domingo, 15 de abril de 2012

AMOR – ODIO: RELACIÓN HIJOS - PADRES

AMOR – ODIO: RELACIÓN HIJOS - PADRES
Por: J. Rafael Olivieri
 
Berne dijo: todos nacemos príncipes y princesas pero debido a los avatares de la vida, algunas personas nos convertimos en sapos y ranas
 
Salvo unas pocas excepciones, que escapan a mi práctica psicológica y, caen en el terreno del tratamiento psiquiátrico profundo, nadie puede dudar que si tú le preguntas a cualquier padre / madre (muchos de ustedes ya lo son) ¿Qué quieres para tus hijos? (y todos los que leen esto son hijo/a de sus padres), la respuesta, prácticamente ineludible será: “Yo quiero lo mejor para ellos y que les vaya bien en la vida”. Más interesante aun es la respuesta cuando les preguntas: ¿Por qué quieres eso para ellos?: ¡NINGUNO! deja de decir: ¡PORQUE LOS AMO MUCHO!
 
            Entonces, desde esta perspectiva estadística y muy verdadera de la realidad humana que, involucra a todos los que tienen la dicha de ser padres: todos los padres aman a sus hijos. Pregunto yo: ¿Por qué hay tantos hijos que se sienten y viven como no queridos por sus padres? y, particularmente la razón del titulo de este artículo: ¿Por qué hay tantos hijos que se sienten y viven en la dicotomía angustiante de sentir amor y odio a la vez en las relaciones con sus padres? Como dice el papá de una paciente que quiero mucho: “estas cosas pasan”. Explicarlo no es fácil, como todo lo que involucra el proceso emocional humano y, especialmente, en muchas ocasiones, lo difícil es lograr que ustedes hijos, reconozcan que viven esta relación de amor –odio hacia sus padres. Ya veremos por qué más adelante.
 
            Para más o menos poner en contexto esta mezcla de amor – odio, respóndeme honestamente: ¿Cuándo fue la última vez que…: (1) le dijiste a tu papá / mamá “te quiero” con disfrute, agrado y sintiendo amor verdadero? (2) ¿…conversarte con ellos con agrado sin críticas ni reclamos (de ambas partes)? (3) ¿…te provocó llamarlos para saludarlos y no lo sentiste como una obligación o para pedirles algo? (4) ¿…todos salieron a pasear y nadie se molestó ni puso mala cara? (5) ¿…te llamaron y los atendiste con calma, con todo el tiempo que necesitan para conversar contigo y al terminar te sientes contento/a de haber hablado con ellos? (6) ¿…fuiste a o vinieron a visitarte y compartieron en armonía todos? (7) ¿…te pidieron algo y lo hiciste con cariño y alegría, no con rabia, de mala gana o con culpa?... puedo seguir y seguir… pero creo que ya tienes la idea y… para no dejar… ¿Cuándo fue la última vez que los abrazaste profundamente y te sentiste feliz de hacerlo?... ¿Cuándo fue la última vez que les diste las gracias por ser tus padres y por todo lo que hicieron, te dieron y te hicieron sentir? Si todavía estás leyendo esto puedes hacer una revisión “honesta y objetiva” de ti mismo/a y buscar tus propias preguntas y respuestas, para que así puedas ver y entender que está pasando en tu relación con tus padres, desde el punto de vista de estas dos emociones amor – odio, ¿interesante no?
 
            No dejo de estar consciente que, muchos de ustedes están pensando que la palabra “odio” es muy fuerte o, que no se aplica a ti, pero ¡abre los ojos! retrocede unos cuantos años a tu niñez, por ejemplo antes de los 6 años, recuerda y vuelve a vivir una situación donde tus padres te hicieron sentir mucha rabia, frustración o alguna emoción parecida (si quieres decirme que no lo recuerdas o que nunca te pasó, está bien, lo que te estoy pidiendo no es fácil, hay que pasar por encima de muchas cosas desagradables, y recuerdos que ya enterraste en lo inconsciente, pero ¡sorpresa! están vivos todavía dentro de ti). Dime ¿en esas circunstancia no sentiste odio y muchos deseos de vengarte? ¿No pensaste o dijiste alguna vez: cuando YO sea grande tú verás…? Esas son emociones autenticas y naturales de un niño frente a la situación de impotencia que siente hacia sus padres, cuando se siente maltratado por ellos y, por supuesto, no tiene la capacidad para defenderse de ello ¿te pasó alguna vez? Después vienen los sentimientos de culpa, pero, esa es otra historia de la que ya previamente escribí en otro artículo.
 
Desde la perspectiva que explico en mis talleres, en el Análisis Transaccional, Berne nos habla de que existe la estructura del Yo del “Niño Adaptado”, el cual se subdivide en dos expresiones emocionales: “El Rebelde” cuya emoción de vida es la rabia, y “El Sumiso” cuya vida se centra en la tristeza. Estos modelos emocionales son decisiones de cada persona en base al modo en que sus padres les criaron. A veces son consecuencia directa de esa crianza, otras de una postura rebelde para ir en contra de unos padres “atormentantes”, por ejemplo Pervin (1986) señala: “Los padres pueden ser afectuosos y amorosos, u hostiles y rechazantes; hiperprotectores y posesivos o respetuosos de la libertad y autonomía del niño” (p. 26), Igualmente Becker (1964, cp. Pervin 1986, p. 26) dice: “TODA PAUTA DE CONDUCTA PARENTAL TIENE IMPORTANCIA PARA EL DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD DEL NIÑO”. Es decir, quien soy, como soy, siento, pienso, actúo es un producto directo de cómo mis padres me trataron, me educaron, me amaron y de cómo yo viví todo ese proceso emocionalmente.
 
Por esta razón, puede ser que para aquellos hijos cuyo modelo es la rabia, es decir: culpan a los otros de los que les pasa, es más fácil entender porque viven su relación con sus padres desde el amor – odio. Mientras que los hijos que aceptaron el modelo de tristeza (se culpan a sí mismos y, los demás están bien pero ellos no), les cuesta más aceptar que en algún lugar de su emocionalidad su relación con sus padres se basa en este modelo del amor – odio. Así los primeros, en su rabia, tienen la energía para actuar en forma agresiva e imponer su carácter, seguro copia del carácter de uno o de los dos padres, tienen energía para sobrevivir en su vida, muy probable una vida de sobre-exigencias, cargas y poco disfrute, de tal forma que pueden aceptar mejor la realidad de este tipo de relación con sus padres. Los segundos, en la tristeza, no tienen energía suficiente, porque su dependencia les imposibilita defenderse a sí mismos, reclamar su derecho a vivir su propia vida y, les permite encontrar más justificaciones para seguir metidos en su modelo de comodidad, sobreviviendo al margen de la vida. En ambos casos, sus relaciones de amor – odio, los llevan a no disfrutar, a generar conflictos constantes, a sentir que la vida es una carga, donde ellos se llevaron la peor parte, por lo que su vida se siente vacía.
 
Para entender esto, no voy a entrar en la profundidad de los conceptos de la psicología evolutiva, o de cómo se estructura el proceso de apego y, de cómo el niño/a llega a amar a sus padres, a medida que va aprendiendo a relacionarse con ellos y, comprende que sus padres son la “fuente de todo” en sus vidas. En este proceso social y familiar de estar unidos a sus padres, los niños crecen en el amor hacia ellos, pues reciben todo lo que necesitan de ellos, al punto que para la gran mayoría de los niños, sus padres son vistos y sentidos como si fuesen “dioses”. Así se estructura y se consolidad la relación de AMOR hacia los padres. Que es, entiéndase esto: el VÍNCULO PRIMARIO, la base de todo el aparato psíquico y emocional del niño. El problema radica en que los padres en vez de dioses son ¡seres humanos reales!, con virtudes pero también con defectos y, muchas veces, más defectos que virtudes. Por lo que los hijos empiezan a vivir una serie de frustraciones que, en la mayoría de los casos, sobrepasan con creces las frustraciones que, psicológicamente reconocemos como necesarias, para formar un carácter y una personalidad adecuada en el niño. Con umbrales de frustración que invitan a sentir emociones ‘negativas’ (en teoría en psicología no debe hablarse de emociones negativas).
 
A medida que empieza a pasar el tiempo y empiezan a aumentar y sucederse cada vez más frustraciones de este tipo ‘no adecuado’, el niño se llena inicialmente de tristeza, al sentir la pérdida que, su objeto de amor (sus padres) le produce, al no satisfacer sus necesidades. Como el niño (llega un momento en que) no puede hacer nada para evitar esto, debido a su propia situación real de dependencia, acepta su proceso de tristeza, en el cual muchos se quedan fijados (“Sumiso”). Pero hay otros muchos, bien sea por decisión propia o, alentados por su padre/madre o ambos, escalan a la emoción de rabia y se llenan de la energía de esta emoción, definiendo así este modelo de vida (“Rebelde”). El asunto es que en ambos casos, las frustraciones constantes, más sutilmente en la tristeza, más directo en la rabia, van llenando al niño de esta emoción que finalmente se incubará como odio hacia sus padres, debido a todo el daño y el dolor que estos le causaron durante tanto tiempo. Y no te cuento cuando surgen las agresiones entre los cónyuges, o entre la familia de uno en contra del otro, procesos de divorcio o de abandono, no hay forma de medir la carga emocional de esto sobre los niños y su impacto en sus sentimientos de amor - odio. En realidad es un proceso que madura en el tiempo, lleno de sentimientos de injusticia, abandono, desprotección, no sentirse querido, abusados, no respetados, no comprendidos, no valorados, entre muchos otros, que se transforma en resentimiento y finalmente termina convirtiéndose en ODIO hacia los padres.
 
            ¿Quieren los padres esto para sus hijos? La respuesta absoluta desde el consciente es que ¡NO!, pero la realidad psicológica y emocional es muy diferente. Nuestro mundo inconsciente esta lleno de toda la “basura emocional” que hemos acumulado durante toda la vida y, los padres no son la excepción. La gran mayoría de los autores en psicología señalan que todos nos movemos en una dimensión psíquica de tres niveles: pensamiento, emoción y acción (conducta). Los padres quieren ‘lo mejor por amor para sus hijos’ (lo que piensan), pero las emociones, llenas de rabia, presión, cargas y cantidad de cosa “negativas” (la emoción), terminan haciendo que los padres actúen (conducta) hacia sus hijos de formas no adecuadas: pegan, gritan, maltratan, castigan, abusan, abandonan (termina tú tu lista)… ¿Son los padres RESPONSABLES de esto? ¡100% QUE SI!, nada tienen que ver los hijos con los conflictos y las decisiones que los padres toman en relación con sus pensamientos, emociones y acciones, los hijos son los que se llevan las consecuencias de esto. Entonces, ¿Qué ven los hijos? Pues, ni modo, lo que se manifiesta en la conducta de los padres y, por supuesto más que nada en como se sienten ellos frente al trato de sus padres, que como es lógico y real, una veces estará lleno de amor otras de odio.
 
            Tal vez no deba dejar la cuestión de la culpa tan de lado, porque el problema de reconocer estas emociones de amor – odio hacia tus padres dentro de ti, involucra también muchas veces tus sentimientos de culpa. Como te digo, la cuestión emocional es compleja y tiene múltiples factores que la definen. La realidad es que, en nuestro proceso de socialización, en la medida en que vamos creciendo, nuestros padres nos inculcan una serie de normas, que como si fuera poco, están respaldadas por la palabra de Dios y, lamentablemente abusadas y reforzadas por algunos padres (y otros interesados en manipular este asunto) que, usan estos argumentos para “someter” a sus hijos al proceso de obediencia y respeto. Estoy pensando en concreto en el versículo en Efesios 6:1-3: que dice: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”. Entonces hay muchos padres (y asociados) que te manipulan metiéndote estas ordenes: todo hijo “DEBE” honrar a padre y madre, no cuestionarlos  jamás, no llevarles la contraria nunca, aceptar todo lo que te dicen o te hacen en todo momento, obedecerlos en todo sin cuestionar nada, incluso, dejar de vivir tú tu vida para vivir sólo para ellos. Le duela a quien le duela, lo aceptes o no, no deja de ser cierto que casi con toda seguridad, esto también te pasó a ti en tu niñez y, lamentablemente a muchos le sigue pasando en su vida adulta, siguen anclados en una dependencia emocional (a veces física también) de sus padres. 
 
Esta cuestión trae cola, pues ciertamente hay un principio incuestionable en la Palabra de Dios y, es que, Él sólo quiere el bien para TODOS sus hijos (ejemplo en Jeremías 29:11). Y toda la Biblia está orientada a fortalecer las relaciones humanas, bien sea que se trate de los amigos, negocios, pareja y la que nos compete aquí la relación padres e hijos y viceversa. Entonces ¿Qué es lo que está pasando que esto no funciona como fue diseñado? No olviden lo de aquello del “libre albedrio y dominio propio” por el cual cada ser humano (esto también es para ti) es responsable absoluto de todo lo que hace, esto incluye el educar a sus hijos. Si todavía no eres padre / madre, en teoría ya te tocará, así que lee que es igualmente para ti. Recuerda que Dios no hace acepción de personas (Romanos 2:11). Fíjate que en esos versículos (Efe 6:1-3) el Apóstol Pablo te invita a “obedeced en el Señor” por lo que en primer lugar tanto tú como tus padres deben estar en la presencia y en la relación personal con Dios, a la que todos estamos invitados. Como esto no sucede en la mayoría de todos los casos, además del abanico interesante de lo que cada quien entiende por “estar en el Señor”, ya que lo que se vive cotidianamente son todos los desastres que ocurren en la enseñanza de los padres hacia los hijos, con todas las consecuencias que hay en estas relaciones de amor – odio entre hijos y padres y viceversa.    
 
Pero recuerda que la historia tiene dos lados, el problema está en que los padres sólo leen lo que les interesa, es decir esos tres primeros versículos “a favor de ellos”. Pero cuando el mismo Pablo en Efesios 6:4, dice: "Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor", pues allí ya no les interesa seguir leyendo, porque eso los pone a ellos frente a una conducta muy diferente de lo cada uno entiende por criar a sus hijos. Y no te cuento cuando se trata de entender donde dice: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de el…” (Proverbios 22:6). Es que se trata del camino de Dios ¡Y no, el de los padres! Para ellos ese camino es “muy malo” porque invita a los hijos a hacer lo que tienen que hacer, y esto es: crecer, independizarse (de sus padres: física y emocionalmente) e irse a vivir su propia vida, donde encontrarán y se unirán a su pareja y formarán su propia familia, que es la voluntad de Dios para TODOS los hijos. Pero esto, para muchos padres y madres ¡ES MUY MALO! Muchos inconscientemente (otros cuantos muy conscientes) piensan: “mis hijos se irán y yo ¡ME VOY A QUEDAR SOLO/A!...” Papito, mamita ¿Qué parte no entendiste? Que si crías a tus hijos en el amor verdadero de Dios (¡no del tuyo!) tus hijos te amaran, respetarán y honrarán conforme Dios les está indicando y jamás estarán solos. Además, tu lugar es al lado de tu pareja conforme a la voluntad de Dios para tu matrimonio ¿Qué hiciste, qué estás haciendo o qué vas a hacer para destruir tu matrimonio y quedarte solo/a? Recuerda esta advertencia de Pablo: “No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará” (Gálatas 6:7). Es decir: si siembras AMOR, eso cosecharás, pero, si siembras ODIO, eso cosecharas, entonces ¡PADRES habéis sembrado amor – odio, eso tenéis, HIJOS habéis sido criados en amor – odio, eso sentís hacia tus padres!
 
            Indudablemente, la pregunta ahora es ¿Cómo sanar mis emociones y mi relación con mis padres? Aunque no se trata de una receta de cocina, sino por el contrario, de un cambio verdadero en lo emocional, sería necesario empezar por DARTE CUENTA de la magnitud de esta situación de conflicto en tu vida y sus implicaciones; luego DECIDIR CAMBIAR y por supuesto, TRABAJAR EN TU CAMBIO, lo que requiere de una súper dosis de COMPROMISO y RESPONSABILIDAD ¿Estás dispuesto a hacerlo?

Entender el cambio emocional al cual te invito, implica reconocer que tanto desde el punto de vista psicológico como espiritual, tú naciste ‘BIEN’, es decir, ¡naciste sano emocionalmente! Naciste EN, POR y PARA el amor y, todo eso lo puedes recuperar en el momento en que lo decidas y lo trabajes. Como te indique al principio Berne nos dice que nacimos príncipes y princesas, si en el camino de la vida decidimos cambiar a sapos y ranas, pues de igual manera, ahora podemos decidir volver a ser príncipes y princesas. Mejor aun, en el Salmo 139 el cantor le dice a Dios: “Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre”, es decir, somos una creación personal de Dios, por ello somos únicos e irrepetibles. Luego dice: “Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien”, además de únicos, somos una obra maravillosa de Dios, repítelo: ¡SOY UNA OBRA MARAVILLOSA DE DIOS! y, por si fuera poco, señala: “No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos”, o sea, cuando yo era un embrión ¡Yo estaba en la presencia de Dios! y, si Dios es amor, la primera emoción con la que nací fue ¡EL AMOR!
 
   Esa es la emoción real y auténtica que sientes hacia tus padres, sólo que para llegar a ella de nuevo, es necesario que RENUNCIES a todas las cargas emocionales ‘negativas’ que has acumulado durante toda tu vida: el miedo, la rabia, el resentimiento, el odio, la venganza… Renunciar a todo eso, te va llevar a encontrar y sentir de nuevo el amor en tu vida. Una vez que empieces a amarte de nuevo, decidirás que ya no necesitas el odio hacia tus padres, por lo que podrás PERDONARLOS, ¡la clave es el perdón! Te sentirás libre de vivir y disfrutar de tu propia vida. Decidirás vivir para ti, podrás amar a tus padres y ellos ya no tendrán poder sobre ti. Podrás mejorar tus relaciones con los demás y, aprenderás a vivir plenamente agradecido por todas las bendiciones que Dios tiene para ti y, lo único que tienes que hacer es apropiarte de ellas, porque ya están allí para ti. Porque una vez en amor y perdón ahora sólo queda que Dios cumpla su promesa para ti: “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”.
 
¡Esa es tu decisión, yo te invito a vivir en amor hacia ti mismo/a y para aquellos a quienes amas, incluyendo a tus padres. Tienes el potencial y la capacidad!
 
Referencias:
Pervin, L. (1986). Personalidad: Teoría, diagnóstico e investigación. Editorial: Desclée De Brouwer