy a realizar en mi vida.
            A pesar de que en la matemática de Dios 1 + 1 = 1, la realidad es que se trata de dos (2) personas: El y Ella, cuyas individualidades arrastran las consecuencias emocionales de sus modelos parentales en sus respectivas relaciones de pareja, con los cuales, cada una de estas dos personas aprendieron y definieron a su vez, sus propios modelos de vida y de pareja.
            Voy a realizar a partir de este artículo un desarrollo de mis ideas sobre las parejas y su relación, intentando abarcar en ellos la mayoría de los aspectos que definen dicha relación y, digo “la mayoría” porque sería utópico e ilusorio intentar abarcar “la totalidad” de los elementos que involucra la misma, la cual es a su vez, la relación que más satisfacciones da en la vida, pero también, la que más conflictos emocionales mueve en cada uno de sus integrantes.
            Por ello voy a comenzar con los elementos justificativos de la misma y posteriormente iré construyendo el resto de las ideas al respecto. Algunos textos posiblemente sean extensos y, quizás tengan un contexto “más formal”, pues no me interesa dejar mis ideas en el aire, sino darles el peso teórico que, requiere un tema tan vital como es la pareja. Pero, si te interesa el tema, te pido paciencia y comprensión, pues a falta de otro espacio de expresión de estas inquietudes, por ahora, gracias a Dios, existe este medio de comunicación.
  
Al parecer el ser humano vive de modas, no sólo en lo personal, sino también en sus roles sociales y profesionales. Lo cual pudiese extrapolarse por igual, al caso de las investigaciones y estudios, cuyo tópico principal es equivalente al tema central del presente trabajo, es decir, las relaciones de pareja. Lo digo porque pretendo incluir en paralelo, pesando en la segunda pregunta realizada anteriormente (¿por cuánto tiempo?), un término (psicológico) del cual ya casi no se habla, por no decir que ha quedado obsoleto y relegado en las relaciones actuales de pareja, me refiero al concepto del AJUSTE MARITAL, que aquí lo voy a parafrasear como “Ajuste de Pareja”. En este sentido, puede señalarse que el tema del ajuste marital, entendiendo someramente, este constructo, como el proceso de acoplamiento de los cónyuges durante su vida marital (Díez y Rodríguez (1989); Moral De la Rubia (2008a)), no ha pasado de moda, a pesar de que en el proceso de evolución social que se ha vivido desde la década de 1960, la institución del matrimonio ha sido, al igual que muchas de las instituciones tradicionales, ampliamente cuestionada en todos sus facetas. Incluyéndose, particularmente, en los aspectos de su vigencia y su validez. No obstante, este cuestionamiento acerca del matrimonio, no deja de ser cierto igualmente, que entre las diversas interrelaciones sociales que establecen los seres humanos, quizás la más importante, de su vida adulta, sea precisamente, la de la relación de pareja. Ella representa en muchos casos, uno de los más anhelados vínculos interpersonales, no sólo desde el punto de vista emocional y cultural, sino también psicológico y biológico.

            Una primera razón de la justificación por el interés del tema de las relaciones de pareja y su ajuste, es igual al de muchas otras investigaciones de diversos autores, que plantearon para llevar a cabo su respectivo trabajo investigativo, como razón principal, “el anormal incremento en la tasa de divorcios y la pérdida de indicadores de la estabilidad marital” (Díez y Rodríguez, 1989, p. 395).  Lo cual, según afirman estos autores, están claramente reflejados en la gran cantidad de situaciones de rupturas de parejas, independientemente del estar en el vínculo matrimonial o no. Lo que ha implicado diferentes consecuencias, no sólo a nivel individual de los miembros de las parejas, sino familiar y social.

            Este aspecto del incremento de las tasas de divorcio, puede apreciarse en base a los registros estadísticos nacionales de algunos países de Europa, América Latina y de Venezuela, como dicha tasa ha ido incrementándose ampliamente a medida que han transcurridos los años. Ello puede ser considerado, como una falla del proceso de ajuste marital en dichas parejas. Cabe también destacar que las estadísticas encontradas, sólo se refieren a las rupturas de parejas legalmente constituidas, es decir, propiamente dicho los divorcios, más no consideran un número importante de rupturas de aquellas parejas ‘socialmente’ constituidas, que igualmente hacen vida marital y cohabitan juntos en el mismo hogar, e incluso, en muchos casos, también tienen hijos.  

Otro factor a considerar como justificación de la necesidad de trabajar sobre el área del ajuste de las parejas, quizás de igual importancia social a la del divorcio, pero de posibles consecuencias más profundas, debido a la gravedad de los daños tanto físicos como psicológicos, es la relacionada con el área de la violencia familiar o doméstica. La misma incluye todas las expresiones de violencia a todos los miembros del grupo familiar, que por supuesto incluye tanto a la mujer, a los hijos, y en menor grado al hombre. Cabe la pregunta ¿qué se entiende por violencia familiar? Pues la misma está usualmente asociada a la producida por la agresión física a uno o varios miembros del núcleo familiar. Sin embargo, la realidad es que este tipo de violencia tiene diferentes manifestaciones, las cuales pueden resumirse como: Violencia doméstica, La violencia psicológica y física con el cónyuge, el maltrato infantil y el abuso de los niños. (Campo-Redondo, 2002).
Afirma Campo-Redondo (2002) en su investigación de Orientación de la Violencia Familiar:  

El fenómeno de la violencia familiar y doméstica ha generado controversia en diversos contextos de la vida social venezolana, especialmente en el ámbito jurídico, político, educativo, y sanitario. Duffy y Momirov (1997) lo definen como aquel acto cometido dentro de la familia por uno de sus miembros, que perjudica gravemente la vida, el cuerpo, la dignidad, la integridad psicológica o la libertad de otro miembro de la familia, en las parejas o entre otras personas que en algún momento de su vida han vivido conjuntamente; este acto ocurre casi siempre en la casa y en la intimidad de la familia, generándose un fenómeno oculto y muchas veces no visible al resto de la sociedad. Esto limita la documentación, seguimiento y control de la violencia doméstica hacia la mujer o a los niños. (p.2).

Esta problemática se ve reflejada en los cada vez más abundantes estudios investigativos y el abordaje a todo nivel público y privado, sobre la violencia familiar, lo cual se debe a los altos índices de manifestación de este fenómeno social, que ha adquirido una alta relevancia y que “Aunque las cifras no representan la realidad en su verdadera dimensión, conducen a pensar en la violencia familiar como un problema de salud pública a escala nacional” (Campo-Redondo, 2002, p. 3). Igualmente como respuesta a este problema, en los últimos años se ha venido dando una serie de programas y leyes en defensa de los derechos del niño y la mujer, como alternativas para frenar y erradicar la situación de violencia familiar. Muchos se han dedicado a la búsqueda de las causas que son la semilla de un ambiente familiar hostil y que, consecuentemente, producen una educación errónea en el núcleo familiar. Los cuales han dado como recomendaciones que es urgente que nuestra sociedad adquiera nuevos y mejores hábitos de crianza y convivencia. Incluyendo la prioridad de una reeducación en cuanto al trato familiar, el que lamentablemente para muchos está caracterizado por la violencia, el rechazo y la indiferencia. (García R. y Jiménez, 2005).

En cuanto al aspecto de las causas de este fenómeno, Moreno (1998), las atribuye en parte la violencia familiar venezolana a las condiciones socio-históricas de la familia, la cual mayormente está constituida por la madre y sus hijos, con ausencia real del padre y, a la inexistencia de la pareja como unidad antropológica-estructural que le de solidez a la sociedad para mitigar la violencia. Para Moreno, la familia popular venezolana tiene una estructura matricentrada, en la cual la mujer se percibe como "mujer-madre-de-sus-hijos-trabajo-en-soledad" en donde la figura y la presencia del hombre como padre no existe (p. 229).

De esta forma, afirma Moreno (1998) que existe un gran vacío en la estructura de la familia venezolana, que se relaciona con la presencia de un padre abandonante, cuya única función es la de procrear hijos, sin asumir la paternidad como compromiso de vida. Según este autor, esto produce en la familia descomposición general de valores y afecto. Moreno ha encontrado que al no haber la existencia del padre, la pareja, como unidad que consolida a la familia, tampoco existe, dando pie a situaciones de extrema vulnerabilidad al grupo familiar y que inevitablemente conllevan a una violencia doméstica incontrolable (p. 195).

Tomando en consideración lo hasta aquí comentado respecto al tema de la violencia familiar y el divorcio, con relación al ajuste de la pareja, pues parto de la base hipotética: si existe un buen ajuste marital las manifestaciones de violencia familiar / divorcio no estarán presentes. Con lo cual se busca resaltar la prioridad y la importancia de un adecuado proceso de ajuste marital en la pareja, pues sus alcances implican todas las áreas de la díada, que por supuesto, incluyen la formación de la familia, es decir, de los hijos.

Por otra parte, como consideración adicional a lo anterior y, tomando en cuenta que entre los diversos aspectos que una pareja necesita para llevar a cabo un adecuado proceso de ajuste marital, entre otros muchos aspectos están: el hecho de que cada miembro de la pareja debe ajustarse maritalmente, y particularmente, cada uno debe resolver un número importante de necesidades, tanto individuales como de la pareja como unidad. Balancear las necesidades de ambos de tal forma de satisfacer por igual a cada uno. Consolidar un clima de armonía que debe alcanzar la díada, bajo una atmosfera de respeto del uno por el otro. Clima que debe estar compuesto de reafirmaciones, ratificaciones, de modificaciones, de decisiones que llevan a conservar el deseo de permanecer juntos. Donde la pareja debe compartir metas en un tiempo y en un espacio, y especialmente, tener un mismo conjunto de objetivos.

Así mismo, la inquietud por abordar este tema, surge de una confrontación con la frase (por lo pronto Anónima) “La Familia es la base de la sociedad”. Que en mi criterio personal y, de otros autores como Moreno (1998), Martínez, J.M. (2006), Lidz (1985, c.p. Gordillo, 2000), la pareja es realmente quien cubre este rol de ser la “base”, pues es de la pareja, de donde se constituye y se sustenta la familia y como consecuencia la sociedad. A este respecto Gordillo (2000) dice: “Si la pareja es el origen de la familia definida por Lidz (1985) como la unidad social primaria y agente básico de la socialización y aculturación de sus miembros, es ella la fundadora del espacio para el desarrollo del potencial de las nuevas generaciones. La pareja será la encargada de transmitir su amor, su intimidad y su compromiso a los miembros” (p. 3). Y Bravo C. (s.f.) afirma: “Es la pareja la célula vital de toda sociedad”.

Queda claro que el desarrollo de la idea anterior de por sí, es un tema, que como indica el refrán popular “pica y se extiende”, pues tiene relación no sólo con la elaboración de los constructos ‘Pareja’, ‘Familia’, ‘Sociedad’, entre otros, sino con toda la dinámica social y cultural que como población humana, se ha estado viviendo, en un ámbito mundial, desde el comienzo mismo de la sociedad, hasta el día de hoy. Por ejemplo, en las consideraciones que incluyen Palacios y Rodrigo (1998, p. 35) como consecuencias de una buena estabilidad matrimonial, y por consiguiente, de la familia, señalan: un escenario donde se construyen personas adultas… de preparación donde se aprenden a afrontar retos, así como a asumir responsabilidades y compromisos… de encuentro intergeneracional… y, es una red de apoyo social para las diversas transiciones vitales que ha de realizar el adulto.

De igual forma, existen autores que no comparten este criterio, o lo hacen en forma parcial. Por ejemplo, en el caso de Ackerman (1982) el señala que “No es cierto que la familia es la base de la sociedad, sino más bien es la sociedad la que moldea la forma y funcionamiento de la familia para su mayor efectividad social” (p. 155). Para Lidz y cols. (1974) “La familia es el primer maestro de la interacción social y la reactividad emocional; enseña a través de su medio y de la comunicación no verbal, más que a través de la educación formal” (p. 86). En el caso de Rios (1980) “La familia cultiva y promueve, de manera más o menos clara, un conjunto de valores que, quiérase o no, entra en colisión con el defendido por otros sub-grupos que conviven en el mismo contexto sociocultural” (p. 66).

            En tal sentido, podría afirmarse que el ajuste de pareja tiene implicaciones que van más allá de la pareja misma, es decir, su adecuado acoplamiento o no, incidirá directamente sobre los miembros de la pareja, los hijos (la descendencia en general), y la sociedad misma. Muchos autores han alertado sobre las implicaciones de esta situación de ajuste /desajuste, tales son los casos de: Abreu (2000) “La realidad es que ambos padres son importantes, cada uno a su manera y sin ambos no se puede lograr la evolución completa y armónica del niño.” (p.57). Marcellus (2000) “Si el derecho del ser humano a la vida se pierde, selectivamente primero y progresivamente después, la sociedad humana misma comienza a destruirse.” (p. 672). Bello y cols. (2002) cuando alude a las implicaciones sobre la sociedad dice: “… son y seguirán siendo complejas como compleja es toda reflexión que anude con la moral y que desafíe, abiertamente, a la racionalidad de la persona humana.” (p.xxiii). La posición de Varma (2005) que realiza un amplio esbozo de la problemática real de la violencia dirigida hacia los niños en base a “nueve conceptos” (p.22), que son: Cuestiones de desarrollo, Factores sociales, Pérdida, Cambio, Trauma, Violencia, “Chivoexpiatorismo”, Ocultamiento y Cultura. Perinat y cols. (2003) que hablan del mundo de incertidumbre y miedo que viven muchos adolescentes de familias desintegradas.

            Por otra parte, cabe mencionar que en prácticamente la totalidad de las investigaciones revisadas sobre el ajuste marital, así como los textos que se relacionan con el tema, todos han trabajado con, o se refieren a muestras compuestas por parejas casadas, es decir, en el vínculo del matrimonio. Esto llamó mi atención, pues, tomando en consideración la evolución social, los cuestionamientos al matrimonio, la tendencia social globalizada de sólo vivir en pareja, las tasas de divorcio estadísticamente en aumento, y otros factores más, mencionados y por mencionar, es necesario, considerar si el tema del ajuste marital, tiene todavía validez o no, y si es factible su aplicabilidad como tema de discusión en este espacio.
           
Con la finalidad de hacer una validación más sólida, de mis inquietudes del tema, realicé una exploración inicial de una posible población, considerando dos muestras, una de estudiantes universitarios de la U.C.V. (constituida por 120 personas), y otra de personas no U.C.V. (60 en total). Los resultados de la misma, permiten por una parte confirmar, en la muestra indicada, que el ajuste marital sigue siendo una opción completamente válida de ser abordada, pues de la muestra total de 180 personas el 88,3% aún prefiere la opción del matrimonio, mientras que el 11,6% manifestó preferir el vivir en pareja, sin el vínculo legal del matrimonio. Esto sirve para establecer una premisa adicional, en función de la minoría, que el ajuste marital no sólo debe ser considerado para las parejas legalmente casadas, sino que por igual, es conveniente extrapolarlo a cualquier relación de pareja, es decir a la unión de un El y una Ella.

            Finalmente, mi preocupación principal radica en el hecho de que cada vez más y más personas, presas de sus conflictos emocionales, INCONSCIENTES de todas sus prohibiciones de pareja y de familia, se están enfrentando a la esclavitud de dos monstros terroríficos de nuestra sociedad actual: el divorcio y la soledad. Con lo que inevitablemente se está destruyendo a la pareja y, por ende, a la familia y a la sociedad. Yo lo repito con frecuencia cuando hablo sobre el modelo conductual de las relaciones de pareja (como una interpretación del versículo Éxodo 20:5 “No te inclinarás ante ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”), es decir: (1ra generación): los abuelos vivieron juntos hasta su muerte; (2da generación): los padres se divorciaron; (3ra generación): Los hijos ya no se quieren casar, se ponen a vivir juntos, cuando se fastidian: cambian de pareja –una y otra vez-; (4ta generación) los nietos “son hijos de la calle”. ¿En cual generación estás tú?

            Hay cambios que hacer empezando por mí mismo, PERO, con el modelo emocional que hemos aprendido, llenos de orgullo y soberbia, donde el otro siempre es el culpable y yo no necesito ayuda, ¿quién podrá salvarse de la autodestrucción que estamos sembrando?

Aprende: ES TU RESPONSABILIDAD, NO LA DE NADIE MÁS


Referencias: (cito algunas, si las necesitas específicas me avisas)

Ackerman, N. (1982). The strength of family Therapy. New York: Editorial Brunner/Mazel  Inc.

Campo-Redondo,  M.  (2002).  Orientación  de  la  Violencia  Familiar  y  Aprendizaje  del Componente Intersubjetivo a través de una Didáctica Constructivista. Fermentum Rev. Vzlana. de Soc. y Ant. v.34 Mérida mayo 2002. Recuperado 02.04.2010 de:
http://www2.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0798-30692002000200010&lng=es&nrm=iso
Díez  Bolaños,  y  Rodríguez,  A.   (1989).  Efectos  de  la  inequidad  sobre  el  ajuste  y la satisfacción marital en la mujer. Recuperado 03-09-2009 de:
           http://scholar.google.co.ve/scholar?q=ajuste+marital&hl=es&btnG=Buscar&lr=lang_es

Gordillo  Ardines,  B.   A.  (2000).   Relación   entre   experiencias   tempranas  parentales,satisfacción marital e inteligencia emocional. Tesis Maestría. Orientación Familiar. Coordinación de Maestrías en Psicología, Departamento de Educación y Psicología, Universidad  Iberoamericana -  Golfo  Centro.  Junio.  Recuperado  21-09-2009 de:
http://catarina.udlap.mx/u_dl_a/tales/documentos/mof/gordillo_a_ba/portada.html

Moreno, A. (1998). Historia de Vida de Felicia Valera. Fondo Editorial CONICIT. Caracas,Venezuela