domingo, 11 de marzo de 2012

PSICOLOGÍA: EL DOLOR DE MI PROFESIÓN

PSICOLOGÍA: EL DOLOR DE MI PROFESIÓN
Por: J. Rafael Olivieri


Oración de la Gestalt de F. Perls:
Yo soy yo, tú eres tú.
Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo.
Yo no estoy en este mundo para vivir según tus expectativas
Y tú no estás en este mundo para vivir según las mías.
Y si por casualidad no encontramos, es maravilloso. Si no, nada puede hacerse.
 

F. Perls es el creador de la psicoterapia Gestalt, la cual es una de las de mayor dinamismo y extensión en el mundo psicoterapéutico actual, con gran cantidad de seguidores. Entre sus elementos principales esta el Aquí y el Ahora, el trabajar con el momento presente, con lo que está sucediendo en este instante de nuestra realidad, pues, sólo en ella podemos hacer los cambios que necesitamos para adaptarnos a nuestro entorno. Más no deja de ser cierto que, aunque habla del humanismo, habla del ser humano, habla de una gran cantidad de cosas muy valiosas e importantes, también existe una realidad en la psicodinámica del inconsciente, que me interesa mostrar y entender. Ya que realmente somos y existimos hoy, pero ¿Cómo llegamos a ser eso que somos hoy? Tenemos un origen, tenemos un YO que ha sido formado y creado desde que nacemos, e incluso, según algunos teóricos, desde antes de nacer. Ese aprendizaje, nuestra experiencia de vida, lo que nos pasó, moldea, estructura y define nuestra personalidad del hoy, apoyándose en un ‘Sistema de Creencias’ que contiene las verdades sobre las cuales me identifico como la persona que SOY y, actúo en consecuencia, tanto para mí mismo, como para el mundo externo (los otros).
 
Una de las razones del ¿por qué? del título de este artículo, es el dolor (la tristeza) de saber que hay personas que han venido a mi consulta (y a la de muchos otros terapeutas), algunas, una sola vez, otras, varias veces: dos, tres, cinco… pero, se han ido. No se han comprometido, no se han atrevido a iniciar o a continuar el viaje de ‘descubrirse a sí mismos’ para adquirir una vida propia, que puedan vivir en la libertad de ser y decidir por ellos mismos quienes quieren ser. De poder tomar el control de sus circunstancias y de su realidad y, transformarla para su propio crecimiento, para su propia dimensión de triunfadores. Me duele perderlos, porque al poder ver el modelo conductual de sus vidas y, haber adquirido en mi profesión la capacidad de poder anticipar el fin trágico que les espera, eso me duele y, es que, a menos que hagan un cambio, será inevitable tal desenlace, porque no deja de ser cierto que, viven una vida emocionalmente preprogramada, en lo que Berne llamó “El Argumento de Vida”. Este ‘Argumento’ dirige mi vida emocional y, como consecuencia también define mi final. Haciendo una aproximación a como Berne lo definió: es el conjunto de actitudes, pensamientos, emociones y conductas que hago continuamente, unas conscientes otras inconscientes, que como orden que debo cumplir me llevan a un fin predefinido, lamentablemente, siempre trágico: soledad, rupturas, fracasos, enfermedad, entre otros. Lo cual se diferencia muy ampliamente del ser ‘Un Triunfador’ que para Berne no es un argumento, es una decisión, que tenemos la responsabilidad y el poder de tomar, a pesar de nuestras circunstancias, presentes o pasadas.
 
Al irse las personas es importante considerar, como ya lo he escrito en otra oportunidad, que muchas de ellas no quieren enfrentarse al esfuerzo, al dolor, al tiempo de lo que implica el proceso terapéutico, no quieren revivir el pasado, no quieren darle la prioridad que requiere poder cerrar las situaciones de conflicto ya pasadas, que siguen afectándolos hoy en todos sus roles. Están ancladas a su dependencia emocional de su ‘beneficio psicológico’. Este último es un elemento clave que me impide el cambio. No puedo darme el lujo de perder los ‘beneficios’ que mi conducta no adecuada me genera, si pierdo los beneficios, ¿cómo o con qué los remplazo? No pierdan de vista que este ‘beneficio’ no representa algo bueno, sino por el contrario, en términos psicológicos, es una recompensa para mantenerme amarrado a mi situación de conflicto, ellos me hace sentirme que existo, que así es como me reconocen, como me aceptan, en términos de A.T., son las caricias que me hacen sentirme ‘querido por el otro’, aunque las consecuencias sean para sufrir en mi autodestrucción. Si yo cambio, esas caricias dejen de existir, y tengo así un vacío emocional, que es la misma sensación de pérdida existencial que viví anteriormente, cuando decidí cambiar de la sanidad hacia la enfermedad emocional que me domina hoy, porque esa era la única forma en que sentía que ‘ellos’ me querían. Ahora estoy enfermo, quiero cambiar, pero al perder las caricias por mi conducta enferma, me siento vacío, estoy en una posición de inseguridad donde no sé si debo dejar lo enfermo realmente, o si lo nuevo que viene, que por supuesto no lo conozco, me genera incertidumbre y, no sé si realmente es tan bueno como me dicen. El secreto está en continuar, porque hasta que no aprenda la nueva forma de vivir. Hasta no aprender la nueva forma de cultivar las caricias y sus verdaderos, ahora si, beneficios adecuados de mi conducta sana. Hasta que no llegue a ese punto, no me daré cuenta que realmente el cambio era necesario, era importante y, realmente puedo obtener todo lo que me habían prometido conseguir con mi cambio. Porque ahora realmente soy dueño de mi, de mi propia vida, de mis decisiones, de mis sentimientos. Soy dueño de decidir a quien amar, con quien estar, con quien compartir. Es hacer realidad el derecho que tengo a la libertad de decidir lo que quiero para mi vida.
 
Si, definitivamente hay en mí un sentimiento real de dolor, que es tristeza, mucha tristeza por todas esas personas que han planteado tantos problemas como: soledad, falta o conflictos de pareja, familia, dependencia de los padres, inseguridad, miedos, falta de amor propio a sí mismos, enfermedades, y tantos otros que les quitan la alegría de vivir, que los aísla de sí mismos y de su relación con los otros. Este dolor del que hablo, producto de mi profesión, está en el hecho de poder ver el desarrollo de la conducta, sus consecuencias, el destino que su argumento les guarda, sin que ellos puedan hacer nada, para librarse a sí mismos de ese fin trágico que, les depara sus propias decisiones. Es ver como esas personas van a estar solas, pudiendo decidir lo contrario. Como personas van a estar en sus relaciones de amor y odio, pudiendo perdonar, pudiendo renunciar a las cosas que no tuvieron. Entonces por aquellos que se han ido, por aquellos que no volverán o no han seguido, va mi tristeza con ellos, va mi dolor con ellos. Pues considero que son personas valiosas, que desde el punto de vista psicológico tienen un gran potencial para crecer y, desde el punto de vista espiritual son creaciones maravillosas y únicas de un Dios real, que los tejió en amor a cada uno en forma personal. Sin embargo, a pesar de mi tristeza, no pierdo de vista la realidad de la oración de Perls: yo soy yo, tú eres tú…
 
 Por otra parte, enfrentándome a mi dolor, no dejo de asumir mi cuota de responsabilidad, pues yo no soy la panacea psicoterapéutica, tengo defectos, tengo errores, que en la práctica y en la experiencia mejoraré, pero aun así no dejaré de cometer algunos, este es un camino y, sólo se puede avanzar paso a paso. Me gusta trabajar con las emociones de las personas, me gusta profundizar en las personas, me gusta… o por lo menos lo intento… aclararles que va ha ser de su vida, de continuar por el camino del conflicto que llevan. Uso una gran pregunta que es ¿cuántos años has vivido? junto a una más grande: ¿Cuántos te faltan por vivir? Y por supuesto: ¿qué vas a hacer con eso que te queda por vivir? Indudablemente: “Sí sigues haciendo lo que siempre has hecho, obtendrás los resultados que siempre has obtenido” (s/a). Entonces el reto es cambiar. Cambiar mi conducta, mi forma de actuar, mis creencias, mi forma de pensar, que son precisamente los resultados que se buscan con el proceso de terapia que hago. Incluye dar información, darse cuenta, que la gente viva y sienta sus emociones, se confronte a sí misma, renuncie a los ‘beneficios psicológicos de seguir viviendo como aprendieron’. Pero hay personas que no quieren enfrentarse a ello, no quieren renunciar al dolor de lo que dejaron atrás, prefieren seguir viviendo todos los años que les quedan con su aprendizaje equivocado, con sus sentimientos no adecuados. Quizás, no es que no les importa, sino más bien que, se resignan, asumen que eso es lo que debe ser, que si van a tener una pareja (esposo / a) se van a tener que divorciar, romper la familia, piensan que eso es lo que está en la vida… pero NO, ¡eso no es lo que está en la vida! La vida fue concebida para ¡VIVIRLA!, es como dice la Gestalt: la vida es un flujo continuo, un fluir donde hay crecidas de angustias, pero también hay momentos de paz, de alegría y disfrute. El asunto es que cada uno debería querer vivir la vida de tal manera, que al llegar a su momento final, pueda decir: ¡LO HE HECHO BIEN! Es decir, sentirme feliz con lo que hice y, no tener que llegar arrepentido de lo pasado, lleno de culpa, bajo el peso de mis errores, por no entender que ‘errar es de humanos’. Eso me recuerda la frase hermana de ‘perdonar es divino’ ¡Mentira!, perdonar es de humanos también, y es una decisión, así como puedo decidir amar, ser feliz, cambiar, ¡perdonar es una decisión! Una decisión que me libera de las cargas que llevo, de la amargura y de una cantidad de cosas que me perjudican y enferman, no sólo emocional sino físicamente en mi cuerpo. 
 
No es que por ser psicólogo, sea brujo o adivino, ni muchos menos, sino que tan sencillo y complejo como es, cada persona ha aprendido un modelo de vida, sostenido en una serie de decisiones, apoyadas en órdenes y mandatos parentales, que se guardan a nivel inconsciente. Y el inconsciente es como un programa. Yo lo asemejo al Sistema Operativo de las computadoras,… no sabes que hace y sin embargo funciona… también puede compararse con el proceso de aprender una profesión, primero tienes un montón de libros que estudiar, cuyos contenidos debes introducir dentro de ti, una vez que ya están dentro y forman parte de ti, ahora cuando ejerces la profesión, pues simplemente los sacas de ti hacia afuera. Igual es la vida, nuestros libros son nuestros padres y las figuras parentales de importancia, hemos guardado todas las conductas, mensajes y modelos de nuestras figuras parentales consciente e inconscientemente, hasta que decidimos con base en ello actuar de una manera. Ahora, para vivir mi vida, saco, muchas veces sin darme cuenta, todo el contenido aprendido de ellos y actúo como si fuera Yo, cuando en realidad es la combinación de su modelaje, mi decisión y las condiciones de mi medio ambiente. En este sentido la conducta es predecible, podemos a través del conocimiento psicológico estimar, con muchas probabilidades de acertar, cual será el destino argumental de la persona que tenemos en frente, en base a lo que aprendemos de ella y de su conducta, a menos, que decida cambiar, entonces, con una vida auténtica y adecuada a las circunstancias, ya no será predecible.
 
En realidad, esta no es una profesión triste, pues estoy hablando de mi dolor personal que, como emoción, se refleja en mi propia tristeza, porque me ha tocado ver, con todo el conocimiento y práctica que cada día más, voy adquiriendo en la práctica como psicólogo, ver gran cantidad de personas que reflejan claramente su argumento de vida orientado hacia el fracaso, la perdida de la pareja, de la familia, a la soledad, no lograr sus sueños, y que, a pesar de intentar mostrarles y describirles lo que están haciendo con su vida actualmente, si no deciden su propio cambio, sin duda alguna su ‘Argumento’ los va a llevar a obligatoriamente cumplir su desenlace fatal. Esto sucede así porque están luchando contra su inconsciente, y es una realidad que el inconsciente no quiere cambiar. Se necesita un nivel muy grande de angustia, a nivel consciente en la vida, para poder querer y decidir una necesidad de cambio. Y es, como lo he hablado anteriormente en otro artículo, que el cambio requiere de mucho dolor, el cambio implica tiempo, esfuerzo, dedicación, es darle una prioridad importante, a esa decisión de cambio. Mi experiencia personal en mi propio proceso terapéutico de varios años, varias técnicas y varios y excelente psicoterapeutas, que siempre recuerdo con mucho cariño, afecto y sobre todo con mucho agradecimiento, me han enseñado que eso es una realidad de la mente humana. Mi proceso aún continua, no vayan a creer que yo ya estoy listo, ¡no ahora es que falta!… este es un proceso de autosuperación que dura toda la vida (aunque a la mayoría no le guste escucharlo) ¡claro!  No todos son en terapia, deben y es necesario que aprendan a vivir por sí mismos sus propias vidas, es decir, tomen las riendas de su propia vida.
 
Cuantos no han perdido a seres amados, a papá, a mamá, a pareja, a un hijo. Cuantos no han tenido situaciones de dolor y, sin embargo, han triunfado. Son felices, tiene una vida real, que implica tanto la alegría como la tristeza. Implica momentos de rabia, de miedo que, son emociones naturales del Ser Humano que somos. Situaciones de ansiedad, de preocupación por el futuro, pero, no se detienen allí, saben que el trabajo del día a día construye, rinde fruto. Saben que un edificio no se empieza por la planta alta, sino por unas bases sólidas, con las cuales estructuran su vida, su pareja, su familia, sus relaciones. No se trata de la frase “Pare de sufrir”, eso es mentira, se trata de aprender a vivir. De vivir la vida en sus subidas y en sus bajadas. Se trata de construir, se trata de ejercer la libertad que Dios me dio, de mi libre albedrío de mi dominio propio para ser una persona integral en mente, cuerpo y espíritu. Y es que no se trata solo de seguir las indicaciones de la oración de Perls, sino de hacer realidad el encuentro maravilloso de estar en un proceso de continuo contacto con los otros, donde todos salgamos fortalecidos, en un ganar-ganar que me permita ser auténtico con migo mismo y con el otro. Es cultivar un Yo que sólo tendrá sentido cuando sea compartido con los otros, en la grandeza de ese encuentro intimo y honesto, donde no exista la posibilidad de hacerle daño al otro, ni él a mí.     
 
Aquellas personas que logran cumplir el proceso, llegar a la meta, que logran establecerse en el principio de ser dueños de su propio destino y de pararse en sus propios pies emocionales, encontrar su calidad de vida y su disfrute como seres humanos auténticos e integrales. Ellos son alegrías de la profesión. Lamentablemente es como dice la Biblia en Mateo 22:14 “Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos". Pienso que debería decir: ‘pocos deciden ser elegidos’. Para ser honesto (y que Dios me perdone esto), es necesario hacer el contraste entre: ¿es mi decisión o es la voluntad de Dios? Creo y así lo he mencionado: Dios nos dio en su infinito amor y misericordia, uno de los poderes más grande que tenemos como seres humanos, que es precisamente el tan cuestionado “dominio propio y libre albedrío” es decir, nuestra capacidad de decidir por nosotros mismos por encima de lo que sea, incluso de los principios de Dios. Mucha gente es detractora de esto, no acepta esto, no lo entiende, mucha gente culpa a Dios por todo lo que les pasa… una muerte… una ruina… una complicación… cualquier problema… Yo soy más humanista en ese sentido y, creo que todo ello es producto de nuestras decisiones. Yo soy partidario de que: “Cada nueva decisión que yo tomo, construye un fragmento de mi realidad” (J. Rafael) que al ser una decisión mía, es mi responsabilidad directa el asumir las consecuencias de la misma, de mis acciones. No de un Dios justo y Santo que ama su creación, es decir: a ti. Y por eso, te dio la capacidad de decidir por ti mismo.
 
Entonces, ¡bien por los triunfadores! que llegan a la meta de su cambio y su dominio propio. Yo considero que mi vida actual es producto de la suma de los cambios que realicé paso a paso en mi proceso personal de crecimiento emocional, y es un poco de aquello de: lo que recibes por gracia, dalo por gracia. Así como de la razón y el propósito de servicio que te enseña el aprender amar a Dios y, en consecuencia a su creación: el Ser Humano. Es como todo proceso y, particularmente de lo que hablo: un proceso psicológico, lleva su tiempo, es una evolución hacia un nuevo ser humano, con nuevos intereses, gustos, actitudes y, por supuesto, decisiones y consecuencias más acordes con la realidad presente, no con el modelo del pasado.  Es crecer con la vida y, es que la vida del ser humano es así: un proceso en evolución continua, un proceso natural de crecimiento, donde nacemos, aprender a caminar, a hablar, ir al colegio… es decir, aprendemos a vivir, para ello necesitamos como mínimo toda la vida, porque es un proceso continuo, aprender a ser individuos, pareja, padres, abuelos y finalmente aprender a morir, sabiendo que ‘lo hice bien’, ya que la vida es un proceso maravilloso, dinámico que no se detiene nunca, no importa si yo continuo o me bajo, ella sólo sabe avanzar.
 
Finalmente, en nuestro proceso de vida tenemos que crecer, madurar, independizarnos, que son cosas importantes que nos definen como Ser Humano, pues no es solo el amor de Dios, es también mi decisión de querer hacer lo que está establecido en sus principios, ¡Así de sencillo! Como dice la Palabra: Dios quiere de continuo el bien para sus hijos, concretamente en Jeremías 29:11 “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” Entonces me pregunto ¿Qué he hecho yo con mi libre albedrío y con mi dominio propio? Pues sencillamente lo hemos convertido en nuestra propia maldición, es nuestra decisión ¡nosotros lo hemos hecho! No tiene nada que ver con el amor de Dios. Hemos confundido a un Dios generoso, a un Dios de amor, un Dios justo y santo, hasta el punto de CULPARLO de nuestros errores, de nuestras decisiones, de las cosas que hemos hecho mal… Es tiempo de ponernos en nuestro lugar y de decidir aceptar mi propia responsabilidad de mi mismo y de mis acciones. Es tiempo de que aprenda a decir: esta es mi vida y yo la decido. Lo que Yo haga con ella (psicológica y espiritualmente) será mi forma de aceptar o rechazar el regalo que Dios me dio: ‘Yo Mismo’, en mi derecho a decidir mi vida.   
 
El reto es a vivir y, para vivir hay que arriesgarse. Hay que sembrar hoy para cosechar mañana. Hay que cambiar las cosas que no me funcionan. Es crecer para compartirme con el otro.
 
PD: siento no darles espacio para escribir en el Blog, pero si quieren pueden enviarme un correo: Rafael.apoyo.psike@gmail.com... Con tus comentarios, dudas, observaciones… gracias.